Actividad y COVID-19: un testeo por sector

La irrupción de la pandemia en la escena mundial encontró a la economía argentina como un paciente de riesgo. Nuestro país acumula dos años consecutivos de recesión, inflación elevada, pérdida de ingresos reales e inestabilidad en el mercado cambiario y financiero, ubicándonos en una posición de mayor fragilidad en relación con los demás países. Sin ir más lejos, actualmente nos encontramos en plena renegociación de la deuda pública, sin financiamiento genuino para cubrir las mayores necesidades fiscales y un nivel de actividad deprimido.

El decreto de la cuarentena obligatoria a mediados de marzo originó un shock de oferta, dado que imposibilitó a las firmas mantener sus actividades y a los trabajadores desplazarse a sus puestos de trabajo. Luego, indujo a un shock de demanda cuyos efectos persistirán más allá del confinamiento, dada la retracción en los ingresos, el mayor ahorro precautorio y una menor confianza del consumidor.

En efecto, los primeros indicadores económicos correspondientes a abril, mes donde las restricciones a la circulación tuvieron plena vigencia, confirman la gravedad de la situación actual. Las ventas minoristas cayeron 57,6% i.a., mientras que la venta de insumos para la construcción retrocedió 74,3% i.a. Otros indicadores, tales como patentamientos (-88% i.a.) y producción de vehículos (no se fabricaron unidades), despachos de cemento (-55% i.a.), recaudación de IVA interno (-34% i.a. en términos reales), producción de acero (-74,5% i.a.) y demanda energética de grandes industrias (-46% i.a.) son igualmente elocuentes.

Contemplando que determinadas actividades comenzaron a retomar gradualmente sus operaciones y que el levantamiento de las restricciones resulta dispar, el impacto negativo sobre las distintas ramas de actividad en 2020 será profundo pero también heterogéneo. Veamos.

Sectores más afectados

Las actividades vinculadas al turismo, entretenimiento y esparcimiento, emergen como las más afectadas, y probablemente no puedan volver a operar normalmente en lo que resta del año. Ya en marzo, la actividad en restaurantes de CABA se redujo 40% i.a., mientras los hoteles redujeron casi a cero su ocupación. En este sentido, la regularización de estas actividades demandará más tiempo que el resto, dado que involucran aglomeración de personas, sumado a que probablemente exista parte de la población que, producto de los temores generados por la pandemia, no regrese inmediatamente a consumir estos servicios. Por este motivo, creemos que el rubro Hoteles y restaurantes será de lo más perjudicado en 2020, exhibiendo una contracción algo superior al 25% en el año.

Por otra parte, si bien desde el comienzo de la cuarentena los comercios esenciales operaron con normalidad y se va reiniciando la actividad mercantil en algunas provincias, estimamos que el comercio –que viene de caer 10% en los últimos dos años- sufrirá una importante contracción. Esto responde a los plazos necesarios para que la totalidad del sector vuelva a operar con normalidad y al desplome del gasto de las familias que, ante el fuerte deterioro de sus ingresos y la inestabilidad del mercado laboral, pospondrán consumos no esenciales hasta que se avizore una mayor estabilidad (algo que demandará plazos mayores al 2020). De esta forma, creemos que Comercio minorista y mayorista promediará una contracción en torno al 15% este año, lo cual es alarmante ya que explica 13% del PBI y casi un quinto del empleo privado registrado.

 Las perspectivas para construcción tampoco son alentadoras. La pandemia empeoró la situación de un sector que ya acumulaba 18 meses en rojo, producto de los sucesivos saltos cambiarios que deterioraron el poder adquisitivo de los salarios frente al real state, a lo que se suma nuestra histórica falta de opciones financieras para los desarrolladores. Si bien el cepo podría haber impulsado al sector por la escasez de alternativas de inversión, por ahora reina la incertidumbre.

Si bien en algunas provincias con baja circulación del Covid-19 ya están comenzando a retomar las actividades y los corralones de venta de insumos y materiales permanecen abiertos, la normalización del sector será paulatina y con aplicación de estrictos protocolos. En este sentido, la recuperación de la obra privada -que explica 70% de la actividad- será lenta y con posibles postergaciones de nuevas obras. Por su parte, pese a que la obra pública podría tomar cierto dinamismo -el Poder Ejecutivo lanzó un plan de expansión de gastos de capital por casi 1,1% del PBI-, el escaso margen fiscal puede frenar parte de los desembolsos anunciados. De esta forma, la construcción será el sector de bienes más golpeado en 2020, cayendo en torno al 20%.

En lo que respecta a la producción de petróleo y gas, el derrumbe de la demanda local por la cuarentena, la cancelación de los vuelos y la caída del precio internacional no solo paralizaron las inversiones sino que causaron el cierre de gran cantidad de pozos en los yacimientos y de refinerías.  Para los meses de abril y mayo, estimamos una reducción de la producción de petróleo del 60% y de gas del 20%.

A medida que la cuarentena se vaya relajando y avanzando en las etapas, prevemos una recuperación gradual de la producción pero sin llegar a los volumen de principio de año en lo que resta del 2020. La fijación de un precio local de 45 dólares por barril (barril criollo) que estaría por salir, superior al internacional que está actualmente alrededor de 30 dólares, podría ayudar a recuperar parte de inversión en Vaca Muerta si la demanda llegara a recuperarse. De esta forma, la caída del sector de Explotación de minas y canteras sería en torno al 15% en 2020.

 La industria con impacto heterogéneo

La actividad manufacturera promediará su tercer año consecutivo de caída (retrocedió 14% en 2018-19). Si bien el sector se contrajo en marzo 16,9% i.a., algunas ramas fabriles apenas cayeron por ser consideradas esenciales y se espera una recuperación más rápida de las localizadas fuera del AMBA. El mayor deterioro esperado lo vemos en la producción de durables y bienes de capital: automotriz, autopartes, metalurgia y siderurgia, textil y calzado, electrodomésticos y electrónica, maquinaria y equipo y muebles, así como la producción de insumos de la construcción (cemento, asfaltos, pinturas). En cambio, el impacto será acotado en la industria de alimentos y bebidas, químicos, farmacéutica e instrumental médico.

Sectores menos afectados

 El sector agropecuario cerrará con una mínima caída el año. Gracias a una buena campaña, se proyecta una producción 2019/20 apenas por debajo de los niveles máximos, pero con menores precios internacionales. De todas formas, las complicaciones podrían aparecer principalmente por dificultades en el transporte y la logística. Sin embargo, por ahora no se materializaron dichos inconvenientes, a la par que la demanda asiática no se resiento significativamente.

Finalmente, los sectores de servicios que exhibirían un menor impacto negativo corresponden a los considerados esenciales: Comunicaciones, Electricidad, gas y agua y Administración pública y defensa y Enseñanza, ya que, pese a las restricciones, la mayor parte pudo mantener normal funcionamiento (o pudieron operar a distancia).

Según el INDEC, la inflación fue de 1,5% en abril

¿Cómo evolucionó la inflación en abril?

El INDEC informó que la inflación fue de 1,5% en abril, desacelerándose 1,8 p.p. respecto al mes anterior. De esta forma, acumuló 9,4% en el primer cuatrimestre del año, con una variación interanual que se ubicó en 45,6%.

En lo que respecta a los capítulos, Alimentos y bebidas fue el rubro que más incidencia tuvo en el índice, exhibiendo una variación del 3,2% en el mes (1,7 p.p. por encima del Nivel general). Los principales aumentos se observaron en rubros con alto componente estacional, como Frutas y verduras, a la par que se observaron fuertes alzas en carnes y huevos. De esta manera, la suba en alimentos acumuló 15,2% en los primeros cuatro meses del año, casi 6 p.p. sobre el nivel general. Esta dinámica explica por qué la sociedad podría percibir una inflación mayor, dado que los bienes que se adquieren de forma más frecuente son los que exhiben un mayor movimiento.

Por otra parte, el índice se vio afectado por una caída en Comunicación (- 4,1%). La baja se explicó por la vuelta al precio de marzo de planes prepagos de telefonía celular y fija. Por otra parte, Educación registró una baja del 1,5% en abril, producto de la reducción observada en las cuotas de distintas instituciones educativas.

En consecuencia, el IPC Regulados disminuyó 0,7% respecto al mes anterior, mientras que el IPC Núcleo trepó 1,7%, ubicándose 0,2 p.p. por encima del Nivel general. Por su parte, se ubicó el IPC Estacionales, que creció 4,8% producto del fuerte aumento en Frutas y verduras.

Cabe destacar que abril fue el primer mes en el que rigió plenamente la cuarentena. Las restricciones afectaron el relevamiento de casi una cuarta parte del índice, por lo que se aplicaron los procedimientos metodológicos para el caso. La imposibilidad de relevar algunos precios no necesariamente subestima el índice, pero sí lo vuelve menos representativo, algo que se revertirá en la medida que las actividades se vuelvan a desarrollar con normalidad.

¿Qué esperamos?

Según el IPC GBA Ecolatina, la inflación se mantuvo por debajo de 2% en la primera quincena de mayo e igual periodo de abril. Los precios Estacionales continúan creciendo en torno a 5%, mientras que el IPC Núcleo exhibe una dinámica similar a la del Nivel general, por encima de los precios Regulados.

La vuelta a la actividad de algunos rubros durante el mes, que además se enfrentarán a mayores costos logísticos debido a los protocolos sanitarios, podrá tener presiones sobre los precios. Esto se sumarán a la dinámica de los Alimentos y Bebidas, que continuará siendo el capítulo con mayor incidencia del índice.

De cara a los próximos meses, la inflación tendrá presiones al alza a medida que se relaje la cuarentena y más actividades puedan desarrollarse normalmente. incluso sosteniendo el congelamiento de tarifas y de combustibles, Asimismo, la creciente emisión y brecha cambiaria junto con un resultado adverso en la renegociación de la deuda pública ley extranjera, pueden acelerar la depreciación del tipo de cambio oficial impulsando la inflación de bienes y servicios transables. En este sentido, prevemos una inflación en torno a 47% en 2020.

Brasil | A perda de credibilidade do presidente Bolsonaro é crescente

Economía

Os tempos não são normais. A economia brasileira ainda sente os efeitos da covid-19, seja por conta dos impactos nos mercados internacionais ou no cenário doméstico. O choque nos indicadores de incerteza econômica já mostrou sua face contracionista. O grau de incerteza assumiu uma curva exponencial, bastante superior aos eventos de 2008 no plano internacional e de 2015 no momento do impeachment da ex-presidente Dilma. Esses condicionantes impostos pela pandemia devem seguir como principal fonte de explicação para o cenário econômico. O viés para o final de ano ainda segue negativo. A curva de contágio ainda segue trajetória de alta. Uma parte dessa tendência já foi incorporada na avaliação de queda de 4,1% da economia para 2020. A falta de coordenação política pode reforçar uma retomada precipitada para a normalidade social. O efeito desinflacionário da crise já se manifestou, o que provocou uma forte revisão do quadro inflacionário, resultando em novo ciclo de afrouxamento da política monetária. Os efeitos da política doméstica, contudo, contribuíram para forte desvalorização dos ativos brasileiros.

Política

O enfraquecimento presidencial deve resultar no debate sobre interrupção do mandato presidencial. Nesse momento, não há bases políticas para uma transição de governo. A percepção de risco elevada deve manter o foco dos líderes na construção de consensos para a agenda emergencial. O quadro de tensão política, contudo, é crônico. A perda de credibilidade do presidente Bolsonaro junto às demais instituições é crescente. O governo perdeu poder de agenda e está submetido à diversas derrotas por parte da corte constitucional. A agenda de política econômica é voltada para minimizar os efeitos da pandemia, com destaque para mercado de trabalho, transferência de renda e medidas de acesso ao crédito. No setor público, a perda de arrecadação dos entes federados deve resultar em amplo pacote de medidas para preservação da receita. As medidas emergências devem levar á dívida bruta para próximo de 90% do PIB.

Bolivia | La pandemia obligó suspender las elecciones

Economía

El escenario más probable a la fecha indica que el PIB se contraería en torno a 4% en el año como resultado de la pandemia. Esto implica una corrección de más de 6 puntos porcentuales respecto a las proyecciones previas, de los cuales un tercio corresponde a los efectos de las cuarentenas en la actividad y el resto a la menor demanda externa, que además implicaría una caída de al menos 20% en las exportaciones del país. Como resultado de este contexto y de medidas de apoyo a familias y empresas, el déficit fiscal sería 10% del PIB explicado por la caída en los ingresos tributarios y de hidrocarburos, mayores transferencias a hogares, pero compensado con una caída en la inversión pública. Dada la caída de las importaciones, tanto por menor demanda interna como por las barreras al comercio externo en otros países, el déficit de cuenta corriente de la balanza de pagos se mantendría acotado, reduciendo las presiones en el mercado de cambios. Y, dado el enfriamiento generalizado de la economía, la inflación sería baja.

Política

La pandemia obligó a la suspensión de las elecciones generales que debían llevarse a cabo el pasado 3 de mayo. Junto con las medidas de distanciamiento físico, eso ha impedido que los partidos políticos efectúen campañas políticas con concentraciones masivas. La mayor parte de ellos ha optado por reforzar la campaña en redes sociales. Algunos sondeos indican que la situación sanitaria y las respuestas de política han mejorado la posición de la candidata y presidenta del país, Jeanine Añez, lo cual ha impulsado al partido de Evo Morales a utilizar los medios legislativos para que las elecciones sean en el mes de septiembre, generando una pugna entre el oficialismo y la oposición. De todas formas, las intenciones de voto se modificarán según evolucione la pandemia en el país, puesto que su control sanitario y económico implicará más votos para Añez, pero un eventual descontrol favorecería al partido de Morales. Esto reduce las perspectivas del expresidente Carlos Mesa.

Arrancaron los fríos

¿Cómo evolucionó la construcción en marzo?

El Indicador Sintético de la Actividad (ISAC) mostró una caída del 46,8% i.a. en marzo, acumulando una contracción del 28,1% i.a. en el primer trimestre del año. Por su parte, en la versión desestacionalizada, mostró una caída del 32,2% respeto al mes anterior -con apenas 10 días de cuarentena-, ubicándose en niveles similares a los observados a fines de 2004.

De este modo, la construcción acumuló en marzo diecinueve meses consecutivos de caída interanual de la actividad, tras la caída del poder de construcción del salario y altas tasas de interés que paralizaron la demanda. Hasta febrero, la pérdida de puestos de trabajo privados registrados alcanzó casi los 85.000 en el último año.

¿Y qué sucedió con la industria?

El Indicador de Producción Industrial (IPI) mostró una caída del 16,8% i.a. en marzo, acumulando una contracción de 6,4% i.a. en el primer trimestre del año. En la medición desestacionalizada, mostró una reducción del 17% respecto al mes anterior.

Si bien todas las ramas industriales mostraron un retroceso, las más golpeadas fueron las que más restricciones tuvieron para operar a partir del decreto de la cuarentena obligatoria el 20 de marzo. De este modo, cualquier intento de reactivar la industria por medio de una reducción de la tasa de interés y un mantenimiento de la estabilidad cambiaria antes de la pandemia perdió efecto como consecuencia de las restricciones.

Un ejemplo de esto es el de Automotores y otros equipos de transporte, que sufrió una contracción del 34% i.a. en marzo, y, según los datos publicados por ADEFA, la tendencia se profundizará el próximo mes. La producción de automóviles fue de cero unidades, mientras que la comercialización a concesionarias cayó un 73,6% i.a. en abril.

Por el contrario, si bien Alimentos, bebidas y tabaco mostró una caída del -2,6% i.a. en abril, la caída fue menor a la observada en el resto de los sectores, al ser considerado un sector esencial que operó prácticamente con normalidad los últimos diez días del mes.

¿Qué esperamos para los próximos meses?

En el caso de la construcción, la pandemia apareció para empeorar la situación de un sector que ya se encontraba muy golpeado. En este sentido, el Índice construya -que indica las ventas de los principales insumos de la construcción, siendo un buen proxy del desempeño de la obra privada- cayó 74,3% i.a. en abril, por lo que esperamos una profundización de la recesión del sector en el corto plazo.

Por otra parte, según el INDEC, el 93% de las empresas que realizan obras privadas y el 81% de las empresas de obra pública prevén que la actividad de la construcción disminuirá en los próximos 3 meses. A su vez, el 75% de empresas del sector privado y 61% del sector público creen que disminuirán su personal en el mismo lapso.

La magnitud de la caída dependerá de la duración las restricciones para continuar con las obras y de la asistencia llevada a cabo por el gobierno. Considerando que en nueve provincias la circulación del virus es menor, la construcción comenzará a retomar cierta dinámica en estos lugares, dejando para la segunda parte del año la actividad en el Gran Buenos Aires, dado que la misma requiere una gran movilización de trabajadores en transporte público.

Por otra parte, a pesar de que el sector es procíclico, es decir, es uno de los primeros en repuntar cuando la actividad comienza a recuperarse, las medidas de ayuda por parte del gobierno serán esenciales. Por el lado de la demanda, son necesarias políticas crediticias de ayuda de financiamiento a las familias, y, por el lado de la oferta, medidas para que los desarrolladores puedan volver a poner en marcha los proyectos. De todas formas, esperamos que la construcción no logre recuperarse a niveles previos a la pandemia en el corto plazo, y sea el sector de la actividad más golpeado en 2020.

Por otro lado, la prevalencia de las restricciones también determinará la evolución de las ramas industriales menos esenciales, y también dependerá de la efectividad de la asistencia para evitar el quiebre de empresas y un salto del desempleo. En este sentido, creemos que el levantamiento de la cuarentena para estas ramas será de manera paulatina, retomando la producción con protocolos específicos, ya sea con sistema de turnos o otras modalidades.  Por este motivo, esperamos que la recuperación de estas ramas sea lenta.

Por el contrario, el impacto de la cuarentena sobre las ramas industriales consideradas esenciales (industria alimentaria o ramas vinculadas a la salud) será menos profundo, pero no alcanzará para que la industria manufacturera evite cerrar el año con una importante contracción, que podría alcanzar los dos dígitos.

Se acentúan los impactos del COVID-19: el flujo comercial bilateral se redujo 45% i.a en abril

El impacto negativo del COVID-19 sobre comercio bilateral entre Argentina y Brasil quedó en evidencia en el mes abril, y el flujo de comercio se desplomó 45% i.a. el mes pasado. Producto de la crisis que azota al mundo, tanto las exportaciones como las importaciones experimentaron severas contracciones, empeorando notablemente su performance respecto a los meses previos (-40,6% i.a. y -48,6% i.a., respectivamente).

En abril, el saldo del intercambio bilateral con Brasil fue superavitario en USD 62 millones, conjugando dos meses consecutivos en terreno positivo. Mejor aún, en la comparación con abril de 2019 el resultado mejoró considerablemente, ya que en dicho mes se había registrado un déficit de USD 20 millones. Sin embargo, esto no responde a una dinámica “virtuosa” por el lado de las exportaciones, sino al mayor desplome relativo de las importaciones.

Estas últimas sumaron USD 477 millones el mes pasado, lo que supuso una baja de 48,6% i.a. Si bien la dinámica contractiva se observa de forma casi ininterrumpida desde mayo de 2018, lo cierto es que en abril la caída fue mucho más profunda que en el primer trimestre del año (-6,9% i.a. acumulada). La retracción fue tan profunda que el valor importado fue el menor desde 2004. Este dato adelanta lo que será el resultado en materia de actividad económica interna, con un deterioro generalizado luego de la cuarentena.

Por su parte, las exportaciones totalizaron en USD 539 millones en abril, lo que implicó un derrumbe interanual del 40,6% i.a. respecto al mes pasado. Si bien esta dinámica se enmarcó en un retroceso generalizado de las compras externas de Brasil (cayeron 14,8% i.a), para el caso de los envíos desde Argentina el resultado fue mucho más negativo. Esto responde a la composición de la canasta exportadora de Argentina, en donde mas del 40% del total son Vehículos y el 65% son MOI y fueron los rubros con que registraron mayores bajas. Asimismo, la imposibilidad de producción de varios rubros puede haber generado faltantes en las cadenas productivas brasileñas, y considerando los tiempos de viaje -los envíos suelen realizarse en barco o por tierra-, posiblemente la cuarentena y sus dificultades logísticas continúen teniendo efectos negativos en los próximos meses.

Antes de cerrar, cabe destacar que la apreciación del tipo de cambio real bilateral con Brasil mayor al 20% acumulada en los últimos doce meses también golpeó a nuestros envíos al gigante sudamericano. En este sentido, que el tipo de cambio real ya se ubique 25% por debajo del promedio histórico atenúa las expectativas de recuperación.

Datos del primer cuatrimestre

En el primer cuatrimestre, el saldo comercial bilateral con Brasil acumuló un superávit de USD 131 millones, 60% inferior al del primer cuatrimestre de 2019. Las exportaciones sumaron USD 2.775 millones, un 23% i.a menos que en 2019, en tanto las importaciones tuvieron una retracción del 19% i.a, totalizando USD 2.644 millones. Lamentablemente, la crisis que azota a ambas economías, sumado a la pérdida de competitividad de nuestro país golpearon a la relación bilateral de comercio.

Para los meses siguientes esperamos que el flujo de comercio se mantenga en niveles muy bajos y siga cayendo en términos interanuales. Estará asociado al derrumbe de la actividad que sufrirán ambas economías: -5,2% i.a en el caso de Brasil según proyecciones de CEPAL y el FMI, y superior al 7% i.a para Argentina según nuestras proyecciones. En consecuencia, aunque este año el superávit comercial bilateral podría crecer respecto a 2019, el flujo de comercio entre ambos países se desplomaría.

El IPC GBA Ecolatina perforó el 2% en abril

¿Cómo evolucionó la inflación en abril?

El IPC GBA Ecolatina mostró un incremento de 1,9% en abril, alcanzando la variación más baja desde enero del 2018. De esta manera, la inflación acumuló 10% en el primer cuatrimestre del año y 47,3% en la comparación interanual.

En lo que respecta a las categorías, la mayor evolución se observó en el IPC Estacionales (+4,8%) producto de subas fuertes en frutas y verduras (con subas de 11% y 12%, respectivamente). Luego, el IPC Núcleo creció 2%, en línea con lo observado en la inflación, y el IPC Regulados, creció únicamente 0,8%, exhibiendo un menor aumento que el resto de los componentes por once meses consecutivos. De esta forma, arrojó una variación interanual del 28% (mientras que las variaciones del IPC Núcleo y el IPC Estacionales fueron del 54% i.a. y 63% i.a., respectivamente).

Analizando a los capítulos, algunas de las dinámicas por debajo del Nivel general se observaron en Transporte y comunicaciones (+0,7%) y Vivienda y servicios básicos (+1,5%), producto del fuerte congelamiento de servicios públicos.

De todas formas, Alimentos y bebidas continuó mostrando una dinámica por encima del Nivel general (+2,8%), acumulando 14,7% en el primer cuatrimestre del año (+4,8 p.p. por encima del nivel general). El resultado se dio a pesar de la imposibilidad de relevar precios de comercios de cercanía -que son los que están implementando mayores aumentos- y un dólar oficial que se mantuvo prácticamente estable.

Además, considerando que durante abril los relevamientos de abril se dieron bajo un marco de cuarentena estricta, no es posible relevar precios “que no existen”, producto de servicios presenciales que dejaron de operar, como muchos servicios gastronómicos, de entretenimiento (cines, teatros, clubes), esparcimiento (gimnasios, servicios turísticos) y cuidado personal (peluquerías). Estos factores ayudaron a que la inflación mantenga una dinámica acotada -que en todo caso tomará magnitud una vez que estas actividades vuelvan a operar-, sumado a un desplome de la demanda interna que desincentiva la suba de precios de bienes y servicios considerados no esenciales.

De todas formas, es importante remarcar que se observaron subas significativas y aisladas en los precios de algunos bienes. Esto puede ser consecuencia de problemas logísticos como resultado del aislamiento o reflejar problemas de escasez en ciertos mercados, algo sobre lo que se deberá prestar atención en los próximos meses.

¿Qué esperamos de ahora en más?

Considerando que dos de los principales drivers inflacionarios se mantendrán contenidos durante el resto del año (tarifas de servicios públicos y salarios), la evolución de la inflación dependerá primordialmente de la evolución del tipo de cambio.

Si bien el tipo de cambio oficial es el que cobra relevancia a la hora de pensar el impacto en la inflación, una mayor brecha producto de mayores dificultades en la renegociación de la deuda o un eventual default, podría generar presiones al alza. Además, la creciente emisión para financiar el déficit fiscal alimenta las expectativas de devaluación, agregando presiones sobre la nominalidad de la economía.

De todos modos, de no mediar problemas de escasez en el corto plazo, consideramos que la inflación se podrá acelerar nuevamente cuando la economía se normalice, cerrando el año en torno al 47,5% anual.

La economía no se reactivaba antes del Covid-19

¿Qué sucedió con la actividad en febrero?

El Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) cayó un 2,2% i.a. en febrero, acumulando una contracción del 2% en el primer bimestre del año. De esta manera, la actividad se ubicó en los niveles más bajos desde 2010. A su vez, en términos desestacionalizados, arrojó una caída del -1,1%, acumulando un retroceso de 0,9% en los primeros dos meses del año.

En lo que respecta a las ramas de actividad, ocho de las quince ramas estuvieron en rojo. La caída más profunda se vio en Construcción (-20,4% i.a.), que se ubicó en niveles apenas por encima de los observados a fines de 2005, mientras que Intermediación financiera cayó 7,7% i.a., producto de un mercado de crédito paralizado. Caídas menos profundas se vieron en Comercio e Industria manufacturera (-1,6% i.a. y -1,3% i.a., respectivamente), como muestra de un mercado interno que continuaba deprimido y ya revertía la tenue mejora observada en diciembre.

Por otro lado, los resultados medianamente positivos se observaron, principalmente, en el sector primario. En este sentido, Explotación de minas y canteras mostró un incremento del 3,5% i.a., producto del desarrollo que tenía Vaca Muerta antes de las dificultades en el mercado internacional del petróleo y Agricultura, ganadería, caza y silvicultura se mantuvo prácticamente estable (+0,2% i.a.). Por último, Electricidad, gas y agua creció 1% i.a. como consecuencia de una baja base de comparación y la recuperación de la demanda gracias al congelamiento de tarifas.

¿Qué esperamos para el resto del año?

La decisión de imponer un fuerte aislamiento social sobre una economía que arrastra una profunda recesión agudizó los problemas del aparato productivo, que ya se comenzaron a sentir en marzo: la caída de la demanda de energía cayó un 23% desde que el Gobierno Nacional decretó la cuarentena obligatoria, según los datos publicados por CAMMESA. Si bien aún no hay certeza de la duración de las limitaciones a la circulación, la estrategia parece ser levantar paulatinamente las restricciones, priorizando a las actividades más esenciales. De este modo, esperamos un desplome del nivel de actividad durante el segundo trimestre del año.

En este sentido, creemos que el efecto sobre las ramas de actividad será heterogéneo, aunque de profundo impacto. Los sectores más golpeados serán principalmente los vinculados a los servicios menos esenciales, vinculados al entretenimiento, turismo y la gastronomía; que seguramente no podrán operar plenamente en lo que resta del año. Además, incluso si el comercio minorista se exceptúa en el corto plazo, el comercio en general sufrirá una fuerte contracción producto de las restricciones a la circulación.

En lo que respecta a los bienes, el futuro de la Construcción y el de Explotación de minas y canteras es incierto. Por un lado, esperamos que la construcción se mantenga rezagada durante todo el año, dado que las perspectivas tampoco eran favorables antes de la pandemia. En el segundo caso, la profunda caída del precio del petróleo y la incertidumbre futura en relación a la demanda, mantendrá paralizada la producción por falta de rentabilidad.

Por su parte, la industria promediará el año en negativo, pero algunas ramas mostraran cierto dinamismo por ser consideradas como esenciales (industria alimentaria y vinculadas a la salud, por ejemplo). También es posible que aquellas que utilicen una mayor mano de obra relativa se vean más afectadas ante la dificultad de los trabajadores para desplazarse a sus puestos de trabajo o bien por la necesidad de continuar con el aislamiento social.

Los sectores que mostraran estabilidad e incluso podrán mostrar un tenue crecimiento son aquellos que son considerados esenciales, como Servicios sociales y de salud, Enseñanza e incluso Administración pública y defensa. Por su parte, el sector agropecuario será la única rama productora de bienes que mostrará relativa estabilidad.

De esta forma, proyectamos que la actividad se contraerá en promedio 7,5% i.a. en 2020, exhibiendo el segundo trimestre una caída de casi 15% en la comparación interanual. Estas perspectivas pueden empeorar por dos motivos: un alargamiento del período de restricciones a la circulación y del desarrollo de actividades productivas o por la materialización de un default.

La desaceleración inflacionaria: una corta ilusión

Alberto Fernández asumió la presidencia con el objetivo de bajar una inflación que rondó el 50% anual en 2018 y 2019. Para eso, extendió el congelamiento de tarifas de servicios públicos hasta mitad de año y mantuvo virtualmente quieto al dólar, en un contexto de fuertes restricciones a la compra de divisas. En respuesta, la inflación acumuló 4,3% en el primer bimestre del 2020 -menos de 30% anualizado-, 2,5 p.p. por debajo de igual período del año pasado.

Sin embargo, los medios y fines de política económica cambiaron drásticamente a comienzos de marzo con la pandemia. En este sentido, la inflación se aceleró en marzo (pasó de 2,0% en febrero a 3,3% el mes pasado), producto de factores estacionales -educación con una suba de dos dígitos, por caso-, pero también de la inflación núcleo que había estado contenida en el comienzo del año: el IPC Núcleo pasó de 2,4% en febrero a 3,1% en marzo.

En abril, la dinámica inflacionaria es particular, como todo lo que está sucediendo en la economía producto de la cuarentena. Si bien el IPC GBA Ecolatina creció solo 2% en la primera quincena del mes respecto a igual período de marzo, es apresurado afirmar que la inflación retomó su curso descendente. Por caso, se relevaron una menor cantidad de precios de diversos bienes y servicios por la cantidad de comercios cerrados, a la par que otros directamente no contaron con un precio de referencia: ¿cuánto sale una entrada al cine? ¿cuánto ir a comer afuera? Además, por faltantes o problemas logísticos, algunos bienes esenciales sufrieron aumentos significativos (carne, verdura etc.). Asimismo, la creciente emisión necesaria para financiar el fisco para aplacar el daño sobre el entramado productivo y social que genera la cuarentena probablemente genere presiones al alza los precios cuando la situación se normalice.

La inflación volverá a acelerarse ma non troppo (pero no demasiado)

El coronavirus deprimirá la economía, tanto a nivel global como local. Por este motivo, el Estado Nacional adoptó una política fuertemente expansiva, en la búsqueda por atenuar la recesión. Como resultado, la base monetaria creció un 30% desde que se implantó la cuarentena. Además, tomando el set de medidas anunciado y la caída de la recaudación que provocará esta crisis, el déficit fiscal primario no bajaría de 4% del PBI este año. Considerando que el mismo se financiará con “nuevos pesos”, ya que no hay tal mercado de deuda en moneda local, todavía resta emitir alrededor de ARS 1.000.000 millones, un 40% de la base monetaria actual.

Para peor, la mayor incertidumbre y el menor rendimiento de las colocaciones en pesos -la Badlar perforó el 20% algunas semanas atrás- se tradujeron en presiones cambiarias en los mercados paralelos. En este sentido, el Contado con Liquidación escaló 25% en el período, a la par que el dólar blue trepó más de 40%. Como resultado, las brechas cambiarias ya superan el 60% y la divisa cotiza cómodamente por encima de los ARS 100 en ambos mercados.

Si bien estos movimientos sumarán presiones a la inflación, lo cierto es que a “la correa de transmisión” de estos “motores” le falta “lubricante”. Por ejemplo, el impacto en los precios de la mayor oferta de pesos es limitado en un escenario de ventas deprimidas y dólar oficial controlado.

Principalmente, el exceso de liquidez impactará en el nivel de precios a través de la demanda de dólares paralelos. Si bien es cierto que los beneficiarios directos de la expansión del gasto público no “compran divisas” -por caso, los perceptores del Ingreso Familiar de Emergencia tienen problemas para llegar a fin de mes y los créditos a tasa cero para monotributistas y autónomos deberán destinarse a compras en blanco contra presentación de factura-, no es menos cierto que el dinero se mueve, y que si esa plata se pone en la calle es probable que, tarde o temprano, una parte termine en los mercados cambiarios paralelos.

Ahora bien, ¿cómo se trasladará a precios la suba del dólar no oficial? La primera fuente es la de expectativas, de tenue impacto en el período 2012-2015, pero con mayor efecto en esta coyuntura de mayor inflación y fragilidad/inestabilidad económica. La segunda es indirecta pero no por ello menos importante: la creciente brecha cambiaria alienta la subfacturación de exportaciones y la sobrefacturación de importaciones reduciendo el excedente de dólares en el mercado formal. Ante esto, el Banco Central podría optar por no recomponer Reservas (algo poco aconsejable), o convalidar ciertas subas del tipo de cambio oficial (acompañando la depreciación de las principales monedas de la región), con impacto directo en el nivel de precios.

Por lo tanto, a las complicaciones propias de la cuarentena (que impone sobrecostos de operación para las actividades esenciales) y su efecto sobre las expectativas, se sumaron la emisión y la suba del dólar paralelo, que tarde o temprano terminarán impactando en el nivel general de precios.

Sin embargo, la cuarentena también activó frenos a la inflación. Por ejemplo, el derrumbe del precio de los commodities energéticos permitirá extender el congelamiento de las tarifas de servicios públicos y los precios de los combustibles más allá del primer semestre sin mayor incremento del gasto en subsidios.

Asimismo, las actualizaciones salariales quedarán muy rezagadas en este marco de cuarentena y destrucción de puestos de trabajo. Por un lado, porque las paritarias más relevantes se deberían haber llevado a cabo a partir de marzo, algo que por obvias razones no está sucediendo. En consecuencia, los aumentos llegarán más tarde que todos los años. Además, en la búsqueda por evitar grandes pérdidas de puestos de trabajo, varios gremios están reduciendo sus pretensiones salariales o directamente negociando estabilidad de empleo a cambio de reducción de salarios.

Resumiendo, podemos afirmar que con la cuarentena se prendieron poderosos motores inflacionarios (emisión + brecha cambiaria) pero de transmisión lenta. En sentido opuesto, dos de los principales drivers de la suba de precios se atenuaron con la crisis (Regulados y costo laboral). La situación es delicada y la inflación, probablemente, se acelerará recién cuando la economía se normalice y la velocidad de circulación del dinero retorne a sus niveles promedio. Asimismo, en un escenario de precios regulados controlados, presiones salariales acotadas y un mercado cambiario oficial que podrá tensionarse, pero no se vería desbordado (gracias a un stock de Reservas netas superior a USD 10.000 millones, a un elevado superávit externo y al cepo cambiario), los riesgos de una disparada de hiperinflacionaria son bajos. Como resultado, proyectamos que la inflación se ubique levemente por debajo del 53,8% de 2019, orillando el 50% en 2020.

Alimentos y bebidas por encima de la inflación

¿Cómo evolucionó la inflación en marzo según INDEC?

La inflación nacional fue del 3,3% en marzo, acelerándose 1,3 p.p. respecto al mes anterior. De esta manera, la inflación acumuló una suba del 7,8% en el primer trimestre del año y mostró una variación interanual del 48,4%.

En lo que respecta a nivel capítulos, la mayor variación se vio en Educación (+17,5%) producto del inicio de clases y la actualización de las cuotas escolares. A su vez, Comunicación (+8,3%) mostró una dinámica elevada como consecuencia del aumentos en telefonía fija, móvil e internet y Prendas de vestir y calzado mostró una evolución del 4,2%.

Por su parte, Alimentos y bebidas no alcohólicas creció 3,9% por fuertes aumentos en carnes y frutas y verduras. De esta manera, a pesar de que el tipo de cambio oficial no sufrió mayores sobresaltos, este capítulo acumula una suba de 11,7% en el primer trimestre del año, 3,9 p.p. por encima del Nivel general.

Respecto a las categorías, el IPC Núcleo mostró un incremento del 3,1%, 0,2 p.p. menos que el Nivel general, que fue impulsado por la evolución de los Estacionales (+4,9%). Por último, se observó un aumento del 3,3% en el IPC Regulados producto de la fuerte suba en Educación.

¿Cómo seguirá la inflación en abril?

Nuestro relevamiento de precios quincenal mostró un incremento del IPC GBA Ecolatina de 2% en la primera quincena de abril respecto al mismo periodo del mes anterior. De esta manera, el IPC GBA Ecolatina se desaceleró 0,6 p.p. respecto a la primera quincena de marzo, y continuando la tendencia del mes pasado, los precios Estacionales y el IPC Núcleo continúan traccionándo la inflación en el comienzo del año. En este sentido, prevemos que la inflación se ubique más cerca del 2,5% a nivel nacional en el cuarto mes del año.

Sin embargo, se debe advertir que casi la totalidad del período estuvo caracterizada por una cuarentena estricta que impidió el desarrollo de muchas actividades económicas y complicó el relevamiento de otras. Esto llevó a ausencias de precios de muchos servicios -que más allá del tratamiento metodológico preciso- podrían tener un impacto inflacionario una vez que puedan volver a realizar sus actividades.

¿Qué esperamos a futuro?

Con servicios públicos congelados y aumentos salariales que se pospondrán para la última parte del año, el principal driver de la inflación será el tipo de cambio.

El mismo no solo estará vinculado a la necesidad de evitar un atraso real de la cotización oficial, sino que las expectativas de devaluación jugaran su rol a través de la brecha con el dólar libre tras el aumento de la emisión monetaria para financiar el creciente déficit fiscal.

De esta forma, asumiendo presiones cambiarias significativas, esperamos que la inflación anual cierre en la zona de 45-50% en 2020.