Se consolida la recuperación de la actividad

El Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) mostró un crecimiento mensual del 0,5% s.e. en diciembre y, de esta manera encadenó siete meses consecutivos de subas desde el piso de abril, acumulando una suba cercana al 7% desde entonces. De esta forma, la actividad se encuentra 5,5% por encima de igual mes del 2024, y continúa mostrando la recuperación de la fuerte recesión del año pasado. Por su parte, es la primera vez desde octubre del 2023 que la caída de la actividad no es compensada por el agro: excluyendo el aporte del agro que creció +6,7%, el EMAE hubiera crecido de todos modos un +4,0% i.a.

A nivel sectorial, doce de los quince sectores relevados mostraron subas en diciembre en la serie s.e., mientras que nueve sectores se posicionaron por encima de diciembre del 2023. Se destaca el fuerte crecimiento de la intermediación financiera (18% i.a.), seguido por los sectores primarios que contuvieron la caída de la actividad durante el año. Explotación de minas y canteras se posicionó 7,3% i.a., Agricultura, ganadería y caza lo hizo en 6,7% i.a., Comercio creció 7,4% i.a. En sentido opuesto, en la comparación interanual Construcción -7,2% i.a.


En línea con esta recuperación gradual e irregular del consumo, algunos indicadores adelantados de actividad sugieren señales de mejora, aunque con leves retrocesos. El índice de confianza del consumidor, que mostraba una tendencia positiva desde octubre, moderó su crecimiento y cayó en febrero (-0,3%). En la misma línea, las ventas minoristas PYME, que habían registrado variaciones positivas en términos desestacionalizados desde
octubre, revirtieron la tendencia en enero (-0,5%). En contraste, el consumo masivo (según Nielsen) mantiene variaciones positivas desde octubre, mientras que el crédito al consumo creció un 6,0% en enero.

El Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) mostró un crecimiento mensual del 0,5% s.e. en diciembre y, de esta manera encadenó siete meses consecutivos de subas desde el piso de abril, acumulando una suba cercana al 7% desde entonces. De esta forma, la actividad se ubicó 5,5% por encima de diciembre del 2023, y continúa mostrando la recuperación de la fuerte recesión del año pasado. Por su parte, es la primera vez desde octubre del 2023 que la caída de la actividad no es compensada por el agro: excluyendo el aporte del agro que creció +6,7%, el EMAE hubiera crecido +4,0% i.a.

En el ultimo mes del año pasado, la actividad económica alcanzó niveles previos a la recesión iniciada en agosto de 2023. De este modo, la prolongada recesión iniciada en 2023 y que fue profundizada durante el comienzo de 2024 con un fuerte recorte del gasto público y una corrección de precios relativos que afectó el poder adquisitivo, logró revertirse en los últimos meses del año. El repunte fue especialmente marcado a partir de junio.

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A nivel sectorial, nueve sectores se posicionaron por encima de diciembre del 2023. Se destaca el fuerte crecimietno de la intermediacion financiera (18% i.a.), seguido por los sectores primarios que contuvieron la caida de la actividad durante el año. Explotacion de minas y canteras se posicionó 7,3% i.a., Agricultura, ganaderia y caza lo hizo en 6,7% i.a., Comercio creció 7,4% i.a. En sentido opuesto, en la comparación interanual Construcción -7,2% i.a.

Sin embargo, estos números no son indicativos si consideramos que diciembre del 2023 fue una baja base de comparación. Este factor es particularmente relevante en los sectores más golpeados del año: el Comercio tuvo una caída promedio en el año de -7,2%, la Industria tuvo una caída promedio del -8,9%, y la Construcción del -17,5%, siendo los sectores más demandantes de mano de obra y los que cayeron más que el nivel de actividad.

Al comparar el dato del ultimo mes del año con el promedio del 2023, se puede ver que, sobre todo los primarios, crecieron a pesar de la base de comparación que se tome y son los que moderaron la caída de la actividad durante el año. De esta manera, el agro se posicionó 23,2% por encima del promedio del 2023, Oil y Gas un 10,9%, mientras que la intermediación financiera quedó 6,0% por arriba. La construcción por su parte, es la que peor se posiciona respecto el promedio del 2023 (-13,4%) debido al freno de la obra pública durante el 2024.


En diciembre, la recuperación se amplió a más sectores que en meses anteriores. Es decir, sectores que previamente mostraban caídas en la serie desestacionalizada ahora registran variaciones positivas.

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¿Qué esperamos hacia adelante?


El cierre negativo del PBI real en 2024 (-1,8%) será compensado por un crecimiento estimado del 4,5-5% en 2025. Del mismo modo, la caída del consumo privado (que rondó el -5% el año pasado), se espera que recupere en 2025, impulsada, en parte, por la recuperación del salario real, que prácticamente recuperará la caída de dos dígitos de 2024. Si bien el consumo ya superó el mínimo registrado en enero de 2024, la recuperación ha sido irregular y con altibajos.

Si bien la economía mostrará un crecimiento genuino, la recuperación continuará siendo heterogénea. Algunos sectores no lograrán recuperar lo perdido en 2024, como la industria y la construcción. En contraste, otros sectores que también sufrieron caídas el año pasado lograrán recomponerse en 2025, entre ellos el comercio, la actividad inmobiliaria y la intermediación financiera. Por otro lado, los sectores primarios —minería, petróleo y agro—, que moderaron la caída de la actividad a lo largo de 2024, mantendrán su sendero de crecimiento en 2025. No obstante, la recuperación de la actividad continuará con oscilaciones mes a mes y con diferentes velocidades según los sectores.

Los indicadores adelantados de actividad sugieren que enero continuará con un crecimiento moderado, pero cada vez a un menor ritmo como viene ocurriendo desde octubre. En esa línea, las ventas minoristas PYME que habían registrado variaciones positivas en términos desestacionalizados desde octubre, revirtieron la tendencia en enero (-0,5%). En contraste, el consumo masivo (según Nielsen) mantiene variaciones positivas desde octubre, mientras que el crédito al consumo creció un 6,0% en enero.

Por su parte, la industria y la construcción tampoco muestran un patrón claro a pesar de haber superado el piso de la recesión de los primeros meses del año. Con relación a la construcción, el Índice Construya presenta caídas mensuales desde julio y cerró en enero en -4,2% s.e., mientras que los despachos de cemento cerraron al alza en el primer mes del año (+6,9%). La industria comenzó el año creciendo en la producción de acero (+2,3%) y la producción de automóviles (+1,6%). En la misma línea se encuentran el patentamiento de automóviles 0 km (+4,2%) y las ventas de autos usados (+1,4%).

El piso de la prolongada recesión se habría alcanzado en marzo, y se espera que entre febrero y marzo de 2025 la actividad termine de recuperar los niveles previos a la recesión, registrados en agosto de 2023. Sin embargo, la recuperación no será lineal y dependerá de múltiples factores que marcarán la velocidad del repunte económico.

Algunos de estos factores, como el contexto internacional aún tenso y el hecho de ser un año electoral, podrían condicionar la recuperación económica. Sin embargo, la llegada de nuevas lluvias en la zona núcleo marcan la recuperación de los cultivos. Hace un mes, las pérdidas eran críticas y se esperaba que el 50% de los cultivos no se pudieran cosechar.

El Libragate generó un pico de menciones a Milei altamente negativas

El polémico posteo de Javier Milei del viernes a las 7.00 pm., promocionando un extraño token que prometía incentivar el crecimiento de la economía argentina e financiar pequeñas empresas, derivó en la crisis política más importante de todo este ciclo, y produjo el mayor nivel de menciones a Javier Milei en la conversación pública digital global de toda su presidencia. Un volumen de menciones a Javier Milei registradas durante los 3 días del fin de semana (particularmente sábado y domingo), que en más de un 75% fueron calificadas como sentimiento negativo por nuestra herramienta de Social Listening (Brandwatch).

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El volumen de menciones registrados, que transmite el nivel de alcance que tuvo el escándalo por el token $LIBRA, triplicó y cuadriplicó la cantidad registrada en otros picos de menciones observados a lo largo del último año. La Apertura de Sesiones Ordinarias de 2024, la pelea con Pedro Sánchez (Presidente de España), el involucramiento de Milei en la elección venezolana o su presencia en Mar-a Lago luego de la asunción de Trump, fueron eventos que generaron muchas menciones a Milei. Pero este escándalo produjo
el máximo nivel de menciones, llegando en algunos casos a ser el triple de otros picos registrados.

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Pero lo más destacado del tipo de menciones que se registraron durante el fin de semana donde explotó el escándalo es que en su mayoría fueron negativas. En los otros picos registrados en el último año, se observa una compulsa entre los sentimientos positivos y los negativos registrados por nuestra plataforma de social listening. Aun así, en la mayoría de los picos solían prevalecer los sentimientos positivos. Sin embargo, en este pico máximo registrado durante este último fin de semana se registró un marcado dominio de sentimientos negativos en las menciones al presidente.

 

La cantidad de menciones negativas registradas durante el escándalo del LibraGate triplica y cuadriplica a las menciones positivas que se registraron en los otros picos de menciones registrados a lo largo de todo el año. Sin lugar a duda se trató del evento que más protagonismo disparó de Javier Milei en la conversación pública digital global, y que más negatividad produjo sobre Javier Milei en ese ámbito. Se habló como nunca de Javier Milei, y se habló mayoritariamente de manera negativa de Javier Milei.

El fisco arrancó 2025 con el pie derecho

¿Cómo le fue al fisco en enero?

El Sector Público Nacional No Financiero obtuvo en el primer mes del año un superávit primario de $2,4 billones. Con intereses que ascendieron a $1,8 billones, principalmente explicados por el pago de interés de Bonares y Globales el 9 de enero, arrojó un superávit financiero de $0,6 billones. Si bien enero suele ser un mes favorable para el fisco en materia fiscal ya que: 1) el gasto primario toca un máximo en diciembre para luego caer a su mínimo en enero, y 2) el aguinaldo que se paga en diciembre impacta en la recaudación de enero, en este caso lo que sobresale es la magnitud del superávit. En concreto, el resultado primario obtenido fue el segundo mas alto de la ultima década (el resultado de enero 2024 ocupa el primer lugar).

¿Qué explicó el resultado fiscal de enero?  A diferencia del comportamiento observado a lo largo de 2024, hubo un cambio en la dinámica de ingresos y gastos. El gasto primario creció en términos reales luego de diecisiete meses de caída ininterrumpida, mientras los ingresos totales recortaron levemente. Ante la retirada del impuesto PAIS, la caída en la contribución del comercio exterior y prescindiendo de otros ingresos extraordinarios (como lo fueron Ganancias en mayo y Bienes Personales en septiembre) los recursos lograron sostenerse gracias al impulso de los tributos vinculados a la actividad económica. Tanto el desempeño de los recursos como de las erogaciones está condicionado por una baja base de comparación de enero 2024.

De esta manera, el SPN acumula en el primer mes del año un superávit primario de 0,3% del PBI y superávit financiero de 0,1%, replicando el ratio registrado en enero 2024 y reafirmando el compromiso con el equilibrio fiscal de cara a 2025.

Un zoom al interior de las cuentas públicas

Los Ingresos Totales crecieron 10% respecto a diciembre, pero terminaron 2,2% por debajo en la comparación interanual (recordemos que enero fue el segundo mes de 2024 con mayores ingresos registrados luego del excepcional mayo afectado por el ingreso extraordinario de Ganancias). Sin embargo, en esta oportunidad los ingresos alcanzaron un 1,3% del PIB mostrando una mejora de 0,3%pp respecto al enero pasado.

Al interior de los ingresos tributarios se observa un cambio en la composición. Por un lado, los ingresos provenientes del comercio exterior se retiraron como fuente de recursos. En concreto, al descontar el efecto de la inflación, los Derechos de Importación registraron una caída del 15% i.a, mientras que los Derechos de Exportación disminuyeron un 54% i.a. Si bien esta contracción se ve influida por una elevada base de comparación en enero del año pasado, resulta relevante considerar en el contexto actual, donde persiste el debate sobre la liquidación del sector agropecuario que sigue sin despegar pese a la baja de retenciones.

En este marco, el repunte de los ingresos vinculados al nivel de actividad fue clave para dar sostén a la recaudación. Tanto IVA, como Ganancias y Seguridad Social experimentaron contundentes mejoras reales respecto a enero 2024. En detalle, el Impuesto al Valor Agregado creció 20% respecto a lo recaudado en diciembre traccionado por el IVA DGI.  Por su parte lo recaudado por el impuesto a las Ganancias si bien estuvo 5% por debajo de lo recaudado en diciembre, creció 28% respecto a lo recaudado en el enero pasado donde se había eliminado la cuarta categoría. En sintonía, los ingresos vinculados a la Seguridad Social avanzaron en términos reales un 37% intermensual, y misma magnitud interanual acumulando cinco meses de crecimiento consecutivo.

Por el lado de las erogaciones, el Gasto Primario registró un crecimiento interanual de 14% tras 17 meses consecutivos de caída. Si bien se trata de un aumento en términos reales, el gasto primario aún se mantiene en niveles históricamente bajos. De hecho, al analizar los datos de enero de los últimos diez años, se observa que el monto ejecutado en esta ocasión solo supera al registrado en enero del año pasado.

En cuanto al Gasto Social, las prestaciones que representan el 0,7% del PIB (+0,2 pp respecto a 2024) crecieron 15,2% con incrementos en todas las partidas (excepto el item otros programas). En detalle, las Jubilaciones y Pensiones (incluyendo las Pensiones No Contributivas) le ganaron 27% a la inflación en la comparación interanual y acumulan tres meses de crecimiento real. En sintonía, la AUH mantuvo su crecimiento real (+43% i,a) y las Prestaciones del PAMI avanzaron 25%.

Si bien el Gasto de Capital marcó un incremento i.a de 19%, esta partida fue la que mayor impacto tuvo en el recorte del gasto en 2024 (pasó de un 1,6% del PIB en 2023 a apenas un 0,4% del PIB en 2024) por lo que el nivel de enero 2024 representa un mínimo histórico. Similar es el caso de las Transferencias a Provincias que anotaron un crecimiento real de 23% luego de 12 meses de caída pronunciada. No obstante, el monto correspondiente a enero 2025 se encuentra por debajo del promedio mensual transferido en 2024.

Con respecto a la Energía y el Transporte, el gasto en Subsidios Económicos (que en 2024 se redujo al 1,5% del PBI, un valor incluso más bajo que en 2019), en el primer mes de 2025 encontró un nuevo piso histórico tras caer 10% i.a. Por su parte, los Gastos en Funcionamiento (mayormente salarios) subieron 12% en términos reales, al tiempo que las Transferencias a Universidades cayeron 42%.

¿Qué esperamos hacia adelante?

Con el superávit alcanzado y el fuerte recorte sobre el gasto público en 2024 el Gobierno logró dar un mensaje contundente de compromiso con la consolidación fiscal. Hacia adelante, nadie pone en dudas la voluntad de las autoridades de respetar el equilibrio fiscal. No obstante, los desafíos fiscales no desaparecerán en 2025, sino que sólo tendrán otra naturaleza.

Para empezar, este año el fisco ya no contará con el Impuesto PAIS y otros ingresos extraordinarios (blanqueo, moratoria, ganancias bancarias, etc.) que estuvieron presentes a lo largo del 2024, lo cual implica que la ecuación difícilmente mejore por el lado de los recursos.

Frente a este panorama, el Gobierno apuesta a que una rápida y sostenida recuperación de la economía le permita compensar la caída de aquellos recursos vía un incremento de la recaudación asociada al nivel de actividad y los ingresos. Esto último fue lo que vimos hasta ahora en enero. En este sentido, estimamos que el Gobierno podría sostener el nivel agregado de los recursos en 2025 pese a perder algunas fuentes de ingresos. En caso de no lograrlo, el Gasto Primario deberá sufrir nuevos recortes si se pretende sostener la disciplina fiscal.

Incluso sosteniendo el nivel de ingresos, el camino fiscal no estará exento de complejidades: el desafío de cara a 2025 consistiría en pasar el bisturí en el gasto público. En otras palabras, dado que el fuerte ajuste sobre el gasto ya se hizo en 2024, la dificultad será sostenerlo en un año electoral, cuando históricamente aparecen mayores presiones sobre el gasto.

Como si fuera poco, la indexación de las Jubilaciones y Pensiones luego de tocar un piso en la primera parte del 2024 presionarán al alza el gasto social en 2025, exigiendo un cambio de composición en un gasto que ya no será tan flexible como lo era en 2023.

De todas formas, dada la estrategia de utilizar instrumentos capitalizables en las licitaciones del Tesoro, probablemente la cuenta de Intereses se reduzca en 2025, lo cual redundaría en una menor exigencia de superávit primario para sostener el equilibrio financiero.

Diputados aprobó Ficha Limpia con un amplio apoyo de toda la oposición dialoguista

Finalmente, y luego de los dos intentos frustrados de noviembre pasado, la Cámara de Diputados aprobó un proyecto de Ficha Limpia. Esta vez se trataba de la iniciativa que el propio oficialismo impulsó, luego de que su postura confusa en noviembre despertara sospechas de si efectivamente quería avanzar con esta ley, teniendo en cuenta la especulación de que La Libertad Avanza quiere a Cristina Kirchner de rival en estas elecciones y por ese motivo no está muy entusiasmado con que esta ley salga del Congreso.

La diferencia estuvo en los apoyos plenos que esta vez hubo de La Libertad Avanza y del PRO, más el apoyo también casi pleno de todo el arco dialoguista. En las sesiones frustradas de noviembre, por ejemplo, el bloque Innovación Federal (8), que integran diputados que responden a Gobernadores dialoguistas, o los 3 diputados tucumanos que responden a Osvaldo Jaldo, no acompañaron. Esta vez sí, y eso cambió mucho la cuenta.

La novedad de la iniciativa del oficialismo, es la incorporación de los cargos más importantes del Ejecutivo como lugares también pasibles de inhabilitación para las personas que tengan una condena confirmada en instancia superior. Esta situación equipara la situación entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo.

También se discutió mucho la cuestión de los plazos: hasta qué momento una confirmación por instancia superior produce la inhabilitación. El texto aprobado establece la fecha de la publicación de los padrones como el momento hasta el cual opera la inhibición de suceder la confirmación de la condena, un plazo que es de 180 días antes de las elecciones. Algo relevante porque con este plazo, de sancionarse la ley, no quedarían duda que aplica a la situación de la ex presidenta Cristina Kirchner, que tiene esa confirmación a cuestas.

El salario real sigue recuperando terreno perdido (pero todavía falta)

El INDEC publicó que el salario registrado creció 2,4% en diciembre, aumentando por debajo de la inflación por primera vez desde marzo. Pese a esto, totalizó un incremento de casi 138% a lo largo del año pasado, una mejora de casi 10% en términos reales. Este aumento fue impulsado por la dinámica de los trabajadores formales del sector privado (147,5%, +13,7% real), quedando los públicos bastante más rezagados (119,3%, +0,7% real).

El salario real formal promedio de 2024 se ubicó 11,3% por debajo del nivel de 2023 (-6,1% en el caso de los privados y -20,4% en el caso de los públicos). Este es el argumento fundamental para esgrimir que, si bien es cierto que los salarios vienen recuperando, todavía falta (más aún si consideramos que los niveles de 2023 ya eran bajos).

Esperamos que para enero y febrero la dinámica de los salarios privados también se ubique en línea con la inflación esperada, en la zona del 2% mensual. Esta continuidad en el ordenamiento de expectativas, y que los salarios se fijen en función de la inflación esperada y no la pasada, favorece el proceso de desinflación dada la relación estrecha que hay entre la dinámica del salario real y el precio de los servicios.

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El INDEC publicó que el salario registrado creció 2,4% en diciembre, aumentando por debajo de la inflación por primera vez desde marzo. Pese a esto, totalizó un incremento de casi 138% a lo largo del año pasado, una mejora de casi 10% en términos reales. Este aumento fue impulsado por la dinámica de los trabajadores formales del sector privado (147,5%, +13,7% real), quedando los públicos bastante más rezagados (119,3%, +0,7% real).

Considerando que la recuperación desde el piso de marzo es del orden del 12% (y llega a 14,5% en el caso de los privados), esta perspectiva es sin dudas una de las predilectas por parte del oficialismo a la hora de argumentar que el poder adquisitivo está creciendo, lo cual es cierto. De hecho, otros indicadores salariales, como el RIPTE y los publicados por la Secretaría de Trabajo permiten llegar a conclusiones similares.

Tan cierto como esto es que, si se realiza la habitual comparación entre los promedios del año, el salario formal promedio de 2024 se ubicó 11,3% por debajo del nivel de 2023 (-6,1% en el caso de los privados y -20,4% en el caso de los públicos). Este es el argumento fundamental para esgrimir que, si bien es cierto que los salarios vienen recuperando, todavía falta (más aún si consideramos que los niveles de 2023 ya eran bajos).

¿Qué explicó la diferencia entre estos indicadores? Buena parte encuentra su explicación en que el Gobierno logró evitar una rápida recomposición salarial luego del shock nominal en diciembre del 2023. Interrumpir, al menos transitoriamente, la virtual indexación que venían teniendo los salarios fue clave para comenzar a iniciar el proceso de desinflación a inicios del año. Si bien esta dinámica luego fue ratificada en la medida que se alcanzaron resultados en materia fiscal y monetaria, el puntapié de todo el proceso fue que el sistema (el cambio de gobierno también apaciguó las demandas salariales) “se olvide” del shock inflacionario del final del 2023.

¿Qué pasa con los salarios informales? En diciembre también se publicaron los salarios de los trabajadores informales. Sin embargo, como estos surgen de la Encuesta Permanente de Hogares -y la correspondiente al cuarto trimestre de 2024 aún está bajo procesamiento-, la estimación de estos salarios tiene que ver más con el nivel de los mismos en agosto. Esta consideración metodológica sugiere que los salarios informales tienen variaciones más acordes a las de sus pares registrados y que la caída del salario real total de la economía no fue tan pronunciada como parecía en aquel momento.

¿Qué esperamos para este año?

La estabilidad nominal que se profundizó a lo largo de la segunda mitad del año ya está permitiendo que algunos sindicatos vuelvan a acordar paritarias con un horizonte temporal de dos o tres meses (como se vio en el caso de comercio, metalúrgicos, mecánicos, camioneros, gráficos, entre otros en las últimas semanas). De esta manera, siguiendo los acuerdos firmados por diversos sindicatos, esto nos permite tener algo más de seguridad a la hora de proyectar cual será la dinámica de corto plazo de los salarios privados.

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Como se observa en el gráfico, esperamos que para enero y febrero la dinámica de los salarios privados también se ubique en línea con la inflación esperada, en la zona del 2% mensual. Lógicamente, esta continuidad en el ordenamiento de expectativas, y que los salarios se fijen en función de la inflación esperada y no la pasada, favorece el proceso de desinflación dada la relación estrecha que hay entre la dinámica del salario real y el precio de los servicios -y bienes no transables, en general-.

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El lado B de esta tendencia es que, bajo estas circunstancias, no debemos esperar ninguna mejora salarial demasiado significativa en los próximos meses. ¿Será esto suficiente para que la recuperación del consumo continúe como en la segunda mitad del 2024 o entraremos en una dinámica más de “serrucho” y dependiente del crédito.

Solo en el caso de que la “temporada alta” de las paritarias sorprenda con acuerdos de mayor vigencia y que la magnitud de los mismos sea superior a la inflación, podremos ver una situación en donde la recuperación del poder adquisitivo sea palpable y sostenida antes de las elecciones. De cualquier modo, si continúa el sendero nominal que propone el Gobierno, esperamos que en 2025 el salario registrado real promedio crezca en torno a 10% i.a., prácticamente recuperando el deterioro que tuvo el año pasado.

Industria y Construcción cierran el 2024 con mejoras

El Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPI manufacturero) marcó una suba mensual desestacionalizada del 0,2% en el último mes del 2024, y mantiene la racha de 6 meses consecutivos sin caídas. De esta manera, el índice muestra una importante suba al posicionarse 8,4% por encima de diciembre del 2024.

El Indicador Sintético de la Construcción (ISAC) marcó una suba mensual desestacionalizada del 3,1% para diciembre. De esta manera, el indicador se encuentra un 10,2% por debajo de su nivel en el mismo mes del 2023, mientras que el 2024 acumula una caída del 27,6% interanual.

En cuanto a la construcción, el sector tiene mucho más para recuperar que la industria producto de la profunda caída inicial dado su componente procíclico con la actividad económica y la gran contracción en la inversión productiva y la obra pública, que no se repetirá este año. Sin embargo, las encuestas cualitativas realizadas por el INDEC reflejan la percepción de una continuidad en el estancamiento del sector para los próximos meses.

La industria mantiene la racha positiva

El Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPI manufacturero) subió un 0,2% mensual en diciembre ajustado por estacionalidad, y mantiene así una racha de 6 meses consecutivos al alza. Luego de la caída de -4,7% en el primer semestre, acumuló un crecimiento del 2,9% en la segunda mitad del año.

De forma similar a la construcción, la industria tocó su punto más bajo en marzo y experimentó una recuperación del 12,2% a partir de ese momento. Sin embargo, el dato de diciembre mostró una caída del 4,2% en comparación con el promedio de 2023.

Si bien el sector ya se ubica 8,4% por encima de diciembre del 2023, cerró el año con una contracción de 9,4% en promedio. En cuanto a la comparación interanual, diciembre trajo buenas noticias: doce de las dieciséis ramas presentaron subas respecto mismo mes del 2023.

De esta forma, sectores que venían acumulando caídas mostraron subas interanuales. Aquellos que aportaron positivamente son Otros equipos, aparatos e instrumentos (68,1%), Muebles y colchones, y otras industrias manufactureras (33,4%), Maquinaria y equipo (31,3%), Prendas de vestir, cuero y calzado (20,6%), Vehículos automotores, carrocerías, remolques y autopartes (10,1%), Otro equipo de transporte (8,5%), Sustancias y productos químicos (7,7%), Refinación del petróleo (5,9%), Industrias metálicas básicas (2,8%), Productos textiles (1,4%) y Productos del metal (1,0%).

En cuanto a los Alimentos y Bebidas, se destaca el buen desempeño en la molienda de oleaginosas, que experimentó un aumento del 77,6% interanual. Por el contrario, los sectores con caídas interanuales fueron Productos minerales (-13,9%), Productos de tabaco (-9,4%) y Productos de caucho y plástico (-8,3%) y Madera, papel, edición e impresión (-0,3%).

En términos más generales, se destaca la fuerte suba de las industrias asociadas a los bienes de capital (25,6% i.a.). A su vez, los bienes de consumo no durable (6,1% i.a.) y los bienes de uso intermedio (2,8% i.a) también registraron subas.  

El incremento en bienes de capital se explica, en parte, por la suba en la categoría de Maquinaria y equipo (31,3% i.a.), impulsada por la fabricación de maquinaria agrícola (52,9% i.a.), la principal incidencia positiva en el mes analizado. En particular, se produjo una mayor cantidad de tractores, cosechadoras y sembradoras. Sin embargo, cabe aclarar que en 2023 la producción había sido baja debido a la menor cantidad de pedidos como consecuencia de la sequía. En el mismo sentido, aumentó la producción de electrodomésticos por la suba en la demanda interna, teniendo en cuenta la baja base de comparación por la dificultad por parte de las empresas de abastecerse de componentes importados en diciembre del 2023.

La construcción sostiene la mejora

El Indicador Sintético de la Construcción (ISAC) marcó una suba mensual desestacionalizada del 3,1% en diciembre. De esta manera, el indicador se encontró un 10,2% por debajo de su nivel en el mismo mes del 2023. La actividad en la construcción tocó su punto más bajo en marzo, pero desde entonces experimentó una recuperación del 21,5%. Sin embargo, el dato de diciembre reveló que sector acumuló una caída del 27,6% promedio interanual durante 2024.

En cuanto a los insumos para la construcción, los que registraron mayores subas desestacionalizadas fueron Artículos sanitarios de cerámica (+43,1%, explicó 1,4 p.p. de la variación mensual s.e.); Mosaicos graníticos y calcáreos (+31,9% aportando 1,8 p.p.), Hormigón elaborado (+14,3%), Asfalto (+9,4%) y Pisos y revestimientos cerámicos (+3,5%). Por el contrario, los dos insumos que cayeron en su comparación mensual desestacionalizada fueron Ladrillos huecos (-6,2%) y Hierro redondo y aceros para la construcción (-3,2%).

El 2024 en retrospectiva

El 2024 fue un año complejo tanto para la construcción como para la industria, y si bien cerró el año mostrando mejoras incipientes, no alcanza para compensar las caídas acumuladas a lo largo del 2024.

En el caso de la construcción, el sector comenzó el año con un fuerte freno debido a la prolongada recesión que se arrastró desde finales de 2023 hasta mediados de 2024, agravando la paralización de la obra pública, lo que afectó tanto la actividad como el empleo. Esto sugiere que la recuperación será lenta y que, al menos a corto plazo, la falta de obra pública no sería compensada por un repunte de la obra privada.

Por su parte, la industria experimentó un repunte en el cierre del año, impulsado principalmente por los sectores de alimentos y bebidas y bienes de capital. Sin embargo, es importante considerar que la comparación interanual se realizó sobre una base baja, ya que a finales de 2023 la industria seguía sufriendo los efectos de la sequía y las dificultades para importar insumos. Durante gran parte del 2024, la industria estuvo fuertemente afectada por la caída prolongada de la actividad, el deterioro del poder adquisitivo, y la caída de la demanda interna. A su vez, la abrupta caída de la construcción tuvo un impacto negativo en las ramas de la industria relacionadas con dicho sector.

¿Qué esperamos hacia adelante?

De cara a enero, los indicadores temprano de la actividad son mixtos. Por el lado de la construcción, el índice Construya (mide la evolución de los volúmenes vendidos al sector privado para la construcción) registró una contracción mensual de 4,2% desestacionalizado, hilando seis meses consecutivos de caídas, mientras que los despachos de cemento subieron 6,9% m/m. Por el lado de la industria, algunos sectores cerraron en verde: la producción automotriz (ADEFA) mostró una suba mensual del 1,6% s.e; y los patentamientos de 0km subieron 4,2% m/m.

En cuanto a la construcción, el sector tiene mucho más para recuperar que la industria producto de la profunda caída inicial dado su componente procíclico con la actividad económica y la gran contracción en la inversión productiva y la obra pública, que no se repetirá este año. Sin embargo, las encuestas cualitativas realizadas por el INDEC reflejan la percepción de una continuidad en el estancamiento del sector para los próximos meses. En números, el 63,5% de las empresas de obras privadas encuestadas prevé que el nivel de actividad del sector se estanque (+1,3 p.p. respecto a noviembre) durante los próximos tres meses, 19,8% estima que aumentará (-2 p.p.) y 21,9% que disminuirá (+4,4 p.p.).

Por el lado de la industria, las ramas asociadas a sectores estratégicos (energético, minero y agropecuario) seguirán con este buen desempeño en los próximos meses y serán los que traccionen la actividad industrial (representando casi un tercio de la actividad). No obstante, no desaparecerán los riesgos que presenta un sector que depende de factores climáticos, como lo es el agro, en un año que estará signado por el fenómeno La Niña (precipitaciones menores a las normales).  

Por su parte, las ramas que están más vinculadas a la demanda interna (que se vio gravemente deteriorada por la caída del ingreso disponible) comenzaron a recuperar paulatinamente, impulsadas por la estabilización de los ingresos reales y el mayor crédito (el crédito al consumo creció 6,7% y 6,0% mensual real desestacionalizado en diciembre y enero respectivamente). Queda por analizar el impacto de una posible apertura de importaciones en diversas ramas de la industria, especialmente con la llegada de nuevas marcas de ropa y alimentos a los supermercados.

Sin paso, cambia el sistema de incentivos y puede haber mayor fragmentación

Adicionalmente a la novedad de la implementación de la Boleta Única de Papel, la elección nacional de medio término podría realizarse sin PASO, si el Senado ratifica la suspensión resuelta por Diputados. Una novedad que no solo retrasa el calendario electoral, sino que produce múltiples efectos en la dinámica electoral.

El cambio más significativo que conlleva la suspensión de la PASO, es que dejamos de tener un sistema de doble vuelta. Donde teníamos primero una simulación de la elección (por ser la primaria obligatoria), que le daba mucha información a los votantes, y que reducía la oferta electoral de los partidos que no superaban el umbral de 3% del padrón, para luego tener la elección definitiva que distribuía los cargos y las bancas.

El efecto reductor en la oferta electoral que tiene la PASO se puede ver en los datos. Si se cuentan la cantidad de listas de candidatos a diputados que se presentaban en la elección nacional en los 24 distritos, antes de la implementación de la PASO el promedio era de 10 listas por provincia para pasar a ser de 5 listas por provincia (la mitad) luego de su implementación. Es decir, si se suspende la PASO, habrá mucha más oferta electoral lo que producirá menor concentración de los votos en las principales fuerzas y mayor fragmentación.

Pero no es solo ese efecto el que produce la suspensión de la PASO. Hay otros efectos que pueden producir cambios en la dinámica de competencia entre las fuerzas políticas. Aquí los principales efectos de esta medida:

Pero más allá de la dinámica electoral, hay un cambio de procedimiento que produce una menor carga social al tener que solamente votar una vez. Esto, sumado a los cambios en el instrumento de votación (la implementación de la Boleta Única de Papel) pueden constituir la percepción de reformas políticas que eran demandadas por la ciudadanía. Se vota más transparentemente, se vota menos. Es decir, puede que ambas reformas no hayan sido convenientes para el oficialismo en términos de sus consecuencias electorales, pero constituyen hitos que Javier Milei puede presentar como reformas impulsadas por él, y eso no deja de ser un activo para el gobierno, mostrándose como un gobierno reformista que hace y produce cambios.

El empleo resistió mejor de lo esperado a la última recesión

La recesión que comenzó en agosto de 2023 (tras la devaluación de casi 30% del tipo de cambio post-PASO) y alcanzó su piso en mayo de 2024 se posicionó como la más prolongada de la última década, con una contracción acumulada de 6,8% en la actividad económica. El contexto de esta recesión no fue siempre el mismo: mientras que los últimos meses de 2023 estuvieron caracterizados por una serie de desajustes estructurales, el comienzo del 2024 se definió por un período de correcciones con el cambio de gestión, asociadas a los precios relativos (aumentos en tarifas y del tipo de cambio) y a un ordenamiento fiscal que implicó un freno drástico a la obra pública, en el marco de una fuerte incertidumbre acerca de las futuras decisiones de política económica.

A pesar de la profundidad y duración de esta recesión, el impacto sobre el nivel de empleo no resultó tan fuerte ni uniforme como cabría esperar, introduciendo un elemento de incertidumbre en el análisis del mercado de trabajo.

Dentro de las incógnitas aparece la construcción. El sector comenzará su recuperación en 2025 pero todavía desconocemos la velocidad de la misma, por lo que no es del todo seguro que el empleo formal recupere significativamente. En la misma línea, también es un interrogante lo que pueda ocurrir con los puestos de trabajo de diversas ramas industriales, en la medida que la apertura comercial, en un contexto de tipo de cambio real relativamente apreciado, sea más un hecho que una promesa.

La recesión que comenzó en agosto de 2023 (tras la devaluación de casi 30% del tipo de cambio post-PASO) y alcanzó su piso en mayo de 2024 se posicionó como la más prolongada de la última década, con una contracción acumulada de 6,8% en la actividad económica. El contexto de esta recesión no fue siempre el mismo: mientras que los últimos meses de 2023 estuvieron caracterizados por una serie de desajustes estructurales, el comienzo del 2024 se definió por un período de correcciones con el cambio de gestión, asociadas a los precios relativos (aumentos en tarifas y del tipo de cambio) y a un ordenamiento fiscal que implicó un freno drástico a la obra pública, en el marco de una fuerte incertidumbre acerca de las futuras decisiones de política económica.

A pesar de la profundidad y duración de esta recesión, el impacto sobre el nivel de empleo no resultó tan fuerte ni uniforme como cabría esperar, introduciendo un elemento de incertidumbre en el análisis del mercado de trabajo. Por este motivo vale indagar acerca de las razones de este escenario, y eventualmente trazar un paralelismo con otras recesiones.

En primer lugar, vale mencionar el fuerte ajuste fiscal que el gobierno comenzó a realizar tan pronto como comenzó el mandato y que significó el primer superávit primario en casi quince años. Este aspecto lo hace distintivo de otras recesiones, donde el ajuste fue menor -como en 2018 y 2016- o no existió -2013-.

En este contexto, si bien los efectos en el empleo de un ajuste no son tan claros a primera vista, la magnitud de lo realizado se observa en dos sectores: 1) el empleo público registró una disminución de 50 mil puestos registrados desde el cambio de gobierno, y 2) en la construcción se destruyeron más de 50 mil empleos formales producto del inédito freno en la obra pública, que no fue compensado por su contraparte privada debido al encarecimiento del costo de la construcción en dólares a lo largo del año pasado. Esto significó una caída de casi 20% en los puestos de trabajo en el sector (a lo que se sumaron otras ramas industriales asociadas), mucho más profunda que la contracción de 4% que tuvo la recesión del 2016.

El freno en diversas partidas del gasto público también vino con la reducción de subsidios a la energía y al transporte (que tiene como contrapartida el aumento de tarifas), que junto a la inestabilidad nominal de la economía impactaron negativamente en el ingreso disponible y el consumo de los hogares. El redireccionamiento del gasto resultante impactó en mayor medida en el nivel de empleo de algunas ramas industriales asociadas a bienes más elásticos, como la industria textil, muebles y juguetes. En conjunto, estimamos que la merma habría alcanzado unos 10 mil puestos de trabajo.

De esta manera, tanto la corrección de precios relativos como el esfuerzo fiscal hecho por el gobierno no evitaron que la caída de la demanda interna implique que el apretón también llegue a las empresas. Estas últimas se vieron forzadas a relegar gastos prescindibles, afectando el empleo de ciertos servicios a empresas, que vieron disminuir su plantilla en unos 20 mil trabajadores.

De todas formas, excluyendo la construcción, la merma en el empleo registrado privado fue de -1,3% s.e. durante el periodo, lo que representa casi 80 mil puestos de trabajo registrado menos. En un contexto de fuerte caída de la demanda interna (se redujo un -12,1% durante los meses de la última recesión -agosto 2023 a mayo 2024-), el panorama resulta más favorable de lo esperado, dado que en recesiones previas más acotadas ocasionaron una destrucción de puestos de trabajo formales mayor. El empleo registrado en su conjunto no sólo no cayó, sino que creció 0,3% en los meses de caída de la actividad.

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Por lo tanto, dejando de lado los impactos en el mercado laboral más vinculados al inédito ajuste fiscal, la caída de la actividad no se tradujo en una contracción del empleo formal -y en consecuencia en un mayor nivel de desempleo-. Consideramos que una de las principales razones para que esto haya ocurrido se vincula a la posibilidad de “ajustar” más por precios (es decir, salarios) que por cantidades (cantidad de empleados) dentro del mercado laboral. Sumado a esto, el importante crecimiento del cuentapropismo formal (+5,6% a lo largo del período) sugiere una absorción de mano de obra proveniente de otros sectores.

Luego de alcanzar valores máximos en 2017, el salario real se encuentra alrededor de 25% por debajo de aquel momento, razón por la cual quizás no haya sido “tan” costoso sostener la caída de la demanda durante la última recesión, actuando como un limitante para la destrucción de empleo.

No obstante, un factor adicional y que puede haber sido clave en comparación de otras recesiones es la rápida recuperación de la economía. Si el rebote hubiera sido más lento, posiblemente la historia a contar sería diferente ya que, ante escasas perspectivas de mejora de la actividad, el ajuste sobre el personal empleado habría sido más pronunciado.

¿Qué esperamos hacia adelante?

 Asociar la recuperación de la actividad a la mejora en los niveles de empleo formal requiere pensar cuáles serán los sectores que impulsarán la economía. Por caso, una expansión del sector primario (energía, pero también el agro), al no ser caracterizadas por ser intensivas en el uso de mano de obra, tendrán un impacto más indirecto en el empleo, a través de la industria alimenticia o de proveedores de insumos.

Por su parte, la recuperación del poder adquisitivo y la menor incertidumbre acerca del futuro permitirá que tanto familias como empresas reinicien nuevos gastos en servicios, algo que seguramente traccionará el empleo en sectores ligados al consumo, el esparcimiento y servicios empresariales.

 Dentro de las incógnitas aparece la construcción. El sector comenzará su recuperación en 2025, pero todavía desconocemos la velocidad de la misma, por lo que no es del todo seguro que el empleo formal recupere significativamente. En la misma línea, también es un interrogante lo que pueda ocurrir con los puestos de trabajo de diversas ramas industriales en la medida que la apertura comercial, en un contexto de tipo de cambio real relativamente apreciado, sea más un hecho que una promesa.

De todos modos, la mejora promedio del orden del 10% esperada para el salario formal del sector privado solo servirá para recuperar la caída del 2024, todavía muy lejos de los niveles máximos alcanzados en 2017. Por este motivo, no deberíamos ver que los mayores niveles salariales sean un problema para la creación -o en algunos casos el mantenimiento- del nivel de empleo.

Las paritarias continúan su proceso de desaceleración y ya corren al 30% anual

El proceso paritario continúa desacelerando y en el mes de enero, los acuerdos corrieron en torno al 30,1% anual, lo que implica un ritmo muy similar al que tuvimos en el primer trimestre del 2021. Se trata del valor más bajo de este promedio mensual, desde que seguimos el dato. Hay que irse a marzo de 2021 para encontrar un registro similar de promedio de aumentos mensuales (anual o anualizado) de 30%. Esta tendencia podría profundizarse en los próximos meses si la inflación continúa yendo a la baja, permitiendo además de la caída en la nominalidad, una extensión de los plazos de los acuerdos, que siguen siendo acuerdos cortos, por un plazo de 2 a 4 meses según los diferentes gremios.

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Las paritarias grandes del sector privado le ganaron a la inflación en 2024

Los grandes gremios cerraron el acumulado de todo el 2024 por encima del IPC. En algunos casos (SMATA, Estacioneros, UOM, Alimentación, Bancarios y Camioneros) la diferencia fue tan favorable que ya se ubican por encima del IPC en todo el período Milei (incluyendo Dic-23 en el análisis), mientras que SUTERH, Sanidad, UOCRA y Comercio le ganaron al 118% de inflación anual de 2024 pero aún les falta recuperar. Los salarios públicos perdieron entre 20% y 26% en 2024. Los únicos gremios que perdieron frente a la inflación en 2024 son curiosamente dos que están asociados al ajuste en el gasto público efectuado por el Gobierno.

Tras dos meses de recuperación, la imagen del Gobierno muestra una leve caída

Los niveles de aprobación del Gobierno de Javier Milei se mantienen estables respecto al inicio de su gestión. En el primer registro de 2025, la imagen positiva alcanza el 45%, mientras que la imagen negativa se sitúa en torno al 50%. Al analizar toda la evolución del tiempo de mandato, se observa que estos valores son muy similares a los registrados en enero de 2024, cuando la imagen positiva era del 47% y la negativa del 49%. Un dato destacado sigue siendo el alto nivel de polarización: la mayoría de los encuestados califican la gestión como “muy buena” si tienen una percepción positiva o como “muy mala” si su valoración es negativa.

 

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Al comparar la gestión de Javier Milei con las dos administraciones anteriores, se observa un comportamiento en los niveles de aprobación similar al registrado durante el primer año de mandato de Mauricio Macri. Ambas gestiones se caracterizaron por oscilar dentro de una franja bien delimitada y con poca variación. Sin embargo, los valores de aprobación y desaprobación de Macri eran más bajos en comparación con los de Milei. Al analizar el segundo año de Macri, se observa un aumento en su imagen positiva a partir del segundo semestre, en vísperas de las elecciones legislativas, donde alcanzó su punto máximo tras el triunfo electoral, con un 50% de aprobación. Habrá que ver si ese comportamiento se repetirá en el caso de Milei durante este año.

 

 

Por otro lado, el segundo gráfico revela que, en el decimotercer mes de mandato, Alberto Fernández registraba una aprobación cercana al 30%, Mauricio Macri al 36% y Javier Milei alrededor del 45%. Las tres gestiones muestran un patrón de declive coincidente en este punto del mandato.