Política

Libragate: una crisis peligrosa para las condiciones de precariedad del Gobierno

El resultado electoral de 2023 además de ser disruptivo, fue disfuncional para asegurar una buena probabilidad de que Argentina resuelva los desafíos económicos que tenía por delante. La elección configuró el sistema político de un modo muy poco propicio para lograr éxito en la tarea, al consagrar a un presidente débil, que debía tomar decisiones muy complejas sin autonomía decisional (Gobierno de minoría). Todo ello configuraba una naturaleza del proceso político muy poco conveniente para resolver con rapidez el problema económico.

Pero el sistema pareciera haberse adecuado a las condiciones de excepción y el Presidente pudo avanzar no a través de acuerdos con otros actores políticos, sino aprovechando la tolerancia que otros actores del sistema han tenido con la situación, configurando de ese modo ciertas condiciones de excepción en materia de gobernabilidad. Lo que Milei puedo hacer, lo pudo hacer gracias a que el sistema se lo permitió hacer, y ello implica que en muchas ocasiones vimos a este presidente hacer cosas que otros presidentes no han hecho: firmar un DNU como el 70/2023, gobernar por segundo año consecutivo con plena discrecionalidad presupuestaria por falta de presupuesto o designar a dos jueces de la Corte Suprema por decreto en comisión.

Todas esas licencias que se tomó Javier Milei fueron gracias a la tolerancia que el sistema le tuvo a este presidente. Configurando de ese modo una suerte de formato delegativo de democracia (Ver recorte sobre Democracia Delegativa), que facilitó que el proceso político avanzara, pero paradójicamente deteriorando la calidad y la naturaleza del proceso político, en orden de ver un proceso ajustado a la institucionalidad vigente.

En buena medida, esa tolerancia se explica no solo porque los actores entienden el carácter excepcional de la situación (contexto económico y debilidad del presidente), sino porque ellos carecen de legitimidad suficiente para ejercer algún tipo de resistencia a la acción de gobierno. Es tan débil el gobierno, que la oposición lo podría obstruir, pero de hacerlo recogería el enojo y la desaprobación de la gente que quiere que se lo deje gobernar al presidente. No necesariamente por entusiasmo con el presidente, aunque este les ha devuelto razones para creer que puede resolver el problema, sino por la sensibilidad con la que se comprende toda la escena.

Pero toda esta dinámica se ha visto impactada por un hecho que introdujo un potencial motivo de desconfianza en el vínculo entre el Presidente y la gente, teniendo la peligrosa potencialidad de alterar toda la dinámica de gobernabilidad de excepción que le ha permitido al Milei gobernar: el presidente apareciendo como partícipe necesario en una estafa tipo rug pull con un token que promocionó desde su cuenta de X.

Lo cierto es que el hecho es el primero que tiene la peligrosidad de impactar en tres planos estructurales de la autoridad presidencial: su inteligencia, su credibilidad, y su honestidad. Y ello es delicado, porque este es un presidente que se alimenta casi exclusivamente de su legitimidad popular, y porque hasta aquí, el resto de los actores le han permitido hacer porque conservaba altos niveles de popularidad.

Si el escándalo produce una erosión en los niveles de popularidad del presidente, es de esperar que nos encontremos con mayor resistencia política del resto de los actores del sistema, que verían en ese deterioro una ampliación de sus márgenes de acción para ello. Si por algo Milei no encontró mayores resistencias a su acción de gobierno, ello fue porque había un marco de legitimidad popular que blindaba al presidente y lo empoderaba para accionar frente a los desafíos por resolver, esencialmente económicos.

Por ahora, el impacto en la conversación pública en redes ha sido altamente negativo (ver gráfico), y ello se ha visto reflejado además en la aparición del tema en los principales medios del mundo (New York Times, Wall Street Journal, The Economist, etc.). Pero podría ser un tema que quede encapsulado, por la resistencia del público a querer conocer más del tema. No sería la primera vez en la historia en que el público hace la vista gorda a conductas indebidas, porque quienes las cometieron le está resolviendo su vida cotidiana. El tiempo permitirá dimensionar mejor el impacto, y la peligrosidad del hecho para la naturaleza del proceso político.

 



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