Con resultado negativo, el flujo comercial con Brasil sigue creciendo

Luego de más de dos años en franco deterioro, el flujo del comercio de bienes con Brasil volvió a ubicarse en terreno positivo desde comienzos de este año. La pandemia afectó gravemente al comercio global y, a medida que se vislumbra su salida, las ventas internacionales van recuperando el terreno perdido. A lo largo abril, pese a que se mantuvo en el pico de contagios (en ningún momento del mes bajo del millón de casos activos), nuestro principal socio registró un alza del 41% i.a. de sus compras del exterior, señal de que su economía goza de una buena salud y, no menor, una baja base de comparación (la caída en abril de 2020 había sido de 16% i.a.).

En particular, las compras a nuestro país que la primera economía del Mercosur realizó treparon 52% i.a. en abril, alcanzando USD 825 millones. Sin embargo, a pesar de este rebote, todavía se encuentran 10% por debajo del nivel de abril de 2019 (USD 920 millones). En tanto, las importaciones argentinas provenientes desde Brasil saltaron un 88% i.a., rozando los USD 900 millones, y se ubican levemente por debajo a las del 2019 (USD 930 millones). De esta manera, el flujo bilateral de bienes se incrementó 69% i.a. en el cuarto mes del año, mostrando un resultado negativo de USD 70 millones (abril del año pasado había exhibido un monto similar, pero con el signo inverso).

Con este dato, la demanda brasileña por productos argentinos acumula un alza de 23% i.a. en el primer cuatrimestre del año. Por su parte, las compras de nuestro país que provienen del gigante sudamericano avanzaron 33% i.a. en el mismo lapso. La variación de las importaciones mayor a la de las exportaciones explica que el resultado se haya vuelto deficitario en algo más de USD 50 millones, a diferencia del primer cuatrimestre del 2020, cuando había mostrado un superávit de USD 170 millones.

La recuperación de las exportaciones e importaciones sigue mostrando la mejora de ambas economías, algo esperable y lógico, luego del cierre total que se observaba a esta altura del año pasado. Además, a pesar de estar en mínimos históricos, la participación de los productos argentinos en el mercado brasileño está recuperando terreno: tras promediar el 5,0% de los ingresos al país en el primer cuatrimestre del año pasado, se ubicaron en 5,4% en el mismo período de 2021. Esto indica que la demanda por productos argentinos está traccionando las compras, ubicándose por encima de otros proveedores. Si bien estamos lejos de la media de los últimos diez años (6,5%) el rebote es un buen síntoma.

Las ventas a Brasil, además, están muy vinculada con la exportación de manufacturas de origen industrial, producto del cual es nuestro principal demandante, y que alienta la demanda de empleo formal en nuestro país. Sin embargo, preocupa que, a pesar del buen ritmo de nuestras ventas, nuestras compras se ubiquen en un nivel superior, provocando un déficit neto de divisas. Si esta dinámica se agravara, podría limitar el crecimiento de la actividad económica local (tanto si se corrigiera el desbalance por precios -devaluando-, como si se lo encarara por cantidades -endureciendo el cepo a las importaciones-).

Esperamos que en 2021 nuestras exportaciones a Brasil se incrementen alrededor de 15%, debido a que la industria liderará la recuperación de la economía brasileña (de acuerdo con el consenso de mercado, crecería 5% este año, por encima del 3% al que crecería el promedio de la economía). El impulso de Brasil, más la suba de los precios de los commodities, aportarían reservas fundamentales para surfear tensiones cambiarias en el período pre-electoral. Aprovechar esta ‘benevolencia externa’ al máximo dependerá de que no se atrase en demasía el tipo de cambio, desincentivando las ventas, y de que las restricciones a las compras externas no se profundicen, limitando las mejoras de productividad.

Recuperación global: ¿cuánto ayudará a la Argentina?

Las exportaciones de nuestro país alcanzaron su máximo histórico en 2011. De allí en adelante, no hicieron sino descender (a modo de ejemplo, el año pasado fueron un 34% inferiores a ese año, y en 2019, sin pandemia, un 22%). Coincidentemente, ese mismo año alcanzamos el pico de PBI per cápita de nuestra historia, del que actualmente nos ubicamos 20% por debajo (y 12% antes de que llegara la pandemia). Entre otras cosas, de estos números se puede desprender que, para crecer de manera sostenida, es necesario exportar más: no sólo por su impacto directo sobre la producción, sino, además, porque son la principal y casi excluyente fuente de generación de dólares genuinos, es decir, aquellos que no necesitan de repago.

La idea de mejorar las ventas es fácil de decir, pero, evidentemente, difícil de realizar. Analizando qué pasará con los volúmenes exportados en 2021, podremos precisar las proyecciones agregadas de crecimiento, tanto de corto como de mediano plazo.

El volumen de envíos al exterior depende, a nivel macroeconómico, de dos grandes factores: el precio de los productos argentinos en relación con el de sus competidores y el nivel de actividad de nuestros compradores, determinante de sus necesidades de insumos y bienes finales. El año pasado, el derrumbe de la economía mundial hundió a nuestras ventas. El PBI global se redujo en promedio 3,3%, pero la actividad de nuestros principales compradores cayó un poco más (-3,6% promedio ponderado) y nuestras ventas se achicaron 13,2% en cantidades y 15,7% en valores respecto a 2019.

En 2021, a pesar de que la pandemia continúa, el PBI mundial se recuperará, ya que muchas de las actividades productivas “aprendieron” a operar aplicando protocolos sanitarios, minimizando los contagios. Sin embargo, mientras que la debacle no fue pareja (por caso, el Producto creció más de 2% en China, pero que se contrajo 7% en Latinoamérica y la Eurozona), el rebote tampoco será homogéneo. Por este motivo, tiene sentido evaluar cómo se desempeñarán nuestros principales “clientes”, en virtud de analizar el impacto de la tracción mundial sobre nuestra demanda.

El año pasado, más del 30% de nuestras ventas se destinaron a América Latina y el Caribe. Se destaca dentro de este aglomerado el Mercosur, que representó el 18% del total agregado y, en particular, Brasil, que fue el comprador de más del 14% de nuestras exportaciones. El segundo país que más nos compró fue China, representando uno de cada diez envíos. Por otra parte, Europa nos demandó un 15% del total de exportaciones, Estados unidos cerca del 6% del total y Vietnam e India un 5% cada uno. Si consideramos que estos mismos países serán quienes más nos compren en 2021 -un supuesto bastante lógico mirando la performance de los últimos años-, deberíamos enforcarnos en ellos para analizar a qué ritmo crecerán a lo largo del año. Afortunadamente, de acuerdo con las proyecciones actuales, todos estos países se recuperarán en 2021 a una tasa promedio ponderada de 5,5%, en línea con el PBI global (+6,0%).

En segundo lugar, como cualquier decisión de compra, la demanda del resto del mundo por nuestros productos está influida por los precios. En este sentido, resulta importante analizar qué tan caros son los productos argentinos respecto a sus sustitutos foráneos. Si consideramos la relación bilateral con Estados Unidos, por ejemplo, hoy nuestros precios son 2% más competitivos que en el promedio desde la salida de la convertibilidad. Al comparar con China, esta diferencia se amplía a 19%. Sin embargo, este índice empeora significativamente al comparar con Brasil: la aguda depreciación del Real durante la pandemia (saltó 50% en relación con diciembre de 2019, con una inflación de apenas 6% en el mismo lapso) hace que la competitividad con nuestro principal socio sea casi 30% menor al promedio histórico. Por lo tanto, en la comparación multilateral, nuestros productos no están particularmente baratos en relación con nuestra historia, pero tampoco caros: es decir, cerca del promedio. Acortando el período de análisis, los resultados mejoran: en materia cambiaria, somos mucho más competitivos en la actualidad que entre 2012 y 2018.

Debido al aumento de la demanda de nuestros socios y a la competitividad de nuestros precios, esperamos que nuestras ventas se vean impulsadas este año por el lado de las cantidades. En paralelo, los precios también jugarán a nuestro favor: las commodities agrícolas se están encareciendo, incrementando el valor de nuestros cultivos y sus derivados (soja, maíz, trigo, pellets y aceite). Este segundo efecto no necesariamente generará empleo adicional, al menos de manera directa, pero sí aportará divisas. Como resultado, las exportaciones crecerán más de 15% en valores este año, recuperando prácticamente todo el terreno cedido en 2020 y aportando importantes divisas a las debilitadas arcas del Banco Central.

La entrada de dólares suele tener efectos benéficos sobre la economía: la mayor oferta abarata al tipo de cambio, mejorando usualmente el salario real. Además, la acumulación de Reservas permite suavizar las crisis y las expectativas de devaluación. Sin embargo, no todos los ingresos son iguales.

Por caso, las inversiones financieras suelen ser más volátiles, en tanto las inversiones productivas necesitan ser rentables y poder girar utilidades a sus casas matrices. En cambio, las exportaciones son divisas genuinas, ya que no necesitan de repago.

Por este motivo, el aumento de las exportaciones es algo tan deseado como festejable. Frente a la baja demanda del mercado local, reorientar las ventas al mercado exterior permite sostener la facturación e incluso aumentar la escala de producción en el mejor de los casos. En un panorama de escasez de Reservas netas como el actual, este ingreso ayuda a cancelar los vencimientos de deuda (de hecho, ya lo hizo en lo que va del año), intervenir en la cotización de los dólares paralelos y fortalecer el poder de fuego del Banco Central. La demanda mundial y el precio de los commodities serán aliados en este propósito. Para no contrarrestar estos efectos positivos, será importante que el tipo de cambio no se retrase sensiblemente, en virtud de no encarecer nuestra producción en relación con la de otros países. Aunque un dólar más barato mejora el poder de compra de los salarios (volviéndose una alternativa atractiva en años electorales), en un horizonte más largo deteriora nuestra inserción internacional y frena el crecimiento.

Por el salto importador, el superávit comercial se achicó en marzo

En marzo, la balanza comercial de bienes volvió a mostrar un resultado superavitario. Sin embargo, este saldo se contrajo significativamente respecto a los meses previos: mientras que en enero y febrero se ubicó por encima de los USD 1.000 M, en el tercer mes del año fue de USD 400 M. Así, el resultado comercial fue 67% menor al observado en el mismo mes del año pasado, debido a un aumento de las importaciones (+69% i.a.) mucho mayor al de las exportaciones (+31% i.a.). De esta forma, el saldo acumulado en el primer trimestre llegó a los USD 2.500 M, un 27% inferior al superávit acumulado en igual período del año pasado (casi USD 3.500 M).

En el tercer mes del año, las ventas al exterior alcanzaron los USD 5.700 millones, debido en partes iguales al efecto de los precios (que treparon 13,9% i.a.) y las cantidades (que mostraron una suba de 14,6% i.a.). Esto marca un quiebre respecto a los meses previos, en donde la mejoría estaba vinculada únicamente a la suba de los commodities, y no respondía a una suba genuina de los volúmenes vendidos. Al interior del total de ventas, las Manufacturas de Origen Agropecuario (MOA) explicaron el 43% de los envíos del mes, siendo el agregado de mayor relevancia. Estas mostraron un alza de 64% i.a., traccionadas por una suba de 25% i.a. en sus precios y un aumento de 31% i.a. en sus cantidades. En segundo lugar, los productos primarios fueron el 27% de nuestra canasta exportadora y exhibieron un alza del 15% i.a., que respondió más al encarecimiento de las commodities (+11% i.a.) que a un aumento de las cantidades vendidas (+3% i.a.). Por último, las Manufacturas de Origen Industrial (MOI) fueron el 26% de nuestras ventas al exterior y crecieron 15% i.a., en este caso debido a mayores volúmenes (+16% i.a.) y no a una suba del precio unitario (-1% i.a.).

Respecto a las importaciones, estas mostraron su mayor salto interanual en más de 10 años (la última vez que su variación se ubicó por encima del 70% i.a. fue en mayo del 2010, a la salida de la crisis internacional). Esta evolución se correspondió con la mejoría de la actividad económica, luego de tres años consecutivos de recesión. Analizando el alza sectorialmente, las categorías que más crecieron fueron los bienes intermedios (+81% i.a., traccionados por la compra de porotos de soja para procesar y revender), los bienes de capital (+81% i.a.) y sus partes y piezas (+82% i.a.). Por su parte, los bienes de consumo (+40% i.a.) y los combustibles y lubricantes (+28% i.a.) también mostraron un avance significativo respecto a marzo de 2020. Por último, la importación de vehículos automotores livianos creció 15% i.a. en el mes. Estas últimas dos categorías son las más afectadas por los controles a la importación, y muestran evoluciones por debajo de la media desde comienzos de año.

Para 2021, proyectamos que el superávit comercial se ubicará en torno a los USD 12.000 millones, levemente por debajo del saldo positivo obtenido en 2020 (USD 12.500 M). Teniendo en cuenta los pagos de deuda en moneda dura del Tesoro nacional programados para este año (más de USD 10.000 millones) y la venta de dólares a ahorristas minoristas que seguramente ocurra en un año electoral, mantener este nivel de compras del exterior requerirá un aumento sostenido de las exportaciones.

En marzo, volvió a incrementarse el flujo comercial con Brasil

La pandemia de Covid-19 continúa azotando al mundo y golpea más fuerte que nunca en Sudamérica. Sin embargo, muchas actividades que se vieron virtualmente detenidas el año pasado, hoy crecen a buen ritmo. El comercio global de bienes es un buen ejemplo de ello. De esta forma, a pesar de estar en el peor momento en términos sanitarios de toda la pandemia, Brasil registró en marzo de 2021 un nivel de importaciones que no se observaba desde octubre de 2013 (más de USD 23.000 millones) y el mayor flujo de comercio con Argentina desde agosto de 2018 (algo por encima de USD 2.000 M). Este monto trepó 26% i.a., producto de ventas brasileñas a nuestro país por casi USD 1.100 millones (+42% i.a.) y compras con origen argentino por más de USD 900 millones (+12% i.a.). Así, el saldo comercial fue deficitario en cerca de USD 180 millones, volviendo al terreno negativo luego de dos meses de superávit. Este dato contrasta con marzo del 2020, cuando la balanza fue favorable para Argentina en USD 50 millones.

Con el primer trimestre finalizado, el saldo comercial con nuestro principal socio se ubica apenas por debajo del cero (-USD 30 millones), con exportaciones por encima de los USD 2.500 millones (+16% en comparación con el primer cuarto del año pasado) e importaciones por poco más de USD 2.600 millones (+21% i.a.). Estas cifras reflejan la rápida recuperación de las economías de ambos países. A la vez, están influidas por la compra de soja que realizó el país vecino para cumplir con montos pactados en contratos de exportación, debido a la mala cosecha.

En simultáneo, al analizar detalladamente la evolución del comercio con Brasil surgen dos motivos de alerta. En primer lugar, la elevada elasticidad de nuestras importaciones: con un crecimiento interanual de la actividad económica que podría ubicarse en la zona del 8% en marzo, el alza de las compras externas con origen brasileño quintuplicó a esta cifra. Esta característica de nuestra matriz productiva podría ponerle techo a la recuperación, si la escasez de divisas obligara a devaluar o a restringir aún más la entrada de productos a nuestro país. Por otra parte, el ritmo de crecimiento de las importaciones brasileñas en el mes no estuvo dinamizado por nuestros productos, que crecieron a una velocidad muy por debajo de la media, sino por ventas chinas y estadounidenses, principalmente. De esta forma, aunque nuestras exportaciones aumentan, nuestra participación en el mercado del gigante sudamericano retrocede, ubicándose en valores históricamente bajos. Por caso, en el primer trimestre del año los productos argentinos estuvieron por debajo del 5% de las importaciones brasileñas, cuando este ratio se ubicó siempre por encima de 6% hasta 2019.

En un momento en que las relaciones comerciales del MERCOSUR se tensaron, fortalecer el vínculo con la demanda brasileña sería una buena noticia para que ambos países agranden sus escalas de producción. Este argumento se refuerza si tenemos en cuenta que el bloque (y, sobre todo, este país) es el principal demandante de nuestras Manufacturas de Origen Industrial, en particular las relacionadas con el complejo automotriz, que generan empleo privado formal y encadenamientos al interior de la industria local, beneficiadas por el libre comercio intra-zona.

Proyectamos que este año nuestras ventas con este destino crecerán alrededor de 15%, teniendo en cuenta que la industria liderará la recuperación de la economía brasileña. Este crecimiento puede convertirse en un motor para la economía doméstica, traccionando no solo a la producción de transables, si no también aportando divisas para consolidar la calma cambiaria.

2020: más superávit de cuenta corriente y menos deuda, ¿2021?

En el último trimestre del 2020, la cuenta corriente del balance de pagos fue deficitaria en casi USD 1.400 millones. Sin embargo, a pesar de este rojo, el año pasado cerró con un superávit de casi USD 3.000 millones en esta cuenta, que contiene al balance comercial de bienes y servicios, más las rentas de la inversión. Como resultado, esta variable se ubicó en terreno positivo por primera vez desde el 2009, cerrando con una década de resultados externos deficitarios.

El saldo de la cuenta corriente muestra en qué sentido fluyen las transacciones comerciales entre nuestro país y el resto del mundo. Este contiene tanto a la compra-venta de bienes como a la de servicios, y también al pago de utilidades y dividendos, además de otros conceptos menores. Su contracara es el flujo de financiamiento: si la Argentina tiene una cuenta corriente negativa, su sector público y/o privado están endeudándose (o desahorrando) con el resto del mundo, mientras que, por el contrario, si la cuenta corriente es positiva, los residentes en el país están ahorrando -acumulando divisas- o desendeudándose con el resto del mundo.

A lo largo la década 2010-19, nuestro país mostró un rojo sostenido en esta variable, ya que el excedente del comercio de bienes -que existió hasta 2016, con excepción del 2015- fue insuficiente para fondear el déficit de servicios, que se cuadruplicó impulsado principalmente por el turismo emisivo. Para peor, el pago de rentas al exterior (intereses, utilidades y dividendos) siempre fue negativo y creciente, generando necesidades de financiamiento particularmente altas entre 2017 y 2019.

Durante este proceso, la fuente de ingreso de dólares que sirvió de contrapartida del déficit externo fue mutando. Mientras que en los primeros años de la década el déficit corriente era afrontado con inversiones productivas (hasta el 2012, el ingreso neto por esta partida era superior al déficit de cuenta corriente sin ser un boom), a medida que se consolidaba el cepo cambiario y el estancamiento de nuestra economía éstas fueron disminuyendo. Así, la salida de divisas por motivos comerciales debió ser pagada con Reservas del Banco Central y con el swap brindado por el Banco Central de China y otros préstamos institucionales.

Con el cambio de gobierno y la “vuelta a los mercados”, la entrada de inversiones financieras privadas de corto plazo se convirtió en la principal puerta de dólares hacia nuestro país. Este fue el elemento de mayor peso en 2016 y 2017, ya que entraron capitales por un promedio de 6,1% del PBI, un monto superior al déficit de la cuenta corriente (-3,8% del Producto). Así, el ingreso neto por inversiones de cartera acumuló más de USD 70.000 millones en el período.

El prolongado déficit de la cuenta corriente comenzó a encontrar su fin en 2018, cuando los inversores externos dejaron de querer financiarlo. A medida que los capitales privados revertían su ciclo y huían del país, el tipo de cambio se encarecía, sumiendo a nuestra economía en una aguda crisis. El cierre de la cuenta corriente no fue completo ese año, y el FMI fue quien aportó los dólares con los que se pagaron las importaciones, intereses y el saldo de servicios. En 2019, esto se repitió, acompañado de una importante pérdida de Reservas del Banco Central (USD -21.000 millones).

Mientras las Reservas internacionales propias y las prestadas por el Fondo pagaban por la salida de capitales y el déficit corriente, la crisis cambiaria ocasionó dos procesos que operaron para corregir nuestro desbalance externo. Por un lado, el derrumbe de la actividad económica generó una disminución en la demanda total de bienes y servicios. Mientras tanto, el encarecimiento relativo de los productos del exterior provocó una ganancia de competitividad-precio de nuestros productos en relación con los de otros países. Así, crecieron los incentivos a reemplazar productos importados por domésticos y a exportar.

Hacia el último trimestre del 2019, ya sin financiamiento de privados ni de institucionales, la suma de ambos efectos, junto con el adelanto de exportaciones por la expectativa de devaluación y las restricciones impuestas al giro de utilidades y dividendos al exterior equilibraron el déficit corriente. En 2020, el nuevo gobierno y la irrupción de la pandemia alteraron la dinámica de esta cuenta. Respecto a la nueva administración del ejecutivo nacional, la reestructuración de la deuda externa hizo que el saldo de rentas se achicara en 43% en el año. A la vez, la pandemia no sólo prolongó la crisis de la actividad -ralentizando junto con el control de importaciones la recuperación de las compras externas-, sino que además prácticamente clausuró el turismo internacional, achicando en 55% el déficit de servicios. Con todos los elementos listados (una recesión que ya lleva tres años en curso, una importante depreciación del tipo de cambio, una larga lista de prohibiciones cambiarias, una pandemia que impide viajar y una reestructuración de la deuda que no logró recuperar el acceso al crédito externo), Argentina pudo alcanzar un superávit anual de cuenta Corriente. Sin embargo, al conocer estos datos surgen dos inquietudes. ¿Logró el Banco Central acumular las Reservas que ingresaron al país como fruto de este proceso? ¿Será duradera la bonanza por la vía comercial? Veamos.

La primera respuesta es no: que hayamos cerrado las necesidades de financiamiento externo en 2020 fue una consecuencia de no haberlas conseguido, y no implicó que el Banco Central engrosara sus Reservas. Por el contrario, esta variable se redujo en casi USD 3.000 millones durante el año pasado. Esto se debió, principalmente, a la compra de dólares por parte del sector privado por más de USD 9.000 millones. Adicionalmente, las salidas (netas) de inversiones de cartera por casi USD 3.000 millones también erosionaron el ingreso de dólares por superávit de cuenta corriente. La falta de confianza y los problemas financieros, evidentemente, impidieron que la recuperación de las cuentas externas se trasladara a las Reservas.

Lamentablemente, la respuesta a la segunda pregunta también es negativa: el superávit de la cuenta corriente fue pequeño (apenas 0,8% del PBI) y muy condicionado por situaciones puntuales, como la crisis doméstica que aplacó las importaciones, la imposibilidad de viajar al exterior y el flujo muy reducido de intereses que dio como resultado el canje de la deuda. Aunque muy probablemente estas circunstancias no cambien notablemente a lo largo de 2021 (y, por lo tanto, el resultado de la cuenta corriente pueda volver a ser superavitario), difícilmente se pueda pensar que este nuevo signo sea estructural. Para peor, la estrategia de aumentar el tipo de cambio por debajo de la inflación esperada puede erosionar el saldo del comercio de bienes.

Teniendo en cuenta la escasez de nuestras Reservas netas y la volatilidad de los flujos financieros, sería deseable que nuestro país pudiera mostrar un saldo positivo de cuenta corriente en los próximos años, para sumar algo de certidumbre a una economía compleja por todos lados y estancada hace una década. Considerando lo costoso que resulta para la actividad y el empleo el ajuste de los desbalances corrientes, la mejor forma de lograr este objetivo es con un aumento sostenido de las exportaciones: estabilizar la economía y dejar atrás esta dinámica errática es el primer paso para lograrlo.

De la mano de los precios internacionales, el resultado comercial se mantuvo positivo en febrero

En febrero, la balanza comercial de bienes volvió a mostrar un superávit de más de USD 1.000 millones, arrojando un comportamiento muy similar al mes previo. Con este dato, el resultado acumulado en el primer bimestre del 2021 superó los USD 2.100 millones. Este monto, aunque un 4,5% inferior al de igual período de 2020, aportó divisas al Banco Central, que realizó pagos de deuda e intervino en los tipos de cambio paralelos.

En el segundo mes del año, las exportaciones crecieron 9,1% i.a., rozando los USD 4.800 millones, mientras que las importaciones treparon 16,4% i.a., superando los USD 3.700 millones. En una primera lectura, estos números lucen muy positivos: el flujo de comercio se encuentra en niveles superiores a los pre-pandémicos, producto de un acelerado crecimiento de las ventas externas y una rápida recuperación de las compras. Sin embargo, es importante destacar que el alza de los envíos al resto del mundo fue consecuencia exclusivamente de la suba de los precios internacionales de los commodities, ya que mientras el precio ponderado de nuestras exportaciones creció 14,2% en comparación con el último febrero, las cantidades enviadas se redujeron 4,5% i.a. Los precios de nuestras ventas estuvieron impulsados por las Manufacturas de Origen Agropecuario (MOA), que subieron un 27,3% i.a., aunque los productos primarios y las Manufacturas de Origen Industrial (MOI) también se encarecieron algo más de 7% i.a. A su vez, las importaciones se abarataron un 2,2% i.a., haciendo que el cambio de precios fuera responsable de dos tercios del saldo favorable del mes. En el acumulado anual, más de la mitad del superávit responde a este efecto.

Más allá de estas buenas noticias, preocupa la disminución de ventas de MOI (-6,8% i.a. en cantidades, -0,2% i.a. en valor), que acumula 15 meses consecutivos en terreno negativo. Este segmento es el que dinamiza más empleo y valor agregado local, pero fue el más golpeado por la pandemia en 2020, afectado por la crisis sanitaria y económica de Brasil (su principal destino) y las restricciones a la producción locales. Sus perspectivas para este año fueron empeorando en los últimos meses con el deterioro de las proyecciones de actividad en el país vecino y el agravamiento de su situación respecto al virus. Para peor, la tensa cumbre virtual realizada por los treinta años del MERCOSUR no dio señales de que las relaciones diplomáticas vayan a favorecer el comercio intra-bloque.

Al analizar las importaciones la mirada optimista retorna, ya que las mismas estuvieron impulsadas por la adquisición de bienes de capital (+42,4% i.a.) y sus piezas (+19,8% i.a.), además de por la demanda de autos livianos (+28,1% i.a.), dando cuenta de la recuperación de la actividad económica local. Por su parte, los bienes intermedios también mostraron un avance respecto al mismo mes de 2020 (+16,1% i.a.) mientras que los bienes de consumo fueron el rubro que mostró menor dinamismo (+1,8% i.a. en valor, +0,8% i.a. en cantidades), probablemente limitado por las restricciones a las importaciones. Aunque un aumento de estos controles podría abortar la recuperación económica, el nivel agregado de compras externas no parece haberse visto resentido en el mes. Que este endurecimiento de las trabas al comercio se materialice o no dependerá de las ventas al exterior, pero también del ingreso de dólares por el canal financiero (desembolsos de Organismos Internacionales, emisión de DEGs del FMI y otros) y las intervenciones en el mercado paralelo que realicen el Banco Central y otros organismos públicos.

Para 2021, proyectamos que el superávit comercial se ubicará en torno a los USD 13.000 millones, siendo levemente mayor al saldo positivo del año previo (USD 12.500 millones). Sin embargo, esta mejoría estará debida íntegramente al efecto de los precios, por lo que podría ser de un carácter transitorio y no marcar un incremento duradero.

Solo tres provincias lograron aumentar sus exportaciones en 2020

El año 2020 fue difícil para el comercio global. En particular, las exportaciones argentinas cayeron 16%, producto de la crisis experimentada por nuestros principales socios, las restricciones a la actividad que surgieron por la pandemia y la brecha cambiaria que afectó principalmente en el último trimestre. Este fenómeno golpeó a las distintas actividades de exportación, aunque no atacó a todas de la misma manera. Si consideramos a los 19 principales sectores de exportación, sólo cuatro (que conjuntamente explican el 2% de nuestras ventas al exterior) lograron aumentar sus envíos: los complejos de miel (+14% i.a.), yerba mate (+9% i.a.) y azúcar (+3% i.a.) y el sector hortícola (+2% i.a.). Por el contrario, el resto de los rubros vieron disminuidas sus ventas, con los complejos automotriz (-40% i.a.), textil (-36% i.a.) y petrolero-petroquímico (-28% i.a.) con las caídas más salientes.

Además de exhibir un sesgo dispar entre productos, el desplome exportador también tuvo un efecto heterogéneo entre regiones geográficas. Sin embargo, la mala campaña fue generalizada: 21 de las 24 Provincias -considerando a la Ciudad de Buenos Aires- vieron sus envíos al exterior disminuidos con respecto al año previo. Las únicas tres jurisdicciones que evitaron una caída en sus ventas fueron Corrientes (+170% i.a., debido mayormente a la venta de energía eléctrica a Brasil), La Pampa (+7% i.a.) y Santiago del Estero (+1% i.a.). Estas últimas dos provincias tienen una integración internacional primaria, mayormente compuesta por cereales, carnes, semillas y hortalizas. Por el contrario, el resto de las jurisdicciones exhibió reducciones de hasta 63% i.a., siendo Formosa la de peor desempeño.

Mirando a las exportaciones desde una perspectiva regional, podemos ver que estas mostraron una concentración muy importante. El 75% del total surgió de la región pampeana, en la que predominan las ventas de Manufacturas de Origen Agropecuario (MOA) como harinas, aceites, carnes y pellets de soja, aunque también vende productos primarios sin manufacturar y Manufacturas de Origen Industrial (MOI; buena parte del complejo de exportación automotriz se ubica en la Provincia de Buenos Aires, por ejemplo). La segunda área en importancia fue la Patagonia, donde tuvieron su origen el 9% de las exportaciones del país. En esta región se destacaron las ventas de MOI, debido al importante complejo de exportación de aluminio ubicado en Chubut y a las ventas de petroquímicos; de productos primarios, provenientes del sector minero y de la producción de peras y manzanas; y de combustibles y energía (recordemos que vaca muerta se ubica principalmente en la Provincia de Neuquén). En tercer lugar, se ubicó la región Noroeste (6% del total), donde se destacan los productos primarios (ventas de porotos, limón, litio y tabaco, entre otros). En el siguiente orden de importancia se encontró Cuyo (también representando cerca del 6% del total), de donde provienen principalmente MOA y MOI, tales como vinos, uvas y ajo, pero también plata y oro. Por último, apenas el 3% del total fue aportado por el Noreste, región en que las ventas están mayormente compuestas de yerba mate, te, arroz, madera y combustibles y energía.

Esta concentración en términos absolutos omite que la población no se haya distribuida de forma homogénea a lo largo y ancho del país, sino que también se encuentra muy focalizada en los grandes centros urbanos. Por esto, es relevante evaluar las exportaciones en relación a la cantidad de habitantes de cada territorio. Visto de esta manera, Santa Cruz, Chubut y Santa Fe encabezaron las ventas, con un total de USD 5.520, USD 3.280 y USD 3.178 per cápita, respectivamente. También, visto de esta manera, la Patagonia lideró las exportaciones, ubicándose por encima de la región pampeana con USD 1.855 per cápita. Sin embargo, es al mismo tiempo la región que se vio más golpeada en el 2020, con una caída de ventas del orden del 25%.

A modo de síntesis, las ventas al exterior de Argentina son diversas y se encuentran están distribuidas a lo largo del país. Sin embargo, la gran mayoría de actividades y regiones sufrieron una importante caída en 2020. Incrementar nuestras exportaciones es una condición sine qua non para poder crecer de forma sostenida, para lo cual se necesita tanto al campo como a la industria. Esto encuentra sus motivos en que ambos segmentos permiten vender a diferentes países del mundo, permitiendo diversificar la inserción y con ella los riesgos (por ejemplo, si sólo vendiéramos productos primarios, nuestra suerte dependería en gran medida del precio de las commodities). Pero también se fundamenta en las distintas capacidades productivas que poseen las provincias, por lo que la creación de empleo en todo el territorio nacional precisa de ese impulso. De acuerdo con nuestras proyecciones, este año se recuperarían las ventas de todos los segmentos. Esperemos que, luego de una década de estancamiento, la pospandemia venga de la mano de una recuperación de los puestos de trabajo del sector privado.

El saldo comercial con Brasil volvió a ser superavitario en febrero

En el segundo mes del año, la balanza comercial bilateral con Brasil fue superavitaria en USD 130 M, ubicándose en terreno positivo por segundo mes consecutivo tras ocho meses al hilo en rojo. Este saldo a favor en el intercambio de bienes es el mayor desde el 2019, y fue producto conjuntamente de una reducción de 5% i.a. de nuestras importaciones y un avance de 17% i.a. de las exportaciones. Con este desempeño, se revirtió el resultado obtenido en febrero de 2020, cuando el saldo fue negativo en USD 44 M.

En febrero se observó, por segundo mes consecutivo, un crecimiento del flujo comercial con nuestro principal socio externo. Esta variable se había resentido con el desplome de nuestras importaciones en la segunda mitad de 2018, y luego, volvió a verse golpeada por la pandemia. Así, llegó a encadenar casi dos años y medio de caídas. Sin embargo, con la recuperación que están experimentando ambas economías, el flujo comercial bilateral creció 6% i.a. en febrero y acumula un alza de 13% i.a. en el primer bimestre del año. Esta variación se ubica por arriba del incremento del flujo comercial de Brasil con el resto del mundo (+10% i.a.), señalando que hubo una mejoría en la relación comercial luego de un año pandémico.

Esta evolución estuvo traccionada principalmente por nuestras exportaciones con este destino, que crecieron 18% i.a. en lo que va del 2021. La participación de productos locales en el mercado brasileño fue creciente en el primer bimestre: luego de alcanzar mínimos históricos en 2020, este indicador se ubicó por arriba del 5% (+0,5 p.p. con respecto al promedio del año previo). El fortalecimiento de este vínculo implica un mayor potencial para la industria de exportación, ya que nuestro principal producto de venta son manufacturas de origen industrial relacionadas con el complejo automotriz.

En paralelo, nuestras compras externas desde Brasil crecieron 9% i.a. en el acumulado anual, probablemente rezagadas por el incremento del control a las importaciones. Así, el superávit comercial acumulado alcanza los USD 150 M, más de cinco veces mayor al observado en el mismo período del 2020.

En síntesis, el inicio del 2021 trae buenas noticias en el intercambio bilateral con Brasil, aportando algo de aire a las arcas del BCRA. Aunque la pandemia no concluyó, los efectos que impuso sobre la actividad económica y el comercio de bienes global tienden a diluirse. La tarea que queda pendiente es la recuperación del comercio de servicios: Brasil es el principal aportante de turistas que ingresan a Argentina, pero este segmento de actividad se encuentra todavía muy restringido. Cabe destacar que lo mismo sucede con los turistas locales que viajan a la mayor economía del Mercosur.

Después del déficit de diciembre, el superávit comercial volvió con más aire en enero

En enero, la balanza comercial volvió a terreno positivo, arrojando un superávit de más de USD 1.000 millones y dejando atrás el déficit de más de USD 300 millones de diciembre. Después de 27 meses con saldo favorable, en el cierre del 2020 había vuelto el déficit comercial, aunque más explicado por factores coyunturales asociados a conflictos gremiales de los trabajadores portuarios que a causas permanentes. Fortaleciendo esta idea, enero de 2021 retomó el saldo positivo, que marco un crecimiento de 2,3% i.a. en relación con igual mes del año pasado.

En el primer mes de este año, las exportaciones avanzaron 7% en términos interanuales, impulsadas por los precios internacionales y, también, por el remanente de ventas que había dejado diciembre, cuando los envíos externos cayeron 34% i.a. En tanto, las importaciones crecieron 9% i.a. en enero, reduciendo a la mitad su tasa de crecimiento respecto del cierre de 2020 (+20% i.a. en el último trimestre), cuando una brecha cercana al 100% y expectativas de devaluación elevadas alentaron el adelantamiento de compras.

Analizando a las exportaciones, sobresale el crecimiento de las Manufacturas de Origen Agropecuario (MOA), que mostraron su mayor valor en más de 5 años y crecieron casi 50% i.a. Este incremento estuvo explicado por la venta de aceites y harinas que no habían podido enviarse al exterior en diciembre, producto de los mencionados conflictos gremiales, y se exportaron en el comienzo del 2021. Además, estos bienes se vieron favorecidos por la suba de las commodities, que impulsó a los precios de este rubro un 18% i.a.

Por el contrario, la venta de cereales y oleaginosas siguió golpeada, y las exportaciones de productos primarios cayeron 30% i.a., a pesar de que su precio subió un 10% i.a., en tanto las cantidades se desplomaron 37% i.a. Por su parte, las exportaciones de Manufacturas de Origen Industrial (MOI) cayeron 1% i.a. A pesar del retroceso, se observa un buen desempeño de la industria manufacturera, sobre todo si consideramos que recortó la tasa de caída casi 30 p.p. al comparar con el promedio de 2020. Las menores expectativas de devaluación y la recuperación de la economía brasilera explican gran parte de esta recuperación.

En lo que hace a las importaciones, sobresale el aumento de autos livianos (+41% i.a.). Sin embargo, esta cifra está vinculada con la baja base de comparación de 2020: el monto de vehículos importados en el primer mes de gestión del Frente de Todos fue 48% menor al de enero de 2019 y 78% menor al del primer mes de 2018. No obstante, los temores a un endurecimiento del cepo o a mayores impuestos a la compra de autos usados también impulsaron estas compras.

Analizando los bienes intermedios y de capital se observan dinámicas similares. Sus crecimientos de 14% i.a. y 12% i.a., respectivamente, obedecen más a bajas bases de comparación que a un despegue genuino de la demanda: al contrastar con enero de 2019 se observan caídas de 6% y 1%. Por último, piezas y accesorios para bienes de capital y bienes de consumo mostraron variaciones más acotadas (+2% i.a. y +4% i.a.), probablemente influidas por el mayor control a las importaciones. Por lo tanto, mientras que las mejoras de dos dígitos se diluirán en los próximos meses, con bases de comparación más estables -especialmente después del segundo trimestre-, los crecimientos acotados se volverían la norma.

En los últimos días se difundió una importante noticia para el comercio exterior: la apertura del mercado mexicano para nuestras exportaciones de carne vacuna. Hasta ahora, este país no importaba este producto de Argentina por limitaciones técnico-sanitarias, que se levantarían luego de la gestión diplomática del Poder Ejecutivo. Además de este factor, las ventas de MOA se verían impulsadas por la suba del precio de las commodities, cuyo valor esperado sigue ubicándose por encima de los últimos años. En particular, el precio de los contratos futuros de soja oscila en torno de USD 520 por tonelada para mayo, mes más representativo para nuestras exportaciones de esta oleaginosa. Además, la recuperación de la actividad en Brasil (que crecería 3,4% en 2021, con el segmento automotriz como uno de los líderes) y la apreciación del Real, que reduciría su competitividad externa, traccionarían la venta de MOI.

Las perspectivas para las importaciones son un poco menos alentadoras. A pesar de que el consumo y la industria se recuperarán en 2021, demandando mayores insumos y bienes finales, las compras externas no crecerían sensiblemente, producto de los mayores controles a estas: el objetivo de que el dólar oficial cierre el año apenas por encima de los 100 pesos no es alcanzable si no se endurecen las restricciones a las importaciones.

En resumen, luego del buen arranque del año, proyectamos que el superávit comercial alcanzaría los USD 14.000 millones en 2021, superando largamente a los USD 12.500 millones de 2020. Aunque parte del avance obedecerá a los cambios de política, también habrá una recuperación genuina, en tanto las exportaciones crecerían no menos de 15% i.a., impulsadas por la recuperación de los precios y la demanda internacional.

La demanda brasileña: ¿de villana a héroe en 2021?

No hay mal que dure cien años, pero sí diez

Desde hace más de treinta años, Brasil es el principal demandante de nuestras exportaciones. Además, hace 25 años que es el primer origen de nuestras importaciones. Partiendo de estos datos, ya se advierte la centralidad del país vecino para nuestra economía: un quinto de nuestro comercio internacional de bienes se explica por este país. En la misma dirección, por razones geográficas y culturales, Brasil es el país que más turistas envía a Argentina. En este marco, y a modo de ejemplo, sólo en 2 de los últimos 35 años la Argentina pudo crecer mientras la actividad brasileña caía, lo que refleja la fuerte correlación entre ambas economías. Entender cómo viene afectando la economía brasileña a la dinámica local y sus perspectivas para 2021 nos ayudará a precisar el curso que seguirá nuestro país en los próximos meses.

El principal mercado sudamericano está estancado y sufriendo de turbulencias político-económicas desde 2014. Lo que comenzó como una desaceleración de la producción, se profundizó con caídas en 2015 y 2016. A fines de ese año la presidenta Dilma Rousseff fue destituida (impeachment) y reemplazada por su vicepresidente, que no tuvo elevados niveles de aceptación y sólo logró una tibia recuperación de la economía.

Luego del primer año de gestión de Jair Bolsonaro, el 2020 parecía ser el año en que la economía brasileña finalmente superaría el pico de actividad alcanzando en 2014. Sin embargo, el Coronavirus golpeó con fuerza a la primera economía del Mercosur y la recuperación quedó trunca. Al momento, este país tuvo más de 45.000 casos y 1.000 muertes por COVID por millón de habitantes, ubicándose entre los países más afectados por la pandemia a nivel global. Como resultado, el PBI se contrajo más de 4% el año pasado, quedando casi 7% por debajo de los niveles de 2014.

Este complejo panorama en materia sanitaria, política y económica también impactó en el mercado cambiario: durante el año pasado, el Real brasileño se depreció 30%, pasando de 4,0 BRL/USD al cierre de 2019 a poco más de 5,3 BRL/USD a fines del año pasado. Considerando la acotada inflación de esta economía, la mejora de la competitividad externa de su producción de bienes y servicios, o sea su abaratamiento en dólares, fue relevante. De esta forma, a pesar de que Argentina mantuvo en 2020 una competitividad multilateral en torno a su promedio histórico, el tipo de cambio real bilateral con Brasil se ubicó 20% por debajo de su media, sumando un problema extra a la caída de la demanda a la hora de exportar.

Producto de la recesión y la depreciación brasileña, las exportaciones argentinas a este destino cayeron 25% entre 2014 y 2019. En la misma línea, la producción industrial argentina se contrajo 13% entre ambos años, resultado, entre otros factores, de los problemas de la primera economía sudamericana. Considerando que las ventas a este destino suelen ser bienes industriales, favorecidos por el esquema de cero aranceles que fija el Mercosur y las complementariedades entre ambas estructuras productivas, se entiende la relación entre ambos números. Más preocupante todavía, luego de un 2020 pandémico, la caída de las exportaciones ascendió a 44,5% entre 2014 y 2020 y el derrumbe de la industria acumuló 19,5% en igual período.

¿Qué esperar para 2021?

Durante este año, el gobierno brasileño pondrá fin a muchas de las herramientas que se diseñaron para expandir la economía en respuesta a la crisis que provocó la pandemia. Sin embargo, se espera que su actividad tenga una importante recuperación: la mediana de proyecciones del Consenso de Mercado que elabora el Banco Central de Brasil arroja un alza del 3,5% del PBI, mientras que el FMI proyecta una suba de 3,6%. Así, aunque no se espera que el nivel de actividad recupere los niveles de 2014 hasta 2023, sí habría una recuperación de buena parte del terreno cedido en 2020, que nuestro país debería aprovechar.

Mejor aún, la industria brasileña experimentaría una expansión de 4,2%, pudiendo incrementar la demanda de nuestras exportaciones manufactureras. Algunos de los productos argentinos que podrían beneficiarse son pick-ups, utilitarios, autos, autopartes, plásticos, colectivos y motores. Todos estos tienen un fuerte vínculo con el complejo automotriz, que genera un importante volumen de empleo privado registrado, puestos de trabajo que se ubican entre los de mayor calidad. Por este motivo, es una buena noticia que este sector tenga una perspectiva aún mejor que el nivel general de la economía vecina: según las estimaciones locales, las ventas automotrices brasileñas crecerían cerca de 15% en 2021, lo que representa un avance muy considerable, aunque mantendría la venta de vehículos un 15% por debajo de los valores de 2019.

Ahora bien, la mejora de la demanda, de las “cantidades”, no será la única: también se espera una apreciación cambiaria, es decir, una mejora vinculada a la parte nominal de la economía. Luego de un 2020 de fuerte depreciación, el Real brasileño se fortalecería significativamente este año, e incluso es probable que perfore 5 BRL/USD, ayudado por el ingreso de capitales que está provocando el exceso de liquidez global. Como resultado, nuestra producción se abarataría medida en la Reales, tornándose más competitiva. De esta manera, una parte no menor de los envíos que se perdieron el año pasado por nuestro encarecimiento en relación con la producción brasileña podrían recuperarse este año.

En síntesis, después de muchos años, las noticias que llegan de nuestro principal socio comercial son alentadoras. Este año se conjugarían una mejora de nuestros precios de exportación (alza de commodities agrícolas), una recuperación de la demanda externa y nuestra producción se abarataría en relación con la brasileña. De esta manera, nuestro país podría apuntalar su tan alicaída como necesaria generación genuina de dólares en 2021. No obstante, y tal como venimos sosteniendo, al viento de cola externo hay que acompañarlo con buenas políticas económicas -y esperar que la segunda ola de Coronavirus nos encuentre con la mayor cantidad de población vacunada posible-.