El estancamiento estructural del comercio exterior: mirando más allá del superávit

El letargo de las exportaciones y su problema para el crecimiento

Argentina tuvo, en 2020, la menor apertura económica de la región. Aunque esta es una característica estructural de nuestra economía (por caso, todos los años desde 1960 tuvimos un flujo comercial menor que el promedio de Latinoamérica y que los países de ingreso medio-alto), se profundizó a lo largo de los últimos años. Uno de los principales motivos fue el declive de nuestras exportaciones en la última década: las ventas al exterior de 2011 fueron 27% superiores a las de 2019 (y 51% mayores a las del 2020 de pandemia).

A pesar de que este dato no se ve alentador, gran parte de la caída podría atribuirse a la disminución del precio internacional de la soja: tras alcanzar máximos en 2012, la cotización de este producto descendió fuertemente, arrastrando consigo a los precios de sus derivados. Así, la caída de las ventas medidas en dólares podría tener más que ver con una baja de los términos de intercambio que con un descenso de los volúmenes enviados al exterior. Rompiendo con esta tendencia a la baja, en los primeros siete meses de este año se observaron las mayores exportaciones desde 2013. Mejor aún, tuvimos el julio más alto de toda la serie, sólo superado en 2012. Considerando la importancia que tiene la evolución de las exportaciones para la disponibilidad de divisas en nuestro país, vale la pena preguntarnos ¿esta suba es producto de una mejora genuina en los volúmenes vendidos? ¿o se corresponde con un mero rebote de los precios? ¿estamos revirtiendo la debacle de las exportaciones, responsable importante del estancamiento de nuestra economía?

Desde fines de los años ochenta, nuestras ventas externas mostraron un sendero sostenido de crecimiento. Aunque éste tuvo algunas interrupciones (una entre fines del ’99 y comienzos del 2000 y otra más importante con la crisis internacional de 2008-09), la tendencia fue definitivamente al alza. De este modo, los volúmenes vendidos al exterior eran, a principios de 2012, más del quíntuple de los de fines de los ‘80. Ese momento marcó un máximo en la cantidad de productos enviados al resto del mundo, al igual que en la facturación (que, como vimos, alcanzó su pico en 2011). Desde entonces, no solo los precios ponderados de nuestras ventas cayeron entre 15% y 25%, según el lapso que se tome, sino que las cantidades se estancaron, contribuyendo también al deterioro general de las exportaciones.

La falta de divisas que generó esta situación marcó a la economía local los siguientes años. No poder generar los recursos para aumentar el nivel de actividad (lo que requiere importaciones) nos llevó a convivir con una importante inestabilidad cambiaria, emparchada en algunos lapsos con controles de cambios y en otros con endeudamiento externo.

La dinámica de las ventas no fue homogénea entre rubros. Todos los tipos de bienes comenzaron a crecer a fines de la década del ’80, pero el fin del período de crecimiento fue distinto para cada uno de ellos. En primer lugar, hay dos componentes que estuvieron desacompasados de la evolución general de las ventas: combustibles y energía y productos primarios, que representan conjuntamente alrededor de un tercio de nuestras ventas al exterior. Los primeros alcanzaron su pico a principios de 2002, para después caer sostenidamente hasta 2016, alcanzando volúmenes semejantes a los de 1990. Esta evolución tiene su correlato en una mayor actividad industrial y un consumo doméstico pujante, que no fue acompañado por un salto en la oferta de energía. En simultáneo, el congelamiento de tarifas motivaba subas de la demanda, revirtiendo la balanza comercial energética desde 2011. Luego, producto de los saltos tarifarios y una menor utilización, estas ventas volvieron a crecer hasta casi duplicarse en 2020. De forma contraria, la expansión de los productos primarios nunca cesó: éstos crecieron sostenidamente hasta el comienzo de la pandemia, de la mano de una producción de cereales y oleaginosas que no se detuvo en 2012. Así, llegaron a quintuplicar las exportaciones del comienzo de la serie.

Por otro lado, podemos analizar una performance distinta de los bienes manufacturados (tanto de origen agropecuario -MOA- como industrial -MOI-) que, representando dos tercios del total exportado, fueron los que marcaron el ritmo del total de las ventas. Las MOA, en donde se destacan los productos de la molinería, aceites, otros derivados de cultivos, productos de la ganadería y alimentos y bebidas, alcanzaron máximos a comienzos de 2008. Desde entonces, el conflicto de los productores agrícolas con el gobierno, los controles y prohibiciones a la exportación de carne y la crisis externa impactaron en estas ventas (junto con la caída de precios que llegaría desde 2013).

Por parte de las MOI, en donde resaltan los vehículos, productos químicos y plásticos, maquinaria y metales, su momento cúlmine fue 2011. Después, la pérdida de competitividad cambiaria derivada de la apreciación del peso complicó su evolución. A esto debe sumarse un leve descenso de su precio internacional y, sobre todo, la larga recesión en la que ingresó Brasil en 2014. En este marco, y a pesar de haber repuntado desde 2016, todavía no alcanzaron los máximos de una década atrás.

¿Qué pasó, entretanto, con las importaciones?

La dificultad para aumentar los volúmenes enviados al exterior y la mencionada reducción de precios de nuestras ventas afectaron el flujo de ingreso de divisas al país. Esto no fue inocuo para la actividad económica. La falta de divisas afectó, en cada salto cambiario, al poder adquisitivo y la demanda doméstica, impactando en el nivel de producción. Además, fue el disparador de los controles a las importaciones, que buscaron frenar la sangría de reservas.

De esta manera, las compras al resto del mundo (que están íntimamente relacionadas con la demanda interna) se vieron doblemente afectadas, y su avance también se frenó desde el 2012. Dejando de lado la importación de combustibles, cuya dinámica está más vinculada a factores del mercado energético que a variables macroeconómicas, la evolución del resto de usos económicos fue similar. Al estancamiento que comenzó entre 2011 y 2013 le siguió una importante recuperación en 2017 (cuando el tipo de cambio real se encontraba en valores bajos y no existían restricciones a las compras externas) y un derrumbe con la crisis cambiaria de 2018. Este avance fue algo más marcado en bienes de consumo y vehículos livianos, que pasaron de representar 18% del total en 2012-15 a 23% en 2017, pero también fue importante en bienes intermedios y de capital. Este proceso terminó cuando la incapacidad de generar dólares genuinos le puso un techo, una vez más, a las compras externas y al nivel de actividad.

Hoy en día, el repunte en algunos sectores y la tracción de la industria brasileña están ayudando a las cantidades exportadas. Así, el volumen de las ventas fue un 6% mayor en los primeros siete meses del año al de 2020 (y 2% inferior al de 2019). Sin embargo, los principales motores del saldo comercial favorable actual son los términos de intercambio y una actividad en niveles todavía bajos. De acuerdo con los cálculos de INDEC, casi el 60% del superávit acumulado del 2021 se debió a una mejoría de los precios respecto al mismo lapso del 2020. En el primer semestre del año, los términos del intercambio se ubicaron apenas 4% por debajo de su mejor dato histórico (el último trimestre del 2012). Por otra parte, con la mejora de la actividad (que fue palpable en junio y julio, a pesar de que sólo hay datos del primero de estos meses) las importaciones crecieron 72% i.a. en el bimestre y 28% respecto a igual lapso de 2019.

Esto implica que el saldo comercial favorable (que fue de USD 12.500 millones en 2020 y sería de un monto similar en 2021) podría empezar a erosionarse con la continuidad de la recuperación económica. Peor aún, si los commodities se abarataran (por ejemplo, producto de una suba de tasas de la FED que mejore el rendimiento de los bonos del Tesoro estadounidense), el flujo de divisas se contraería más rápidamente. Esto nos lleva a la conclusión de que la clave para evitar la restricción externa está en las cantidades exportadas. Las reservas internacionales netas no abundan, pero sí los pagos de deuda en moneda dura: generar dólares genuinos es la única salida no contractiva.

De la mano de los precios de exportación, el superávit comercial sigue creciendo

¿Cómo fue el resultado comercial en julio?

En el séptimo mes del año, el superávit comercial rondó USD 1.500 millones. Con este dato, el saldo favorable del intercambio de bienes acumula más de USD 8.300 millones en lo que va del año. Aunque este monto es levemente inferior al del mismo lapso del año pasado, cuando la pandemia afectó seriamente a las importaciones, es el máximo superávit para enero-julio desde 2009.

Dicho resultado se compuso de un aumento de las exportaciones, que alcanzaron los USD 7.200 millones, junto con una suba de las importaciones, que se ubicaron en USD 5.700 millones. Aunque la variación de las compras fue superior a la de las ventas (66% i.a. y 47% i.a., respectivamente), la baja base de comparación de las primeras hizo que el saldo creciera 4% respecto a julio del año pasado. Al comparar estos montos con el mismo mes del 2019, las subas son de 17% y 24%, respectivamente. Así, las exportaciones superan los USD 42.600 millones (+31% i.a.) en lo que va del año, mientras que las importaciones fueron de USD 34.300 millones (+51% i.a.).

¿Qué influyó en el avance de las compras y ventas?

Las exportaciones de julio fueron traccionadas principalmente por sus precios. Mientras que éstos crecieron 33% i.a., las cantidades se incrementaron 9% i.a. Esta suba estuvo vinculada al aumento de los commodities agrícolas: el precio de los productos primarios y las Manufacturas de Origen Agrícola (MOA) trepó 33% i.a. y 35% i.a. respectivamente. Sin embargo, también influyó en el mismo sentido el salto del precio de los combustibles y energía (+128% i.a.), aunque este rubro no tiene un peso tan importante en la canasta de exportación. Por último, las Manufacturas de Origen Industrial (MOI) también se encarecieron un 22% i.a. Las cantidades exportadas, en cambio, tuvieron un avance más magro: a pesar de que las MOI saltaron 45% i.a. y los productos primarios 15% i.a., las MOA cayeron 5% i.a. y los combustibles se derrumbaron 48% i.a. De este modo, a nivel agregado, se vendieron 2% menos productos (en volúmenes) que en julio de 2019.

Por el lado de las importaciones, la composición del aumento entre precios y cantidades estuvo más repartida: mientras que los primeros crecieron 23% i.a., las segundas treparon 35% i.a. Así, los volúmenes importados fueron 2% superiores a los comprados en julio de 2019.
En definitiva, la variación de precios contribuyó con la mitad del superávit comercial del mes. En este sentido, si los precios de 2020 se hubieran mantenido estables, el saldo comercial habría sido menor a USD 800 millones. A lo largo del 2021, este efecto fue incluso mayor: a precios del año pasado, el superávit acumulado habría sido menos de la mitad del que efectivamente fue (USD 3.400 millones).

¿Qué esperamos para los próximos meses?

Considerando que los buenos resultados en el frente comercial se deben a la mejora de los términos de intercambio, estos podrían ser transitorios. Sin embargo, no esperamos que la suba de nuestros precios de exportación se revierta en el segundo semestre. Además, la demanda brasileña (principal demandante de MOI) sigue pujante, en particular en lo que hace a su industria manufacturera. Por último, aunque el saldo comercial de los primeros siete meses del año fue inferior al del año pasado, el superávit se contrajo fuertemente en el último cuatrimestre del 2020. Para este año, esperamos que esta contracción no se repita en la misma magnitud. De este modo, proyectamos que el balance se ubique nuevamente por encima de los USD 12.000 millones.

El intercambio comercial con Brasil sigue recuperándose

En julio, el flujo de intercambio de bienes con nuestro principal socio comercial creció 58% i.a. Así, acumula una racha de 7 meses al hilo creciendo y un alza de 48% i.a. en lo que va del año. La compraventa de bienes se recuperó más que totalmente del impacto de la cuarentena de 2020: fue en el mes un 12% superior al intercambio de julio de 2019 y en los primeros 7 meses del 2021 se ubica 5% por encima del mismo lapso del último año de la gestión Cambiemos.

Esta mejoría fue producto de una suba tanto de las compras como de las ventas. Por el lado de las importaciones, el avance fue de 61% i.a. (acumulando una mejora de 54% i.a. en el período enero-julio). Con este dato, ya demandamos a Brasil 25% más envíos que en el mismo mes del 2019. Respecto a las exportaciones, la suba interanual fue de 70% en julio (45% en el acumulado anual). Comparando con el mismo mes de 2019, las ventas se redujeron en un 1%.

La recuperación del intercambio es una buena noticia, ya que implica un mayor nivel de actividad en ambas economías. Sin embargo, la “vuelta a la normalidad” también implica un mayor déficit por esta cuenta: el intercambio bilateral es deficitario desde 2004 (con la excepción de 2019). De este modo, aunque las expectativas de crecimiento de Brasil siguen trepando y ya alcanzan 5,3%, el intercambio dejó un saldo negativo de USD 170 millones en julio y USD 560 millones en lo que va del año.

Este rojo comercial no está vinculado con una menor participación de productos argentinos en el mercado brasileño. Por el contrario, nuestras ventas a Brasil están siendo más dinámicas que las del resto del mundo. El aumento global de las importaciones del gigante sudamericano fue 10 p.p. menor al salto de las ventas argentinas en julio, y 14 p.p. inferior en lo que va del año. De este modo, la participación de los productos argentinos en el mercado brasileño creció 0,5 p.p. en el mes respecto del 2020, pasando de 4,7% en julio de 2020 a 5,2% en 2021, aunque todavía se encuentra muy lejos de la media de los últimos diez años (6,5%).

Hacia adelante, esperamos que el saldo bilateral siga siendo deficitario, aunque las exportaciones a Brasil crecerían más de 25%. Sin embargo, este rojo será más que compensado con saldos positivos con otros destinos. El superávit será producto conjuntamente de un aumento de los precios de venta y una recuperación de las cantidades exportadas, dejando al intercambio de bienes como un aportador neto de divisas. Este resultado se dará incluso a pesar de que podrían postergarse algunas ventas por el incremento de la brecha cambiaria de cara a las elecciones. Por el contrario, las sangrías de divisas estarán en las cuentas de pagos de deuda e intervenciones cambiarias. El stock de tenencias del BCRA no es ilimitado y las autoridades deberán balancear estos movimientos para no sufrir sobresaltos.

 

Las exportaciones del primer semestre fueron las máximas desde 2013

¿Cómo fue el resultado comercial en junio? ¿y en el primer semestre?

En el sexto mes del año, el saldo comercial fue superavitario en más de USD 1.000 millones, debido a exportaciones por casi USD 7.000 millones (+46% i.a.) e importaciones superiores a los USD 5.900 M (+79% i.a.). Con este dato, el flujo comercial trepó 59% i.a., debido a la baja base de comparación de 2020, cuando la pandemia todavía afectaba al comercio global. Sin embargo, al comparar las compras y ventas externas en relación con junio de 2019, las variaciones también son positivas, con un avance de 33% de las exportaciones, 42% en las importaciones y 37% en la suma de ambas.
Así, la primera mitad del año cerró un superávit de USD 6.700 millones, o 1,5% del PBI. Aunque este es algo menor al del año pasado, cuando las importaciones se habían derrumbado 24% i.a., exceptuando 2020, es el mayor para este lapso desde 2010.

¿Cómo se comportaron las compras y ventas?

Las exportaciones del primer semestre fueron las mayores desde 2013. Esto estuvo motivado por el aumento de los precios de los commodities agrícolas, que incrementó el valor de la cosecha gruesa y también de sus derivados (harina, pellets y aceite). De este modo, los precios ponderados de nuestras exportaciones crecieron 22% i.a. en el primer semestre, muy por encima de las cantidades, que subieron 5% i.a. El producto más destacado de nuestras ventas fueron las Manufacturas de Origen Agropecuario (MOA), que treparon 47% i.a. En segundo lugar, se ubicaron las Manufacturas de Origen Industrial (MOI), que crecieron 44% i.a. En este caso, el aumento fue debido a una mayor demanda y no a la tracción de los precios. Por caso, en junio las cantidades vendidas de estos productos crecieron 84% i.a., ubicándose 5% por encima de las vendidas en el mismo mes de 2019. Por último, la venta de Combustibles y Productos Primarios también creció (3% y 2% i.a., respectivamente), aunque explican una porción menor de la dinámica del comercio exterior.

Por el lado de las importaciones, las compras treparon 49% i.a. en el primer semestre, ubicándose 14% por encima de los valores de la primera mitad de 2019. De forma contraria a las exportaciones, esta recuperación vino más por el lado de las cantidades (+37% i.a.) que de los precios (+9% i.a.). Sin embargo, al igual que para las ventas, la mejoría también abarcó a todos los rubros: la compra de piezas para bienes de capital trepó 62% i.a., la de combustibles 59% i.a., la de bienes intermedios 52% i.a., la de bienes de capital 48% i.a., la de autos 47% i.a. y la de bienes de consumo 17% i.a. Así, autos y combustibles son los únicos segmentos que todavía no recuperaron sus valores de 2019.

¿Qué esperamos en el frente externo para el segundo semestre?

Del mismo modo que venimos viendo en lo que va del año, esperamos que haya dos factores que traccionen nuestras ventas al exterior. En primer lugar, la demanda brasileña seguirá pujante (se espera que el PBI de nuestro principal socio crezca 5,3% anual, y esta proyección viene revisándose sistemáticamente al alza desde hace tres meses), motivando la venta de MOI. Por otra parte, los precios agrícolas no revirtieron su alza, haciendo que la venta de MOA mantenga sus niveles. En simultáneo, proyectamos que las importaciones seguirán recuperándose, más aún con la mejoría de la actividad que se vería con la baja de los casos y el fin de las restricciones a la movilidad. De este modo, aunque el saldo de la segunda parte del año será algo menor al de la primera, el superávit se ubicará nuevamente por encima de los USD 12.000 millones.

Argentina: del granero del mundo a la falta de rumbo

Nuestro país sufre recurrentemente de crisis cambiarias motivadas por la escasez de divisas. Este problema se debe, en parte, a la indefinición de nuestras políticas sobre el tipo de estructura productiva que necesitamos. En qué actividades debemos especializarnos es un interrogante estrechamente vinculado con cómo fomentar exportaciones que nutran nuestra balanza de pagos y alivien la restricción externa.

Nuestro país transitó el camino a la globalización como proveedor de materias primas agrícolas. A medida que la población se incrementaba y la demanda internacional de commodities sufría vaivenes, apareció también un incipiente tejido industrial, principalmente para proveer y emplear a los argentinos. Luego, el “granero del mundo” fue dejando espacio, desde fines de los años cuarenta, a la exportación de productos de la ganadería (carnes, lanas y cueros). Actualmente, las ventas argentinas al exterior se componen principalmente de soja, trigo, maíz y sus derivados (aceite, harina, pellets y biocombustibles), aunque también exportamos productos de la industria automotriz (pick-ups y utilitarios), algo de petróleo y, en menor medida, carne y minerales.

El estancamiento y declive de las ventas al exterior lleva más de una década, e impide crecer de manera sostenida sin sufrir la escasez de divisas (los dólares son necesarios para comprar insumos y bienes finales del exterior en dicho proceso). Entre otros factores, este hecho indiscutible puede asociarse a los bruscos cambios de las políticas macro y microeconómicas tomadas por distintos gobiernos. Así, cuál debe ser nuestra inserción internacional es una discusión que sigue abierta, y que volvió a ponerse sobre la mesa con las recientes prohibiciones a algunas actividades, potenciales proveedoras de divisas. Entonces, qué podemos vender al resto del mundo?

Una primera pregunta al respecto es si podemos prescindir de la manufactura y vivir de los recursos naturales. Sin embargo, una indagación más exhaustiva nos dice que esto no es posible: a pesar de contar con diversos climas, una importante superficie fértil para el cultivo, reservas de agua, petróleo y minerales, Argentina se ubica en el puesto 47 de riqueza natural per cápita sobre un total de 141 países, según las estimaciones del Banco Mundial. La distancia con quienes que encabezan dicho ranking es abismal: Qatar tienen 40 veces más capital natural por habitante que nosotros, y hay otros diez países que nos cuadruplican. Esto nos brinda una idea de la magnitud de la brecha en disponibilidad de recursos. Incluso, poseemos 71% menos riqueza natural que Chile y 56% menos que Brasil, países comparables de la región. Si en lugar del stock observamos las rentas por habitante que los países obtienen de sus recursos naturales (el flujo anual de dólares generado por los mismos), nos encontramos en el puesto número 46 de 182. Nuevamente “de mitad de tabla para arriba”, pero lejos del podio.

Al observar los primeros 20 países de cada uno de estos rankings, encontramos que son, casi en su totalidad, potencias petroleras (Kuwait, Qatar, Emiratos Árabes y Arabia Saudita, por nombrar sólo algunos). Las excepciones a esta norma exportan mineral de hierro (Australia), oro (Surinam y Guyana), cobre (Chile) y carbón (Mongolia). Adicionalmente, muchos de estos países complementan la ventaja que les da la tenencia de un recurso clave con la producción de otros, como la industria automotriz que Canadá combina con sus yacimientos petrolíferos o la producción de pescado (disparadora de la polémica en nuestro país) en Noruega y Chile, quienes exportan principalmente petróleo y cobre. Las posibilidades para Argentina de insertarse en este selecto grupo están, como vimos, limitadas.

Entonces, ¿qué alternativas tenemos?

Países comparables al nuestro (no insulares de ingreso medio-alto y sin tanta disponibilidad de recursos naturales) en muchos casos exportan petróleo en grandes cantidades (Colombia, Ecuador, Brasil y Bulgaria), a pesar de no contar con un stock tan importante de este recurso. Si bien hoy nuestra balanza comercial de gas y petróleo es neutra, las inversiones en Vaca Muerta permiten pensar que podríamos crecer en este rubro, pero no lo suficiente como para descansar en él como único proveedor de dólares para el funcionamiento de la economía. Otros de estos países explotan la disponibilidad de algún mineral. Dejando de lado el caso de Chile, también Perú, Armenia y Bulgaria disponen de cobre; Colombia exporta carbón y oro; y Bolivia y Sudáfrica también realizan envíos de este último. Otros basan sus ventas en la industria automotriz (como México, Turquía y Rumania, entre otros), farmacéutica (Bulgaria) u otras (de calzado en Albania).

Particularmente, en nuestra región, algunos países vecinos aprovechan actividades que Argentina deja de lado: Uruguay y Paraguay son grandes exportadores de carnes, cuyas ventas hoy están limitadas parcialmente en nuestro país. Al mismo tiempo, Ecuador y Chile son grandes exportadores de pescado, la producción que dio lugar a la discusión actual, cuando algunos días atrás la Legislatura de Tierra del Fuego prohibió la cría de salmones en aguas provinciales, motivada principalmente por los costos ambientales de dicha producción. La controversia surgió por la resignación de los beneficios económicos (producción, exportaciones y empleo) que habría traído dicha actividad. Para entender la magnitud potencial de la misma, resalta que el país trasandino recibe más dólares anuales por la exportación de salmón que nosotros por todo el complejo bovino (carnes, cueros y lácteos). Por lo tanto, podríamos afirmar que, sin descuidar las regulaciones necesarias en materia ecológica, un país que sufre de recurrentes crisis cambiarias difícilmente pueda darse el lujo de despreciar actividades que proveen tantos dólares.

Hoy en día, la producción de alimentos y bebidas es uno de los rubros que más exportaciones brinda (principalmente, por la vía de los cultivos), pero tiene aún potencial para seguir creciendo. Algunas propuestas en este sentido serían promover la producción de pescado -de forma ecológicamente sustentable-, la carne bovina y porcina (hay un plan para casi duplicar la producción de cerdos en la próxima década) y los vinos y frutas, entre otros. De este modo, no solo engrosaríamos el flujo de divisas, sino que también reduciríamos la volatilidad en estos ingresos asociada a los precios internacionales de los commodities. Adicionalmente, otras industrias (como la automotriz o la química) pueden potencialmente competir con sus productos en el exterior, principalmente aprovechando la protección que el Mercosur brinda en nuestra región, pero también expandiéndose a otros países. Actualmente, se envían vehículos a otros destinos como México, Australia y Europa. La exploración de nuevos mercados para nuestros bienes manufacturados llevó recientemente a impulsar la producción de cannabis medicinal, cáñamo industrial y baterías de litio, con la intención de exportar estos productos.

Por fuera de la venta al exterior de bienes, nuestro país tiene un importante potencial en la producción y exportación de servicios. Destacan entre estos aquellos basados en el conocimiento: servicios empresariales, producción audiovisual, diseño gráfico y software son producciones posibles para nuestro país, ya que cuenta con alta calificación profesional y salarios bajos, y pueden venderse fácilmente al exterior. Además, el turismo receptivo es una actividad que puede proveer tanto divisas como empleo. Aunque la pandemia viene retrasando su reactivación (en el primer trimestre del 2021, los ingresos de dólares por transporte y viajes fueron 83% menores a los del mismo lapso de 2019), los atractivos turísticos de Argentina hacen que éste sea un rubro para desarrollar.

En conclusión, la dotación de recursos que nos dio la naturaleza no es suficiente para desarrollarnos únicamente en base a ellos y así ‘salvar’ el frente externo. Por esto, la estrategia de crecimiento no puede prescindir de los bienes primarios, pero tampoco depender de ellos. Si hay consenso en que se deben incrementar las exportaciones, es necesario que éstas se diversifiquen y abarquen a otras actividades productivas. Delinear cuáles y realizar políticas sostenidas y sostenibles para ellas es el desafío pendiente. Nunca es tarde para empezar.

Más flujo, pero también más déficit en el intercambio con Brasil

En junio, el flujo comercial con nuestro principal socio creció por sexto mes consecutivo. Así, el intercambio de bienes con Brasil consolida su recuperación, siendo 80% superior al de junio de 2020 y ubicándose 17% por encima de junio de 2019. Esta suba se debió a un alza de 20% i.a. de nuestras ventas a dicho país y un salto de 80% i.a. en nuestras compras desde este origen. De esta forma, el comercio bilateral de bienes refleja la normalización de la actividad económica en ambos países luego del desplome visto el año pasado. En este escenario, nuestras exportaciones a Brasil acumulan un alza de 41% promedio en los primeros seis meses del año, mientras que nuestras importaciones muestran un crecimiento del 58%.

Aunque un mayor intercambio signifique una buena noticia, el signo del saldo comercial no necesariamente implica lo mismo. A pesar de que las expectativas de crecimiento de la potencia vecina siguen revisándose al alza (treparon 1 p.p. en junio, pasando de 4,1% a 5,1%), el balance fue deficitario en casi USD 60 millones en el mes, y ya acumula un rojo de USD 580 millones en lo que va del año. Este es el peor saldo para un primer semestre desde 2018 y encuentra su causa en una recuperación más veloz por el lado de las importaciones que por el componente exportador.

Mirando los datos globales del comercio exterior brasileño, esta dinámica no es particular de nuestro país: las compras de Brasil a todos los destinos subieron 27% i.a. en el primer semestre, significativamente menos que sus ventas, que treparon 36% i.a. De este modo, aunque las compras de origen argentino crecieron menos que las ventas a nuestro país, lo hicieron en mayor medida que de otros destinos. En respuesta, la participación de los productos argentinos en el mercado brasileño creció en junio 0,9 p.p. respecto del mismo mes del 2020, pasando de 4,6% a 5,5% del total. En este mismo sentido, el share de nuestras ventas pasó de 4,7% en el primer semestre de 2020 a 5,3% en el mismo lapso del 2021. Más allá de esta dinámica positiva, todavía seguimos lejos de la media de los últimos diez años (6,5%).

 

Para los próximos meses, no esperamos que el desbalance comercial bilateral se convierta en un problema. Nuestras exportaciones a Brasil crecerían más de 20% este año y, aunque nuestras compras posiblemente terminen siendo superiores, este déficit bilateral será más que compensado con saldos positivos con otros destinos. En consecuencia, el comercio de bienes aportará divisas en 2021, tal como lo viene haciendo desde 2019. Sin embargo, la situación no será una panacea: podría haber pérdida de Reservas a nivel agregado, considerando las intervenciones que podrían llegar en los mercados cambiarios, oficial y paralelo, en tanto los vencimientos de deuda con el FMI, por ahora no reprogramados, también podrían debilitar a este stock clave.

Mayo volvió a mostrar exportaciones récord

¿Cómo fue el resultado comercial en mayo?

En el quinto mes del año, el saldo comercial volvió a mostrar un importante superávit, de más de USD 1.600 M. Este resultado se compuso de importaciones superiores a los USD 5.100 M (+62% i.a.) y exportaciones que se ubicaron cerca de los USD 6.800 M (+33% i.a.). Por la baja base de comparación de 2020, año en que la pandemia golpeó fuertemente al comercio global, las comparaciones interanuales no son del todo adecuadas. Así, si miráramos las compras y ventas externas en relación con el mismo mes de 2019, observaríamos avances de 11% y 12%, respectivamente.

Con este dato, en los primeros cinco meses del año el resultado comercial acumula un saldo favorable de más de USD 5.600 M (1,3% del PBI). Aunque este superávit es algo menor al acumulado a esta altura del año previo (USD 6.800 M, 1,8% del PBI), se da con un incremento del 32% i.a. en el flujo comercial (esta variable ya se ubica 10% por encima del lapso enero-mayo de 2019). De esta manera, es un resultado muy positivo.

¿Cómo se comportaron las compras y ventas?

Una vez más, las ventas al exterior se destacaron. Abril había exhibido el mayor monto de exportaciones desde agosto de 2014, y el dato de mayo fue incluso 10% superior. Dentro de estas ventas encontramos a los subproductos de la cosecha gruesa de la campaña agrícola, que se vendieron a precios internacionales muy favorables. Sin embargo, también hubo un incremento de las ventas industriales, traccionadas por la recuperación de la manufactura doméstica y brasileña. De esta manera, observamos que tanto las Manufacturas de Origen Agropecuario (MOA) como de Origen Industrial (MOI) crecieron en valores 35% y 118% i.a., respectivamente. Pero, mientras que el avance de las primeras estuvo vinculado casi únicamente con un aumento de los precios, la suba de las ventas industriales fue explicada mayormente por el lado de las cantidades. Al comparar con el mismo mes de 2019, estas ventas se incrementaron en 27% y 2%, respectivamente. Por su parte, la exportación de productos primarios se redujo 2% i.a., ya que los volúmenes enviados al exterior cayeron 26% i.a., a pesar de un aumento de 33% i.a. en precios.

Respecto a las compras, se vio una nueva aceleración en el avance interanual, con todos los rubros (excepto bienes de consumo) creciendo por encima del 40%. Así, el nivel general de importaciones fue 62% mayor al de mayo de 2020 y se ubicó 11% por encima de el mismo mes de 2019. Este crecimiento podría indicar un crecimiento de la inversión en el mes, a pesar de las restricciones a la circulación que habrían golpeado el consumo privado.

¿Qué esperamos en el frente externo?

A pesar de una baja observada en los precios de los commodities, y de la prohibición parcial a la exportación de carnes, esperamos que nuestras ventas al exterior sigan siendo elevadas. Las compras externas también seguirán creciendo al ritmo de la recuperación económica, pero no en una magnitud que erosione el saldo comercial favorable, que volvería a rondar los USD 12.500 M, tal como el año pasado. Además, debido a los rebrotes y nuevas cepas de Covid, esperamos que el turismo internacional siga muy limitado en los próximos meses, clausurando una cuenta tradicionalmente deficitaria de la balanza de pagos. Así, y luego del acuerdo temporario alcanzado con el Club de París (se pagarán este año apenas USD 400 M de los USD 2.400 M programados), esperamos que el Banco Central acumule Reservas Internacionales en los próximos meses. En adelante, esta variable dependerá de alcanzar un acuerdo con el Fondo que permita postergar los pagos de capital.

El saldo comercial con Brasil mostró el mayor déficit en tres años

El flujo comercial con nuestro principal socio comercial sigue mejorando, y ya exhibe niveles superiores a los que mostraba previo al inicio de la pandemia. En efecto, la suma de importaciones y exportaciones con Brasil se ubicó en mayo en su mayor volumen desde agosto de 2018. Tras más de dos años de fuerte caída, esta variable se encuentra en alza desde comienzos de año, a pesar del recrudecimiento de la pandemia por Covid-19 en ambos países. En el quinto mes del año, la suba del flujo comercial fue de 147% i.a. (+9% respecto a mayo de 2019), traccionada por unas importaciones que saltaron 186% i.a. (+27% en comparación con dicho mes) y unas exportaciones que crecieron 103% i.a. (ubicándose todavía 11% por debajo del mismo lapso del 2019).

Esta mejoría en el comercio bilateral de bienes refleja el buen desempeño de ambas economías en el arranque de este 2021: las expectativas de crecimiento brasileño están revisándose constantemente al alza, a pesar de su situación sanitaria, y muchas industrias en nuestro país mostraron niveles de actividad incluso por encima de los pre-pandémicos. Sin embargo, la recuperación está siendo más veloz por el lado de las importaciones, generando que el saldo de divisas sea desfavorable. Es así que, en mayo, el desbalance comercial fue de USD 470 millones, el mayor déficit por esta cuenta desde junio de 2018. Este rojo es significativamente mayor al déficit de USD 50 millones observado en mayo de 2020.

Con los datos del último mes, las exportaciones al gigante sudamericano acumulan más de USD 4.200 millones en lo que va del año, un monto 33% mayor al de los primeros cinco meses del año pasado, pero 6% inferior al del mismo lapso de 2019. Las importaciones, en tanto, acumularon cerca de USD 4.800 millones, trepando 55% i.a. y siendo 12% superiores a las de los primeros cinco meses del 2019. Así, el déficit acumulado es de más de USD 520 millones.

Es destacable que la participación de los productos argentinos en el mercado brasileño volvió a crecer 0,5 p.p. respecto a mayo del año previo. Así, luego de tocar mínimos históricos en 2020 (las compras con origen argentino fueron 4,8% del total de importaciones brasileñas en el período enero-mayo), el share de nuestras ventas fue de 5,2% en lo que va del 2021. A pesar de esta mejoría, todavía seguimos lejos de la media de los últimos diez años (6,5%).

Aunque el déficit comercial bilateral viene creciendo, no proyectamos que vaya a significar una restricción significativa a la recuperación del nivel de actividad. Esto es así porque el flujo total de divisas comerciales (con todos los orígenes y destinos) viene mostrando un importante saldo positivo, debido -en buena medida- a la mejora de los precios de los commodities. Así, el Banco Central está acumulando reservas netas (que crecieron más de 50% en lo que va del año).

Esperamos que en 2021 nuestras exportaciones a Brasil se incrementen alrededor de 15%, traccionadas por la recuperación de su producción industrial (de acuerdo con el consenso de mercado, este segmento crecería casi 5%, por encima del 4% promedio de la economía). Esta contribución será fundamental para que nuestras importaciones puedan crecer al ritmo de la recuperación económica sin erosionar el saldo comercial favorable que se obtuvo en 2020. De esta forma, el Tesoro podrá utilizar reservas para cancelar obligaciones internacionales sin generar grandes tensiones sobre el nivel de reservas netas.

Lluvia de divisas en el país del corto plazo

En 2020, la pandemia por Covid-19 afectó gravemente el comercio mundial, golpeando nuestras exportaciones de bienes. Las ventas argentinas al exterior alcanzaron valores mínimos desde el 2006, al caer 16% respecto al 2019. El deterioro fue generalizado, con la mayoría de los sectores en rojo, aunque con algunas excepciones como los complejos maicero, lácteo y manicero. Sin embargo, este año, casi todas las exportaciones recuperarían buena parte del terreno cedido, por dos grandes razones: el aumento de las cantidades vendidas, resultado del crecimiento global, y la suba de los precios. ¿Qué forma tomará este avance? ¿todos los rubros mejorarán? ¿será una recuperación temporal o duradera? Veamos.

Un importante motor de nuestras ventas al exterior será la mayor demanda de nuestros socios comerciales. La proyección de crecimiento global ponderado de nuestros principales compradores supera el 5%, alentando la demanda de productos argentinos. Yendo al detalle, se espera que la economía brasileña crezca 3,5%. Este país es el mayor comprador de nuestros productos industriales, rubro que vio sus cantidades exportadas caer 28% i.a. el año pasado. En lo que va del 2021, este sector aumentó en 14% i.a. sus ventas en volúmenes. En particular, el complejo automotriz, principal segmento de exportación con destino a Brasil, redujo sus ventas un 40% i.a. en 2020 y está recuperándose a un ritmo acelerado en la actualidad (+47% i.a.).

Por otra parte, la mayor demanda internacional también alentará la venta de productos de origen agrícola. China, nuestro mayor comprador de soja y sus derivados, fue uno de los pocos países que evadió la recesión el año pasado (creció algo más de 2%) y su economía treparía más de 8% en 2021. De la mano de su actividad económica, sus compras con origen argentino seguirían en ascenso. Como resultado, el complejo sojero, que redujo sus ventas 12% en el 2020, aumentaría su volumen exportado en el 2021. También esperamos que el consumo mundial de trigo, aceite de girasol y maíz crezca, fortaleciendo nuestros envíos al exterior.

Sin embargo, las ventas de productos primarios y manufacturas agrícolas no solo crecerán en volumen: también lo harán por la suba del precio de los commodities. Este proceso, que comenzó a fines del año pasado, llevó a la tonelada de soja a cotizar por encima de los USD 580, valor que no alcanzaba desde 2013. Aunque este precio no represente el mismo poder adquisitivo que en ese entonces -producto de la inflación global-, sigue siendo el máximo en términos reales desde 2014. En simultáneo, el maíz y el trigo también alcanzaron sus mayores precios desde 2013 y 2014, respectivamente (al deflactar este valor, estos cultivos muestran sus puntos más altos desde 2014 y 2015).

Así, el aumento de nuestras ventas al exterior por estas dos vías está apuntalando el ingreso de divisas a nuestro país, permitiendo al Banco Central comprar dólares en el mercado oficial (ayudado, es cierto, por las restricciones a la compra de minoristas y empresas) y acumular reservas netas. En lo que va del año, las reservas netas aumentaron casi USD 2.500 millones, impulsadas también por la estacionalidad positiva que deja la salida de la cosecha gruesa, saltando 50% respecto a los valores críticos del cierre de 2020.

Para todo el 2021, la suba de las exportaciones (por precios y cantidades) permitirá que las importaciones se recuperen más de 20% anual y el superávit externo se mantenga en los mismos niveles que el año pasado, alrededor de USD 12.000 millones. Dependiendo de si se posterga el pago al Club de París y el FMI, esto podría incrementar significativamente las reservas internacionales de la autoridad monetaria. Por último, los ingresos fiscales se verán impulsados por las retenciones, agregando 1 p.p. del PBI adicional de recursos tributarios respecto al año pasado (los derechos de exportación pasarían de 1,4% del Producto en 2020 a 2,4% en 2021).

Aunque todas parecieran buenas noticias por el lado externo, corresponde agregar cierta cautela sobre la situación. Mientras que uno de los factores que está ayudando al crecimiento de las exportaciones y las reservas tiene un carácter estructural (la recuperación de la economía global luego de la pandemia), el otro parece ser transitorio. Las mejoras de los términos de intercambio (así como sus reducciones) suelen ser temporales y revertirse pasado un tiempo. Por este motivo, una política óptima sería tomar a los ingresos transitorios como tales, y ahorrar una parte de estos. En este caso, cuando los precios sean menos favorables y el ingreso de divisas comerciales se reduzca, podrían utilizarse estas reservas acumuladas para paliar la pérdida transitoria de recursos. Por el contrario, utilizar todos los dólares disponibles para apreciar el tipo de cambio generaría una mejora efímera de la actividad económica y el consumo, pero nos dejaría en una situación de vulnerabilidad posterior, cuando los commodities vuelvan a su “normlidad” y la situación nos encuentre, como tantas otras veces, con escasas reservas.

Hasta ahora, la postura del Gobierno a este respecto oscila entre el ahorro (conteniendo el déficit fiscal y la emisión monetaria) y la utilización de estos dólares (deslizando el tipo de cambio muy por debajo de la inflación). Una situación muy similar ocurre con el desembolso extraordinario de DEGs por parte del FMI, que llegarían en la segunda mitad de este año. Mientras que una fracción de la coalición gobernante pretende utilizarlos para acumular reservas o desendeudar al Sector Público, otro sector pretende gastar esta “lluvia de divisas” en erogaciones corrientes, lo que sería bastante menos sostenible -y recomendable según los libros de economía-.

En un país en que todo lo transitorio se toma como permanente, poder distinguir la duración de los shocks es una herramienta importante para equilibrar la dinámica general. Luego de tres años en rojo, y en pleno proceso electoral, la tentación por apreciar el tipo de cambio para mejorar los ingresos reales es fuerte. Sin embargo, acumular divisas sería una buena forma de aprovechar las ventajas temporarias sin descuidar el largo plazo.

Abril con viento de cola y las mayores exportaciones desde 2014

¿Cómo fue el resultado comercial en Abril?

En el cuarto mes del año, el saldo del comercio exterior de bienes fue superavitario en más de USD 1.400 M. Este dato se compuso por compras del orden de los USD 4.700 M (+61% i.a.) y ventas por más de USD 6.100 M (+41% i.a.).

Así, en el primer cuatrimestre del año, el resultado comercial acumula un saldo favorable en USD 4.000 M (0,9% del PBI). Este monto, si bien significativo, es levemente inferior al observado en el mismo período del año pasado, cuando superó los USD 4.900 M (1,3% del Producto). No obstante, considerando la recuperación de la actividad industrial -principal demandante de importaciones- el resultado, mejora de los términos de intercambio mediante, es muy positivo.

¿Cómo se comportaron las compras y ventas?

El elemento más destacado del intercambio comercial de abril fueron las ventas al exterior. Estas incluyeron las primeras ventas de la cosecha gruesa de la última campaña agrícola y así mostraron su mayor nivel desde agosto de 2014. Esta suba se observó los tres principales rubros: las Manufacturas de Origen Industrial (MOI) treparon 79% i.a., las de Origen Agropecuario (MOA), 58% i.a. y los productos primarios, 17% i.a. Mientras que en este último segmento el crecimiento estuvo enteramente vinculado con el alza de las commodities, ya que las cantidades se redujeron 4% i.a., esto no fue así en los productos elaborados. En el caso de las MOA, la mejora se dio tanto por el lado de los precios (+29% i.a.) como de las cantidades (+22% i.a.; ubicándose 19% por encima de los volúmenes exportados en abril de 2019). Por su parte, la suba de las MOI fue puramente genuina, ya que estas ventas crecieron 78% i.a. en volúmenes y 1% en precios. A pesar de esto, las cantidades exportadas de este rubro todavía se ubicaron 24% por debajo de los volúmenes vendidos en abril de 2019, previo a la irrupción de la pandemia. En este sentido, podemos afirmar que el buen dato de las ventas no fue una consecuencia únicamente del efecto de las cotizaciones, sino que también estuvo ayudado por la baja base de comparación (abril de 2020 fue el mes de mayores restricciones económicas y sanitarias por la pandemia) y la recuperación de nuestros principales socios comerciales.

Respecto a las importaciones, éstas mostraron una reducción respecto a marzo, cuando habían registrado un nivel muy elevado, desacelerando levemente su avance interanual (de 69% a 61%). Nuevamente, el crecimiento se dio en todos los rubros, con los autos (+82% i.a.), los bienes de capital (+67% i.a.) y sus partes y piezas (+90% i.a.) y los bienes intermedios (+57% i.a.) liderando. Así, a pesar del endurecimiento de las restricciones, las compras externas reflejan una economía que opera a niveles superiores a los de la primera ola de contagios.

¿Alcanza el resultado comercial para incrementar las reservas netas?

Argentina enfrentará los próximos años grandes vencimientos de deuda en moneda extranjera. En paralelo, deberá encarar un proceso de recuperación de su economía luego de una década de estancamiento. Todo eso insume divisas; para el pago de obligaciones y para las importaciones que requiere el crecimiento. Por esto, tener un resultado comercial positivo con exportaciones crecientes en un escenario de precios internacionales favorables es un muy buen signo. De la mano de las ventas al exterior, las reservas internacionales netas se recuperaron un 39% en lo que va del 2021. Aunque aún no revirtieron lo perdido el año pasado, sí mejoraron la capacidad del BCRA de estabilizar la economía.

Sin embargo, medidas como la prohibición de las ventas de carne al exterior (que representan el 6% del total de envíos) van en un sentido contrario a lo que necesita nuestro país, y podrían erosionar las capacidades exportadoras de rubros con buena inserción en mercados internacionales. Esto no sólo golpearía al ingreso de divisas y de recaudación por retenciones, sino también al empleo.

Por ahora, en la medida en que estas políticas guardan su carácter de transitorio, esperamos que las ventas al exterior continúen creciendo significativamente. Al mismo tiempo, la recuperación de la actividad económica traccionaría también las compras. De esta forma, el superávit comercial se ubicará en torno a los USD 12.500 M, en línea con el saldo obtenido en 2020. Considerando los pagos de deuda en moneda dura del Tesoro nacional programados para este año (más de USD 10.000 millones) y la venta de dólares a ahorristas minoristas que se agudizará en los meses previos a las elecciones, esto significaría una pequeña reducción de las reservas netas del BCRA.