La apertura del turismo y la cuenta corriente

El superávit comercial de bienes, pilar de las cuentas externas, alcanzó USD 15.000 M en 2021

Luego de un cuatrienio (2015-2018) donde promedió un déficit superior a los USD 3.000 M anuales, en 2019 se revirtió el saldo comercial de bienes, alcanzando un superávit de USD 16.000 M (3,5% del PIB) en dicho año. La mencionada reversión fue principalmente producto de un desplome de las importaciones (-25% i.a.), en el marco de la recesión iniciada en 2018.

En 2020 el saldo comercial se sostuvo en terreno positivo (USD 12.500 M, 3,2% del PIB), pero en un contexto en el que el flujo internacional de comercio se vio fuertemente impactado por la pandemia: en cantidades, el intercambio mundial de mercancías cayó 5% (en Argentina el intercambio comercial se redujo 15% en valores). En dicho año, las exportaciones se contrajeron 16% i.a. mientras que las importaciones volvieron a caer (-14% i.a.) registrando los mínimos valores desde 2009.

El desafío el año pasado era lograr financiar las importaciones necesarias para materializar la recuperación que comenzó hacia fines de 2020. En este sentido, la mejora de los términos del intercambio jugó un rol clave: en 2021 el alza de precios de las exportaciones (+26% i.a.) casi duplicó al de las importaciones (+15% i.a.), y esto permitió sostener un saldo comercial superavitario elevado (USD 15.000 M, 3,1% del PIB) pese a que el crecimiento de las cantidades importadas (+30% i.a.) triplicó al de las exportadas (+13% i.a.). De hecho, más de la mitad del superávit de comercio alcanzado en 2021 se explica por la dinámica de los precios internacionales.

La importancia de sostener un superávit de bienes robusto es central, habida cuenta de la estructura de nuestras cuentas externas, y especialmente en momentos como el actual donde los flujos financieros son escasos: el ingreso neto de dólares por esta vía -junto a las transferencias corrientes, que no es un monto tan relevante- financia el histórico déficit de servicios y renta de la inversión (ingreso primario), como parte de la acumulación de activos privados externos. De hecho, cuando el país no cuenta con un excedente en el intercambio de bienes la cuenta corriente suele ser deficitaria, lo cual genera una necesidad de financiamiento externo que debe suplirse mediante el influjo de divisas financieras (endeudamiento o inversión directa) o utilización de reservas (stocks); y cuando esto no es posible -por ejemplo cuando el financiamiento externo se corta abruptamente- la cuenta corriente debe ajustar rápidamente, generalmente por la vía de la combinación de devaluación con recesión.

Esto último ocurrió durante buena parte de la última década: entre 2013 y 2018, el rojo de la cuenta corriente promedió casi USD 19.000 millones por año (3,2% del PBI en promedio), generando una elevada necesidad de financiamiento externo que se cubrió con ingresos financieros netos. Luego, cuando abruptamente éstos se detuvieron a mediados de 2018, la moneda local se depreció fuertemente dando lugar a la recesión de 2018-2019, que condujo a la reversión del saldo de la cuenta corriente, del déficit previo al superávit actual.

El otro viento de cola

En 2020-2021 la cuenta corriente mostró un superávit de más de 1% del PIB en promedio (frente al déficit de 3,2% del PIB en 2013-2018). La mejora respecto al período precedente correspondió a la mencionada reversión en el saldo de bienes. Sin embargo, durante los últimos dos años el saldo de la cuenta corriente se vio además favorecido por dos factores adicionales: en primer lugar, la reducción del pago de intereses externos, producto del canje de títulos públicos realizado en 2020: el saldo neto de rentas por inversión de cartera promedió, entre el segundo trimestre 2020 y el tercero de 2021, poco más de USD 300 M, cuando entre 2018 y el primer trimestre de 2020 el rojo superó los USD 2.000 M trimestrales.

En segundo lugar, por el achicamiento del saldo negativo de la cuenta de servicios. Este balance, que entre 2015-19 registró un déficit trimestral de casi USD 1.900 millones (más de USD 5.000 millones anuales), se redujo a una tercera parte (USD 625 millones) en 2020-2021.

Sin este comportamiento la cuenta corriente habría morigerado sensiblemente su saldo superavitario en 2020 y 2021, por lo que es una dinámica que merece atención. En este sentido, analizando los componentes de la cuenta corriente de servicios, se encuentra que en los últimos cinco años antes de la pandemia, el 80% del rojo se explicaba por los servicios asociados al turismo y el transporte de pasajeros.

 

Indudablemente, el freno del turismo internacional en los últimos casi dos años fue un aliciente para las cuentas externas en un país que exhibía una salida neta anual de turistas cercana al millón de personas. Al “cerrarse” esta canilla, estimamos que se habrían ahorrado entre USD 2.000-3.000 millones por año por esta vía y el peso del turismo y viajes en el déficit comercial de los servicios se redujo a la mitad entre 2020 y el tercer trimestre de 2021.

Lo(s) pasajero(s) no son transitorios: un empeoramiento del saldo de servicios es un factor más de tensión para un año desafiante en materia de cuentas externas

Si bien, como se mencionó previamente, el freno en el turismo internacional ayudó a fortalecer el superávit de la cuenta corriente en los últimos dos años, en el horizonte aparecen luces de alarma. El balance cambiario que publica el BCRA sugiere que la salida de dólares por esta vía se aceleró en octubre y noviembre, tendencia que habría mantenido al cierre del año y seguirá, al menos, en los próximos meses teniendo en cuenta el relajamiento de restricciones que se dio incluso con la nueva ola de casos a nivel mundial.

Vale destacar este punto porque la progresiva recuperación del turismo internacional, que según la Organización Mundial del Turismo se ubicó en 2021 más de 70% por debajo del nivel pre-pandemia, podría volver a tensionar las cuentas externas por la vía de la cuenta corriente.

Esto se reafirma por dos factores: en primer lugar, por una demanda reprimida de viajes tras dos años de virtual suspensión de los mismos. Y, en segundo lugar, porque es un servicio -que impuestos mediante- se puede acceder a un dólar a $180, por debajo del dólar informal libre (ya en la zona de $210), el más relevante a la hora de analizar el gasto en divisas del turismo.

En este sentido, la velocidad de la recuperación del turismo internacional será fundamental a la hora de monitorear la dinámica del saldo de la cuenta corriente. De hecho, la suspensión de las cuotas para pasajes a partir de noviembre y el intento de promover como política de estado el programa Pre-Viaje -para así tratar de contener el flujo de turistas al exterior- son medidas que “ayudan” a moderar la velocidad del deterioro de la cuenta corriente de servicios.

Esto es relevante de cara a este año porque no esperamos encontrar un efecto compensador en el resto de los componentes de la cuenta corriente de servicios. Los servicios informáticos y empresariales, históricamente superavitarios, tendrían algo más de margen para recuperar con la vuelta a la normalidad pero no llegarán a aportar lo suficiente para contrarrestar la salida de dólares por turismo. Por otro lado, un eventual abaratamiento de los fletes -que desde fines de 2020 vienen encareciéndose fuertemente y ha sido la principal salida de divisas por servicios este año- podría también reducir la pérdida de divisas, pero por su magnitud dentro de las cuentas externas, esto no sería suficiente.

No obstante, un eventual deterioro del saldo de servicios por la vía de la cuenta viajes será sólo un factor que adicionará más tensión a un año ya de por sí desafiante, ya que el saldo de bienes (principal pilar de las cuentas externas) tiene riesgos a la baja por el lado de los precios (endurecimiento de la política monetaria a nivel global) y las cantidades (por las condiciones climáticas), mientras que por el lado de la cuenta financiera aún no se renegoció el crédito con el FMI, que implica pagos por casi USD 19.000 M este año.

Todo esto reafirma que este año será crucial el monitoreo de diversos elementos (política monetaria global, clima, fletes, turismo, negociaciones con el FMI, etc.) para entender como transitarán nuestras cuentas externas un año desafiante.

El superávit comercial fue de 14.750 millones de dólares

Las mayores importaciones en más de 40 meses

En diciembre, el superávit comercial de bienes volvió a ubicarse levemente por debajo de USD 400 millones y acumulando un saldo positivo de USD 14.750 millones en 2021. Este valor equivale a 2,9% del PBI.

Lo destacable fue el significativo incremento en las importaciones, que marcaron el máximo en 41 meses tras superar los USD 6.200 millones (+59% i.a.). Por este motivo, la buena performance de las exportaciones, que volvieron a superar USD 6.500 millones (+86% i.a.) no se reflejó en un saldo comercial algo más abultado. Vale destacar que, en ambos casos, el peso como porcentaje del PBI se ubicó en los mayores desde 2011 (12,7% y 15,6%, respectivamente).

Durante diciembre, la expansión de las importaciones estuvo impulsada por combustibles y lubricantes (+391% i.a.), bienes intermedios (+61% i.a.) y bienes de capital (+45,5% i.a.). Por el lado de las exportaciones, los productos primarios (+139% i.a. en valores) y las manufacturas de origen agropecuario (MOA) avanzaron apenas 113% dieron cuenta de la expansión. Vale destacar que la base de comparación se ve fuertemente afectada porque en diciembre de 2020 había tenido lugar un paro que afectó las operaciones portuarias que condicionó los envíos al exterior en ese entonces.

Breve racconto del año

En 2021, las exportaciones orillaron USD 78.000 millones (+42% i.a.), marcando el mayor valor desde 2012 y sumando USD 23.000 millones respecto a 2020. En este sentido, el principal aporte provino de las MOA, que superaron USD 30.000 millones (+42% i.a.) y de las MOA, que alcanzaron USD 20.000 millones (+50% i.a.). En el primer caso, contribuyó en mayor medida la mejora en los precios internacionales (+27% i.a.), mientras que, en el segundo, las cantidades exportadas (+33% i.a.) fueron las que facilitaron la mejor performance.

Por el lado de las importaciones, volvieron a superar los USD 60.000 (+49% i.a.), tal como ocurrió durante el período 2011-18. La mayor contribución vino por el lado de los bienes intermedios (+54% i.a.), combustibles y lubricantes (+121% i.a.), piezas y accesorios (+57% i.a.) y bienes de capital (+38% i.a.).

 

La mejora en los términos del intercambio experimentada durante 2021 es central para que la mejora en las exportaciones se deba en mayor medida a un efecto precio (explica el 60% del aumento de las exportaciones en valores) y, a la inversa, el desempeño de las importaciones se explica más por las cantidades (que explicaron el 60% del incremento de las importaciones en valores). En este sentido, de no haber sido por la evolución favorables de los precios, el saldo comercial hubiera sido menos de la mitad, apenas rozando los USD 7.000 millones.

¿Qué esperamos para 2022?

Como se ha mencionado reiteradas veces, la mejora de los precios internacionales de commodities no será la norma el próximo año. La necesidad de controlar una inflación en dólares que ya se reconoce como “menos transitoria” tendrá como resultado la apreciación de la divisa, afectando negativamente los precios internacionales y, en definitiva, la posibilidad que nuestro país vuelva a gozar de una sustancial mejora en los términos del intercambio. Asimismo, la existencia de complicaciones climáticas durante el verano podría resentir la cosecha gruesa, condicionando aún más los valores exportados.

Por otra parte, el rebote en las principales economías del mundo tras el fatídico 2020 no volverá a estar presente este año, por lo que no necesariamente habrá una mayor demanda de los bienes producidos internamente, especialmente por Brasil, para el que se prevé un crecimiento en la zona de 1%. Esta mayor austeridad en las perspectivas de crecimiento también se traslada a nuestro país, pero por motivos algo diferentes: el postergamiento de correcciones necesarias durante el año pasado no podrán continuar dejándose de lado, lo que condicionará el crecimiento económico -en torno al 2%- y la demanda de importaciones.

Estos factores convergerán en una reducción del saldo comercial para este año, será algo inferior a USD 10.000 millones, representando 1,6% del PBI.

El mayor flujo comercial acumulado a noviembre desde 2013

Se modera el superávit comercial al cierre del año

En noviembre, el superávit comercial de bienes rozó USD 400 millones, en línea con lo observado en igual mes del año pasado y acumulando un saldo positivo de USD 14.300 millones en lo que va del año. Las exportaciones superaron los USD 6.100 millones (+37% i.a.), cifra no vista desde 2012 para un mes de noviembre, mientras que las importaciones se ubicaron en torno a USD 5.700 millones (+40% i.a.). De esta manera, a falta de un mes para el cierre del año, el flujo comercial alcanzó USD 128 mil millones, el mayor desde 2013 a esta altura del año.

A diferencia de los últimos meses, el resultado positivo de la balanza comercial no fue impulsado por una significativa diferencia de los precios internacionales, ya que estos mostraron un avance del 23% i.a. para las exportaciones y de 21% i.a. para las importaciones, en donde se incluye el incremento de 50% del costo del flete frente a un año atrás.

A nivel desagregado, los productos primarios (PP, +75% i.a. en valores) lideraron la expansión debido a las mejoras tanto de los precios internacionales como de las cantidades. Fue seguido por las manufacturas de origen industrial (MOI, +60% i.a.) principalmente gracias a una mejora de más de 40% de las cantidades vendidas al resto del mundo. Finalmente, combustibles y energía avanzó 25% y las manufacturas de origen agropecuario (MOA) aumentaron apenas 13,5%, afectadas por un deterioro de casi 7% en las cantidades vendidas.

Por el lado de las importaciones, la principal suba se dio en combustibles y lubricantes (+217% i.a.). Además, se evidenció un incremento superior al 50% de bienes intermedios y de casi 30% de piezas y accesorios. Sin embargo, tanto los bienes de capital y de consumo mostraron avances en torno a 20% i.a., evidenciando que el principal énfasis en las importaciones estuvo más asociada a la dinámica propia del proceso productivo que de la inversión o del consumo final. En este sentido, se destaca que la importación de vehículos automotores de pasajeros se contrajo más de 20% en la comparación interanual.

¿Qué esperamos para los próximos meses?

Prevemos que la balanza comercial cierre el año por encima de los USD 15.000 millones. Sin embargo, 2022 traerá consigo algunas cuestiones a considerar.

En primer lugar, la mejora de los precios internacionales de commodities no será la norma el próximo año. La necesidad de controlar una inflación en dólares que ya se reconoce como “menos transitoria” por parte de la FED, golpeará en cierta medida los precios internacionales impidiendo que el efecto precio gobierne durante 2022. Asimismo, la existencia de complicaciones climáticas durante el verano podría resentir la cosecha gruesa durante el próximo año, condicionando aún más los valores exportados.

Por otro lado, el ritmo de crecimiento de la economía brasilera, nuestro principal socio comercial, dejará atrás las altas tasas vistas en 2021 (que fueron producto de la recuperación de la pandemia) y se desacelerará marcadamente. Esta moderación también afectará a China y al resto del mundo en general, poniéndole un techo a la expansión de la demanda externa de los bienes producidos en el país.

La dinámica de las exportaciones definirá la cantidad de dólares disponibles para las importaciones. Efectos negativos en los primeros complicarán la disponibilidad de divisas para las segundas, condicionando la recuperación de la economía y en especial de la actividad industrial, el motor de la recuperación en la salida de la pandemia.

El saldo comercial superará USD 15.000 millones este año

Continúa el efecto precio de las exportaciones

En octubre, el superávit comercial de bienes alcanzó USD 1.600 millones, más que duplicando los USD 670 millones del año pasado y acumulando un saldo positivo de casi USD 14.000 millones en lo que va del año. Las exportaciones rozaron los USD 6.900 millones (+46,5% i.a.), cifra no vista desde 2012 para un mes de octubre, mientras que las importaciones se ubicaron en torno a USD 5.200 millones (+31% i.a.), exhibiendo una expansión inferior a la de las exportaciones por segundo mes consecutivo.

Nuevamente, el desempeño favorable de la balanza comercial se vio traccionado por los precios internacionales, que mostraron un avance del 28% i.a. para las exportaciones pero solo 17,9% i.a. para las importaciones (a pesar de la duplicación en el costo del flete frente a un año atrás, principalmente en los envíos provenientes de China).

De esta forma, de no haber sido por el efecto precio, el saldo comercial se hubiese posicionado en la zona de USD 900 millones gracias al desempeño de las cantidades, que también fue positivo: en el caso de los envíos al exterior el incremento fue del 13,6% i.a., mientras que las compras mostraron una expansión del 11,1% i.a.

Dinámicas similares a nivel desagregado

A nivel desagregado, combustibles y energía lideró el alza de las exportaciones (+153% i.a. en valores) en gran parte debido a la más que duplicación de los precios. Este rubro fue seguido de productos primarios (PP, +73% i.a.), manufacturas de origen industrial (MOI, +56% i.a.) y manufacturas de origen agropecuario (MOA, 16% i.a.). Entre los desempeños más favorables se destacan el caso de cereales (+127% i.a.), oleaginosas (+73% i.a.), combustibles y aceites minerales (+171% i.a.), metales y sus manufacturas (+124% i.a.), petróleo crudo (+313% i.a.) y gas (+195% i.a.).

Por el lado de las importaciones, la principal suba se dio en combustibles y lubricantes (+191% i.a.), aunque hubo un avance en todos los rubros motivado por mayores cantidades demandadas, con la excepción de vehículos de pasajeros que mostró una caída de casi 44% i.a. Entre las mayores alzas se destacan los casos de combustibles y lubricantes elaborados (+310% i.a.), computadoras y teléfonos (+47% i.a.) y medicamentos (+95% i.a.).

¿Qué esperamos para los próximos meses?

No esperamos cambios significativos en la dinámica vista hasta el momento para lo que resta del año. Así, prevemos que la balanza comercial cierre en torno a los USD 16.000 millones. Sin embargo, 2022 traerá consigo algunas diferencias importantes.

Por un lado, el ritmo de crecimiento de la economía brasilera, nuestro principal socio comercial, dejará atrás las altas tasas vistas en 2021 (que fueron producto de la recuperación de la pandemia) y se desacelerará marcadamente, algo que se observa en el recorte de las proyecciones de crecimiento por parte del mercado, que pasó de 1,4% a 0,7% para 2022 en el último mes. China, por su parte, moderaría también su expansión y crecería “solo” 5,6%, de acuerdo a las últimas proyecciones del FMI. De esta forma, nuestras cantidades exportadas verían los efectos de una menor demanda.

En cuanto a los precios de los commodities, la bonanza ya no será la norma en 2022. La FED ya ha confirmado la disminución de sus estímulos monetarios y se espera que dé inicio a una política de suba de tasas en algún momento de 2022. No obstante, el mercado ya se ha hecho eco de este cambio en la política monetaria y los precios han comenzado a ver ajustes. En este sentido, la soja y el maíz se encuentran 15% y 22% debajo de sus máximos recientes alcanzados en el primer semestre de 2021, aunque aún se mantienen 36% y 45% por encima del precio promedio de 2020. Asimismo, la existencia de complicaciones climáticas durante el verano podría resentir la cosecha gruesa durante el próximo año, condicionando aún más los valores exportados.
Paralelamente, el barril de petróleo en la zona de los USD 80 juega de manera ambivalente. Por un lado, encarece nuestras importaciones de combustible.

Por otro, incrementa la rentabilidad en el sector de hidrocarburos no convencionales, estimulando el desarrollo de nuevos proyectos y mayores exportaciones.

De esta forma, esperamos para 2022 un superávit comercial de bienes inferior, en la zona de los USD 10.000 millones.

¿Cómo impactará la vuelta a la normalidad de las condiciones externas?

En 2021 dos características del contexto internacional fueron muy favorables para el sector externo. En primer lugar, el intercambio comercial de bienes se vio beneficiado por unos precios extraordinarios para nuestros productos de exportación. En segunda instancia, las restricciones al turismo cerraron una cuenta históricamente deficitaria del balance de pagos.

Sin embargo, tanto los valores de los productos agrícolas como el movimiento internacional de pasajeros podrían retornar a valores más “típicos” en 2022. La reversión de los primeros no solo fue la norma en los últimos booms de commodities, sino que también es una previsión acorde a lo que se espera de las finanzas internacionales para los próximos tiempos: así como la política monetaria expansiva de Estados Unidos alimentó el crecimiento de estos precios, su contracción ya anunciada podría revertir al menos parcialmente estas subas. Respecto al turismo, la dilución de la pandemia por el avance de la vacunación en el país y el exterior están abriendo paulatinamente la posibilidad de viajar internacionalmente.

Los precios internacionales, en particular el incremento que experimentó la soja y sus derivados, traccionaron el superávit comercial de bienes a lo largo del año. En tanto, un muy acotado déficit de servicios permitió que este saldo fuera acumulado como reservas del Banco Central, a pesar de la elevada brecha, la intervención cambiaria y algunos pagos de deuda. Pero ¿qué podría pasar con condiciones externas no tan favorables? ¿cómo sería el desempeño del comercio agrícola y del resto del sector externo?

Los commodities al ritmo de la política monetaria estadounidense

Frente a la crisis del Covid-19 muchos países respondieron con grandes paquetes de políticas fiscales y monetarias. Estados Unidos no fue la excepción, ya que incrementó su gasto público y realizó una importante inyección de dólares que elevó la liquidez global. Esto redujo las tasas de interés internacionales, suavizando el efecto de la recesión sobre los ingresos de los hogares y las empresas, pero al mismo tiempo impulsando al alza el precio de muchos productos y opciones financieras.

En particular, un hecho que se repite en estos ciclos de política monetaria expansiva es la suba de los precios de los commodities. Este comportamiento explica que el índice del precio de materias primas que elabora el BCRA haya saltado 60% -medido en dólares- entre el comienzo de la pandemia y mediados de este año. Uno de los productos que más trepó fueron los porotos de soja, que alcanzaron valores máximos desde 2012. Por este motivo, nuestras exportaciones en los primeros nueve meses de este año fueron récord desde 2013, debiendo más de la mitad del superávit comercial al avance de los términos de intercambio.

Sin embargo, la crisis del Covid fue pasajera y, a medida que el nivel de empleo se recupera en las principales economías del mundo, las políticas tomadas por dicha crisis van encontrando sus límites. En este sentido, la Reserva Federal estadounidense anunció que pronto moderaría el ritmo de inyección monetaria mensual, acomodando su política a sus objetivos de inflación de largo plazo. A la vez, la mitad de sus miembros espera una suba de tasas en 2022 y prácticamente todos proyectan que el alza llegará antes de 2023, dejando claro que el sesgo de la política, más temprano que tarde, se volverá contractivo.

Este giro de la política monetaria revertiría, al menos parcialmente, las subas de precios generadas, desinflando las cotizaciones de los activos y bienes que había impulsado. Frente a estas previsiones, los precios de los commodities ya comenzaron su sendero descendente: el poroto de soja cayó 14% entre mayo y septiembre, el aceite de soja se redujo 11% en el mismo período y los pellets, cuyo máximo valor había sido alcanzado en enero, ya se ubican 17% por debajo. Peor aún, si tomamos los contratos futuros como referencia de la evolución de los precios para los próximos meses, vemos que los participantes de este mercado esperan que los precios del poroto, aceite y pellets de soja todavía caigan entre un 5% y un 15% adicional en el próximo año.

Considerando que el complejo sojero exportó en los primeros nueve meses del año USD 18.500 millones, estas bajas representarían una pérdida muy sensible para el comercio exterior. Este complejo representa una fracción muy relevante de las exportaciones (32%) pero su relevancia en términos del saldo comercial es todavía mayor: al descontar las importaciones del mismo rubro (principalmente, se compran porotos para industrializar en el complejo de crushing), el superávit de este segmento fue de USD 16.300 M, 32% más que el saldo de todo el comercio de bienes. Si incorporamos también los complejos de compraventa de maíz y trigo, las exportaciones de estos tres granos y sus subproductos representan casi la mitad de las ventas totales.

Por este motivo, la dinámica de estos los precios tiene un impacto significativo tanto en las exportaciones como en el superávit externo. Un matiz a este deterioro lo marca el hecho de que el precio recibido por los embarques locales se encuentra momentáneamente desligado de la cotización internacional y no se redujo en la misma cuantía. Sin embargo, la situación podría empeorar si las cotizaciones locales convergieran a las externas y si se sumara algún problema climático que afectara las cantidades cosechadas (una inundación o sequía que, por ahora, no se estaría previendo).

El intercambio de servicios se deterioraría con la vuelta del turismo

En lo que hace al resto del comercio de bienes, no esperamos grandes movimientos de cara al año próximo. Por el lado de los envíos de manufacturas, la venta de productos industriales está creciendo (en facturación y en volúmenes) impulsada por la recuperación de la actividad económica en Brasil (se estima que su PBI crecería 5,0% en 2021 y 5,4% para la producción industrial) y el resto de nuestros socios comerciales.

Considerando que el año próximo este crecimiento aminoraría, pero no se detendría, la demanda externa seguirá siendo favorable sobre este tipo de productos. Respecto a las importaciones, proyectamos que el módico crecimiento de la actividad económica y el consumo privado doméstico moderen su suba, que además podría verse administrada con mayores controles a las compras del exterior. En este sentido, ni las exportaciones de manufacturas industriales ni las compras perturbarían la evolución de las reservas.

Sin embargo, una cuenta que sí insumirá un mayor monto de divisas en lo que viene será el comercio de servicios. El principal componente de esta partida es el turismo internacional. Luego de casi un año y medio en que este rubro permaneció prácticamente cerrado, la eliminación de restricciones a los vuelos (tanto para salir como para ingresar al país) permite que podamos proyectar una recuperación de los viajes emisivos y receptivos.

Esta apertura fomenta a algunas de las actividades más golpeadas por la crisis (de hecho, son los rubros que se busca favorecer con programas como ‘pre-viaje’ a nivel nacional, ‘super viaje BA’ en CABA y ‘Regreso’ en la Provincia de Buenos Aires). A pesar de ello, aunque el efecto sectorial de esta recuperación sea positivo, el saldo en divisas seguramente será deficitario: el resultado del intercambio turístico fue sistemáticamente negativo desde 2006, cuando comenzó a relevarse con la metodología vigente. Además, la incipiente recuperación está tomando con mayor velocidad por el lado de los turistas que viajan al exterior en comparación con aquellos que ingresan (en los primeros ocho meses del año, recibimos alrededor de 75 mil viajeros del extranjero mientras que salieron del país 332 mil residentes).

Dos sectores que marcarán el ritmo de las divisas

En los próximos meses la economía doméstica difícilmente reciba grandes influjos de capitales. Las restricciones al giro de divisas desalientan la inversión productiva, a la vez que las regulaciones sobre los mercados financieros y el riesgo país alejan las colocaciones financieras. De este modo, la dinámica de los movimientos con el exterior quedará determinada por el intercambio de bienes y servicios y los pagos de deuda.

Aunque el último de estos componentes será relativamente acotado el año próximo (descontando que se están negociando los vencimientos programados con el FMI), el intercambio comercial deberá financiar la mayor parte de las necesidades de divisas de la economía. A lo largo de este año el Banco Central compró reservas internacionales, brindando cierta idea de solidez a las cuentas externas. Sin embargo, la acumulación se debió por completo a los dos factores mencionados y la posición del BCRA en el mercado cambiario no sería tan holgada el año próximo. En este plano, la “normalización” del precio de los commodities agrícolas y los flujos turísticos podrían traer malas noticias, amenazando la disponibilidad actual de divisas.

Dando por hecho que el turismo internacional se recuperará el año entrante, la clave para monitorear en lo que viene será la secuencia de políticas que implemente la reserva federal estadounidense. Aunque una caída en el precio de los productos de exportación nunca es favorable, Argentina podría reducir su incertidumbre si desligara la disponibilidad de dólares de estas volatilidades. En tanto no se resuelvan los desequilibrios que hoy desalientan el ingreso de capitales, la única alternativa para hacerlo es incrementar los volúmenes exportados, una tarea todavía pendiente.

Las exportaciones tuvieron su mejor septiembre en 10 años

¿Cómo fue el resultado comercial en septiembre?

En el noveno mes del año, el superávit comercial fue cercano a los USD 1.700 millones. Este resultado es más del doble del obtenido en el mismo mes del año pasado, cuando el saldo positivo fue de algo menos de USD 600 millones. De esta manera, el superávit acumulado en los primeros tres trimestres del año es de más de USD 12.300 millones. Por primera vez en el año este monto se ubicó por encima del de igual lapso de 2020 (+4%) y alcanzó máximos para este período desde el año 2009.

Una vez más, la bonanza externa está relacionada con el valor de las exportaciones, que se vieron impulsadas por mayores envíos en volúmenes y también por una mejoría en los precios. Las ventas al exterior superaron los USD 7.500 M (+60% i.a.), siendo las más altas para el mes de septiembre desde 2011. Al mismo tiempo, las importaciones también crecieron, aunque por primera vez en el año lo hicieron a un ritmo inferior al de las exportaciones (+43% i.a.). Con estos datos, las exportaciones acumulan un total de USD 58.300 millones (+38% i.a.) en lo que va del año, mientras que las importaciones fueron de casi USD 50.000 millones (+52% i.a.).

¿Qué influyó en el avance de las compras y ventas?

De la misma manera que en agosto, tanto precios como cantidades contribuyeron a la suba de las exportaciones. Mientras que los primeros saltaron 30% i.a., los volúmenes treparon 23% i.a. Esto es una buena noticia para las ventas al exterior y fue difundido para todos los rubros: los envíos de productos primarios subieron 51% i.a., los de combustibles y energía 37% i.a., los de Manufacturas de Origen Industrial (MOI) 18% i.a. y los de Manufacturas de Origen Agropecuario (MOA) 11% i.a., siempre medido en cantidades.

En particular, se destaca la venta de maíz, que se incrementó 119% i.a., de trigo, que creció 136% i.a., y de porotos y aceite de soja, que saltaron 597% i.a. y 90% i.a. Por el lado de las MOI, la venta de vehículos más que se duplicó.

Por el lado de las compras, los precios avanzaron 19% i.a. y las cantidades crecieron 20% i.a. En este caso, todos los usos económicos demandaron un mayor volumen de compras, con la excepción de combustibles y vehículos. Los que mostraron saltos más grandes en cantidades fueron los bienes de capital (+26% i.a.) y sus piezas (+41% i.a.).

Una vez más, casi un tercio del superávit se debió al efecto de los precios. Si los términos de intercambio hubieran permanecido estables respecto al año pasado, el saldo del comercio de bienes habría sido de USD 1.100 millones. En lo que va del año, este efecto explicó USD 5.300 millones (43% del superávit registrado).

¿Qué esperamos para lo que queda del año?

Para el último trimestre del año no esperamos que las cotizaciones de los productos de exportación disminuyan significativamente. De este modo, el superávit podría ubicarse en la zona de los USD 15.000 millones.

 

Frente externo a salvo: ¿hasta cuándo?

Luego de una década con déficit en las transacciones comerciales con el exterior, en 2020 Argentina evidenció un saldo favorable en la cuenta corriente del balance de pagos. Así, el frente externo aportó una de las pocas buenas noticias en un año plagado de dificultades económicas y sociales. Sin embargo, la mejoría de la cuenta corriente estuvo ayudada por varios factores que no necesariamente se mantendrán en el tiempo. En la primera mitad de este año, tras la recuperación de los flujos internacionales de bienes y la paulatina normalización del intercambio de servicios, esta variable continuó en terreno positivo. Considerando que la disponibilidad de divisas es uno de los problemas más importantes y recurrentes de nuestro país, vale la pena preguntarnos ¿qué explicó este superávit? Y, más importante aún, ¿qué nos espera hacia adelante?

Un 2020 excepcional

La cuenta corriente incluye a todos los intercambios de bienes y servicios entre residentes en Argentina y el resto del mundo. También, contempla los pagos de utilidades, dividendos e intereses entre agentes domésticos y extranjeros. Por último, incluye a las transferencias corrientes sin contraprestación entre residentes y no residentes (como, por caso, las remesas). De esta manera, el resultado de la cuenta corriente (junto con el saldo de la cuenta de capital) equivale a las necesidades de financiamiento del país, cuando es negativo, o las acreencias obtenidas frente al sector externo, cuando es positivo.

Nuestra cuenta corriente pasó a ser negativa en el año 2010. En aquel entonces, el intercambio de bienes era superavitario, pero no alcanzaba para compensar las salidas netas por los pagos de intereses, el giro de dividendos y el déficit del turismo. Desde ese momento, el desbalance fue creciente, con la erosión del superávit del comercio de bienes, el creciente déficit turístico y el persistente signo negativo del ingreso primario (intereses y dividendos). En 2017 y 2018 las necesidades de financiamiento alcanzaron el 5% del PBI cada año, agotando el financiamiento de mercado disponible y generando una crisis cambiaria.

El salto del dólar ayudó a balancear nuevamente el comercio de bienes: un dólar más caro hace más competitivos a nuestros productos en el exterior, a la vez que encarece a las importaciones en relación a la producción doméstica. Además, la importante caída de la actividad impacta en la demanda de bienes finales, insumos y maquinaria del exterior, pero no afecta de igual modo a las exportaciones. Es así que desde el último cuarto de 2018 el saldo comercial volvió a terreno positivo, y desde el último trimestre de 2019 la magnitud de este superávit fue tal que revirtió la cuenta corriente. De esta manera, el 2020 concluyó con un resultado positivo de USD 3.300 M (0,9% del PBI).

Sin embargo, un tipo de cambio mayor no fue el único motivo por el cual el saldo de la cuenta corriente fue superavitario en 2020. A este factor hay que sumar el derrumbe del intercambio de servicios, especialmente del turismo internacional, que fue uno de los sectores más afectados por la pandemia: a nivel global, los traslados de viajeros se contrajeron en un 74% debido a las restricciones sanitarias. En nuestro país, tanto la entrada como la salida de turistas se derrumbaron 77% i.a. De esta forma, el déficit de esta cuenta en el balance de pagos se redujo a una cuarta parte, mostrando la mínima necesidad de divisas en una década. Si el saldo de turismo hubiera repetido el del año previo, se habrían requerido alrededor de USD 3.100 M adicionales.

Por otra parte, el proceso de reestructuración de la deuda implicó un alivio en el pago de intereses del Gobierno. Considerando únicamente la deuda externa (según criterio de residencia de la balanza de pagos), el ahorro del cuarto trimestre del 2020 fue de alrededor de USD 1.400 M. De este modo, sin mediar la mejoría debida a las restricciones a los viajes internacionales y el ahorro en los servicios de la deuda pública externa, el saldo de la cuenta corriente habría sido deficitario en alrededor de USD 1.300 M (0,3% del Producto, similar al de 2010 o 2012).

2021 también contó con ayuda externa

En la primera mitad de este año la cuenta corriente exhibió un superávit externo de USD 3.300 M (0,7% del PBI), mostrando un resultado favorable muy similar al de igual período del año previo en términos de divisas. Sin embargo, tres factores impulsaron este dato al alza.

En primer lugar, el turismo siguió prácticamente cerrado: la llegada de viajeros volvió a caer 89% i.a. en comparación con la primera mitad del 2020 y estuvo 95% por debajo de igual lapso de 2019. La salida, en tanto, se redujo 59% i.a. y es 85% menor a la del último año antes de la pandemia. Una vez más, si tomáramos de referencia al 2019, el turismo habría insumido USD 2.100 M más que lo efectivamente observado.

Por otra parte, el pago de intereses volvió a ser acotado, dado el nuevo perfil de la deuda surgido de la reestructuración. Esta alejó los pagos de capital en el tiempo y redujo la carga de intereses, dejándole menores vencimientos al Tesoro en el corto plazo. Estimamos que el ahorro resultante para el primer semestre de este año alcanzó alrededor de USD 2.200 M.

Por último, el salto de los precios de los commodities en lo que va del año configuró unos términos de intercambio muy positivos para nuestro país, apuntalando el balance del comercio de bienes. Si bien en términos absolutos el saldo de bienes fue algo menor en el primer semestre respecto de igual lapso del 2020 (-9%), el INDEC estima que en los primeros seis meses hubo una ganancia por efecto de los precios de USD 4.200 M. Es decir, de haberse mantenido los precios internacionales de la primera mitad del 2020, el saldo de bienes habría caído alrededor de 60% i.a.

De esta forma estimamos que, sin mediar el derrumbe del turismo internacional, el alivio en la carga de intereses por la reestructuración ni la mejora en los términos de intercambio, el resultado de la cuenta corriente del primer semestre habría mostrado un déficit de USD 5.200 M (1,1% del PBI).

¿Qué podemos esperar para lo que viene?

En la segunda parte de este año, todos los factores que vienen ayudando a la cuenta corriente seguirán presentes. Por el lado del pago de intereses, la deuda externa del Gobierno Nacional sólo devengaría USD 1.700 M (el ahorro por la reestructuración sería de otros USD 1.900 que no se pagarán). Por la cuenta de servicios, el turismo internacional sigue muy limitado y sólo se incrementaría hacia el cierre del año. Por último, en lo que hace a los bienes, los resultados del bimestre julio-agosto fueron muy positivos, con las exportaciones en máximos. Así, esperamos que la cuenta corriente cierre el año con un superávit de más de 1% del Producto.

Sin embargo, las preocupaciones vuelven a aparecer mirando los números para el año próximo. Allí, desaparecerían las limitaciones al turismo y un potencial comienzo del tapering de la FED (un giro hacia una política monetaria más contractiva en Estados Unidos) podría revertir la mejora de los términos de intercambio. Así, más temprano que tarde, de los tres factores que mejoraron la cuenta corriente este año sólo seguiría vigente la baja carga de intereses por reestructuración de la deuda (se proyectan USD 4.000 M en 2022, un monto muy similar al de este año).

Para peor, aunque la facturación es récord, las cantidades exportadas no crecen a igual ritmo (en el primer semestre se ubicaron 1,5% por debajo de 2019). En este sentido, y considerando que en los próximos años se incrementarán los pagos por la cuenta financiera (en principio a los bonistas, mientras que resta definir la conclusión de las negociaciones con el FMI), destaca la necesidad de aumentar las exportaciones y mantener una cuenta corriente positiva. Incrementar los volúmenes vendidos es la manera más sostenible de hacerlo y evitar un endeudamiento externo que incremente los riesgos de una nueva crisis de la balanza de pagos.

Las exportaciones de agosto fueron las terceras mayores de la historia

¿Cómo fue el resultado comercial en agosto?

En el octavo mes del año, el superávit comercial superó los USD 2.300 millones. Este saldo es el mayor desde noviembre de 2019. Sin embargo, en aquel momento se obtuvo con un flujo de intercambio 33% menor al actual. Así, el superávit acumulado por el intercambio de bienes acumula más de USD 10.600 millones en lo que va del año, y se ubica apenas 5% por debajo de igual lapso del 2020 (cuando las importaciones se contrajeron fuertemente, por efecto de la pandemia). Sin considerar el año pasado, es el mayor resultado positivo para un período enero-agosto desde 2009.

Nuevamente, este dato estuvo vinculado con una evolución muy favorable de las exportaciones. Las ventas al exterior alcanzaron los USD 8.000 M (+63% i.a.), marcando su tercer mejor registro de la historia (solo detrás de agosto de 2011 y mayo de 2013). En simultáneo, las importaciones también crecieron a buen ritmo (+64% i.a.). De este modo, las exportaciones acumulan un total de USD 50.700 millones (+35% i.a.) en lo que va del año, mientras que las importaciones fueron de USD 40.100 millones (+53% i.a.).

¿Qué influyó en el avance de las compras y ventas?

Las exportaciones de agosto siguieron impulsadas por sus precios, que treparon 30% i.a. Sin embargo, a diferencia del mes previo, las cantidades también se incrementaron a buen ritmo, saltando 26% i.a. con respecto a igual mes de 2020. De esta forma, el crecimiento de las ventas al exterior se torna más sostenible, al ser un proceso independiente de la evolución de las cotizaciones. El producto que más avanzó fueron los combustibles, cuyas cantidades exportadas crecieron 67% i.a. De cualquier manera, el peso de este rubro es menor en nuestra canasta total de exportaciones. En segundo lugar, los volúmenes vendidos de Manufacturas de Origen Industrial (MOI) subieron 39% i.a. Por último, en lo que hace a Manufacturas de Origen Agrícola (MOA) y Productos Primarios, su avance sigue más vinculado a los precios de los commodities que a un salto de las cantidades enviadas: aunque sus volúmenes avanzaron 11% i.a. y 23% i.a., respectivamente, sus precios treparon 32% i.a. y 38% i.a. En cualquier caso, se destacaron en agosto los envíos de porotos y aceite de soja (+130% i.a. y +117% i.a.), trigo (+233% i.a.) y aceite de girasol (+443% i.a.), que traccionaron las ventas de estos sectores.

Por el lado de las importaciones, también crecieron tanto los precios como las cantidades. Los primeros crecieron 23% i.a. y las segundas 33% i.a. En este caso, el producto que más creció fueron las piezas y accesorios para bienes de capital, cuyos volúmenes demandados se incrementaron en 84% i.a., aunque todos los rubros (excepto vehículos) mostraron importantes subas.

La variación de precios contribuyó con un tercio del superávit comercial del mes: a precios de agosto de 2018, el saldo positivo habría sido de USD 1.500 millones. Este monto sigue siendo un balance favorable. En lo que va del año, el efecto de las cotizaciones explicó algo más de la mitad del superávit acumulado.

¿Qué esperamos para lo que queda del año?

Teniendo en cuenta el buen desempeño de las exportaciones, esperamos que el superávit comercial sea superior al del año pasado. Aunque en los primeros ocho meses del año este todavía se ubica algo por debajo, en el último cuatrimestre de 2020 se dio una postergación de ventas y adelanto de compras que no esperamos que se repita en 2021. De esta manera, el último lapso del año mostraría un saldo mejor al del año previo.

Todas las regiones aumentaron su nivel de exportaciones en el primer semestre

En un semestre marcado por la recuperación del comercio global y la suba de los precios de las commodities, las ventas argentinas al exterior crecieron 28% respecto a la primera mitad del 2020. A pesar de ser un salto respecto a un semestre de ventas particularmente bajas, estos datos las ubican 15% por encima del mismo período del 2019. Sin embargo, la dinámica fue muy heterogénea de acuerdo a las diversas regiones e industrias que coexisten a lo largo del país.

Si consideramos a los 19 principales sectores de exportación, sólo cuatro (que representan apenas el 4% de nuestras ventas al exterior) redujeron sus envíos al resto del mundo. Estos fueron los complejos avícola (-13% i.a.), hortícola (-12% i.a.), tabacalero (-10% i.a.) y frutícola (-8% i.a.). El resto de los rubros, en cambio incrementó sus ventas, destacándose el complejo automotriz (+77% i.a., ligado a la recuperación de la industria brasileña), el sector oleaginoso (+53% i.a., debido a la suba del precio de la soja y sus derivados) y el complejo azucarero (+48% i.a.).

La recuperación fue significativa en todas las regiones, con el sector pampeano liderando las ventas (+34% i.a.). Este efecto estuvo, nuevamente, muy vinculado con la campaña agrícola y el aumento de la cotización de sus productos. De este modo, las ventas de productos con origen santafecino treparon 58% i.a. En segundo lugar, las exportaciones del noreste crecieron 29% i.a., por un salto del 167% en los envíos de Corrientes. El producto que traccionó las ventas de esta provincia fueron los químicos, aunque también los envíos de arroz y combustibles y energía tuvieron buenos desempeños. En el siguiente puesto se ubicó la evolución de las ventas de la Patagonia, que crecieron 12% i.a. Chubut (+22%) y Santa Cruz (+21%) mejoraron significativamente sus ventas, por la suba en el precio del petróleo. En cuarto lugar, las ventas de Cuyo aumentaron 6% i.a., debido principalmente a un salto en los envíos de maíz desde San Luis. Por último, las ventas del Noroeste se incrementaron apenas 2% i.a., a pesar de que las exportaciones jujeñas saltaron 80% i.a. de la mano de mayores envíos de azúcar.

9 provincias disminuyeron sus envíos, a pesar de las condiciones favorables para la exportación. En particular, se destaca una reducción de las ventas de Neuquén (-56% i.a.), en donde hubo una mala performance de los envíos de gas (-82% i.a.), aunque también influyó una disminución de 10% en la venta de frutas. En simultáneo, La Rioja (-26% i.a.), Tierra del Fuego (-20% i.a.), la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (-19% i.a.), Chaco (-16% i.a.), Santiago del Estero (-15% i.a.), San Juan (-10% i.a.), Tucumán (-6% i.a.) y Entre Ríos (-4% i.a.) también acotaron sus envíos.

Para los próximos meses, esperamos que el desempeño de las exportaciones siga siendo positivo, y finalicen el año en la zona de los USD 70.000 M (+27% i.a.). Esto implicaría una desaceleración muy leve de las ventas en la segunda mitad del año, ya que los envíos en el último cuarto del 2020 no se vieron tan afectados por la pandemia, pero sí por la brecha cambiaria y el paro en varios puertos. Este monto sería el máximo desde 2013. El desafío pendiente será fortalecer las cantidades exportadas, para que las ventas puedan crecer independientemente de los precios internacionales.

Las exportaciones acumuladas a Brasil ya superaron a las de 2019

En agosto, el intercambio de bienes con Brasil superó los USD 2.100 millones, convirtiéndose en el mayor en 3 años. La variación del flujo de comercio fue de 57% i.a. con respecto a igual mes del año pasado, marcando una racha de 8 meses consecutivos al alza, y acumula un aumento de 49% i.a. en lo que va del 2021. A su vez, dicha recuperación más que compensa la caída causada por la pandemia, ya que la compraventa de bienes desde y hacia nuestro principal socio comercial supera en 7% a la de igual período de 2019.

El aumento en el comercio se dio tanto por el lado de las importaciones como de las exportaciones, que crecieron ambas a ritmos similares. Las importaciones provenientes del principal socio del MERCOSUR treparon 55% i.a. en agosto (acumulando un alza de 53% en el año), mientras que las exportaciones se incrementaron en 60% i.a. en el mes (avanzando 46% en lo que va del 2021).

El saldo comercial, en tanto, arrojó un saldo negativo de USD 116 millones, creciendo 20% en relación a igual mes de 2020. En lo que va del año, la balanza comercial con el país vecino mostró un déficit de USD 676 millones, frente a USD 211 millones en igual lapso del año pasado.

Tanto las exportaciones como las importaciones superaron a las de 2019. Considerando que el comercio global se vio golpeado por la pandemia en 2020, es más adecuado comparar el intercambio bilateral con el de 2019, año que no se vio afectado por ella. En este sentido, tanto las compras como las ventas ya superan sus valores de entonces. Al comparar con agosto de dicho año, las exportaciones fueron 21% superiores y las importaciones 29% mayores. En una visión de mayor alcance, en el acumulado anual las compras se ubicaron 14% por encima de los primeros 8 meses de 2019, mientras que las ventas por primera vez superaron esta referencia.

El crecimiento del intercambio comercial es el reflejo de la recuperación de ambas economías. Sin embargo, también implica para nuestro país un mayor uso neto de divisas, dado que la balanza comercial con Brasil es tradicionalmente deficitaria, más aún considerando que el crecimiento proyectado es mayor para Argentina (+7,0% anual) que para Brasil (+5,2%).

En adelante, esperamos que el flujo comercial continúe creciendo. Los datos de actividad doméstica serán buenos en los próximos meses, y la industria brasileña liderará la mejoría en el país vecino (se espera que crezca cerca de 6% anual). Sin embargo, las expectativas de una suba del tipo de cambio con posterioridad a las elecciones podrían causar que se adelanten algunas compras y se posterguen algunas ventas, profundizando el sesgo deficitario del intercambio. De cualquier manera, este rojo será más que compensado con saldos positivos con otros destinos, y contaremos con un superávit comercial a nivel agregado en 2021.