Primer Superávit Bilateral con Brasil en 2022

El comercio bilateral con Brasil mostró el primer superávit mensual para Argentina desde diciembre del 2021. Pese a la caída interanual de las exportaciones, el impacto de las restricciones a las importaciones permitió alcanzar un saldo bilateral positivo en noviembre, cortando así una racha de diez meses consecutivos en rojo. En números, con un flujo comercial que volvió a superar los USD 2.400 millones, el saldo comercial bilateral en noviembre mostró un superávit de USD 57 millones. No obstante, dicho superávit presenta menos de un quinto del saldo alcanzado para el mismo mes en 2021 (más de USD 300 millones), lo que refleja una reducción interanual superior al 80%.

Con esta dinámica, las exportaciones acumuladas hasta noviembre superaron ya los USD 12.000 millones (+13% i.a.), aunque fueron ampliamente superadas por unas importaciones que rozando los USD 14.400 millones (+34% i.a.). En consecuencia, el saldo comercial bilateral acumulado en lo que va de 2022 muestra un rojo de USD 2.256 millones, el más elevado en los últimos cuatro años.

Volviendo a noviembre, las exportaciones alcanzaron el mayor valor de los últimos tres meses pese a hilar dos meses consecutivos de reducción en su comparación interanual (-8% i.a. en noviembre). Concretamente, las ventas a Brasil se ubicaron en USD 1.250 millones y se ubicaron un 15% por encima de su promedio para los primeros diez meses del año. En su composición, las ventas de vehículos (tanto para el transporte de mercaderías como para pasajeros) se incrementaron en su comparación interanual (+28%) y explicaron más del 40% de las exportaciones bilaterales al totalizar USD 515 millones.

Paralelamente, las exportaciones alcanzaron el mayor nivel de representación dentro de las importaciones de su principal socio comercial en lo que va del año (5,8% en noviembre cuando promedió el 4,7% en los primeros diez meses). En el acumulado hasta noviembre, las exportaciones argentinas a Brasil explicaron menos del 5% de las importaciones total, cuando en 2019 promediaban un 6% y a principios de los 2000 un 12%.

Por su parte, las importaciones desde Brasil mostraron su menor nivel mensual desde febrero y desaceleraron su evolución interanual por segundo mes consecutivo. Concretamente, pasaron de crecer un 47% i.a. en septiembre y un 37% i.a. en octubre a menos de un 14% i.a. en el noveno mes del año. En cuanto a montos, las compras a Brasil se ubicaron por debajo de los USD 1.200 millones en noviembre, lo que implica una reducción del 18% contra el promedió que mostraron en los seis meses previos. A su interior, se destacaron tanto los vehículos destinados al transporte de pasajeros como sus piezas y accesorios, que en conjunto sumaron USD 265 millones y representaron más de un quinto de las importaciones bilaterales.

¿Qué esperamos para 2023?

Con vistas a 2023, habrá que prestarle una especial atención a dos factores que marcarán la dinámica de nuestras exportaciones hacia Brasil: el rumbo económico que decida adoptar la nueva gestión en Brasil y la evolución de la actividad económica.

En cuanto a lo primero, pese a ya haber atravesado el periodo de volatilidad asociada a las elecciones presidenciales, aún persiste cierta incertidumbre en el mercado sobre la elección del ministro de Economía de Lula y el rumbo económico que esbozarán las nuevas autoridades. En este sentido, habrá que monitorear el impacto que tendrá en los mercados financieros no sólo la eventual designación, sino también las medidas económicas que se adopten en los primeros meses de gestión. No obstante, más allá de la expectativa por las nuevas autoridades y la posibilidad de una mayor integración regional, el comercio bilateral con Brasil se ve influenciado principalmente por factores estructurales de largo y mediano plazo. Consecuentemente, no esperamos una variación sustancial en nuestras exportaciones para 2023.

Con relación al segundo punto, el mercado ha ajustado levemente al alza las expectativas de crecimiento tanto para 2022 (+2,7%) como para 2023 (+0,7%), mientras que las expectativas de inflación y devaluación también se han mostrado en niveles relativamente estables gracias a los elevados niveles de la tasa SELIC.

En conclusión, un buen desempeño de las exportaciones con destino a Brasil, principalmente vinculadas al sector industrial, será crucial durante 2023 para sostener el ingreso de divisas frente a la merma en las exportaciones del agro generada por la sequía.

Impacto rezagado en el superávit de octubre

Síntesis

La balanza comercial en octubre alcanzó el tercer superávit mensual más alto desde 2020 y el mejor octubre de los últimos 30 años. Más allá del recorte en las importaciones ante la vigencia de restricciones y mayores controles, buena parte del resultado comercial positivo encuentra su explicación en la demora de los embarques de las exportaciones efectuadas en el marco del “dólar soja” durante septiembre. Por tal motivo, si bien las estadísticas de Intercambio Comercial que comunica el INDEC muestran un elevado superávit, aquel ingreso neto de divisas se dio efectivamente durante el mes previo. En números, con un intercambio de USD 13.975 millones, el saldo comercial del último es fue positivo por USD 1.827 millones.

En este marco, el superávit comercial en los primeros diez meses del año fue apenas un tercio del acumulado hasta octubre en 2021 (-68% i.a.). Concretamente, en lo que va de 2022 las exportaciones acumularon USD 75.143 millones (+15% i.a.) y las importaciones USD 70.738 millones (+38% i.a.). De tal forma, el superávit comercial hasta octubre se ubicó en USD 4.405 millones, un monto sumamente inferior los más de USD 13.955 millones que se acumularon en el mismo periodo para 2021.

 

Más exportaciones por “dólar soja” y 5to mes de moderación de las importaciones

Las exportaciones volvieron a crecer (+15% i.a.) en su comparación interanual luego de dos meses consecutivos de contracción. De tal forma, alcanzaron el mayor valor desde julio, aunque se ubicaron en niveles similares al promedio de los 6 meses previos (abril-septiembre). Su elevado nivel (USD 7.900 millones) se encuentra principalmente explicado por la demora en los embarques de las exportaciones del agro que se efectuaron en septiembre en el marco del “dólar soja”. De hecho, más allá del buen desempeño de las Manufacturas de Origen Industrial (alcanzaron el segundo valor mensual más alto del año y crecieron casi un 17% i.a.), los Productos Primarios se incrementaron más de un 30% i.a. y explicaron más de la mitad del crecimiento de las exportaciones totales.

Las importaciones mostraron el nivel más bajo de los últimos 8 meses, situándose apenas por encima de los USD 6.000 millones. Concretamente, mostraron ya el quinto mes consecutivo de desaceleración en su evolución interanual. A su vez, cayeron casi un 22% contra su nivel en el tercer trimestre y más de un 15% contra su promedio en los primeros 9 meses del año. Si bien buena parte de su reducción contra los niveles del tercer trimestre se explica por la caída estacional en las importaciones de energía, casi la mitad del recorte se debe a las restricciones impuestas sobre las importaciones no energéticas gracias a la implementación de las SIRA en la segunda mitad del mes. Al igual que en los últimos meses, el principal uso económico ajustado (exceptuando el energético) fueron los Bienes Intermedios, que se ubicaron un 15% por debajo de su promedio en el tercer trimestre.

Mayor costo de fletes

Por su parte, los costos de fletes continuaron el repunte que se evidencia desde julio. El valor unitario del flete internacional superó los USD 140 por tonelada en octubre, mostrando un aumento del 2,5% contra septiembre y del 32% contra el piso de junio. Si bien dicho valor es aún un 10% inferior al pico de enero, muestra una suba del 25% contra octubre de 2021 y del 147% contra el mismo mes en 2020.

¿Qué esperamos para los próximos meses?

De cara al último bimestre del año, estimamos que el saldo comercial continuará siendo superavitario, dado que impactará el mayor control sobre las importaciones y también seguirán reflejándose con cierto retraso el devengamiento de las exportaciones del agro que se dieron en septiembre. Adicionalmente, si bien es de esperarse una baja en los niveles para noviembre y diciembre vinculada a la reducción estacional de las exportaciones del agro, no descartamos que una nueva edición del “dólar soja” o algún mecanismo que incentive la liquidación pendiente del sector genere un mayor ingreso de divisas en el MULC, aunque seguramente comience a vislumbrarse en las estadísticas del INDEC ya en 2023.

En cuanto a las compras al exterior, si extrapolamos la variación interanual acumulada hasta octubre al total anual (suponiendo que continuarán con la misma dinámica), las importaciones en 2022 se ubicarían por encima de los USD 87.000 millones. Sin embargo, estimamos que en función de menores pagos de energía y especialmente por la necesidad de cuidar las Reservas Internacionales y evitar un salto cambiario discreto, las importaciones encontrarán un techo más bajo en el último trimestre del año. Esto ya comenzó a evidenciarse con el endurecimiento de las restricciones y la implementación del SIRA.

Nuevo régimen de importación: principales cambios

Comunicación “A” 7622 BCRA: principales modificaciones

La Comunicación “A” 7622 del BCRA modifica las condiciones de acceso al MULC a partir del 17/10/2022, en línea con lo establecido en el nuevo régimen de importación que reemplaza al SIMI, el Sistema de Importaciones de la República Argentina (SIRA): fin de pagos anticipados, sí al pago con dólares propios y a la balanza comercial propia.

Modificaciones más relevantes

– Se eliminan los cupos para acceder en forma inmediata al MULC.

– Todas las operaciones de importación serán con pago diferido.

– El plazo de pago lo establecerán, caso por caso, la Secretaría de Comercio y el BCRA en la declaración SIRA.

– Excepciones al pago diferido:

* Pagos a través de una cuenta local en moneda extranjera de importador (pago con dólares propios).

   * Bienes exceptuados durante el régimen anterior: bienes de capital; ciertos productos médicos y farmacéuticos; aceites y gases de petróleo; hulla bituminosa para centrales de generación eléctrica; ciertos bienes para la construcción de obras de infraestructura contratadas por el sector público.

* Importaciones financiadas con líneas de crédito del exterior, bajo ciertos requisitos.

  * Cancelación de deudas comerciales por la importación de bienes con entidades financieras del exterior, bajo ciertos requisitos.

* Empresas que cuenten con una “Certificación de aumento de las exportaciones de bienes” por el monto de la importación.

Observaciones

– Se reduce el peso del BCRA en la determinación de los plazos de pago de importaciones, en favor de la Secretaría de Comercio (y también de Aduana, dentro del régimen SIRA).

– La normativa no explicita los criterios que se utilizarán para establecer las fechas de pago (¿por tipo de producto?, ¿por tamaño de empresa?, ¿por perfil del importador?).

– No se explicitan los plazos máximos de pago que se podrán asignar. Con la normativa anterior, salvo excepciones, la mayor parte de las importaciones “extra-cupo” debían financiarse a 180 días; con la actual no se sabe.

– Se habilita la posibilidad de compensar importaciones con incremento de exportaciones para reducir los plazos de pago: “balanza comercial propia” (algo similar a lo ocurrido durante la vigencia de las DJAI).

Extraoficial

Con relación a los plazos de pago y a los criterios para su definición, funcionarios de la Secretaría de Comercio han manifestado en reuniones con cámaras empresarias que, una vez analizadas las proyecciones de importación 2023 que presenten las empresas y en función de su tamaño, los plazos “mínimos” para acceder al MULC desde el registro aduanero, podrán ser los siguientes:

– Micro y pequeñas: 60 días

– Medianas Tramo I: 90 días

– Medianas Tramos II: 120 días

– Grandes: 180 días

Por asesoramiento en asuntos de Comercio Exterior, por favor escribir a info@ecolatina.com o comunicarse al +54 911 2668 4444. 

Un zoom a la Balanza de Pagos dentro del programa con el FMI

La Balanza de Pagos resume las transacciones comerciales y financieras que realiza un país con el resto del mundo. En tal sentido, las estimaciones expuestas en la actual hoja de ruta (el programa acordado con el FMI) reflejan cómo se espera que evolucione la dinámica de las cuentas internacionales de la Argentina durante los próximos años, lo cual tiene una importancia central.

Analizando dicha trayectoria, el programa proyecta que en los próximos 5 años la economía argentina deberá generar una mayor capacidad de financiamiento externo en el corto plazo y apuntar a una reapertura de la Cuenta Financiera en el mediano plazo para hacer frente a los pagos netos al FMI y la acumulación de reservas internacionales. En este contexto, analizar las distintas líneas dentro de la Balanza de Pagos resulta crucial para comprender los supuestos detrás del escenario estimado y evaluar así las condiciones que deberían darse para garantizar una cierta estabilidad económica y la sostenibilidad de la deuda externa.

En el presente informe analizaremos los supuestos que subyacen a esta trayectoria para contrastarlos con el punto de partida actual.

El Balance de Pagos en 2022

Luego de dos años consecutivos con un saldo positivo, la Cuenta Corriente (que resume las transacciones comerciales entre residentes y no residentes) volvería a mostrar un déficit en 2022. Si bien tanto en el programa original como en la primera revisión se proyectaba un superávit de Cuenta Corriente (0,5% del PIB), los acontecimientos que se dieron en los últimos meses y las perspectivas para lo que resta del año empujaron a modificar las estimaciones, apuntando a un déficit en torno al 0,3% del PIB para 2022.

Cabe señalar que un saldo deficitario de la Cuenta Corriente implica una necesidad externa que debe ser financiada. Por el contrario, cuando al saldo es superavitario, la economía muestra una capacidad de financiamiento que puede ser aplicada a la acumulación de activos o la cancelación de pasivos externos. En resumen:

  • En la primera mitad del año, la Cuenta Corriente arrojó un resultado negativo por poco más de USD 2.400 millones cuando para el mismo periodo en 2021 evidenció un superávit de casi USD 3.000 millones.
  • Dicho deterioro encuentra su explicación tanto en la reducción en el superávit comercial de bienes (principal pilar de la cuenta corriente) como en el engrosamiento del déficit (histórico) en servicios.
  • En primer lugar, el saldo de bienes para el primer semestre apenas rozó los USD 5.700 millones, cuando entre enero y junio de 2021 superó los USD 8.400 millones. Pese a que las exportaciones se ubicaron en niveles históricamente elevados gracias al incremento en sus precios internacionales, se vieron opacadas por unas importaciones (FOB) récord que fueron impulsadas tanto por la recuperación de la actividad económica como por los altos costos de la energía.
  • A su vez, con unas importaciones que casi se duplicaron, el saldo de servicios amplió su balance negativo, pasando de -USD 1.250 millones en el primer semestre de 2021 a casi -USD 3.600 millones en la primera mitad de 2022. Dicha dinámica se explica no sólo en el salto que pegaron los costos logísticos, sino también en la mayor salida que indujo la reactivación del turismo, profundizada por el atraso cambiario.
  • Por su parte, el déficit en Rentas se mantuvo en niveles similares a los últimos años durante el primer semestre: rozó los USD 5.500 millones, cuando en 2021 se ubicó levemente por debajo de los USD 5.000 millones. No obstante, si bien los pagos de intereses tienen un peso considerable, cerca de la mitad del rojo se explica por el giro de utilidades, que ante la vigencia del cepo cambiario deben ser reinvertidas en el mismo país. Esto último explica buena parte del flujo entrante de IED.
  • Al incluir los superávits del Ingreso Secundario (Transferencias) y de la Cuenta Capital, la economía argentina en la primera mitad del 2022 evidenció una necesidad de financiamiento por casi USD 2.400 millones.
  • A aquellas necesidades se les sumaron la formación de activos externos y los pagos de deuda del sector privado, que se cubrieron mediante un ingreso neto en la Cuenta Financiera, principalmente por el financiamiento neto del FMI (USD 6.800 millones), los créditos comerciales y la inversión directa neta (en parte explicada por la mencionada reinversión de utilidades). Excluyendo el efecto del FMI, las necesidades implicaron una reducción en las Reservas Internacionales de USD 1.600 millones.

En este marco, las proyecciones contenidas en el acuerdo para 2022 son consistentes con un resultado levemente positivo en la Cuenta Corriente para el segundo semestre del año, donde seguramente jugarán a favor: 1) la normalización en la liquidación de granos que llevó a niveles récord las exportaciones en septiembre; 2) el mayor control sobre los pagos por importaciones; y 3) el encarecimiento de los distintos dólares vinculados al turismo y los servicios. En esta misma línea, si bien aún es temprano para cuantificar el impacto de las reciente medidas, los números expuestos por el FMI muestran que las importaciones de bienes y servicios pasarían de promediar casi USD 8.300 mensuales en los primeros 9 meses del año a poco más de USD 6.600 millones durante el último trimestre.

A su vez, se espera que el financiamiento neto con Organismos Internacionales supere los USD 1.000 millones en el último trimestre, y que, junto a los desembolsos restantes del FMI, la reinversión de utilidades y los créditos comerciales, faciliten la acumulación de Reservas Internacionales Netas (RIN) para cumplir con la meta acordada de USD 5.000 millones (flexibilizada en USD 800 millones luego de la última revisión).

¿Qué se proyecta para 2023?

Con vistas a 2023, el panorama externo se torna más complejo. Por un lado, los USD 800 millones que se redujeron en la meta de Reservas para fines de 2022 deberán compensarse en 2023: la meta de RIN para el año próximo pasó de USD 4.000 millones a USD 4.800 millones. A su vez, el financiamiento neto con el FMI, que fue positivo en 2020-22, volverá a ser negativo a partir de 2023. Este punto no es menor, dado que tres de cada cuatro RIN acumuladas en 2022 (en caso de cumplir con la meta) obedecen al financiamiento neto de dicho organismo.

Para cumplir con dicho objetivo, partiendo de un escenario deficitario, la economía argentina debería revertir el saldo de la Cuenta Corriente hasta un superávit de 0,6% del PIB (USD 3.700 millones) en 2023. Pero, ¿cómo espera el programa que Argentina recupere su capacidad de financiamiento externo?

Los supuestos clave en esta trayectoria pasarían por la reducción en el rojo de servicios y el ensanchamiento del superávit comercial de bienes. En cuanto al primer punto, el rojo en servicios debería reducirse a menos de la mitad en 2023, al pasar de USD 4.600 millones a menos de USD 2.000 millones, donde tres cuartos de dicha mejora se explicarían por una reducción en las importaciones de servicios.

Con relación al segundo punto, el saldo comercial de bienes se incrementaría un 36% al pasar de USD 12.500 millones en 2022 a USD 17.000 millones en 2023. A su interior, el incremento se debería a una suba 2,8% en las exportaciones y a una reducción en las importaciones (-2,6%). En esta dinámica, las menores compras de energía (finalización del gasoducto mediante) seguramente sean el eje central de la reducción, ya que el mismo programa contempla que la economía crecería un 2%, lo cual implicaría una mayor necesidad de compras externas.

A su vez, en ambos casos jugarían a favor tanto los precios como las cantidades. No obstante, como ya tratamos en informes anteriores, estos supuestos no sólo dependen de la puesta en marcha del gasoducto en la previa de la temporada invernal, sino que también serán puestos en jaque por una sequía que perjudicaría el desempeño del sector agrícola, una creciente probabilidad de recesión a nivel mundial y un endurecimiento de las condiciones financieras internacionales que podría deteriorar nuestros términos de intercambio.

Más allá de 2023

Sin embargo, 2023 no debe analizarse como un caso separado, sino como uno de los eslabones dentro de la dinámica del sector externo sobre la cual se cimienta el programa acordado con el FMI. A grandes rasgos, el programa proyecta que la economía argentina en los próximos 5 años deberá enfrentar cancelaciones netas de deuda con el Fondo por USD 9.000 millones y acumular reservas internacionales por USD 18.000 millones, en paralelo a un sector privado que continuará demandando divisas financieras (especialmente formación de activos).

Ahora bien, ¿cómo haría frente a tales necesidades la economía según lo plasmado en el programa? En primera instancia, sería necesario que la economía acumule una capacidad de financiamiento en torno a los USD 17.000 millones entre 2023 y 2027 (USD 3.400 millones por año), lo que implicaría mantener acotado el rojo en servicios (de hecho, se proyecta que se vuelva superavitario hacia 2027) y sostener en un nivel elevado el superávit de bienes.

No obstante, el aporte de la Cuenta Corriente y la Cuenta Capital no sería suficiente para cubrir las exigencias mencionadas. Entonces, sería necesario que la evolución del sector externo cuente también con otros tres elementos para llevar las fuentes financieras a los niveles requeridos:

  • Una reapertura a los mercados financieros internacionales (estimada para 2025).
  • Un fuerte incremento de la Inversión Extranjera Directa, estimada en USD 11.000 millones por año en 2023-27 (un 86% superior al promedio entre 2016 y 2022).
  • Un considerable financiamiento neto proveniente del resto de los Organismos Internacionales (excluyendo FMI) que sea suficiente para cubrir los vencimientos de capital con el FMI (cerca de USD 1.800 millones por año).

En conclusión, los supuestos reflejados en el acuerdo sobre la evolución del sector externo para los próximos años son desafiantes. En este marco, garantizar una cierta estabilidad económica y la sostenibilidad del programa acordado con el FMI le exigirá a la economía argentina no sólo revertir el déficit de Cuenta Corriente y sostener en el tiempo un saldo positivo, sino también normalizar la situación financiera del país en los mercados externos.

Camino a 2023: el agro bajo la lupa

El acuerdo con el FMI y el Proyecto de Presupuesto coinciden en señalar que un elevado superávit comercial para 2023 se constituiría como uno de los pilares en la dinámica macroeconómica y la necesidad de seguir acumulando reservas el año que viene. Sobre este último punto cabe señalar que los USD 4.800 M que deberán sumarse al stock de activos internacionales del BCRA implican un monto sustancialmente mayor al de este año, considerando que dos tercios de la meta de 2022 se cumpliría con financiamiento neto positivo del FMI (a diferencia de 2023).

En las proyecciones macroeconómicas utilizadas para la formulación del Presupuesto, las autoridades estiman un importante incremento en el saldo comercial (bienes y servicios) en casi USD 4.600 M, el cual totalizaría USD 12.347 M. Sobre esa base, se prevé un mayor dinamismo en los volúmenes exportados (+7,1%) que en los importados (+2%), al tiempo que al incorporar el efecto de los precios dichas estimaciones se traducirían en un crecimiento del 2% para las exportaciones y una caída de casi el 3% para las importaciones.

Asimismo, en la segunda revisión del FMI se plantea que el superávit comercial de bienes y servicios estaría cerca de duplicarse, de la mano de una fuerte mejora en el saldo de bienes (de +USD 12.500 M a +USD 17.000 M o +36%) y una abrupta reducción (-59%) en el rojo de servicios, lo cual es un supuesto fuerte (en los próximos días analizaremos las estimaciones de balanza de pagos de la nueva revisión).

En cualquier caso, este factor clave dentro de la hoja de ruta del Gobierno se sostendría sobre dos premisas fundamentales: 1) la puesta en marcha del Gasoducto Néstor Kirchner previo a la temporada invernal, y 2) el buen desempeño esperado por el oficialismo para el sector agropecuario con vistas al año próximo.

En cuanto al primero, en caso de que el gasoducto se encuentre finalizado en tiempo y forma, le permitiría al Gobierno ahorrar un monto considerable de dólares que de otra manera se irían al exterior vía pagos por importaciones de energía, como sucedió en 2022, cuando en el lapso abril-julio 2022 los pagos sumaron casi USD 6.500 M, 135% más que los menos de USD 2.800 M del mismo periodo de 2021. Máxime en un contexto en el que los precios internacionales de la energía continúan elevados.

No obstante, las restricciones a las importaciones llegaron para quedarse. Si bien la construcción del Gasoducto puede aportar cierto alivio y una posible (muy leve) flexibilización en algún momento del año, estimamos que las restricciones seguirán operando en 2023 e incluso podrían endurecerse en caso de ser necesario para acumular reservas o evitar un salto cambiario discreto.

Por su parte, dado que el sector agropecuario es el principal generador de divisas de nuestra economía (aporta el 65% de las exportaciones pero explica la totalidad de superávit comercial) su dinámica resulta fundamental para analizar las perspectivas del sector externo.  Pese a que el Gobierno espera un crecimiento del 6% para el sector luego de 3 años consecutivos sin crecer, se abren ciertos interrogantes sobre la próxima campaña agrícola en un contexto más complejo que el esperado inicialmente. Por tal motivo, abordaremos con mayor profundidad el panorama agropecuario para 2023.

 La campaña agrícola 2022/23 se presenta particularmente desafiante

El ciclo 2022/23 se desarrollará en un marco complejo y de elevada incertidumbre, no sólo desde el lado climático sino también desde un contexto internacional con riesgos para los precios de commodities sesgados a la baja, a lo que se suman inquietudes respecto a la disponibilidad de insumos, todo lo cual podría traducirse en un menor aporte de divisas por parte del campo a la economía.

En el lanzamiento de la campaña gruesa, la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA) proyectó un escenario de menor cosecha para la campaña 22/23 para los principales cinco cultivos, que pasaría de 117,7 M/Ton a 115,5 M/Ton (-1,9%), con caídas en trigo y maíz y una recuperación de la soja.

El principal driver detrás de esta dinámica lo constituye un desfavorable escenario climático. Se aproximaría una tercera campaña consecutiva afectada por el fenómeno “La Niña”, que en estas latitudes provoca una reducción en las precipitaciones hacia niveles inferiores a los normales, afectando los rendimientos. Es la tercera vez desde 1950 que se observa este fenómeno por tercer año consecutivo, siendo la última la del período 1998-2001.

En concreto, la mayoría de los modelos de pronósticos indican para el trimestre octubre-diciembre una probabilidad del 89% de que continúe “La Niña”. Esta probabilidad disminuiría hacia el inicio de 2023 (se mantiene por encima del 60% hasta el verano inclusive) para dar paso a una fase neutral entre febrero y abril que beneficiaría a los cultivos de invierno 2023-24.

Volviendo a 2022, las principales zonas productivas del país ya registran precipitaciones por debajo de lo normal, lo que se suma a una limitada agua almacenada en el suelo luego de atravesar el invierno más seco desde 1995 y a un efecto arrastre por falta de lluvias del otoño y verano pasados. Específicamente, la zona núcleo (región con mayores rendimientos por sus mejores suelos) se encuentra actualmente con un 80% de déficit hídrico. Peor aún, según INTA, para el futuro inmediato no se vislumbran lluvias suficientes para revertir o moderar la baja humedad en los suelos.

Trigo: fuerte caída en la producción

La superficie sembrada de trigo descendió entre un 9% y 14% respecto a 2021 de acuerdo a los relevamientos oficiales y privados. La intención de siembra estuvo condicionada por la falta de incentivos para asumir mayores riesgos productivos en un marco de aumento de la inversión necesaria por hectárea por el aumento de costos y focos de incertidumbre a nivel local e internacional y el escenario climático desalentador señalado. Según la BCBA, a finales de septiembre un 50% de esa superficie informa una condición hídrica que se ubica entre regular y sequía (vs 34% en el mismo lapso de 2021). En la zona núcleo, la condición de regular a mala alcanza el 70% del área.

En consecuencia, se trataría de una de las peores campañas en los últimos años. La producción caería del récord de 22,4 M/Ton en la campaña anterior a 17,5 millones (-22%). La Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) proyecta una caída incluso superior, producto de una cosecha que caería a 16,5 M/Ton (-28% i.a.), siendo el volumen más bajo de los últimos 7 años y con riesgos sesgados a la baja producto de una sequía que comienza a hacer mella en el núcleo triguero de Buenos Aires.

Ahora bien, gracias a una importante mejora en los precios, el impacto negativo se reduce. Considerando los precios FOB a cosecha actuales (BCBA) en relación a los efectivos del ciclo anterior, el valor de la cosecha de trigo podría reducirse en cerca de USD 800 M en relación al ciclo pasado, caída que no es más aguda gracias a los mayores precios (+20%).

Campaña gruesa: aumento de la soja a expensas del maíz

Tras 5 años de crecimiento, la implantación de maíz se verá reducida a raíz de la falta de agua y también de un escenario de mayores costos asociados a su siembra, que hacen que la soja sea una alternativa menos riesgosa. Además, debido a la falta de humedad en los suelos la siembra se retrasó: la mayor parte del maíz se sembrará en fechas tardías con el propósito de limitar el potencial estrés hídrico en una fecha critica como es enero.

Con todo, la producción de maíz con destino comercial totalizaría unas 50 M/Ton según la BCBA, 3,8% menos que en la campaña 21/22 y por debajo del promedio de los últimos cuatro ciclos (54 M/Ton).

En contraste, la soja se presenta como la alternativa más segura por su mayor tolerancia relativa a situaciones de sequía, por la menor inversión que conlleva y los crecientes márgenes brutos (que llevan 3 campañas en crecimiento). Por este motivo, según la BCBA la oleaginosa tendría una recuperación importante: se producirían 48 millones de toneladas contra 43,3 millones en 2021/22 (+10,9%), en lo que sería el mejor ciclo desde 2019/20.

Como corolario, en base a los precios FOB considerados se advierte que el valor de la cosecha 2022/23 de soja y maíz podría reducirse en cerca de USD 1.200 M en comparación a la presente campaña.

En suma, considerando cierto anticipo en septiembre de ventas de soja que se darían en el último trimestre, la demora en la siembra de maíz y soja y los menores volúmenes de trigo, el puente hasta la hasta la próxima cosecha gruesa se alarga.

Los precios de las commodities estarán expuestos a varios factores en 2023

A pesar de haber dejado atrás los picos alcanzados en los momentos más crudos de la guerra en Ucrania, en los últimos meses las cotizaciones de las materias primas agrícolas han logrado mantenerse por encima de los promedios históricos. Sin embargo, de cara a los próximos meses entrarán en juego ciertos factores que, combinados, podrían arrojar un sesgo de estable a bajista en los precios de las commodities.

Factores alcistas. Se destacan la elevada incertidumbre que sigue generando el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania (jugadores importantes principalmente en el mercado de trigo y en menor medida en maíz); la caída en la producción de Estados Unidos tanto para el trigo, el maíz y la soja (acompañada de una relación stock/consumo menor a la esperada en dicho país); y la menor producción de trigo en Argentina.

Factores bajistas. Aquí entran en juego la posible menor demanda de China producto de un menor crecimiento, junto a los riesgos de una recesión a nivel mundial; una postura más agresiva de la FED en materia de tasas que fortalezca aún más al dólar (si bien las recientes subas en las tasas no resultaron en grandes desplomes en los precios de los commodities, no hay que pasar por alto que esto es susceptible de modificarse) y estimaciones de una mayor producción global.

Consideraciones finales

El deterioro esperado para el desempeño del sector agroexportador tornará más desafiante y compleja la hoja de ruta del Gobierno de cara a 2023, en un año en el que la meta de acumulación de reservas será aún más desafiante que la de este año y donde la construcción del gasoducto NK resultará fundamental para evitar una mayor sangría de divisas vía pagos de importaciones de energía. En este marco, las restricciones a las importaciones llegaron para quedarse.

El comportamiento climático tendrá la última palabra a la hora de determinar el volumen final de la próxima campaña. De hecho, según un reporte de la Secretaría de Agricultura la superficie de siembra estimada “puede seguir disminuyendo de no registrarse precipitaciones para permitir las labores de siembra”.

Paralelamente, aparecen también otros factores no menores que podrían incidir en el proceso de acumulación de reservas. Las expectativas de devaluación -o de eliminación de retenciones- post-elecciones presidenciales podrían incentivar una demora en la comercialización de la cosecha. A su vez, una floja campaña producto de la sequía no sólo tendría un impacto negativo en los activos externos del BCRA, sino que también podría complicar el frente fiscal ante una menor recaudación por Derechos de Exportaciones.

En conclusión, la fuerte dependencia que tiene Argentina con el sector agroexportador genera que la campaña agrícola y la evolución en los precios de las commodities se vuelvan variables económicas con una importancia de primer orden. Entonces, si bien aún es temprano para analizar resultados concluyentes, seguiremos monitoreando de cerca el estado de situación ante riesgos que no pueden ser pasados por alto.

 

Noveno mes consecutivo de Déficit Bilateral con Brasil

El Comercio Bilateral con Brasil continuó siendo deficitario en septiembre. En septiembre, el crecimiento de las importaciones desde Brasil más que duplicó el incremento de las exportaciones hacia nuestro país vecino pese a que estas se mantuvieron en niveles elevados. De tal forma, el Comercio Bilateral con Brasil hiló ya nueve meses consecutivos en rojo. En números, con un flujo comercial que volvió a superar los USD 2.600 millones, el saldo comercial bilateral en septiembre mostró un déficit de USD 244 millones (hace ocho meses no baja de los USD 200 millones), el tercer déficit mensual más elevado de los últimos 16 meses y el peor septiembre de los últimos 5 años.

Con esta dinámica, las exportaciones acumuladas hasta septiembre superaron ya los USD 9.700 millones (+19% i.a.), aunque fueron ampliamente superadas por unas importaciones que rozando los USD 11.900 millones (+36% i.a.). En consecuencia, el saldo comercial bilateral acumulado en lo que va de 2022 muestra un rojo de USD 2.184 millones, el más elevado en los últimos cuatro años y más de tres veces el evidenciado para el mismo periodo en 2021 (USD 600 millones).

Volviendo a septiembre, las exportaciones con destino a Brasil se mantuvieron en niveles elevados, totalizando USD 1.285 millones y alcanzando el mejor septiembre de los últimos ocho años. Las ventas al gigante latinoamericano pasaron de crecer un 31% i.a. en agosto a un 22% i.a. en septiembre. No obstante, volvieron a situarse por encima de los USD 1.200 millones y superaron en un 14% el promedio para los primeros ocho meses del año. En su composición, las ventas de vehículos (tanto para el transporte de mercaderías como para pasajeros) se incrementaron en su comparación interanual (+32%) y explicaron un 36% de las ventas a Brasil, totalizando poco menos de USD 440 millones.

Sin embargo, Argentina continúa mostrando escaso peso dentro de las importaciones de su principal socio comercial. En concreto, nuestras exportaciones alcanzaron ya tres meses consecutivos por debajo del 5% de representación, cuando en 2019 promediaban un 6% y a principios de los 2000 un 12%.

Por su parte, las importaciones desde Brasil mostraron el registro más elevado para un septiembre desde 2014 y aceleraron su evolución interanual por segundo mes consecutivo. Concretamente, pasaron de crecer un 40% i.a. en agosto a más de un 47% i.a. en septiembre, casi 25 p.p. por encima de la dinámica de las exportaciones (únicamente en mayo las exportaciones crecieron a un mayor ritmo que las importaciones). En cuanto a montos, las compras desde Brasil totalizaron USD 1.453 millones, situándose un 11% arriba del promedio mensual hasta agosto. A su interior, se destacaron tanto los vehículos destinados al transporte de pasajeros como sus piezas y accesorios, que en conjunto sumaron poco menos de USD 300 millones y representaron un quinto de las importaciones bilaterales (misma representación que en septiembre de 2021).

¿Qué esperamos para los próximos meses?

Hacia adelante, habrá que prestarle una especial atención a dos factores que marcarán la dinámica de nuestras exportaciones hacia Brasil: los resultados de las elecciones presidenciales y la evolución de la actividad económica. En materia electoral, si bien el comercio bilateral con Brasil se encuentra más afectado por factores estructurales, no hay que restarle importancia a la dinámica de la campaña presidencial, sus respectivos resultados en la segunda ronda a fines de octubre y su impacto en los mercados financieros.

Con relación al segundo punto, en los últimos meses el mercado ha venido ajustado al alza el crecimiento esperado para la economía brasileña en 2022, que pasó de 0,3% a 2,7% en lo que va del año. En cuanto a 2023, si bien hasta agosto los relevamientos venían enseñando un ajuste a la baja, las proyecciones en septiembre se mantuvieron estables e incluso mostraron una leve suba en comparación contra el octavo mes del año. Esto último podría ser resultado de que los encuestados prevén un mayor arrastre estadístico para el año próximo (producto de la mejora en la dinámica esperada para 2022), o de que el mercado haya reconocido a la actual proyección del 0,5% para 2023 como un piso en las expectativas.

En conclusión, un buen desempeño de las exportaciones con destino a Brasil, principalmente vinculadas al sector industrial, será crucial en el corto plazo para sostener el ingreso de divisas frente a la merma en las exportaciones de trigo prevista para la cosecha fina (generada por la reciente sequía). Atravesar la ventana de los próximos meses hasta la cosecha gruesa del año próximo no será para nada sencillo en una coyuntura en la que cada dólar cuenta.

Rojo Comercial por tercer mes consecutivo

El último trimestre mostró un rojo comercial superior a los USD 1.000 millones. En agosto las exportaciones mostraron una caída interanual por primera vez en 20 meses y se vieron opacadas por unas importaciones que persisten en niveles elevados pese a las menores compras de energía y la vigencia de restricciones. En consecuencia, con un intercambio apenas superior a los USD 15.300 millones, el saldo comercial en agosto fue negativo en USD 300 millones, cuando para el mismo mes en 2021 había sido superavitario en más de USD 2.345 millones. De esta manera, por primera vez en cuatro años el saldo comercial fue deficitario tres meses consecutivos.

En este marco, el superávit comercial en los primeros ocho meses del año fue apenas un quinto del acumulado hasta agosto en 2021 (-80% i.a.). Concretamente, en lo que va de 2022 las exportaciones acumularon USD 59.720 millones (+18% i.a.) y las importaciones USD 57.527 millones (+44% i.a.). De tal forma, el superávit comercial hasta agosto se redujo a poco menos de USD 2.200 millones, un monto sumamente inferior los más de USD 10.600 millones que se acumularon en el mismo periodo para 2021.

Las exportaciones mostraron una caída por primera vez en 20 meses. Luego de crecer en promedio un 23% i.a. en los primeros siete meses del año, las exportaciones en agosto cayeron un 7% en su comparación interanual y se ubicaron en USD 7.537 millones. Tal contracción encuentra su explicación en la caída de las exportaciones de Productos Primarios (PP), que mostraron una reducción del 27% i.a., explicada principalmente por menores cantidades exportadas asociadas a la demora en la comercialización de granos (fundamentalmente soja). A su vez, dicho rubro también mostró una reducción en más de USD 200 millones contra el promedio de los últimos 5 meses. Por su parte, si bien el resto de los rubros mostraron caídas en sus cantidades, sus elevados precios internacionales les permitieron mostrar incrementos interanuales al mes de agosto, ubicándose en niveles similares a sus valores de julio.

Las importaciones persistieron en niveles elevados pese a las menores compras de energía y la vigencia de restricciones. Pese a desacelerar su crecimiento interanual (aumentaron un 36% i.a. cuando en los primeros 7 meses promediaban un 45% i.a.), las compras al exterior se ubicaron por cuarto mes consecutivo por encima de los USD 7.800 millones. Si bien cayeron más de un 7% contra el promedio del último bimestre, dicha reducción responde a las menores importaciones energéticas, que se redujeron en casi USD 1.000 millones contra su valor de julio e incluso mostraron una contracción en sus cantidades al observar la comparación interanual (-3,6% i.a.).

Paralelamente, las importaciones no energéticas superaron la barrera de los USD 6.500 millones y alcanzaron el segundo valor más elevado de toda la historia, únicamente por detrás del último junio. Su incremento en el último mes obecede casi en su totalidad a una suba en las importaciones de Bienes Intermedios (BI) y de Bienes de Capital (BK), dado que cada uno de dichos usos mostró una suba en más de USD 200 millones en su comparación mensual, retomando los niveles del segundo trimestre previo al endurecimiento de las restricciones. A su vez, cabe mencionar que todos los rubros no energéticos mostraron aumentos tanto precios como en cantidades. En este sentido, se abre un interrogante sobre cuanto demorará en vislumbrarse el impacto de las restricciones a las importaciones en las operaciones comerciales. Si bien el efecto en los pagos por importaciones fue inmediato en el MULC, aún no se denota una reducción en las importaciones devengadas que refleja el ICA. Esto se debe al crédito comercial al que accedieron los importadores y les está permitiendo continuar con buena parte de sus operaciones.

Por su parte, los costos de fletes continuaron su repunte en el último mes. El valor unitario del flete internacional rozó los USD 130 por tonelada en agosto, mostrando un aumento del 10% contra julio y del 16% contra el promedio del segundo trimestre. Si bien dicho valor es aún un 18% inferior al pico de enero, muestra una suba del 64% contra agosto de 2021 y del 154% contra el mismo mes en 2020.

¿Qué esperamos para los próximos meses?

De cara a septiembre, esperamos una notoria mejora en el saldo comercial producto de un mayor volumen de exportaciones gracias a la implementación del “dólar soja”. De hecho, los últimos datos avalan nuestra proyección, dado que en las últimas semanas se denotó una fuerte aceleración en la liquidación de exportaciones por parte del sector agropecuario: se liquidaron más de USD 4.500 millones por “dólar soja” entre el 6/9 y el 21/9. Consecuentemente, no sólo estimamos que en septiembre se revertirá el déficit comercial que se evidenció en los últimos tres meses, sino que lo más probable es que en el noveno mes del año se alcance el mayor superávit comercial mensual de toda la historia, superando el actual récord de mayo del 2009, cuando el saldo positivo rompió la barrera de los USD 2.500 millones.

No obstante, vale la pena aclarar que la aceleración en la liquidación durante septiembre no es consecuencia de exportaciones mayores a las proyectadas para el año, sino que tiene su origen en la normalización de las ventas de soja por parte de los productores, que en los últimos meses habían enseñado una significativa demora (a finales de agosto estimamos una demora cercana a 6 millones de toneladas). Entonces, si bien podrá verse un fuerte incremento en la comparación mensual (más aún para un mes como septiembre en el que suelen reducirse las exportaciones del agro), no se deberían observar grandes desvíos en el agregado anual.

Ahora bien, el principal desafío en el frente externo para el Gobierno volverá a aparecer desde octubre, cuando el BCRA deberá continuar acumulando reservas si pretende cumplir con la meta acordada con el FMI pero ya sin las abultadas exportaciones del agro. En tal sentido, se comprende la reciente decisión del Gobierno de extender el endurecimiento a las importaciones para tratar de acumular la mayor cantidad de divisas posible. En conclusión, gracias a la implementación del dólar soja (que llevará a niveles récord las exportaciones para el próximo mes), la reducción estacional en las importaciones energéticas y la continuidad de las restricciones para el resto de las compras al exterior proyectamos un superávit comercial superior a los USD 8.000 millones para 2022.

Con vistas a 2023, el panorama se torna aún más desafiante tanto por factores internos como externos. Con relación al frente externo, un mayor fortalecimiento del dólar a nivel mundial producto del endurecimiento en la política monetaria de la FED y los riesgos latentes de una posible recesión a nivel global jugarían claramente en contra de nuestras exportaciones, afectándolas tanto en precios como en cantidades. Sumado a esto, el ámbito local no sería para nada favorable, dado que para la campaña 2022-23 no se descarta la posibilidad de una continuidad en la sequía que vuelva a afectar el volumen de las exportaciones agrícolas, nuestra principal fuente de ingreso de divisas.

El Déficit Comercial con Brasil continuó ensanchándose en agosto

El crecimiento de las importaciones desde Brasil continuó opacando el buen desempeño de las exportaciones hacia nuestro país vecino en agosto. Consecuentemente, el saldo comercial bilateral volvió a ser deficitario por octavo mes consecutivo. En números, con un flujo comercial que retomó los niveles de 2013 (USD 2.885 millones), el saldo comercial bilateral en agosto mostró un rojo de USD 255 millones, el segundo déficit mensual más elevado de los últimos 15 meses.

Por un lado, las exportaciones con destino a Brasil mostraron el tercer valor más alto de los últimos 9 años y el mejor agosto desde 2012. Las ventas al gigante latinoamericano volvieron a acelerar su crecimiento al incrementarse un 31% i.a. en el octavo mes del año (contra un 12% i.a. que mostraron en julio). De esta manera, superaron los USD 1.300 millones, ubicándose un 28% por encima del promedio para los primeros siete meses. En su composición, las ventas de vehículos (tanto para el transporte de mercaderías como para pasajeros) se incrementaron en su comparación interanual (+41%) y explicaron un 37% de las ventas a Brasil, totalizando poco menos de USD 490 millones.

Sin embargo, Argentina continúa mostrando escaso peso dentro de las importaciones de su principal socio comercial. Pese a haber mejorado levemente al comparar contra julio (pasaron de un 4,2% a un 4,7%), aún se encuentran por debajo del 5%, cuando en 2019 promediaban un 6% y a principios de los 2000 un 12%.

Por su parte, las importaciones desde Brasil continuaron creciendo a un ritmo elevado en agosto (un 40% i.a., prácticamente el mismo que en julio). De tal forma, su crecimiento interanual se ubicó casi 10 p.p. por encima del aumento las exportaciones. Cabe resaltar que únicamente en mayo las exportaciones crecieron a un mayor ritmo que las importaciones. En cuanto a montos, las compras desde Brasil totalizaron USD 1.570 millones, alcanzando el segundo valor más elevado desde abril del 2018 y situándose un 24% arriba del promedio mensual hasta julio. A su interior, se destacaron tanto los vehículos destinados al transporte de pasajeros como sus piezas y accesorios, que en conjunto sumaron más de USD 370 millones y representaron casi un cuarto de las importaciones, cuando para el mismo mes en 2021 explicaban el 18%.

Con esta dinámica, las exportaciones acumuladas hasta agosto aún continúan por debajo de los USD 8.500 millones (+19% i.a.), mientras que las importaciones ya superaron los USD 10.450 millones (+35% i.a.). En consecuencia, el saldo comercial bilateral acumulado en lo que va de 2022 muestra un rojo de USD 1.960 millones, el más elevado en los últimos cuatro años y más de tres veces el evidenciado para el mismo periodo en 2021 (USD 600 millones).

¿Qué esperamos para los próximos meses?

Hacia adelante, habrá que monitorear no sólo los factores de índole interna, como la continuidad de las restricciones a las importaciones, sino también a los eventos que ocurren en Brasil. Particularmente, será crucial seguir de cerca la dinámica electoral de la campaña presidencial y sus respectivos resultados, dado que sin dudas repercutirán tanto en la esfera financiera como en la real. Con respecto a este último punto, en los últimos meses el mercado ha venido ajustado al alza el crecimiento esperado para la economía brasileña en 2022 (por arriba del 2%), pero a la baja para 2023 (por debajo del 0,5%), lo que, si bien puede ayudar en el corto plazo, implica cierto pesimismo para nuestras exportaciones de cara al año próximo.

Por último, en los últimos 17 años únicamente en 2019 Argentina logró acumular un superávit comercial positivo con Brasil. La persistencia del déficit bilateral encuentra su explicaron en dos fenómenos. Por un lado, un estancamiento de las exportaciones argentinas, que fueron perdiendo representación en las importaciones de Brasil al pasar de promediar USD 14.700 millones entre 2008 y 2014 a poco más de USD 10.000 millones entre 2015 y 2021. Por otro lado, un elevado piso de las importaciones provenientes de nuestro país vecino, que en los últimos 16 años únicamente en 2019 y 2020 (en ambos casos con crisis mediante) se ubicaron por debajo de los USD 10.000 millones. Por lo pronto, 2022 apunta a repetir la misma historia que en los últimos años, con un rojo bilateral que volvería a rondar los USD 3.000 millones, levemente por debajo de los niveles de 2018.

Segundo mes consecutivo con déficit en la balanza comercial

El déficit comercial en julio fue el más elevado desde mediados del 2018. Las exportaciones moderaron considerablemente su crecimiento en julio y se vieron nuevamente superadas por unas importaciones que persistieron en niveles elevados pese a la vigencia de restricciones. En consecuencia, con un intercambio que rozó los USD 16.000 millones, el saldo comercial en julio fue negativo en USD 437 millones, cuando para el mismo mes en 2021 había sido superavitario en más de USD 1.500 millones (-128% i.a.). De esta manera, por primera vez en casi 4 años la balanza comercial fue deficitaria por dos meses consecutivos.

En este marco, el superávit comercial en los primeros siete meses del año fue un 70% inferior al acumulado hasta julio en 2021. Concretamente, en lo que va de 2022 las exportaciones acumularon USD 52.151 millones (+22% i.a.) y las importaciones USD 49.611 millones (+45% i.a.). De tal forma, el superávit comercial hasta julio se redujo a poco más de USD 2.500 millones, un monto sumamente inferior los más de USD 8.300 millones que se acumularon en el mismo periodo para 2021.

Las exportaciones moderaron su crecimiento en julio

Luego de crecer en promedio un 25% i.a. en el primer semestre, las exportaciones en julio crecieron apenas un 7% i.a. y se ubicaron en USD 7.773 millones. Dicha variación interanual encuentra su explicación en los elevados precios internacionales (+13% i.a.), que más que compensaron una reducción en las cantidades exportadas (-6% i.a.). De hecho, a excepción de las Manufacturas de Origen Industrial (MOI), que prácticamente no mostraron variaciones en sus cantidades, todos los rubros mostraron una reducción en las cantidades exportadas. De esta forma, las exportaciones totales en julio cayeron casi un 7% contra el promedio del segundo trimestre, algo que no ocurría desde mediados del 2016 (la reducción fue del 3%).

A su interior, al igual que en los últimos meses, los Productos Primarios (PP) y las Manufacturas de Origen Agropecuario (MOA) representaron 7 de cada 10 dólares exportados. En el caso de los primeros, rozaron los USD 2.500 millones y alcanzaron el segundo valor más alto de los últimos 12 años, únicamente superado por agosto de 2021. En cuanto a las MOA, pese a aumentar un 12% i.a., se ubicaron por debajo de los USD 3.000 millones en julio, cuando en el último trimestre habían promediado poco menos de USD 3.500 millones. En paralelo, las MOI fueron levemente inferiores a los USD 2.000 millones y se ubicaron en niveles similares a los últimos 5 meses.

Las importaciones persistieron en niveles elevados pese a la vigencia de restricciones

Las importaciones volvieron a romper la barrera de los USD 8.000 millones en julio y se ubicaron como el segundo valor histórico más elevado, totalizando unos USD 8.210 millones pese a las restricciones impuestas a fines de junio. Su incremento del 44% i.a. se encuentra explicado tanto por precios (+28% i.a.) como por cantidades (+12% i.a.), y se destaca que todos los usos económicos se incrementaron en su comparación interanual. En cuanto a las repercusiones de las restricciones, el principal impacto parece vislumbrarse en los Bienes Intermedios (BI). Mientras la mayoría de los rubros se encontró en niveles similares a junio, los BI mostraron una reducción mensual de más de USD 400 millones (-13% m/m). De hecho, pese a haber aumentado un 11% en su variación interanual, fue el único rubro que mostró una reducción en sus cantidades (-10% i.a.).

Con tales números, se pone en evidencia que el elevado nivel de las importaciones en el último mes no se encuentra explicado únicamente por el récord de las compras de energía, sino también por un impacto relativamente acotado de las restricciones en el resto de las compras al exterior. En concreto, las importaciones no energéticas rozaron los USD 6.000 millones en julio. Si bien tal monto es un 10% inferior al valor de junio, aún se ubica por encima del promedio del primero semestre (poco menos de USD 5.800 millones) con un crecimiento interanual de casi el 20%.

Por su parte, cabe mencionar el repunte que mostraron los costos del flete en el último mes. El valor unitario del flete internacional rozó los USD 118 por tonelada en julio, mostrando un aumento del 10% contra junio y del 6% contra el promedio del segundo trimestre. Si bien dicho valor es aún un 25% inferior al pico de enero, muestra una suba del 54% contra julio de 2021 y del 143% contra el mismo mes en 2020.

La balanza energética sigue en el centro de la escena

La balanza energética continuó deteriorándose en julio y mostró el déficit más elevado de la historia. Por un lado, las importaciones por Combustibles y Lubricantes (CyL) alcanzaron el máximo valor histórico (USD 2.281 millones), impulsadas principalmente por un fuerte aumento en los precios (+111% i.a.). De tal forma, representaron casi el 28% de las importaciones en el mes (cifra que únicamente se superó en junio del 2014), explicando más del 60% de su crecimiento interanual. Consecuentemente, con unas exportaciones de Combustibles y Energía (CyE) que se ubicaron en apenas USD 414 millones (el monto más bajo de los últimos 12 meses), el déficit energético en julio se ubicó en USD 1.867 millones, el valor más alto desde que se tiene registro. En tal sentido, el rojo energético acumulado en lo que va de 2022 superó ya los USD 4.500 millones, cuando en el mismo periodo para 2021 era de apenas USD 685 millones.

¿Qué esperamos para los próximos meses?

Con vistas a lo que resta del año, el Gobierno se encuentra corriendo contra reloj para recomponer un nivel de Reservas Internacionales sumamente deteriorado, pero se topa con dificultades tanto por el lado de la demanda como de la oferta de divisas. Por el lado de las importaciones, dado que las restricciones impuestas a fines de junio no parecen haber sido suficientes para recuperar el superávit comercial en el último mes, no descartamos un nuevo endurecimiento de tales regulaciones que busque reducir aún más el techo de USD 6.000 millones mensuales.

En cuanto a las exportaciones, el Gobierno aún no logró convencer a los exportadores agrícolas para que comercialicen el remanente que granos que tienen a disposición. No obstante, estimamos que en los próximos meses lo más probable es que se llegue a un acuerdo con los productores para que normalicen la comercialización de granos, manteniendo elevado el nivel de exportaciones y recomponiendo el superávit comercial en lo que resta del año.

De cara a 2023, el actual contexto internacional sumamente volátil pone en riesgo tanto los precios como las cantidades de nuestras exportaciones. Con relación a los primeros, las decisiones de la FED en materia de política monetaria se encuentran fuertemente vinculadas a las cotizaciones de las commodities (nuestra principal fuente de divisas). Entonces, dada la correlación negativa que mostraron en los últimos años, un incremento mayor a lo esperado en las tasas de interés podría reducir sus precios internacionales. En cuanto a las cantidades, los riesgos de una nueva recesión cobran cada vez más importancia a nivel global con el desempeño de China bajo la lupa, lo cual sin dudas perjudicaría la performance de nuestras exportaciones. A su vez, no hay que pasar por alto el desenlace de las elecciones presidenciales de Brasil en los próximos meses y las expectativas de crecimiento para su economía (en los últimos meses el mercado ha ajustado al alza el crecimiento esperado para 2022, pero a la baja para 2023), ya que es nuestro principal socio comercial y destino de exportaciones MOI.

Importaciones récord volvieron deficitaria la balanza comercial en junio

La balanza comercial volvió a ser deficitaria luego de 17 meses de superávit. Pese a que las exportaciones persistieron en niveles históricamente elevados en junio, se vieron más que compensadas por unas importaciones que superaron por primera vez la barrera de los USD 8.000 millones y establecieron un nuevo récord mensual histórico. En consecuencia, con un intercambio que rozó los USD 17.000 millones (nuevo máximo), el saldo comercial en junio fue negativo por USD 115 millones, cuando para el mismo mes en 2021 había sido superavitario en más de USD 1.000 millones.

En este marco, el superávit comercial en la primera parte del año fue menos de la mitad que el acumulado en el primer semestre de 2021. Concretamente, en lo que va de 2022 las exportaciones acumularon USD 44.377 millones (+26% i.a.) y las importaciones USD 41.284 millones (+44% i.a.). De tal forma, el superávit comercial en el primer semestre apenas superó los USD 3.000 millones, un monto sumamente inferior los más de USD 6.700 millones que se acumularon en el mismo periodo para 2021. A su vez, cabe mencionar que cerca de un tercio de ese saldo se debe principalmente a los elevados precios internacionales que evidenciaron las commodities en los últimos meses, dado que, si hubiesen prevalecido los precios de la primera mitad de 2021, el saldo comercial en lo que va del año habría rondado los USD 2.100 millones.

Por el lado de las exportaciones, las ventas al exterior volvieron a instaurar un nuevo récord histórico al situarse en USD 8.432 millones. Sin embargo, la totalidad de su crecimiento se encuentra explicado por un aumento de cerca del 20% i.a. en sus precios que compensó una leve caída en sus cantidades. A su interior, pese a que los volúmenes de los Productos Primarios cayeron más de un 12% i.a., un incremento superior al 15% i.a. en sus precios permitió que las ventas vuelvan a ubicarse por encima de los USD 2.000 millones, aunque por debajo de los niveles en los últimos 3 meses. En paralelo, las Manufacturas de Origen Agropecuario evidenciaron un aumento del 26% i.a. (principalmente debido a una suba superior al 20% i.a. en sus precios) y superaron los USD 3.000 millones por tercer mes consecutivo, mientras que las Manufacturas de Origen Industrial rozaron los USD 2.200 millones (+18% i.a., nuevamente con una fuerte incidencia de los precios) y alcanzaron el valor más alto desde noviembre de 2014.

En cuanto a las importaciones, en junio registraron el valor más alto de toda la historia al situarse en USD 8.547 millones, con un crecimiento del 45% i.a. traccionado tanto por precios (+26% i.a.) como por cantidades (+15% i.a.). En su composición, los Bienes Intermedios mostraron un fuerte incremento en sus precios (subieron un 25% i.a. con fuerte incidencia de la industria química), superando por primera vez los USD 3.000 y estableciendo un nuevo máximo histórico. A su vez, los Bienes de Capital junto con sus Piezas y Accesorios se vieron fuertemente traccionados por subas en sus cantidades (+26% i.a. y +23% i.a. respectivamente). Por otro lado, tanto los Bienes de Consumo como los Vehículos Automotores de Pasajeros se mantuvieron en niveles similares a los que mostraron en los últimos meses. Por su parte, si bien el costo de los fletes continuó reduciéndose (-5% mensual en junio y más de -30% contra el pico de enero), aún continúan en niveles elevados, ubicándose un 48% por encima de junio de 2021 y casi duplicando su valor en el mismo mes de 2020.

Adicionalmente, el déficit energético continuó deteriorándose en junio. Por un lado, las importaciones por Combustibles y Lubricantes alcanzaron el máximo valor histórico (USD 1.953 millones), impulsadas principalmente por un fuerte aumento en los precios (+119% i.a.). De tal forma, representaron cerca del 23% de las importaciones en el mes (cuando en los últimos 12 meses promediaban apenas el 13%), explicando casi la mitad de su crecimiento interanual. Consecuentemente, con unas exportaciones de Combustibles y Energía que se ubicaron en USD 727 millones, el déficit energético en junio se ubicó en USD 1.228 millones, el valor más alto desde julio del 2014. En tal sentido, el rojo energético acumulado en lo que va de 2022 superó ya los USD 2.700 millones, cuando en el mismo periodo para 2021 era de apenas USD 351 millones.

¿Qué esperamos para los próximos meses?

En un contexto en el que cada dólar cuenta, y ya con los números del primer semestre a disposición, se comprende la decisión del Gobierno de endurecer las restricciones a las importaciones para frenar la salida de divisas. En tal sentido, de cara a la segunda mitad del año esperamos una marcada reducción en el nivel de las compras al exterior, donde al menos hasta septiembre se priorizarán las importaciones energéticas en detrimento de los otros usos económicos, e incluso no descartamos nuevos cambios en la normativa vigente producto de la elevada inestabilidad cambiaria y financiera.

Por su parte, también se hacen presente algunas dificultades por el lado de la oferta. Concretamente, los elevados niveles de la brecha cambiaria y las crecientes expectativas de un salto cambiario discreto motivaron a los exportadores de soja a retrasar la comercialización de granos en las últimas semanas. Si bien aún no parece haber una solución concreta al problema, creemos que con el pasar de los meses los productores irían normalizando la liquidación, manteniendo elevado el nivel de las exportaciones, ya sea por una medida o esquema de incentivos instrumentado por el Gobierno o por una mera necesidad de caja para cubrir necesidades de financiamiento (insumos de cosecha, deudas).

En este marco, estimamos que, con unas importaciones pisadas y unas exportaciones en niveles récord, el saldo comercial del segundo semestre casi se duplicaría con relación a la primera mitad del año, arrojando un balance en torno a USD 9.000 millones para 2022, por debajo de lo evidenciado en 2021 pero aún en niveles elevados. Sin embargo, habrá que seguir de cerca el contexto internacional, donde no sólo los futuros de los precios de las commodities vaticinan una marcada reducción en el mediano plazo (aunque persistirían en niveles históricamente altos), sino que también crecen las probabilidades de un menor nivel de actividad económica global producto de un mayor endurecimiento en la política monetaria de la FED y los principales bancos centrales.