Efecto Bolsonaro

¿Cómo resultaron las elecciones en Brasil?

 

El pasado domingo 7 de octubre, el pueblo brasilero se acercó a las urnas para expresar su apoyo a los distintos candidatos presidenciales. Entre ellos se destacó Jair Bolsonaro, con una esperada pero igualmente sorprendente performance que le permitió quedarse con el 46% de los votos, sacándole casi 17 puntos de ventaja a su principal contrincante, Fernando Haddad.

Si bien los números dan cuenta del extenso apoyo que respalda a Jair, este deberá someterse nuevamente a la voluntad del pueblo el 28 del corriente en un balotaje. La contienda podría revertirse, es cierto, pero las chances de que eso suceda son pocas.

¿Cuál es el plan macroeconómico de Bolsonaro?

 

De acuerdo a su plataforma de campaña, el candidato ofrece una propuesta liberal que busca impulsar el crecimiento, bajar la inflación y estimular el empleo. Nada fuera de lo común. Concretamente, propone alcanzar el superávit primario en 2020 mediante achicamiento del Estado y redireccionamiento del esquema tributario, reducción de la deuda ayudado por privatizaciones, contención del aumento de precios mediante un régimen de metas de inflación, tipo de cambio flexible, establecimiento de un ingreso mínimo, apertura comercial a través de la reducción de derechos de importación y barreras no arancelarias sumado a la firma de acuerdos internacionales, desarrollo del mercado de capitales, impulso al sector agropecuario, ampliación de la matriz energética e inversión en transporte.

¿Cómo podrían impactar sus medidas en la economía Argentina?

 

Si tenemos en cuenta que Brasil es el principal socio comercial argentino, representando más del 30% de nuestro intercambio comercial total (exportaciones e importaciones), las consecuencias para nuestra economía podrían ser notables.

Adentrándonos en terreno hipotético, y a pesar de la falta de precisiones, cabría esperar que un régimen de metas de inflación conduzca a una tasa real fuertemente positiva que, en el marco de un tipo de cambio flexible, estimularía el ingreso de capitales (el pasado lunes luego de las elecciones la bolsa mostró un incremento de más de 5%) presionando la moneda brasilera a la baja, apreciándola en términos reales y reforzando la dinámica expansiva de las importaciones (nuestras exportaciones). Además, esto encarecería la producción brasilera para los argentinos, por lo que el saldo comercial con el país vecino mejoraría por ambas vías.

Particularmente, algunos de los sectores más beneficiados serían la industria automotriz (Brasil representa actualmente el 70% de nuestras exportaciones) y el sector fabricante de maquinaria agrícola (favorecido no solo por la mayor competitividad cambiaria sino también por el impulso a la producción agropecuaria prometido por Bolsonaro). Esta dinámica ayudaría también a la balanza bilateral de turismo, estimulando la llegada de brasileros a nuestro país y reduciendo la salida de argentinos.

No obstante, una tasa real fuertemente positiva en el país vecino podría ser una complicación para la economía argentina si esta se mantuviese hasta 2020, año que en nuestro país ya no contará con los desembolsos del FMI y deberá volver a acudir al mercado privado a conseguir financiamiento. En esta situación, Argentina se vería forzada a mantener también una alta tasa para poder competir con Brasil por el fondeo.

Por otro lado, un punto no menor en la plataforma del candidato consiste en la reducción de múltiples derechos de importación y barreras no arancelarias. Sin embargo, Brasil y Argentina son integrantes del Mercosur, por lo que ninguna de las partes puede modificar el esquema arancelario de manera unilateral. Esto significa que en el extremo caso en que Bolsonaro optase por extender esta política hacia su relación con Argentina, esto sería con ruptura del bloque comercial mediante, probablemente comprometiendo seriamente gran parte de las exportaciones argentinas.

Argentina logró revertir el déficit comercial con Brasil

En el mes de septiembre, Argentina logró revertir el rojo comercial con Brasil por primera vez desde el año 2014. Esto se explica por un fuerte retroceso de nuestras importaciones (principalmente vehículos de pasajeros, transporte de carga y maquinaria) como consecuencia de la más que notable depreciación del peso y la recesión económica por la que transita nuestro país. Por otro lado, las exportaciones se mantienen en expansión, siendo los vehículos de carga y pasajeros y el trigo en grano los que explican mayormente esta dinámica, la cual se dio a raíz de la mayor competitividad cambiaria ganada por Argentina y mayores excedentes en el mercado local. No obstante, las ventas al Gigante de Sudamérica atenuaron su crecimiento en septiembre producto de la desaceleración en la economía brasilera (las proyecciones de crecimiento para 2018 pasaron de 2,8% en enero a menos de 1,4% en septiembre).

Para los meses restantes de 2018 estimamos que esta dinámica se mantenga e incluso se profundice teniendo en cuenta los nuevos niveles del tipo de cambio en nuestro país y la mayor recesión esperada. Adicionalmente, en el mejor de los casos, las exportaciones podrían mostrar algún estímulo adicional en el último mes del año, pasada la contienda electoral en Brasil. En consecuencia, el rojo bilateral con el país vecino se ubicaría en torno a USD -4.500 millones, mostrando una significativa mejora en comparación al déficit incurrido en 2017 (USD -8.200 millones).

Cuenta Corriente: dos semestres opuestos

¿Se frenó el déficit externo en el segundo trimestre de 2018?

 

Pese al inicio de la recesión y la depreciación del Peso, el rojo de Cuenta Corriente alcanzó USD 8.000 M en el segundo trimestre de 2018, trepando 25% i.a. por la profundización del déficit en cada uno de sus componentes (Bienes, Servicios y Rentas). De esta forma, en la primera mitad del año el rojo de la Cuenta Corriente superó USD 17.800 M, trepando casi 30% (USD 4.000 M) respecto del primer semestre de 2017.

¿El rojo de la Cuenta Corriente se achicará en la segunda mitad del año?

 

Estimamos que, producto del fuerte retroceso de la actividad y la fuerte depreciación del Peso, el déficit externo se ubique por debajo de los USD 8.000 M en la segunda mitad de 2018, achicándose casi USD 10.000 M frente al segundo semestre del año pasado.

El intercambio de Bienes mostrará una mejora en el último cuatrimestre del año, pudiendo alcanzar incluso algunos meses de superávit. Este cambio de signo responderá a una fuerte caída en las importaciones y, en menor medida, a las exportaciones (su capacidad de respuesta a la mayor competitividad externa es limitada en el corto plazo).

Por el lado de Servicios, esperamos una importante reducción del déficit ya que la reacción frente al cambio de las condiciones económicas es más rápida.

Por último, el rojo del saldo Rentas mostraría un incremento acotado: el pago de intereses en moneda extranjera seguirá trepando, pero caerá la remisión de utilidades al exterior por la fuerte reducción de las ganancias en dólares (por la depreciación del Peso y la abrupta recesión).

¿El déficit externo alcanzará niveles sostenibles?

 

Producto del elevado déficit del primer semestre, la Cuenta Corriente cerraría 2018 con un rojo en torno a USD 25.000 M (frente a los USD 31.300 M del año pasado). En términos del PBI dicho saldo representaría 5,4% (0,5 p.p. más que en 2017) por el desplome del Producto medido en dólares por la notable depreciación del Peso,.

A priori dicho ratio luce insostenible, pero si en 2019 la dinámica del sector externo replica la de fines de este año, el déficit en dólares sería menos de la mitad que el alcanzando en 2017.

A pesar de la devaluación y la recesión, el rojo comercial volvió a crecer

En agosto de 2018 volvió a empeorar el saldo comercial en la comparación con igual mes de 2017. Pese a que la actividad económica mostró señales de deterioro, el poder adquisitivo en dólares se redujo sensiblemente tras la depreciación del peso y la incertidumbre signó al panorama local, el déficit de bienes en relación al resto del mundo se agravó. Esta dinámica “inesperada” respondió a diversos factores que operaron tanto sobre las exportaciones como por sobre las importaciones. Respecto de las ventas externas, resalta el impacto de la sequía: las colocaciones de productos agroindustriales retrocedieron 8% i.a. en valores, lo que provocó una caída de 1,4% i.a. en el agregado, aun cuando los envíos de manufacturas de origen industrial y energéticos crecieron en el período. Además, en los próximos meses el peso de la producción agropecuaria entre las exportaciones totales se reducirá dado que ya tuvo lugar la salida de la cosecha gruesa. Por lo tanto, las caídas de las exportaciones deberían revertirse e iniciarse un crecimiento de las mismas. Con esta dinámica, estimamos que las ventas externas cerrarían 2018 en la zona de USD 61.000 millones, marcando un avance de 5% frente al acumulado 2017.

 

Por su parte, la relativa estabilidad de los valores importados en agosto (-0,3% i.a.) no se sostendría en los meses venideros. En primer lugar, cabe destacar que las cantidades adquiridas en el exterior retrocedieron 5,5% i.a. y el aumento de precios atenuó esta caída. Por otro lado, producto del criterio de devengado que emplea este Informe, se contabilizan los bienes que ingresan al país, independientemente de cuándo se pautó la operación comercial. Por lo tanto, es muy posible que planificaciones más optimistas de meses anteriores hayan impactado en las importaciones de agosto. En este sentido, que el uso de bienes intermedios –insumos productivos- fuera el que más creció señala que el rezago entre la compra y la entrega de mercancías posiblemente explique esta dinámica. Por ende, estimamos que en los próximos meses la tendencia negativa de las importaciones se agravará, tanto por la recesión como por la depreciación del peso, y en parte porque estas operaciones pautadas-no entregadas irán perdiendo lugar paulatinamente. Como resultado, las mismas caerían levemente en el acumulado anual, ubicándose en torno a USD 66.000 millones.

 

Frente a este escenario, proyectamos que 2018 cerraría con un déficit comercial cercano a USD 5.000 millones, acumulando el segundo año en terreno negativo (algo que no sucede desde la salida de la Convertibilidad). Sin embargo, dado que las dinámicas del cuarto trimestre se extenderán en 2019, a lo que se sumará un panorama más cierto en un Brasil pos-electoral, la recuperación del frente externo permitiría alcanzar un superávit en el intercambio de bienes en el año próximo.

Comercio Argentina-Brasil (agosto 2018)

 

En lo que resta del año, la marcada contracción económica interna significará un alivio en el frente externo. En primera instancia, porque el mayor tipo de cambio estimulará la competitividad precio de la producción local, impulsando las exportaciones y atenuando las importaciones. En segundo lugar, porque la menor demanda doméstica apuntalará a las ventas externas como una salida contracíclica y frenará la expansión de las importaciones.

Particularmente en el intercambio con Brasil, la compleja situación que transita el Gigante de Sudamérica, envuelto en una coyuntura marcada por una creciente tensión política y social de cara a las elecciones presidenciales, será un factor que modere la expansión de nuestras exportaciones. Por ende, a pesar de que estimamos una marcada mejora del rojo bilateral en comparación al registrado en 2017 (USD -8.200), el intercambio de bienes con Brasil se mantendría en terreno negativo y marcaría un déficit en torno a USD -4.500 millones en el acumulado de 2018.

Comercio Exterior (julio 2018)

 

Con los últimos datos, cabe preguntarse cuál será la dinámica en los meses restantes. Por el lado de las exportaciones, los efectos de la sequía seguirán diluyéndose paulatinamente y se verán favorecidas por la mayor competitividad cambiaria y el mayor excedente en el mercado local, producto de un menor nivel de demanda. No obstante, esperamos que la expansión de las ventas al exterior sea moderada, teniendo en cuenta también que la economía brasilera presentará un bajo nivel de crecimiento.

En cuanto a las importaciones, prevemos que la dinámica contractiva de los volúmenes  continúe  e incluso se profundice. Por el lado cambiario, no solo el mayor tipo de cambio real sino también la mayor volatilidad e incertidumbre, sumado a una demanda deprimida como consecuencia del enfriamiento de la economía, impactarán negativamente en esta cuenta. Como resultado, cerrarían el año en torno a los niveles de 2017.

En consecuencia, estimamos que el saldo comercial de 2018 presentará una considerable mejora en comparación al año pasado; sin embargo, todavía se mantendría en terreno negativo. No obstante, se abren algunos interrogantes: ¿será sostenible este nuevo déficit en un contexto internacional y local cada vez más complejo? ¿si la economía se reactiva, impedirá el tipo de cambio real actual un nuevo despegue importador? A juzgar por las primeras respuestas de inversores y vaivenes del tipo de cambio, el estado continúa siendo delicado.

El salto cambiario revirtió la dinámica del frente externo

Por el dinamismo económico y el atraso cambiario, el déficit comercial de bienes y servicios creció 60% i.a. en el primer cuatrimestre de 2018, rozando USD 8.000 millones.

Tras el salto del dólar y el enfriamiento de la actividad, el desequilibro externo comenzó a moderarse por el brusco freno de las importaciones. Estas pasaron de crecer 20% i.a. en el primer cuatrimestre del año a caer 0,5% i.a. en mayo-junio de 2018. En igual sentido, las compras externas de servicios pasaron de crecer 6% i.a. en el acumulado enero-abril caer 12% i.a. en el bimestre mayo-junio.

En la segunda mitad del año, el rojo de bienes y servicios se reducirá, principalmente por el enfriamiento económico y la mejora cambiaria. Esta recuperación obedecerá al desplome importador y no a un salto exportador, por lo que será el resultado del círculo vicioso de “menos actividad-menos importaciones” y no del círculo virtuoso “más competitividad-más exportaciones”.

Conforme a nuestras estimaciones, el rojo en el intercambio de bienes sería prácticamente nulo en el segundo semestre de 2018, achicándose significativamente respecto a los casi USD 6.000 millones de la segunda mitad del año pasado. De hecho, pese a un primer semestre donde el déficit más que se duplicó, el saldo comercial de 2018 marcaría una mejora respecto al año pasado, pasando de un déficit USD 8.500 a USD 5.500 millones.

Por el lado de las ventas externas, la sequía pondrá un freno al avance de las exportaciones. Además, un Brasil que viene morigerando sus proyecciones de crecimiento marcará que este “motor” no sea tan importante como se esperaba a comienzos de año. Por su parte, la escalada proteccionista en el plano global no sólo dificultará en términos comerciales.

No todos los shocks negativos serán exógenos: los sucesivos aumentos de tarifas (quita de subsidios) y las medidas en estudio de reducción de reintegros a las ventas externas, minarían la competitividad ganada.

Por el lado de las importaciones el escenario luce más “simple”. El encarecimiento del dólar y la caída de la demanda interna están golpeando las compras externas. Por lo tanto, pese a la importante expansión de las importaciones de bienes en la primera mitad del año (+13% i.a.), las compras externas cerrarían 2018 en línea con los valores del año pasado (en la zona de USD 66.500 millones).

El intercambio de servicios también se achicaría en la segunda mitad del año. Producto de una recuperación de las exportaciones (la capacidad de reacción al alza del tipo de cambio real es mayor que la de la producción de bienes) y una caída drástica de las importaciones, su déficit se achicaría alrededor de un 25% respecto a 2017, cerrando el año en torno a USD 8.000 millones.

En 2019, la anémica recuperación económica y un peso depreciado ayudarán a reducir el déficit externo. Además, un Brasil más dinámico y una cosecha “normal” apuntalarían el avance exportador. Como resultado, el rojo comercial dejaría de ser un foco de inestabilidad.

Por el dólar más caro y la menor actividad, el intercambio con Brasil se estabiliza

El avance de las exportaciones y el desplome de las importaciones apuntalan al saldo bilateral

  • En julio, la balanza comercial bilateral entre Argentina y Brasil arrojó un déficit de solo USD 200 millones en contra de nuestro país. Al igual que en mayo y junio, el rojo comercial con nuestro principal socio se redujo, aunque en esta oportunidad la caída fue abrupta (-75% i.a.) como consecuencia de un fuerte crecimiento en las exportaciones (+33,2% i.a., superando los USD 950 millones) sumado al desplome de las importaciones (-23,9% i.a., totalizando USD 1.150 millones).

 

  • La caída de las importaciones fue consecuencia del menor nivel de actividad en Argentina. El salto del dólar de los últimos meses también tuvo su impacto: el tipo de cambio real bilateral se depreció 8,1% i.a. en julio, encareciendo los productos importados desde Brasil.

 

  • Las exportaciones, por su parte, se vieron favorecidas en julio por la depreciación del peso que fue más que suficiente para compensar la desaceleración en el nivel de actividad que enfrenta Brasil, envuelto desde hace meses en un marco de tensión política y conflictividad social (los últimos datos del mercado arrojan un crecimiento esperado para el PBI de solo 1,5% en 2018, la mitad respecto de comienzos del año).

 

  • Más allá de estas señales positivas, dado que el resto de las importaciones brasileñas crecieron más de 50% i.a., la participación argentina en el mercado vecino cayó de 5,7% en julio 2017 a 5,1% en julio de 2018.

 

  • De esta forma, en el acumulado del año, la mayor expansión de las exportaciones por sobre las importaciones (+14,9% i.a. vs + 1,8% i.a. respectivamente) permitió una contracción del déficit comercial bilateral del 13,7% i.a. (acumuló un rojo inferior a USD 3.900 millones vs. USD 4.500 millones en dicho período de 2017). No obstante, producto de un mayor crecimiento del resto de las compras brasileñas al exterior (+19,9% i.a.), la participación argentina en la plaza vecina cayó 0,2 p.p. en lo que va del año.

 

 

  • De cara al futuro, resalta que la dinámica que se viene observando desde mayo se profundizará: el rojo del intercambio bilateral con Brasil se contraerá en los meses venideros, motivado tanto por un avance de las exportaciones como por la caída de las importaciones. Al igual que en los últimos tres meses, este desenlace obedecerá a la menor actividad local, la mayor competitividad cambiaria (especialmente en los bienes industriales de acotado valor tecnológico y capacidad de diferenciación, como ser automóviles) y una economía brasileña que seguirá recuperándose progresivamente.

 

  • Como resultado de esta dinámica, el rojo bilateral se achicará sensiblemente en relación al del año pasado. Concretamente, según nuestras estimaciones, el mismo estaría por debajo de USD 7.000 millones, cayendo al menos 15% i.a. respecto a los USD 8.200 millones registrados en 2017. Para 2019, si la economía brasileña continúa su proceso de estabilización, sería posible que estas cifras mejorasen aún más.

Por la crisis cambiaria, el rojo comercial también se redujo en junio

Pese a que la sequía golpeó a las exportaciones, el desplome de las importaciones pudo más

 

  • En junio de 2018, el déficit comercial alcanzó USD 380 millones, reduciéndose casi a la mitad frente al rojo registrado el mismo mes del año pasado (USD -750 millones). La contracción del déficit obedeció al desplome de las importaciones (-7,5% i.a., rozando USD 5.500 millones), frente a una leve caída de las exportaciones (-1,4% i.a., ubicándose en la zona de USD 5.100 millones).

 

  • Los datos  ya reflejan el impacto de la crisis cambiaria: las compras al exterior se redujeron -en valores- por primera vez desde diciembre de 2016 (-2,8% i.a.). En el mismo sentido, se destaca el descenso abrupto de las cantidades importadas (-12% i.a.), mostrando su sensibilidad al freno de la actividad y el salto del dólar.

 

  • Respecto a las exportaciones, la sequía volvió a hacerse sentir: las cantidades exportadas de Productos Primarios (PP) cayeron 31,1% i.a. y, en el caso de las Manufacturas de Origen Agropecuario (MOA) la contracción superó el 10% i.a. De este modo, los envíos agroindustriales cerraron un segundo trimestre para el olvido, con una merma de 29% i.a. en las cantidades enviadas al exterior de PP y de 10,3% i.a. para las MOA.

 

  • Una dinámica opuesta siguieron las Manufacturas de Origen Industrial que, impulsadas por las mayores ventas a Brasil, la menor demanda local y la mejora del tipo de cambio real, crecieron 10,4% i.a. en valores y 6,6% i.a. en cantidades.

 

  • El único punto de similitud con los meses anteriores de 2018 fue que el efecto “términos de intercambio” jugó a favor de nuestro país: los precios de los productos exportados treparon más pronunciadamente que los de los importados (+9,8% i.a. vs. +4,7% i.a. respectivamente), de modo que si se hubieran mantenido los precios del mismo mes de 2017, el rojo habría rondado USD 600 millones.

  • En la primera mitad de 2018, el déficit comercial superó USD 5.100 millones, casi duplicándose respecto al rojo del primer semestre del año pasado (USD -2.600 millones). Al igual que durante todo 2017, esta dinámica obedeció al mayor incremento de las importaciones (+13% i.a.) en relación a las exportaciones (+5,5% i.a.). No obstante, el bimestre mayo-junio probablemente anticipa la magra dinámica que veremos en el segundo semestre.

 

  • Para la segunda mitad del año, estimamos que la reciente caída de las importaciones  se repetirá, máxime mientras la actividad continúe deprimida. Por el lado exportador, la menor incidencia del sector agropecuario y una mayor competitividad cambiaria ayudarán a que las ventas externas crezcan en la comparación interanual. Sin embargo, la constante revisión a la baja de las estimaciones de crecimiento brasileñas impactarán negativamente en este punto. En síntesis, proyectamos que durante la segunda mitad del año el rojo comercial se reducirá significativamente respecto a igual período de 2017 y intercambio comercial de bienes cerraría 2018 en línea (o levemente por debajo) del déficit del año pasado (USD -8.500 millones).

 

El contexto internacional presionaría los commodities a la baja

¿Qué está sucediendo?

El mundo se encuentra convulsionado. Donald Trump y su par chino, Xi Jinping, parecerían estar jugando al juego de la gallina desde hace varios meses con amenazas de imposición de aranceles al comercio entre ambos países. Una serie de idas y venidas in crescendo que desembocó en el establecimiento por parte de Estados Unidos de un arancel del 25% sobre productos importados chinos valorizados en USD 34.000 M (y amenazas de futuros aranceles sobre productos valuados en USD 200.000 M). La superpotencia asiática no se atemorizó y respondió solo horas más tarde con una medida similar.

Por otro lado, la economía norteamericana se recalienta: los últimos datos de desempleo lo ubican en torno a 4%, valor que no se alcanzaba desde el año 2000. Paralelamente, la inflación mostró una aceleración en los últimos meses y sobrepasó el mandato del 2% anual por el que debe velar la Reserva Federal. Como respuesta, la autoridad monetaria endureció la suba de tasas con el objetivo de moderar las presiones inflacionarias antes de que estas se fortalezcan.

¿Qué significa esto?

Estados Unidos ha dado inicio a una política monetaria contractiva y las señales del mercado muestran que este confía en que será exitosa. Cabe esperar entonces el afianzamiento de una dinámica flight to quality en el movimiento de capitales financieros que estimulará la apreciación del dólar. Además, la suba de tasas repercutirá también en las variables reales a través de un menor crecimiento de la economía mundial con la consecuente contracción en los flujos de comercio internacionales, fenómeno que se vería intensificado ante la consolidación de la política comercial actual.

Si bien a la hora de evaluar los impactos de la suba de tasas en Estados Unidos sobre nuestro país comúnmente se hace foco en el mayor costo y la menor disponibilidad de financiamiento, lo cierto es que las consecuencias no se agotan allí. Por el contrario, existen otros factores que se verían afectados en esta nueva coyuntura internacional, como el precio de los commodities, lo cual impactaría significativamente en las cuentas externas de nuestro país.

¿Cómo afectará al precio de los commodities?

En el mediano y largo plazo, las mayores tasas y la desaceleración de la actividad a nivel mundial comenzarán a ejercer presión sobre el precio de los commodities, conteniendo el alza de los mismos o incluso empujándolos a la baja. La demanda internacional debilitada (ya sea por redireccionamientos de cartera a bonos del tesoro estadounidense o menor demanda para consumo), sumada a la apreciación esperada del dólar, descomprimirá los mercados. Además, si suponemos condiciones climáticas normales en nuestro país, la cosecha arrojaría resultados favorables, por lo que la recomposición parcial de la oferta mundial contribuiría a esta dinámica bajista en el caso de los productos agrícolas en particular.

Esta perspectiva complejiza la restricción externa argentina y enciende una nueva luz de alerta en el tablero de control macroeconómico, en contraposición a lo ocurrido en el primer tramo de 2018 en que los precios de las exportaciones se movieron al alza. En los primeros meses del año, el crecimiento del PBI mundial a una tasa superior al 3% anual y las amenazas de una guerra comercial entre las principales potencias derivó en presiones alcistas sobre los precios de los commodities, sumado a factores puntuales que impactaron en las diversas categorías. Entre ellos se destacan los incrementos en los commodities agropecuarios debido a la mala cosecha de soja y maíz en Argentina y a la menor plantación de trigo, soja y maíz en Norteamérica, o los notables aumentos en el precio del petróleo a raíz de recortes en la oferta y reducción de inventarios, además de las amenazas de sanciones por parte de Estados Unidos a Irán.

Por último, teniendo en cuenta que la oferta se encuentra cartelizada, el precio del petróleo podría seguir a futuro una trayectoria diferente al resto de los commodities y podría continuar su escalada ante la conflictividad geopolítica reinante. Esto representaría un empeoramiento aún mayor en los términos de intercambio e impactaría sobre las cuentas externas argentinas por el lado de las importaciones energéticas.