El rojo bilateral con Brasil se redujo a la mitad en 2018

En el mes de diciembre se alcanzó un superávit en el intercambio comercial de bienes con Brasil (USD 260 millones), el primero desde 2014. Esto fue producto de un fuerte avance exportador (+29,3% i.a.) y un nuevo desplome de las importaciones (-55,2% i.a.).

De esta forma, el año cerró con una reducción del rojo bilateral del orden del 52% (pasando de cerca de USD -8.200 millones en 2017 a USD -3.900 millones en 2018) explicado por un aumento de las exportaciones de 17% y un retroceso de las importaciones de -15%. Sin embargo, al igual que en el resto de las variables de la economía argentina, la dinámica no fue homogénea a lo largo del año, por lo que vale la pena recordar cómo fue que se llegó a esta disminución del déficit.

 

Primer trimestre

En el primer trimestre de 2018, la actividad local aún marcaba un avance vigoroso. Además, el tipo de cambio –pese a ciertos saltos en el verano pasado– se mantenía apreciado, de modo que el poder adquisitivo en divisas era elevado. En este marco, el intercambio bilateral repitió la dinámica del cierre de 2017: el salto de las importaciones (+14% i.a.) superó significativamente al de las exportaciones (+9% i.a.) y el déficit se agravó, al pasar de USD -1.700 millones en el primer trimestre de 2017 a USD -2.000 millones en 2018.

 

Segundo trimestre

Sin embargo, al igual que en el resto de las variables, esta dinámica no era sostenible. En el segundo trimestre, producto del salto cambiario más una actividad local que comenzó a mostrar señales de deterioro, las importaciones se estancaron (0% i.a.). Por su parte, la economía brasileña comenzó a fortalecer su crecimiento y, pese a la huelga de camioneros que experimentó el país vecino, el déficit en el intercambio bilateral se contrajo en el período. Concretamente, el mismo pasó de USD -2.000 millones en abril-junio de 2017 a USD -1.700 millones en 2018. De este modo, el primer semestre cerró con el mismo saldo neto que en 2017; sin embargo, en el acumulado anual las cifras mejoraron. Veamos por qué.

 

Tercer trimestre

En el tercer trimestre, la recuperación en las cuentas bilaterales se acentuó. Pese a que la economía brasileña estuvo marcada por su incertidumbre electoral, la ganancia de competitividad cambiaria y la recesión de la economía local provocaron un desplome de las importaciones (-25% i.a.) y un sensible avance de las exportaciones (+28% i.a.). En este marco, el saldo se mostró equilibrado en septiembre y acumuló un déficit menor a USD -400 millones en el trimestre, un ahorro de 83% frente al rojo de igual período de 2017 (USD -2.200 millones).

 

Cuarto trimestre

En el cierre del año, las tendencias “favorables” se acentuaron. Por caso, la economía brasileña dejó atrás su incertidumbre electoral y mejoró levemente su marcha. Además, pese a la apreciación nominal del trimestre, el dólar permaneció en una zona competitiva. Por último, producto de las altas tasas de interés la demanda interna continuó alicaída. En consecuencia, la balanza comercial trimestral estuvo cerca de alcanzar un superávit de USD 200 millones, lo que implica una notable mejora frente al último cuarto de 2017 (USD -2.300 millones), producto otra vez de un desplome importador (-44% i.a.) y una recuperación de las ventas (+16% i.a.).

 

Perspectivas 2019

De cara a este año, la dinámica será más similar a la de la segunda mitad de 2018 que al primer semestre: producto de un Brasil en crecimiento (según el consenso de mercado, el PBI de ese país crecería más de 3% este año), un Real que se mantendría estable en términos nominales (conforme al mismo relevamiento, cerraría 2019 en torno a 3,9 BRL/USD) y una economía argentina que permanecerá anémica con un dólar no apreciado, las mejoras se sostendrían. En este marco, proyectamos que este año cerraría con un déficit en el intercambio bilateral cercano al equilibrio, siendo de esta forma el más bajo desde 2014.

El menor déficit de cuenta corriente no garantiza la calma cambiaria en 2019

¿Qué pasó con la cuenta corriente del balance de pagos en el tercer trimestre del año?

En el tercer trimestre de 2018, se redujo el déficit de cuenta de corriente del balance de pagos. Esta mejora obedeció a un menor rojo en bienes y servicios: en conjunto, el saldo negativo de ambas cuentas pasó de USD 4.400 millones en el tercer cuarto de 2017 a menos de USD 3.000 millones igual período de este año, producto de la caída de las compras externas (-8,4%), ya que las ventas al exterior también se contrajeron en la comparación interanual (-2,8%). A contramano, la cuenta rentas incrementó su desbalance y atenuó la corrección del déficit externo.

Sin embargo, en la comparación trimestral, las principales novedades estuvieron en la cuenta capital y financiera. Motivado por la reversión del saldo de inversiones de cartera, es decir, del desarme generalizado de posiciones en pesos de no residentes, este apartado transformó su superávit de USD 7.000 millones en el tercer trimestre del año pasado en un déficit de casi USD 4.900 millones en dicho período de 2018. En consecuencia, la cuenta financiera pasó de aportar divisas a ser un demandante. Puesto en otros términos, la reversión del flujo de capitales presionó al alza el tipo de cambio. Como desenlace de esta dinámica, las Reservas Internacionales cayeron casi USD 13.000 millones durante el tercer trimestre de 2018, contrarrestando los desembolsos del FMI por USD 15.000 millones a fines de junio de 2018 (contabilizados en el segundo trimestre).

¿Qué implicancias tiene en materia económica?

El principal resultado de este cambio de signo en las cuentas fundamentales del balance de pagos fueron las presiones sobre el peso: el importante atraso cambiario que marcó a la economía argentina en 2017 estaba sostenido en el influjo constante de dólares financieros. Dado que los mismos no estaban garantizados, su reversión generalizada y abrupta provocó una corrida cambiaria: el dólar acumuló un alza superior al 40% a lo largo del tercer trimestre, al pasar de menos de 29 ARS/USD al cierre de junio a casi 41 ARS/USD a fines de septiembre. Cabe destacar que, si la anterior dinámica era insostenible (el ingreso de divisas financieras no iba a “durar para siempre”), esta dinámica también lo es: la salida tenderá a moderarse. En este sentido, la importante reducción del stock de LEBACs y su sustitución por activos de menor liquidez y sin mercado secundario (LELIQ), una política monetaria muy astringente y las mayores regulaciones sobre las tenencias en moneda dura de los bancos, evitaron que esta sangría se repitiera en el cuarto trimestre.

¿Qué corresponde esperar para 2019?

El balance de pagos mostrará mejoras significativas el año que viene. En primer lugar, la Cuenta Corriente se verá beneficiada por el buen desempeño de los envíos externos, tanto de bienes como de servicios. Asimismo, la menor rentabilidad de la economía argentina en general, y las menores ganancias en moneda dura de las empresas extranjeras en particular, acotarán la sangría de dólares por motivos de renta. Por su parte, los fondos frescos del FMI apuntalarán a la Cuenta Capital y Financiera. En este caso, se observará un cambio de prestamista: habrá ingresos netos de organismos internacionales (reflejados en el rubro “otras inversiones” de la cuenta financiera) y, posiblemente, salidas netas de acreedores privados (reflejados en “inversiones de cartera” de dicha cuenta). En consecuencia, como resultado, las Reservas Internacionales deberían recuperarse durante el año electoral.

No obstante, cabe hacer una salvedad: el balance de pagos no contabiliza las compras de dólares por parte de residentes que quedan en el sistema financiero local (depósitos en bancos). En consecuencia, no refleja en toda su magnitud la dolarización de activos del sector privado. Dado que ésta será elevada en 2019 producto de la incertidumbre electoral, el grado de mejora del balance de pagos dependerá de si los agentes privados optan por sacar sus divisas del sistema bancario local (dólares en el colchón/cajas de seguridad o giros al exterior) ya que esta decisión impactará, o no, en las Reservas Internacionales.

El contexto internacional en 2019

Argentina, un país dependiente

La economía argentina ha repetido muchas veces el mismo ciclo: atraso cambiario con endeudamiento, expansión de la actividad económica con creciente déficit externo que desemboca en una crisis de balanza de pagos cuando se revierte el ingreso de capitales foráneos. Esto produce un fuerte salto cambiario que acelera la inflación y provoca significativas pérdidas de poder adquisitivo de la población, lo que lleva a una brusca recesión que termina recomponiendo el equilibrio externo. La llamada “restricción externa” ha marcado los tiempos económicos y políticos del país durante varias décadas y es un recordatorio de la importancia de generar divisas genuinas (provenientes del comercio internacional y la inversión extranjera directa) para sostener el crecimiento.

De esta forma, resulta interesante analizar cómo el contexto internacional podría moderar o intensificar la restricción externa, lo cual afectará la solidez y solvencia argentina de cara al 2019. En este sentido, se destacan tres variables claves: precios de los commodities agrícolas, tasas de interés y crecimiento de la economía mundial.

Buenas y malas noticias

En su reciente anuncio, la Reserva Federal norteamericana oficializó su última suba de tasas del 2018 y dejó la puerta abierta para dos incrementos adicionales para el año que viene. Si bien esto plantea una política monetaria contractiva más moderada (la mitad respecto a las cuatro subas aplicadas este año), no será inocua para la economía argentina que todavía requiere acceso al financiamiento externo.

La suba de tasas incrementará el costo y reducirá la disponibilidad de crédito en los mercados. Pese a que el año que viene las necesidades financieras en moneda extranjeras se encuentran prácticamente cubiertas por desembolsos del FMI, en 2020 el Tesoro tendrá que salir a colocar bonos soberanos para hacer roll-over de los vencimientos de la deuda pública. Además, los mayores rendimientos en la economía norteamericana resultarían en una apreciación del dólar que podría presionar a la baja el precio de las commodities. Y la suba de tasas norteamericanas afecta las proyecciones de crecimiento de la economía mundial, con su consecuente efecto negativo sobre la demanda de alimentos. De esta forma, los ingresos por exportaciones argentinas podrían verse impactados por ambas vías (precios y cantidades).

A este contexto internacional se le suma la guerra comercial entre China y Estados Unidos. Si bien se logró una suerte de impasse tras el G20, nada garantiza que ambos países no retomen su actitud beligerante en el corto plazo, generando una atmósfera de incertidumbre y volatilidad que afectaría al comercio internacional (ambas explican más del 20% del intercambio global).

Sin embargo, podrían llegar buenas noticias desde Brasil. El mayor dinamismo esperado para su economía, sumado a una posible apreciación del Real, favorecerían una mejora en el intercambio bilateral. De todas formas, preocupa la posición que adoptará el país vecino en cuanto al Mercosur, aunque resulta difícil pensar en una ruptura en el corto plazo.

Sin viento de cola para 2019

En conclusión, el contexto internacional relevante para nuestro país no luce favorable para el año que viene: las condiciones financieras internacionales serán algo más restrictivas y no esperamos un alza del precio de las commodities. Sin embargo, las perspectivas de crecimiento de nuestros principales socios comerciales son positivas, particularmente en Brasil.

En noviembre, se acentuó el superávit comercial

Noviembre trajo consigo el tercer superávit comercial consecutivo en el intercambio de bienes. Más aún, este rozó los USD 1.000 millones, cifra no observada desde junio de 2014. La novedad es que este abultado superávit no fue producto solo de una significativa caída en las importaciones (-29,2% i.a.) sino también de un fuerte avance de las exportaciones (+14,5% i.a.).

Las ventas al exterior, beneficiadas por la mayor competitividad externa (el tipo de cambio real multilateral experimentó una mejora de casi +37% i.a. en noviembre) treparon 13% i.a. en cantidades. De hecho, es el primer mes en que todos los rubros de exportaciones muestran crecimientos en volúmenes, habiendo dejado atrás el efecto negativo de la sequía que afectó los envíos de productos primarios y manufacturas agropecuarias. A esto se sumó un mínimo avance de los precios de exportación (+1,2% i.a.).

En cuanto a las importaciones, estás profundizaron su dinámica contractiva en un entorno de fuerte recesión y depreciación cambiaria. Los volúmenes se desplomaron un notable 34% i.a. (cifra que no se observa desde el año 2009) constituyéndose en el tercer mes consecutivo de caída en las cantidades importadas de todos los rubros. Los aumentos de precios de las importaciones (casi 8% i.a.) evitaron una mayor caída de las compras externas.

Por último, para diciembre se espera que persista el superávit, explicado por un nuevo avance de las exportaciones y una caída en las importaciones. Si bien esta última podría verse acrecentada por el reciente desplome del precio del petróleo, una base de comparación no tan alta en diciembre de 2017 moderaría la caída. De esta forma, el 2018 cerraría con un déficit por debajo de USD 5.000 millones.

Para 2019, esperamos una nueva caída de las importaciones (el PBI promediará otra caída y tipo de cambio se mantendrá competitivo) y un nuevo avance de las exportaciones gracias a la recuperación del agro, el mayor dinamismo de Brasil y el incremento en la producción de hidrocarburos. Esta dinámica redundará en un superávit comercial en torno a USD 6.000 millones.

En noviembre, nuevo equilibrio comercial con Brasil

En noviembre, el saldo comercial bilateral con Brasil fue equilibrado (USD -4 millones), manteniendo la evolución de los últimos meses y neutralizando así el déficit de USD 730 millones registrado en igual mes de 2017. Esta dinámica respondió a un desplome importador (-40% i.a.) y a una recuperación de las exportaciones (+12% i.a.). No obstante, considerando el salto de casi 30% i.a. que mostraron las compras brasileñas a otros países –excluida la Argentina-, la perspectiva alentadora se morigera. De hecho, como resultado de esta evolución dispar, la participación argentina en las compras brasileñas se redujo 0,8 p.p. al pasar de 6,3% en noviembre de 2017 a 5,5% en igual mes de 2018.

En el acumulado anual, el déficit en el intercambio bilateral super USD 4.100 millones, lo que implica un ahorro de más del 40% i.a. frente a los primeros once meses del año pasado (alrededor de USD 3.200 millones). Esta evolución responde a un avance exportador (+16% i.a.) y a una contracción importadora (-11% i.a.). Una vez más, al considerar el comercio del gigante del Mercosur con el resto del mundo, las mejoras argentinas se atenúan: excluyendo al intercambio bilateral, las importaciones de Brasil treparon 20% i.a. Por otro lado, al comparar la dinámica anual se observan dos etapas: una que va de enero a mayo, signada por un avance importador (+8% i.a.) que deterioró a la balanza comercial (pasó de USD -3.000 millones a USD -3.200 millones) y otra que abarca al período junio, en donde las compras a nuestro principal socio se desplomaron (-23% i.a.), lo que recortó sensiblemente al rojo (pasó de USD -4.400 millones en junio-noviembre de 2017 a USD -1.000 millones en 2018).

Para diciembre, estimamos que el intercambio permanecería equilibrado, de modo que el déficit acumularía alrededor de USD 4.200 millones en 2018, marcando un importante ahorro frente al rojo USD 8.200 millones registrado el año pasado. Por otro lado, para 2019 proyectamos una dinámica similar a la del segundo semestre de este año y las mejoras continuarían, especialmente durante la primera parte del año, cuando la base de comparación será más débil.

Octubre encadenó el segundo mes de superávit comercial

Tras el superávit comercial de bienes alcanzado en septiembre (el primero luego de 20 meses en rojo) octubre trajo consigo un nuevo saldo positivo en el intercambio con el resto del mundo, aunque muy tímido: USD 277 millones. Con exportaciones que mostraron un magro avance (+1,4% i.a.) e importaciones que se mantienen en notable caída (-18,2% i.a.), las cuentas externas sostuvieron la dinámica de ajuste, aunque no logran recuperarse de manera definitiva.

En el caso de las exportaciones, el aumento fue traccionado por un leve incremento en los precios internacionales (+1,2%) ya que las cantidades se mantuvieron en el mismo nivel en comparación a octubre de 2017 (+0,2% i.a.). De hecho, la sequía aún deja ver algunos coletazos: las colocaciones en el exterior de productos primarios mostraron una caída de 5,8% i.a. No obstante, el resto de los rubros avanzaron en la comparación interanual debido a mayores excedentes a raíz del contexto recesivo que golpea a la demanda local y una tibia recuperación de la competitividad cambiaria. Si bien la misma mejoró frente a comienzos de año, la elevada inflación y el nuevo esquema de retenciones recortaron parte de las ganancias obtenidas en agosto. En este sentido, la apreciación del Real durante el mes pasado (-8%), motivado por elecciones que comenzaban a definirse, también alentó a los envíos a ese país.

Por el lado de las importaciones, si bien la contracción en las cantidades rozó 25% i.a., el incremento en los precios (+8% i.a.) moderó esta caída y atenuó la mejora del saldo. Lo destacable es que, por segundo mes consecutivo, todos los rubros de compras al exterior mostraron un retroceso en los volúmenes. Tanto por el lado de la industria (que demanda bienes de capital, bienes intermedios y piezas) como por el lado de la demanda final (que adquiere bienes de consumo y vehículos), el menor nivel de actividad y el encarecimiento relativo de los bienes importados ya se están haciendo sentir. Paralelamente, el incremento en la producción de petróleo y gas en nuestro país no solo permitió incrementar las exportaciones sino también sustituir parte de las importaciones energéticas.

Para el último bimestre de 2018 esperamos que el terreno positivo se mantenga. Por el lado de las exportaciones los avances se acelerarían (se atenúa la incidencia agropecuario y aumenta la industrial). En cuanto a las importaciones, una base de comparación no tan alta en el mes de diciembre haría que la caída se atenuase. De esta forma, el saldo comercial cerraría el año en la zona de USD -6.000 millones, una mejora nada despreciable en comparación al rojo de 2017 (USD -8.300 millones). Asimismo, dado que las bases del superávit del último cuatrimestre se mantendrían en 2019, esperemos que el año próximo nuestro país obtenga un saldo positivo en el intercambio de bienes.

 

Vuelve el superávit comercial, pero sin mayor flujo

En 2019 volverá el superávit, pero no crecerá el flujo de comercio de bienes

En 2017, el déficit comercial de bienes alcanzó un récord de USD 8.300 millones producto de la expansión económica y el atraso cambiario. Esta dinámica se profundizó en la primera mitad de 2018, cuando el saldo negativo se duplicó en comparación a dicho período del año pasado. Sin embargo, los sucesivos saltos del dólar corrigieron esta situación: el intercambio de bienes prácticamente se equilibrará en la segunda mitad de 2018 y esperamos que alcance un superávit en torno a USD 4.500 millones el año que viene ayudado por una mejor cosecha agrícola y un mayor crecimiento de Brasil.

Pese a que esperamos una mejora de la balanza comercial de bienes, no prevemos un aumento del intercambio total (suma de exportaciones e importaciones). De hecho, el flujo del comercio pasaría de USD 126.500 millones este año a USD 125.000 millones en 2019 (-1% i.a.). Aunque esta caída sería mínima, alcanzaría 20% respecto al máximo registrado en 2011 (USD 157.000 millones).

 

Lo importante no es sólo el superávit sino también aumentar el intercambio comercial

El comercio exterior es un eje central en el proceso de desarrollo de diversos países. Por el lado exportador, las ventajas son conocidas. Por caso, vender al resto del mundo implica situarse en la frontera internacional en materia de calidad y precios, promoviendo la innovación y mejoras de productividad. Además, incrementar nuestras exportaciones permitiría ampliar la escala de producción reduciendo costos fijos.

Sin embargo, a contramano de lo deseable, las exportaciones de bienes vienen mostrando un deterioro sostenido en los últimos años: según nuestras estimaciones, entre 2011 y 2019 caerán más del 20% en dólares corrientes. Para atenuar esta contracción, es fundamental profundizar nuestros acuerdos comerciales. Si bien el Mercosur constituye una importante unión aduanera (tratado de libre comercio y política arancelaria común), nuestro país está rezagado frente al resto de la región al momento de firmar acuerdos de acceso preferencial a otros mercados. A modo de ejemplo, mientras que Chile posee tratados con el 90% del PBI global, Perú con el 80% y Colombia con el 50%, Argentina solo goza de una entrada privilegiada al 10% del PBI global.

Por otro lado, cabe destacar que para incrementar las ventas es necesario también aumentar las compras: el ingreso de insumos clave para la producción desde el exterior permite reducir costos y ser más competitivos. Además, en muchas oportunidades las preferencias económicas van acompañadas de acuerdos políticos; por lo tanto, estos tratados no solo serían deseables sino también un requisito. En este sentido, la comparación es desalentadora frente a nuestra propia historia (las compras externas caerían 18% entre 2011 y 2019) y también frente a la región. Por caso, en 2017, las importaciones de bienes de Chile implicaron más de un cuarto de su producción total, un 23% en Perú y un 20% en Colombia. En contrapartida, en la Argentina, este cociente es de 14%, solo por delante de Brasil (12%), quien posee una estructura productiva relativamente similar pero un mercado interno sensiblemente más amplio –su población más que triplica a la de nuestro país.

 

La apertura comercial es clave

Como resultado de esta magra dinámica, al comparar el flujo de comercio (exportaciones más importaciones) en relación al PBI, nuestro país ha quedado relegado. Mientras que en Chile y Perú su comercio exterior equivale a la mitad de su PBI, en nuestro país dicha cifra asciende a un cuarto (cociente similar para Brasil). Esto muestra las diferencias existentes en el grado de apertura comercial entre nuestro país y otros países de similar desarrollo. En consecuencia, estas naciones se beneficiarán en mayor medida de los avances tecnológicos y de productividad que se desarrollen a escala global –redundando en mayores tasas de crecimiento-, relegando a nuestra economía a un segundo escalón. Por ende, mientras que el flujo de comercio no se profundice, los avances locales serán de una menor intensidad al de los países más integrados al comercio internacional.

Las importaciones desde Brasil se desplomaron en octubre de 2018

El saldo de la balanza comercial bilateral con Brasil fue apenas deficitario (USD -60 millones) en octubre de 2018, mejorando sensiblemente respecto al rojo de igual mes de 2017 (USD -750 millones). De esta manera, se registró el segundo mes consecutivo con una balanza comercial prácticamente equilibrada. La importante reducción del déficit respondió a la marcada caída en las importaciones (-40% i.a.), dado que las exportaciones, si bien crecieron, no mostraron un despegue significativo (+4% i.a.).

Con estos números, el rojo acumulado en los primeros diez meses del año (USD -4.300 millones) marca una significativa mejora respecto a igual período del año pasado (USD -6.600 millones). En este caso, la evolución respondió tanto a una caída de las importaciones (-7% i.a.), como a un avance de las exportaciones (+16% i.a.). Más allá de la dinámica positiva, vale remarcar el efecto base de comparación. Por caso, si comparamos la evolución de nuestras ventas a Brasil en lo que va del año con el mismo lapso de 2015, se observa un incremento del 3%, a la par que si lo hacemos con los primeros diez meses de 2014 se registra una caída del 20%.

Para el último bimestre del año, esperamos un saldo equilibrado en el intercambio bilateral, producto de la recesión que golpea a la demanda argentina, los sucesivos saltos cambiarios ocurridos en 2018 (abaratamiento relativo de los bienes domésticos) y la posible mejora de la economía brasileña tras disiparse la incertidumbre electoral. En este sentido, proyectamos que el año cerraría con un déficit bilateral de USD -4.400 millones para nuestro país, reduciendo prácticamente a la mitad el saldo negativo registrado en 2017 (USD -8.200 millones). Asimismo, para 2019, con el influjo de capitales que estima la economía brasileña y la apreciación del Real que ese movimiento conllevará, proyectamos que la mejora del saldo persista.

Del déficit al superávit comercial de bienes

¿Por qué 2018 cerrará con un déficit comercial de bienes?

A pesar del superávit comercial de bienes alcanzado en septiembre (USD +314 millones, tras 20 meses consecutivos de déficit), en el acumulado de 2018 el rojo muestra un incremento del 27% i.a. De hecho, el déficit pasó de USD 5.100 millones en los primeros nueve meses de 2017 a casi USD 6.500 millones en lo que va del año producto de un mayor ritmo de expansión de las importaciones frente a las exportaciones (+6% i.a. y +3,5% i.a., respectivamente). La brecha entre el dinamismo de las compras y las ventas externas se viene acortando mes a mes (por caso, al cierre del primer semestre las variaciones eran de 13% i.a. y 6% i.a., respectivamente), pero el aumento de los precios internacionales de las importaciones y la sequía agrícola que afecta las exportaciones, no permitieron que la misma desaparezca.

Sin embargo, todavía resta un trimestre para el cierre de 2018. En él, la recesión mostrará su peor cara y el golpe sobre las importaciones será significativo. Además, dado que ya tuvo lugar la salida de la magra cosecha gruesa, los envíos externos retomarían su dinámica positiva. En este marco, proyectamos que se acumularía un superávit comercial cercano a USD 900 millones en el período octubre-diciembre 2018, lo que implicaría una mejora significativa respecto al déficit de USD 3.200 millones alcanzado en el último cuarto de 2017. Con estos números, este año cerraría con un saldo comercial negativo de USD 5.500 millones, lo que implicaría una reducción del 34% respecto del rojo obtenido en 2017 (USD -8.300 millones).

¿Qué pasará con la balanza comercial el año que viene?

En 2019 nuestro país alcanzará un superávit comercial de bienes. El mismo responderá tanto a un aumento de las exportaciones (que conforme a nuestras estimaciones rondaría el 6% i.a.) como a un retroceso de las importaciones (caerían alrededor de 8% i.a.). Por el lado de las ventas externas, la recuperación del sector agropecuario será fundamental. Paralelamente, la mejora en la competitividad cambiaria, mayores saldos exportables a raíz de la recesión y una economía brasilera más pujante con un Real fortalecido (estimamos un importante influjo de capitales una vez superado el proceso electoral) explican la recuperación esperada. Por último, las sensibles mejoras en la producción de petróleo y gas no convencional en Vaca Muerta ayudarían a sustituir importaciones energéticas e incluso sumarían a las exportaciones (ya hay un pedido de exportación de gas a Chile autorizado y otros seis pendientes de aprobación). Asimismo, las compras externas se verían golpeadas por una economía local que no repunta y un tipo de cambio real que no volverá a apreciar de manera significativa. En este marco, estimamos que el saldo del intercambio de bienes cerraría 2019 en terreno positivo, ubicándose en la zona de USD 3.500 millones.


¿Cuánto durará el superávit comercial?

En la historia económica argentina de los últimos veinte años se registraron dos momentos en que a un año de déficit comercial de bienes le siguió otro de superávit: 1999-2000 y 2015-2016. En ambos casos, la caída en el nivel de actividad jugó un rol clave: tanto en el 2000 como en 2016 el PBI se contrajo (-0,8% i.a. y -1,8% i.a., respectivamente) reduciendo los valores importados (-1% i.a. y -7% i.a. , respectivamente). Uno de los cambios fue estructural y el otro coyuntural: mientras que al 2000 le siguieron saldos positivos ininterrumpidos hasta 2015, al 2016 le siguió el mayor déficit comercial corriente de la historia –y el máximo como porcentaje del PBI desde 1994-. Analizar similitudes y diferencias con ambos años nos permitirá precisar si el superávit comercial de bienes será duradero o no.

En primer lugar, corresponde destacar que la caída del nivel de actividad de 2019 sería apenas menor a la de 2016 (según nuestras estimaciones, en torno a -1,5% i.a.), lo que frenaría a las importaciones. Sin embargo, a 2019 no le seguirían años de expansión significativa de la demanda interna (en 2017 la misma creció 6% i.a.), de modo que el menor nivel de las compras externas adquiriría un carácter más permanente.

En el frente cambiario, la cotización nominal del dólar era fija en 2000 a la par que la inflación era nula (los precios cayeron 0,7% i.a. ese año). Sin embargo, dado que en Brasil sí tenía algo de inflación (alrededor de 6% i.a. en el promedio anual), existió cierta ganancia de competitividad externa. Por su parte, en el 2016, luego de la salida del cepo y la normalización del mercado cambiario, el tipo de cambio real multilateral subió 14% frente a 2015. Además, considerando la reducción de retenciones con que comenzó la gestión Cambiemos, nuestra producción se abarató sensiblemente en relación al resto del mundo. En 2019 la divisa no se atrasaría, y nuestro principal socio comercial se apreciaría incluso en términos nominales, por lo que estimamos un avance del tipo de cambio real multilateral de 5% i.a. a lo largo del año (en promedio mejoraría 25%respecto a 2018)

Por último, corresponde evaluar la evolución de los precios internacionales. En el 2000, los términos de intercambio avanzaron 9% i.a., potenciados por un avance de los precios de exportación. Asimismo, en 2016 crecieron 6% i.a. producto del deterioro de los precios de importación. En este punto, y de cara al futuro, el panorama luce incierto. Por caso, una escalada de tensiones entre Estados Unidos y China desaceleraría al crecimiento global, conteniendo avances en los precios de commodities. No obstante, si como resultado del cierre de mercados se generara un excedente de producción en bienes, los precios de las manufacturas caerían más (es decir, de las importaciones) y nuestra situación mejoraría en términos relativos.

En consecuencia, esperamos que la recuperación del superávit se sostenga en el mediano plazo porque la caída de la demanda no se revertiría en el corto plazo y el tipo de cambio real no se atrasaría sensiblemente en el futuro inmediato. En función de qué tendencias prevalezcan en el contexto global, y por lo tanto en los términos de intercambio, el saldo superavitario será más duradero.

Tarde pero seguro: volvió el superávit comercial

Luego de veinte meses en rojo, en septiembre finalmente se alcanzó un superávit comercial de bienes (USD 314 millones, más que revirtiendo el déficit de USD 700 millones de igual mes de 2017). Tal como era esperable, la mejora del saldo obedeció a un desplome importador (-21% i.a. en valores y -28% i.a. en cantidades) ya que las exportaciones también cayeron (-5% i.a. en valores y -11% i.a. en volúmenes), golpeadas por la sequía. Las principales causas de la recuperación del superávit fueron el salto cambiario, la recesión que se extendió a todas las ramas de actividad y la elevada incertidumbre de los últimos meses.

Al desagregar a las ventas externas, se observa que los productos agropecuarios continuaron en rojo por la magra cosecha. Sin embargo, este mes se sumaron las manufacturas de origen industrial: motivadas por la incertidumbre de Brasil (septiembre mes previo a las elecciones), las mismas marcaron un retroceso de -4% i.a. en cantidades. Dado que el impacto de la cosecha se diluye en el cierre del año y que la situación del gigante sudamericano debería estabilizarse superado su proceso electoral, estimamos que las mismas se recuperarían hacia fin de año. A contramano, por el lado importador, el “apretón monetario” que se puso en marcha en octubre, pese a que ayudará a calmar las tensiones en el frente cambiario, agravará la recesión; por lo tanto, la caída de las compras sería una constante en el último trimestre.

En este marco, proyectamos que las exportaciones cerrarían 2018 con un crecimiento en torno al 3% i.a. (manteniendo el alza registrada en el acumulado a septiembre) mientras que las importaciones cederían levemente en comparación a 2017 (-1% i.a., revirtiendo el avance de 6% acumulado en los primeros nueve meses del año). De este modo, el año cerraría con un déficit comercial de bienes en torno a USD 5.500 millones, lo que implicaría una mejora sensible en comparación a 2017, cuando el rojo alcanzó USD 8.300 millones, sobre todo si consideramos el deterioro en los términos de intercambio (que acumula 2,5% en lo que va del año) y la magra cosecha agropecuaria. No obstante, la mejora llegará por “razones negativas” (caída de la demanda) y no por “razones positivas” (aumento de las exportaciones).