En 2019 retornará el superávit comercial

Marzo arrojó un superávit comercial de bienes de casi USD 1.200 millones. De esta forma, más que revirtió el déficit de USD 550 millones alcanzado en igual mes del año pasado. Lamentablemente, esta dinámica positiva obedeció al desplome de las importaciones (-33,7% i.a.) ya que las exportaciones también se contrajeron en la comparación interanual (-5,0% i.a.).

Si bien en momentos de escasez de oferta de divisas lo más relevante es el valor exportado –la cantidad de dólares genuinos que ingresa al país-, cabe destacar que la caída respondió a la baja de los precios (-5,2% i.a.) ya que las cantidades crecieron levemente respecto de marzo 2018 (+0,3% i.a.). En este punto, vale señalar el deterioro de los envíos a Brasil (-13% i.a.), ya que el resto de los principales destinos mostraron un avance. El retroceso constante de las expectativas de crecimiento de nuestro principal socio comercial es una mala noticia, dado que obliga a fortalecer nuevos destinos y mercados en un contexto interno recesivo; es decir, añade un foco de conflicto más en momentos de demanda interna anémica.

Por su parte, en el acumulado anual, la balanza comercial de bienes muestra un saldo positivo mayor a USD 2.000 millones, dando vuelta el rojo de USD 2.400 millones alcanzado en el período enero-marzo del año pasado. Al igual que en el dato mensual, esta evolución favorable responde íntegramente al retroceso de las importaciones (-28% i.a.), ya que las exportaciones caen 2,3% i.a. en relación al comienzo de 2018.

Para el acumulado anual, proyectamos un superávit comercial de bienes cercano a USD 8.500 millones. Este resultado sería la consecuencia de envíos al exterior que crecerían alrededor de 7% en 2019, impulsados por una cosecha récord y el excedente exportable que está dejando un consumo interno deprimido sumado a un tipo de cambio más competitivo a lo largo del año, y un retroceso de 12% i.a. de las importaciones consecuencia de la recesión que pesa sobre la demanda interna. Considerando la importante necesidad de dólares genuinos que posee nuestro país (fundamentalmente, para el pago de intereses de la deuda), este resultado positivo es una buena e importante noticia.

No obstante, la política errática del gobierno nacional, la falta de previsibilidad sobre la evolución del tipo de cambio real –que una vez más parece ser una variable secundaria en un año electoral- y que parte del objetivo fiscal se intente alcanzar a través de una mayor carga impositiva para los exportadores y un freno a las mejoras en infraestructura (doble golpe a la competitividad no cambiaria) no aportan perspectivas optimistas de cara al corto plazo: en cuanto la actividad económica comience a recuperarse, reaparecerán los viejos problemas y el déficit comercial no tardará en volver a manifestarse.

El stop & go de la política comercial

La crisis cambiaria volvió a poner el foco en la política comercial

A lo largo de la historia argentina, una de las herramientas usuales para promover el desarrollo económico fue la industrialización por sustitución de importaciones: proteger a la producción doméstica para que logre suplantar la producción del exterior. De este modo, se apuntaba a generar puestos de trabajo de calidad, alentar la inversión y promover el ahorro de divisas. Por sus sucesivos fracasos, dicha política cayó en desgracia en los últimos tiempos. A su vez, luego de algunas experiencias exitosas, comenzó a ganar peso la industrialización orientada a la exportación.

En este marco, la crisis cambiaria de 2018 puso en discusión la relevancia de la política comercial como factor de crecimiento: la menor demanda interna redujo de manera forzada a las compras externas a la par que apuntaló los saldos exportables. Por caso, en el último trimestre del año pasado, las cantidades importadas se desplomaron casi 30% i.a. y, durante el primer bimestre de 2019, se redujeron 20% i.a. Por el contrario, los volúmenes exportados treparon más de 10% i.a. en el último cuarto de 2018 y 7% i.a. en enero y febrero de 2019.

Resalta entonces que un diseño adecuado de política comercial puede ser un paliativo para la recesión interna, máxime considerando la magra recuperación de salario real que tendrá lugar en el corto plazo. Dejando de lado el debate sobre cuál es la política adecuada, queda claro que las recientes marchas y contramarchas en la materia no son favorables para alentar un proceso de desarrollo. Veamos.

Cambiemos: la política cambiaria y comercial con un lugar residual

Los últimos años del kirchnerismo estuvieron signados por la restricción externa: la escasez de oferta de divisas condicionó la política económica. En este marco, se adoptaron diversas medidas para sortear la situación con los menores sobresaltos posibles. Entre ellas, resaltan el cepo cambiario (ajuste por cantidades del mercado de divisas) y los controles a las importaciones (ajuste por cantidades de dicho mercado).

Una vez que asumió Cambiemos, y en línea con la teoría económica más tradicional, los ajustes comenzaron a hacerse vía precios: a la liberalización del mercado cambiario le siguió una flexibilización de las compras externas. Como respuesta a ambas políticas, el tipo de cambio real escaló 16% en el promedio de 2016. En consecuencia, las cantidades exportadas treparon 7% en dicho año –impulsadas también por la cosecha retenida de 2015- y, pese a la recesión, los volúmenes importados avanzaron casi 4%.

A contramano, en 2017 esta dinámica positiva se atenuó. Durante ese año, se eliminaron los últimos controles a la cuenta capital, dando lugar a una afluencia masiva de capitales financieros en un primer momento. En este marco, el tipo de cambio se apreció 9% y las cantidades importadas se dispararon 15%. Por su parte, pese a una buena cosecha, las exportaciones se mantuvieron prácticamente inalteradas (+1% en volúmenes).

Por último, en 2018 la reacción favorable de la cuenta capital se revirtió y dio lugar a la crisis cambiaria conocida. En este marco, el tipo de cambio real subió casi 30% en el promedio anual y los volúmenes importados retrocedieron 6,5%. A contramano, las cantidades exportadas también permanecieron estables, producto de la sequía; sin embargo, cabe destacar que las manufacturas de origen industrial escalaron 8,5%. Se observa entonces cómo la dinámica del sector externo fue una variable de segundo orden, quedando supeditada a los resultados de otras áreas de política económica. 

La volatilidad nunca alienta la inversión

A partir de esta “ensalada” de números, se observa una evolución particularmente errática: no hubo una conjunción de política comercial y cambiaria consistente y con horizontes de mediano plazo implícitos ni explícitos. Pese a los discursos oficiales sobre la importancia de estimular las exportaciones, lo cierto es que en los últimos tiempos las novedades en este frente fueron marginales y con demasiadas marchas y contramarchas.

Por caso, las primeras medidas adoptadas luego del endurecimiento de las metas fiscales minaron la rentabilidad de todo el arco exportador: reimposición de retenciones y supresión de la mayoría de los reintegros. En igual sentido, la disparada de la tasa de interés recorta el crédito, impidiendo mejoras de productividad, a la par que se traslada al precio de venta (mayor costo financiero) de modo que también golpea a una competitividad que se había recuperado. Además, los últimos esfuerzos del equipo económico se dirigieron a contener al tipo de cambio, provocando una apreciación de 17% i.a. en el período.

Se observa entonces cómo, pese a que las ventas externas podrían ser una salida de corto plazo para la crisis y una solución de mediano plazo para la escasez crónica de divisas, las mismas quedan relegadas frente a otras exigencias, principalmente las fiscales. En este punto, y a modo de conclusión, vale recordar que más allá de qué política se decida, lo importante es dar un horizonte de certidumbre a mayor plazo plazo; por el contrario, la volatilidad y la imprevisibilidad, siempre desalientan la inversión y el desarrollo.

Superávit comercial con Brasil en el primer trimestre del año

En el mes de marzo, el comercio bilateral de bienes con Brasil arrojó un nuevo superávit, en esta oportunidad por un valor de USD 184 millones. El mismo fue explicado por un nuevo avance exportador (+12,2% i.a.), sumado a importaciones que profundizaron su desplome (-53,3% i.a.).

En cuanto a las ventas al país vecino, estas se vieron impulsadas por la depreciación de la segunda mitad de febrero y marzo, a lo que se sumaron los mayores excedentes exportables dado el contexto recesivo de la economía argentina. Entre los rubros con mayores avances se destacan vehículos de carga, trigo y combustible. En otra línea de análisis, las exportaciones mundiales a Brasil crecieron solo 4% i.a., por lo que los productos argentinos lograron aumentar su participación en el mercado del Gigante Sudamericano.

Por el lado importador, la contracción respondió tanto a un poder adquisitivo golpeado como a un nivel de actividad que en términos interanuales aún se mantiene en rojo. En este sentido, las principales caídas se pudieron observar en rubros tales como vehículos de pasajeros y carga, autopartes, maquinaria agrícola y laminados de hierro.

Para los meses restantes de 2019 proyectamos que el intercambio bilateral continuará en recuperación para nuestro país, aunque esta dinámica iría paulatinamente mostrando signos de desaceleración. De esta forma, el año cerraría con una balanza comercial prácticamente equilibrada (USD -100 millones) a raíz de un aumento de las exportaciones en torno a 9% i.a. y un retroceso importador en la zona de 18% i.a. En cuanto a las importaciones, será clave la evolución del tipo de cambio en un año electoral incierto y su efecto sobre el poder de compra y el nivel de actividad. Asimismo, a medida que vaya transcurriendo el año, las menores bases de comparación que dejó el último tramo de 2018 hará que las caídas de las importaciones se reduzcan. Por el lado de las exportaciones, hay un factor adicional a tener en cuenta: el mercado brasilero ha reducido sus expectativas de crecimiento para 2019 durante las últimas semanas (pasando de 2,5% a 2%), lo cual indica que su demanda podría no mostraría crecimientos tan significativos como los proyectados algunos meses atrás.

Superávit comercial en febrero

En febrero, el intercambio comercial de bienes alcanzó un superávit de USD 460 M gracias a exportaciones que volvieron a crecer (3,7% i.a.) tras el impasse de enero (mes en que habían mostrado un retroceso de 4,7% i.a.) e importaciones que, a pesar de arrojar una desaceleración en su caída, continúan marcando importantes contracciones (-22,9% i.a.).

En cuanto a las ventas externas, las cantidades mostraron un avance de 6,7% i.a. que, gracias a una moderación en la baja de los precios internacionales frente a la ocurrida el mes anterior, posibilitaron que las exportaciones vuelvan a crecer. A nivel desagregado, todos los rubros mostraron incrementos en la comparación interanual.

Por el lado de las importaciones, todos los rubros mostraron caídas, destacándose la de bienes de capital (-32,6% i.a., señal del duro golpe que ha sufrido el nivel de actividad y la inversión en particular), los bienes de consumo (-28,8% i.a.) y los vehículos de pasajeros (-46,5% i.a.), estos últimos como consecuencia de la notable reducción del poder adquisitivo en dólares y la necesidad de priorizar el consumo de bienes de primera necesidad.

No obstante, cabe destacar que febrero fue el tercer mes consecutivo con un alza intermensual desestacionalizada de las importaciones. Si bien esto podría entenderse como que las compras al exterior ya habrían alcanzado su piso, lo cierto es que la estabilidad cambiaria del período diciembre – mitad de febrero posiblemente haya favorecido esta evolución. Independientemente de esa recuperación, nada quita que nuevas subas del tipo de cambio vuelvan a acelerar la tendencia contractiva de las importaciones.

Para 2019, estimamos una significativa mejora de la balanza comercial, la cual alcanzaría un superávit cercano a los USD 7.000 M, explicado por un avance exportador gracias a la recuperación del agro y sectores conexos, el dinamismo del sector energético (con las nuevas autorizaciones de exportación) y un contexto internacional que, a priori, luce algo más favorable que en 2018. Esto es producto de la recuperación esperada en Brasil (+2,5% según su consenso de mercado) y tasas de interés que no aumentarán en Estados Unidos, reduciendo la presión sobre el precio de los commodities. No obstante, la desaceleración de la economía china y europea y la reintroducción de derechos y reducción de reintegros a las exportaciones harán que el desempeño de las mismas no se transforme en un boom de ventas al exterior.

Por otra parte, las importaciones se ubicarían en rojo durante gran parte del año debido al golpe que sufrió el poder adquisitivo –en pesos y dólares- y el nivel de actividad. A esto se suma la volatilidad cambiaria propia de un año electoral, que pone un manto de incertidumbre sobre el segundo y tercer trimestre, retrayendo tanto el consumo a plazo como la inversión. Si pensamos a las compras externas como un indicador adelantado del nivel de actividad, cabe concluir que las mismas no se recuperarán en este magro 2019.

La mejora de las cuentas externas no se traducirá en calma cambiaria en 2019

En 2017, el Gobierno cumplió sus principales objetivos económicos: la inflación bajó y la economía creció. Sin embargo, para lograrlo, se recurrió a un importante atraso cambiario, que agravó al déficit de la cuenta corriente del balance de pagos (intercambio de bienes y servicios entre residentes y no residentes), llevándolo a USD 30.000 millones (5% del PBI), un nivel insostenible para la economía argentina.

Esta dinámica de “comprar más de lo que vendemos” fue financiada con capitales financieros, especialmente de corto plazo. El año pasado, los mismos optaron por otros destinos –con menores rendimientos y riesgos-, dando lugar a las sucesivas crisis cambiarias. Por lo tanto, es relevante analizar la evolución del balance de pagos a lo largo del 2018 para comprender cómo se incubó y desarrolló la crisis que aun hoy afecta a la economía argentina.

El 2018 había comenzado con perspectivas optimistas, principalmente de relativa estabilidad cambiaria y un repunte de la actividad. En este marco, el déficit de cuenta corriente pasó de USD 7.200 millones en el primer cuarto de 2017 a USD 9.600 millones en igual período del año pasado. Pese a que el superávit de la cuenta Capital y Financiera cayó de USD 17.200 millones a USD 15.800 millones en dicho lapso, más que permitió solventar el déficit, de modo que se acumularon reservas por más de USD 6.600 millones.

Lamentablemente, la calma no se pudo extender más allá de marzo. Con el segundo trimestre llegó la sequía, y las exportaciones de bienes se resintieron. Además, pese a la suba del dólar de mayo, el ajuste en el frente externo todavía era acotado: producto del desfase entre las órdenes de compra comerciales y su recepción, “las estadísticas” tardan en reaccionar. En este marco, el rojo de cuenta corriente pasó de USD 6.800 millones en 2017 a USD 8.600 millones en 2018. De este modo, alcanzó a 5,7% del PBI (promedio últimos cuatro trimestres) abriendo paso a una dinámica claramente insostenible. Por su parte, impulsada por el ingreso de USD 15.00 millones del FMI, la cuenta Capital y Financiera alcanzó para cubrir el rojo del intercambio operativo y acumular reservas por USD 750 millones.

En el tercer trimestre los problemas de la economía real se trasladaron al sector externo: la contracción del rojo de cuenta corriente, que pasó de USD 8.300 millones en el acumulado julio-septiembre de 2017 a USD 7.500 millones en 2018, obedeció a una importante caída de las importaciones (-9% i.a.) ya que las exportaciones retrocedieron 3% i.a. en el período. Se observa así como la crisis permitió achicar el rojo de cuenta corriente mediante el ajuste de las compras, dado que las ventas –producto de la sequía- retrocedieron. En este lapso, sin ingresos del FMI por la renegociación del acuerdo, la Cuenta Capital y Financiera revirtió su superávit y arrojó un déficit cercano a USD 4.500 millones, agravando los problemas de la economía real. De esta forma, las reservas cayeron más de USD 12.000 millones en el período.

El cuarto trimestre, aquel de dólar más caro y menor actividad, mostró el principal ajuste de cuenta corriente: el déficit pasó de más de USD 9.000 millones en 2017 a menos de USD 2.500 millones. Si bien este desenlace respondió principalmente al desplome de las compras (23% i.a.) también se explicó por un repunte de las ventas (+7% i.a.), alentadas por la recuperación de Brasil, la mayor competitividad cambiaria y el incremento de los excedentes exportables. Por su parte, la cuenta Capital y Financiera estuvo motorizada por los desembolsos del FMI y el swap con China, mostrando un superávit de USD 19.000 millones. Como resultado, la acumulación de Reservas rozó los USD 17.000 millones en el período.

Con estos números, el 2018 finalizó con un rojo de cuenta corriente de USD 28.000 millones, marcando un ajuste de 11% i.a. frente al déficit de USD 31.600 millones de 2017. Si bien se redujeron tanto el rojo de bienes como de servicios, la importante caída del primero (-80% i.a. y 4% i.a., respectivamente) explica el menor déficit. Por su parte, la cuenta capital mostró un superávit cercano a USD 40.000 millones, motivado por el acuerdo con el FMI, que más que revirtió la salida de capitales privados de corto plazo.

De cara a 2019, la dinámica será más similar a la del segundo semestre que a la primera mitad del año pasado, que ya luce como propia de un pasado remoto. En este marco, proyectamos que la cuenta corriente cerrará otro año más en rojo, pero ya lejos de los valores insostenibles de 2017 y comienzos de 2018, arrojando un déficit cercano a USD 13.500 millones (3,1% del PBI). En este marco, asumiendo que se destraban todos los desembolsos del FMI –lo que prevemos pasará-, la Cuenta Capital y Financiera alcanzaría un superávit capaz de acumular reservas. Sin embargo, producto de la dolarización preelectoral y los acotados grados de libertad del Tesoro Nacional y el Banco Central, la mejora de las cuentas externas no se traducirá en una mayor calma cambiaria.

Equilibrio comercial con Brasil en febrero

En el segundo mes del año, el intercambio comercial de bienes con Brasil cerró en equilibrio (USD +36 millones). Considerando el rojo de más de USD 700 millones de febrero 2018, se observa un importante avance. El mismo obedeció a exportaciones que mostraron un salto de casi 20% i.a. e importaciones que mantuvieron su dinámica contractiva, cayendo más de 40% i.a.

En cuanto a las ventas al país vecino, estas se vieron impulsadas por una economía brasilera que paulatinamente acelera su recuperación (el mercado espera un crecimiento del PBI del 2% i.a. para el primer trimestre de 2019, frente a 1,5% i.a. en el último cuarto de 2018), sumado a un tipo de cambio que, a pesar del retraso que mostró en enero y gran parte de febrero, aún se mantiene en una zona competitiva. En este sentido, la participación argentina en las importaciones del país vecino treparon a 7,1%, frente a 5,2% en febrero de 2018. Por último, los principales crecimientos se registraron en trigo (ayudado por una cosecha récord) y cebada, vehículos de carga, combustible y aluminio.

Por otro lado, las importaciones desaceleraron su contracción en febrero; no obstante, la misma continúa siendo por demás contundente. La fuerte caída del salario real que observa nuestro país golpea la demanda de bienes finales, mientras que la recesión económica presiona sobre las compras de insumos, maquinaria y combustible. En esta línea, las mayores caídas se dejaron ver en vehículos (tanto de pasajeros como de carga), maquinaria agrícola, neumáticos y autopartes.

Siguiendo estos números, aún no se ve un cambio de paradigma producto de la asunción de Bolsonaro. En este marco, proyectamos que en 2019 la dinámica de mejora del saldo para nuestro país se mantendría, repitiendo la tendencia del cierre de 2018; impulsado más por la dinámica local –recesión y salto cambiario- que brasileña –mejora de la demanda y relativa apreciación cambiaria-. No obstante, a medida que pasen los meses y las bases de comparación arrojen resultados “más ajustados”, la recuperación se atenuaría, principalmente en el caso de las importaciones. Como resultado, proyectamos un saldo levemente negativo para el cierre del año, dejando atrás de manera definitiva el abultado déficit de 2017 y la primera mitad de 2018.

Superávit comercial pero no por avance exportador

Actividad y déficit fiscal, dos de las variables más importantes a la hora de analizar la performance económica del país, dependerán en buena medida de la evolución de las exportaciones. En ese sentido, el dato de enero 2019 es preocupante: las ventas de bienes al exterior cayeron casi  5% interanual, cortando una racha de tres meses consecutivos de incremento. Si bien la contracción se explica por la caída de los precios (las cantidades no mostraron variación alguna), es preocupante que tanto los bienes industriales como los combustibles hayan mostrado caídas de dos dígitos. La mejora de la actual cosecha agrícola respecto de la campaña anterior (afectada por una severa sequía) parece un hecho consumado, por lo que las exportaciones retomarían la senda expansiva en los próximos meses, dándole buenas noticias al gobierno: más actividad en la agroindustria, más divisas, y mejora de la recaudación por el salto de las retenciones. Dado que estas son un monto fijo de pesos por dólar exportado, es fundamental que el tipo de cambio no se dispare para que el crecimiento nominal también implique una mejora real.

Por el lado de las importaciones continúa la caída, demostrando que tanto el consumo como las inversiones están pasando un momento complejo. La compra de bienes finales muestra contracciones significativas (cercanas a 30% interanual) aunque su performance es levemente mejor a la de automóviles de pasajeros (durante enero se importaron la menor cantidad de vehículos desde comienzos de 2015). Por su parte, las compras externas de equipos no se recupera y mantiene caídas similares a las observadas durante la segunda mitad del año pasado, lo cual habla de una contracción importante en las inversiones. De todas formas, la serie desestacionalizada de las importaciones muestran que las compras externas habrían tocado piso: esto se condice con que tanto en diciembre como en enero el tipo de cambio se apreció nominalmente y la inflación acumuló promedió casi 3% mensual.

Finalmente, el saldo de enero de 2019 alcanzó un superávit de USD 372 millones, mejorando notablemente respecto del déficit registrado el primer mes del año pasado (USD -927 millones). Si bien los datos del intercambio comercial de bienes de enero obligaron a recortar nuestra proyección para el año, proyectamos un superávit de por lo menos USD 6.000 millones (1,3% del PBI).

Segundo superávit comercial consecutivo con Brasil

En el primer mes de 2019, el intercambio comercial bilateral con Brasil arrojó un leve superávit (USD 114 millones) y de esta forma es el segundo mes consecutivo en que la balanza sale de terreno negativo (en diciembre pasado la balanza comercial marcó USD 261 millones).

La mejora fue producto de un desplome de las importaciones argentinas (-43,7% i.a.) en un contexto de recesión económica y fuerte pérdida del poder adquisitivo, tanto en dólares como en pesos. Los rubros más afectados fueron los vehículos de pasajeros y de carga, tractores y autopartes.

Por su parte, las exportaciones mostraron un avance de 9,5% i.a., beneficiadas por la paulatina recuperación de la economía brasilera. A ello se sumó un tipo de cambio real más elevado, que a pesar de que el tipo de cambio nominal experimentó movimientos a la baja en el mes de enero, aún se mantiene en un nivel relativamente competitivo. Los principales avances fueron de vehículos de carga, trigo, gas y lácteos.

De esta forma, proyectamos para 2019 un saldo bilateral en la zona de equilibrio, con exportaciones que aumentarían en torno a 10% e importaciones que irían progresivamente moderando sus caídas para cerrar el año con una contracción próxima a 16%. No obstante, de materializarse la flexibilización del Mercosur -posibilidad dada a conocer por Macri y Bolsonaro en las últimas semanas- Argentina perdería su ventaja arancelaria y con ello nuestras exportaciones al país vecino se reducirían, afectando de este modo los resultados de la balanza comercial entre ambos países.

 

Volver al futuro: en 2019 retornará el superávit comercial

En diciembre de 2018, el intercambio comercial de bienes alcanzó un superávit mayor a USD 1.300 millones, el más alto desde 2014. El importante saldo positivo fue consecuencia de un aumento de 15,4% i.a. en las exportaciones (con un avance de casi 20% i.a. en cantidades), sumado a una contracción de las importaciones de 27,1% i.a. Con un final de año impensado meses atrás, tiene sentido repasar cómo fue la dinámica del comercio exterior en los últimos meses para saber qué nos esperará en 2019.

Primer trimestre

A comienzos de 2018, parecía que sería un año similar a 2017: una economía en marcha con un dólar atrasado como uno de sus pilares centrales, lo que impulsaba al consumo y, en consecuencia, a las importaciones. Por su parte, resultado de un Brasil en recuperación pero un mundo inmerso en guerras comerciales, las exportaciones tenían menores perspectivas, aunque positivas. En este marco, el déficit récord de 2017 parecía que se profundizaría en 2018 y el primer trimestre convalidó las proyecciones: pese a que las ventas externas treparon 14% i.a., las compras saltaron 21% i.a. y el rojo comercial de bienes se duplicó, al pasar de USD 1.200 millones en el período enero-marzo de 2017 a USD 2.400 millones en igual período del año pasado.

Segundo trimestre

Sin embargo, en el segundo trimestre las perspectivas cambiaron completamente. Por un lado, el salto cambiario, la aceleración inflacionaria y la consecuente pérdida de poder adquisitivo golpearon a las perspectivas de las importaciones. Por el otro, la sequía, inesperada unos meses atrás, atacó a las proyecciones exportadoras. No obstante, dado que el primer punto opera con rezagos (su impacto comenzó a sentirse al cierre del segundo trimestre) y que el segundo se suplió con suba de precios (+11%) más la compra a Paraguay de porotos de soja y su exportación procesada, los cambios tardarían en observarse. En este marco, las ventas al exterior se mantuvieron prácticamente inalteradas en el período –aunque las cantidades cayeron 10% i.a.– a la par que las compras treparon 6% i.a. Como resultado, el rojo comercial pasó de USD 1.500 millones en el segundo cuarto de 2017 a USD 2.500 millones el año pasado.

Tercer trimestre

Durante el tercer trimestre, confluyeron diversos factores que golpearon a las exportaciones y a las importaciones. Por el lado de las primeras, la incertidumbre electoral de Brasil y un nuevo trimestre de alta incidencia de la cosecha gruesa provocaron una caída del 1,5% i.a. Asimismo, aunque el tipo de cambio se ubicaba en niveles competitivos, su volatilidad y heterogéneas perspectivas de sostenibilidad impidieron que los envíos externos despegarán. Por su parte, las importaciones sí se vieron afectadas por el dólar más caro y la menor actividad, de modo que cayeron 6% en la comparación interanual. Como resultado, el déficit comercial se redujo en casi USD 1.000 millones, al pasar de USD 2.500 millones en el tercer trimestre de 2017 a USD 1.600 millones en 2018. Asimismo, en septiembre se logró el primer superávit en veinte meses (USD 300 millones) y, aunque fue magro, marcó un cambio de tendencia.

Cuarto trimestre

En el cuarto trimestre la nueva coyuntura ya estaba totalmente instalada. La alicaída demanda interna y un tipo de cambio competitivo, más un Brasil en franco proceso de recuperación económica y apreciación cambiaria una vez pasadas sus elecciones, impulsaron a las exportaciones, que escalaron 10% i.a. en el período y orillaron USD 16.000 millones, el valor más alto para este trimestre desde 2013 –cabe destacar que esta dinámica positiva obedeció enteramente a las cantidades (+19%) ya que los precios se contrajeron 16% en comparación a 2013–. En sentido opuesto, las importaciones se desplomaron 25% i.a., marcando la principal caída trimestral desde 2009. Como resultado, se revirtió el rojo de USD 3.200 millones acumulado en octubre-diciembre de 2017 y se alcanzó un superávit de USD 2.600 millones. De este modo, 2018 cerró con un déficit comercial de bienes de USD 3.800 millones (-0,7% del PBI), ajustando sensiblemente al rojo de 2017 (USD -8.300 millones).

Durante el comienzo de 2019 la dinámica sería bastante más similar a la del último trimestre del año pasado. En este marco, proyectamos que las exportaciones crecerían en torno a 7% y las importaciones retrocederían alrededor de 10% en el acumulado anual. De esta forma, la balanza comercial de bienes retornaría a terreno positivo luego de dos años “bajo cero”, registrando un superávit cercano a USD 7.000 millones. Para cerrar, cabe destacar que la incertidumbre electoral impactará de manera positiva en este frente: las presiones cambiarias que traerían las elecciones impulsarían al tipo de cambio y, con él, a la inflación. Este combo negativo para el poder adquisitivo podría golpear aún más a las compras externas a la par que apuntalaría la competitividad cambiaria y posicionaría a las exportaciones como una salida contracíclica. En consecuencia, lo que sería un “escenario pesimista” para el resto de las variables, actuaría de manera favorable en el frente externo.

Flexibilizar el Mercosur: ¿y ahora me lo venís a decir?

La primera reunión entre Bolsonaro y Macri estiró la vida del Mercosur

Poco antes de asumir la presidencia de Brasil, Jair Bolsonaro lanzó algunas declaraciones en contra del Mercosur, amenazando en el extremo con su disolución. Según el líder brasileño que irrumpió en la política sudamericana, era necesario flexibilizar las condiciones imperantes, virando rápidamente hacia un esquema de mayor libre comercio con menores restricciones y políticas proteccionistas. Considerando la hegemonía de nuestro país y del gigante sudamericano en el bloque (representan más del 90% de su PBI y cuatro quintos del intercambio intrazona), esto implicaría enfriar las relaciones bilaterales entre ambos.

Sin embargo, una vez en el cargo, tanto el nuevo mandatario brasileño como su ministro de economía Paulo Guedes matizaron estas propuestas. En este sentido, la primera reunión que mantuvo Bolsonaro con Mauricio Macri señaló que las políticas adoptadas en una línea de mayor flexibilidad –reducción paulatina del arancel externo común para las importaciones extrazona–, pero no a la velocidad que se podía presuponer. En consecuencia, la alianza regional permanecerá viva y el acuerdo que legisla la relación bilateral no cambiaría de manera sustancial, al menos en el corto plazo. Por lo tanto, es relevante analizar el estado de situación del bloque regional así como qué implicaría flexibilizarlo en este momento.

La economía argentina se estanca y la brasileña comenzaría a despegar

En los últimos años, las exportaciones argentinas de bienes cayeron de manera sistemática. El valor enviado al exterior pasó de USD 83.000 millones en 2011 a menos de USD 60.000 millones en 2017 (-30%), producto de una contracción tanto en precios (-19%) como en cantidades (-13%). Comparando entre los envíos al Mercosur y al resto del mundo, resultado de la recesión que atravesó la economía brasileña, la caída fue sensiblemente mayor hacia dentro del bloque regional que hacia afuera: mientras que las primeras se desplomaron un 40%, al pasar de casi USD 21.000 millones en 2011 a menos de USD 12.000 millones en 2017, las segundas se redujeron de USD 62.000 millones a USD 47.000 millones en igual período (-25%).  Sin embargo, cabe destacar que pese a la notable contracción, las ventas a la región continúan representando un quinto de nuestros envíos al exterior (en 2011 implicaban un cuarto), de modo que no es posible estimular la inserción comercial argentina sin considerar su centralidad. Más aún, si tomamos a las manufacturas de origen industrial –bienes en donde el agregado de valor es mayor y donde el establecimiento de relaciones comerciales demanda plazos más largos– la unión aduanera implica uno de cada dos dólares exportados.

Visto desde la óptica argentina, en 2019 nuestra demanda interna en Argentina permanecerá deprimida. Como respuesta, las exportaciones lucen como una importante salida contracíclica. Por lo tanto, la flexibilización inmediata del Mercosur no parecería ser la mejor noticia para los sectores exportadores locales (ni para la economía en su conjunto), ya que se perderían accesos privilegiados –sin aranceles– de manera inmediata, a la par que no se ganarían otros en el corto plazo. A esto se suma también un contexto internacional en que el comercio se cierra, dificultando la apertura de nuevos mercados especialmente para las manufacturas –de todo origen-.

En otro orden, este año no solo es el “de las exportaciones” para los membretes oficiales: es también el año en que nuestro país inicia con el tipo de cambio real más alto en una década. Además, el Real se fortalecería este año producto de la menor incertidumbre que presenta Brasil una vez pasadas sus elecciones presidenciales y con un equipo económico market friendly: según su consenso de mercado, su moneda cerraría 2019 en torno a 3,8 BRL/USD, lo que implicaría una apreciación nominal cercana a 5%. Por lo tanto, no solo la producción argentina se abaratará frente al pasado, sino que también la brasileña se encarecerá. En consecuencia, las perspectivas en este sentido son auspiciosas.

Por otro lado, tras cinco años de caída o virtual estancamiento económico, 2019 sería el primer año en que el PBI del gigante sudamericano crecería de manera sostenida, trepando alrededor de 3% según el relevamiento que realiza periódicamente su Banco Central. En este marco, proyectamos que el comercio bilateral con nuestro principal socio comercial se recuperará este año: las ventas a Brasil crecerían cerca de 10% i.a. en 2019, orillando USD 12.200 millones, a la par que las importaciones desde ese origen retrocederían 15% i.a., ubicándose en la zona de USD 12.500 millones. En consecuencia, la balanza comercial de bilateral de bienes prácticamente se equilibraría (luego de un déficit récord en 2017 que se redujo a la mitad en 2018), algo que no sucede desde el 2014. Por ende, por este lado el panorama también es alentador.

A modo de conclusión, podemos afirmar que, pese a la magra performance del bloque en los últimos años, y especialmente de Brasil, la flexibilización inmediata del Mercosur no sería una buena noticia para nuestro país en un contexto de demanda interna anémica y cuando la competitividad precio de la economía local se encuentra en su nivel más alto de los últimos años. Si además consideramos que el gigante sudamericano ingresaría definitivamente en una etapa de recuperación económica, tiene sentido preguntarnos como solía hacer el personaje de Todos Contra Juan: ¿y ahora me lo venís a decir?