Se acentúan los impactos del COVID-19: el flujo comercial bilateral se redujo 45% i.a en abril

El impacto negativo del COVID-19 sobre comercio bilateral entre Argentina y Brasil quedó en evidencia en el mes abril, y el flujo de comercio se desplomó 45% i.a. el mes pasado. Producto de la crisis que azota al mundo, tanto las exportaciones como las importaciones experimentaron severas contracciones, empeorando notablemente su performance respecto a los meses previos (-40,6% i.a. y -48,6% i.a., respectivamente).

En abril, el saldo del intercambio bilateral con Brasil fue superavitario en USD 62 millones, conjugando dos meses consecutivos en terreno positivo. Mejor aún, en la comparación con abril de 2019 el resultado mejoró considerablemente, ya que en dicho mes se había registrado un déficit de USD 20 millones. Sin embargo, esto no responde a una dinámica “virtuosa” por el lado de las exportaciones, sino al mayor desplome relativo de las importaciones.

Estas últimas sumaron USD 477 millones el mes pasado, lo que supuso una baja de 48,6% i.a. Si bien la dinámica contractiva se observa de forma casi ininterrumpida desde mayo de 2018, lo cierto es que en abril la caída fue mucho más profunda que en el primer trimestre del año (-6,9% i.a. acumulada). La retracción fue tan profunda que el valor importado fue el menor desde 2004. Este dato adelanta lo que será el resultado en materia de actividad económica interna, con un deterioro generalizado luego de la cuarentena.

Por su parte, las exportaciones totalizaron en USD 539 millones en abril, lo que implicó un derrumbe interanual del 40,6% i.a. respecto al mes pasado. Si bien esta dinámica se enmarcó en un retroceso generalizado de las compras externas de Brasil (cayeron 14,8% i.a), para el caso de los envíos desde Argentina el resultado fue mucho más negativo. Esto responde a la composición de la canasta exportadora de Argentina, en donde mas del 40% del total son Vehículos y el 65% son MOI y fueron los rubros con que registraron mayores bajas. Asimismo, la imposibilidad de producción de varios rubros puede haber generado faltantes en las cadenas productivas brasileñas, y considerando los tiempos de viaje -los envíos suelen realizarse en barco o por tierra-, posiblemente la cuarentena y sus dificultades logísticas continúen teniendo efectos negativos en los próximos meses.

Antes de cerrar, cabe destacar que la apreciación del tipo de cambio real bilateral con Brasil mayor al 20% acumulada en los últimos doce meses también golpeó a nuestros envíos al gigante sudamericano. En este sentido, que el tipo de cambio real ya se ubique 25% por debajo del promedio histórico atenúa las expectativas de recuperación.

Datos del primer cuatrimestre

En el primer cuatrimestre, el saldo comercial bilateral con Brasil acumuló un superávit de USD 131 millones, 60% inferior al del primer cuatrimestre de 2019. Las exportaciones sumaron USD 2.775 millones, un 23% i.a menos que en 2019, en tanto las importaciones tuvieron una retracción del 19% i.a, totalizando USD 2.644 millones. Lamentablemente, la crisis que azota a ambas economías, sumado a la pérdida de competitividad de nuestro país golpearon a la relación bilateral de comercio.

Para los meses siguientes esperamos que el flujo de comercio se mantenga en niveles muy bajos y siga cayendo en términos interanuales. Estará asociado al derrumbe de la actividad que sufrirán ambas economías: -5,2% i.a en el caso de Brasil según proyecciones de CEPAL y el FMI, y superior al 7% i.a para Argentina según nuestras proyecciones. En consecuencia, aunque este año el superávit comercial bilateral podría crecer respecto a 2019, el flujo de comercio entre ambos países se desplomaría.

La economía brasileña se engripó: ¿cómo nos impactará su recesión?

Las cifras del avance del COVID-19 en Brasil son alarmantes: se registraron casi 90.000 infectados y más de 6.000 muertos, superando en ambos casos los registros oficiales de China. Los datos indican que la pandemia está golpeando fuerte a nuestro principal socio comercial.

A contramano del camino adoptado por la mayoría de los países del mundo para evitar la propagación del virus y aplanar la curva, Jair Bolsonaro se volcó desde un inicio a un abordaje más permisivo de la crisis sanitaria, para no afectar a la economía: “es una gripecita”, fue su frase más famosa sobre el tema. Sin embargo, fueron los propios gobernadores quienes adoptaron cuarentenas en sus estados. Por caso, en San Pablo -principal estado industrial del gigante sudamericano y con una población similar a la de nuestro país- se impuso la cuarentena el 24 de marzo, cuatro días después de que se decretara en toda la Argentina. De esta dinámica contrapuesta se resalta un cortocircuito político, pero ¿qué pasa en materia económica?

Anclándose en la dicotomía de “salud” o “economía”, el presidente brasileño alienta a los ciudadanos de ese país a “salir constantemente” para mantener a la economía funcionando “normalmente” y así morigerar el impacto negativo que provoca la cuarentena en varios estados. Sin embargo, el deterioro del nivel de actividad ya se está percibiendo.

A modo de ejemplo, el consenso económico de ese país indica que este año su PBI se contraerá 3,3%, perspectivas que se deterioraron significativamente en las últimas semanas, ya que un mes atrás auguraban una suba del 1,1%. Pero tanto CEPAL como el FMI prevén una caída del PBI brasileño superior al 5%. De cumplirse estas últimas estimaciones, la economía volvería a niveles similares a los de 2010, ubicándose 8% por debajo del pico de actividad registrado en 2014.

En este punto, vale destacar que hace varios años que la economía brasileña enfrenta dificultades para crecer. A la recesión de 2015 y 2016 (-6,7% en términos acumulados), le siguieron tres años de una recuperación muy magra (la mejora promedio 1% anual entre 2017-2019). Por lo tanto, la economía brasileña también llega a la crisis del Coronavirus golpeada.

La caída significativa del nivel de actividad esperada para 2020 impactarán de manera directa en nuestro país: Brasil es el principal comprador de las exportaciones argentinas, y una crisis en el gigante sudamericano afectará nuestra producción industrial. En este sentido, cabe analizar qué sectores se verán más golpeados por la recesión del gigante del Mercosur.

En primer lugar, hay que mencionar que las importaciones totales de Brasil cayeron 1,8% el año pasado, mientras que las provenientes de Argentina se desplomaron 8%, tendencia que se repitió en el primer trimestre de 2020 (+4,3% i.a. vs. -9,2% i.a., respectivamente). Por ende, venimos perdiendo participación en dicho mercado incluso antes de la llegada del Coronavirus.

Las exportaciones argentinas totales a Brasil rozaron USD 10.400 millones en 2019, representando el 16% de las ventas externas de nuestro país. Un 65% de los envíos fueron Manufacturas de Origen Industrial (MOI), por lo que de uno de cada tres dólares de MOI exportados fueron rumbo a Brasil. Estos productos son los que suelen gozar de un mayor grado de diferenciación y valor agregado, de modo que su inserción en nuevos mercados suele ser más lenta y complicada (no hay preferencias arancelarias).

Hacia dentro de las exportaciones industriales, la rama de mayor peso es la automotriz. En 2019, sus envíos totalizaron USD 4.430 millones, lo que quiere decir que casi el 70% de las exportaciones de este complejo tuvieron como destino a Brasil, país al que entran sin aranceles por el Mercosur y que los bienes extra-zona tributan un aforo del 35%.

Además, más de la mitad de las ventas externas de complejos como Textiles y confecciones, Caucho y manufacturas, Materias plásticas y Productos de molinería se dirigen a Brasil. En consecuencia, la menor demanda de este país golpeará a industrias como la automotriz, textiles y confecciones, y caucho y manufacturas -neumáticos-. En otros términos, el golpe será transversal a buena parte del entramado fabril argentino.

Ampliando un poco el horizonte temporal del análisis, se observa el fuerte retroceso que vienen experimentando las exportaciones argentinas a Brasil, derivado esencialmente de la recesión del país vecino. Así, el mejor año para las exportaciones fue el 2013, cuando alcanzaron los USD 17.400 millones, de los cuales USD 13.300 millones correspondieron a MOI dentro de las cuales destacaron los USD 8.700 millones exportados por el complejo automotor (que habían llegado a un récord de producción ese año). Lamentablemente, el desplome frente al pico es contundente: los envíos totales retrocedieron 40% (USD 7.000 millones), mientras que tanto MOI como vehículos se contrajeron un 50% en el acumulado.

Como si el golpe a la economía real fuera poco, nuestras exportaciones a Brasil también se verán resentidas por la fuerte depreciación del Real. Desde que comenzó el año, esta moneda perdió casi un 30% de su valor, cerrando abril apenas por debajo de 5,6 BRL/USD (había comenzado 2020 en 4 BRL/USD). Por su parte, los precios minoristas crecieron menos de 1% en el primer trimestre, e incluso podrían haber retrocedido en abril. Producto del tibio avance del peso argentino y de la mayor inflación relativa de nuestro país, el tipo de cambio real bilateral con Brasil retrocedió casi 30% en el primer cuatrimestre del 2020. Si bien hay expectativas de una apreciación del Real (el tipo de cambio cerraría el año en torno a 4,8 BRL/USD según el consenso de mercado), lo cierto es que la pérdida de competitividad no se revertiría en el corto plazo. En consecuencia, a la menor demanda de cantidades, habrá que sumarle el deterioro de la competitividad precio.

En resumen, Brasil no solo no será un aliciente para atenuar la crisis de este año, sino que además impondrá nuevos e importantes problemas, sobre todo en nuestro golpeado sector manufacturero. En momentos de derrumbe de la demanda interna sería fundamental poder incrementar nuestras exportaciones contracíclicas, este año ocurrirá lo contrario.

Radiografía de la competitividad externa

Luego de las sucesivas devaluaciones del Peso y marchas y contramarchas con el esquema de retenciones al sector exportador, vale preguntarse en qué estadio se encuentra la competitividad externa de la economía argentina. Principalmente, porque la economía argentina tiene la necesidad de generar dólares genuinos para hacer frente a los compromisos de deuda pública en moneda dura. En este sentido, el Índice de Tipo de Cambio Real Multilateral Efectivo (ITCRME), que incluye derechos y reintegros a la exportación, es el indicador más usado para medir la competitividad precio de una economía frente a sus países socios.

Después de la salida del cepo cambiario a fines de 2015 y la eliminación de los derechos de exportación– con excepción del complejo sojero para el cual se diagramó una reducción gradual- el ITCRME mejoró significativamente. En el promedio 2016-2017, el mismo fue 15% mayor al de 2015.

En 2018, dos corridas cambiarias (abril y agosto-septiembre) más que duplicaron la cotización del dólar en el año, incrementando notoriamente la competitividad precio del sector exportador. Por caso, tras el salto devaluatorio y en el marco de un segundo acuerdo con el FMI con metas fiscales más exigentes, en agosto de ese año, se redujeron los reintegros sobre gran parte de los productos de exportación y en septiembre se impusieron nuevamente los derechos (alícuota de 12% a las exportaciones de bienes y servicios, con un tope máximo de ARS 3 y ARS 4 por dólar exportado según el producto). De esta forma, parte de la mejora en la competitividad cambiaria se redujo con las medidas impositivas aplicadas y con posterior la aceleración de la inflación tras el salto del dólar. No obstante, en el acumulado del 2018 el ITCRME trepó 22% y alcanzó el pico más alto desde 2010.

En el último año de gestión de Cambiemos, nuevamente la inestabilidad cambiaria modificó bruscamente la competitividad precio del sector exportador. Los resultados electorales de las PASO resultaron en una nueva corrida que cerró agosto con un tipo de cambio nominal 35% mayor al de fines de julio. Esto quitó peso de las retenciones sobre las exportaciones, dado que eran un monto fijo (las retenciones iniciaron en 12% y 9% en septiembre de 2018 y finalizaron en 7% y 5% en noviembre 2019, por el tope de ARS 3 y ARS 4 por dólar facturado al exterior, respectivamente). Sin embargo, a esto hay que sumarle que la inflación se aceleró como consecuencia del salto cambiario, por lo que en los primeros once meses de 2019 el ITCRME trepó 9%.

Con el cambio de gobierno se modificó nuevamente el esquema de retenciones (Dec. 37/ 2019) vigente a partir de diciembre de 2019. El mismo dejó sin efecto el monto fijo de ARS 4 por dólar exportado y se pasó a un régimen porcentual en un nivel más alto al que regía hasta el momento para los productos alcanzados por dicho monto. Asimismo, se hicieron modificaciones de las posiciones arancelarias alcanzadas por los ARS 3 por dólar exportado y se aplicó una alícuota del 9% a un grupo de productos de origen agropecuario (entre ellos carnes, harina de trigo, arroz, maní y legumbres). Teniendo en cuenta este cambio en el esquema impositivo, si bien la competitividad precio del sector exportador en diciembre mejoró 4% i.a. implicó una pérdida neta del 4 p.p respecto al esquema anterior (noviembre 2019).

Por caso, cuando analizamos por grandes rubros, según la vigencia del Decreto 37/2019, las mayores cargas recaen sobre la Manufactura de Origen Agropecuaria al pasar de promediar (ponderado por su canasta de exportación) una alícuota de 16% a una de 20%. Dicho rubro es el de mayor exportación: USD 24.000 millones al año, 30% de las ventas externas del país. Le sigue en el orden de importancia, Productos Primarios (la alícuota pasó de 10% a 15%), Manufactura de Origen Industrial (de 5% a 7%, promedio ponderado) y Combustibles (de 7% a 12%).

En cambio, con la Resolución General (Res. Gral 4666/2020), los servicios, que concentran cerca de 20% del total exportado, mejoró su posición respecto al régimen vigente hasta noviembre de 2019, pasando de una alícuota de casi 7% a una del 5% en la actualidad. Es importante esta reducción sobre los servicios, dado que hasta septiembre de 2018 nunca habían sido gravados con derechos de exportación. En este sentido, el pago del impuesto compromete los incentivos de producción sobre uno de los sectores que concentra más trabajos de alta calificación y que a su vez, consume menos divisas.

Si continuase el esquema impositivo actual, con una lenta desaceleración de la inflación y con un tipo de cambio moviéndose a un ritmo levemente inferior que los precios, la competitividad cambiaria se ubicaría la mayor parte de 2020 en torno al promedio de los últimos 20 años. En este sentido, posibles aumentos de la alícuota podrían ubicar la competitividad del sector exportador por debajo de dicho promedio.

Con el cierre del registro de exportaciones, el cambio en las alícuotas es inminente. La Ley Solidaria aprobada en diciembre, faculta al ejecutivo a aumentar los derechos de exportación al 33% para el poroto soja y al 15% para el maíz, trigo, girasol, cebada y sorgo (hoy en 30% y 12%, respectivamente). Si el gobierno hace uso de dicha facultad, aplicando el máximo de alícuotas, la competitividad precio del rubro Productos Primarios experimentaría un recorte adicional de casi 3 puntos porcentuales, dado que dichos productos representan más del 70% del rubro.

Mas allá de ello, el destino de la competitividad externa del sector exportador estará fuertemente determinada por la resolución de la negociación de la deuda. Particularmente, la evolución de la inflación y las presiones futuras sobre el mercado cambiario dependerán de qué tan exitosa resulte dicha negociación.

Al mismo tiempo, en el plano internacional, las magnitudes de los movimientos de la moneda de los países compradores – principalmente de Brasil, Estados Unidos y China-, afectados por el Coronavirus, también será un factor que influirá en el nivel de competitividad precio de Argentina y de la posibilidad de incrementar las ventas a dichos mercados.

Superávit comercial con exportaciones estancadas: ¿Cómo será el 2020?

En enero de 2020, el intercambio de bienes comercial resultó superavitario en USD 1.015 millones, lo que representa un avance de 170% en relación con el registrado en igual mes de 2019, cuando el saldo había sido positivo en USD 372 millones. Lastimosamente y al igual que el año completo 2019, el saldo positivo fue producto del deterioro de las importaciones (-16% i.a.) y no por el crecimiento de las exportaciones (-0.8% i.a.).

Analizando las exportaciones, estas alcanzaron los USD 4.550 millones, lo que representó un virtual estancamiento en relación con enero de 2019. Este resultado no solo obedeció al deterioro de los precios (-2,2% i.a.), sino también al magro crecimiento de las cantidades exportadas (+ 1,5% i.a.). En este sentido, las cantidades de 3 de los 4 rubros que componen las exportaciones tuvieron un desempeño negativo en enero: Combustibles y Energía (-23% i.a.), Manufactura de Origen Agropecuaria (-8% i.a.) y Manufactura de Origen Industrial (-2% i.a.). En tanto, Productos Primarios mostró un avance (+22% i.a.), atenuando la caída general.

Por otro lado, las importaciones alcanzaron los USD 3.534 millones y se ubicaron en el nivel más bajo desde 2010, para un mes de enero. Al igual que en 2019 y parte de 2018, dicha dinámica se explica por el achicamiento de la economía argentina ante la crisis cambiaria y la lenta recuperación (que aún no llega). En este sentido, tanto los precios como las cantidades se redujeron en su comparación interanual 7% y 10% i.a. respectivamente. Entre las peores caídas de las cantidades compradas, resaltó Vehículos (-50% i.a.), le sigue en orden Piezas y accesorios (-18% i.a.), Bienes de consumo (-8% i.a.), Bienes de capital (-7% i.a.), Bienes Intermedios (-2% i.a.) y Combustibles y lubricantes (-2% i.a.).

Hacia adelante, proyectamos cerrar 2020 con un superávit en la balanza comercial de USD 16.000 millones, similar al de 2019. Dicho dinamismo será explicado por el pobre desempeño tanto de las exportaciones como de las importaciones. En este sentido, las perspectivas de mejora de la economía brasileña y un tipo de cambio real más alto, podría estimular los envíos al exterior. Por el lado de las importaciones, la baja performance de la economía doméstica, en conjunto con políticas comerciales más agresivas, seguirán morigerando a las importaciones, aunque a un ritmo menor (cercana al -1% i.a.).

Vuelta al déficit bilateral con Brasil: muchas menos exportaciones e importaciones estancadas

Luego de un semestre en terreno positivo, el intercambio comercial con Brasil volvió a arrojar un resultado negativo en enero de 2020: en este caso, el saldo fue de USD -20 millones, más que revirtiendo el superávit de USD 120 millones alcanzado en el primer mes del 2019. Más allá de este deterioro, al incluir en la comparación el resultado de enero 2018 (USD -485 millones), se observa el efecto base de comparación; por lo tanto, nuestra performance no fue tan negativa como parecería a priori.

La reversión del saldo respondió a la caída exportadora (-16,5% i.a.), ya que las importaciones se mantuvieron virtualmente estancadas en la comparación interanual (-0,3% i.a.). La baja en los envíos a Brasil fue significativa, al punto tal que las ventas externas a este destino alcanzaron su menor valor desde marzo de 2017 y un piso para el mes de enero desde 2016. Dos factores fueron claves para esta dinámica. Por un lado, que la demanda de la principal economía del Mercosur no terminara de despegar. Por el otro, la depreciación nominal del Real (+5,3% durante enero) en un país con baja inflación, encareciendo relativamente a nuestros bienes respecto de los brasileños.

Si bien la caída de las importaciones brasileñas fue generalizada, lo cierto es que la contracción en los envíos desde nuestro país fue mucho mayor a la del resto de los orígenes (-17% i.a. y -0,5% i.a., respectivamente). Como resultado, la participación argentina en el mercado vecino pasó de casi 5% en el primer mes de 2019 a 4,1% en enero 2020.

Por el lado importador, el virtual estancamiento representa una buena noticia: las compras argentinas a Brasil mostraron caídas espectaculares entre julio 2018 y noviembre 2019, siempre superiores al 20% i.a. Habrá que esperar a la publicación de los datos agregados de nuestro país para saber si esta mejora se trasladó al resto del intercambio comercial o representó una recuperación aislada, tal como sucedió en diciembre cuando las importaciones desde Brasil crecieron levemente (+0,4% i.a.) pero cayeron casi 20% i.a. a nivel agregado.

Para finalizar, resta decir que proyectamos un tenue superávit, menor a los USD 1.000 millones, para el resultado comercial de 2020. De esta manera, el saldo caería levemente respecto del acumulado en 2019 (USD +1.020 millones). Esto se explicaría por exportaciones e importaciones que crecerían tibiamente (por debajo del 2% i.a.). En consecuencia, la mejora en el neto se estiraría, pero el flujo de comercio continuaría en niveles muy bajos. De que las expectativas de recuperación de la economía brasileña efectivamente se materialicen y que el Real no siga depreciándose y el Peso argentino apreciándose, dependerá que este tibio superávit no se transforme en un equilibrio o, peor aún, nuevamente en un déficit.

Nueva política comercial: ¿proteccionismo inteligente o vuelta atrás?

El cambio de gobierno trajo varias novedades en materia de política económica, y la gestión de la política comercial externa es una de las principales áreas donde se observan modificaciones. En este sentido, pasamos de un esquema de apertura casi irrestricta a otro en donde se intentará proteger a ciertas industrias consideradas sensibles, sea por el empleo que generan o por la cantidad de divisas que demandan.

Concretamente, se agregaron alrededor de 300 posiciones arancelarias (PA) al esquema de Licencias No Automáticas (LNA) para importaciones de bienes, llegando de esta manera a 1.500 partidas (es decir, un incremento cercano al 25% respecto de las 1.200 posiciones observadas anteriormente). Este cambio es mucho mayor cuando analizamos en términos de dólares: mientras que el set anterior comprendía posiciones por las que se importó poco menos de USD 8.000 millones en los primeros onces meses de 2019, el nuevo esquema abarca a más de USD 14.000 millones, representando una suba del 80%. En otros términos, las licencias automáticas (LA) pasaron de comprender a cuatro de cada cinco dólares importados a menos de dos de cada tres.

Por lo tanto, podemos afirmar que estamos ante un esquema a priori más cerrado, donde las posiciones bajo análisis involucran a un mayor flujo de comercio. Si bien esto es cierto, hay que remarcar que los números pueden exagerar por dos razones. En primer lugar, porque la comparación es entre las posiciones protegidas del esquema anterior y posiciones que entraban automáticamente. En consecuencia, las importaciones de las PA bajo LNA eran bajas por razones de política comercial. En otro orden, la comparación puede ser exagerada porque las LNA no son una prohibición al ingreso de bienes -si fuera así, los ingresos desde partidas incluidas en el esquema anterior debería ser cero-, sino la demanda de ciertos requisitos burocráticos y la demora del proceso de entrada. Por ende, si bien estamos frente a una lógica más restrictiva, el aumento es menor de lo que los números indican.

En otro orden, es importante destacar que estas herramientas de política comercial son toleradas por la Organización Mundial del Comercio (OMC), bastante reacia al uso de políticas proteccionistas. En este punto, estamos frente a una diferencia importante con lo que pasaba con las Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación (DJAI), entre otras herramientas. En este contexto de importantes pagos de deuda en divisas y mercados de crédito cerrados, sostener una buena relación con los organismos internacionales -y no recibir denuncias en ellos- es fundamental.

Por otra parte, vale recordar que se recortó el plazo de validez de las autorizaciones de 180 días corridos a 90 días. Esta decisión desalienta la importación de bienes de capital, sobre todo desde destinos lejanos -principalmente China-, ya que el menor plazo que media entre que se puede efectivizar la compra y que el bien llega al país torna prácticamente imposible poder adquirir este tipo de productos, usualmente hechos a medida y con plazos de entrega mayores a los estipulados por las nuevas normativas.

Analizando a nivel rama de actividad, resalta la inclusión de partidas vinculadas a la industria automotriz, de publicaciones, de juguetes y de productos químicos para consumo, cuando antes casi todas sus PA se encontraban bajo el régimen de LA. A excepción del primer caso, se observa que desde el Ministerio de Desarrollo Productivo se está priorizando proteger las industrias de mayor cociente entre empleo y producción. Por su parte, en el caso de la industria automotriz podemos ver un doble rol: por un lado, la importación de autos terminados implica una salida importante de divisas, por el otro, el sector está en crisis, con suspensiones sistemáticas en las diversas terminales.

Párrafo aparte merece el caso de alimentos y bebidas. En esta área, donde se protegió a un quinto de las compras externas frente a una importación automática en el régimen pasado, podemos vincularla a la política de Precios Cuidados. Es probable que se estén pautando importaciones frente a estabilidad de precios, de ahí los frenos burocráticos a las compras externas de un sector que gasta pocas divisas -es significativamente superavitario en el agregado-, no posee un ratio empleo-producto elevado y su nivel de productividad está muy cerca de la frontera internacional.

En otro orden, calzado, indumentaria, maquinaria agrícola y marroquinería, las ramas de actividad beneficiadas por la política anterior también seguirán con elevados niveles de protección en el esquema actual. Para finalizar, huelga remarcar que los productos electrónicos, de un elevado consumo de divisas, no quedaron dentro de las posiciones con LNA a grandes rasgos. En consecuencia, podemos afirmar que, al menos por ahora, la política de aliento al régimen promocional de Tierra del Fuego que se registró entre 2009 y 2015 no se repetiría en la gestión actual: solo el 10% de las importaciones de productos electrónicos poseen trabas para ingresar al país.

En resumen, los principales esfuerzos de este esquema proteccionista renovado no parecieran dirigidos al ahorro de divisas ni a desarrollar proveedores locales en los sectores intermedios de la cadena de productiva -lo que incrementaría el costo de producción doméstica, generando un salto del nivel de precios y reduciendo la competitividad de la industria argentina-, sino a bienes finales que poseen un elevado coeficiente empleo-producción en su proceso de fabricación y donde permanecemos lejos de la frontera productiva internacional.

Al menos, en su diseño inicial, la nueva política comercial se sitúa en un punto intermedio entre las estrategias pendulares de cerrazón absoluta y apertura total de los esquemas recientes. Sin embargo, en este marco de pérdida de competitividad por un dólar que se atrasa y una presión impositiva que aumenta, las exportaciones mostrarán un dinamismo acotado. Por lo tanto, la posibilidad de ahorrar divisas a través de un freno a las importaciones para honrar los pagos de deuda si los mercados de crédito siguen cerrados estará latente, y volver a un sistema de restricciones generalizado tendría un importante costo en materia de actividad y productividad.

Superávit récord en 2019: ¿vamos por más en 2020?

En diciembre de 2019, la balanza comercial arrojó un súper-superávit de USD 2.250 millones, alcanzando un máximo nominal para este mes del año. En la misma línea, el saldo mostró un avance de 70% respecto de igual mes del 2018.

Más allá de estas buenas noticias, la mejora respondió a un desplome de las importaciones (-20% i.a.), que desde septiembre de 2018 arrojan caídas interanuales de dos dígitos en tanto las exportaciones crecieron menos de 1% i.a. en el mes. Dicho esto, corresponde notar que entre septiembre -mes posterior a las PASO- y noviembre del año pasado, las ventas externas treparon a tasas superiores al 10% i.a., producto de que se apuró la liquidación de granos en pos de evitar la suba de retenciones, efectivamente concretada en el último mes de 2019. Este avance acelerado de los envíos al resto del mundo en los meses de la transición ejecutiva conspiró contra el resultado de diciembre, ya que redujo el stock disponible.

En este sentido, resalta la caída de 5,6% i.a. en valores de las exportaciones de productos primarios, producto de un deterioro de 6% i.a. en los precios y volúmenes casi estancados. Por su parte, los envíos de manufacturas de origen industrial acumularon una contracción de 10% i.a. en el último mes de 2019, consecuencia de la caída de las cantidades (-10,5% i.a.) dado que los precios se mantuvieron estables.

A contramano, las manufacturas de origen agropecuario -aquellas sobre las que ya posaban las mayores retenciones, de modo que el incremento de los aforos externos probablemente iba a ser menor, lo que efectivamente terminó pasando- mostraron un salto de 12,5% i.a. a lo largo del mes pasado, superando incluso la tasa de crecimiento de noviembre (+9,5% i.a.).

Por el lado importador, se siguió la tendencia de los últimos meses: todos los usos económicos arrojaron resultados en rojo. Concretamente, las peores caídas se registraron en vehículos livianos (-29% i.a.), piezas para bienes de capital (-26% i.a.), seguido de bienes intermedios (-24% i.a.) y por último bienes de capital (-19% i.a.). Con el endurecimiento de las Licencias No Automáticas de Importación -las mismas pasaron de abarcar un quinto de las compras externas a casi un tercio de las mismas-, y su foco en “la cola” del proceso productivo, es probable que la caída de las importaciones cambie de sentido: aunque en el agregado podrían continuar en terreno negativo, las peores performances quedarán para los bienes finales mientras que las restricciones al ingreso de bienes de capital y de insumos productivos deberían, a priori, ser menores.

Con estos números, 2019 cerró con un superávit comercial cercano a USD 16.000 millones, el mayor en la última década y, obviamente, más que revirtiendo el déficit de USD 3.700 millones acumulado en 2018. Más allá de esto, vale notar que, al igual que en diciembre, la recuperación obedeció más al deterioro importador (-25% i.a., totalizando poco más de USD 49.100 millones el año pasado) ya que las exportaciones avanzaron “tibiamente” a lo largo del año pasado (+5,5% i.a., apenas superando los USD 65.100 millones).

Para 2020, el superávit comercial acumularía otro récord, pero los crecimientos espectaculares de dos dígitos habrían quedado atrás. En este sentido, proyectamos un resultado positivo cercano a los USD 17.000 millones, producto de exportaciones prácticamente estancadas (un avance en torno a +1% i.a.), en un contexto de mayor competitividad cambiaria en el promedio anual y mayor demanda brasileña -pese a las tensiones políticas, el gigante sudamericano seguirá siendo nuestro principal socio comercial- pero una menor cosecha agropecuaria producto de un deterioro en el ciclo climático. Por su parte, las importaciones seguirán en retroceso, aunque a una tasa mucho menor (también cercana al 1% i.a.) producto no solo de la menor actividad interna y el encarecimiento relativo de los productos importados sino también de una política comercial más agresiva.

2019 y la vuelta al superávit comercial con Brasil, ¿que se queda en 2020?

En diciembre de 2019, la balanza comercial bilateral de bienes con Brasil arrojó un superávit de USD 200 millones para nuestro país. Si bien este resultado marca un menor saldo favorable respecto de igual mes de 2018 (USD +260 millones), el deterioro obedece más a factores estadísticos y coyunturales que a aspectos estructurales. En este sentido, resalta la caída de las exportaciones (-6,4% i.a.), que obedece a una elevada base de comparación: en diciembre de 2018 las mismas habían crecido casi 30% i.a.. De hecho, si el punto de comparación se traslada a diciembre 2017, nos hallamos frente a una mejora de casi 20%. Por su parte, las importaciones avanzaron 0,4% i.a., cortando así una racha de diecinueve meses en rojo y de quince meses con retrocesos superiores al 20%. En consecuencia, aunque esta dinámica reduce el saldo comercial, revertir semejante deterioro es una muy buena noticia -aun cuando solo sea un mes y no baste para marcar una tendencia-.

Esta dinámica de menores exportaciones y mayores importaciones se explica por dos motivos. Por un lado, por la apreciación cambiaria que acumuló nuestro país en el último bimestre (-6%). Aunque la competitividad cambiaria está en mejores niveles que hace un año atrás -base de comparación-, sostener nominalmente al dólar implica una fuerte revalorización del peso en este contexto de elevada inflación. En este sentido, es importante que la divisa comience a deslizarse en pos de no resignar la mejora cambiaria pos agosto. Por otra parte, nuestra economía arrojó algunas tibias señales de recuperación al cierre del año pasado. Si bien estamos lejos todavía de afirmar que la recesión quedó atrás, de hecho, no parecería ser el caso, estos atisbos de mejora posiblemente hayan incrementado la demanda de productos brasileños -así como también de la producción local-.

Con estos números, la balanza comercial acumuló un superávit de USD 1.020 millones en 2019, más que revirtiendo el déficit de casi USD 4.000 millones alcanzado en 2018. Si consideramos que fue el primer saldo positivo con nuestro principal socio comercial desde 2003, las mejoras estadísticas se tornan aún más interesantes. Ahora bien, no todos los aspectos son favorables. Por caso, esta recuperación obedeció al desplome importador (-36% i.a.), ya que los envíos al país vecino se redujeron en 4,5% i.a. durante 2019. Como resultado, el flujo de comercio pasó de USD 26.000 millones en 2018 a USD 20.000 millones el año pasado (-23% i.a.) marcando la delicada situación por la que atraviesan ambas economías. De cara al 2020, las perspectivas son optimistas; de hecho, las proyecciones de crecimiento para la economía brasileña -aunque todavía en niveles magros- volvieron a crecer el mes pasado luego de sucesivos recortes. Concretamente, proyectamos que el saldo positivo se mantendría durante este año y rondaría los USD 1.200 millones, un número nada despreciable en este contexto de fuertes necesidades financieras en moneda dura.

Super-superávit en noviembre por super-liquidación

En noviembre, el superávit comercial de bienes ascendió a USD 2.445 millones, más que duplicando el saldo positivo obtenido en igual mes del año pasado (USD 985 millones). Esta dinámica alentadora respondió tanto a un avance significativo de las exportaciones (+9,5% i.a., llegando a USD 5.850 millones) como a un deterioro de las importaciones (-22% i.a., totalizando USD 3.400 millones).

Por el lado de las ventas externas, el aumento de 14,5% i.a. en cantidades fue contrarrestado parcialmente por una caída de 4,4% i.a. en los precios. A excepción de combustibles y energía, donde se registró una pérdida de 30% i.a. en valores producto del retroceso tanto de precios como de cantidades, todos los grandes rubros mostraron un avance en volúmenes físicos y un retroceso en los precios. Por caso, los envíos al resto del mundo de productos primarios se dispararon 46% i.a. en cantidades, las manufacturas de origen agropecuario treparon 13% i.a. y las manufacturas de origen industrial 5% i.a. En los tres casos, este desenlace obedeció al intento por anticiparse a una probable suba de retenciones -ya concretada en los primeros dos casos, no así en las MOI- que generó una sobreliquidación de stocks en la búsqueda porque el gravamen excedente alcanzara al mínimo posible de producción existente.

Por el lado importador, la dinámica estuvo más en línea con lo experimentado en los meses pasados: una caída en cantidades (-14,5% i.a. en el agregado) y en precios (-8,6% i.a.) generalizada. Analizando a nivel desagregado, resalta el deterioro de vehículos livianos (-58,5% i.a.), bienes intermedios (-29,0% i.a.), bienes de capital (-16,5% i.a.) y bienes de consumo (-14,5% i.a.).

Con estos números, el superávit comercial de bienes acumuló USD 13.710 millones en los primeros once meses de 2019, más que revirtiendo el déficit de USD 5.200 millones registrado en igual período del año pasado. Este avance se explica por una mejora de las exportaciones (+5,8% i.a., totalizando USD 59.702 millones, donde la diferencia con el dato de noviembre refleja la sobreliquidación de ese mes) y una fuerte caída de las importaciones (-25,3% i.a., llegando a USD 46.000 millones entre enero y noviembre de 2019).

Para el 2019, proyectamos que el resultado positivo superará USD 15.000 millones, marcando el nivel más alto -en dólares corrientes- desde 2009. Tal como se desprende del párrafo anterior, este desenlace obedecerá a la mejora exportadora (+6% i.a.) pero principalmente al desplome importador (-25% i.a.). Asimismo, dado que la economía no se recuperará sensiblemente en 2020 y que el tipo de cambio real seguirá en niveles elevados -más allá de que es probable que experimente cierta apreciación en este contexto de cepo hard-, proyectamos que el saldo positivo rondará USD 18.000 millones. Este número será la consecuencia de un tibio avance exportador (cercano al 3,5% i.a., luego del endurecimiento de retenciones) y una marcada contracción importadora, posiblemente de dos dígitos.

Noviembre, otro mes de superávit comercial con Brasil

En noviembre, la balanza comercial bilateral de bienes con Brasil arrojó un superávit de USD 160 millones, revirtiendo el déficit de USD 4 millones de noviembre de 2018. Más allá de esta dinámica positiva, cabe destacar que la recuperación obedeció al desplome de las importaciones (-25% i.a.) ya que las exportaciones cayeron 8% i.a. -algo que, por suerte, no se repetirá a nivel agregado, ya que la liquidación extraordinaria de granos y oleaginosas del mes pasado fue a parar a otros destinos que a la principal economía del Mercosur-. Más allá del retroceso en nuestras ventas, vale resaltar que fue la mitad que el resto de las importaciones brasileñas (-16% i.a.) de modo que la participación argentina en esta variable aumentó 0,5 p.p., llegando a 6% en noviembre 2019.

La clave para esta evolución negativa fue la depreciación del Real brasileño, de 6,5% en el mes -en una economía con una inflación mensual menor a 1% y con bajo traslado a precios de los saltos cambiarios-, que mejoró la competitividad de la economía brasileña y encareció a nuestros productos, que, constantes en dólares, se encarecieron en Reales. Más allá de esto, para saber cómo afectará la depreciación del Real al intercambio bilateral será necesario sumar su impacto en la actividad: si la mejora cambiaria del país vecino impacta positivamente en su actividad, es decir, si aumenta su demanda, la pérdida de competitividad relativa podría ser más que compensada por un avance de los volúmenes exportados.

Por su parte, en el acumulado a once meses la balanza bilateral de bienes marca un saldo favorable de USD 820 millones para nuestro país. Al igual que en el resultado mensual, se observa una mejora notable en relación a igual período de 2018 (déficit de USD -4.200 millones). También, al igual que en el resultado mensual, esta mejora responde a un marcado deterioro de las importaciones (USD -38% i.a.), dado que las exportaciones también retroceden en la comparación interanual (-4.3% i.a.). Con el año casi cerrado, proyectamos que el superávit bilateral rozaría USD 1.000 millones en 2019, alcanzando un pico desde 2002. De cara al mediano plazo, será fundamental saber si los vaivenes políticos -declaraciones cruzadas entre Alberto Fernández y Jair Bolsonaro- se transformarán también en tensiones económicas o si, como viene pasando por ahora, se quedarán en el plano discursivo. Considerando la delicada situación de nuestra economía, y los elevados vencimientos de deuda relevante en divisas en un contexto de mercados de crédito cerrados, será fundamental que las amenazas no se concreten; de lo contrario, se cerraría una de las principales vías de escape a la crisis interna.