Quince años con inflación de dos dígitos, una década con controles de precios

Desde hace quince años que la inflación se ubica en dos dígitos y la tendencia que muestra es ascendente. El impacto sobre la vida de los ciudadanos resulta directo y los desequilibrios que genera dificultan la estabilidad y buen funcionamiento de la economía. No es casualidad que, según el último relevamiento de Synopsis, la inflación es la principal preocupación de los hogares. En este contexto, los sucesivos gobiernos fueron implementando diferentes políticas económicas para buscar frenar la inflación.

Una de esas políticas fueron los controles de precios a bienes de primera necesidad y de consumo masivo. En la última década, estos programas fueron tomando distintas formas y buscaron cumplir diferentes objetivos, comenzando por la creación del programa de Precios Cuidados en 2014 cuyo objetivo fue marcar precios de referencia, a través de una canasta de heterogénea de bienes de primera y segunda necesidad con actualizaciones trimestrales de 200 (en 2014) a 500 (en 2015) productos.

Luego, una lógica similar estuvo vigente entre 2016-2019, con la diferencia de que la canasta se redujo y prevalecieron las segundas marcas. El objetivo no era que existan productos lideres que sirvan como referencia y ayuden a contener la inflación, sino que haya una canasta accesible para los sectores de menores ingresos, con actualizaciones de un periodo de uno a dos meses.

El cambio de gobierno en 2019 implicó un nuevo viraje. Se buscó establecer precios de referencia, por lo que se amplió la canasta (más de 600 productos) añadiéndose nuevamente productos de primeras marcas. Sin embargo, con la irrupción de la pandemia y la necesidad de frenar la inflación ante el virtual congelamiento de los ingresos, el gobierno decantó por el programa Precios Máximos, que abarcó una gran cantidad de bienes de consumo masivo (llegó a contar con 2.300 productos, en su mayor parte de primera línea). La gran diferencia con el resto de los controles es que se trataba de un congelamiento que solo contempló dos aumentos a lo largo del 2020, buscando no solo ser una referencia -como los programas anteriores- sino frenar la inflación artificialmente por medio de un congelamiento.

Dada la magnitud del programa, fue posible observar un efecto sobre la evolución conjunta de estos precios. Así, mientras la inflación general acumuló 26% entre abril y diciembre de 2020, la inflación de los bienes de consumo masivo -construida en base a la información brindada por INDEC- fue de 16%, avanzando, en promedio, 1,7% mensual.

Con la aceleración de la inflación a comienzos del 2021 -pasó de promediar 3,7% mensual en el último trimestre del 2020 a 4,1% en el primer trimestre del 2021-, el congelamiento ya no lucía sostenible. Si bien el programa se desarmó en su totalidad en junio de 2021, el IPC de consumo masivo se aceleró desde febrero del año pasado, alcanzando incrementos medios mensuales de 3,7% entre febrero y octubre del 2021, por encima de la inflación nacional (+3,5% promedio). Este comportamiento dejó en evidencia que, si bien el programa tuvo un efecto sobre este grupo de bienes en el corto plazo, añadió una mayor presión sobre el nivel de precios en los meses siguientes.

Último congelamiento: efectos acotados en noviembre, que se desdibujaron en diciembre

En un contexto electoral, en el cual la inflación de consumo masivo se aceleró a lo largo del 2021, la Secretaría de Comercio Interior anunció un nuevo congelamiento a mediados de octubre, abarcando un grupo de aproximadamente 1.400 productos (considerablemente más grande que las canastas de Precios Cuidados). Este nuevo programa se mantuvo hasta noviembre (en diciembre la canasta cambió y se autorizaron incrementos) y fue reemplazado por un nuevo esquema que se mantendrá durante el primer trimestre de 2022. En este contexto resulta relevante preguntarnos cuál fue el efecto del último congelamiento implementado.

En noviembre, el índice de precios de consumo masivo (que está compuesto principalmente por productos empaquetados, y excluye productos frescos como carnes, frutas y verduras) se desaceleró -luego de alcanzar 3,7% en promedio entre febrero y octubre- a 1,5%, pero volvió a crecer 2,9% en diciembre. Así, el congelamiento pareciera haber tenido un efecto en el muy corto plazo (noviembre), que se habría visto parcialmente diluido una vez que el programa fue modificado.

Hay que tener en cuenta que estos bienes ponderan un 16% del total de la canasta que mide la inflación. En este sentido, en los primeros diez meses del 2021 los precios de consumo masivo explicaban en promedio 0,6 p.p. de la inflación general. A diferencia, en noviembre este grupo de bienes explicó solo 0,2 p.p. de la suba de precios (una proporción similar a la de algunos meses de 2020, cuando impactaba el programa de Precios Máximos), marcando el cumplimiento del objetivo del programa. Estimamos que si este conjunto de bienes hubiese mostrado variaciones similares a las de enero-octubre (es decir, sin el congelamiento), se hubiesen añadido aproximadamente entre 0,3 y 0,4 p.p. a la inflación nacional del mes de noviembre.

Vale destacar que el efecto -como marcamos, cada vez más de corto plazo- de estos programas incide principalmente sobre productos empaquetados. A diferencia, algunos alimentos frescos, como es el caso de la carne, buscan ser regulados con programas como cortes cuidados y políticas como el cepo a la exportación sin que ocurra un impacto significativo en el mediano plazo. De hecho, a la par del congelamiento, la carne trepó 6,7% en noviembre y 9,1% en diciembre, explicando 0,6 p.p. y 0,9 p.p. de las variaciones de la inflación general, respectivamente.

Es decir, el gobierno busca contener los precios de consumo masivo mediante controles (y en el extremo, congelamientos) pero su ponderación apenas supera el 15% de la canasta que mide la inflación. Considerando que el capítulo de alimentos y bebidas pesa 27%, ya que se le suman carnes, frutas y verduras, el control de precios puede tener un impacto marginal y en el corto plazo sobre el capítulo y puede ser contrastado por la aceleración de otros grupos (como carnes, frutas o verduras). Los múltiples factores que alimentan la inflación, especialmente en un contexto de precios relativos altamente distorsionados, hace que este tipo de programas no sean suficiente para contener la elevada inercia: a pesar de los controles, el IPC Core lleva 15 meses consecutivos ubicándose por encima del 3% mensual.

Perspectivas para 2022

El panorama inflacionario para 2022 no luce optimista. En 2021, la inflación fue de 50,9% i.a., retornando a los niveles pre-pandemia (50,7% i.a. fue el promedio del período 2018-2019). Esta cifra se alcanzó con tarifas de servicios públicos sin importantes correcciones y un ritmo de depreciación del tipo de cambio oficial que se ubicó por debajo de la inflación, especialmente en la segunda mitad del año.

Así, en el presente año es esperable una corrección -al menos, parcial- de estos precios relativos. Por un lado, habría un aumento que, en principio, rondaría el 20% para las tarifas en los próximos meses. Además, el dólar oficial ya aceleró el ritmo de depreciación en las últimas semanas, lo cual da señales de un cambio en la estrategia cambiaria. De esta manera, dos de los drivers que se encontraron prácticamente desactivados en el año anterior, volverían a encenderse desde el comienzo del año.

A su vez, los bienes de consumo masivo volverían a acoplarse a la evolución de la inflación núcleo en el corto plazo. Como mencionamos, el último congelamiento fue remplazado por un relanzamiento de Precios Cuidados que se caracteriza por contemplar incrementos -en principio- en torno al 2% mensuales. Por lo tanto, no es esperable un efecto “desaceleración” tan marcado como el del periodo noviembre-diciembre de 2021.

Así, la inflación se aceleraría en el primer trimestre de 2022, tal como ocurrió en 2021. Además de los aumentos ya mencionados, se suman algunos factores estacionales (como indumentaria y educación en marzo) que también incidirán sobre la suba de los primeros meses. Esto hace más difícil la coordinación de expectativas a la que apuesta el gobierno (siendo el ordenamiento de las negociaciones paritarias el caso más claro) generando que el año arranque agitado en materia inflacionaria y no se vislumbre una nominalidad diferente a la del pasado año. Estimamos que la suba de precios vuelva a ubicarse en la zona del 50% en el 2022.

En 2021, la inflación nacional cerró en 50,9% i.a.

En diciembre, la inflación nacional trepó 3,8% según el INDEC. De esta manera, la suba de precios cerró con una suba de 50,9% i.a. en 2021, retomando a los niveles pre-pandemia (+50,7% i.a. fue el promedio inflacionario de 2018-2019).

En lo que respecta a los capítulos, cabe destacar que 6 de las 12 divisiones se ubicaron por encima del 4%, algo que no sucedía desde marzo de 2021 (cuando la inflación general fue de +4,8%).

Al interior, las que mayor variación exhibieron fueron Restaurantes y hoteles (+5,9%) que terminó con una suba de 65,4% i.a. y Bebidas alcohólicas y tabaco (+5,4%, +55,1% i.a.). En el primer caso, incidió la suba de comidas fuera del hogar y alojamiento, posiblemente impulsadas por la suba de alimentos, la eliminación de aforos, programas de impulso al turismo (como pre-viaje) y la mayor movilidad del verano. En el segundo caso, impactó la suba de cigarrillos.

A su vez, Transporte (+4,9%), Prendas de vestir y calzado (+4,8%), Alimentos y bebidas no alcohólicas (+4,3%) y Recreación y cultura (+4,0%) fueron los otros cuatro capítulos que se ubicaron por encima del Nivel General.

Al interior de la división de Alimentos y bebidas no alcohólicas (+4,3%) existieron dinámicas heterogéneas. Por un lado, en el mes incidió principalmente la suba de carnes (+9,1% a nivel nacional). Teniendo en cuenta el importante peso que tiene esta categoría sobre la canasta (pondera 8,9% en el total país), la suba de este grupo explicó poco más de 0,9 p.p. de la variación a nivel general.

A su vez, si agrupamos las categorías de bienes de consumo masivo (principalmente productos empaquetados) observamos que en conjunto treparon 2,9% mensual. Dicha cifra se aceleró respecto a noviembre, cuando habían subido 1,5% mensual en promedio. Hay que tener en cuenta que la variación del último mes se alcanzó a pesar del congelamiento a más de 1.300 productos de la canasta iniciado a mediados de octubre: si bien el programa parece haber tenido un impacto -acotado- en noviembre, en diciembre el efecto parece haber sido menor. De todas formas, no volvió al ritmo previo de aumentos (entre enero y octubre, dicha canasta de bienes subió 3,6% en promedio). En este sentido, la suba de este conjunto de bienes explicó 0,5 p.p. de la suba mensual del mes de diciembre (vs. 0,2 p.p. en noviembre).

Por último, se encuentran los alimentos estacionales que contuvieron parcialmente la inflación. En este sentido, las Verduras cayeron en torno al 5,6% a nivel nacional (volvió a caer el tomate en GBA), mientras que las frutas treparon solamente 1,6%, ayudando a que la variación del capítulo de alimentos no sea todavía mayor. De esta manera, el capítulo de alimentos y bebidas finalizó el año en 50,3% i.a., 0,3 p.p. por debajo de la inflación general.

En lo que respecta a las categorías, el IPC Núcleo trepó 4,4% en el mes, finalizando el año con una variación de 54,9% i.a. (+4,0 p.p. por encima del nivel general). Por su parte, el IPC Estacionales subió 3,7% en el mes, finalizando el año con una suba de 50,1% i.a, donde incidieron las subas ya mencionadas de turismo y prendas de vestir. Por su parte, el IPC Regulados subió 1,7%, finalizando el año con una variación interanual de 37,7%.

 ¿Qué esperamos para 2022?

Para este año, el panorama dista de ser optimista. Teniendo en cuenta que durante el año anterior se aplicaron diversas anclas -como el tipo de cambio, las tarifas y los acuerdos de precios- que posiblemente no sean posibles de mantener durante los próximos meses, el piso inflacionario es alto para 2022.

De hecho, el dólar oficial ya aceleró el ritmo de depreciación en las últimas semanas, dando señales de un cambio en la estrategia cambiaria. Asimismo, también se espera una corrección de las tarifas de servicios públicos -que rondarían al menos 20%- en los próximos meses. Por último, si bien se lanzó un nuevo programa de precios cuidados, la salida del reciente congelamiento que impactó en el periodo de noviembre-diciembre de 2021 podría traer presiones extra sobre este conjunto de bienes en el corto plazo.

De esta manera, esperamos que la inflación en 2022 vuelva a cerrar en la zona del 50% anual. Así, la suba de precios se mantendría en este umbral en 4 de los últimos 5 años.

El IPC GBA Ecolatina creció 3,7% en diciembre

Según el IPC GBA Ecolatina, la inflación alcanzó 3,7% en diciembre, acelerándose 0,5 p.p. respecto al mes anterior y exhibiendo la variación más alta desde abril de 2021. De esta manera, acumuló 49,5% en los doces meses del 2021, acelerándose casi 15 p.p. respecto al 2020.

Al interior, el capítulo de Alimentos y bebidas creció 4,5% en el mes, alcanzando una variación interanual de 54,2% y ubicándose 5 p.p. por encima de la inflación general. Este desempeño se explicó principalmente por la evolución de Carnes (que creció cercano al 9% mensual), particularmente algunos cortes de carne vacuna, con una aceleración concentrada en la primera quincena del mes. Dentro de dicho sector también incidió la variación de Pescados y Mariscos (+5,5%).

Por su parte, pese que el congelamiento a los bienes de Consumo Masivo continuó rigiendo en su totalidad a lo largo de todo el mes de diciembre, este grupo de bienes creció 3,3% en el mes, acelerándose fuertemente respecto a la leve suba de noviembre (+0,8%). Es decir, el efecto del congelamiento habría sido de utilidad para contener los precios en el cortísimo plazo (noviembre), pero el impacto ya no habría sido tan fuerte en el último mes del año. Al interior, resaltaron las subas de panificados (+3,7%), bebidas no alcohólicas (+3,9%), entre otros.

En lo que respecta a las categorías, el IPC Estacionales varió en el mes 3,8% explicado por las subas relacionadas al Turismo (+8,4%) y la suba de Frutas (+3,7%). Por su parte, el IPC Núcleo creció 4,2% en diciembre, exhibiendo una variación de 54,0% interanual. Por último, el IPC Regulados creció tan solo 1,7% en el mes, mostrando subas en Cigarrillos y Transporte Público de Pasajeros (donde impactó el incremento de taxis), con una variación de 49,6% en la comparación interanual.

En 2021 la inflación volvió a ubicarse en torno al 50%, retornando a la zona de 2019 (+53,8% i.a.). Sin embargo, a lo largo del año que terminó, los principales precios relativos como el tipo de cambio oficial (+27% i.a.) y los precios de servicios públicos (+18% i.a. según el IPC GBA Ecolatina) evolucionaron muy por debajo de la inflación. Ante este panorama, es de esperarse que haya correcciones en estos dos frentes este nuevo año, dejando un piso alto para la inflación de 2022, que se ubicaría nuevamente en la zona del 50%.

El IPC GBA Ecolatina se volvió a acelerar en la primera quincena de diciembre

Según el IPC GBA Ecolatina, la inflación fue de 4,4% entre la primera quincena de diciembre y el mismo periodo del mes anterior. De esta manera, la suba de precios se aceleró 1,8 p.p. en contraste con la primera quincena de noviembre.

A su vez, el IPC Core se ubicó en la zona del 5,0%. Esta evolución se encontró 0,6 p.p. por encima del Nivel General, a pesar de que buena parte de la canasta de consumo masivo este congelada debido al congelamiento de precios vigente. Al interior, la fuerte aceleración de la carne vacuna (+14,5%) y pescado (+6,9%) explica gran parte de la suba del índice anteriormente mencionado. En ese mismo sentido, Alimentos y bebidas Experimentó una suba 5,2% respecto a la primera quincena del mes previo.

Por su parte, el IPC Regulados se ubicó en torno al 1,5%, desacelerándose respecto a la primera quincena de noviembre (cuando había trepado 2,5%). Si bien la mayor proporción de precios regulados continuaron actuando como ancla (como combustibles y tarifas), impactaron las subas de cigarrillos y taxis y mantenimiento de vehículos. Además, en concordancia con lo que viene sucediendo en los últimos meses, los precios estacionales traccionaron la suba del Nivel General con un aumento en esta primera quincena cercano al 7%. Al interior de esta categoría, resaltaron las subas vinculadas al turismo.

Estimamos que el IPC GBA Ecolatina cierre entre el 3,5% y el 4,0% para el mes diciembre. Esta aceleración se corresponderá con los factores antes mencionados (como la aceleración del precio de la carne, junto a algunos aumentos puntuales como taxis y expensas), que seguirán impactando en lo que resta del año. Se trataría del registro más alto del segundo semestre del año. Con estos números, esperamos que la inflación nacional supere el 50% este 2021.

La inflación nacional fue 2,5% en noviembre

Según el INDEC, la inflación de noviembre fue 2,5%, desacelerándose 1 p.p. respecto al mes anterior. De esta manera, perforó el 3% mensual solo dos veces en el año, junto a agosto. Así, acumuló un 45,4% en los primeros once meses y alcanzó 51,2% en la comparación interanual.

En lo que respecta a los capítulos, los que mayor variación exhibieron fueron Restaurantes y Hoteles (+5,0%) y Prendas de vestir y calzado (+4,1%). Estas dos divisiones vienen ubicándose por encima del 4% mensual desde septiembre: en el primer caso, impactan la dinámica del precio de los alimentos, la reapertura total de las actividades y la eliminación de aforos, y en el segundo las subas estacionales por cambio de temporada. Luego, Equipamiento y mantenimiento del hogar (2,7%) fue la tercera división con mayor alza en noviembre, en la que incidió la suba de muebles y electrodomésticos.

Alimentos y bebidas no alcohólicas subió 2,1%, desacelerándose 1,3 p.p. respecto al mes de octubre y ubicándose como la división con más alta incidencia en la mayoría de las regiones. Al interior, el aumento de la Carne y derivados fue el de mayor incidencia, en tanto le aportó más de 0,2 p.p. a la variación mensual a nivel nacional de noviembre. Sin embargo, este aumento fue compensado por la baja de Verduras, tubérculos y legumbres, particularmente por la caída del precio del tomate (que retrocedió 33% en GBA). Además, el congelamiento de precios a los bienes de consumo masivo también ayudó a la desaceleración del capítulo, en tanto varias categorías moderaron su alza (lácteos, aceites, entre otros). El impacto del congelamiento se observa en el salto que mostró la proporción de productos abarcados por Precios Cuidados, que pasó de 7% en octubre a 13% en noviembre, donde en muchos productos superaron el 50%.

Según las categorías, el IPC Estacionales mostró una contundente desaceleración frente a octubre (+0,5%), producto de la ya mencionada caída de los precios de verduras y ayudando a la desaceleración del Nivel General. De esta manera, los precios estacionales alcanzaron una suba de 44,7% hasta noviembre y 46,6% en la comparación interanual.

Por su parte, el IPC Núcleo aumentó un 3,3%, alcanzando catorce meses con cifras que se ubican por encima del 3% mensual (+55,5% i.a.). En este sentido, hay que tener en cuenta que la inflación core persistió por encima del 3% pese a los mencionados congelamientos de precios. Por último, el IPC Regulados subió 1,0% en el mes, desacelerándose 0,9 p.p. respecto al mes anterior. De esta forma, los precios regulados subieron 35,4% en lo que va del año y 39,0% i.a.

Esperamos que en el último mes del año la inflación vuelva a ubicarse por encima del 3%. De esta manera, la desaceleración de noviembre sería más transitoria que permanente (condicionada por la baja en tomate y el congelamiento de bienes de consumo masivo), y la inflación cerraría en torno al 50% en 2021. Ya pasado el periodo electoral, hay que seguir de cerca el rumbo que tome el Gobierno en materia cambiaria, a lo que se le sumará, en enero, el fin del actual congelamiento a los bienes de consumo masivo. Esto deja un piso alto para el 2022, que seguirá en torno al 50%: los principales precios relativos de la economía -dólar y tarifas- mostraron escasas subas en 2021, la incógnita está en la magnitud de la corrección que pueda ocurrir en el año entrante.

El IPC GBA Ecolatina se mantuvo por encima del 3% en noviembre

Según el IPC GBA Ecolatina, la inflación alcanzó 3,2% en noviembre, desacelerándose 0,1 p.p. respecto al mes anterior. De esta manera, acumuló 44,2% a falta de un mes para la culminación del año. Asimismo, exhibió una variación de 50,0% en la comparación interanual.

Al interior, cabe destacar el desempeño del capítulo de Alimentos y bebidas (+3,9% en noviembre), que alcanzó una variación de 57,0% en los últimos doce meses ubicándose 7 p.p. por encima de la inflación general. Este desempeño se explicó principalmente por la evolución de Carnes (que creció por encima del 5% mensual), especialmente carne vacuna, con una aceleración concentrada en la segunda quincena del mes. Además, incidió la variación de verduras (+5%), alimentos consumidos fuera del hogar (+4%) y frutas (+3%). Esta dinámica más que compensó el hecho de que los bienes de consumo masivo hayan crecido por debajo del 1% promedio en noviembre, tras ser impactados, en muchos casos, por el nuevo congelamiento de precios. Dicho esto, hay que tener en cuenta que el efecto del congelamiento fue disímil entre los distintos canales de relevamiento: mientras que en tradicionales y scraping el efecto observado fue más acotado, el impacto más fuerte se vio en los relevamientos de supermercados.

En lo que respecta a las categorías, el IPC Estacionales fue el que mayor variación exhibió en el mes (+6,1%): a las ya mencionadas subas de frutas y verduras se le sumaron incrementos en indumentaria (+5%) y turismo (+12%). Por su parte, el IPC Núcleo creció 3,1% en noviembre, exhibiendo una variación de 53,5% interanual. Al dividir a los precios que componen a la inflación núcleo en dos grupos, uno solo con los precios controlados de consumo masivo y el otro con el resto de los precios, se observa que este último creció a un ritmo de 4% promedio en el mismo periodo. Por último, el IPC Regulados creció 2,4% en el mes, con una variación de 37,2% en la comparación interanual.

En el último mes del año, prevemos que la inflación continúe por encima del 3% mensual. Ya pasadas las elecciones, habrá que seguir de cerca como continúa el ritmo de depreciación del tipo de cambio oficial, la magnitud en la aceleración del precio de la carne y si se verifica la existencia de correcciones algo más significativas en algunos precios Regulados (combustibles, telefonía, etc) una vez pasado el período electoral. De esta manera, estimamos que la inflación cierre el año en la zona del 50% y, luego del pandémico 2020, vuelva a mostrar un comportamiento similar a la de 2018-19.

La inflación no cede: alcanzó 3,5% en octubre

Según el INDEC, la inflación fue de 3,5% en octubre. De esta forma, la suba de precios se ubicó por encima del 3% en 9 de los 10 meses que van del año. Así, acumuló un 41,8% hasta octubre y alcanzó 52,1% en la comparación interanual.

En lo que respecta a los capítulos, los que mayor variación exhibieron fueron Prendas de vestir y calzado (+5,1%) y Salud (+4,7%). En el primero, incidió la suba estacional de indumentaria como consecuencia del cambio de temporada, mientras que en el segundo impactó la última autorización de Prepagas del año (+9,0%). En conjunto, estos dos capítulos explicaron 0,9 p.p. de la variación mensual de octubre. Por otro lado, las otras dos divisiones que se ubicaron por encima del Nivel General fueron Restaurantes y hoteles (+4,1%) y Recreación y cultura (+4,0%).

Alimentos y bebidas no alcohólicas subió 3,4%, acelerándose 0,5 p.p. respecto al mes anterior y ubicándose como la división con mayor incidencia en todas las regiones. Al interior, impactó el aumento de frutas, verduras y determinados bienes de consumo masivo. En este sentido, esta división se aceleró a pesar del control de precios a bienes de consumo masivo anunciado a mitad de mes, lo cual nos muestra que el programa no habría tenido un efecto significativo al menos hasta octubre.

Según las categorías, el IPC Estacionales mostró la variación más alta del año (+8,1%), donde impactó las ya mencionadas subas de indumentaria, frutas y verduras. De esta manera, los precios estacionales alcanzaron una suba de 43,9% hasta octubre y 48,8% en la comparación interanual.

Luego, le siguió el IPC Núcleo (+3,2%), que ya lleva trece meses consecutivos ubicándose por encima del 3% mensual. En el último año, la inflación núcleo trepó 56,6% interanual, mientras que el tipo de cambio oficial subió 27,9% en el mismo periodo, dejando en evidencia que utilizar esta herramienta como ancla cada vez fue surtiendo un efecto menor. Por último, el IPC Regulados subió 1,9% en el mes, desacelerándose 1,1 p.p. respecto al mes anterior. De esta forma, los precios regulados subieron 34,0% en lo que va del año y 39,2% i.a.

En los últimos dos meses del año la inflación seguirá en la zona del 3% mensual. Estas cifras se alcanzarán a pesar de que el Gobierno evitaría autorizar subas de precios regulados y haya implementado nuevos controles a los precios de consumo masivo y medicamentos desde la secretaria de Comercio. De esta manera, proyectamos que la inflación se ubique en la zona del 50% en 2021, dejando los principales precios relativos -como tipo de cambio oficial y tarifas- pendientes de corregir para el 2022.

 

El IPC GBA Ecolatina se mantuvo por encima del 3% en octubre

En octubre, el IPC GBA Ecolatina creció 3,3%, acelerándose 0,1 p.p. respecto al mes anterior. De esta manera, exhibió una variación de 50,2% en la comparación interanual y de 39,7% en el acumulado del año.

En lo que respecta a los capítulos, Indumentaria (+6,7%) registró la mayor variación, donde -al igual que en septiembre- impactó el cambio estacional de temporada. Luego, le siguió Atención médica y gastos para la salud (+5,9%), dinamizado por el último aumento de prepagas del año.

Alimentos y bebidas creció 3,3% en el mes, acelerándose 1 p.p. respecto al mes anterior y explicando más de un tercio de la variación mensual del Nivel General. Este capítulo venía mostrando una evolución menor al 3% por tres meses consecutivos, gracias a una significativa desaceleración en el precio de la carne vacuna. Pese a esto, en octubre prevaleció el aumento de verduras, frutas y productos empaquetados de consumo masivo (que crecieron en torno al 3,7% en el mes). En este sentido, el congelamiento a los bienes de consumo masivo anunciado hace unas semanas atrás podría surtir efecto en determinados bienes, pero a nivel general aún no se observó un efecto significativo, en tanto el IPC de Consumo masivo evolucionó por encima del 3% mensual promedio en la última quincena del mes.

Por otro lado, el IPC Núcleo creció 3,1% en octubre (+54,0% en la comparación interanual). El menor aumento respecto del Nivel General responde a que los precios estacionales mostraron en el décimo mes del año la variación mensual más alta del 2021 (+6,2%), como consecuencia de las mencionadas subas en frutas, verduras, indumentaria y también de turismo. Por su parte, los precios regulados crecieron 2,5% durante el mes pasado. Así, acumula una suba de 35,5% i.a., casi 15 p.p. por debajo del Nivel General.

Para los últimos dos meses del año, estimamos que la inflación promedio se ubicará en la zona del 3% mensual. Estas cifras se darían a pesar de que el Gobierno hizo que el tipo de cambio se mueva por debajo de la evolución de la inflación desde comienzos del año, algo que posiblemente abandone en diciembre, pos-elecciones. A su vez, los precios regulados seguirían actuando como ancla en lo que resta del año. A contramano, el reciente incremento de la brecha cambiaria en un contexto de escasas reservas no ayuda a anclar expectativas, lo cual añade presiones al proceso inflacionario y complica un escenario de desaceleración. Con estos números, la inflación anual orillará el 50% en 2021.

Un nuevo congelamiento frente a una inflación que no da tregua

Hace más de una década que la inflación volvió a configurarse como uno de los principales problemas de la economía argentina. En este lapso, mostró una tendencia al alza que la llevó a ser, hoy en día, una de las principales preocupaciones de la sociedad y el Gobierno.

Habiendo transcurrido tres cuartas partes del año, podemos afirmar que la inflación volvería a acelerarse en 2021. De este modo se ubicaría apenas por debajo del 50% anual, a pesar de la pauta oficial de 29% estipulada hace 12 meses. Así, volvería a niveles cercanos a los de 2019 (54% anual), que marcó un máximo en 3 décadas. Peor aún, luego de mostrar cinco meses a la baja, la inflación volvió a trepar en septiembre y, de acuerdo con nuestros relevamientos, no revertiría su comportamiento en octubre, desdibujando la incipiente desaceleración.

Considerando la importancia de esta variable en las decisiones económicas y su impacto sobre la economía real, corresponde analizar el pasado reciente para responder cómo llegamos a alcanzar estas cifras, pero también para pensar qué podemos esperar para el futuro próximo. Además, el anuncio reciente de un nuevo programa de control de precios revive la inquietud de cuál será su efecto sobre la inflación general. Veamos.

De la calma al retorno de las presiones; y al modo electoral de los precios

Con la irrupción de la pandemia vimos un atípico proceso de desaceleración de la inflación. Debido a la caída abrupta de la demanda e incluso el cierre completo de algunos sectores (lo que hace que sus precios no varíen), las subas mensuales perforaron el 2% en la etapa de cuarentena más estricta. Esta evolución se dio en un contexto extraordinario, con bajas presiones salariales (postergación de paritarias) y una elevada demanda de dinero (frente a la incertidumbre, creció la mantención de liquidez por motivos precautorios). Adicionalmente, los controles aplicados sobre los bienes de consumo masivo -como el programa de Precios Máximos- y la suspensión de aumentos de tarifas colaboraron a la ralentización de los precios.

Sin embargo, la calma fue transitoria y con la vuelta a la normalidad las presiones inflacionarias reaparecieron. A medida que las actividades económicas reabrían, los salarios se recuperaban y la demanda retornaba a niveles previos, la elevada emisión monetaria le dio combustible a una nueva aceleración del proceso inflacionario, de la mano de un aumento de los dólares financieros. De esta manera, la inflación pasó de la zona del 2% entre abril y julio del 2020 a 3,6% en el último trimestre del año. Peor aún, en el inicio del 2021 la inflación siguió acelerándose, alcanzando un 4,1% promedio en el primer trimestre del año (con un pico en marzo, donde llegó a trepar 4,8%).

Así, la creciente inflación hacía cada vez más difícil a la meta propuesta en el Presupuesto (+29%). En respuesta a eso, el Gobierno -previendo que una disminución del ritmo de aumentos lo favorecería en los comicios- abandonó el crawling peg, aumentando la cotización del dólar oficial muy por debajo del resto de los precios. A la vez, postergó la suba de tarifas de servicios públicos y redujo los aumentos de precios regulados. Por último, disminuyó el ritmo de emisión monetaria y reforzó los controles para contener los tipos de cambio financieros.

Sin embargo, esta receta aplicada en otros años electorales surtió esta vez un efecto menor: la inercia alimentada por la emisión de dinero en 2020, con una elevada brecha cambiaria y mucho terreno por recuperar por parte de los trabajadores y empresarios de rubros golpeados por la cuarentena, junto con la expectativa de correcciones pendientes a fin de año, dificultaron el descenso de la inflación. Adicionalmente, el programa de Precios Máximos, implementado para contener los aumentos al comienzo de la pandemia, se había extendido demasiado: la suba de estos productos quedó 15 p.p. por debajo de la inflación general en 2020. Por este motivo, el desarme del programa (finalizado en junio) aceleró los precios de este grupo de productos, que pasó de mostrar una inflación menor a 1% en los meses de pleno congelamiento a promediar incrementos de casi 4% entre abril y septiembre de este año. Estos bienes tienen un peso relativamente importante sobre la canasta general (casi un quinto del índice) y contribuyeron a una desaceleración más lenta de lo esperado.

Con todo, la suba de precios bajó de un máximo de 4,8% en marzo a 2,5% en agosto, pero al costo de disminuir un 10% la competitividad externa y licuar 7% el precio relativo de los servicios públicos. Aun a pesar de ello, la “tregua” inflacionaria fue breve y en septiembre (+3,5%) y octubre (proyectamos en torno al 3%) se habría visto interrumpida.

Frente a la necesidad de tomar medidas, el Gobierno volvió a recurrir a una receta conocida: anunció esta semana un nuevo control de precios a bienes de primera necesidad. Este programa lanzado por la Secretaría de Comercio congelaría más de 1200 productos de las principales empresas de consumo masivo por 90 días. Dada su magnitud, se asemeja al programa de Precios Máximos. Este tipo de políticas puede contener transitoriamente la inflación de un grupo de bienes en el corto plazo, pero pierde efectividad a medida que pasan los meses. La suba de costos de las empresas productoras, que no pueden trasladar al consumidor, tarde o temprano deriva en desabastecimiento, estrategias de evasión del programa (como cambios en el packaging, presentación o gramaje de los productos) o, directamente, incumplimientos. Así, sin un acompañamiento del resto de la política económica (que permita apuntalar la estabilidad transitoria y su potencial efecto sobre las expectativas con una corrección de desequilibrios de fondo) el único efecto de dichas políticas termina siendo el de postergar subas inevitables. Para peor, los precios de muchos de estos productos ya se encontraban atrasados por el espacio cedido en el congelamiento previo, por lo que la efectividad del programa podría verse comprometida por este factor adicional.

Según nuestras estimaciones, si el programa es efectivo, la suba de precios de consumo masivo sería alrededor de 35% en 2021, ubicándose muy por debajo de nuestra proyección de inflación general para el año (que estará cerca del 50%). De esta manera, el atraso acumulado desde marzo de 2020, como consecuencia del programa de Precios Máximos y de este nuevo congelamiento, rondaría casi 40 p.p. en el cierre del 2021. Esta cifra surge de comparar a la inflación de los productos de consumo masivo acumulada entre el inicio de Precios Máximos y el cierre del 2021 (rondaría el 50%) con la inflación general, que para el mismo periodo sería de alrededor de 89%.

Un piso alto para 2022

En el proyecto de Presupuesto nacional para 2022, el Gobierno postuló que espera una inflación de 33% para el año entrante. Un aumento de precios de dicha magnitud requeriría que el esquema cambiario no se modifique y el dólar siga corriendo por debajo del IPC. Sin embargo, si tenemos en cuenta que el año que viene se normalizaría el flujo de turismo internacional y los precios de los commodities que exportamos tienen riesgos a la baja, es probable que no se pueda mantener el actual ritmo de apreciación mensual. Adicionalmente, aunque no hace explícito el sendero de subas, el mismo proyecto postula una recuperación del valor real de las tarifas, para que el usuario pague un monto mayor del costo del servicio. Como la experiencia reciente indica, esto también genera aumentos de segunda ronda, incrementando la inflación general.

Para cumplir la meta presupuestada, la inflación mensual del 2022 debería ubicarse, en promedio, por debajo de la cifra más baja de este año (+2,5%). Si consideramos que a lo largo del año habrá subas de servicios públicos y que el tipo de cambio no operará como ancla como este año, además del salto que implicaría la finalización del acuerdo de precios de consumo masivo en enero, estas proyecciones tienen serios riesgos de no poder cumplirse. Al mismo tiempo, la reapertura de paritarias y la aceleración de la emisión monetaria en la segunda mitad del 2021 también contribuirían a dificultar la meta. Por último, la inflación internacional se encuentra al alza (en Brasil ya superó el 10%, mientras que en Estados Unidos y Europa se ubica en valores inferiores, pero máximos en una década), un factor que tampoco ayuda a la contención de los precios domésticos.

En definitiva, la tendencia actual no luce optimista. Aunque los controles anunciados pueden tener efectos positivos en el corto plazo, del mismo modo que los congelamientos de tarifas o tipo de cambio, conllevan en sí mismos la garantía de una suba posterior. Si esa suba efectivamente ocurriera en 2022, las pautas del Presupuesto podrían quedar nuevamente subestimadas.

 

Desaceleración interrumpida: la inflación fue 3,5% en septiembre

Según el INDEC, la inflación nacional alcanzó el 3,5% en septiembre, acelerándose 1,0 p.p. respecto al mes anterior y mostrando el dato más alto desde abril. De esta manera, tras una continua desaceleración observada en mayo-agosto, en septiembre la inflación volvió a superar el 3%. Además, exhibió una suba de 37,0% en los primeros nueve meses del año y de 52,5% en la comparación interanual, representando la mayor cifra desde enero 2020.

Al interior del índice, la división de Prendas de vestir y calzado (+6,0%) fue la de mayor suba, acelerándose como consecuencia del cambio de temporada. Le siguieron las divisiones de Bebidas alcohólicas y tabaco (+5,9%) -donde impactó el incremento de cigarrillos- Salud (+4,3%) -donde incidió el aumento de prepagas (+9%)- y Hoteles y restaurantes (+4,1%).

En lo que respecta a las categorías, tanto los precios Estacionales (+6,4%) como los Regulados (+3,0%) se aceleraron respecto al mes anterior, cuando habían crecido 0,6% y 1,1%, respectivamente. Esto ocurrió como consecuencia de los factores antes mencionados (indumentaria, cigarrillos, prepagas), y el aumento observado en frutas y verduras. En este sentido, buena parte de las cuatro divisiones con mayores incrementos se dieron por motivos  estacionales o de alzas de precios regulados, lo que no necesariamente se repetirá en los próximos meses. De hecho, y dejando de lado al capítulo de Salud (dado que restan incrementos de prepagas en lo que resta del año), estimamos que la suba de Indumentaria, Bebidas alcohólicas y tabaco y Hoteles y restaurantes le aportaron 1,1 p.p. a la inflación general de septiembre.

De todas maneras, el IPC Core también se aceleró nuevamente (+3,3%), dejando en evidencia la fuerte inercia que está mostrando el proceso inflacionario. Este indicador se mantiene por encima de 3% desde octubre de 2020, incluso pese al fuerte anclaje del tipo de cambio oficial. En este sentido, desde que se disminuyó notablemente el ritmo de depreciación, entre mayo y septiembre, el tipo de cambio oficial trepó casi 6%, mientras que la inflación núcleo creció cerca de 18% en el mismo periodo.

Tras el resultado electoral de las PASO, el Gobierno continuará siendo esquivo a autorizar nuevas subas de precios regulados, mientras que el ritmo de depreciación oficial seguiría ubicándose por debajo de la inflación. Además, recientemente se anunciaron nuevos controles a los bienes de consumo masivo desde la Secretaria de Comercio, algo que podría tener un efecto contenedor sobre los precios del rubro en el muy corto plazo. Pese a esto, no esperamos para el último trimestre del año una desaceleración de la inflación significativa, que continuará merodeando la zona del 3% mensual. De esta manera, la inflación se ubicaría levemente por debajo del 50% en 2021, dejando incluso variables pendientes de corregir -tarifas, dólar, controles de precios- para 2022.