El IPC GBA Ecolatina subió 5,2% en mayo

El IPC GBA Ecolatina creció 5,2% en mayo, desacelerándose 0,8 p.p. respecto al mes anterior. De esta forma, acumuló 28,1% los primeros cinco meses del año y mostró una variación interanual de 59,2% con respecto al mismo mes del 2021.

Al interior, los capítulos con mayor evolución fueron Atención médica y gastos para la salud (7,2%), Indumentaria (6,3%) y Educación (5,8%).

El capítulo de Alimentos y Bebidas creció 5,0%, alcanzando una variación interanual del 64,7%. Cabe destacar que esta categoría no se ubicaba por debajo del nivel general desde septiembre del año pasado. Esta desaceleración se ve explicada, al menos en parte, por la caída en los precios de frutas y verduras (-0,9% y -1,3% respectivamente), que tienen un gran componente estacional.  A diferencia, productos de panificación, carnes, leches y bebidas no alcohólicas se ubicaron por encima de la evolución del capítulo.

En cuanto a las categorías, el IPC Núcleo, que excluye productos estacionales y regulados, creció 5,7% (+28,9% acumulado y 62,9% i.a.). Por otro lado, el IPC Estacionales varió 3,7%, desacelerándose fuertemente (-2,9 p.p.) respecto a abril, donde influyeron las ya mencionadas caídas en los precios de frutas y verduras. Por último, el IPC Regulados creció 4,2% en el mes, donde influyó el aumento en prepagas y educación.

La inflación en junio se ubicaría nuevamente por encima del 5%, donde impactará el aumento previsto de las tarifas de servicios públicos junto a otros precios regulados (como prepagas), en conjunto con el driver salarial, que se mantiene encendido luego de las negociaciones paritarias. De esta manera, la inflación del segundo trimestre cerraría levemente por encima de la suba acumulada de los primeros tres meses (que fue 16,1%).

De esta forma, la evolución del primer semestre deja un piso alto para el año: estimamos que la inflación cierre en torno al 70% i.a. en 2022, incluso proyectando una leve desaceleración de precios para los últimos seis meses del año.

Alta inflación, paritarias y políticas de ingresos: un impacto asimétrico sobre el poder adquisitivo

De la calma transitoria a la fuerte aceleración

A pesar de que la inflación trepó 50% en 2021, el uso de anclas nominales -como el tipo de cambio oficial y las tarifas de servicios públicos- permitieron una paulatina desaceleración de los precios en la segunda parte del año. Así, pasaron de promediar casi 4% en el primer semestre a 3,1% en los últimos seis meses del año anterior. Además, la implementación de controles de precios impactó principalmente sobre los alimentos, que se mantuvieron relativamente contenidos en el semestre electoral (+2,9% promedio mensual).

De esta manera, no solo el proceso inflacionario cedió transitoriamente, sino que también cobró un carácter más progresivo: la menor evolución de alimentos favoreció relativamente más a los sectores de menores recursos, dado que utilizan una mayor proporción de sus ingresos para consumir bienes de primera necesidad. Como resultado, la inflación en los deciles más bajos fue levemente inferior a la de los deciles de mayores ingresos y permitió una baja de la pobreza en la segunda parte del año anterior.

Esta dinámica se revirtió al comienzo de 2022: la suba de precios fue mayor a 4% mensual en el primer bimestre y superó 6% en marzo y abril, resultando en una inflación interanual no vista desde el fin de la última hiperinflación. Peor aún, el impacto sobre los precios de alimentos fue todavía más pronunciado: subieron cómodamente por encima del 6% en promedio durante los primeros cuatro meses del año. Aquí influyeron factores globales, como el alza de los precios internacionales de alimentos tras el estallido de la guerra, pero en conjunto con algunos factores locales, como la sequía, que afectó a los cultivos y la ganadería en distintas zonas del país, y la recomposición de precios de consumo masivo tras el congelamiento. Puesto en ejemplos, las verduras promediaron subas mayores al 12%, panes y cereales 7% y carnes 6% en el primer cuatrimestre.

Lógicamente, la aceleración traccionada en gran medida por los precios de alimentos volvió nuevamente más regresiva a la dinámica inflacionaria, afectando en mayor medida relativa a los sectores de menores recursos. Así, no solo la inflación acumulada del primer cuatrimestre ya superó a la de los últimos seis meses del año anterior, sino que también la del decil más pobre fue mayor a la del decil más rico en el comienzo del 2022 (+1,3 p.p. de diferencia). A diferencia de lo sucedido en el segundo semestre de 2021, este panorama aumenta la probabilidad de que la disminución de la pobreza se haya visto interrumpida en la primera parte de 2022.

Ingresos reales, ¿nuevamente golpeados?

Con los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) se puede obtener información sobre la estructura del empleo por cada decil de ingresos. Así, se observa que las distintas modalidades de empleo son disímiles en cada decil. En los deciles más pobres hay una mayor proporción de asalariados informales y cuentapropistas, mientras que en los más ricos 7 de cada 10 trabajadores son formales.

Utilizando estos datos, se observó que no solo la inflación por decil se movió de manera dispar, sino que también lo hicieron los ingresos laborales. Si bien en todos los deciles existió una pérdida real del poder adquisitivo en el primer cuatrimestre del 2022, fue bastante heterogénea al interior: mientras que la caída de los ingresos laborales rondó 2% en el 50% más rico, fue de casi 4% en la mitad más pobre. Al comparar entre el decil más pobre (-4,6%) y más rico (-1,3%) la diferencia observada es aún más grande. De esta forma, los sectores de menores ingresos no solo se vieron relativamente más golpeados producto de la aceleración de precios, sino que también fueron los que peor performance tuvieron respecto al salario.

Ante la marcada aceleración inflacionaria, una primera reacción fue la implementación de diversos estímulos por parte del Gobierno Nacional en la primera parte del año, incluso en un marco de acuerdo con el FMI. Entre ellos se encontró el bono a jubilados y perceptores de asignaciones, la implementación de un nuevo ingreso familiar de emergencia (IFE) por un monto de $18.000 y el adelanto en la suba del salario mínimo, que también impacta sobre los montos otorgados en los distintos planes sociales. Teniendo en cuenta que los ingresos no laborales tienen un mayor peso sobre los sectores de menores recursos, estas medidas buscaron paliar el efecto del mayor deterioro relativo del salario de los deciles más bajos.

En lo que respecta a los deciles de mayores ingresos, la recomposición intentará lograrse a través de las negociaciones paritarias, que iniciaron justamente en abril su “temporada alta”. No obstante, este mecanismo alimentaría la inercia inflacionaria y colaboraría en elevar un escalón más la nominalidad de la economía. La aceleración de la inflación hizo que las paritarias cierren con aumentos significativos en los primeros tramos (a diferencia de los últimos años, que tuvieron una dinámica más escalonada), algo asociado a que también, en general, acortaron su plazo de vigencia (mientras que antes se habrían renegociaciones si la inflación era mayor a la esperada). Esto implicará que seguramente existan nuevos aumentos en el cierre del año, como consecuencia de la mayor nominalidad impresa sobre la economía.

Por un lado, esto genera dos “velocidades” de recuperación: los deciles de ingresos más altos, “protegidos” en mayor medida por las paritarias, estarán en ventaja respecto a aquellos que dependen del trabajo informal o el cuentapropismo y eventualmente del complemento no laboral provisto por el Gobierno, poniendo en claro el efecto redistributivo -en este caso regresivo- del actual proceso inflacionario.

Por otro lado, incluso dentro de los trabajadores alcanzados por las paritarias, la dinámica de estas depende de cada sector en particular. Cada rama industrial no presenta las mismas condiciones, y hay una heterogeneidad que se amplía si miramos algunos sectores de servicios, recién asomando la cabeza tras la pandemia. A estas complicaciones se le suma el incierto contexto internacional y el riesgo de una estanflación global.

Esto arroja como resultado que no necesariamente los sectores con mayor pérdida lograrán los mejores aumentos, adicionando disparidades hacia dentro del mundo formal. Estas diferencias “intra-paritarias”, junto a las mencionadas en relación con aquellos que están fuera del circuito formal, son las que materializan el riesgo asociado a un nuevo escalón inflacionario: las demandas para recomponer ingresos se suscitan una detrás de otra, sin que quede claro cuál es la referencia nominal, perjudicando a las expectativas de inflación y atentando contra la sostenibilidad de cualquier intento de estabilización.

Interrogantes hacia adelante, ¿efectos sobre la economía real?

El desempeño asimétrico de los ingresos contribuye a explicar una aparente paradoja: los niveles actuales de consumo no parecen corresponderse con la marcada aceleración nominal. Pese a la aceleración de la inflación, estimamos que el consumo privado creció cerca de 9% i.a. en el primer trimestre del año y se podría mantener en terreno positivo, aunque con una desaceleración en la mejora, en los tres trimestres restantes.

En parte, esto se debe a que los deciles más altos, menos golpeados por la aceleración de la inflación, son los que demandan relativamente más servicios y bienes de segunda necesidad, dando la “percepción” de una mayor demanda general. Además, en un contexto de alta inflación, estos sectores pueden optar por adelantar consumo de bienes intermedios o durables (como indumentaria, electrodomésticos, entre otros), ante el desincentivo que genera ahorrar en un contexto de falta de previsibilidad de mediano plazo. Esto también se combina con que los sectores de servicios vinculados al turismo, esparcimiento y transporte son los que están lidereando la recuperación de los últimos meses, cuando anteriormente habían sido los más rezagados producto de las restricciones sanitarias, posiblemente dejando cierto “consumo reprimido” que está siendo saldado en la actualidad.

A diferencia, los sectores de menores recursos son los que pueden estar recortando consumos esenciales. Los estratos más bajos, con canastas de consumo más acotadas, se encuentran retrayendo su gasto frente a la marcada pérdida del poder adquisitivo ocurrida en el primer cuatrimestre.

Estas distintas tendencias podrán acelerarse en el corto y mediano plazo en tanto la volatilidad nominal de lugar a distintas velocidades en la recuperación del poder adquisitivo. Como mencionamos anteriormente, las demandas de los distintos sectores sociales que puedan surgir de esto deberán ser un componente para seguir constantemente, dado que en ellas se encuentra una de las claves para subir un nuevo escalón nominal o bien, finalmente, iniciar un camino de desaceleración de la inflación.

La inflación en el nivel interanual más alto desde 1992

El IPC Nacional de INDEC creció 6,0% en abril, desacelerándose 0,7 p.p. respecto al mes anterior y ubicándose por encima del 6% por segundo mes consecutivo. De esta manera, acumuló 23,1% en los primeros cuatro meses del año y se ubicó en 58,0% en la comparación interanual, representando la cifra más alta desde enero de 1992.

Alimentos y bebidas no alcohólicas (+5,9%, +62,1% i.a.)  se ubicó como la división con mayor incidencia a nivel nacional, explicando aproximadamente 1,7 p.p. de la variación mensual. Al interior, Carnes tuvo la mayor incidencia a nivel nacional, aumentando 7,6% en el mes y añadiendo 0,8 p.p. al nivel general. Por su parte, Pan y cereales (+8,7%) y Leche, productos lácteos y otros (7,3%) volvieron a subir fuertemente y se ubicaron como los otros dos grupos de alimentos con mayor incidencia positiva (añadieron 0,4 p.p. y 0,3 p.p. al nivel general, respectivamente). Otras subas pronunciadas se observaron en Aceites, grasas y manteca (+8,8%), Café, té, yerba y cacao (+6,5%) y Azúcar, dulces, chocolates, golosinas (+6,4%), pero dada la menor ponderación relativa el aporte fue más acotado (en conjunto 0,3 p.p.). A diferencia, algunos productos estacionales exhibieron una menor performance: Frutas trepó 2,2% a nivel nacional, mientras que Verduras cayó 4,3% -principalmente por una baja de 25% en el tomate en GBA-, restándole solo 0,1 p.p. a la variación del mes.

Por otra parte, Prendas de vestir y calzado volvió a subir fuertemente (+9,9%), donde continuó impactando parcialmente el cambio de temporada que se da con el inicio del otoño. Esta división aportó en torno a 1 p.p. al nivel general, y alcanzó una variación de 73,4% i.a., la mayor de todos los capítulos. En tercer lugar, se ubicó Restaurantes y hoteles (+7,4%, +73,4% i.a.), donde la alta dinámica que tienen los precios de alimentos y en menor medida la mayor movilización luego de la cuarentena.

En lo que respecta a las categorías, el dato más preocupante es que el IPC Núcleo se aceleró a 6,7%, mostrando la mayor suba en 43 meses y ubicándose 0,7 p.p. por encima de la inflación general. El conjunto de precios contenidos en el IPC Núcleo trepó 22,5% en lo que va del año y exhibió una variación de 60,5% i.a., levemente por encima del Nivel General. En este sentido, incidieron en abril las mencionadas subas de alimentos (Pan y cereales, aceites, carnes, lácteos) y la aceleración de un subgrupo dentro de los mismos: autos, alquileres, servicios recreativos y restaurantes aportaron cifras mayores al nivel general en abril en contraste con el mes anterior.

A diferencia, el IPC Regulados se desaceleró: pasó de trepar 8,4% en marzo a 3,9% en abril, alcanzando alcanzó una variación acumulada de 19,4% y de 41,5% en la comparación interanual. Dentro de este grupo, el menor aporte relativo de abril respecto a marzo se concentró especialmente en tarifas, tabaco y educación. Por último, el IPC Estacionales creció 5,4% (-0,8 p.p. respecto al mes anterior), acumulando 32,4% en lo que va del año y 70,8% en los últimos doce meses. Parte de esta desaceleración respecto a marzo se dio a la mencionada dinámica de frutas y verduras.

De esta forma, el menor dato de inflación se explica totalmente por la desaceleración que mostraron los precios regulados y estacionales.

¿Qué esperamos?

El dato de abril muestra que al descontar los efectos puntuales el alza de precios del último bimestre alcanzó un nivel preocupante. De hecho, los precios núcleo alcanzaron el mayor ritmo en casi 4 años en el cuarto mes del año, dejando en claro que la inflación aún está lejos de ceder. Como resultado, estimamos que la inflación acumulada del segundo trimestre arrojará cifras similares (o incluso levemente superiores en un escenario más adverso) a las de los primeros tres meses.

Los impactos de la guerra entre Rusia-Ucrania, sumado a una inflación internacional que aún no cede (la inflación interanual de EEUU se está desacelerando muy lentamente, ubicándose en 8,3% i.a. en abril) son factores que solo pueden explicar parcialmente estos resultados. En el contexto local, el cierre de las negociaciones paritarias (que, en principio, se encuentran en la zona del 60%, con negociaciones cada vez más cortas y significativos aumentos en los primeros meses de vigencia de los acuerdos) y las actualizaciones pendientes en materia de tarifas de servicios públicos junto a los efectos de segunda ronda asociados indican que las expectativas inflacionarias se estarían cristalizando en niveles elevados. Además, en la medida que los contratos se actualicen en periodos cada vez más pequeños, se encuentra latente el riesgo de que sea más difícil cortar con la elevada inercia, dejando pisos inflacionarios cada vez más firmes (un ejemplo de esto es la actualización de Prepagas, que se encuentra en tratativas para ser actualizadas de manera bimestral).

De esta manera, estimamos que la inflación se ubicará en torno al 65% en este año, aun considerando un ritmo de alza de precios sensiblemente menor en la segunda mitad del año.

La inflación alcanzó un nivel máximo en marzo

La inflación nacional alcanzó el 6,7% mensual en marzo, acelerándose 2 p.p. respecto al mes previo y alcanzando la variación más elevada de los últimos 20 años, sólo superada por la de abril del 2002. De esta manera, la inflación acumulada en el primer trimestre se ubicó en 16,1%, siendo el trimestre de mayor alza de precios desde abril-junio de 2002, tras la salida de la convertibilidad. A su vez, la inflación interanual en marzo se situó en 55,1% (una aceleración de 2,8 p.p. contra febrero), y, si bien esperamos una leve moderación en los siguientes meses, todo parece indicar que la inflación en 2022 cerraría en el rango del 60%, la más alta de los últimos 30 años.

Cabe destacar, no obstante, que el elevado valor estuvo en gran medida explicado por una multiplicidad de factores puntuales: impactaron las subas estacionales de colegios e indumentaria, y los incrementos que se otorgaron en tarifas de servicios públicos (electricidad, gas y agua), servicios de medicina prepaga, naftas, cigarrillos y las paritarias de servicio doméstico. De hecho, el subconjunto conformado por Educación, Prendas de Vestir y Calzado, Electricidad, gas y otros combustibles, Tabaco, Combustibles y prepagas (23% del IPC) se incrementó un 11% en marzo (frente a menos de 3% en el primer bimestre) mientras que el resto del IPC aumentó un 5,5% (vs. 4,7% en enero-febrero). En tal sentido, las divisiones de mayor aumento fueron “Educación” (+23,7%) y “Prendas de vestir y calzado” (+10,9%), y “Vivienda, agua, electricidad y otros combustibles” (+7,7%), donde influyeron las mencionadas subas de tarifas.

Sin embargo, el mayor impacto en el índice para todas las regiones lo tuvo la categoría de “Alimentos y bebidas no alcohólicas”, que si bien fue la única división que se desaceleró levemente con relación a febrero (-0.3 p.p.) se ubicó nuevamente en niveles sumamente preocupantes (+7,2% mensual y 59,7% i.a.), más aún para los sectores de menores ingresos. Se destacaron principalmente “Pan y cereales” (con un +11,6% alcanzó su mayor variación mensual en la serie que comienza en 2016), donde habría incidido el impacto de los commodities (en el marco del conflicto internacional); También se verificaron subas importantes en “Leche, productos lácteos y huevos” (+9,3%) y “Carnes y derivados” (+7,5%). A su vez, cabe mencionar que la proporción de “Precios Cuidados” dentro del IPC se redujo a 7%, el menor valor desde septiembre de 2021. En lo que respecta a esta división, aún no está del todo claro si ya ha pasado por completo el efecto de la suba de precios internacionales producto de la guerra entre Rusia y Ucrania o si aún evidenciará un nuevo impacto en el IPC del presente mes. Cabe señalar también que en el caso de GBA “Verduras, tubérculos y legumbres” revirtió parte del fuerte incremento del primer bimestre (+73%) con una variación mensual negativa del 4,9%.

Con respecto al análisis por categorías, por lo anteriormente mencionado Regulados fue la de mayor incremento, mostrando una suba del 8,4% (aceleración de 5,3 p.p. contra febrero), aportando en promedio 1,5 p.p. al índice general. En paralelo, Estacionales se mantuvo en niveles altos (+6,2%) pese a una desaceleración 2.2 p.p. contra el mes previo. Por último, continúa preocupando la dinámica de la Inflación Núcleo, que alcanzó ya un año y medio por encima del 3% mensual con un aumento del 6,4% en marzo (57,3% i.a.), la mayor variación desde septiembre de 2019. La fuerte suba en alimentos (especialmente carnes) incidió en este sentido.

¿Qué esperamos para lo que resta del año?

Dados los menores efectos puntuales y estacionales, en los próximos meses el aumento mensual de precios sería menor que el de marzo. No obstante, el tercer mes del año deja un arrastre importante de cara a abril, al tiempo que la inercia y los impactos externos podrían continuar ejerciendo presión.

En este sentido, la inflación del segundo trimestre sería menor que la del primero, aunque permanecería en niveles elevados. No obstante, los riesgos continúan estando al alza en unos meses en los que se suelen definir las paritarias, sumado al combustible extra que podrían significar las subas de los servicios públicos acordada con el FMI con su doble efecto en la dinámica de los precios.

A pesar de los reiterados intentos del gobierno por controlar la dinámica de los precios de ciertos productos, tanto la historia como la situación actual nos indican que ante la ausencia de un ancla que estabilice las expectativas, tales medidas carecen de la efectividad necesaria para contener el avance de la inflación. En este sentido, como consecuencia de la elevada inercia inflacionaria, las crecientes presiones externas por los altos precios internacionales, la preocupante distorsión de precios relativos y el escaso poder de fuego de las medidas de control en este contexto, la inflación en 2022 se encamina a ser la mayor en los últimos 30 años.

La inflación continuó su tendencia alcista en la primera quincena de marzo

Según el IPC GBA Ecolatina, la inflación alcanzó 5,8% en la primera quincena de marzo respecto al mismo periodo del mes anterior, acelerándose 1,4 p.p. en contraste a dicho periodo.

Al interior, los capítulos con mayor evolución fueron Educación e Indumentaria que avanzaron en torno al 20% y 10%, respectivamente. Estas divisiones se suelen acelerar en el tercer mes del año, como consecuencia del comienzo de clases y del cambio de temporada, según el caso. Además, otro capítulo que evolucionó por encima del Nivel General fue Vivienda y servicios básicos (+8,4%), como consecuencia de la autorización de incrementos en las tarifas de servicios públicos.

Por otro lado, Alimentos y bebidas (+6,4%) siguió por encima del nivel general. A diferencia de otros meses, cuando el capítulo se aceleraba por la evolución de algún alimento en particular, en esta quincena las altas variaciones fueron generalizadas destacándose frutas (+12,5%), carnes (+6,5%), productos empaquetados de consumo masivo (+4,5%) y verduras (+4,2%).

Además, todas las categorías evolucionaron por encima del 5%: el IPC núcleo trepó 5,7%, el IPC Regulados subió a un ritmo de 5,9%, producto de las ya mencionadas subas de tarifas de servicios públicos y educación formal -que entra dentro de esta categorización- y a la espera del impacto de los combustibles, que se sumará principalmente en la segunda quincena del mes-. Por último, el IPC Estacionales exhibió la dinámica más alta en contraste con las otras dos categorías (+6,6%).

Para el resto del mes, no prevemos un cambio en la tendencia significativo. A nivel nacional, esto implica una inflación mensual por encima del 5%, volviéndose a acelerar respecto al mes previo. Esto no es una buena noticia en que existen riesgos al alza. Por un lado, desde el frente externo el conflicto entre Rusia y Ucrania puede ocasionar nuevas presiones sobre productos básicos como alimentos. Eventuales refuerzos sobre los controles de precios por parte del gobierno no torcerán la tendencia del mes, teniendo, si alguno, impacto recién a partir de abril.

En cualquier caso, la inflación trimestral tiene un piso elevado (+14,0%), superando la ya elevada inflación de 2021. En este sentido, prevemos que la inflación se acelere respecto a 2021, y cierre el año en la zona del 55%.

Los alimentos subieron 7,5% en febrero a nivel nacional

La inflación subió 4,7% en febrero, acelerándose 0,8 p.p. respecto al mes anterior y alcanzando la variación más alta desde marzo del año pasado. De esta forma, alcanzó una suba de 8,8% en el primer bimestre del año -la más alta desde al menos una década- y alcanzó una suba de 52,3% en la comparación interanual.

En lo que respecta a los capítulos, el que mayor variación exhibió fue Alimentos y bebidas no alcohólicas (+7,5%), que alcanzó una variación de 55,8% en los últimos doce meses. Esta es la variación mensual más alta desde comienzos de 2014 (tomando los datos del IPC GBA Ecolatina como referencia para parte del periodo), por lo que incluso supera el efecto que tuvieron en este capítulo los saltos cambiarios de 2018 y 2019, sin haber existido un evento de esas características.

En parte esto se explica por la dinámica en Verduras (+26,5% a nivel nacional) y Frutas (+10,8%) pero también incidió la aceleración de Carnes (+4,9%) y de los precios de consumo masivo (+5,0%), donde se destacó principalmente la suba de lácteos (+6,7%).

Asimismo, cabe destacar que la proporción de “Precios Cuidados” dentro del IPC -que son en su gran mayoría alimentos- se redujo a 7,8%, el menor valor desde octubre de 2021.

El otro capítulo que se ubicó por encima del Nivel General fue Transporte (+4,9%), donde impactaron la suba de combustibles (+7,6%) y los incrementos en adquisición de vehículos. De esta manera, este capítulo alcanzó una suba de 55,1% interanual.

En relación al primer mes del año, siete divisiones se aceleraron (destacándose Alimentos y Bebidas No alcohólicas, Educación y Equipamiento y Mantenimiento del Hogar) mientras que cuatro mostraron una menor variación (especialmente Comunicación, dado el aumento que había sido autorizado en enero).

En lo que respecta a las categorías, al igual que en enero el IPC Estacionales trepó muy por encima del nivel general. Esta categoría aumentó 8,4% en el mes, acumulando una variación de 18,2% en el primer bimestre del año impulsado nuevamente por las ya mencionadas subas de frutas y verduras, y en menor medida indumentaria. Por su parte, cabe destacar que el IPC Núcleo subió a un ritmo de 4,5%, exhibiendo la variación más alta en los últimos diez meses. De esta forma, esta categoría acumuló una suba de 7,9% en lo que va del año, ubicándose levemente por debajo de la inflación general. Por último, los precios regulados exhibieron la menor variación (+3,1% y +5,9% en el primer bimestre), donde incidió la mencionada suba de combustibles.

Para marzo, la inflación podría volver a subir otro escalón. Este mes es usualmente es estacionalmente alto como consecuencia de los incrementos que se dan en el capítulo de Educación y en Indumentaria, a la par que impactarían nuevas subas de combustibles y los primeros aumentos de tarifas de servicios públicos. A esto se puede sumar el potencial impacto derivado del conflicto bélico entre Rusia y Ucrania, que trajo alzas en precios internacionales de commodities, que seguirán presionando sobre los alimentos (como carnes y harinas). De esta forma, la inflación del primer trimestre tendría un piso de 14% (+1 p.p. que el acumulado en los primeros tres meses de 2021).

La desaceleración será lenta a lo largo del primer semestre del año: el contexto internacional no lo permitirá -no sólo a través del precio de los alimentos sino también por la suba del costo de la energía-, a la vez que se espera nuevas correcciones en precios Regulados. Adicionalmente, en el segundo trimestre llegarán las paritarias, que impondrán aumentos salariales de magnitud ante la aceleración inflacionaria suscitada en los primeros tres meses del año.

Esta dinámica supone otros desafíos para el gobierno. En este contexto, ¿continuará el objetivo de sostener el tipo de cambio real? Esta respuesta no es obvia ya que para hacerlo deberá aclarar el ritmo de depreciación del tipo de cambio, poniéndole también un límite a la baja de la inflación en el corto plazo, golpeando todavía más los ingresos reales. Por otro lado, vuelve más costoso el intento de alcanzar una tasa real positiva: tanto la inflación pasada como las expectativas volverán a dejar atrás la tasa de referencia.

Prevemos que la inflación trepe al 55% en 2022, acelerándose respecto al año anterior y alcanzando el máximo de los últimos 30 años.

El IPC GBA Ecolatina creció 4,5% la primera quincena de febrero

Según el IPC GBA Ecolatina, la inflación fue de 4,5% entre la primera quincena de febrero y el mismo periodo del mes anterior. De esta manera, la suba de precios se aceleró 1,9 p.p. en contraste con la primera quincena de enero cuando la inflación había sido de 2,6%.

En primer lugar, la fuerte aceleración surge como consecuencia de lo ocurrido con los precios Estacionales: luego de haber traccionado la baja del Nivel General en la primera quincena de enero (-0,6%), en los primeros quince días del mes de febrero la suba alcanzó el 10,9%. Al interior de esta categoría, resaltó la suba de transporte por turismo (+25,5%), verduras (+19,6%) y frutas (+18,9%).

En segundo lugar, el IPC Core se ubicó en la zona del 3,8%, alcanzando una variación interanual del 51,7%. Puertas adentro de esta categoría, el IPC Consumo Masivo traccionó gran parte del alza, presentó un aumento de 4,4% en la primera quincena de febrero, la mayor desde diciembre 2019 (+4,8%). Al interior, la fuerte aceleración de huevos (+13,9%) y pastas frescas (+8,9%) explica gran parte de la suba del índice. Por su parte, Alimentos y bebidas experimentó una suba 5,5% respecto a la primera quincena del mes previo, ubicándose 1 p.p. por encima del Nivel General. No se apreciaba una suba tan alta en esta categoría desde enero de 2021 (+5,8%).

Por último, el IPC Regulados creció al 3,9%, acelerándose 1,5 p.p. respecto a la primera quincena del mes pasado. La aceleración de este índice se debe en gran medida a los aumentos en funcionamiento y mantenimiento de vehículos, el cual incluye combustibles (+9,6%), correo (+4,6%) y teléfono (+3,7%).

La inflación del mes de febrero rondará el 4,3%, en gran medida explicada por subas en precios estacionales que hasta el momento venían funcionando como contrapeso ante otros aumentos. Para marzo quedan pendientes fuertes subas asociadas a educación e indumentaria por lo que esperamos que el primer trimestre del año cierre con una inflación acumulada que supere cómodamente los dos dígitos, similar a lo ocurrido durante 2021.

En enero la inflación alcanzó el 3,9%

En enero, la inflación nacional trepó 3,9%, ubicándose 0,1 p.p. por encima del valor de diciembre. Por su parte, la variación interanual alcanzó el 50,7% respecto al mismo mes del año previo.

En este sentido, el capítulo que mayor variación exhibió fue Comunicación (+7,5%) pese a lo cual registra una suba de tan solo 26,8% i.a., impulsado por el aumento de Servicios de telefonía e internet. Le siguió Restaurantes y Hoteles (+5,7%) debido al incremento en los precios de los alojamientos durante la temporada de verano . La variación interanual de este capítulo (+65,8%) fue la segunda más alta. De hecho, acumuló una suba en torno al 19,3% en los últimos tres meses, 10,3 p.p. por encima del nivel general.

La división Alimentos y bebidas no alcohólicas también se posicionó por encima del nivel general (+4,9%), ubicándose 1,3 p.p. por arriba de los valores de diciembre y siendo la de mayor incidencia en todas las regiones. El fuerte aumento lo explican Verduras, legumbres y tubérculos (+25,6%), donde destacan el aumento del tomate, la lechuga, la papa y la cebolla. También tuvo un gran peso la suba de Frutas (+7,0%), particularmente el precio del limón y la naranja. Luego de dos meses tratándose del sector más volátil, en enero Carnes sufrió la suba más baja de todo el capítulo (+2,0%).

En tanto, las dos divisiones de menor variación en el mes de enero fueron Educación (0,8%) y Vivienda, agua, electricidad y otros combustibles (1,8%).

En línea con lo mencionado anteriormente, el IPC Estacionales mostró una contundente aceleración (+9,0%), luego de haber servido de ancla parcial a la inflación los últimos dos meses del año pasado. De esta manera, los precios estacionales alcanzaron una suba 58,9% en la comparación interanual. Por su parte, el IPC Núcleo registró un alza mensual de 3,3%, desacelerándose 1,1 p.p. con respecto al mes de diciembre, y alcanzando una variación interanual del 54,0%. Por último, el IPC Regulados fue la categoría con menor variación (+2,8%), sobre la cual influyó en buena medida la ya mencionada suba de Servicios de telefonía e internet, así como también la suba de Prepagas.

¿Qué esperamos para 2022?

En 2022 la inflación volverá a ubicarse en la zona del 50%. Utilizar anclas para contener los precios – tarifas, tipo de cambio y congelamiento de precios- como sucedió el año pasado ya no será posible. De hecho, semanas atrás se habilitó un incremento del 9,0% en el precio de los combustibles. En marzo, debido a factores estacionales, también observaremos subas tanto en Indumentaria como en Educación. A su vez, deberemos estar a la espera de novedades relacionadas a la actualización de tarifas de servicios públicos, como transporte y otros servicios esenciales.

El IPC GBA Ecolatina creció 3,1% en enero

El IPC GBA Ecolatina creció 3,1% en el primer mes de año, desacelerándose 0,6 p.p. respecto al mes anterior y exhibiendo la variación más baja desde agosto del año pasado. De esta manera, mostró una variación interanual de 48,5% con respecto al mismo mes del 2021.

Al interior, el capítulo de Alimentos y bebidas creció 3,5% en el mes, alcanzando una variación interanual de 50,8% y ubicándose 0,4 p.p. por encima de la inflación general. El sector que presentó la mayor suba fue Frutas, que creció por encima del 10,0% mensual, destacándose los cítricos (+17,7%). Por su parte, pese a la renovación del programa Precios Cuidados y la inclusión de más de 400 nuevos productos en la canasta, los bienes de Consumo Masivo crecieron 4,1% en el mes, acelerándose 0,8 p.p. respecto a diciembre. Este fenómeno podría deberse a que en enero finalizó el congelamiento de precios aplicado en octubre y muchos productos de consumo masivo quedaron libres y aplicaron subas para ganar el terreno perdido. Al interior, resaltaron las subas de Agua envasada (+6,8%), Huevos (+7,4%), entre otros. La carne, por su parte, a diferencia de lo sucedido en los meses de noviembre y diciembre, desaceleró su ritmo de crecimiento.

En lo que respecta a las categorías, el IPC Núcleo creció 3,4% en enero, exhibiendo una variación de 52,9% interanual. Por su parte, el IPC Estacionales varió en el mes 1,4%, desacelerándose fuertemente (2,4 p.p.) respecto al mes de diciembre, explicado por las caídas relacionadas al Transporte por turismo (-10,8%) y a la Ropa exterior (-2,3%). Por último, el IPC Regulados creció 2,8% en el mes, mostrando subas en Prepagas (+9,0%), Teléfono (+3,8%) y Peajes (+3,5%).

Enero resultó ser un mes de marcados contrastes en materia de precios. La primera quincena presentó una aceleración de tan solo el 2,6% en relación a la primera mitad de diciembre. Sin embargo, en la segunda quincena del mes, seis de los nueve capítulos se aceleraron, y el nivel general alcanzó nuevamente la zona de 3,5%, dejando un significativo arrastre para el mes de febrero.

En este sentido, no ayudará el reciente incremento de 9% en el precio de los combustibles, que sumados determinados factores estacionales que se concentran principalmente en marzo (como el incremento en Indumentaria y Educación) y a la espera de nuevas confirmaciones relacionadas a las tarifas de servicios públicos, la inflación del primer trimestre cerraría en torno al 13,0% (en línea a lo registrado en el mismo periodo del 2021).

En 2022 la inflación volverá a ubicarse en torno al 50%. Hay que tener en cuenta que durante el año anterior se aplicaron diversas anclas -como las tarifas, el tipo de cambio y el congelamiento de precios- que difícilmente sean posibles de mantener durante los próximos meses y deberán corregirse este año.

 

El IPC GBA Ecolatina creció 2,6% la primera quincena del año

Según el IPC GBA Ecolatina, la inflación fue de 2,6% entre la primera quincena de enero y el mismo periodo del mes anterior. De esta manera, la suba de precios se desaceleró 1,8 p.p. en contraste con la primera quincena de diciembre cuando la inflación había sido de 4,4%.

En primer lugar, esta desaceleración surge como consecuencia de lo ocurrido con los precios Estacionales: luego de haber traccionado la suba del Nivel General en la primera quincena de diciembre, en enero cayó -0,6 p.p. respecto al mismo periodo del mes pasado. Al interior se esta categoría, resaltó la caída de transporte por turismo (-17,9%), y ropa exterior (-2,8%).

En segundo lugar, también jugó un papel importante la desaceleración de la carne (+2,3%) luego de la fuerte suba (+6,6%) de la última quincena del año pasado. Pese a esto, el IPC Core se ubicó en la zona del 3,2%. De hecho, en el marco del fin del congelamiento establecido en octubre pasado, el IPC Consumo Masivo, presenta una suba de 3,8% en la primera quincena del mes. Es evidente que hubo una aceleración de esta canasta tras el fin del programa -y su reemplazo con un nuevo programa, algo más acotado-, ya que en la primera quincena de noviembre la evolución de la canasta crecía por debajo de 1%. En contraposición, el IPC Core no regulado (IPC Core sin considerar bienes de consumo masivo) sí logró situarse por debajo del 3% debido a las leves subas de esparcimiento y el fuerte descenso del precio de la carne ya mencionado. En este contexto, Alimentos y bebidas experimentó una suba mucho más leve (+2,7%) respecto a la primera quincena del mes previo.

Por su parte, el IPC Regulados se ubicó en torno al 2,2%, acelerándose 0,7 p.p. respecto a la primera quincena de diciembre. Si bien la mayor proporción de precios regulados continuaron actuando como ancla (como combustibles y tarifas), influyeron las subas de prepagas y servicios de salud y teléfono.

Consideramos que la desaceleración de la inflación del mes de enero se trata de un fenómeno transitorio y que de hecho comenzará a revertirse en la segunda quincena del mes. Para febrero, todavía queda pendiente la decisión de los aumentos tarifarios -puesta en duda ante los extendidos cortes de la última semana- que, de tener lugar, comenzarán a impulsar los precios Regulados, que durante los últimos meses sirvieron como contrapeso al resto de las subas. Luego, debido al carácter estacional del mes de marzo (educación e indumentaria principalmente) el trimestre cerraría con una inflación acumulada ya de dos dígitos, no muy distinta a la del año pasado.