La inflación acumuló 14,4% en los últimos dos meses

El IPC Nacional INDEC trepó 7,0% mensual en agosto, desacelerándose marginalmente respecto al mes anterior y registrando un número mayor al esperado. De esta forma, acumuló 56,4% en los primeros ocho meses del año y alcanzó 78,5% i.a., la variación interanual más alta desde la salida de la hiperinflación en 1991.

Como destacamos en nuestro último informe semanal, el proceso inflacionario viene mostrando ciertos rasgos particulares que lo diferencian del pasado. En primer lugar, se advierten aumentos de precios con mayor frecuencia, en conjunto con ajustes de mayor magnitud. Asimismo, la aceleración inflacionaria ya no responde mayormente ni a saltos cambiarios del tipo de cambio oficial o tarifarios ni a ajustes de precios congelados, como en el período 2018-2021. Por último, se advierte un mayor impacto del movimiento en los dólares paralelos, dando cuenta de un proceso inflacionario que se ha vuelto más frágil ante potenciales shocks.

Al interior, las divisiones con mayor incremento en el mes fueron Prendas de vestir y calzado, que trepó 9,9% mensual y alcanzó 109% en la comparación interanual; Bienes y servicios varios (+8,7%), y Equipamiento y mantenimiento del hogar (+8,4%; impulsada por el aumento a trabajadores de casas particulares).

El capítulo de Alimentos y bebidas se ubicó por encima del nivel general (+7,1%) y expuso la mayor incidencia al nivel general (explicó 30% del número de agosto). A su interior, se destacaron Verduras, tubérculos y legumbres (+14,0%); Azúcar, dulces, chocolate, golosinas (+9,7%); Frutas (+8,6%); Aceites, grasas y manteca (+9,4%); y Leche, productos lácteos y huevos (+9,0%).

Se destacó también la suba de la cuota de la medicina prepaga, que incidió en Salud (+5,7%), así como el impacto sobre Transporte (+6,8%) de la suba de tarifas del transporte público (sobre todo en el Gran Buenos Aires) y el alza de los combustibles sobre fin de mes.

En cuanto a las categorías, Estacionales lideró el alza (+8,7%), explicada en parte por las subas en Prendas de vestir y calzado, en Frutas y en Verduras, tubérculos y legumbres. Regulados anotó 6,3% mensual y 59,7% en la interanual.

Por último, preocupa el dato del IPC Núcleo (+6,8%). La inflación núcleo se utiliza como proxy de la tendencia del nivel general de precios, ya que excluye precios con comportamiento estacional, sujetos a regulación o con alto componente impositivo. Este indicador promedió 7,1% en los últimos dos meses, 2,1 puntos porcentuales por encima del promedio de los dos meses anteriores, reafirmando el predominio de una fuerte inercia inflacionaria.

¿Qué esperamos para septiembre?

La inflación continuará superando el 6% en septiembre. Sumado al arrastre que dejó agosto, el mayor deslizamiento cambiario que viene convalidando el Banco Central (el tipo de cambio oficial viene corriendo a un ritmo de 6,5% en el mes, superando, más de un punto porcentual que en agosto) y la fuerte inercia mencionada, en septiembre impactarán puntualmente distintos aumentos.

Los principales serán electricidad y gas (estimamos una incidencia directa en el IPC de 0,4 p.p.); el aumento en la tarifa de subte (+40%) y de taxis (+30%); así como los aumentos a empleadas domésticas (+9%), colegios de la Provincia de Buenos Aires (+9%) y cigarrillos, entre otros. Así, el índice de septiembre rondaría el 6,5%.

Para el resto del año, el adelantamiento de los aumentos pautados en las paritarias, un ritmo devaluatorio consolidado en niveles superiores a los meses pasados y los efectos de primera y segunda ronda que tendrán los ajustes en tarifas (estimamos que en total incidirían en 2,8 p.p de septiembre a marzo) y combustibles se combinarán para mantener a la inflación por encima del 5,5% mensual.

La vulnerabilidad que expone la dinámica inflacionaria exigirá como condición necesaria (no suficiente) un sendero de reconstrucción de la confianza y reputación de la conducción económica para comenzar a coordinar expectativas de inflación hacia la baja. La rapidez con que se pueda revertir el desanclaje de expectativas será determinante a los efectos de evitar seguir escalando posiciones en los próximos meses.

Con todo -aún sin mediar ningún shock hacia adelante- estimamos una lenta moderación, dejando como resultado una inflación con un piso del 95% en 2022 y sin indicios de una desaceleración sustancial en 2023.

Nominalidad en ascenso: una mirada al interior del fenómeno inflacionario

Una inflación alcanzando nuevos escalones

La inflación se aceleró notablemente en 2022. El IPC INDEC acumularía una suba de 55,4% en los primeros ocho meses del año, magnitud que no se veía desde la salida de la hiperinflación a principios de la década del 90’. Para el mismo período de tiempo, el registro de 2018 era 24,3%, en 2019 era 30%, en 2020 era 28,9% y el año pasado fue 32,3%. Esta aceleración del proceso inflacionario es mayormente explicada por factores locales, pero los internacionales contribuyeron también a la aceleración, aunque en menor medida.

Los factores detrás de la aceleración inflacionaria a nivel global fueron las políticas monetarias expansivas de distintos países, cuellos de botella que complicaron la oferta en las cadenas globales de valor y una demanda pujante. Sobre esta dinámica se montaron los impactos más recientes de la escalada bélica en Ucrania, intensificando dos tendencias previas: mayores precios de la energía y los alimentos y más elevados costos de transporte, resultando en crecientes presiones inflacionarias.

Más allá del contexto internacional, los factores locales fueron los que explicaron en mayor medida la aceleración inflacionaria. En este sentido, la actualización -al menos parcial- de algunos precios regulados (como combustibles y tarifas de servicios públicos), registros estacionales más altos a los esperados a principio de año (como frutas y verduras e indumentaria), una mayor sensibilidad de los precios ante variaciones de los dólares paralelos y un creciente financiamiento monetario del déficit fiscal generaron un desanclaje de expectativas. A lo mencionado anteriormente se le suma el fuerte componente inercial de la inflación, que adquiere mes a mes mayor preponderancia, viéndose reflejado en la aceleración del IPC Núcleo (en agosto se ubicó 2,1 p.p. por encima del promedio de los últimos 12 meses, según el IPC GBA Ecolatina).

Pasada la mitad del año, a un escenario nominal frágil y vulnerable a nuevos shocks se le sumó la profundización del cepo cambiario -con foco en una mayor restricción a las importaciones- impuesta para paliar el drenaje de reservas. Junto a esto, la incertidumbre financiera y consecuente alza en los dólares financieros ocasionada por los cambios en el gabinete económico presionaron sobre los precios y colaboraron a que el registro de julio sea el mayor en veinte años. En este sentido, el alza de los dólares paralelos hizo más débil la referencia del tipo de cambio oficial, dando lugar a un contexto de fuerte incertidumbre y traspaso a precios. Como resultado, la inflación volvió a acelerarse y marcó 7,5% en julio, mientras que estimamos un piso de 6,5% a nivel nacional en agosto.

De esta manera, según INDEC, la inflación promedió 5,1% en el primer trimestre de este año, se aceleró a 5,4% en el segundo y proyectamos que vuelva a acelerarse en el tercer trimestre (julio-septiembre) a la zona de 6,5%. Así, la nominalidad alcanza un nuevo escalón, muy por encima de los promedios mensuales del último lustro: en 2018 la inflación promediaba 3,3% mensual, en 2019 3,7%, en 2020 2,6% y el año pasado 3,4%.

Cambios al interior del proceso inflacionario: magnitud y periodicidad de ajustes

La reciente aceleración inflacionaria esconde al interior un cambio en la dinámica de aumentos de precios. Utilizando los datos de relevamientos quincenales de precios de consumo masivo en supermercados para el IPC GBA Ecolatina, es posible diferenciar la cantidad de bienes que se movieron según distintos rangos de magnitud de aumento en los últimos cinco años, y la periodicidad de los incrementos de cada bien.

Tanto en 2018 como en 2019, la aceleración inflacionaria fue impulsada principalmente por shocks cambiarios, donde la mayoría de los bienes transables ajustan significativa y rápidamente durante el transcurso de una quincena. Mientras que para la primera mitad de 2018 el promedio de aumentos mayores al 10% representaban solamente 13% de los relevamientos, para el segundo semestre este promedio pasó a ser de 26,9%, con picos en septiembre y octubre de 46,7% y 46,0%, respectivamente. Esto estuvo explicado principalmente por la devaluación del 25% del tipo de cambio el último día de agosto, a lo que se le sumaron los aumentos de los servicios públicos en septiembre y octubre del mismo año. En contraparte, los incrementos más moderados (de 0 a 4%) se redujeron a la mitad para la misma comparación.

Durante 2019, la inflación también se aceleró por el mismo motivo. El salto del tipo de cambio de 23% post-PASO implicó que los aumentos mayores al 10% se triplicaron respecto a la quincena anterior durante la segunda mitad de agosto. De hecho, el porcentaje de precios que ajustaron más del 10% en promedio tanto en 2018 como en 2019 más que duplico al registro de 2021, con inflaciones anuales no tan disímiles -47,6% i.a en 2018, 53,8% i.a. en 2019 y 50,9% i.a. en 2021.

A lo largo del 2020, los precios de consumo masivo se movieron de manera muy particular, afectados por los controles de precios y por el freno de la actividad económica producto de la pandemia. En este sentido, durante los meses de pleno congelamiento (como marzo-abril) el porcentaje de precios que mostraba incrementos era muy pequeño (menor al 10%), pero tendía a compensarse en los meses en que se autorizaban aumentos (en estos periodos, el porcentaje de precios que exhibía aumentos superaba el 85%).

A diferencia, en 2021 se tendió a una “normalización” de la cantidad de aumentos de bienes de consumo masivo. Los incrementos se distribuyeron más uniformemente a lo largo del año, donde más de la mitad de los precios no exhibía aumentos, y dentro de los que aumentaban (aproximadamente el 40%) sólo un 15% lo hacía a un ritmo mayor al 10%.

Este fenómeno sucede porque actualizar precios conlleva un costo. Entonces, en una economía sin grandes shocks, se tiende a ajustar precios más espaciadamente y en magnitudes no tan grandes -como se dijo, los aumentos mayores al 10% para este período fueron la mitad a los de 2018 y 2019-.

Vale destacar que a fines de 2021, semestre donde transcurrieron las elecciones legislativas, volvió a suceder un fenómeno similar al de 2020, aunque más “suavizado”. En el último trimestre del año pasado se volvieron a implementar controles de precios a los bienes de consumo masivo. Como resultado, sólo el 20% de los precios mostraron incrementos durante el periodo de congelamiento. A diferencia, tras el desarme del programa, en los primeros meses de 2022 hubo un nuevo pico de incrementos, donde casi el 70% de los precios mostraron aumentos (muy significativo, pero algo más bajo que los picos de 2020 posiblemente debido a que este programa fue menos abarcativo que los anteriores).

Remarcaciones más frecuentes y acentuadas

Queda en evidencia que sin controles de precios que distorsionen los precios relativos la frecuencia con que se ajustan los precios tiende a ser mayor. En cambio, cuando el proceso inflacionario empieza a acelerarse y las expectativas se desanclan, cada vez resulta necesario ajustar precios con mayor frecuencia, porque las referencias nominales se hacen más difusas y alteran el contenido informativo del sistema de precios. Esto se puede ver gráficamente en los últimos dos meses (julio-agosto): para este período, la proporción de precios que mostró incrementos llegó a superar el 70% en promedio en las últimas cuatro quincenas. Es decir, del total del relevamiento de precios de productos de consumo masivo, siete de cada diez mostraron un aumento, mientras que los tres restantes se mantuvieron inalterados o con variaciones negativas.

Esto no sólo sugiere que el periodo de ajuste se achicó, sino también que los ajustes tendieron a ser de mayor magnitud. En la última quincena de agosto casi el 60% de los precios mostró incrementos mayores al 7%, algo que no había sucedido nunca en los años previos.

Cabe destacar que este fenómeno excepcional sucedió sin la existencia de un desmantelamiento de controles previos -que suele llevar a que una mayor proporción de precios muestre un ajuste- ni de ningún salto cambiario discreto, como fue el de las PASO de 2019, donde el proceso inflacionario cobró una dinámica similar a la observada en los últimos dos meses.

Conclusiones y comentarios finales

Si bien el análisis se concentró en precios de bienes de consumo masivo, y no a la totalidad del IPC, no deja de ser relevante, dado que representan casi el 20% del total de la canasta y llegan a explicar casi un 30% de la canasta de los deciles más bajos, que consumen una mayor proporción del ingreso en este tipo de bienes. En este sentido, es relevante destacar que la escalada inflacionaria de los últimos dos meses generó que la dinámica inflacionaria muestre aumentos de precios con mayor frecuencia, en conjunto con ajustes de mayor magnitud.

Este nuevo fenómeno está asociado a que la aceleración inflacionaria ya no responde mayormente ni a saltos cambiarios del tipo de cambio oficial o tarifarios ni a ajustes de precios congelados, como en el período 2018-2021.

En este sentido, el alza en los dólares paralelos y la ampliación y endurecimiento de las restricciones a las importaciones implicaron un fuerte mecanismo de transmisión hacia los precios. Este fenómeno no sucedió con igual intensidad en periodos anteriores, mostrando que la dinámica inflacionaria se volvió más frágil ante potenciales shocks. Esta vulnerabilidad no responde únicamente a la falta de ancla en las expectativas que, por ejemplo, repercute acortando el período de paritarias, sino también por una falta de control en la emisión monetaria que alteró las expectativas de inflación.

Que tan rápido se pueda disipar este efecto determinará el número final de 2022 y el año entrante. La necesidad de coordinar expectativas a la baja es esencial para no seguir alimentando a la dinámica inflacionaria, pero la actualización automática de determinados precios relativos (como prepagas, por caso) agrava el riesgo de ir a un régimen inflacionario con mayor indexación al actual, y, por ende, más difícil de desarmar.

Para septiembre, sumado al elevado arrastre que dejó la aceleración de la segunda parte de agosto (el IPC Ecolatina pasó de subir 6,2% en la primera quincena a 7,2% en la segunda) y a un sostenido deslizamiento cambiario por parte del Banco Central, impactarán en el nivel de precios puntualmente los aumentos en electricidad y gas (estimamos un impacto directo en el IPC de 0,4 p.p.); el aumento en la tarifa de subte (+40%) y de taxis (+30%); y los aumentos a empleadas domésticas y en colegios de la Provincia de Buenos Aires. Así, el índice de septiembre se ubicaría cerca del 6% (+82% i.a.).

Para el resto del año, el adelantamiento de los aumentos pautados en las paritarias, un deslizamiento cambiario consolidado en niveles superiores a los meses pasados y los efectos de primera y segunda ronda que tendrán los ajustes en tarifas (estimamos que en total incidirían en 2,8 p.p de septiembre a marzo) y combustibles se combinarán para mantener a la inflación por encima del 5% mensual. En principio, estimamos una lenta moderación, dejando como resultado una inflación que se acercaría al 95% en 2022, sin indicios de una desaceleración sustancial en 2023.

El IPC GBA Ecolatina trepó 6,7% en agosto

El IPC GBA Ecolatina subió 6,7% mensual en agosto, desacelerándose 0,8 p.p respecto al registro de julio. No obstante, la comparación interanual se aceleró y alcanzó 75,9% i.a., representando la cifra más alta desde enero de 1992 (76,0%). A su vez, acumuló 55% los primeros ocho meses del año.

Al interior del índice, los capítulos con mayor evolución fueron Equipo y mantenimiento del hogar (+9,4%), Atención Médica y gastos para la salud (+7,9%) y Alimentos y Bebidas (+7,4%). Por otro lado, los capítulos con menor variación fueron Esparcimiento (+3,5%), Indumentaria (+4,9%) y Transporte y comunicaciones (+6,6%).

Dentro de Alimentos y Bebidas -categoría que explicó 40% del aumento del nivel general- se destacaron los aumentos en Verduras (+16,7%), Fideos y pastas (+10,3%), Quesos (+9,3%), Fiambres, embutidos y conservas (+9,1%), Productos lácteos y huevos (+8,6%) y Frutas (+8,4%). Por el contrario, los aumentos más moderados se vieron en Carne Vacuna (+2,2%) -contenido por la caída del precio de la hacienda en el Mercado Agroganadero de Cañuelas- y en Comidas listas para llevar (+1,1%).

En cuanto a las categorías, Estacionales marcó 7,1%, donde sobresalieron las subas en Verduras y Ropa exterior, que fueron compensados por las caídas en los precios de servicios asociados al turismo. Por su parte, el aumento en Regulados fue de 6,2%, impulsado por los aumentos en trasporte público, combustibles y prepagas.

Por otro lado, el IPC Núcleo -que excluye Regulados y Estacionales- marcó 6,8%. De esta manera, se desaceleró 1,4 p.p respecto al registro de julio y creció 77,3% en la comparación interanual. De todos modos, el IPC Core se ubicó 2,1 p.p por encima del promedio mensual de los últimos 12 meses, dato que sugiere la perdurabilidad de una fuerte inercia inflacionaria. Al interior de esta categoría se encuentran los productos de Consumo Masivo, que treparon 7,3% en el séptimo mes del año (+62,9 i.a).

¿Qué esperamos?

Para septiembre, sumado al elevado arrastre que dejó la aceleración de la segunda parte de agosto (el IPC Ecolatina pasó de subir 6,2% en la primera quincena a 7,2% en la segunda) y a un sostenido crawling peg, impactarán puntualmente los aumentos en electricidad y gas, el aumento en la tarifa de subte (+40%) y de taxis (+30%); y los aumentos a empleadas domésticas y en los colegios de la Provincia de Buenos Aires. Así, el índice de septiembre se ubicaría cerca del 6% (+82% i.a.). De esta manera, los precios acumularían 65% en los primeros tres trimestres del año.

Para el resto del año, la reapertura de paritarias, un deslizamiento cambiario consolidado en niveles superiores a los meses pasados y los efectos de primera y segunda ronda que tienen los ajustes en tarifas y combustibles se combinarán para mantener a la inflación por encima del 5% mensual, frente a la falta de un ancla robusta para coordinar expectativas a la baja. Aún estimando esta leve desaceleración en los próximos meses, proyectamos que la inflación cerrará el 2022 con un piso del 92%.

Adelanto de inflación | Agosto 2022

El IPC GBA Ecolatina mostró un crecimiento de 6,3% entre la primera quincena de agosto y el mismo periodo de julio, desacelerándose 1,6 p.p respecto a dicho registro (+7,9%). No obstante, en términos interanuales se aceleró, pasando de exhibir un incremento de 67,8% en la primera quincena de julio a 74,1% en agosto.

Al interior del índice, los capítulos con mayor evolución fueron Equipo y mantenimiento del hogar (+8,4%) y Atención Médica y gastos para la salud (+7,8%). Por el contrario, Indumentaria sólo aumentó 0,9%, aunque su variación interanual alcanza 83,8%.

Dentro del capítulo de Alimentos y bebidas los aumentos fueron generalizados y el indicador creció por encima del nivel general (+7,2%), siendo el capítulo con mayor incidencia en el resultado general (explicó el 58% del total de la variación en el período). Al interior, se destacaron las variaciones en Verduras (+17,7%), Azúcar, Miel, Dulces y cacao (+13,7%), Fideos (+10,4%), Infusiones (+7,5%) y Productos lácteos y huevos (+7,3%).

En cuanto a las categorías, Regulados creció 6,4%, impulsado por los aumentos en Sistemas de salud y servicios auxiliares (+11,5%) y por las nuevas tarifas en colectivos y trenes. Por su parte, Estacionales anotó 3,9%, moderado por la caída en los precios de Turismo (-7,2%). Por último, el IPC Core -que excluye Regulados y Estacionales- registró 6,6% (+76,5% i.a.). Este elevado registro (superior al promedio) pone en evidencia la existencia de una fuerte inercia inflacionaria que no se desvanecerá en el futuro inmediato.

¿Qué esperamos?

Un mayor deslizamiento cambiario, en conjunto con la inercia mencionada y los impactos puntuales del aumento de 40% en colectivos y trenes en el AMBA y la ronda de actualizaciones de precios previstas en prepagas (+11,3%) y expensas (+8% en promedio) llevarían al índice de agosto a situarse en torno al 6,2% (+74,6% interanual). De esta manera, los precios acumularían más de 53% en los primeros ocho meses del año.

De cara a los próximos meses, la falta de un ancla robusta que estabilice las expectativas, ajustes en tarifas, reapertura de paritarias y un sostenido crawling peg contribuirán a una mayor persistencia del fenómeno inflacionario. Aún estimando una desaceleración en los últimos cinco meses del año, que podría estacionarse en la zona del 5% mensual, proyectamos que la inflación cerraría el año con un piso del 90%.

La inflación mensual de julio fue la más alta en 20 años

El IPC Nacional INDEC trepó 7,4% mensual en julio, acelerándose más de 2 p.p. respecto al mes anterior. De esta forma, acumuló 46,2% los primeros siete meses del año y alcanzó 71% i.a., la variación interanual más alta de los últimos 30 años (enero 1992).

La aceleración fue generalizada al interior del IPC, con bienes registrando una variación de 7,3% y servicios subiendo 7,5 % respecto al mes anterior. Los capítulos con mayores subas fueron Recreación y cultura (+13,2%), impulsado por los aumentos en servicios asociados al turismo durante las vacaciones de invierno. Le siguieron las subas en Equipamiento y mantenimiento del hogar (+10,3%), traccionado por incrementos en bienes durables para el hogar y muebles; y en Restaurantes y hoteles (+9,8%), esta última también dinamizada por el receso invernal.

Por otro lado, los capítulos con menor variación fueron Vivienda, agua, electricidad, gas y otros (+4,6%); Transporte (+5,5%) y Comunicación (+5,5%).

Alimentos y bebidas tuvo nuevamente la mayor incidencia en el número de julio. Aún así, el indicador se ubicó por debajo del nivel general (+6,0%, +70,6% i.a.). Al interior, se destacaron los aumentos en Azúcar, dulces, chocolate, golosinas (+10,4%); Frutas (+9,4%); Bebidas alcohólicas (+9,3%) y Pan y cereales (+7%).

En cuanto a las categorías, Estacionales anotó 11,3%, donde sobresalieron las subas en Frutas y Verduras, tubérculos y legumbres y los ya mencionados aumentos en servicios de turismo. A diferencia, el aumento en Regulados fue de apenas 4,9%, 0,4 p.p por encima del registro de junio, impulsado por algunos aumentos aislados en agua y servicios sanitarios; funcionamiento y mantenimiento de vehículos y teléfono.

Por otro lado, el IPC Núcleo, que excluye Regulados y Estacionales, marcó 7,3%. De esta manera, se aceleró 2,3 p.p respecto al registro de junio, y creció 72,2% en la comparación interanual. Al interior de esta categoría se encuentran los productos de Consumo Masivo, que treparon 7,8% en el séptimo mes del año (+71,2% i.a.).

¿Qué esperamos?

Para agosto prevemos una desaceleración en la dinámica inflacionaria, aunque el registro seguirá en niveles elevados. El dato de agosto estará impactado por el aumento de 40% en colectivos y trenes en el AMBA, a lo que se le sumará la ronda de actualizaciones de precios previstas en prepagas (+11,3%) y expensas (+8% en promedio). Todo esto, sumado a una inercia que parece difícil de disipar en el corto plazo y un mayor deslizamiento cambiario, ubicarían al índice del octavo mes del año por encima del 6%.

De cara a los próximos meses, la falta de un ancla robusta que estabilice las expectativas, ajustes en tarifas, reapertura de paritarias y un sostenido crawling peg contribuirán a una mayor persistencia del fenómeno inflacionario. Aún estimando una desaceleración en los últimos cinco meses del año, que podría estacionarse en torno al 5% mensual, proyectamos que la inflación cerraría el año en torno al 90%. Así, dejaría un piso elevado para la desaceleración esperada para el próximo año, que se ubicaría por encima del 70%.

El IPC GBA Ecolatina trepó 7,5% en julio

El IPC GBA Ecolatina se aceleró hasta alcanzar 7,5% en julio. Luego de la renuncia de Martin Guzmán, la incertidumbre ante costos de reposición inciertos generada por el alza en los dólares financieros no fue gratis en materia de precios. A diferencia de otros periodos, la suba de los dólares paralelos funcionó como claro mecanismo de transmisión para la dinámica inflacionaria.

¿Qué pasó con la inflación en julio?

La aceleración fue generalizada al interior del IPC. Tanto los Bienes como los Servicios treparon 7,5%. Para este último, se destaca el crecimiento de servicios privados (+9,5%), mientras que los servicios públicos sólo crecieron 2% en julio, ya que hubo limitado impacto de aumentos tarifarios.

Al interior del índice, los capítulos con mayor evolución fueron Esparcimiento (+10,9%), Equipo y mantenimiento del hogar (+10,8%), impulsado por subas marcadas en bienes durables para el hogar y muebles; y Transporte y comunicaciones, que creció 10,7% en el séptimo mes del año.

Los capítulos que se localizaron por debajo del nivel general fueron Vivienda y servicios básicos (+3,7%), Indumentaria (+5,3%), Educación (+5,8), Salud (+6,1%) y Alimentos y Bebidas (+6,7%).

Al interior del capítulo de Alimentos y bebidas, las mayores variaciones se registraron en Bebidas alcohólicas (+10,3%), Alimentos y bebidas consumidos fuera del hogar (+18%), Huevos (+16,9%), Aceites (+12,1%) y Fideos (+8,1%). Por el contrario, los capítulos que tuvieron menor variación fueron Frutas (-1,2%) y Carnes (+3%).

En cuanto a las categorías, Estacionales anotó apenas 3,3%, mientras que el aumento en IPC Regulados fue de 7,0%, 0,2 p.p por encima del registro de junio, impulsados por algunos aumentos aislados Agua (+20%); Combustibles y Lubricantes (+8,8%) y Seguros y Estacionamiento (+21%). Por otro lado, el IPC Núcleo, que excluye Regulados y Estacionales, marcó 8,2%. De esta manera, se aceleró 3,4 p.p respecto al registro de junio, y creció 70,8% en la comparación interanual. Por su parte, el indicador de Consumo Masivo (que se encuentra dentro de los precios núcleo) registró una variación de 8,2% en el séptimo mes del año (+62,5% i.a.).

¿Qué esperamos?

Con los sucesos recientes, las perspectivas nominales empeoraron notablemente. Incluso estimando una desaceleración en los últimos cinco meses del año, para estacionarse en torno al 5% mensual, proyectamos una inflación que estará en torno al 90% en el cierre del año. Este nuevo escalón sugiere que la desaceleración esperada para el año entrante (en torno al 70%), quedará muy por encima de las cifras anuales del promedio 2018-2021 (poco menos de 50%).

El IPC GBA Ecolatina creció 7,9% en la primera quincena de julio

¿Qué pasó con la inflación en junio?

El IPC Nacional INDEC fue 5,3% en junio, acelerándose 0,2 p.p. respecto al mes anterior. De esta forma, acumuló 36,2% el primer semestre del año y alcanzó 64% i.a., dejando en evidencia que previo a la aceleración del presente mes, la inflación interanual ya era la más alta de los últimos 30 años.

Los capítulos con mayor evolución fueron Salud (+7,4%), donde incidió el aumento en prepagas y medicamentos, Vivienda, agua, electricidad y otros combustibles (+6,8%), impulsado por el aumento de tarifas de electricidad y gas y en menor medida por expensas y Bebidas alcohólicas y tabaco, que creció 6,7% en el sexto mes del año.

La mayor incidencia en el aumento del nivel de precios la tuvo el índice de Alimentos y bebidas, explicando 1,27 p.p de la variación de junio. Aun así, el capítulo se ubicó por tercer mes consecutivo por debajo del nivel general (+4,6%). Al interior, los mayores aumentos se dieron en las divisiones de Verduras, tubérculos y legumbres (+10,1%), que aumentó por primera vez luego de dos meses de caída; Aceites, grasas y manteca (+7,2%) y en Azúcar, dulces, golosinas (+6,4%).

En cuanto a las categorías, el IPC Núcleo, que excluye estacionales y regulados, avanzó 5,1%, alcanzando una variación interanual de 65,5%. Por su parte, el IPC Regulados trepó 5,3% en el mes, desacelerándose 0,4 p.p respecto al mes anterior. Por último, el IPC Estacionales creció 6,6% (+84,5 i.a.). Los Bienes registraron una variación de 5,2%, mientras que los Servicios tuvieron una variación de 5,5% con respecto a mayo.

Julio: expectativas desancladas con fuerte impacto inflacionario

El IPC GBA Ecolatina trepó 7,9% en la primera quincena de julio respecto al mismo periodo del mes anterior. La aceleración de más de 2 p.p. se dio en un contexto de elevada volatilidad financiera que implicaron subas en los dólares paralelos. Por este motivo, y en conjunto con ciertas restricciones a las importaciones impuestas al cierre de junio, la elevada incertidumbre sobre los costos de reposición fue un factor que influyó en la fijación de precios.

La aceleración fue generalizada al interior del IPC. En este sentido, los Bienes treparon 8,0%, con algunos aumentos marcados en productos intermedios/durables: por ejemplo, artefactos para el hogar (+12,9%), muebles (+13,8%), herramientas (+16,0%), adquisición de vehículos (+9,2%), accesorios y repuestos de vehículos (+20,4%), equipos de audio, televisión y video (+12,6%) fueron algunas de las principales subas. De todas formas, los bienes empaquetados de consumo masivo también exhibieron subas marcadas (+7,2%). Por su parte, a diferencia de otros momentos de saltos discretos en la dinámica inflacionaria, los Servicios crecieron en línea (+7,7%), destacándose aumentos de servicios privados (+9,8%), como restaurantes (+20,0%) y turismo (+12,0%).

¿Qué esperamos?

Con los sucesos recientes, las perspectivas nominales empeoraron notablemente. Incluso estimando una desaceleración en los últimos cinco meses del año, para estacionarse levemente por debajo del 5% mensual, proyectamos un piso para la inflación de 2022 de 85%. Este nuevo escalón sugiere que la desaceleración esperada para el año entrante (en torno al 70%), quedará muy por encima de las cifras anuales del promedio 2018-2021 (poco menos de 50%)

 

El IPC GBA Ecolatina se aceleró a 5,5% en junio

El IPC GBA Ecolatina creció 5,5% en junio respecto a mayo, acelerándose 0,3 p.p. respecto al mes anterior. Así, acumuló 35,2% en el primer semestre del año y mostró una variación interanual de 61,5% con respecto a junio de 2021. De esta forma, el segundo trimestre cerró con una variación acumulada de casi 18%, por encima del acumulado de los primeros tres meses del año (+14,5%).

Al interior del índice, los capítulos con mayor evolución fueron Vivienda y servicios básicos (+8,6%), Atención médica y gastos para la salud (+7,7%), impulsado por los aumentos en prepagas y servicios médicos (+10%) y Otros bienes y servicios (+5,9%), en el marco de un nuevo aumento en Cigarrillos (+6%). La aceleración del indicador de Vivienda y servicios básicos se vio explicada por la autorización de nuevos aumentos en las tarifas de servicios públicos.

El capítulo de Alimentos y Bebidas creció 5,6%, alcanzando una variación interanual del 65,2%. Esta aceleración de 0,6 puntos porcentuales se ve explicada, al menos en parte, por el nuevo impulso en los precios de frutas y verduras.

Por su parte, los capítulos que se localizaron por debajo del nivel general fueron Indumentaria (+3,7%), Equipo y mantenimiento del hogar (+4,8%), Transporte y comunicaciones (+4,4%), Esparcimiento y Educación (+4,2% y +3,4% respectivamente).

En cuanto a las categorías, los Estacionales anotaron 8,2%, mientras que el IPC Regulados fue de 6,8%, muy por encima del registro de mayo (+4,2%), impulsados por las ya nombradas actualizaciones de servicios de electricidad y gas, prepagas y nuevos aumentos de combustibles. Por otro lado, el IPC Núcleo, que excluye Regulados y estacionales marcó 4,8% y de esta manera perforó el 5% por primera vez desde febrero.

De cara al segundo semestre, las nuevas restricciones a las importaciones y la incertidumbre que trajo la designación de la nueva ministra de economía no serán gratis en materia de precios. En principio, esperamos que la inflación de julio se acelere respecto al mes anterior (podría superar el 6%), mientras que la evolución de los meses restantes dependerá esencialmente de qué tan rápido se elimine la incertidumbre. De esta manera, estimamos que la inflación interanual tendrá un piso de 72% para 2022.

El IPC GBA Ecolatina siguió por encima del 5% en la primera quincena de junio

El IPC GBA Ecolatina creció 5,6% en la primera quincena de junio respecto al mismo periodo del mes anterior, acelerándose 0,2 p.p. respecto a dicha quincena.

Al interior, los capítulos con mayor evolución fueron Vivienda y servicios básicos (+8,3%) en el marco de la autorización de incrementos de tarifas de servicios públicos, seguido por Atención médica y gastos para la salud (+7,7%) dinamizado por el aumento de prepagas y Otros bienes y servicios (+7,5%), donde impactó el aumento de cigarrillos.

Por otro lado, Alimentos y bebidas subió 5,3% en la primera quincena, desacelerándose 0,4 p.p. respecto a la quincena anterior, pero manteniéndose por encima del 5% desde marzo. Al interior, las agrupaciones que evolucionaron por encima del capítulo fueron principalmente verduras y alimentos para consumir fuera del hogar, mientras que a diferencia las frutas exhibieron una caída (-2%).

En lo que respecta a las categorías, el IPC Regulados es el que mayor evolución exhibió (+7,3%), por las ya nombradas subas en tarifas, prepagas y cigarrillos. Por su parte, el IPC Núcleo evolucionó apenas por debajo del nivel general (+5,3%), dejando en evidencia que, pese al aumento de tarifas, los precios que componen a los precios core se mantuvieron con un piso elevado, y por último, el IPC Estacionales subió 4,8%.

Para lo que resta del mes, estimamos que, si bien los precios núcleo podrían desacelerarse un (leve) escalón más, las subas autorizadas en combustibles impactarán de lleno en los precios regulados, generando que la inflación mensual de junio no sea muy diferente a la observada en mayo. Como resultado, la inflación del segundo trimestre (+17%) cerrará por encima de la del primero, y, pese a que en la segunda parte del año estimamos una desaceleración, la suba de precios cerraría el año en torno 70% i.a.

La inflación mensual se volvió a desacelerar, pero sigue muy alta

El IPC Nacional fue 5,1% en mayo, desacelerándose 0,9 p.p. respecto al mes anterior. De esta forma, acumuló 29,3% hasta el quinto mes del año y se ubicó en 60,7% en la comparación interanual, la más alta desde principios de 1992.

Los capítulos con mayor evolución fueron Salud (+6,2%), donde influyó la autorización de aumentos en prepagas y Transporte (+6,1%), debido al aumento en combustibles (en torno al 10%). Luego, le siguió Prendas de vestir y calzado (+5,8%), que se desaceleró más de 4 p.p. respecto al mes anterior. A su vez, Hoteles y restaurantes (+5,7%), Bebidas alcohólicas y tabaco (+5,7%), Equipamiento y mantenimiento del hogar (+5,4%) y Recreación y cultura (+5,2%) fueron los otros capítulos que se ubicaron por encima del Nivel General.

Alimentos y bebidas no alcohólicas (+4,4%, +64,7% i.a.) también se desaceleró (1,5 p.p. respecto al mes anterior). Al interior, verduras mantuvo un desempeño negativo al igual que en abril (-3,1% a nivel nacional), así que la desaceleración vino de la mano de la menor evolución de Pan y cereales (+4,8%), Carnes, productos y derivados (+6,2%), Leche, productos lácteos y huevos (+4,4%), Aceites, grasas y manteca (+7,4%) y Azúcar, dulces, chocolate, etc (+5,5%), todos grupos de productos con menor evolución respecto a lo observado en abril.

En lo que respecta a las categorías, el IPC Núcleo (+5,2%) se desaceleró 1,5 p.p. respecto al pico observado en abril, alcanzando una variación interanual de 63,2%. Por su parte, el IPC Regulados trepó 5,7% en el mes, donde incidieron las ya nombradas subas de combustibles y prepagas (+44,1% i.a.) y por último, el IPC Estacionales creció 3,4% (+74,0% i.a.).

¿Qué esperamos?

Pese a la desaceleración del quinto mes del año, que acumula casi 2 p.p. respecto al piso de marzo, la inflación del segundo trimestre mantendrá un piso elevado: de aquí en más esperamos que la desaceleración sea más lenta, ubicándose junio y julio en la zona del 4,5-5%. Por caso, durante el corriente mes impactarán las ya pactadas subas de determinados precios regulados (como las tarifas de servicios públicos) sobre una inercia que difícilmente se aplaque en el corto plazo producto de la ausencia de algún acuerdo de precios -para bienes de consumo masivo- y de la incertidumbre macroeconómica de los últimos días, que podría escalar en el corto plazo.

Con la mitad del año prácticamente saldada y aun proyectando una menor evolución de los precios en la segunda parte del año (+3,7% promedio mensual), la inflación cerrará en la zona del 70% i.a. para 2022.