Los riesgos de una mayor nominalidad

¿Controlar el dólar implicará menos inflación?

El BCRA comunicó, al inicio de la semana pasada, el virtual abandono de la zona de no intervención (ZNI) del mercado cambiario, lo que implica la posibilidad de intervenir en él aun cuando la cotización de la divisa se encuentre por debajo de 51,45 ARS/USD (el techo de la ZNI establecido para el resto del año). Esta medida tiende a fortalecer el poder de fuego de la autoridad monetaria en caso de una elevada demanda de divisas, lo cual luce altamente probable dada la actual incertidumbre electoral. Sin embargo, incluso en el escenario en el que las presiones cambiarias logren ser domadas por el BCRA, no esperamos que se observe durante los próximos meses una significativa desaceleración de la inflación. Si bien controlar el mercado cambiario reduce la probabilidad de una nueva aceleración en el avance de los precios, no es condición suficiente para que la inflación se encuentre en un nivel significativamente más bajo.
Esto se debe a que por el momento no se percibe la existencia de un plan integral que logre coordinar expectativas. Por caso, en las últimas semanas comenzó a tomar fuerza el visto bueno del gobierno en relación al ajuste trimestral de las paritarias, siendo incluso el costo laboral un driver más importante que el dólar a la hora de analizar el proceso inflacionario y al que no se le suele dar tanta importancia.

¿Cuál es el factor de propagación?

El acortamiento de la vigencia de las paritarias constituye un intento de proteger los ingresos reales de los trabajadores en un contexto de inflación elevada e incierta y frenar la caída del consumo de cara a las elecciones. Sin embargo, la mayor nominalidad que provoca esta dinámica, así como la incorporación de cierto grado de indexación (en lugar de las cláusulas de renegociación generalizadas en las paritarias pasadas) puede ser nociva en lo que refiere al proceso inflacionario.
Pongamos el ejemplo de los trabajadores de la construcción. En los últimos días, UOCRA acordó subas trimestrales hasta marzo del 2020 que se caracterizan por tener un ajuste automático al cierre del tercer mes en caso de que el aumento sea finalmente menor a la inflación del período. Vale destacar que el monto del aumento sólo se fijó para el primer tramo, en tanto que los próximos serán establecidos en función de la dinámica que tome la inflación de acá en adelante. Si bien la cantidad de empleados formales del sector –quienes se benefician con este acuerdo- es acotada, todo parece indicar que otros gremios importantes –comercio, metalúrgicos- cerrarán sus negociaciones en esta tónica, generalizándose entonces esta modalidad, e imponiendo, cada tres meses, el costo adicional que implica sentarse a negociar, aumentando el riesgo de una mayor conflictividad.
De esto se desprende que el aumento en los costos salariales será una constante durante el año. En la medida que los márgenes de las empresas no se achiquen, el aumento en la estructura de costos de las mismas será trasladado a los precios de sus productos. Por lo tanto, en un contexto como el actual, en el cual la inercia que posee la inflación es elevada, la incorporación de un esquema de paritarias que propague rápidamente la misma puede contrarrestar –parcial o totalmente- el efecto positivo de la política cambiaria.

¿Cuáles son los riesgos?

Una mayor nominalidad es el riesgo al que se expone el gobierno al respaldar este tipo de acuerdos, lo que parece ser la última carta para afrontar las elecciones. Sin embargo, supeditar los acuerdos salariales a la inflación pasada, en un intento de fijar el salario real bajo condiciones macroeconómicas muy inestables, puede ser peligroso al menos por dos motivos.
En principio, el siguiente gráfico refleja que las recomposiciones nominales no muestran una relación clara con las mejoras reales (de hecho esperamos aumentos nominales elevados y caída de salario real durante prácticamente todo el año). Por este motivo, en los meses que faltan para las elecciones, los incrementos salariales pueden no ser suficientes para apuntalar el consumo –vía un mayor salario real- y en consecuencia, los mayores costos a los que las empresas se enfrentan difícilmente sean saldados con más ventas.

Este escenario de alta nominalidad se da junto a una política monetaria más restrictiva, lo que implicaría una mayor tasa de interés y agrega más dificultades a la delicada situación en la que muchas empresas se encuentran. En este escenario, el tiro podría salir por la culata ya que se habría intercambiado, en la previa electoral, el riesgo de una caída el salario real por el riesgo de perder el empleo.
Por otro lado, esta suerte de indexación deja activo un mecanismo de transmisión que, si bien puede desacelerar rápidamente la inflación ante shocks positivos (apreciación cambiaria), también puede acelerarla producto de presiones en el frente externo o de incapacidad de coordinar expectativas. En este escenario de marcada inestabilidad, esto puede llevar a una espiral precios-salarios en pocos meses. Después de todo, no hay nada como un plan de estabilización fallido para acelerar la inflación.

 

La inflación se desaceleró a 3,7% en abril

En abril la inflación fue de 3,7%, según el IPC GBA Ecolatina. De esta forma, el ritmo de aumentos se desaceleró medio punto porcentual respecto al mes previo (había sido de 4,2% en marzo). Así, los precios acumularon un 14,9% de aumento en los primeros 4 meses del año y crecieron 55,2% respecto a abril de 2018.

Los capítulos del índice que más crecieron en el mes fueron Indumentaria (+8,9%), por la suba estacional de la ropa en el cambio de temporada, Transporte y comunicaciones (+5,7%), por el aumento en el servicio telefónico, el transporte público y las naftas, y Esparcimiento (+4,2%), por el alza en el precio de diarios, libros, cines y transporte por turismo. Por su parte, los Alimentos y bebidas moderaron sus aumentos y crecieron 3,3%. Por último, Vivienda y servicios básicos (1,4%) fue el rubro que menos subió, gracias al retroceso de los alquileres.

Mayo será el último mes con fuertes subas de Regulados, por lo que la inflación podría descender en los siguientes meses. De cualquier forma, este proceso dependerá de la efectividad del nuevo régimen cambiario para mantener la calma del dólar, ya que saltos cambiarios podrían generar nuevos brotes inflacionarios y es muy probable que pequeñas subas de la divisa sean rápidamente trasladadas a los precios minoristas en un contexto de volatilidad creciente. Considerando que los aumentos de Regulados acumularán menos de 10% en los últimos 7 meses de 2019 y suponiendo que el dólar permanecerá relativamente estable, dos grandes motores de la inflación estarían contenidos. En este marco optimista, en el cual el plan del Gobierno es exitoso, la suba de precios podría descender en la segunda parte de 2019.

La inflación se aceleró a 4,7% en marzo

¿Cuál fue la inflación en marzo?

En el tercer mes del año, la variación de precios alcanzó 4,7%, de acuerdo al IPC Nacional relevado por el INDEC. Este avance fue impulsado principalmente por la suba de dos rubros estacionales: la educación –que trepó 17,9%, debido al inicio del ciclo lectivo anual- y la indumentaria –que subió 6,6% producto del cambio de temporada-. Además, los alimentos y bebidas (+6,0%) volvieron a crecer por encima del Nivel General de precios, impulsados por una suba del pollo, los lácteos y el pan.

De esta forma, la inflación acumuló 11,8% en el primer trimestre del año y 54,7% en los últimos 12 meses. En particular, Transporte y Alimentos y bebidas no alcohólicas (67,5% i.a. y 64,0% i.a.) son los rubros que más subieron, mientras que Bebidas alcohólicas y tabaco y Educación (34,9% i.a. y 36,5% i.a.) permanecieron rezagados.

¿Qué pasó con los precios relativos en el último año?

En 2018, el principal motor inflacionario fue el dólar. Esta dinámica provoca que los precios de los productos transables, es decir, de aquellos que se pueden exportar e importar, suban más que lo de los no transables. En este sentido, los bienes treparon casi 60% en los últimos doce meses a la par que los servicios privados escalaron poco menos de 45% i.a. Por su parte, los Servicios Públicos tuvieron un comportamiento diferente: al tener una estructura de costos dolarizada, más la ambiciosa meta pautada con el FMI de equilibrio primario para este año (que implica un mayor recorte de subsidios), su avance fue similar al de los bienes (58% i.a.).

Teniendo en cuenta que los sectores de menores ingresos destinan una mayor proporción de sus recursos a consumir bienes (alimenticios, entre otros) y a pagar las tarifas de Servicios Públicos, este cambio de precios relativos los afecta en una mayor medida que a los sectores medios y altos, quienes destinan una mayor proporción de sus ingresos a servicios privados. En consecuencia, durante 2018 y el comienzo de 2019 se acentuó el componente regresivo del proceso inflacionario.

¿Cómo evolucionará la inflación en los próximos meses?

La suba de tarifas (de transporte y electricidad) puso presión sobre los precios entre enero y marzo. Adicionalmente, saltos en el precio de algunos alimentos por problemas de oferta (carnes y lácteos) se sumaron a la inercia y la corrección tarifaria para configurar un primer el primer trimestre con elevados aumentos. Sin embargo, en abril y mayo los ajustes en los precios Regulados serán menores. Más aun, desde junio en adelante los precios entrarán en modo electoral: no habrá nuevas subas de tarifas, pero podría haber dinámicas cambiarias disruptivas que generen nuevos impulsos inflacionarios. Esto podría darse en caso de que la incertidumbre política lleve a una dolarización de activos y ahorros, a la vez que se retraiga la oferta de divisas. Así, el aumento de precios en el segundo semestre quedará determinado por la evolución del tipo de cambio. En este contexto, esperamos que la inflación anual termine 2019 alrededor de 39%.

La inflación sería de 3,7% en abril

El Índice de Precios al Consumidor Ecolatina de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y del Gran Buenos Aires mostró un aumento de 3,7% entre la primera mitad de marzo y las dos primeras semanas de abril.

El capítulo que mostró el mayor avance fue Indumentaria, debido al comportamiento estacional que motiva el cambio de temporada. A este le siguieron Transporte y comunicaciones (por el aumento del transporte público, la nafta y el servicio telefónico) y Esparcimiento.

Esperamos que la inflación permanezca estable en la segunda mitad del mes y se ubique en 3,7% para abril. Dado que los alimentos (en particular la carne) volvieron a crecer al ritmo del Nivel General, en lugar de liderar los incrementos, se observará una desaceleración en la inflación núcleo. Más allá de esta dinámica positiva, aumentos estacionales y la suba pautada para la tarifa del gas y el transporte público impedirán que la desaceleración sea mayor. Teniendo en cuenta que el cronograma de aumentos de Regulados no posee grandes subas luego de mayo, la calma o inestabilidad cambiaria será lo que determine el ritmo de los precios en los próximos meses.

La inflación se aceleró a 4,2% en marzo

En marzo la inflación fue de 4,2%, acelerándose nuevamente, ya que había sido de 3,7% en febrero y 2,6% en enero. De esta forma, los precios acumulan un 10,9% de aumento en el primer trimestre de 2019 y crecieron 53,5% respecto a igual mes del año pasado.

Los componentes del índice que más crecieron en el mes, de acuerdo con el IPC GBA Ecolatina, fueron Educación (12,2%), Indumentaria (6,2%), Vivienda y servicios básicos (5,4%) y Alimentos y bebidas (4,5%). Mientras que los primeros dos treparon por motivos estacionales (el inicio de las clases y el cambio de temporada), el salto del tercero tuvo que ver con el aumento en la tarifa eléctrica (de 14%) y de las expensas (+8%). Por su parte, los alimentos fueron dinamizados por un nuevo aumento de las carnes (9,0%) y los productos lácteos (4,6%). Por el contrario, Atención médica y gastos para la salud (1,8%) y Esparcimiento (-0,4%) fueron los rubros que menos avanzaron.

Teniendo en cuenta que la inflación se aceleró durante la segunda quincena del mes (fue 4,6% entre la segunda parte de febrero y el mismo periodo de marzo, mientras que había sido de 3,8% entre las primeras dos semanas de cada mes), abril contará con un fuerte arrastre estadístico. Además, subas en la tarifa de gas, el impacto de la última tanda de aumentos en transporte y el anunciado incremento en combustibles (con los efectos de segunda ronda que esto implica) impulsarán el indicador este mes, que se mantendrá en la zona del 3,5-4% nuevamente.

La inflación alcanzaría 3,8% en marzo

El Índice de Precios al Consumidor Ecolatina de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y del Gran Buenos Aires mostró un aumento de 3,8% entre la primera quincena de marzo y las dos primeras semanas de febrero.

El capítulo que mostró el mayor avance fue Educación, por la suba de las cuotas de colegios privados y otros bienes asociados al comienzo de las clases. A este le siguieron Vivienda y servicios básicos (por el aumento en la tarifa eléctrica y en las expensas) e Indumentaria (por el cambio de temporada).

La inflación volverá a ser elevada en marzo y estimamos que terminará el mes en torno a 3,8%. A los aumentos en precios regulados se sumarán subas estacionales en ropa.  Además, la carne vacuna y los lácteos continuarán la tendencia alcista que comenzaron en febrero. Por último, no podemos descartar que nuevas presiones cambiarias impulsen aun más la dinámica inflacionaria observada en el comienzo del año.

En febrero se aceleró otra vez la inflación: ¿Habrá tregua?

¿Qué pasó con la inflación en febrero?

En febrero, la inflación nacional alcanzó 3,8% según los datos del INDEC. De esta manera, acumula 51,3% en los últimos doce meses –el valor más alto desde 1992- y se aceleró por segundo mes consecutivo. En consecuencia, el proceso de desinflación encarado sobre el cierre de 2018 pareciera haberse revertido y las luces de alerta permanecen encendidas.

Al analizar por categorías, resalta el avance de Regulados (+4,2%) producto del aumento en las tarifas de electricidad, transporte y prepagas. Por su parte, el IPC Núcleo trepó 3,9% el mes pasado, impulsado por la suba de alimentos (un alza de casi 6% en el mes) y los precios Estacionales crecieron solo 1,9% i.a.

¿A qué respondió la aceleración de la inflación?

En primer lugar, cabe destacar que, aunque el tipo de cambio creció casi 6% durante el mes cerrando en torno a 39 ARS/USD, no alcanzó a los niveles de septiembre pasado (41 ARS/USD), de modo que su impacto fue acotado durante febrero.

En este marco, adquiere relevancia la inercia inflacionaria: precios que suben porque otros precios subieron antes en pos de no quedar atrasados frente al Nivel General. En este sentido, resalta la dinámica de la carne vacuna, que como consecuencia de los aumentos en el precio mayorista, registró un incremento en los precios al consumidor de hasta 15% -dependiendo del corte-, cuando en el último cuatrimestre del año pasado había acumulado un alza cercana al 5%. En la misma línea, la continuidad en el recorte de subsidios económicos implicó un nuevo ajuste mensual de tarifas (el rubro Vivienda, agua, electricidad y gas escaló 6,4% en el mes), que al ser un costo de central de la mayoría de los bienes y servicios tuvo un efecto considerable de segunda ronda.

Por último, las actualizaciones salariales producto de las cláusulas de recomposición que se vienen activando desde diciembre pasado también agregaron presiones a la inflación.

¿Qué pasará en los próximos meses?

Al comienzo de marzo, el tipo de cambio superó los niveles de septiembre pasado. Si bien este nuevo “récord” podría generar nuevos aumentos, por el momento estos serían acotados producto de la volatilidad que reviste el mercado cambiario y una demanda deprimida. Sin embargo, la mayor inercia inflacionaria eleva el riesgo que los agentes sobrereaccionen ante estas situaciones, por miedo a quedar retrasados.

Asimismo, ya hay pautadas subas de tarifas de Servicios Públicos para marzo (electricidad y transporte) y abril (gas) además de otros precios Regulados (colegios privados y prepagas). Como resultado, la inflación no cedería de manera significativa durante marzo y abril –cuando empiecen a cerrarse las negociaciones paritarias de este año-, y la suba de precios acumularía alrededor de 15% en el primer cuatrimestre del año.

En los meses posteriores, las presiones cambiarias podrían intensificarse, lo que apuntalaría las presiones por este lado. Sin embargo, las tarifas también ingresarían en su “período electoral”, aunque en este caso irían en el sentido opuesto a la divisa y permanecerían estables. En consecuencia, se cambiaría un factor por otro, de modo que la inflación no se desaceleraría sensiblemente. Como resultado, proyectamos una suba de precios superior a 35% para el acumulado anual.

Los drivers pasan pero la inflación queda

La inflación se aceleró en febrero, ¿hasta cuándo seguirá alta?

En octubre del año pasado, el Banco Central endureció su política monetaria y, como respuesta, la tasa de interés se disparó a más de 70% De esta forma, el tipo de cambio cayó en términos nominales y dio lugar a un proceso de gradual desaceleración de la inflación. Sin embargo, la inercia de este proceso provocó que la contracción fuera lenta, y la inflación mensual no retornó a los niveles previos a la crisis cambiaria (en torno a 2%). Sin embargo, en 2019, y aun sin mediar una nueva escalada cambiaria, la tendencia a la baja de la inflación se interrumpió: conforme al IPC Nacional que elabora el INDEC, la inflación pasó de 2,6% mensual en diciembre de 2018 a 2,9% en enero de este año, a la par que se ubicaría en torno a 3,2% en febrero según el REM que publica el BCRA (según los datos ya cerrados del IPC GBA Ecolatina, el resultado de febrero fue de 3,7% mensual).

La aceleración de la inflación respondió a varios factores. En primer lugar, producto de una demanda que permanece deprimida y contratos que permanecen cerrados -sin posibilidad de actualizarse de manera inmediata-, el traslado a precios de los saltos del dólar de 2018 es progresivo. Además, a lo largo del primer bimestre se cerraron ciertas actualizaciones de paritarias, por cláusulas gatillo y recomposición de las negociaciones del año pasado. A esta dinámica se sumó el ajuste de tarifas de Servicios Públicos y el aumento cercano al 40% en el precio mayorista de la carne, con un efecto tanto en su precio minorista como en los de bienes sustitutos (pollo, cerdo, etc.).

Dado que no persistirán a lo largo del año, vale hacer foco en los últimos dos “motores”. Respecto de las tarifas, sus ajustes tendrán un importante componente estacional en la primera mitad del 2019: en pos de alejar lo máximo posible las subas de las elecciones, los precios Regulados acumularían un alza cercana a 30% durante el primer cuatrimestre de 2019, a la par que treparían cerca de 10% en el resto del año. Por su parte, el precio mayorista de la carne vacuna se disparó por factores de oferta (ciclo del ganado vacuno) y demanda. En consecuencia, ambos drivers deberían atenuarse con el correr de los meses.

En este sentido, aunque la inflación seguirá elevada en todo 2019, irá cediendo a medida que los efectos de la crisi cambiaria de 2018 se diluya. A modo de ejemplo, mientras que la suba precios acumularía alrededor de 16,5% en el primer semestre según el REM que publica el Banco Central, rondaría 14% en la segunda parte del año. De esta forma, totalizaría 32% en el año, marcando una desaceleración significativa respecto a 2018 (casi 48%).

Comportamiento de precios diverso según canal y región

Uno de los efectos más adversos de la inflación es que genera incertidumbre sobre el curso futuro de los precios relativos, minando a la inversión ya que no se sabe qué bienes y servicios serán los más rentables en el futuro. Sin embargo, otra consecuencia tan perjudicial de la inflación como la primera, pero menos reconocida, es la dispersión de precios: las dinámicas de cada producto, canal, marca y región divergen entre sí. Veamos entonces qué viene pasando en esta materia en los últimos meses. Para realizar un seguimiento de la evolución de los precios en distintos canales de venta, se elaboró una canasta de productos que se venden tanto en supermercados minoristas como mayoristas. La cesta incluye diversos alimentos, bebidas (alcohólicas y no alcohólicas), productos de higiene personal y de limpieza.

El resultado de nuestros relevamientos indica que los precios en los supermercados aumentaron por encima de los mayoristas hasta mediados del año pasado. Sin embargo, desde junio del año pasado, motivado por los sucesivos saltos cambiarios, los segundos elevaron significativamente su ritmo de aumentos. A contramano, los supermercados, producto de la caída de las ventas, no pudieron trasladar estos incrementos con tanta facilidad al consumidor minorista. Como resultado, se revirtió el encarecimiento relativo que estaban exhibiendo respecto al canal mayorista.

Por otra parte, la elevada nominalidad argentina no solo causa comportamientos diversos en cuanto a la remarcación de precios: también genera una mayor dispersión. La volatilidad dificulta al comprador recordar y comparar precios, dejándolo sin valores de referencia. De esta forma, producto de menor información para la toma de decisiones, tiende a convalidar precios más elevados.

Un modo de analizar esta dispersión es considerando la ubicación geográfica de los puntos de ventas. Esta diferencia se observa al comparar los precios medios de productos en supermercados situados en la zona sur y en la zona norte del GBA, tal como da cuenta el próximo gráfico. Si el precio promedio para un mismo producto fuera igual en ambas zonas, tendríamos un punto sobre la línea central del gráfico; sin embargo, vemos que muchos no coinciden con esta línea. La mayoría (señalados en rojo) se encuentran por encima, indicando que el precio promedio del producto es mayor en el norte que en el sur, aunque con unos pocos (verdes) sucede lo contrario.​

En promedio, los bienes relevados son 2,8% más baratos en la zona sur de GBA respecto a la zona norte también del GBA. Sin embargo, estas diferencias no son iguales para todos los rubros. Mientras que los artículos de tocador y utensilios de limpieza son hasta 6,6% más baratos en comparación, las frutas y carnes son levemente más caras.

Esto da cuenta de que aquellos bienes de primera necesidad (frutas, verduras, carnes, bebidas no alcohólicas, lácteos, etc.) tienen una dispersión menor que bienes menos indispensables (productos no alimenticios, pero también condimentos y dulces). Dadas las diferencias socio-económicas entre ambas zonas, se podría inferir que los bienes más básicos poseen una menor dispersión en sus precios, producto de una demanda menos sensible al precio. A contramano, los bienes menos necesarios son más consumidos solo si son más baratos, de modo que su precio es menor donde la demanda es más débil.

Volviendo al punto inicial, si en los próximos meses la elevada inflación tiene detrás un significativo aumento en el precio de los alimentos (impulsados por la carne), se reforzaría esta dinámica y se profundizaría el deterioro de la situación de los sectores de menores ingresos (gastan una mayor porción del ingreso en esos bienes). A contramano, si los drivers son los productos de mayor elasticidad-precio, su efecto no sólo se sentirá menos en los barrios bajos por razones de consumo, sino también por motivos geográficos.

La inflación se aceleró a 3,7% en febrero

El Índice de Precios al Consumidor Ecolatina de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y del Gran Buenos Aires creció 3,7% en el segundo mes del año. Así, mostró un alza de 50,4% respecto al mismo período de 2018 y acumula una variación de 6,5% en lo que va del año.

Durante febrero, a pesar de la estabilidad cambiaria y la rígida política monetaria del BCRA, la inflación se aceleró (en enero había exhibido una suba de 2,6%), cortando con una racha de 4 meses consecutivos a la baja. El motivo de la aceleración del IPC GBA Ecolatina fue el impulso de algunos capítulos que, sumados a un piso elevado por efecto de la inercia inflacionaria, dinamizaron el índice. Estos rubros fueron Vivienda y servicios básicos, por el aumento en la tarifa de electricidad, Atención médica y gastos para la salud, debido a aumentos en los servicios de medicina prepaga y a subas en los precios de medicamentos, y Alimentos y bebidas, por la suba en el precio mayorista de la carne. Estos capítulos incluyen tanto precios regulados por el Gobierno, que tiene intención de concentrar los aumentos del 2019 antes del inicio del período electoral, como movimientos propios del sector privado, motivados por dinámicas sectoriales particulares.

En los próximos meses habrá nuevas subas de Regulados (por aumentos en las tarifas de electricidad, gas y agua y alzas en los precios de la nafta, el transporte público y el teléfono). De esta forma, la inflación persistirá elevada. Por el contrario, durante el segundo semestre, la dinámica de los precios obedecerá mucho más a los movimientos del dólar que a las decisiones gubernamentales.

A la inercia inflacionaria se le suma el salto del precio de la carne

Como un “déjà vu”, el presidente Macri volvió a realizar una declaración desafortunada en materia inflacionaria. El miércoles 13 de febrero, afirmó en una entrevista radial que la inflación estaba bajando. Un día después el INDEC dio a conocer el IPC Nacional de Enero 2019 que mostraba una leve aceleración de la inflación (tanto del Nivel General como del componente Núcleo).

Más preocupante que el fallido, es que la inflación de febrero muestra una nueva aceleración: podría superar 3,5% producto del alza de tarifas y un nuevo salto del precio de la carne vacuna. Este complejo comienzo del año en materia inflacionaria ratifica nuestras proyecciones de inflación en torno al 35%, rectifica las estimaciones del mercado (el último REM del BCRA arrojó una inflación apenas por debajo del 30% para este año) y da por tierra la previsión oficial de suba de precios del 23% plasmada en el Presupuesto 2019.

Las autoridades económicas de Cambiemos han cometido varios errores en el frente inflacionario. Inicialmente, pensaron que los precios de los bienes y servicios de la economía habían ajustado al valor del dólar blue. La aceleración inflacionaria post liberación del cepo cambiario demostró que los precios seguían mayormente atados  a la cotización del tipo de cambio oficial.

Luego, minimizaron el impacto del alza de las tarifas de servicios públicos, argumentando que por la restricción presupuestaria, las familias iban a consumir menos de otros bienes y servicios, generando presiones deflacionarias en otros precios. La realidad mostró que el impacto inflacionario de la suba de tarifas (especialmente en materia energética) se amplifica porque al impacto directo en el IPC se le suma el efecto indirecto del alza de costos de producción de las empresas.

Sin embargo, el principal error del gobierno fue subestimar el componente inercial del proceso inflacionario. Por caso, implementó un esquema de metas de inflación ambicioso (con la determinación de la tasa de interés como principal herramienta) que sólo había sido exitoso en economías con inflación moderada (un dígito alto, cercano al 10% anual).

Lamentablemente, hace más de diez años que convivimos con una suba de precios alta y persistente (en torno al 30% anual). Y, la suba de precios a una velocidad crucero de 2% mensual, sólo se pudo perforar en períodos (pre-electorales) en que el dólar y las tarifas se congelaron (lo que significó un fuerte atraso en términos reales).

La magnitud del shock cambiario del año pasado, llevó la inflación a un peligroso 50% anual. En estos niveles, la duración de los contratos nominales se recortaron (la mayoría de las paritarias de 2018 se reabrieron a fines del año pasado), hecho que cristaliza la inercia y tiende a acelerar la suba mensual de los precios.

El anuncio de un fuerte ajuste de las tarifas para comienzos de este año y la dificultad de volver a atrasar el tipo de cambio (sólo el FMI está dispuesto a financiar a la argentina en moneda dura y el piso de la zona de intervención tiende a ajustar en línea con la inflación esperada), llevaron a prever a que la inflación rozaría 35% en 2019 (como escribimos junto a Federico Moll aquí).

Llovido sobre mojado

Lamentablemente, este año la suba de precios podría superar el 35% mencionado producto de la aparición de un shock acelerador de la inflación: los precios de la hacienda vacuna treparon casi 40% en lo que va del verano alcanzando la suba del dólar (ver el “catch up” en el gráfico).

Expertos del sector ganadero, afirmaban a principios del 2018 que la sequía también había encarecido significativamente la alimentación del ganado (perdida de pasturas y fuertes subas del precio de la alfalfa y del maíz). Producto de un stock vacuno acotado (fuerte descapitalización tras el cierre de las exportaciones en 2006) y un ciclo ganadero más corto, hubo oferta abundante en 2018 y escasez de animales en los primeros meses del año. Pese a que el precio en Liniers ya equiparó la suba del tipo de cambio acumulada desde abril de 2018 y la demanda interna está deprimida, aún podría quedarle recorrido alcista pues el costo de la alimentación trepó más que el dólar en dicho período y hay demanda por el lado de las exportaciones.

A nivel minorista, el IPC acusaría el impacto en mayor medida en febrero. De hecho, según el IPC GBA Ecolatina, la carne vacuna trepó 3% en enero y más de 10% en la primera quincena de febrero (vs 1er quincena de enero). Además, todavía no se observó un alza en productos sustitutos como el pollo y el cerdo, ni en rubros relacionados como Comidas para llevar. Por ende, esperamos que el alza de la carne vacuna impulse la inflación en Alimentos (y en el Nivel general) este mes y el próximo.

En síntesis, producto del shock de tarifas y de la carne vacuna, esperamos una inflación rozando 10% en el primer trimestre del año. Esto equivale a un ritmo del 3% mensual, por encima de la velocidad crucero de la suba de precios y del ajuste de las bandas cambiarias para los primeros tres meses de año (2% mensual). Esto dilata la recomposición del poder adquisitivo de las familias y condiciona la reactivación.

Por último, vale destacar que el segundo acuerdo alcanzado con el FMI a fines de 2018 logró estabilizar el mercado cambiario, evitando una espiral ascendente dólar-precios. Sin embargo, implementar un plan económico consistente que tenga en cuenta la elevada inercia del proceso inflacionario, será un desafío a abordar en el próximo mandato presidencial.

-Esta nota fue publicada en Ámbito Financiero el 26 de febrero de 2019-