La inflación volvió a ubicarse por encima del 3%

En noviembre, la inflación alcanzó 3,7% según el IPC GBA Ecolatina, ubicándose 0,8 p.p. por debajo de octubre (+4,5%). Así, los precios acumulan una suba de 47,9% en los primeros once meses del año y de 52,2% en los últimos doce meses.

En lo que respecta a las categorías, nuevamente los precios Estacionales fueron los que más crecieron en el mes, al trepar 6,1% debido al salto en frutas y transporte por turismo. En segundo lugar, los precios de la canasta Núcleo subieron 4,1%, mientras que los precios Regulados fueron los más estables al avanzar apenas 2,1%. En este rubro, se destaca una nueva escalada en los cigarrillos y el aumento de las naftas (en ambos casos en torno al 8%), a la vez que las tarifas de servicios y transporte público permanecen congeladas.

El capítulo que más aumentó fue el de Otros bienes y servicios (+6,2%) por la ya mencionada suba en cigarrillos e incrementos en artículo de tocador y belleza. A continuación, levemente por debajo del 5% mensual, se ubicaron los Alimentos y bebidas (por aumentos en carnes, frutas y verduras) y la Atención médica y gastos para la salud (al aumento de 4% de las prepagas se le sumaron subas en medicamentos).

Para los próximos meses, encontramos distintos factores que traccionarán la inflación, haciendo que permanezca por encima del 3%. En primer lugar, a pesar de que el tipo de cambio se mantenga estable por las fuertes regulaciones cambiarias, una potencial brecha con el dólar informal creciente, junto a un aumento de la demanda de bienes ante eventuales mejoras del ingreso en los primeros meses del 2020, otorgarán cierto espacio para una recomposición de los alicaídos márgenes de ganancia. Además, los Regulados, que vienen creciendo por debajo de las otras dos categorías hace seis meses, deberán mostrar cierto dinamismo -los aumentos en combustibles de la últimas semanas vienen en esta línea- para aliviar la carga de los subsidios sobre las cuentas públicas y evitar el inicio de un nuevo período de atraso tarifario. Por último, habrá que prestar especial atención a lo que suceda con el precio de la carne, ya que por motivos estacionales el aumento correspondiente al ajuste cambiario de agosto podría llegar en el verano.

De esta forma, luego de terminar el 2019 en torno al 54%, la inflación de 2020 no será inferior al 45%.

La inflación alcanzaría 3,6% en noviembre

De acuerdo con el IPC GBA Ecolatina, la inflación fue de 3,6% entre la primera mitad de octubre e igual período de noviembre. De esta forma, el ritmo de aumentos se desaceleró 0,6 p.p. respecto a la quincena previa, cuando había alcanzado 4,2%.

A pesar de la estabilidad cambiaria observada en lo que va de noviembre, la inflación se mantuvo elevada por el reacomodamiento de los precios relativos que continúa luego del salto cambiario. En particular, los bienes fueron los que más treparon, dejando atrás a los servicios privados y, por último, a los servicios públicos, que se mantienen congelados.

A nivel de categorías, el IPC Núcleo (+4,1%), más sensible a la dinámica del dólar, siguió creciendo por encima del Nivel General, como se observa desde la primera quincena de agosto. Mientras tanto, los precios Estacionales saltaron más de 7%, debido a aumentos de frutas, verduras y servicios relacionados al turismo. Finalmente, los precios de bienes y servicios Regulados quedaron atrás, subiendo apenas por encima de 1%. El capítulo que mostró un mayor dinamismo fue Alimentos y bebidas (liderado por frutas, verduras y carnes), seguido de Esparcimiento (apertura en que se destacaron el turismo y los servicios de entretenimiento).

Adicionalmente, esperamos que la inflación se mantenga en torno a estos niveles en lo que resta del mes, finalizando en torno a 3,6%. debido al nuevo aumento de combustibles (que también impacta en los costos logísticos) y la presencia de ajustes ante un posible acuerdo de precios. De esta forma, y a falta de solo un mes para concluir el año, la inflación acumularía 47,6% en los primeros once meses del 2019. En diciembre, los aumentos no bajarían del 3% mensual, por lo que la inflación anual rondará el 53% en 2019.

 

La inflación continúa elevada

En octubre, la inflación alcanzó 4,5% según el IPC GBA Ecolatina. Si bien este dato muestra una desaceleración respecto al pico alcanzado en septiembre (cuando los precios treparon 5,5%), se mantiene todavía en niveles elevados. De hecho, los precios acumularon un alza de 42,6% en los primeros diez meses del año y de 51,6% con respecto a igual mes del 2018.

La categoría que más creció en el mes fue la de precios Estacionales, que treparon 5,1%, seguidos de cerca por los precios de la canasta Núcleo, que subieron 4,9%. Por su parte, los precios Regulados avanzaron apenas 3,2%, ya que, pese al congelamiento de las tarifas de servicios públicos, se registraron incrementos en el servicio telefónico, prepagas y cigarrillos y hubo un arrastre estadístico del aumento de combustibles del mes previo. Así, quedaron rezagados respecto a las otros dos grupos por quinto mes consecutivo.

El rubro que más aumentó fue el de Otros bienes y servicios (+6,9%) por el alza en Cigarrillos y Artículos de tocador y belleza, mientras que en segundo lugar se ubicó Indumentaria (+5,7%). Por su parte, los Alimentos y Bebidas crecieron levemente por debajo del Nivel General, al subir 4,3% en el mes. Dentro de este capítulo se observó una fuerte aceleración en la segunda mitad del mes, mostrando el traspaso del aumento del dólar oficial a los precios al consumidor, y a un comportamiento de cobertura de las empresas del sector, anticipándose a un posible congelamiento de precios.

La suba de las naftas y prepagas, junto con el reacomodamiento de los precios relativos, impulsarán los aumentos en noviembre y diciembre, haciendo que el Nivel General de precios finalice el año en torno a 54-55%. El inicio del año próximo, en la medida en que se descongelen las tarifas, se revierta la quita del IVA a alimentos y crezcan los salarios, la inflación permanecerá elevada.

La eterna relatividad del sistema de precios

El camino de ida

A lo largo de la historia, nuestro país se caracterizó por tener una economía volátil e incierta, marcada por una elevada inflación. Este movimiento de precios no fue solo en el nivel general, sino que también implicó cambios hacia el interior del esquema que le imprimieron una inestabilidad constante al set de precios relativos local, generando vaivenes tan bruscos como frecuentes.

Lamentablemente, los últimos años no estuvieron exentos de esta dinámica errática. Por caso, entre 2007 y 2015, los precios de los bienes aventajaron a los de los servicios privados (540% y 470%, respectivamente) y, en ambos casos, ganaron terreno frente a los servicios públicos, que acumularon un alza de “sólo” 280% en el período.

Producto del elevado gasto en subsidios al que conducía esta configuración de precios relativos, el nuevo gobierno se propuso encarar en 2016 un reacomodamiento de precios relativos, virando hacia un esquema que conforme a su concepción sería más sostenible. Veamos cómo le fue.

El segundo camino de ida

Entre 2016 y 2017, las tarifas de Servicios Públicos treparon casi 200%, más que duplicando a la inflación, que acumuló alrededor de 80% en el período. De esta forma, se recompuso, parcialmente, su precio relativo. Sin embargo, el tipo de cambio avanzó menos de 60%, de modo que continuó atrasándose.

Esta dinámica, en conjunto con la apertura comercial y una demanda interna en crecimiento, llevaron al rojo de cuenta corriente a casi 5% del PBI en 2017. En consecuencia, nuestro país necesitaba conseguir financiamiento en dólares por estos montos, algo que ex post no se logró.

Como resultado, el dólar fue el gran ganador de la carrera nominal de 2018 y 2019 (+220% a lo largo del año pasado y hasta septiembre de 2019), lo que achicó, vía encarecimiento de bienes y servicios importados y un ajuste significativo del nivel de actividad, el déficit de cuenta corriente de nuestro país, llevándolo un terreno más sostenible (menos de 2% del PBI).

Por su parte, las tarifas de Servicios Públicos subieron alrededor de 115% en el período quedando rezagadas frente al tipo de cambio. Sin embargo, no sucedió lo mismo con la inflación general, que acumuló 100% en este lapso (los perdedores de estos últimos dos años fueron los salarios, y sus menores presiones permitieron contener los aumentos generales de precios), de modo que ambos componentes se revalorizaron en términos relativos.

Ahora bien, aunque la suba de tarifas superó a la inflación general en el acumulado que va desde enero de 2018 a septiembre de 2019, no pasa lo mismo al separar entre años: mientras que en 2018 el salto fue de 60%, frente a una inflación que rondó el 50%, permitiendo así relajar el gasto en subsidios, en 2019 las mismas quedaron rezagadas frente a sus costos dolarizados, y esta diferencia seguirá incrementándose en los próximos meses ya que las tarifas permanecerán congeladas.

Siguiendo esta dinámica, el gasto en subsidios crecería en los próximos meses. Pero, ¿hasta dónde puede hacerlo, en este contexto de fuentes de financiamiento tan acotadas como escasas? En este sentido, es probable que haya que realizar nuevas correcciones en este frente a principios de 2020. Resultado de toda esta evolución, podemos afirmar dos cosas: el proceso de reacomodamiento de precios relativos no dará respiro al inicio del próximo gobierno y la inflación seguirá elevada (es decir, por encima del 3% mensual) por lo menos, durante el primer trimestre del año que viene. Por lo tanto, 2020 nos enfrentará a un nuevo camino de ida. Esperemos que esta vez encontremos la llegada.

La inflación alcanzaría 4,5% en octubre

Según el IPC GBA Ecolatina, la inflación fue de 4,7% entre la primera quincena de octubre e igual período de septiembre. De esta manera, en los sesenta días posteriores al salto cambiario post-PASO, los precios exhibieron un avance de casi 12%, magnitud levemente inferior a la registrada en los dos meses posteriores a la suba del dólar de fines de agosto de 2018, cuando el avance de los precios fue de 12,7%.

De hecho, el IPC Núcleo, que excluye en el cálculo los bienes y servicios Regulados y Estacionales, y por lo tanto es más sensible a los vaivenes cambiarios, creció 5% en el período y 13,7% tras las PASO, un avance 1,5 p.p. mayor al de los sesenta días posteriores al salto cambiario del año pasado. Esto sugiere una adaptación más rápida del sistema de precios ante shock externo de magnitud.

 

En el período bajo análisis, los capítulos que mostraron un mayor dinamismo fueron Transporte y comunicaciones (debido a los incrementos en seguros, comustibles y teléfono), Equipamiento y mantenimiento del hogar (aumentos en electrodomésticos y artículos de limpieza), Otros bienes y servicios (cigarrillos y artículos de tocador) e Indumentaria (inicio de la nueva temporada de verano).

En lo que respecta a la totalidad de octubre, prevemos que la suba de precios se ubique en la zona del 4,5%. En este sentido, incluso en un contexto de estabilidad cambiaria en los próximos meses, la desaceleración de la inflación será lenta. Esto se debe a que todavía tendrán lugar cambios en precios relativos como consecuencia del reciente salto cambiario, a la vez que los ajustes salariales -vía bono o paritarias- también ejercerán presiones sobre los costos. Por otro lado, la incertidumbre acerca de las medidas a tomar por el próximo gobierno también podría jugar un rol entre octubre y noviembre: si se espera un congelamiento de precios, es probable que se den aumentos anticipándose a una política de este tipo en los próximos meses.

Por lo tanto, en el último trimestre la inflación mensual no sería inferior al 3%, dándole un piso de 53% a la inflación anual.

La inflación rozó 6% en septiembre ¿lo peor ya pasó?

¿Cómo fue la inflación en septiembre?

El INDEC anunció que la inflación nacional alcanzó 5,9% en septiembre, 1,9 p.p. por encima de agosto. De esta forma, la inflación acumula 37,7% en lo que va del año y 53,5% en los últimos doce meses.

A diferencia de lo que sucedió el mes pasado, la categoría que más creció durante septiembre fue Estacionales (+8,5%) como resultado de significativos aumentos en indumentaria (inicio de la temporada de verano) y verduras. Por su parte, el IPC Núcleo, que excluye en su cálculo precios Regulados y Estacionales y por lo tanto,es más sensible a los vaivenes cambiarios, trepó 6,4% (acelerándose 1,8 p.p. en relación al mes pasado). Por último, los precios Regulados subieron 3,4%, contenido por el congelamiento tarifario anunciado por el gobierno.

¿Qué pasó en los últimos dos meses?

Tras este dato, durante el bimestre agosto-septiembre la inflación trepó a los dos dígitos (+10%), incluso considerando que el salto cambiario tras las PASO afectó solamente a la segunda mitad del mes. No es casualidad que la última vez que esto había ocurrido fue luego del salto cambiario de fines de agosto de 2018 (la inflación superó 12% en los dos meses posteriores), debido al significativo impacto del tipo de cambio en el sistema de precios.

Si bien la dinámicas cambiaras fueron similares en ambos casos, existen algunas diferencias. En primer lugar, el año pasado la depreciación del Peso se dio en un momento en el que se estaban corrigiendo tarifas, lo que también impulsó la inflación. Por otra parte, hay que recordar que durante la primera mitad de agosto la inflación se movía en línea con la desaceleración de los meses previos (en torno al 2% mensual).

En consecuencia, pese a la ausencia de incrementos tarifarios y al hecho que la aceleración inflacionaria de agosto-septiembre está más vinculada a lo que sucedió luego de las PASO, el dinamismo de los precios fue similar. Esto fortalece la idea de que el sistema de precios se está volviendo más vulnerable a shocks externos, con precios que se ajustan a una mayor velocidad. Resta agregar que la profundización de la crisis habría impedido que los precios sean superiores en estas últimas semanas.

¿Qué esperamos para los próximos meses?

 

De no mediar nuevos saltos cambiarios, prevemos que la desaceleración de la inflación sea lenta. Esto se debe a que todavía tendrán lugar cambios en precios relativos como consecuencia del reciente salto cambiario. Adicionalmente, los ajustes salariales -vía bono o paritarias- también ejercerán presiones sobre los costos. Esto llevará a optar por trasladarlos a precios o bien absorberlos, lo que parece cada vez menos probable en una estructura de costos crecientes con elevado costo de financiamiento. Por otro lado, la incertidumbre acerca de las medidas a tomar por el próximo gobierno también podría jugar un rol entre octubre y noviembre. Por caso, si se espera un congelamiento de precios, es probable que se den aumentos anticipándose a una política de este tipo en los próximos meses.

En definitiva, en el último trimestre la inflación mensual no perforaría el 3%, dándole un piso de 52-53% a la inflación anual. Así, 2019 marcará un nuevo récord de nominalidad desde el inicio de la Convertibilidad en 1991.

El balance fiscal choca con la desinflación

El gasto público será una preocupación para el próximo gobierno

Tras el acuerdo con el FMI, el Gobierno redobló sus esfuerzos en ajustar las cuentas públicas. De esta forma, se planteó una exigente meta de equilibrio fiscal primario para 2019, consistente con la eliminación del financiamiento del BCRA al Tesoro y un crecimiento nulo de la base monetaria. Sin embargo, la profundización de la crisis tras las PASO, que erosionó la recaudación por enfriamiento de la actividad, y las políticas orientadas a apuntalar el consumo en un contexto de caída de los ingresos reales deterioraron el balance primario de Hacienda. Esto impidió alcanzar la meta de equilibrio fiscal incluso considerando los ajustadores acordados con el FMI (el año finalizará con un rojo operativo en torno al 0,7% del PBI).

Mirando hacia 2020, el Gobierno entrante contará con pocos grados de libertad para elegir su política fiscal: con los mercados privados de crédito cerrados, una negociación con el Fondo pendiente y una baja demanda de pesos, difícilmente podrá recurrir al endeudamiento y la emisión para relajar su restricción de presupuesto. En consecuencia, deberá achicar nuevamente el déficit.

Si bien creemos que se utilizará el aumento de ingresos para achicar el rojo operativo, como por ejemplo mediante una suba de las retenciones o un incremento en el impuesto a los bienes personales (representa apenas 0,4% de la recaudación tributaria nacional), esto no será suficiente. Resultará también necesario atender la dinámica de algunos gastos para que su evolución no se convierta en un peso que el Estado no pueda afrontar. Considerando que las erogaciones en jubilaciones, asignaciones y pensiones son inflexibles -estas partidas se actualizan automáticamente por inflación siempre que no se realice un cambio en la fórmula de cálculo de movilidad- y que la obra pública ya se encuentra en niveles muy bajos -pasó de 2% del PBI en 2016 a la mitad en 2019-, los subsidios económicos, que actualmente representan en torno a 2% del PBI, surgen como una variable clave para el rumbo de las finanzas públicas.

Dos de cada tres pesos que salen por esta partida corresponden a subsidios energéticos, que pagan parte del costo de generación, transporte y distribución de electricidad y de la extracción e importación de gas. Por este motivo, la decisión que se tome sobre este gasto no será neutral en términos de precios. Además, una política que impulse la inflación evitaría que se incremente el gasto en jubilaciones y asignaciones, ya que una desaceleración de los precios impulsaría el peso de las prestaciones sociales. El problema entonces, es que la consolidación fiscal y el ataque a la inflación son objetivos contrapuestos.

El dilema del próximo gobierno

Una de las características de la gestión de Cambiemos fue el esfuerzo por una paulatina eliminación del atraso tarifario. En los últimos cuatro años, tuvo lugar una importante recomposición del precio relativo de los Servicios Públicos, que crecieron por encima de la inflación y pasaron a representar una mayor porción de los gastos de las familias.

A pesar de esta dinámica, al haberse “dolarizado” los contratos con las empresas proveedoras de tales servicios, el salto en el tipo de cambio implica que el Estado sigue aumenta las tarifas o continúa haciéndose cargo de una parte significativa del costo de la energía.

Además, tras el ajuste del primer semestre del año, el gobierno suspendió la actualización tarifaria en la segunda mitad de 2019 con el afán de pronunciar la desaceleración de la inflación en la previa electoral. Esto incrementó la brecha cubierta por Hacienda. A modo de ejemplo, tras el reciente salto cambiario, los costos medios de generación eléctrica saltaron 35%, en tanto que el precio afrontado por los consumidores permaneció sin modificaciones.

Siguiendo el cronograma de aumentos vigente -que pauta una suba por semestre-, el próximo gobierno tendrá que enfrentar el dilema de validar fuertes aumentos tarifarios -correspondientes a este semestre y al próximo-, o bien incrementar el gasto en los subsidios económicos. Bajo el primer escenario, se encarecerían las tarifas a pagar por los hogares y los costos de producción de algunos otros bienes y servicios, ya que algunos usuarios no residenciales también fueron alcanzados por el congelamiento. En suma, esto ubicará la inflación a la zona de 4% mensual durante los primeros meses del 2020, incluso en un contexto de estabilidad cambiaria. En caso contrario, sostener el congelamiento implica reiniciar una dinámica de atraso tarifario -financiado con emisión- lejos de las elecciones legislativas de 2021.

La decisión final también dependerá de factores ajenos a la voluntad del gobierno entrante. Por caso, la aparición de financiamiento externo -por ejemplo, a través de China- o un reencauzamiento de las relaciones con el FMI podrían permitir una política fiscal algo más laxa en lo inmediato. Por otra parte, la formalización de un acuerdo precios-salarios que involucre a los empresarios y a los sindicatos podría modificar la dinámica inflacionaria en general y tarifaria en particular durante los primeros meses de la gestión.

Inflación hoy o mañana

En conclusión, al poco tiempo de asumir el próximo gobierno se presentará ante el desafío de reconocer una mayor inflación, con los elevados costos sociales y políticos que esto implica, u optar por aumentar los subsidios económicos, alimentando el desbalance fiscal. La solución a este dilema deberá darse en el marco de un plan económico integral, que abarque objetivos acerca de la deuda pública, los precios y el crecimiento.

Sin embargo, la posibilidad de contener la inflación “pisando” las tarifas sólo será válida en lo inmediato: un atraso significativo no es sostenible fiscalmente. Si se mantuvieran fijados los precios del gas y la electricidad hasta las elecciones legislativas de 2021, el peso de estos en la canasta de consumo de los hogares volvería al nivel posterior a los primeros aumentos de 2016, desandando gran parte de la recomposición realizada por la actual administración. Como resultado, el costo de los subsidios crecería rápidamente, engrosando un gasto que nadie está dispuesto a financiar y, por lo tanto, gestando una nueva corrección que tendrá lugar más temprano que tarde. De esta manera, la dicotomía se reduce a cuándo y en conjunción con qué políticas aumentarán los servicios públicos.

 

La inflación superará el 5% en septiembre

Según el IPC GBA Ecolatina, la inflación fue de 6,7% entre la primera quincena de septiembre e igual período de agosto. De esta manera, en los treinta días posteriores al salto cambiario post-PASO, la dinámica inflacionaria fue similar al registrado en el mismo lapso temporal tras la suba del dólar de fines de agosto de 2018, cuando el avance de los precios fue de 6,9%.

Sin embargo, durante la aceleración inflacionaria del año pasado también tuvieron lugar correcciones tarifarias. Esto explica parte de la discrepancia del IPC Núcleo. Teniendo en cuenta los treinta días posteriores al shock cambiario, este indicador llegó a 8,3% en la primera quincena de septiembre de este año, cuando alcanzó 7,6% en la segunda mitad de septiembre pasado.

Los capítulos que más sufrieron el stress cambiario fueron Equipamiento y mantenimiento del hogar (+12,8%), Indumentaria (+10,6%, también afectado por el inicio de la temporada) y Esparcimiento (+10,4%). El capítulo más importante del índice, Alimentos y Bebidas, arrojó un aumento fue de 7,3%. Tal como se había observado al cierre de agosto, los supermercados mostraron caída en los precios de los productos sin IVA, mientras que en el canal tradicional (autoservicios, almacenes, supermercados de barrio), los aumentos fueron muy significativos.

Estimamos que la inflación se ubique en 5,6%. Esta dinámica será la consecuencia de una desaceleración en el crecimiento de los precios en la segunda quincena del mes, la cual se podría extender al último trimestre del año en tanto prevalezca la estabilidad cambiaria. Incluso de cumplirse este supuesto, esperamos que la inflación anual supere el 50% en 2019.

No se desinfla más

¿Cómo fue la inflación en agosto?

El INDEC anunció el día de hoy que la inflación nacional alcanzó 4,0% en el octavo mes del año. Así, el IPC Nacional interrumpió su sendero descendente, ya que este registro se ubicó 1,8 p.p. por encima del 2,2% de inflación de julio. Luego de 4 meses de calma cambiaria, el reciente salto del dólar terminó con la desinflación iniciada en abril. De esta forma, el aumento de los precios alcanzó 30,0% en lo que va del año y acumula 54,5% desde agosto del año pasado.

La categoría más afectada por la depreciación fue el IPC Núcleo, donde se ubican los bienes y servicios más sensibles a los movimientos cambiarios. Esta canasta de precios trepó 4,6% (acelerándose 2,5 p.p.), a pesar de la eliminación del IVA a algunos productos de la canasta básica. Por el contrario, los precios Regulados variaron apenas 2,1%, contenidos por el congelamiento de tarifas, naftas y transporte público. Por último, los precios Estacionales subieron 3,9% por el alza en frutas y verduras.

¿Concluyó el traspaso a precios del salto del dólar?

En momentos de elevada volatilidad, nunca está de más recordar que los índices se elaboran como promedio de los precios en distintos momentos del mes. De esta forma, como la depreciación tuvo lugar a mediados de agosto, el rebrote inflacionario no se vio reflejado plenamente en el dato mensual. Por caso, el IPC GBA Ecolatina registró que los precios aumentaron apenas 2% mensual durante la primera quincena del mes, pero este ritmo se aceleró en la segunda parte de agosto hasta la zona del 6%. De esta manera, los precios al comienzo de septiembre fueron muy superiores a aquellos de los primeros días de agosto, lo que pone un piso elevado a la inflación para este mes.

Además, a pesar de que muchos bienes y servicios no tienen costos directamente influidos por la suba del dólar, la experiencia del año pasado aceitó los mecanismos de ajustes de precios, generando comportamientos precautorios y subas por cobertura. Por estos motivos, septiembre exhibirá una inflación de, por lo menos, 5%. Con ese dato, la inflación acumulada del bimestre agosto-septiembre rondará el 10%.

¿Qué se puede esperar para el cierre de 2019?

Luego de que la cotización del dólar saltara en los días posteriores a las PASO, la divisa pareciera haber encontrado una nueva estabilidad por debajo de los ARS/USD 60. A pesar de configurar un equilibrio frágil, este nivel representa un tipo de cambio real competitivo y está apuntalado por los controles cambiarios (que le quitan presión a la demanda de divisas) y las ventas esporádicas del BCRA (que brindan fluidez a la oferta). Si no hubiera nuevas disrupciones cambiarias, los aumentos en el último trimestre tendrán su origen en el acomodamiento de precios relativos que sigue a cada salto del dólar. En particular, los trabajadores reclamarán subas salariales que compensen la pérdida de poder adquisitivo que causa la depreciación. Estos movimientos harán que la desinflación sea lenta, aun en un contexto de congelamiento tarifario. Por esto, en el último trimestre los aumentos no perforarían el 3%, dándole un piso de 50% a la inflación anual. Así, 2019 marcará un nuevo récord de nominalidad desde el inicio de la convertibilidad en 1991.

El impacto en precios de la eliminación del IVA

¿Por qué se tomó la medida?

Luego de la derrota electoral sufrida el 11 de agosto el gobierno decidió instrumentar un paquete de medidas. Reducción de impuestos laborales para empleados en relación de dependencia y monotributistas, aumento de transferencias sociales, ayuda para familias con créditos UVA y reducción de IVA a productos de la canasta básica fueron pilares importantes de este paquete de ayuda. Nadie entendió que este set de medidas fuera suficiente para compensar la caída de ingresos reales que comenzó luego de las elecciones primarias y continuará durante los próximos meses, pero algunos fueron un poco más allá.
Preocupados por el efecto fiscal sobre la Nación y especialmente las provincias y convencidos de que la quita del IVA no tendría efectos sobre los precios a los que se venderían los productos, distintos voceros y sectores sociales hicieron foco en la ineficacia de este tipo de medidas y la posibilidad de que los precios afectados por la quita del IVA no bajaran. La idea de que el relevante esfuerzo fiscal asociado no hiciera otra cosa que darle aire a los comercios sin mejorar la situación del electorado fue vista como una señal de alerta. Tres semanas después de que la medida se instrumentara estamos en condiciones de analizar el efecto que efectivamente tuvo sobre el nivel de precios.

¿Tuvo efecto?

Desde hace más de una década Ecolatina realiza un IPC propio. A partir de los precios que lo componen podemos analizar el comportamiento de un amplio set de productos. Tomemos los bienes de consumo masivo (alimentos y bebidas, artículos para el hogar y artículos de cuidado personal) vendidos en cadenas de supermercados. El promedio simple de variaciones para este set de productos entre la primera quincena de julio y mismo periodo de agosto fue 1,3%, claramente por debajo del periodo pasado (se observaba un lento proceso de desinflación). Recordemos que la primera parte de agosto mostraba una inflación cercana al 2% en un contexto de calma cambiaria. El resultado de las elecciones cambió este panorama. Durante la segunda quincena de agosto estos precios crecieron 5,2% en promedio, pero ¿qué pasó con los precios alcanzados con la quita del IVA?
En el siguiente gráfico podemos ver la variación de precios de distintos grupos de productos. En verde están marcados aquellos a los que el gobierno les quitó el IVA. Se puede ver también la variación que esos grupos mostraron durante la primer quincena. Se observa que de los diez grupos que mostraron deflación durante la segunda quincena del mes nueve responden a aquellos beneficiados por la quita del IVA. Al mismo tiempo, prácticamente todos los grupos que desaceleraron su variación respecto a la primer quincena fueron grupos alcanzados por la medida, mientras que el resto se aceleró. Dentro de aquellos afectados solo harina de trigo y yogur muestran aumentos significativos. En el primer caso, el salto cambiario arrastró al precio del trigo (bien dolarizado) y por lo tanto de la harina, es por esto que el aumento, si bien significativo, es menor al que se hubiera registrado si la medida no se hubiera llevado adelante.

Si tomamos el promedio de variaciones entre aquellos grupos afectados por la medida el efecto es todavía más claro. Mientras que los primeros registraron una deflación promedio de casi un punto porcentual, los segundos sufrieron un crecimiento superior al 7%.

Si bien el impacto de la medida fue positivo en las distintas cadenas de supermercados relevadas, no fue así para el canal tradicional (autoservicios y almacenes). En estos comercios no se observó una reducción en ninguno de los grupos relevados, lo cual implica que estos comercios aprovecharon el crédito fiscal para recomponer márgenes en un contexto de ventas muy deprimidas.
Tengamos en cuenta que la medida se tomó en una quincena en la que el tipo de cambio aumentó más de 20%, por lo que la reducción de precios nominales implicó una importante reducción del precio relativo de estos productos. En este marco, podemos considerar que la medida fue exitosa en su objetivo de compensar parcialmente la degradación de ingresos reales que sufrió buena parte de la población. Dado que la misma se aplicó sobre bienes de primera necesidad que hacen a buena parte de la estructura de consumo de las familias más vulnerables, es necesario plantear la posibilidad de continuar con la misma en la medida que el espacio fiscal así lo permita.