Segundo trimestre con desinflación

Según el IPC GBA Ecolatina, la inflación alcanzó el 1,7% en junio, acelerándose 0,2 p.p. respecto al mes anterior. Además, acumuló 5,2% en el segundo trimestre del año -la variación más baja desde el tercer trimestre de 2017- y creció 43,6% en la comparación interanual.

Se destacó la dinámica de Alimentos y bebidas (+0,9%), que exhibió la evolución más baja para el IPC GBA Ecolatina desde septiembre de 2015. Sin embargo, el capítulo acumuló una suba de 17,5% en el primer semestre del año (4 p.p. más que el Nivel general) y de 49,6% respecto al mismo mes del año anterior. Vale aclarar que en la segunda quincena de junio se reincorporó la información de comercios de cercanía (que se habían dejado de relevar en la etapa más estricta de la cuarentena) mejorando la estimación del capítulo.

Por otra parte, la nueva restricción cambiaria implementada por el BCRA a fines de mayo, en la cual se les prohibió a algunas empresas acceder al mercado de divisas oficial para importar bienes, propició significativos aumentos en algunos bienes en junio. En este sentido, el capítulo con mayor dinamismo fue Esparcimiento (+5,4%, 2,8 p.p. más que el mes anterior), donde se destacaron las subas de equipos y elementos electrónicos y juguetes.

En lo que respecta a las categorías, el IPC Core creció 2,1%, acumuló una suba del 15,6% y se ubicó en 49,8% en la comparación interanual, levemente por encima de lo observado en el Nivel general.  Por su parte, el IPC Estacionales creció 1,4% -casi en su totalidad explicado por los aumentos de frutas e indumentaria-, acumuló una suba de 19,1% en los primeros seis meses (5,5 p.p. por encima del Nivel general) y creció 64,6% i.a. Por último, el IPC Regulados fue la categoría que siguió mostrando la menor evolución (+0,6%), acumulando únicamente 6,4% en el primer semestre del año junto a un aumento del 23,3% i.a.

¿Qué proyectamos?

Con tarifas congeladas en lo que queda del año y paritarias que no se reanudarán en el corto plazo, el principal driver que explicará la dinámica inflacionaria en el segundo semestre será el tipo de cambio.

Por un lado, la dinámica de la cotización oficial dependerá de en qué cuantía ayuden las nuevas restricciones cambiarias para evitar una depreciación del Peso en el corto plazo. De todas formas, las nuevas restricciones podrían tener un impacto inflacionario, en la medida que las cotizaciones paralelas se tornen más relevantes para tomar decisiones de precios. Por su parte, la dilatación de la renegociación de la deuda podría traer presiones adicionales, por medio de un incremento de la brecha cambiaria que acelere las expectativas de devaluación.

A su vez, aún faltan especificaciones por parte del BCRA sobre qué se hará con el excedente inyectado de liquidez, pero tampoco se sabe cuál será el pass through en el corto plazo, en un contexto de desplome de demanda agregada tan grande y alargamiento de las restricciones a la circulación. En este marco, considerando que podrían existir presiones en lo que queda del año, esperamos que la inflación cierre en torno al 40-45% en 2020.

La inflación se mantendrá por debajo de 2% en junio

El IPC GBA Ecolatina trepó 1,6% entre la primera quincena de Junio y el mismo período de mayo. El acotado incremento de los precios de los alimentos (+0,5%) ayudó a contener la suba de precios en lo que va del mes.

Estimamos que el Índice de Precios al Consumidor Nacional no superará el 2% en junio 2020, acumulando una suba inferior al 5% en el segundo trimestre del año. Este es el menor valor para un trimestre desde el tercer trimestre de 2016, cuando la vuelta atras de los aumentos de gas contuvo el avance del índice.

Como resultado, el nivel de precios acumulará un alza del 13% en el primer semestre del año. La significativa desaceleración de la inflación responde más a la pandemia/cuarentena, que trastocó las decisiones de todos los agentes de la economía, que a la política antiinflacionaria. De hecho, la dificultad para captar la dinámica de muchos precios (especialmente servicios privados) vuelve al índice menos representativo, dejando -posiblemente- “inflación a cuenta” para la nueva normalidad.

Además, si bien se desactivaron presiones inflacionarias vía salarios (por la crisis la prioridad es mantener el empleo, no recomponer salarios) y tarifas de servicios públicos (el incremento de los subsidios económicos tiene un impacto acotado), la creciente emisión para financiar el déficit fiscal incrementó las expectativas de devaluación.

Por último, para evitar un salto del tipo de cambio oficial y preservar las reservas, el BCRA bloqueo el acceso al MULC a algunas empresas a la hora de importar bienes no esenciales, haciendo que la brecha cambiaria sea más relevante a la hora de la formación de precios.

Lorenzo Sigaut Gravina, director de Ecolatina, anticipó que “la desaceleración de la inflación observada en los últimos meses tenderá a revertirse a medida que se levante la cuarentena. El despertar de diversos precios gracias a la finalización de las restricciones, el encarecimiento de costos por los protocolos sanitarios que impone la “nueva normalidad”, la presión cambiaria latente por la creciente emisión para financiar al fisco, la mayor injerencia de la brecha en la formación de precios producto del endurecimiento del cepo y la reanudación de las paritarias, acelerarán la inflación en la segunda mitad del año”.

Ecolatina proyecta una inflación de 45% en 2020.

 

Alimentos y bebidas con la menor dinámica en más de dos años

¿Cómo evolucionó la inflación en mayo?

Según el INDEC, la inflación en mayo fue del 1,5%. De esta manera, acumuló una suba del 11,1% en los primeros cinco meses del año con una variación interanual que se ubicó en 43,4% i.a., la más baja desde septiembre de 2018.

A nivel capítulos, la mayor dinámica se observó en Prendas de vestir y calzado (+7,5%). Esto correspondió a factores estacionales por cambios de temporada, tanto en los comercios que comenzaron a retomar sus actividades como en los que continuaron operando de manera online. A su vez, observamos que la variación fue heterogénea en las distintas regiones: en GBA, por ejemplo, explicó la mitad de la variación del índice. Además, si sacamos la dinámica del capítulo, la inflación se hubiese ubicado en la zona del 1%.

Por su parte, la variación de Equipamiento y funcionamiento del hogar (+2,5%) correspondió a la suba de los salarios de trabajadores de casas particulares y de bienes no durables para el hogar. La misma variación mensual registró Recreación y cultura (+2,5%), aunque es un dato poco representativo ya que solo corresponde solo a los precios de bienes y servicios que pudieron operar durante el mes.

Por otro lado, cabe destacar la desaceleración de Alimentos y bebidas no alcohólicas (+0,7%), que alcanzó la variación más baja desde diciembre de 2017. Además, exhibió una disminución de 2,5 p.p. respecto al mes anterior y se ubicó 0,8 p.p. por debajo del Nivel general. Sobresalieron las bajas en frutas, bebidas y carnes que incidieron negativamente en algunas regiones y compensaron las subas de, principalmente, productos lácteos y verduras. La baja significativa es posible relacionarla a la relativa estabilidad del tipo de cambio oficial, sumado a que el capítulo acumulaba cuatro meses con una dinámica por encima del Nivel general, algo que no es sostenible en el tiempo. Por este último motivo, el capítulo acumula una variación interanual de 49,6%, todavía por encima de la inflación (+6,2 p.p.).

 En lo que respecta a las categorías, el IPC Regulados mostró una caída de 0,1% en el mes, producto principalmente de la reducción observada en el capítulo de Educación (-0,4%). Por su parte, el IPC Estacionales mostró una suba del 4,7%, explicado principalmente por la suba de indumentaria. Por último, el IPC Núcleo mostró una variación del 1,6%, 0,1 p.p. por encima del Nivel general.

Dado que en mayo comenzaron a levantarse restricciones en determinadas provincias, y que el INDEC incrementó las modalidades de relevamiento no presencial, fue posible relevar una mayor cantidad de precios respecto a lo observado a abril. En este sentido, fue posible relevar un 96,7% de los informantes abiertos del total de la muestra (en comparación al 77,5% de abril).

¿Qué esperamos?

A partir del mes de junio, muchas provincias entraron en la etapa de distanciamiento social obligatorio, retomando las actividades con estrictos protocolos. En este sentido, prevemos que podríamos observar una dinámica disímil en las distintas regiones, con aumentos más pronunciados en las provincias que se encuentran volviendo a la normalidad.

Por otra parte, el impedimento del BCRA a empresas que poseen activos líquidos en dólares para acceder al mercado oficial para importar bienes, ya está teniendo un impacto en muchos bienes cuyo costo de reposición es incierto. En la medida que esta dinámica se generalice, podría presionar la inflación en junio y los meses venideros.

Teniendo en cuenta las posibles presiones en tipo de cambio producto de una dilatación en la renegociación de la deuda y la falta de precisiones acerca de la intervención de la autoridad monetaria post-cuarentena, prevemos que la inflación se ubicará en la zona del 46% en 2020.

Desaceleración inflacionaria, ¿transitoria o permanente?

En la última década, la inflación se ubicó sistemáticamente por encima del 20% anual, volviéndose parte de la vida cotidiana y anclándose en la formación de expectativas de los agentes económicos. De esta forma, se volvió normal que algunos precios subieran porque otros habían subido antes: aun cuando no hubiera factores puntuales que la explicaran, la inflación persistía. Como resultado, la misma se tornó más resiliente y difícil de desarmar.

Para atenuar esta “inercia inflacionaria”, Alberto Fernández asumió con el objetivo de concertar un acuerdo de precios y salarios que quedó trunco por la pandemia. Sin embargo, la cuarentena funcionó como política antiinflacionaria, aunque de manera poco tradicional y deseable: tras más de dos años, la suba de precios perforó el 2% mensual en abril y mayo. ¿Es sostenible esta nueva dinámica? ¿llegó para quedarse o solo durará lo que las restricciones?

Corresponde analizar los múltiples factores que hacen al proceso inflacionario para encontrar una respuesta. La suba de precios cederá de manera persistente solo si todos estos motores se apagan.

Vayamos primero entonces por aquellos que permiten avizorar cierto optimismo. En este sentido, destacan los precios regulados: tras acumular una suba del 130% entre 2018 y 2019, los mismos treparon cerca de 5% entre enero y mayo de 2020, menos de la mitad que el componente Núcleo del IPC Nacional del INDEC. El derrumbe de los precios del petróleo y la delicada situación social que dejará la cuarentena inducen a pensar que su dinámica seguiría acotada en los próximos meses. Por lo tanto, no tendríamos mayores presiones por esta vía en el corto plazo.

Por otra parte, en un año “normal”, la mayoría de las paritarias tienen lugar entre marzo y junio, sumando presiones adicionales a la inflación, a través de la suba del costo laboral. Sin embargo, por razones obvias, en 2020 no se están llevando a cabo. Más aún, muchos gremios están negociando bajas de salarios o pagos en cuotas a cambio de estabilidad de los puestos de trabajo. En consecuencia, estas presiones todavía no aparecieron.

Aunque el aumento de desempleo y la profundización de la recesión atenuarían las demandas de recomposición del poder adquisitivo de los trabajadores, las actualizaciones salariales probablemente tendrán lugar una vez superada la pandemia. Por lo tanto, la cuarentena pospuso y aminoró las tensiones provenientes del frente salarial, pero no las eliminó.

En otro orden, las restricciones propias del aislamiento y su división entre actividades esenciales y no esenciales alteraron el set de precios relativos. Por caso, la suba de alimentos se ubicó cómodamente por encima del nivel general, a pesar de los precios máximos introducidos por el Ejecutivo. A contramano, rubros como Esparcimiento o Educación, que operan con importantes obstáculos o directamente no lo hacen, quedaron rezagados. Asimismo, rubros como Comunicaciones o Medicamentos mostraron evoluciones negativas en los últimos meses, producto de disposiciones oficiales. Buena parte de estas dinámicas particulares quedarían atrás una vez pasada la cuarentena, por lo que el cambio en el set de precios relativos sería acotado. De hecho, esperamos que los precios de los rubros no esenciales muestren un mayor dinamismo en el segundo semestre, sumando argumentos a favor de una aceleración inflacionaria.

En este sentido, cabe destacar que es probable que la suba de precios del Área Metropolitana de Buenos Aires (IPC GBA) quede rezagada en relación con el resto del país en mayo y junio. La apertura de la cuarentena por regiones provocará que el índice Nacional promedie las situaciones heterogéneas que convivirán en las distintas zonas del país.

Volviendo a los componentes del proceso inflacionario, vale destacar que la cuarentena disparó el gasto primario y desplomó la recaudación del Sector Público Nacional (la dinámica es similar aunque menos intensa a nivel provincial), provocando un mayor rojo fiscal. Dado que los mercados de crédito en pesos y dólares no convalidan un mayor endeudamiento del Tesoro Nacional, éste se está financiando con emisión monetaria. De hecho, la asistencia del Banco Central al Tesoro alcanzó los ARS 740.000 millones en abril y mayo, acumulando casi 3% del PBI. Este exceso de liquidez y la incertidumbre propia de la economía argentina, aumentada por el Coronavirus y la negociación de la deuda pública, impulsaron la demanda de dólares paralelos, elevando la brecha cambiaria de 40% a 80% entre mediados de marzo y mayo.

Las crecientes expectativas de depreciación del dólar oficial redujeron la oferta e impulsaron la demanda de divisas en el Mercado Único Libre de Cambios (MULC). Para evitar que dicha presión generara un salto del dólar oficial, y en consecuencia de la inflación, la autoridad monetaria vendió casi USD 1.500 millones de Reservas desde el 15 de abril.

Como resultado, las Reservas netas perforaron USD 10.000 millones a fines de mayo, forzando al Banco Central a endurecer el cepo cambiario. Desde entonces, aquellas firmas que tengan “activos líquidos en moneda extranjera” o hayan cancelado deudas con proveedores externos en lo que va de 2020 no podrán comprar divisas oficiales para importar. Asimismo, se extendió la prohibición de acceso al MULC a aquellas empresas que hubieran vendido títulos valores en moneda extranjera (realizado contado con liquidación o dólar MEP) en los últimos 90 días.

Si bien esta medida evitó la devaluación del dólar oficial en el corto plazo, también le restó relevancia para la formación de precios. Cuantas menores sean las posibilidades de acceder al MULC, mayor será el impacto de las cotizaciones paralelas en las importaciones y, por ende, en el nivel de precios. Por lo tanto, esta medida tendría un efecto inflacionario en el corto plazo. Ahora bien, si esta prohibición de operar en el MULC fuera percibida más como transitoria que como permanente, se podrían postergar la importación y/o las ventas de bienes provenientes del exterior, a la espera de definiciones sobre el costo de reposición (¿al dólar oficial o al financiero?). En este caso, tendría un mayor impacto sobre la actividad que sobre los precios. De todas maneras, lo más probable es que el resultado sea una combinación de ambos efectos: menores importaciones y más inflación.

En resumen, se acumulan argumentos como para sostener que la baja de la inflación será más transitoria que permanente y que la misma volvería a los niveles pre-cuarentena, o incluso los superaría, una vez pasadas las restricciones. Paritarias que se desarrollarán algunos meses más tarde de lo usual y la mayor importancia del dólar paralelo para la formación de precios serán las claves de esta dinámica. En este marco, proyectamos que la inflación superaría el 45% en 2020, de modo que la inercia entraría tan viva a 2021 como durante los últimos diez años.

La inflación, también en stand by

El IPC GBA Ecolatina avanzó 1,5% en mayo, ubicándose en el nivel más bajo desde septiembre de 2017. De esta manera, acumuló 11,6% en los primeros cinco meses del año y 45% en los últimos doce meses.

Lo destacable es que esta nueva desaceleración fue de la mano de Alimentos y bebidas, que también mostró una variación del 1,5%, 1,3 p.p. por debajo del mes de abril. De todas formas, ya exhibe un avance de 16,4% en el año, 4,8 p.p. por encima del Nivel general. Haciendo una comparación respecto a otros años, el capítulo en 2018 acumulaba 10,9% (-1,2 p.p. por debajo del Nivel general) y en 2019 17,6% (pero ubicándose también por debajo de la evolución de la inflación, -1 p.p.)

A nivel categorías, la mayor dinámica la continuó teniendo el IPC Estacionales (+2,6%)–producto de subas en indumentaria y verduras- que, de todas maneras, se desaceleró más de 2 p.p. respecto al mes anterior. Por su parte, el IPC Núcleo mostró una variación del 1,7%, levemente por encima del Nivel general (+0,2 p.p.). El IPC Regulados (+0,7%) acumula doce meses consecutivos mostrando una dinámica menor al resto de los componentes, coincidiendo con el congelamiento de las tarifas al inicio del segundo semestre de 2019.

¿Pronto se acelerará la inflación?

La inflación también está en cuarentena. En las próximas semanas, podrían aparecer presiones al alza de los precios en la medida que la economía vuelva a cierta normalidad, especialmente en el caso de los bienes y servicios no esenciales. Además, las recientes medidas adoptadas por el Banco Central que impide la compra de dólares a empresas que adelantaron importaciones encareció el costo de reposición de bienes importados, impactando directamente en el nivel de precios.

Al mismo tiempo, la emisión necesaria para financiar el esfuerzo fiscal durante la cuarentena será relevante a la hora de analizar la dinámica inflacionaria en la medida que no se absorban los pesos una vez abandonada el aislamiento. De esta manera, esperamos que la inflación cierre el año en torno al 46,5% en 2020.

Según el INDEC, la inflación fue de 1,5% en abril

¿Cómo evolucionó la inflación en abril?

El INDEC informó que la inflación fue de 1,5% en abril, desacelerándose 1,8 p.p. respecto al mes anterior. De esta forma, acumuló 9,4% en el primer cuatrimestre del año, con una variación interanual que se ubicó en 45,6%.

En lo que respecta a los capítulos, Alimentos y bebidas fue el rubro que más incidencia tuvo en el índice, exhibiendo una variación del 3,2% en el mes (1,7 p.p. por encima del Nivel general). Los principales aumentos se observaron en rubros con alto componente estacional, como Frutas y verduras, a la par que se observaron fuertes alzas en carnes y huevos. De esta manera, la suba en alimentos acumuló 15,2% en los primeros cuatro meses del año, casi 6 p.p. sobre el nivel general. Esta dinámica explica por qué la sociedad podría percibir una inflación mayor, dado que los bienes que se adquieren de forma más frecuente son los que exhiben un mayor movimiento.

Por otra parte, el índice se vio afectado por una caída en Comunicación (- 4,1%). La baja se explicó por la vuelta al precio de marzo de planes prepagos de telefonía celular y fija. Por otra parte, Educación registró una baja del 1,5% en abril, producto de la reducción observada en las cuotas de distintas instituciones educativas.

En consecuencia, el IPC Regulados disminuyó 0,7% respecto al mes anterior, mientras que el IPC Núcleo trepó 1,7%, ubicándose 0,2 p.p. por encima del Nivel general. Por su parte, se ubicó el IPC Estacionales, que creció 4,8% producto del fuerte aumento en Frutas y verduras.

Cabe destacar que abril fue el primer mes en el que rigió plenamente la cuarentena. Las restricciones afectaron el relevamiento de casi una cuarta parte del índice, por lo que se aplicaron los procedimientos metodológicos para el caso. La imposibilidad de relevar algunos precios no necesariamente subestima el índice, pero sí lo vuelve menos representativo, algo que se revertirá en la medida que las actividades se vuelvan a desarrollar con normalidad.

¿Qué esperamos?

Según el IPC GBA Ecolatina, la inflación se mantuvo por debajo de 2% en la primera quincena de mayo e igual periodo de abril. Los precios Estacionales continúan creciendo en torno a 5%, mientras que el IPC Núcleo exhibe una dinámica similar a la del Nivel general, por encima de los precios Regulados.

La vuelta a la actividad de algunos rubros durante el mes, que además se enfrentarán a mayores costos logísticos debido a los protocolos sanitarios, podrá tener presiones sobre los precios. Esto se sumarán a la dinámica de los Alimentos y Bebidas, que continuará siendo el capítulo con mayor incidencia del índice.

De cara a los próximos meses, la inflación tendrá presiones al alza a medida que se relaje la cuarentena y más actividades puedan desarrollarse normalmente. incluso sosteniendo el congelamiento de tarifas y de combustibles, Asimismo, la creciente emisión y brecha cambiaria junto con un resultado adverso en la renegociación de la deuda pública ley extranjera, pueden acelerar la depreciación del tipo de cambio oficial impulsando la inflación de bienes y servicios transables. En este sentido, prevemos una inflación en torno a 47% en 2020.

El IPC GBA Ecolatina perforó el 2% en abril

¿Cómo evolucionó la inflación en abril?

El IPC GBA Ecolatina mostró un incremento de 1,9% en abril, alcanzando la variación más baja desde enero del 2018. De esta manera, la inflación acumuló 10% en el primer cuatrimestre del año y 47,3% en la comparación interanual.

En lo que respecta a las categorías, la mayor evolución se observó en el IPC Estacionales (+4,8%) producto de subas fuertes en frutas y verduras (con subas de 11% y 12%, respectivamente). Luego, el IPC Núcleo creció 2%, en línea con lo observado en la inflación, y el IPC Regulados, creció únicamente 0,8%, exhibiendo un menor aumento que el resto de los componentes por once meses consecutivos. De esta forma, arrojó una variación interanual del 28% (mientras que las variaciones del IPC Núcleo y el IPC Estacionales fueron del 54% i.a. y 63% i.a., respectivamente).

Analizando a los capítulos, algunas de las dinámicas por debajo del Nivel general se observaron en Transporte y comunicaciones (+0,7%) y Vivienda y servicios básicos (+1,5%), producto del fuerte congelamiento de servicios públicos.

De todas formas, Alimentos y bebidas continuó mostrando una dinámica por encima del Nivel general (+2,8%), acumulando 14,7% en el primer cuatrimestre del año (+4,8 p.p. por encima del nivel general). El resultado se dio a pesar de la imposibilidad de relevar precios de comercios de cercanía -que son los que están implementando mayores aumentos- y un dólar oficial que se mantuvo prácticamente estable.

Además, considerando que durante abril los relevamientos de abril se dieron bajo un marco de cuarentena estricta, no es posible relevar precios “que no existen”, producto de servicios presenciales que dejaron de operar, como muchos servicios gastronómicos, de entretenimiento (cines, teatros, clubes), esparcimiento (gimnasios, servicios turísticos) y cuidado personal (peluquerías). Estos factores ayudaron a que la inflación mantenga una dinámica acotada -que en todo caso tomará magnitud una vez que estas actividades vuelvan a operar-, sumado a un desplome de la demanda interna que desincentiva la suba de precios de bienes y servicios considerados no esenciales.

De todas formas, es importante remarcar que se observaron subas significativas y aisladas en los precios de algunos bienes. Esto puede ser consecuencia de problemas logísticos como resultado del aislamiento o reflejar problemas de escasez en ciertos mercados, algo sobre lo que se deberá prestar atención en los próximos meses.

¿Qué esperamos de ahora en más?

Considerando que dos de los principales drivers inflacionarios se mantendrán contenidos durante el resto del año (tarifas de servicios públicos y salarios), la evolución de la inflación dependerá primordialmente de la evolución del tipo de cambio.

Si bien el tipo de cambio oficial es el que cobra relevancia a la hora de pensar el impacto en la inflación, una mayor brecha producto de mayores dificultades en la renegociación de la deuda o un eventual default, podría generar presiones al alza. Además, la creciente emisión para financiar el déficit fiscal alimenta las expectativas de devaluación, agregando presiones sobre la nominalidad de la economía.

De todos modos, de no mediar problemas de escasez en el corto plazo, consideramos que la inflación se podrá acelerar nuevamente cuando la economía se normalice, cerrando el año en torno al 47,5% anual.

La desaceleración inflacionaria: una corta ilusión

Alberto Fernández asumió la presidencia con el objetivo de bajar una inflación que rondó el 50% anual en 2018 y 2019. Para eso, extendió el congelamiento de tarifas de servicios públicos hasta mitad de año y mantuvo virtualmente quieto al dólar, en un contexto de fuertes restricciones a la compra de divisas. En respuesta, la inflación acumuló 4,3% en el primer bimestre del 2020 -menos de 30% anualizado-, 2,5 p.p. por debajo de igual período del año pasado.

Sin embargo, los medios y fines de política económica cambiaron drásticamente a comienzos de marzo con la pandemia. En este sentido, la inflación se aceleró en marzo (pasó de 2,0% en febrero a 3,3% el mes pasado), producto de factores estacionales -educación con una suba de dos dígitos, por caso-, pero también de la inflación núcleo que había estado contenida en el comienzo del año: el IPC Núcleo pasó de 2,4% en febrero a 3,1% en marzo.

En abril, la dinámica inflacionaria es particular, como todo lo que está sucediendo en la economía producto de la cuarentena. Si bien el IPC GBA Ecolatina creció solo 2% en la primera quincena del mes respecto a igual período de marzo, es apresurado afirmar que la inflación retomó su curso descendente. Por caso, se relevaron una menor cantidad de precios de diversos bienes y servicios por la cantidad de comercios cerrados, a la par que otros directamente no contaron con un precio de referencia: ¿cuánto sale una entrada al cine? ¿cuánto ir a comer afuera? Además, por faltantes o problemas logísticos, algunos bienes esenciales sufrieron aumentos significativos (carne, verdura etc.). Asimismo, la creciente emisión necesaria para financiar el fisco para aplacar el daño sobre el entramado productivo y social que genera la cuarentena probablemente genere presiones al alza los precios cuando la situación se normalice.

La inflación volverá a acelerarse ma non troppo (pero no demasiado)

El coronavirus deprimirá la economía, tanto a nivel global como local. Por este motivo, el Estado Nacional adoptó una política fuertemente expansiva, en la búsqueda por atenuar la recesión. Como resultado, la base monetaria creció un 30% desde que se implantó la cuarentena. Además, tomando el set de medidas anunciado y la caída de la recaudación que provocará esta crisis, el déficit fiscal primario no bajaría de 4% del PBI este año. Considerando que el mismo se financiará con “nuevos pesos”, ya que no hay tal mercado de deuda en moneda local, todavía resta emitir alrededor de ARS 1.000.000 millones, un 40% de la base monetaria actual.

Para peor, la mayor incertidumbre y el menor rendimiento de las colocaciones en pesos -la Badlar perforó el 20% algunas semanas atrás- se tradujeron en presiones cambiarias en los mercados paralelos. En este sentido, el Contado con Liquidación escaló 25% en el período, a la par que el dólar blue trepó más de 40%. Como resultado, las brechas cambiarias ya superan el 60% y la divisa cotiza cómodamente por encima de los ARS 100 en ambos mercados.

Si bien estos movimientos sumarán presiones a la inflación, lo cierto es que a “la correa de transmisión” de estos “motores” le falta “lubricante”. Por ejemplo, el impacto en los precios de la mayor oferta de pesos es limitado en un escenario de ventas deprimidas y dólar oficial controlado.

Principalmente, el exceso de liquidez impactará en el nivel de precios a través de la demanda de dólares paralelos. Si bien es cierto que los beneficiarios directos de la expansión del gasto público no “compran divisas” -por caso, los perceptores del Ingreso Familiar de Emergencia tienen problemas para llegar a fin de mes y los créditos a tasa cero para monotributistas y autónomos deberán destinarse a compras en blanco contra presentación de factura-, no es menos cierto que el dinero se mueve, y que si esa plata se pone en la calle es probable que, tarde o temprano, una parte termine en los mercados cambiarios paralelos.

Ahora bien, ¿cómo se trasladará a precios la suba del dólar no oficial? La primera fuente es la de expectativas, de tenue impacto en el período 2012-2015, pero con mayor efecto en esta coyuntura de mayor inflación y fragilidad/inestabilidad económica. La segunda es indirecta pero no por ello menos importante: la creciente brecha cambiaria alienta la subfacturación de exportaciones y la sobrefacturación de importaciones reduciendo el excedente de dólares en el mercado formal. Ante esto, el Banco Central podría optar por no recomponer Reservas (algo poco aconsejable), o convalidar ciertas subas del tipo de cambio oficial (acompañando la depreciación de las principales monedas de la región), con impacto directo en el nivel de precios.

Por lo tanto, a las complicaciones propias de la cuarentena (que impone sobrecostos de operación para las actividades esenciales) y su efecto sobre las expectativas, se sumaron la emisión y la suba del dólar paralelo, que tarde o temprano terminarán impactando en el nivel general de precios.

Sin embargo, la cuarentena también activó frenos a la inflación. Por ejemplo, el derrumbe del precio de los commodities energéticos permitirá extender el congelamiento de las tarifas de servicios públicos y los precios de los combustibles más allá del primer semestre sin mayor incremento del gasto en subsidios.

Asimismo, las actualizaciones salariales quedarán muy rezagadas en este marco de cuarentena y destrucción de puestos de trabajo. Por un lado, porque las paritarias más relevantes se deberían haber llevado a cabo a partir de marzo, algo que por obvias razones no está sucediendo. En consecuencia, los aumentos llegarán más tarde que todos los años. Además, en la búsqueda por evitar grandes pérdidas de puestos de trabajo, varios gremios están reduciendo sus pretensiones salariales o directamente negociando estabilidad de empleo a cambio de reducción de salarios.

Resumiendo, podemos afirmar que con la cuarentena se prendieron poderosos motores inflacionarios (emisión + brecha cambiaria) pero de transmisión lenta. En sentido opuesto, dos de los principales drivers de la suba de precios se atenuaron con la crisis (Regulados y costo laboral). La situación es delicada y la inflación, probablemente, se acelerará recién cuando la economía se normalice y la velocidad de circulación del dinero retorne a sus niveles promedio. Asimismo, en un escenario de precios regulados controlados, presiones salariales acotadas y un mercado cambiario oficial que podrá tensionarse, pero no se vería desbordado (gracias a un stock de Reservas netas superior a USD 10.000 millones, a un elevado superávit externo y al cepo cambiario), los riesgos de una disparada de hiperinflacionaria son bajos. Como resultado, proyectamos que la inflación se ubique levemente por debajo del 53,8% de 2019, orillando el 50% en 2020.

Alimentos y bebidas por encima de la inflación

¿Cómo evolucionó la inflación en marzo según INDEC?

La inflación nacional fue del 3,3% en marzo, acelerándose 1,3 p.p. respecto al mes anterior. De esta manera, la inflación acumuló una suba del 7,8% en el primer trimestre del año y mostró una variación interanual del 48,4%.

En lo que respecta a nivel capítulos, la mayor variación se vio en Educación (+17,5%) producto del inicio de clases y la actualización de las cuotas escolares. A su vez, Comunicación (+8,3%) mostró una dinámica elevada como consecuencia del aumentos en telefonía fija, móvil e internet y Prendas de vestir y calzado mostró una evolución del 4,2%.

Por su parte, Alimentos y bebidas no alcohólicas creció 3,9% por fuertes aumentos en carnes y frutas y verduras. De esta manera, a pesar de que el tipo de cambio oficial no sufrió mayores sobresaltos, este capítulo acumula una suba de 11,7% en el primer trimestre del año, 3,9 p.p. por encima del Nivel general.

Respecto a las categorías, el IPC Núcleo mostró un incremento del 3,1%, 0,2 p.p. menos que el Nivel general, que fue impulsado por la evolución de los Estacionales (+4,9%). Por último, se observó un aumento del 3,3% en el IPC Regulados producto de la fuerte suba en Educación.

¿Cómo seguirá la inflación en abril?

Nuestro relevamiento de precios quincenal mostró un incremento del IPC GBA Ecolatina de 2% en la primera quincena de abril respecto al mismo periodo del mes anterior. De esta manera, el IPC GBA Ecolatina se desaceleró 0,6 p.p. respecto a la primera quincena de marzo, y continuando la tendencia del mes pasado, los precios Estacionales y el IPC Núcleo continúan traccionándo la inflación en el comienzo del año. En este sentido, prevemos que la inflación se ubique más cerca del 2,5% a nivel nacional en el cuarto mes del año.

Sin embargo, se debe advertir que casi la totalidad del período estuvo caracterizada por una cuarentena estricta que impidió el desarrollo de muchas actividades económicas y complicó el relevamiento de otras. Esto llevó a ausencias de precios de muchos servicios -que más allá del tratamiento metodológico preciso- podrían tener un impacto inflacionario una vez que puedan volver a realizar sus actividades.

¿Qué esperamos a futuro?

Con servicios públicos congelados y aumentos salariales que se pospondrán para la última parte del año, el principal driver de la inflación será el tipo de cambio.

El mismo no solo estará vinculado a la necesidad de evitar un atraso real de la cotización oficial, sino que las expectativas de devaluación jugaran su rol a través de la brecha con el dólar libre tras el aumento de la emisión monetaria para financiar el creciente déficit fiscal.

De esta forma, asumiendo presiones cambiarias significativas, esperamos que la inflación anual cierre en la zona de 45-50% en 2020.

 

El IPC GBA Ecolatina se aceleró en marzo

¿Cómo evolucionó la inflación en marzo?

De acuerdo con los relevamientos del IPC GBA Ecolatina, la tendencia a la baja del nivel de precios se interrumpió en marzo, ya que la inflación fue de 2,6% en el mes, acelerándose 0,6 p.p. respecto al mes anterior. De esta forma, los precios acumularon una suba del 7,9% en el primer trimestre del año, mientras que la variación interanual se ubicó en 49,8%.

Los capítulos con mayor dinámica fueron Educación (+14,1%) e Indumentaria (+6,6%), producto del inicio de clases y el inicio de la temporada invernal, respectivamente. Vale destacar que, excluyendo estas variaciones, la inflación continuó en la zona del 2%, en línea con lo sucedido en febrero. Por su parte, Alimentos y bebidas mostró un crecimiento del 2,5%, ubicándose por debajo del Nivel General, comportamiento que no sucedía desde octubre del año anterior.

En lo que respecta a las categorías, el IPC Core mostró una variación de 2,9% en marzo (0,3 p.p. por encima del Nivel general), con una variación interanual del 56%. Por su parte, el IPC Estacionales creció 2,1% -explicado por la dinámica en indumentaria- y 62,2% i.a. Por último, el IPC Regulados mostró un crecimiento del 1,7%, debido principalmente al aumento en educación, con un crecimiento del 32,2% i.a.

¿Qué esperamos para el resto del año?

Si bien nuestras proyecciones preveían una paulatina desaceleración de la inflación a lo largo de los próximos meses, el nuevo contexto local y mundial tras la pandemia de Coronavirus nos obliga a realizar algunas revisiones.

Por un lado, se debe mencionar que la situación actual debilitará las negociaciones paritarias, por lo que las recomposiciones salariales que todavía no han sido acordadas quedarán para, en el mejor de los casos, la segunda mitad del año. Por su parte, tampoco se espera un ajuste tarifario de magnitud que implique una significativa suba en el nivel de precios. Esto no solo se corresponde a una decisión política sino que también se ve afectado por la caída del precio de petróleo a nivel mundial (alrededor de 50% en marzo), fenómeno que ayuda a contener el avance de los costos de producción.

Por lo tanto, el tipo de cambio será la principal fuerza que traccione la inflación en 2020. Esto, por un lado, guarda relación con la posible dilatación de la negociación de la deuda, que, así como cualquier decisión unilateral del gobierno (default), impondrán presiones sobre el tipo de cambio oficial impactando en la inflación. Por otro lado, la financiación con emisión monetaria del paquete fiscal anunciado por el gobierno –de 2% del PBI- podría ejercer presiones sobre la brecha cambiaria, y por lo tanto, impulsar los precios en la medida que se incrementen las expectativas de devaluación.

En síntesis, pese a que habrá menos necesidad de corregir tarifas y que las negociaciones paritarias serán acotadas, la inflación del 2020 dependerá de dos cuestiones: la duración de las restricciones -y el consecuente paquete fiscal necesario para ponerle un freno a la caída de la demanda interna y al deterioro de la cadena de pagos- y el resultado de la inminente renegociación de la deuda. De esta manera, modificamos nuestra proyección de inflación al alza, a la zona del 49%.

Descargá nuestro informe IPC GBA Ecolatina para un análisis más detallado (acceso solo para usuarios Full o Corporate).