La inflación acumuló 36% en 2020, ¿hasta dónde llegará en 2021?

En diciembre, la inflación nacional fue de 4%, acumulando poco más de 36% en todo 2020. De esta forma, el año cerró con su mayor registro y una inflación mensual anualizada del 60%. El avance del nivel de precios estuvo impulsado por alimentos y bebidas -carnes y frutas-, salud -que contempla el incremento de prepagas- y Recreación y cultura -tras la apertura de nuevas actividades y la temporada de turismo-. De este modo, el IPC Núcleo avanzó casi 5% en diciembre, muy por encima de Regulados (+2,6%), lo que fue una constante durante todo el año, y Estacionales (+1,3%).

En el acumulado anual, sobresalieron los aumentos de Indumentaria (+60%) y Alimentos y Bebidas (+42,5%), algo que preocupa bastante pensando en el carácter regresivo de la inflación. A nivel de categorías, resalta la suba de Estacionales (+64,4%), muy por encima del IPC Núcleo (39,4%) y los precios regulados (+14,8%). Se observa de esta forma cómo el congelamiento tarifario fue importante para desacelerar la suba de precios durante el año pasado, a la par que, en el mismo período, se acumuló un atraso significativo en los precios de la luz, el gas y el agua y en otros precios regulados.

Por su parte, la suba de los precios de los bienes casi duplicó a la de los servicios (+43% y +22%, respectivamente), encadenando, de esta forma, el tercer año consecutivo con esta dinámica. Entre fines de 2019 y de 2017 los bienes habían saltado casi 140%, mientras que los servicios treparon “solo” 110%, producto, esencialmente, del disímil impacto del tipo de cambio en la estructura de costos de ambas canastas. En tanto, en 2020 la diferencia obedeció a las restricciones a la movilidad, que golpearon más a los segundos que a los primeros y al mencionado congelamiento de tarifas de los servicios públicos.

De esta manera, a pesar de la baja de casi 20 p.p. en relación con 2019, la inflación de 2020 dejó presiones latentes. En primer lugar, resalta que las tarifas de servicios públicos no se actualizan hace más de un año y medio y permanecerán congeladas, al menos, hasta marzo, disparando el gasto en subsidios (alcanzó 2,6% del PBI en 2020, trepando 1,0 p.p. respecto del año anterior). Dado que los mercados de crédito siguen cerrados para nuestro país, el gobierno deberá elegir entre un mayor rojo financiado con emisión o mayores correcciones en las tarifas de servicios públicos con un impacto en la inflación de los hogares. Lamentablemente, ambas salidas tienen más contras que pros.

En segundo lugar, destacan los controles de precios en varios alimentos y bebidas. Con estas políticas, el Poder Ejecutivo contuvo varios ajustes en bienes de “consumo masivo”, que subió poco más de 20% en el año, pero generó otro atraso importante, cuya corrección está presionando los precios. De la misma forma que un ajuste de tarifas, un descongelamiento en el precio de los alimentos tendría mayor impacto en los hogares de menores recursos, producto de su inelasticidad de consumo, pero sostener los precios máximos podría generar problemas de abastecimiento. Otra vez, un dilema con más contras que pros.

Por otro lado, aparece la cuestión cambiaria. Por un lado, un salto del dólar oficial aceleraría inevitablemente la inflación. El Banco Central está comprando Reservas desde diciembre y, aunque su poder de fuego sigue en niveles muy bajos, la corrida pareciera haberse relajado. Ahora bien, uno de los factores que relajó las presiones fue el mayor control de importaciones, no con un criterio productivo, sino cambiario. En este sentido, varios artículos “no esenciales” comenzaron a importarse con dólares propios del exterior y muchos otros tienen incertidumbre sobre a qué tipo de cambio lo harán en el futuro. Por lo tanto, estas restricciones también impactan en el nivel de precios, aunque focalizadas en los consumos de los hogares de mayores recursos.

Analizando entonces cómo cerró el 2020 y los atrasos que dejó el año pandémico, podemos dar cuenta que la inflación se acelerará este año. Hasta dónde llegará dependerá, en parte, de las decisiones del gobierno nacional y de cuán efectivas sean las mismas: cuanto se pospondrán la corrección de desequilibrios para llegar con la economía “andando” al período electoral. Asumiendo que no hay un salto cambiario, pero que la brecha sigue alta, y un ajuste de tarifas que permite no expandir el gasto en subsidios durante este año, la inflación cerraría en torno al 45% en 2021.

La inflación se desaceleró en 2020 y acumuló 36%: ¿tomando impulso para 2021?

En diciembre, la inflación mensual alcanzó el 4% según el IPC GBA Ecolatina, su valor más alto del año. De esta manera, la suba de precios rozó 36% en 2020, desacelerándose casi 15 p.p. en relación con el promedio 2018-2019. A priori, este resultado parece positivo.

Sin embargo, al mirar la trayectoria mensual las perspectivas son menos alentadoras: luego de un segundo trimestre pandémico e inéditamente bajo, con un promedio inferior al 2% mensual, este valor pasó al 2,5% mensual entre julio y septiembre para alcanzar 3,5% promedio mensual en el último trimestre del año (más de 50% anualizado). Por lo tanto, tiene sentido preguntarse cuán sostenible será la baja del 2020.

En nuestro país, las últimas aceleraciones inflacionarias coincidieron con períodos de caída del nivel de actividad. En consecuencia, hay que buscar sus razones más por el lado de oferta que de la demanda: los precios aumentan traccionados principalmente por el lado de los costos. Veamos entonces qué pasará con estos 2021.

En primer lugar, vale destacar que la inflación fue muy heterogénea durante el año pasado. Aunque el nivel general de precios aumentó 36%, este valor contiene muchas disparidades en su interior. Por caso, las tarifas de servicios públicos estuvieron congeladas durante todo el 2020, estirando a dieciocho los meses sin ajustes. En la misma línea, el Poder Ejecutivo pospuso varias actualizaciones de prepagas, combustibles y otros precios regulados. Como resultado, el IPC Regulados acumuló una suba de 16% el año pasado, ubicándose 20 p.p. por debajo del nivel general. Aunque esta dinámica perseguía un fin distributivo, alivianar la carga de aquellos consumos esenciales e inelásticos, provocó un atraso que deberá corregirse, agregando presiones a la futura suba de precios.

Siguiendo el mismo objetivo distributivo, la Secretaría de Comercio congeló los precios de varios bienes de consumo masivo durante los peores meses de la pandemia. En este sentido, resalta que el IPC Consumo Masivo, que representa un quinto del nivel general de precios, aumentó solo 21,5% el año pasado, ubicándose 15 p.p. por debajo de la inflación de 2020. De esta forma, se observa cómo el programa de Precios Máximos podría ser víctima de su propio éxito: su efectividad durante el segundo trimestre (aumentos menores al 1% mensual) forzó algunos descongelamientos en el cierre del año (+1,7% promedio mensual) que se acelerarían durante el comienzo de este año producto del atraso (frente a la suba de costos) acumulado.

En sentido contrario, el IPC Core libre, compuesto de la inflación núcleo sin acuerdos de precios, saltó 47% en 2020, triplicando la suba del IPC Regulados y duplicando la del IPC Consumo Masivo. De esta manera, queda en evidencia la dimensión del retraso en ambas canastas, atraso que, inevitablemente, sumará presiones importantes este año. Más preocupante aún, el IPC Estacionales, que representa al 10% restante del nivel general de precios se disparó 70% el año pasado, liderado por frutas (+140%) y verduras (+110%). Si parte del desfasaje de precios relativos acumulados durante 2020 se corrige, la inflación tendrá un piso elevado este año.

Sin embargo, estos no serán los únicos motores inflacionarios de 2021. Por caso, la dinámica salarial también aportará presiones en la materia. En nuestro país, las paritarias suelen desarrollarse durante el segundo trimestre de cada año. Empero, la llegada de la pandemia pospuso estas negociaciones en 2020, trasladándolas para octubre-noviembre. Asimismo, la cuarentena y el sucesivo desplome de la actividad profundizaron la pérdida de puestos de trabajo, moderando esta variable los reclamos salariales. En este marco, las actualizaciones del año pasado fueron magras y, en muchos casos, de suma fija. Por lo tanto, habrá una búsqueda de recomposición del poder adquisitivo que, posiblemente, el Poder Ejecutivo acompañará en este año electoral, en búsqueda de romper la racha negativa de tres años de caída del poder adquisitivo. Aunque estas actualizaciones no alcanzarán para revertir el deterioro acumulado desde 2018, ni siquiera lo perdido en 2020, sí alcanzarán para agregar presiones a una dinámica inflacionaria que arrancó el año en un nivel elevado (3% mensual).

Por último, falta mencionar el motor cambiario. El año pasado, el dólar oficial siguió de cerca a la inflación en la mayoría de los meses -incluso la superó en 5 p.p. en el acumulado anual-, de manera tal de no resignar competitividad, pero fijándole un piso a la suba de precios.

Esta dinámica cambiaria (crawling peg), atada a la inflación reciente, pareciera continuar al inicio del 2021. El problema de deslizar el tipo de cambio en línea a la inflación reciente es que esta última se aceleró al 3,5% mensual al cierre del año pasado, de modo que si el dólar oficial ajustara en igual cuantía le pondría un piso elevado a la suba de precios en el futuro inmediato.

Además, no está garantizado que la calma cambiaria lograda en noviembre y diciembre persista. Por un lado, porque las tensiones políticas hacia el interior del Frente de Todos y la dinámica de marchas y contramarchas respecto de algunas decisiones económicas sembraron incertidumbre, terreno fértil para que reaparezcan las presiones sobre la brecha y las Reservas.

En segunda instancia, porque una segunda ola de Coronavirus y un endurecimiento de la cuarentena volverían a golpear al resultado fiscal, forzando al Banco Central a acelerar la emisión y agravando el desequilibrio del mercado monetario, desequilibrio que en las últimas semanas tendía a normalizarse. Si el exceso de oferta de pesos se re-acentuara, posiblemente también se re-acentuaría el exceso de demanda de dólares, en esta oportunidad con el agravante de que el poder de fuego de la autoridad monetaria está mucho más debilitado que el año pasado: en 2020, las Reservas netas cayeron 65%. En consecuencia, un nuevo shock de emisión podría desembocar en un salto del tipo de cambio oficial, que acelerase aún más la suba de precios.

En síntesis, en la medida que la actividad se recupere, la inflación se acelerará este año. Durante el 2020, y motivado por la pandemia, el Poder Ejecutivo pospuso muchos ajustes de precios regulados, en su búsqueda por atenuar el efecto regresivo de la cuarentena. En igual sentido, limitó las subas en varios bienes de consumo masivo, abaratándolos en términos relativos. Estos congelamientos no se pueden estirar ad infinitum, de modo que sumarán presiones -la discusión al interior de la coalición gobernante es cuánta- a la inflación de este año. Asimismo, las actualizaciones salariales pendientes y un dólar oficial que seguiría subiendo en línea con el nivel general de precios, de mínima, agregarán tensiones en este frente. Como resultado, la inflación alcanzaría 45% (o más) este año, acelerándose casi 10 p.p. en relación con 2020.

Tarifas 2021: ¿minimizar aumento o recomponer precios relativos?

Debido al impacto inflacionario y en la estructura de gasto del Estado, las tarifas de los servicios públicos son un tema relevante para nuestra economía. Además, tienen un costo político importante: Cambiemos suspendió los aumentos previstos para el segundo semestre de 2019, esperando que esto no afectara negativamente su performance electoral. En la misma línea, el Frente de Todos extendió el congelamiento seis meses más a comienzos de su gestión, en pos de controlar la inflación durante el primer semestre de 2020. Luego, la irrupción de la pandemia/cuarentena estiró el congelamiento al resto del año y, recientemente, se agregaron tres meses más, al menos hasta marzo de 2021.

Este último anuncio da cuenta de una situación social que sigue compleja: en los primeros meses de 2021, la recuperación del salario real será esquiva y la inflación no cederá. Además, la posible llegada de una segunda ola de contagios de Covid-19 antes de la vacunación a gran escala, pondría en riesgo la incipiente mejora de la actividad.

Sin embargo, la necesidad de alcanzar una reducción significativa del gasto, en el marco de un acuerdo con el FMI, y de evitar un mayor atraso tarifario que podría desembocar en crecientes dificultades en la segunda parte de la gestión de Alberto Fernández, juegan en favor de una pronta corrección en las tarifas, ya que es posible que menores aumentos representen mayores ajustes mañana. Poner en números esta situación nos permitirá divisar las alternativas que tendrá el gobierno de cara al año electoral.

El último incremento en las tarifas de servicios públicos se remonta al primer semestre de 2019. En todo este tiempo, el avance de los precios tuvo diversos drivers: traslado a precios del salto cambiario post-PASO de 2019, cierto dinamismo de algunos precios regulados (combustibles, comunicaciones, prepagas) y, ya en 2020, un fuerte aumento en productos estacionales -frutas, verduras e indumentaria- junto a subas de bienes no esenciales, más permeables a la creciente brecha cambiaria. De este modo, los precios siguieron trepando a un ritmo elevado, en torno al 3% promedio mensual, acumulando una suba del 80%. En cambio, las tarifas de servicios públicos (luz, gas, agua y transporte) avanzaron al ritmo de 0,5% mensual, acumulando un incremento cercano al 10%.

Si además contemplamos los precios mayoristas y los salarios privados, que son parte de los costos operativos de los servicios públicos, durante el período de vigencia del congelamiento, observamos incrementos del orden del 85% y 67% respectivamente. Ante esta dinámica nominal, el congelamiento implica que el Estado se haga cargo de una porción cada vez mayor de las facturas a pagar por parte de hogares y, en menor medida, firmas. Esto explica la suba de los subsidios económicos, que pasaron de 1,6% del PBI en 2019 a 2,6% del PBI en 2020.

La extensión del congelamiento a marzo continuará presionando sobre los precios relativos y las cuentas públicas. Pensando en lo que pueda ocurrir una vez finalizado el mismo, aparecen dos alternativas con significativas implicancias en la inflación y en el sendero fiscal. Una es sostener el congelamiento tarifario durante todo 2021 y la otra es dar lugar a una recomposición -relativa- de estos precios.

Para analizar el primer caso, nos iremos a diciembre del año que viene: en este momento la inflación y los salarios acumularán un alza superior a 150% desde el último ajuste de tarifas. En este escenario, utilizando la información del IPC GBA Ecolatina el atraso de las tarifas en relación con los servicios privados y los bienes no estaría muy lejos del nivel de fines de 2015. La principal consecuencia será el crecimiento de los subsidios económicos, que superarían 3% del PBI. Por otro lado, la inflación que se evitaría posponiendo la corrección tarifaria podría ser neutralizada si el gasto extra que se usa para sostener los precios “pisados” se financiara con emisión y el exceso de pesos se fuera al dólar, forzando una devaluación.

La segunda alternativa implica el aumento en alguna magnitud de las tarifas en el segundo trimestre del año, ya no muy lejos de las elecciones legislativas. La dificultad radica en encontrar un monto que no agregue presiones adicionales sobre la inflación, pero que frene el avance de los subsidios económicos. Como se observa en el gráfico, el aumento debería ubicarse en torno al 40% para estabilizar el gasto en subsidios en relación al PBI, una magnitud nada despreciable -al momento del aumento, pesa más la suba que el tiempo de congelamiento-.

 

De todos modos, el gobierno parece demorar las decisiones para evaluar cómo inicia en 2021 la dinámica inflacionaria y, fundamentalmente, la velocidad de recuperación de la actividad. Esto también determinará el espacio que tendrán los ingresos laborales para solventar la suba de las tarifas y la capacidad que tenga el gobierno de focalizar los aumentos manteniendo la tarifa social para los sectores más postergados.

Luego del congelamiento de 2019 y 2020, las tarifas deberían subir alrededor de 40% el año que viene para que los subsidios económicos no sigan aumentando como porcentaje del PBI. Se viene un año electoral complejo, donde las tensiones sociales e inflacionarias acumuladas a lo largo de este año tan pandémico como atípico podrían pasar factura. ¿Facturas que se trasladarán a la luz, el gas y el agua?

La inflación rozará 36% en 2020

¿Cómo fue la inflación en noviembre?

Según el INDEC, la inflación alcanzó 3,2% en noviembre, desacelerándose 0,6 p.p. respecto al mes anterior. De esta manera, la suba de precios fue de 30,9% hasta el anteúltimo mes del año y de 35,8% interanual.

En lo que respecta a los capítulos, la variación más alta fue de Equipamiento y mantenimiento del hogar (+3,9%). Le siguieron Salud (+3,7%) y Prendas de vestir y calzado (+3,7%), que ya acumula una suba de 54,7% hasta noviembre.

Por su parte, vale destacar que la diferencia entre la inflación acumulada a noviembre de Bienes (+37,6%) vs. Servicios (+17,5%) alcanzó 20 p.p. Esto responde a que el shock de oferta de la pandemia/cuarentena afectó a los servicios privados y también propició la continuidad del congelamiento de tarifas de los servicios públicos.

Además, se aceleró el IPC Núcleo y alcanzó la variación más alta del año (+3,9%, 0,4 p.p. por encima del mes anterior). En este sentido, la menor evolución del Nivel General fue explicada por la desaceleración del IPC Estacionales que creció 2,0% (-7,6 p.p. respecto a octubre) y el IPC Regulados (+1,2%, 0,3 p.p. por debajo de octubre).

¿Cómo siguió en la primera quincena de diciembre?

El IPC GBA Ecolatina trepó 3,7% entre la primera quincena de diciembre y el mismo período de noviembre. Fue traccionado por el alza de la carne vacuna, a lo que se le sumó una nueva aceleración en frutas y verduras. Además, incrementos en prepagas, indumentaria y algunos bienes no esenciales puntuales (como juguetes, artículos para deporte, libros) aceleraron al nivel general.

En consecuencia, proyectamos que la suba de precios se ubicará entre 3,5%-4% en el último mes del año, cerrando 2020 rozando 36% a nivel nacional. Esto implica un descenso de más de 15 p.p. respecto al dato del año pasado.

El piso inflacionario será del 3% en el cierre del año

Según el IPC GBA Ecolatina, la inflación alcanzó el 3,4% en noviembre, acelerándose 0,2 p.p. respecto a octubre. De esta manera, se ubicó un 35,5% por encima del mismo mes del año anterior, con una variación acumulada que fue del 30,1% a falta de un mes para que termine el 2020.

En lo que respecta a los capítulos, Alimentos y bebidas (+4,3%) mostró la mayor evolución. En este sentido, se aceleró 1,8 p.p. respecto al mes anterior y acumuló una suba del 35,1% hasta noviembre (+5,0 p.p. por encima del Nivel general). La autorización de incrementos de Precios Máximos impactó en la primera quincena del mes, a la par que también se observó una aceleración en carnes, frutas y verduras durante todo noviembre.

Por su parte, resaltó la dinámica de Indumentaria (+3,9%), que ya acumuló una suba del 47,8% hasta noviembre (+17,7 p.p. por encima de la inflación). Le siguieron Vivienda y servicios básicos (+3,1%) dinamizado por alquileres y Equipo y mantenimiento del hogar (+3,1%), donde se destacaron subas de muebles y artefactos para el hogar.

En lo que respecta a las categorías, el IPC Core subió un 3,4%, acelerándose 0,2 p.p. respecto al mes anterior. Cabe destacar que al interior de esta categoría hubo un comportamiento heterogéneo. Por un lado, el IPC compuesto por los precios de los bienes de Consumo masivo creció 2,0% (fundamentalmente por la autorización de incrementos en octubre), mientras que el IPC Core no alcanzado por las regulaciones trepó 3,7%.

Por otro lado, el IPC Estacionales creció notablemente por encima de la inflación (+8,8%) como consecuencia de incrementos en frutas, verduras e indumentaria. Por último, la menor variación continuó de la mano del IPC Regulados (+1,2%), únicamente dinamizado por las subas de combustibles y cigarrillos.

Para el último mes del año difícilmente la inflación se desacelere. El incremento de Prepagas y la quita de algunos productos no esenciales del Programa de Precios Máximos ayudarán a que el piso inflacionario se mantenga en la zona del 3%. Con estos números, proyectamos que la inflación cierre en la zona del 36% en 2020.

Hay que tener en cuenta que la desaceleración de casi 20 p.p. respecto a 2019 esconde varios atrasos de precios relativos. Por un lado, las tarifas de Servicios Públicos llevan más de un año congeladas, a la par que el programa de Precios Máximos generó que los precios de Consumo Masivo se ubiquen sistemáticamente por debajo de la inflación. A su vez, las paritarias fueron prácticamente postergadas y las presiones sobre el tipo de cambio oficial no ceden en un contexto de elevada brecha cambiaria y escasez de reservas.

En este marco, de existir una corrección de los principales drivers inflacionarios en los próximos meses, la inflación en 2021 podría acelerarse rápidamente y retronar a los niveles de 2018-2019.

La inflación no bajará de 3% en lo que resta del año

Según el INDEC, la inflación alcanzó el 3,8% en octubre, acelerándose 1,0 p.p. respecto al mes anterior y mostrando la evolución más alta del año. De esta manera, acumuló una suba de 26,9% en los primeros diez meses y de 37,2% respecto al mismo mes del año anterior.

Por su parte, la aceleración continuó en la primera parte de noviembre. En este sentido, el IPC GBA Ecolatina trepó 4,3% entre la primera quincena de noviembre y el mismo período de octubre. Cabe destacar que esta dinámica todavía contempla la autorización de incrementos en precios máximos, que impulsó al índice durante el transcurso del mes pasado. Además, el aporte de equipamiento del hogar, alquileres e indumentaria también fue significativo.

¿Qué esperamos?

En la segunda quincena de noviembre, el IPC GBA Ecolatina se ubicaría en la zona del 3%. En este sentido, el impacto de la autorización de precios máximos ya no estará del todo presente, a la par que determinados bienes no esenciales podrían mostrar una dinámica algo menor a la observada en la primera quincena producto de la menor turbulencia cambiaria. Con estos datos, prevemos que la inflación nacional se ubique en la zona de 3,5-4% en noviembre, en línea con lo ocurrido en octubre producto de una aceleración del IPC Core.

En los próximos meses, la inflación difícilmente se ubique por debajo del 3% mensual. Más en detalle, la eliminación de algunos precios máximos en alimentos no básicos se combinará con aumentos en el resto de los bienes no esenciales y con algunos servicios privados en lo que resta del año.

Además, la autorización de incrementos de determinados precios (prepagas, por ejemplo) dinamizarán a los precios regulados. En este sentido, es lógico que, tras un período de congelamiento, la inflación se acelere puesto que en el pasado la suba de precios fue menor gracias a dicha medida, pero mantener fijos los precios no se puede sostener por un periodo largo de tiempo. En este marco, esperamos que la inflación cierre el 2020 en 36% anual.

Hacia adelante la clave para que la inflación vuelva a desacelerarse pasa por estabilizar el frente cambiario: las escasas reservas netas y la elevada brecha muestran que la probabilidad de un salto cambiario no es despreciable. Por lo tanto, esperamos que la inflación de 2021 vuelva a los niveles pre-pandémicos y se ubique cómodamente por encima de lo observado en 2020.

Sube la temperatura: alimentos y bebidas trepó casi 5%

Según el INDEC, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) alcanzó el 3,8% en octubre, acelerándose 1,0 p.p. respecto al mes anterior y mostrando la evolución más alta desde noviembre de 2019. De esta manera, acumuló una suba de 26,9% en los primeros diez meses del año y de 37,2% respecto al mismo mes del año anterior.

En lo que respecta a los capítulos, Alimentos y bebidas no alcohólicas trepó 4,8%, ubicándose 1,0 p.p. por encima del Nivel general y acelerándose 1,8 p.p. respecto al mes anterior. De esta manera, alcanzó la variación más alta de los últimos doce meses y exhibió la mayor incidencia sobre el Nivel general en todas las regiones. Se destacaron subas de frutas y verduras, a la par que la autorización de subas de Precios Máximos en la segunda semana del mes traccionó al alza a los precios de los bienes de Consumo Masivo.

Por su parte, resaltó Prendas de vestir y calzado (+6,2%), ya que el capítulo acumula +48,9% en los primeros diez meses del año (22,1 p.p. por encima del Nivel general).  A su vez, Transporte creció 4,2% -dinamizado por la suba de combustibles-, mientras que Equipamiento y mantenimiento del hogar trepó 4,5% (0,7 p.p. por encima de la inflación). En este sentido, la turbulencia cambiaria -la brecha alcanzó los tres dígitos en la primera parte de octubre- junto a las mayores trabas a las importaciones alentaron la suba de precios de determinados bienes no esenciales.

En lo que respecta a las categorías, el IPC Estacionales trepó 9,6%, exhibiendo la variación más alta de al menos los últimos tres años y alcanzando una variación del 74,3% i.a. (+59,0% acumulado). Por su parte, el IPC Core creció +3,5%, ubicándose levemente por encima del Nivel general en términos interanuales y acumulados (+37,9% y +27,9%, respectivamente). Por último, la menor variación continuó de la mano del IPC Regulados (+1,5%), exhibiendo un crecimiento del 20% i.a. y de solo +10,5% acumulado, producto principalmente del congelamiento de los Servicios Públicos.

¿Qué esperamos?

En los últimos dos meses del año difícilmente la inflación vuelva a ubicarse por debajo del 3% mensual. Por un lado, la autorización de incrementos de Precios Máximos continuará dinamizando a los bienes de Consumo Masivo en la primera parte de noviembre. Además, esta semana se anunció la eliminación de varios productos del listado, por lo cual es esperable que el capítulo de Alimentos y bebidas continúe mostrando una evolución elevada en el corto plazo.

A su vez, la autorización del incremento de Prepagas en noviembre incrementará la evolución de los Precios regulados. Como si fuera poco, es esperable que las mayores restricciones a las importaciones continúen impactando en los precios de determinados bienes no esenciales ante las crecientes expectativas de devaluación. Con estos datos, esperamos que la inflación cierre el 2020 en la zona del 36%.

En el año electoral, los tres principales drivers inflacionarios podrían despertarse. A las posibles actualizaciones de las tarifas de Servicios Públicos se les sumarán las presiones latentes sobre el tipo de cambio. A su vez, el levantamiento de la cuarentena dará lugar a la reanudación de las negociaciones paritarias y una recomposición de los salarios nominales. En este marco, en un escenario con los tres drivers encendidos, probablemente la inflación retornaría a los niveles de 2019, ubicándose cómodamente en la zona del 50% anual.

Cuando calienta el motor, inflacionario

En octubre, la inflación mensual superó el 3% por primera vez desde que empezó la cuarentena. A pesar de que el dólar oficial siguió moviéndose como en los meses anteriores y que las tarifas de servicios públicos no sufrieron grandes aumentos, la suba de algunos precios regulados -léase combustibles-, el cierre de las principales paritarias y la actualización de Precios Máximos impulsaron a una inflación que volvió a los niveles pre-pandemia.

En este marco, tiene sentido analizar cómo seguirá la suba de precios. Durante la cuarentena, los tres grandes motores que tiene la inflación en nuestro país estuvieron contenidos. El tipo de cambio oficial avanzó lentamente mes a mes, ayudado por un cepo que reprimió una parte de la demanda. Las negociaciones salariales entraron en pausa hasta la nueva normalidad y las tarifas de servicios públicos siguieron congeladas, en la búsqueda por evitar un mayor deterioro del poder adquisitivo y el entramado social.

Por esta razón, la suba de precios pasó de la zona del 40% en el acumulado enero-octubre de 2019 a poco más de 25% en 2020. Sin embargo, la calma lograda en los últimos meses habría llegado a su fin. Ahora bien, ¿hasta dónde escalará? Un análisis de la dinámica reciente de los distintos sets de precios relativos y de la fuerza con que se prendan los motores antes mencionados nos dará precisiones en este sentido: entenderemos qué presiones latentes hay y qué nuevos drivers podrían aparecer.

En los últimos meses, se generaron algunos atrasos de precios relativos. Por caso, en la búsqueda por atenuar el impacto regresivo de la cuarentena, el gobierno congeló los precios de varios alimentos y bebidas más algunos otros rubros de primera necesidad. En respuesta, aún luego de cierta actualización de Precios Máximos y Precios Cuidados, el IPC Consumo Masivo que elaboramos desde Ecolatina acumuló menos de 18% entre enero y octubre (diferencia de 8 p.p. en relación con el nivel general), concentrando una suba de casi 5% en los últimos tres meses. Por lo tanto, podrían advenir presiones adicionales por este lado en la búsqueda por recomponer el terreno cedido.

En un sentido similar, las tarifas de electricidad, gas y agua subieron menos de 10% en lo que va del 2020. Aunque el gasto en subsidios como porcentaje de PBI volvió a los niveles del 2015, atenuando parte del atraso, es probable que los servicios públicos sufran alguna actualización en el corto plazo, aun cuando esta decisión tenga un impacto negativo para el oficialismo en las elecciones del año próximo.

Por el contrario, los precios no regulados -ni acordados- escalaron cerca de 35% entre enero y octubre del 2020. Los avances en electrodomésticos, equipos electrónicos e indumentaria, entre otros, motorizaron esta suba. Como se observa, existe una importante heterogeneidad hacia el interior del set de precios relativos de la economía argentina. En consecuencia, aun cuando el dólar oficial y los salarios no se acelerasen en los próximos meses, habría algunas presiones sobre la inflación producto de las disparidades ya acumuladas.

Sin embargo, un escenario en donde el dólar y los salarios siguen calmos no es, necesariamente, el más probable. Respecto del primer punto, luego de varios meses de batalla cambiaria, las Reservas netas perforaron los USD 5.000 millones a comienzos de noviembre y se acercan peligrosa y rápidamente a los mínimos de los últimos largos años (2015-2016). Por lo tanto, un mayor ritmo de ajuste del tipo de cambio oficial es un desenlace posible.

Alcanzado este punto, vale destacar que el impacto de los dólares paralelos y la brecha en el nivel de precios venía siendo marginal hasta septiembre. De hecho, las cotizaciones financieras o informales se dispararon en abril y mayo y la inflación perforó el 2% mensual por primera vez desde 2017 en esos meses, “ayudada” por las restricciones de la cuarentena. A la vez, tampoco se aceleró significativamente en los meses siguientes. Sin embargo, en octubre la brecha alcanzó los tres dígitos y habría empezado a impactar en la inflación, producto de problemas de abastecimiento de algunos bienes, sumado a la creciente incertidumbre que enfrentan las firmas a la hora de determinar sus costos de reposición.

En tanto, además del motor cambiario, es probable que se encienda el motor salarial en el corto plazo. Las menores restricciones a la producción de bienes y servicios están permitiendo reabrir las postergadas negociaciones colectivas, pautadas inicialmente para marzo, abril y mayo, pero suspendidas por la crisis sanitaria y su impacto negativo en la economía.

La importante pérdida de puestos de trabajo que provocó la cuarentena (-20% i.a. en el segundo trimestre) limita las demandas de recomposición. No obstante, los salarios nominales mostrarán crecimientos en los próximos meses. Por caso, acumularon una suba de 18% entre enero y agosto de 2020 (último dato disponible), donde 14 p.p. corresponden al primer trimestre y el resto al período abril-agosto. En consecuencia, hay espacio para reclamar actualizaciones nominales que aumentará el costo laboral de las empresas.

En último lugar, aparecen las tarifas de servicios públicos. Si bien el impacto directo de estos rubros es acotado -representan menos de un décimo del nivel general-, su efecto de segunda ronda es muy significativo: son servicios necesarios para los hogares y empresas y con una elevada inelasticidad, que hace muy difícil ajustar su consumo pese a que aumenten de precios. Aunque el gobierno anunció que no habría ajustes en el corto plazo, y el año que viene es electoral, no se puede descartar algún tipo de actualización en este capítulo.

Sus precios están virtualmente congelados desde mediados de 2019, a la par que sus costos vienen en aumento. Además, el Palacio de Hacienda está intentando endurecer su objetivo fiscal del año próximo, llevándolo de -4,5% del PBI a -3,5%, y el gasto en subsidio sería una de las primeras partidas a recortar.

En síntesis, la inflación se aceleró en octubre y probablemente se mantenga por encima del 3% mensual en noviembre y diciembre. De esta manera, la suba de precios acumularía cerca de 35% en 2020, ubicándose muy por debajo del cierre de 2018 y 2019, cuando orilló el 50%. Sin embargo, en el camino se habrían acumulado diversos desequilibrios y atrasos (precios relativos, dólar, salarios y tarifas) que posiblemente la “devuelvan” a la inflación a la zona del 50% en 2021, casualmente, el año electoral.

Según el IPC GBA Ecolatina, la inflación superó el 3% en octubre

Según el IPC GBA Ecolatina, la inflación alcanzó el 3,2% en octubre, acelerándose 0,6 p.p. respecto al mes anterior y superando el 3% por primera vez luego de nueve meses consecutivos. De esta manera, acumuló 25,9% en los primeros diez meses del año, con una variación interanual que se ubicó en 36%.

En lo que respecta a los capítulos, Indumentaria fue el que mayor variación exhibió en el mes (+7,2%) y ya acumula 42,2% en los primeros diez meses del año, más de 15 p.p. por encima del Nivel General. Por su parte, Esparcimiento y Equipamiento y mantenimiento del hogar (+4,5% y +4,1%, respectivamente) se ubicaron por encima de la evolución de la inflación como consecuencia de subas marcadas en Muebles, Artefactos para el hogar, Juegos y juguetes y Equipos de audio, televisión y computación. En este sentido, las mayores restricciones cambiarias a mediados de septiembre alentaron la suba de determinados precios de bienes no esenciales ante costos de reposición inciertos.

Por otro lado, Alimentos y bebidas creció 2,8% en el mes, acelerándose 1 p.p. respecto al mes anterior. Cabe destacar que la autorización de subas de Precios Máximos a mediados del mes aceleró notablemente al capítulo en la segunda quincena de octubre.

Por su parte, el IPC Núcleo se ubicó en 3,2%, acelerándose 1 p.p. respecto al mes anterior, mientras que el IPC Estacionales creció notablemente por encima (+8,2%) como consecuencia de incrementos en frutas, verduras y ropa exterior. Por último, la menor variación continuó de la mano del IPC Regulados (+1,1%), únicamente dinamizado por la autorización de subas de combustibles.

Para los últimos dos meses de 2020, la dinámica inflacionaria continuaría similar a la de este mes, o hasta incluso podría acelerarse y ubicarse más cerca del 4%. Esperamos que la autorización de subas de Precios Máximos continúe dinamizando al capítulo de Alimentos y bebidas durante la primera parte de noviembre, a la par que el incremento de prepagas dinamizaría a los precios Regulados.

A su vez, el grado de incertidumbre actual y las crecientes expectativas de devaluación continuarán impactando en los precios de determinados bienes y servicios no esenciales, generando que la inflación cierre el 2020 en torno al 36% anual.

De cara al 2021, los tres principales drivers (tarifas, tipo de cambio y salarios) se mantendrán activos. A la posible corrección de tarifas de Servicios Públicos, se le sumará la reanudación de paritarias en el contexto de un año electoral en donde recomponer el poder adquisitivo estará como objetivo primordial. Como si fuera poco, la estabilidad nominal dependerá principalmente de la evolución del tipo de cambio oficial. En la medida que la brecha cambiaria no ceda y la recomposición de reservas no se reafirme, un deslizamiento de la cotización oficial sería inevitable, acelerando la suba de precios y generando que en 2021 la inflación se ubique cómodamente por encima de la variación anual de 2020.

La inflación continuará alrededor de 3% en octubre

Según el INDEC, la inflación alcanzó el 2,8% en septiembre (+0,1 p.p. respecto al mes anterior), acumulando 22,3% en los primeros nueve meses del año. De esta manera, los precios alcanzaron el 36,6% i.a., representando la dinámica más baja de los últimos veinticinco meses.

Por su parte, el IPC GBA Ecolatina trepó 2,4% entre la primera quincena de octubre y el mismo período de septiembre. Sin embargo, la leve desaceleración respecto al dato del mes de septiembre sería pasajera. Esto se debe a que la autorización a nuevos aumentos en precios cuidados/máximos traccionará al alza los alimentos en la segunda quincena, al incremento del componente impositivo en los combustibles y a un incremento en precios de bienes (semi)durables (electrónicos, artefactos, etc.) producto de una mayor inestabilidad cambiaria, que se refleja en la creciente brecha con las cotizaciones paralelas. Por este motivo, prevemos que la inflación se mantendrá en la zona del 3% en el décimo mes del año.

Con negociaciones paritarias pendientes que parecen haberse arreglado con aumentos de suma fija (como fue el caso de los empleados de comercio, el más significativo), la cuestión cambiaria es el principal factor que determinará la dinámica inflacionaria en el corto plazo.

Pese a que el Ejecutivo no quiere una corrección del dólar oficial, para evitarla tiene que romper lo antes posible el círculo vicioso de caída de reservas y aumento de la brecha cambiaria y viceversa. En este sentido, un leve desplazamiento de la cotización oficial -no necesariamente una fuerte depreciación-, así como un nuevo esquema -desdoblamiento formal- o mayores restricciones -complicando la oferta de bienes no esenciales-, podrían presionar sobre el nivel de precios en los próximos meses.

En síntesis, esperamos que la suba de precios se mantenga en la zona de 3% mensual, con el riesgo que la misma se acelere si las crecientes presiones cambiarias no se contienen. Con estos números, proyectamos que la inflación cerrará el 2020 en torno al 36%.