La inflación del primer semestre será cercana a 25%

En mayo, la inflación nacional fue de 3,3%. De esta forma, aumentó 48,8% en la comparación interanual y acumuló 21,5% en los primeros cinco meses del año, la mayor para este período desde 2016.

El capítulo que mayor incidencia tuvo sobre el índice continuó siendo Alimentos y bebidas (+3,1%), que acumula 22,4% en lo que va del año y casi 50% interanual. Vale destacar que, a diferencia de meses previos, cuando la variación del capítulo era impulsada por algunos productos puntuales, este mes la suba fue generalizada: se destacó la evolución de carnes, lácteos, aceites, café, panes, verduras, entre otros.

En otro orden, sobresale que los Bienes (+3,5%) volvieron a ubicarse por encima de los Servicios (+2,7%). Esta dinámica recurrente durante 2021 implica que los primeros acumulen una suba de 23,4%, +6,4 p.p. que los segundos, que corren detrás como consecuencia del fuerte atraso relativo que presentan los servicios públicos, configurando un nuevo set de precios relativos durante los últimos meses.

En este sentido, pese a que el IPC Regulados trepó 3,8% en mayo, por encima del IPC Núcleo (+3,5%) y de los Estacionales (+1,5%), la tendencia es preocupante: la inflación nacional crece por encima del 3% mensual desde octubre de 2020 -ocho meses consecutivos-, algo que no había ocurrido tras los saltos cambiarios durante el gobierno de Cambiemos. Más aún, el IPC Núcleo, que muestra con mayor precisión la inercia del proceso inflacionario, crece a un ritmo mensual promedio superior al 4%. Esta dinámica, a la que probablemente se le sumen reclamos salariales cada vez más elevados -considerando la imposibilidad del cumplimiento de la meta oficial de inflación del 29%-, complicarán la desaceleración en la previa electoral.

Teniendo en cuenta que la suba de precios de mayo fue la más baja en lo que va del año, el cierre del semestre podría ser el inicio de la desaceleración, que se combinará en los próximos meses con una depreciación muy lenta del tipo de cambio oficial y un freno a las autorizaciones de incrementos en distintos precios Regulados. Sin embargo, el relevamiento quincenal del IPC GBA Ecolatina da indicios de la rigidez de este proceso: durante la primera mitad de junio el índice subió 3,8% respecto al mismo periodo de mayo, destacándose nuevamente el avance de casi 4% de Alimentos y bebidas (+3,9%), posiblemente afectado por el desarme de precios máximos hace unos días. De todos modos, prevemos que la inflación cierre por encima del 3% en el sexto mes del año, sin una considerable desaceleración respecto a mayo.

Proyectamos que la inflación rondará el 47,0% en 2021. Teniendo en cuenta que la inflación acumularía una suba en torno al 25% en el primer semestre, la suba de precios debería promediar alrededor de 2,7% entre julio y diciembre para alcanzar nuestra proyección, algo que podría lograrse utilizando el tipo de cambio y las tarifas como ancla, a costa de postergar ajustes para el año entrante. Por este motivo, es difícil que también en 2022 la inflación esté por debajo del 40%.

Los precios libres aumentan todos a la misma velocidad y no es una buena noticia

Con cada cambio de precios relativos la inflación se acelera

La inflación anual en nuestro país es de dos dígitos desde hace más de diez años y, más allá de los vaivenes causados por los incentivos electorales, ha exhibido una tendencia creciente. Así, en la primera mitad de la década pasada la inflación anual promedió casi 28%, teniendo su pico de casi 38% en 2014, un registro muy cercano a la media de la segunda mitad de la década, cuando solo en 2017 se observó una inflación inferior al 30%.

Distintos fueron los factores que propiciaron las sucesivas aceleraciones y desaceleraciones a lo largo de todos estos años: en 2014 el tipo de cambio mostró un salto discreto que aceleró la inflación de forma significativa, en 2016 la aceleración también estuvo relacionada con el mercado cambiario, pero se sumaron aumentos de tres dígitos en los servicios públicos, situación que volvió a observarse en 2018. En cada uno de estos episodios las distorsiones previas (atraso cambiario o tarifario) se saldaron con un reacomodamientos de precios relativos que aceleró la inflación. La experiencia histórica nos marca que cuanto mayores y abruptas son las distorsiones en los precios, más probable es que den lugar a incrementos que aceleren la inflación.

En este marco, nos preguntamos si la actual aceleración inflacionaria es producto del reacomodamiento de algunos precios como en las experiencias pasadas o, por el contrario, es un proceso en el que los precios tienden a moverse de forma homogénea.

¿La actual aceleración es producto de algunos ajustes puntuales?

Como marcamos, en 2014, 2016, 2018 y 2019 la inflación se aceleró por saltos cambiarios y tarifarios que impactaron rápidamente en algunos grupos puntuales. En todos estos casos, primero aumentaron los bienes (y los servicios públicos en 2016 y 2018) y luego el resto. Es decir, un grupo de bienes traccionó la inflación y luego lo siguió el resto. Este no parece ser el caso en 2021. Veamos.

Son múltiples las formas de medir la distorsión o cambios en precios relativos, una de ellas es comparando las dinámicas de las variaciones de los distintos capítulos del IPC respecto al promedio de estas variaciones. Así, la variabilidad o dispersión sería mayor cuanto mayor sea la diferencia entre los aumentos de cada capítulo y el promedio. Como mencionamos anteriormente, es de esperar que este indicador guarde una relación directa con la dinámica inflacionaria, cuando la inflación se acelera la dispersión debería aumentar.

En el siguiente gráfico cada punto es la combinación entre inflación promedio de los capítulos que componen el IPC y variabilidad de esos aumentos. Se observa, como comentamos previamente, una relación positiva entre ambas variables, pero también pueden verse cuatro “zonas”. Los puntos verdes son meses en los que la inflación fue alta y los aumentos heterogéneos, la mayoría de estos puntos pertenecen a 2018, año en los que la inflación fue traccionada por saltos cambiarios y tarifarios. Los puntos amarillos representan aquellos meses en los cuales la inflación fue “baja” y los aumentos heterogéneos, muchos de estos puntos pertenecen a 2020, año de desaceleración de la inflación aunque a velocidades distintas. Los puntos rojos esconden meses en los cuales la inflación fue “baja” y los aumentos homogéneos, buena parte de 2017 está en este cuadrante. Por último, los puntos azules son meses en los que la inflación fue alta y los aumentos homogéneos, aquí aparecen muchos meses de 2019 y 2021. Abril de este año es un claro ejemplo, la inflación se posicionó en 4,1% y siete de los doce capítulos del IPC aumentaron entre 3,5% y 4,3%.

Alta inflación y aumentos homogéneos, ¿debemos preocuparnos?

Sí, la homogenización de la inflación genera algunas inquietudes. La primera e inmediata es que este comportamiento se está dando incluso sin un salto cambiario de magnitud. Si bien es cierto que la emisión récord de 7% del PBI del año pasado y el hecho de que cada vez más empresas tuvieron que recurrir a divisas propias para importar son factores que pueden explicar esta tendencia, la aceleración de los últimos siete meses no deja de ser preocupante.

Por otro lado, las expectativas de inflación son una cuestión a atender. Si los precios libres se mueven más o menos en la misma magnitud se dificulta la recomposición de precios relativos. La evolución del nivel de precios no está traccionada por ninguno de sus componentes en particular; no ocurre porque suben las tarifas tras casi dos años de congelamiento, porque los bienes de consumo masivo recuperan su precio relativo pre-pandemia o porque hay significativos aumentos salariales por encima de la inflación que justifican una remarcación en rubros más vinculados a los servicios privados. No hay una causa y, por lo tanto, controlar el proceso inflacionario y retornarlo a valores más cercanos al 2% es una tarea más compleja.

En una economía que presenta un creciente peso de los subsidios económicos y que está en las vísperas de un acuerdo con el FMI, en donde el salario registrado promedió caerá por cuarto año consecutivo, y la extensión a los controles de precios condicionan la oferta de muchos bienes de consumo, no es de esperar que, en virtud de revertir estos desequilibrios, la inflación se aleje del 3% mensual del período 2017-2020, durante este año y el próximo. En ambos casos, esperamos que la inflación anual continúe en la zona de 40-50% hasta 2022 inclusive.

 

La inflación se desaceleró levemente en mayo: según el IPC GBA Ecolatina, perforó el 3,5%

¿Cómo fue la inflación en mayo?

Según el IPC GBA Ecolatina, la inflación fue de 3,4% en mayo, desacelerándose 1 p.p. respecto al mes anterior. De esta manera, subió 20,4% en los primeros cinco meses del año, representando la variación acumulada más alta desde 2016, y exhibió un aumento de 45,9% en la comparación interanual.

En lo que respecta a los capítulos, solo 3 de 9 se ubicaron por debajo del 3%. Si bien esta proporción representa una cifra menor en comparación al mes anterior, cuando solo 2 capítulos se habían ubicado por debajo del 4%, no deja de resultar llamativo: como consecuencia de la elevada inercia que está teniendo el proceso inflacionario, la inflación se volvió más homogénea y la mayor proporción de los precios crece a un ritmo entre el 2,5% y 4%.

Esto mismo puede visualizarse con el IPC Core, que creció 3,5% en el mes (-1,1 p.p. respecto al mes anterior) y muestra con mayor precisión la inercia de los precios. Trepó 49,4% en la comparación interanual y 21,9% en el acumulado en el año, exhibiendo la mayor variación para los primeros cinco meses desde el 2002. Al interior, la diferencia entre la evolución de precios se achicó: los precios de consumo masivo crecieron 3%, mientras que el resto subió 3,8%.

Por su parte, el IPC Regulados subió 3,7%, tras la suba de la electricidad, combustibles, prepagas y educación. De esta manera, acumuló una suba de 17,1% en lo que va del año y de 28,5% en los últimos doce meses. Por último, el IPC Estacionales creció solo 1,3%, lo cual ayudó a la desaceleración en el nivel general, como consecuencia de la menor evolución de frutas y verduras, principalmente (+17,1% acumulado y +69,6% i.a.).

El capítulo que mayor variación mostró fue Atención médica y gastos para la salud (+4,8%), como consecuencia del incremento de prepagas y aumentos en medicamentos. Por su parte, Educación (+4,4%), Indumentaria (+3,9%) y Transporte y comunicaciones (+3,8%) fueron otros de los capítulos que se ubicaron por encima del nivel general.

Párrafo aparte merecen los precios de alimentos y bebidas (+3,3%). El capítulo perforó el 4% por primera vez después de 6 meses consecutivos, ubicándose 0,1 p.p. por debajo de la inflación y desacelerándose 0,8 p.p. respecto al mes anterior.

La menor evolución se concentró en la segunda quincena del mes (+2,9% en la segunda vs +3,8% en la primera), como consecuencia de la moderación en la dinámica de frutas (manzana y cítricos, fundamentalmente), verduras y determinados bienes de consumo masivo. A contramano, la variación de carnes continuó elevada (en torno al 6%) y se aceleró en la segunda parte de mayo, mientras que otros bienes de consumo masivo, como lácteos, mostraron una dinámica elevada en ambas quincenas.

¿Qué esperamos?

Para los primeros seis meses del año, esperamos que la inflación acumule una suba en torno al 25%, lo cual representa una inflación mensual promedio de casi 4% entre enero y junio. Con estos números, y como consecuencia de una inflación que se desarmó más lento de lo esperado en el primer semestre, proyectamos que la suba de precios rondará el 47% anual en 2021.

Esta cifra implica que habría una paulatina desaceleración en los últimos seis meses del 2021: la suba de precios debería ser de 2,7% promedio mensual entre julio y diciembre para alcanzar el 47% anual. El ancla del tipo de cambio y mínimos movimientos en precios regulados ayudarán en este fin pero postergará ajustes pendientes para 2022.

Precios mayoristas: acumularon en el primer cuatrimestre la mayor suba desde el 2002

¿Cómo evolucionaron los precios mayoristas en abril?

En abril, el Índice de Precios Internos al por Mayor (IPIM) creció 4,8%, acelerándose 0,9 p.p. respecto al mes anterior. De esta manera, aumentó 61,3% en términos interanuales, representando la cifra más alta desde agosto de 2019, periodo en el cual impactó el salto cambiario pos-PASO.

A su vez, analizando el acumulado del año, crecieron 21,9% en el primer cuatrimestre (más de 5% promedio mensual). Este número implica una importante aceleración en comparación a 2020, dado que los precios habían trepado solamente 2,3% hasta abril, y, a su vez, representa la variación más alta desde el 2002 (+61,3% en el primer cuatrimestre), cuando los precios mayoristas habían sido impulsados por la salida de la convertibilidad.

Al desagregar al índice, se observa que la suba fue generalizada: los importados crecieron 20,8% en el primer cuatrimestre, mientras que los nacionales treparon 22,0%. Al interior de los segundos, los primarios saltaron 24,8%, los productos manufacturados 20,9% y la energía eléctrica 35,6% en el mismo periodo.

¿Qué explicó esta dinámica?

A diferencia de otros periodos, hay que tener en cuenta que la aceleración sucedió sin que hubiera un salto cambiario de magnitud. De hecho, el tipo de cambio oficial trepó 12,4% en el primer cuatrimestre, casi la mitad que la variación acumulada de los precios mayoristas. A su vez, el CCL creció menos de 10% y el dólar MEP por debajo del 5%, por lo que tampoco se explicó por el alza de las cotizaciones paralelas.

En este marco, el proceso inflacionario se volvió más complejo de explicar: en otros periodos la aceleración venía de la mano de la suba de algún driver claro -como el tipo de cambio-, mientras que en el actual no existe un importante acelerador. En este sentido, cobra mayor relevancia la inercia que están teniendo todos los precios de la economía (tanto los mayoristas, como el costo de la construcción y el índice de precios al consumidor) y las explicaciones no son tan sencillas ni lineales, sino una mezcla de factores.

Un primer motivo que pudo haber influido en la aceleración es que los dólares paralelos hayan cobrado mayor relevancia para determinar el tipo de cambio efectivo importador. En otras palabras, mayores trabas a las importaciones, dificultades de algunas empresas para conseguir dólares propios o cierta incertidumbre sobre los costos de reposición generaron que determinadas empresas valuaran sus compras externas a un dólar “de 150”, incrementando el tipo de cambio efectivo para la importación. Si bien es difícil determinar en qué momento predominó este efecto, es uno de los factores por los que los precios manufacturados alcanzaron un 56,6% i.a. en abril y los importados un 63,8% i.a.

Por otro lado, otra de las razones se encuentra en las presiones que generó el alza de los precios de los commodities. Para poner un ejemplo, el repunte del crudo presionó directamente sobre los productos minerales (que forman parte de los precios primarios), ya que acumularon una suba de 33,8% en el primer cuatrimestre (+5,5% en abril). A su vez, también existió un impacto sobre algunos precios manufacturados: los bienes refinados en petróleo crecieron 34,4% en el periodo (+9,5% en el último mes) y las sustancias químicas básicas 40,9% (+13,1%).

Además, las autorizaciones de subas de precios regulados, que habían acumulado importantes atrasos durante el año anterior, también impactaron sobre el índice. En este sentido, la suba de combustibles ya acumuló poco menos de 30% en el primer cuatrimestre, otorgando presiones sobre varios precios que componen al indicador: un ejemplo es el de vehículos automotores, carrocerías y repuestos, que acumuló una suba de casi 20% entre enero y abril. A su vez, la autorización de incrementos de tarifas para usuarios no residentes del 9% impactó directamente sobre la energía eléctrica (+8,9% en abril), que ya acumuló una suba de 35,6% en lo que va del año. Teniendo en cuenta que la suba de este índice durante todo el 2020 había sido solamente del 1,2%, queda en evidencia como la corrección de los regulados está tensando al nivel de precios.

Para finalizar, resta remarcar que los precios mayoristas no son necesariamente un “adelanto” de lo que sucederá con los minoristas. En este sentido, los bienes ponderan más en esta canasta (dado que está compuesto en su mayoría por transables) que en el índice de precios al consumidor. De todas formas, la aceleración es preocupante: que el IPIM haya promediado más de 5% en el primer cuatrimestre y el IPC más de 4% forma todo parte del mismo proceso inflacionario.

¿Qué esperamos?  

En los próximos meses, se podría visualizar una desaceleración de los precios mayoristas. En este sentido, el efecto del alza de los precios de los commodities se irá diluyendo en el corto plazo, a la par que el menor ritmo de depreciación de la cotización oficial ayudará a contener la suba de precios. A su vez, hay que tener en cuenta que, descontando la nueva alza de combustibles de mayo, no habrá otro incremento en lo que resta del año. De todas maneras, a pesar de la posible menor evolución de los próximos meses, el alza en lo que va del año condicionará a la variación anual: difícilmente la evolución de los mayoristas se ubique por debajo de 45% en 2021.

En mayo, la inflación perforará el 4%

  • Entre la primera quincena de abril e igual período de mayo, el IPC GBA Ecolatina avanzó 3,4%. De esta forma, marcó una desaceleración importante en relación con el último mes, cuando había escalado 4,4%.
  • Las restricciones a la circulación nocturna, a la vez que algunas ofertas en indumentaria y electrodomésticos, ayudaron a esta desaceleración. En este marco, todavía falta para decir que la desaceleración se mantendrá más allá de algunas semanas: los primeros rasgos son más transitorios que permanentes.
  • Alimentos y bebidas seguirá por encima del nivel general en mayo. Aumentos generalizados en carnes, lácteos y bebidas provocarán que este capítulo de suma relevancia esté alrededor del 4% en este mes, agravando el carácter regresivo de la suba de precios.
  • La actualización de 9% en la tarifa eléctrica para los hogares del Gran Buenos Aires -con mayor impacto en el IPC GBA Ecolatina que en el IPC Nacional de INDEC- y la suba de combustibles, prepagas y comunicaciones generarán que los precios regulados sigan en alza. Aunque este último ajuste todavía no fue avalado oficialmente, ya está impactando en el IPC -y podría hacerlo posteriormente a la baja si se revirtiera-.
  • Por último, Matías Rajnerman, economista jefe de Ecolatina, afirmó: “en los primeros cinco meses del año, la inflación acumulará más de 20%, dando por tierra no solo con la meta oficial del Presupuesto (29%), sino también con las posibilidades de lograr una desaceleración este año (en 2020, el índice de precios avanzó 36%, un piso claro para este año). En este marco, desde Ecolatina proyectamos que la inflación rondará el 45% en 2021, y que recién podría perforar el 3% en el segundo semestre del año”.

Inflación sin tregua: ¿llega la desaceleración?

En abril, la inflación fue de 4,1%. De esta forma, acumuló 17,6% en el primer cuatrimestre (equivalente a 62,5% anualizado) y 46,3% en los últimos doce meses, el valor más alto desde abril del año pasado cuando empezó la cuarentena. Si bien este número representa una desaceleración de 0,7 p.p. respecto de marzo 2021, cuando la inflación había sido de 4,8%, y está en línea con el promedio mensual del último semestre (4%), no por eso deja de ser muy preocupante.

Con este número, ya se consumió más del 60% de la meta del Presupuesto 2021, totalmente imposible de cumplir. A la vez, la suba de precios debería promediar 1,8% entre mayo y diciembre para no superar el 36,1% acumulado en 2020. Inevitablemente, la inflación no solo terminará este año por encima del objetivo oficial, que sirvió de referencia solo para algunas pocas paritarias y ya quedó en el olvido, sino que también se acelerará considerablemente en relación 2020.

El nivel general no es lo único preocupante. Por caso, el rubro alimentos y bebidas, principal consumo de los sectores de menores recursos, siguió subiendo más rápido que el promedio. En abril, este capítulo avanzó 4,3%, acumulando 18,7% en los primeros cuatro meses del año. En tanto, educación saltó 32,6% entre enero y abril, seguido de prendas de vestir y calzado (+22,4%) y transporte (+20,7%). Por el contrario, vivienda y electricidad subió menos de 9%, producto del congelamiento tarifario -levemente actualizado en mayo-, a la par que equipamiento y mantenimiento del hogar avanzó 15,8% entre enero y abril, en un contexto de dólar oficial y paralelo calmo.

En otro orden, los bienes volvieron a subir por encima de los servicios (4,7% y 2,5%, respectivamente), acumulando una diferencia de casi 6 p.p. en lo que va del año (+19,2% y +13,8%). Además del mencionado congelamiento tarifario, esto refleja un nuevo patrón de precios relativos: desde 2018, impulsado por las sucesivas devaluaciones del peso, los bienes le están ganando sistemáticamente la carrera nominal a los servicios.

Por último, en lo que al análisis de abril respecta, sobresale que la inflación núcleo volvió a estar por encima del nivel general (4,6%), en tanto los precios regulados y los estacionales quedaron por debajo (3,5% y 2,2%, respectivamente). Este ranking se repite en el acumulado anual, ya que a una suba de 18,2% del IPC Núcleo, le sigue una de 16,3% de los precios estacionales y de 16,2% los precios regulados. Dado que la inflación core o núcleo es la más difícil de desarmar y la más lenta de bajar, esta dinámica preocupa de cara a los meses que vienen.

Luego de un primer cuatrimestre muy complicado en la materia, desde Ecolatina proyectamos que la inflación rondará 45% en 2021 (+9 p.p. en relación con el acumulado del año pasado). Para que esto se cumpla, la suba de precios debería promediar 2,7% entre mayo y diciembre, un valor difícil de alcanzar con este arranque, pero no imposible considerando que el dólar oficial seguiría planchado y en “modo electoral”, a la vez que ni las tarifas de servicios públicos ni los salarios crecerían sustancialmente este año. A la vez, con esta proyección, la inflación terminaría cerca de los niveles de 2018 y 2019; sin embargo, más allá del valor agregado, la situación será más preocupante: mientras que en ese entonces se corregían precios relativos -dólar y tarifas-, en este contexto se están acumulando atrasos, que, posiblemente, dejarán a la inflación por encima de 40% también en 2022.

La inflación no afloja: trepó más de 4% en abril

El IPC GBA Ecolatina subió 4,4% en abril, acelerándose 0,5 p.p. respecto al mes anterior. De esta manera, la inflación acumuló 16,4% en el primer cuatrimestre del año, el mayor registro desde los primeros cuatro meses de 2016, cuando la salida del cepo se combinó con fuertes aumentos tarifarios, y se ubicó en 43,3% en la comparación interanual.

Lo más destacable es que 7 de los 9 capítulos se ubicaron por encima del 4%, algo que no sucedía desde octubre de 2019, tras el salto cambiario luego de las PASO. La mayor variación la exhibió Indumentaria (+7,2%) que trepó 66,3% en los últimos doce meses, muy por encima del nivel general y del resto de los capítulos. Además, Transporte y comunicaciones creció 5,6%, donde impactó la suba de subtes y taxis (en CABA) y el nuevo incremento de combustibles, los cuales acumulan 21,5% en el año.

Por su parte, Atención médica para la salud y Educación crecieron 5,1% en el mes, donde impactó el incremento de prepagas y el inicio de clases, respectivamente. Misma variación registró Esparcimiento, donde se destacó las subas de equipos tecnológicos, clubes, parques, entre otros. En este último caso, la aceleración tuvo lugar en la segunda mitad del mes.

De todas maneras, debido a su peso en el índice, el capítulo que mayor incidencia tuvo fue Alimentos y bebidas (+4,1%). Si bien se ubicó por debajo del Nivel general, ya acumula 6 meses consecutivos por encima del 4%, subiendo 19,4% en el primer cuatrimestre del año y 49,8% en los últimos doce meses. Vale destacar que en abril se observó un incremento generalizado de la mayor parte de los productos, particularmente dinamizado en la segunda mitad del mes, destacándose las subas de carnes, lácteos, panificados e infusiones.

En lo que respecta a las categorías, el IPC Núcleo creció 4,7% en el mes (+17,7% acumulado), exhibiendo la variación más alta desde octubre 2019 y dejando en evidencia la fuerte inercia que vienen mostrando los precios, dado que no tiene en cuenta los factores estacionales o subas de precios regulados. En este sentido, el IPC Estacionales creció 4,5% (+15,6% acumulado) y el IPC Regulados trepó 3,7% (+12,9% acumulado).

¿Qué esperamos?

Para mayo difícilmente la inflación perfore el 3%. Además de la elevada inercia, que genera que el IPC Núcleo no se desacelere, existirán nuevas subas de combustibles (con los efectos de segunda ronda que trae aparejados), prepagas y telecomunicaciones. A su vez, existiría un incremento en la tarifas de electricidad, que llevan casi dos años congeladas. De todas maneras, la magnitud del mismo, 9%, distará de ser suficiente para terminar con el atraso de precios relativos.

Si bien la inflación de junio se mantendría en torno al 3%, en el tercer trimestre del año la inflación podría exhibir una desaceleración en comparación a la primera parte del año. Esto se debe a que el Ejecutivo mantendrá la política de reducción del ritmo de depreciación de la cotización oficial, acentuándolo en la previa electoral para apuntalar el salario real e intentar dinamizar al consumo, muy golpeado con la pandemia y las diversas restricciones. A su vez, los controles a los precios de los bienes de consumo masivo serán extendidos a productos de electrónica y electrodomésticos.

Si bien podría haber autorizaciones de incrementos puntuales, el gobierno insistirá con esta estrategia en los meses más cercanos a las elecciones por lo que prevemos una continuidad en la desaceleración de la inflación en el segundo semestre. En este marco, la inflación anual rondaría el 44,0% para 2021, ubicándose casi 10 p.p. por encima del 2020.

Causas y consecuencias de la aceleración inflacionaria

La inflación arrancó agitada el año electoral: acumuló 13% en el primer trimestre y promedia 3,9% mensual desde octubre pasado. La relajación de las restricciones y la inflación contenida durante la cuarentena 2020, las expectativas de devaluación en un primer momento y la mayor relevancia del dólar paralelo en la importación de bienes después, además de algunas actualizaciones salariales explican esta importante aceleración.

Para dimensionar estos porcentajes, vale destacar que desde la segunda mitad de 2019 no se registraba un promedio similar. En ese entonces, explicado por la devaluación de agosto (post-PASO), la suba de precios acumuló 25,7% entre julio y diciembre, promediando 3,9% mensual. Sin embargo, su dispersión fue mayor: mientras que en la actualidad el pico fue el 4,8% de marzo, seguido del 4% de diciembre 2020 y enero, en 2019 el pico había sido de 5,9% en septiembre, seguido de un 4,3% en noviembre. De esta forma, se observa que la aceleración actual es mucho más constante y persistente que la del cierre de la gestión Cambiemos, de modo que su baja será más lenta y, también, difícil.

Sin embargo, esta no es la única diferencia. Por caso, en el segundo semestre de 2019, el capítulo alimentos y bebidas estuvo en línea con el nivel general de precios (+3,9% promedio mensual), mientras que en la actualidad se ubica 0,3 p.p. por encima de éste. Como resultado, los alimentos y bebidas avanzaron 27,8% en el último semestre (+2 p.p. respecto del 25,7% general), profundizando el impacto de la suba de precios sobre los hogares de menores ingresos.

Partiendo de la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) que publicó INDEC para el período 2017-2018, podemos afirmar que la inflación tiene un carácter un poco más regresivo en la actualidad que en la segunda mitad de 2019. Mientras que entre octubre de 2020 y marzo de 2021 la suba de precios del decil más bajo acumuló 25,6%, la del decil más alto alcanzó 25,2%. En cambio, estos valores fueron de 24,6% y 26,6% en la segunda mitad de 2019. Por lo tanto, aunque a nivel agregado no se encuentran grandes diferencias, sí se observan disimilitudes relevantes al analizar el impacto a lo largo de la pirámide de ingresos.

Esta dinámica obedeció a qué rubros motorizaron el índice en cada caso. Mientras que en la actualidad alimentos y bebidas está casi al tope del ranking, equipamiento y mantenimiento del hogar, salud y comunicaciones y esparcimiento también habían marcado subas importantes al cierre de la gestión Cambiemos. Considerando esta diferencia, entonces, el impacto económico de la inflación en cada momento será distinto no solo entre hogares, sino también entre variables económicas.

En 2019, las causas de la aceleración eran claras e inmediatas: un salto cambiario (+33% en una semana), que impulsó a los bienes y servicios transables -aquellos que se pueden exportar o importar-. Por lo tanto, cuando el dólar oficial se estabilizó, cepo mediante, la inflación se desaceleró. En cambio, en los últimos seis meses, los factores son más difusos. En el comienzo de 2021, el Banco Central redujo su tasa de devaluación, a la vez que los mercados paralelos calmaron su ritmo frenético -salvo esta última semana, pero siguen lejos de los máximos- y la brecha se atenuó. Por lo tanto, hay que ir a buscar otras causas.

Por un lado, aumentó el tipo de cambio “efectivo” para importaciones. ¿Qué quiere decir? El dólar que sirve de referencia para los precios es una suma ponderada entre las compras que se realizan con dólares de 93 pesos -oficiales- y las que se realizan con dólares de 140 pesos -paralelo-. Si bien ambos subieron por debajo de la inflación en los últimos meses, el tipo de cambio paralelo fue ganando relevancia y trasladándose a los precios. Lamentablemente, por la falta de estadísticas y precisiones, no podemos saber la magnitud de este ajuste, pero lo que sí podemos afirmar es que es relevante.

Por otra parte, la actualización de precios se aceleró luego de la relajación de las medidas sanitarias. En este marco, podríamos decir que parte de la suba reciente se explica por la “inflación acumulada” durante los peores meses del aislamiento social. En este sentido, subas de 31,5% y 29% entre octubre y marzo en Restaurantes y Hoteles y Esparcimiento explican el efecto “positivo” que habían tenido los cierres sobre el nivel general de precios.

En tercer lugar, aparece el shock de emisión del 2020: resultado de la pandemia y su efecto negativo sobre la actividad y la recaudación, además de las políticas expansivas que implementó el Estado argentino (IFE, ATP, etc.) en un contexto de acotado financiamiento privado, sobre todo hasta octubre, el Banco Central le giró al Tesoro más de 2 billones de pesos, equivalente a 7% del PBI. Si bien una parte importante de esta emisión récord se retiró vía LELIQs, pases y durante la corrida cambiaria del año pasado, también está teniendo un efecto importante en la inflación actual de manera directa e indirecta -durante el año pasado, las Reservas netas de la autoridad monetaria cayeron 65% producto de, entre otras cosas, las ventas en el mercado oficial que ayudaron a descomprimir las tensiones, razón por la cual varias importaciones de hoy se realizan con “dólares propios”-.

Por último, aparece la inflación internacional y la suba del precio de los commodities. Esta dinámica, que ayuda sensiblemente a nuestro país en el frente externo, trae algunos problemas en materia de precios internos. En este sentido, sobresale que la inflación acumuló 1,7% en el primer trimestre de 2021 en Estados Unidos y 2% en Brasil, en tanto había alcanzado 1,4% y 4,5% respectivamente durante todo el año pasado. Se desprende entonces de estos números cómo la dinámica global también está jugando un papel en el comienzo de este año.

Esta suma de factores está provocando que la inflación haya arrancado muy caliente el año electoral, casi duplicando al acumulado del primer trimestre del año pasado (7,7% vs. 12,9%), antes de la irrupción de la pandemia. Además, resultado de alimentos y bebidas que suben por encima del nivel general de precios, el carácter regresivo de la inflación se acentuó en comparación a otras aceleraciones. Si al cierre de 2020 el gobierno se proponía que la inflación perforará el 30% en este año electoral, al momento debe estar enfocado en que no supere el 40%. Lograrlo será una tarea difícil, y posiblemente se tensen otras variables para cumplir el objetivo -tarifas, tipo de cambio, más controles de precios-. El tiempo juega en contra mientras los desequilibrios se agravan y algunas políticas tardan en dar resultados; las próximas semanas serán importantes.

La inflación sigue alta: acumuló 4,5% entre la primera mitad de abril e igual período de marzo

  • El IPC GBA Ecolatina trepó 4,5% entre la primera quincena de abril y el mismo período de marzo. Esta dinámica incluye la aceleración que tuvieron los precios hacia el cierre del mes pasado, reflejada en el IPC INDEC de marzo publicado ayer, de modo que esperamos que la suba de precios se desacelere en la segunda mitad de este mes.
  • Sin embargo, esta baja no alcanzaría para perforar el 4% en el promedio mensual. Como resultado, la inflación acumularía 17% en los primeros cuatro meses del año, consumiéndose casi el 60% del objetivo anual de 29% fijado en el Presupuesto 2021.
  • Durante abril, los aumentos más significativos serán los vinculados a la indumentaria, a los que se sumarán los incrementos en prepagas, combustibles, expensas, cigarrillos y el ajuste en la tarifa de subtes y taxis (CABA).
  • Por su parte, los alimentos y bebidas crecerían por debajo del Nivel General en abril. Sin embargo, seguirían en niveles elevados (en torno a 3,5%), también acumulando más de 17% en los primeros cuatro meses del año (+2 p.p. en comparación al comienzo del 2020). De esta forma, se verifica el carácter regresivo de la inflación, que afecta más a los que menos tienen.
  • Matias Rajnerman, economista jefe de Ecolatina, anticipó que “a diferencia del año pasado, las restricciones a la circulación no tendrán un impacto desinflacionario. Sin embargo, es probable que la suba de precios se desacelere en los próximos meses: un dólar oficial planchado ayudará a contener presiones en un contexto de ajustes tarifarios y salariales moderados”.
  • Ecolatina proyecta que la inflación alcanzará 42,5% en 2021.

La inflación más alta desde el salto cambiario pos-PASO

La inflación nacional fue de 4,8% en marzo, acelerándose 1,2 p.p. respecto a febrero y mostrando la variación más alta desde septiembre de 2019, mes siguiente a la devaluación pos PASO. A su vez, exhibió una variación acumulada del 13,0% en el primer trimestre del año y de 42,6% en la comparación interanual.

En lo que respecta a los capítulos, Educación (+28,5%) e Indumentaria (+10,8%) son los que mayor evolución exhibieron en el mes. Estas variaciones pueden ser explicadas por factores esencialmente estacionales: en el primer caso, por incrementos en las cuotas escolares, y en el segundo por el cambio de temporada. Por su parte, resaltó la evolución de Bebidas alcohólicas y tabaco (+6,4%) donde se destacó el incremento de cigarrillos y Recreación y cultura (+5,3%) en donde impactó la reapertura de cines.

De todas maneras, el capítulo que mayor incidió en el mes fue Alimentos y bebidas no alcohólicas (+4,6%) producto de su importante ponderación y peso dentro de la canasta general. Este rubro acumuló una suba de 13,8% en el primer trimestre del año, agravando el carácter regresivo de la inflación. En este sentido, se destacaron las subas de Carnes (que ya acumulan un alza de 17,5% en el primer trimestre) y Verduras. Además de los productos frescos, resaltaron los avances de determinados bienes de Consumo Masivo (como lácteos, aceites y panes). Esta dinámica se dio a pesar de la continuidad del programa de Precios Máximos (en el cual no autorizaron nuevas subas en los comercios adheridos) y un menor deslizamiento del tipo de cambio oficial (principal driver de los bienes transables).

En lo que respecta a las categorías, el IPC Estacionales exhibió la variación más alta de los últimos cinco meses (+7,2%), acumulando 13,8% en el primer trimestre (+67,9% i.a.). Por su parte, el IPC Núcleo saltó 4,5% en el mes, acumulando 13,0% en los primeros tres meses del año y 45,7% en los últimos doce meses. Por su parte, mientras el IPC Regulados creció también 4,5% en marzo (+12,3% acumulado y 22,2% i.a.).

¿Qué esperamos?

En los próximos meses, el Ejecutivo mantendría la política de reducción del ritmo de depreciación del tipo de cambio oficial en el periodo previo a las elecciones para mejorar el poder adquisitivo de los hogares en lo inmediato. A su vez, el incremento de las tarifas de Servicios Públicos se ubicaría por debajo del ajuste necesario para corregir el atraso de precios relativos.

Además, cabe nombrar que como consecuencia del elevado dato de marzo decidió implementar mayores controles de precios. Por un lado, incrementó las presiones sobre las empresas de Consumo Masivo y los controles en los supermercados para garantizar que el programa de Precios Máximos se cumpla y se eviten problemas asociados al desabastecimiento. A su vez, tomó medidas en torno a los alimentos frescos (controles sobre el precio de la carne y programas para acceder a precios mayoristas frutas y verduras) y también sobre productos de electrónica y electrodomésticos (mantener fijos los precios actuales de las principales cadenas de comercialización de estos productos).

Hay que tener en cuenta que este tipo de medidas de controles son ineficientes para bajar la inflación. En este marco, la suba de precios podría mostrar una desaceleración en la previa electoral, pero como consecuencia principalmente de la menor depreciación del tipo de cambio oficial.

La suba de precios mostraría una desaceleración en abril, ya que los factores estacionales (subas de educación e indumentaria) ya no estarán presentes. De todas maneras, esperamos que la inflación núcleo -que muestra con mayor precisión la inercia del proceso inflacionario- se mantenga en niveles elevados (en torno al 4%). Esto se daría como consecuencia, en mayor medida, de la elevada dinámica que mantendrán los precios de los alimentos. A su vez, habrá nuevos incrementos de subtes, taxis, prepagas y combustibles.

En este marco, la inflación promedio entre abril-diciembre debería ser del 1,5% para cumplir con la meta oficial presentada en el Presupuesto 2021 (29% anual), cifra que ya quedó descartada. Por lo tanto, si bien el Gobierno podría lograr que la inflación perfore el 3% mensual en los meses previos a las elecciones (entre el segundo y tercer trimestre), esperamos que la inflación anual cierre cómodamente por encima del 40% en 2021.