Pese a la incertidumbre cambiaria y las restricciones a las importaciones, la actividad económica se mantuvo estable en julio

El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) trepó 5,6% i.a. en julio, acumulando una variación de 6,4% i.a. en los primeros siete meses del año. De esta manera, la economía se ubicó un 3,0% por encima del mismo periodo acumulado de 2019 y un 0,8% por sobre 2018.

En términos desestacionalizados, exhibió un estancamiento respecto a junio (+0,0%), logrando acumular cuatro meses sin resultados negativos. Este desempeño se dio en un contexto de mayores controles a las importaciones (impuesto a finales de junio con la Comunicación “A” 7532 del BCRA) y la incertidumbre cambiaria -con un salto en la brecha- ocurrida desde inicios de mes con el cambio de gabinete económico (salida de Martín Guzmán).

En este contexto, la economía mostró una evolución más favorable a la esperada, ayudada por un mayor aporte positivo de determinados sectores de Servicios (como esparcimiento, intermediación financiera, entre otros) y la Construcción (de hecho, el ISAC creció 2,2% en julio), en contraste con una evolución algo más acotada de la Industria (el IPI se contrajo 0,8% en el mismo mes). Aquí, un factor que pudo haber ayudado para que la contracción no sea mayor fue la utilización de stocks remanentes para sostener la producción, principalmente durante la semana de incertidumbre cambiaria que generó costos de reposición de inciertos y posibles paralizaciones de la producción en determinados sectores.

Volviendo a la comparación interanual, se observó que 13 de los 15 sectores exhibieron subas. En este sentido, los Servicios (+6,5% i.a.) se ubicaron por encima de los Bienes (+4,1% i.a.) por quinto mes consecutivo, acumulando subas de 7,9% i.a. y 3,9% i.a., respectivamente.

Dentro de los sectores de Servicios, todos los sectores mostraron cifras positivas, donde las más pronunciadas ocurrieron en Hoteles y restaurantes (+45,7% i.a.) y Otras actividades de servicios sociales y personales (+9,5% i.a.). De todas formas, las mayores incidencias positivas se observaron en Comercio mayorista, minorista y reparaciones (+5,7% i.a.) y Transporte y comunicaciones (+8,8% i.a.), que en conjunto explicaron casi 1,5 p.p. de la variación interanual de la actividad.

Por su parte, dentro de los sectores de Bienes las subas más grandes ocurrieron en Explotación de minas y canteras (+13,6% i.a.) y Construcción (+6,8% i.a.). Pese a esto, el sector con mayor incidencia positiva fue la Industria manufacturera (+5,6% i.a.), explicando casi 1 p.p. de la variación del nivel general. A diferencia, los dos sectores con caídas fueron Agricultura y ganadería (-2,7% i.a.) y Electricidad, gas y agua (-2,1% i.a.), el primero afectado por la menor cosecha y el segundo por la menor demanda ocasionada por la suba parcial de tarifas de servicios públicos.

¿Qué esperamos hacia adelante?

Estimamos que la actividad económica pueda exhibir una (leve) caída desestacionalizada en agosto, o, en el mejor de los casos, un nuevo estancamiento. En este sentido, la economía podría haber mostrado con cierto rezago los efectos de la incertidumbre financiera de julio, en un contexto en el que se vayan diluyendo los efectos del uso de stocks que habían ayudado al sostenimiento del nivel de actividad.

Para el resto del año, la evolución de la economía exhibirá un enfriamiento. Las perspectivas de los últimos meses del año estarán afectadas por una continuidad en las restricciones a las importaciones, que limitarían la expansión del mercado interno (menor oferta de bienes importados) y generarían complicaciones en los procesos productivos (ante menores insumos disponibles). Además, la aceleración inflacionaria golpeará con mayor fuerza a los ingresos, mientras que el ajuste de tarifas de servicios públicos le restará ingreso disponible a los hogares para consumir.

A esto se le sumará un sesgo más contractivo de la política económica, determinado por el encarecimiento del crédito al consumo y la inversión por el ajuste de tasas y un menor impulso fiscal, en un contexto en el que deberá cumplirse la meta de déficit primario acordada con el FMI de 2,5% del PIB.

Pese a estas perspectivas acotadas, elevamos nuestra proyección a 4,5% i.a. en el promedio anual de 2022. El motivo de este cambio es un mayor arrastre estadístico para el resto del año luego de incorporar los datos del PIB del segundo trimestre, así como un desempeño mejor al esperado en julio. De todas formas, este número incluye el mencionado freno al crecimiento de la actividad en el segundo semestre: la economía exhibiría una caída de casi 1 p.p. al contrastar diciembre de 2022 vs junio del mismo año.

Para 2023, la compleja situación de acumulación de reservas internacionales junto a las dificultades para la reducción de la nominalidad de la economía (en el mejor de los casos, la inflación se desacelerará muy lentamente), hacen que mantengamos una proyección acotada para el año entrante (en torno al 1%, en línea con el crecimiento poblacional).

Julio con impacto disímil en la construcción y la industria

La construcción con datos positivos

En julio, el Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC) creció 5,2% i.a., acumulando una suba de 6,3% i.a. en los primeros siete meses del año. De esta manera, el sector se ubicó también por encima del mismo periodo de 2019 (+7,4%), pero aún un 1,6% por debajo de enero-julio de 2018.

En términos desestacionalizados creció 2,2%, recuperando la totalidad de la caída de junio (-1,8%). Así, el sector creció 4,9% al contrastar con diciembre de 2021 y alcanzó el mayor nivel de actividad desde enero de 2018. El alza de los dólares paralelos y brecha cambiaria de mediados de mes habrían creado incentivos extras para volcar los sobrantes de pesos al sector, en un contexto de escasas alternativas de ahorro y un costo de la construcción medido en USD que sigue bajo en términos históricos.

Al interior, se observó una cifra interanual positiva en 11 de los 13 insumos que componen al indicador. Más en detalle, Pisos y revestimientos cerámicos (+22,6% i.a.), Pinturas para construcción (+16,9% i.a.), Placas de yeso (+10,9% i.a.) -insumos vinculados a la obra privada de menor magnitud- exhibieron buen desempeño en el mes de julio. A su vez, los insumos vinculados a obras privadas de magnitud también mostraron cifras positivas (por caso, Hormigón elaborado y Cemento portland crecieron 18,4% i.a. y 9,9% i.a., respectivamente). A diferencia, el asfalto, que es el insumo más asociado a la obra pública, exhibió caída por dos meses consecutivos (-13,8% i.a. en julio).

Por el contrario, la industria se vio parcialmente afectada por las nuevas restricciones y la incertidumbre cambiaria

La industria manufacturera creció 5,1% i.a., acumulando una suba de 5,8% i.a. hasta julio. Al contrastar con los niveles de los años previos, se observa que creció contra el acumulado del mismo periodo de 2019 (+11,0%), 2018 (+1,7%), 2017 (+1,5%) y 2016 (+2,2%).

De todas maneras, al analizar al sector en términos desestacionalizados, se observa un nulo crecimiento respecto a diciembre de 2021 (-0,8%). Esto es así porque vino mostrando un desempeño errático desde principios de año, con la imposibilidad de acumular dos meses consecutivos de crecimiento. En julio, mostró una caída mensual de 1,2%, afectada parcialmente por las restricciones a las importaciones de fin de junio (por caso, cuando se implementaron nuevas trabas en octubre de 2021 el indicador había llegado a caer 5,9% mensual) y el alza de los dólares paralelos que pudo paralizar parcialmente la producción ante costos de reposición inciertos. En esta línea, cabe destacar que la tendencia-ciclo mostró una cifra negativa (-0,4%) por primera vez luego de 24 meses consecutivos.

Al interior, todos los sectores mostraron crecimiento interanual positivo. Automotores y otros equipos de transporte (+21,2% i.a.), Otros equipos, aparatos e instrumentos (+15,6% i.a.) y Productos de metal, maquinaria y equipo (+13,6% i.a.) fueron los que mayor incremento mostraron. A diferencia, Alimentos, bebidas y tabaco -el sector que más peso tiene dentro del indicador-, exhibió un crecimiento más acotado (+0,9% i.a.).

¿Qué esperamos?

En lo que respecta a la construcción, distintos aceleradores y desaceleradores continuaran operando sobre el sector: (i) la brecha cambiaria y las restricciones al acceso al mercado cambiario continuarán siendo incentivos para volcar dólares al ladrillo; (ii) el nuevo blanqueo que lanzó el Gobierno podría actuar como driver extra; por el contrario, (i) el faltante de dólares puede generar problemas de falta de insumos y costos de reposición inciertos; (ii) la obra pública podría desacelerarse ante metas fiscales más exigentes.

Por su parte, la industria tiene perspectivas más conservadoras: (i) las restricciones a las importaciones afectan a la disponibilidad de insumos y generan costos de reposición inciertos*; (ii) los problemas logísticos a nivel global perduran, y a su vez, las perspectivas de crecimiento para los principales socios comerciales son acotadas; (iii) la aceleración inflacionaria y la actualización de tarifas de servicios públicos continuarán debilitando el ingreso disponible de los hogares, afectando la producción de bienes de consumo (principalmente no durables).

* En este sentido, hay un descalce creciente entre una firme demanda de durables -como reserva de valor- y una oferta recortada por el faltante de partes, piezas y unidades finales.

Industria manufacturera: recuperación reciente, pero aún casi 10% por debajo de los niveles máximos

La industria manufacturera es un sector de vital importancia para la economía argentina, en tanto pesa poco más de un quinto del PIB y representa 18% del total de trabajos registrados.

Luego de la crisis de 2001, logró mantener un crecimiento sostenido durante una década (salvo por el periodo de la crisis subprime), alcanzando niveles máximos en el año 2011. Desde ese entonces, mostró un desempeño notablemente peor que la economía en su conjunto (mientras que en 2017 el PIB se ubicó 2,2% por encima de los niveles de 2011, la actividad fabril cayó 8,7%), que luego terminó por agudizarse con las crisis cambiarias de 2018-2019 y la pandemia.

Yendo al pasado reciente, se recuperó 15,8% interanual en 2021 y acumula una suba de 5,7% en los primeros seis meses de 2022. Ahora bien, a la hora de analizar cuánto fue avanzando entre periodos, se observa que trepó 3,5% y 6,3% de manera desestacionalizada en el primer y segundo semestre de 2021, pero exhibió un estancamiento con una trayectoria errática en los primeros seis meses de 2022 (+0,1% vs diciembre de 2021).

Esta diferencia sucede porque la fuerte recuperación del segundo semestre dejó un piso alto para 2022, que da como resultado una variación elevada al comparar en términos interanuales (por el alto arrastre estadístico), pero muy baja al contrastar entre puntas.

Dicho esto, se abren los siguientes interrogantes. ¿Qué ramas están exhibiendo mejor y peor desempeño? ¿Será posible observar una continuidad en el ritmo de crecimiento en la segunda parte de 2022, o por el contrario se alcanzó cierto techo en la recuperación? Y, por último, ¿cuáles son las perspectivas de mediano plazo?

Zoom al interior de los sectores

Una manera de desagregar a los distintos sectores productivos es por tipo de bien producido: (i) bienes de consumo no durable; (ii) bienes de consumo durable; (iii) bienes intermedios y (iv) bienes de capital.

Utilizando los datos del Indice de Producción Industrial Manufacturero (IPI) de Indec, se observa que los bienes de consumo no durable acumularon una suba de 5,7% en el primer semestre de 2022.

Además, no sólo se ubicaron por encima de los niveles del año anterior, sino que también produjeron arriba del acumulado del mismo periodo de 2016, 2017, 2018 y 2019. Dentro de este grupo no sólo entran los bienes vinculados a alimentos y bebidas, sino que también se encuentran, por ejemplo, indumentaria y productos farmacéuticos.

En este sentido, el sostenimiento de la recuperación de estos sectores puede estar vinculado a un efecto de “adelantamiento de consumo” ante la escalada inflacionaria de los últimos meses, que también se puede observar en los datos favorables de consumo privado del primer semestre (+8,9%, por encima del crecimiento del PIB).

En la misma línea, los bienes de consumo durables crecieron 10,8% en el primer semestre de 2022, pero a diferencia, aún se ubicaron por debajo de lo producido en 2016, 2017 y 2018. La recuperación de los últimos meses esta ligada al factor antes mencionado -mayor consumo en bienes como alternativa de ahorro ante la elevada nominalidad-, pero también ayudado por los planes de financiamiento subsidiados en cuotas y tasas de interés reales negativas.

De todas formas, este grupo aún tiene mayor terreno por recuperar, en un marco en el cual habían sido relativamente más golpeado por la última crisis.

Los bienes intermedios, es decir, aquellos que se usan como insumos durante el proceso productivo, treparon 3,1% acumulado, y aún se encuentran por debajo de los últimos años (este grupo también aún opera por debajo de 2016, 2017 y 2018).

A diferencia, los bienes de capital subieron 24,7% en el acumulado de 2022 y ya operan en niveles máximos de la serie.

En esta línea, la inversión productiva (+10,5% en el primer semestre) viene siendo traccionada tanto por la compra de maquinaria y equipo -tanto nacional como importada- como por la construcción, posiblemente incentivada por la elevada brecha cambiaria y créditos subsidiados a pymes.

Las perspectivas de corto plazo son conservadoras

Para el segundo semestre, la industria se enfrentará a varios frentes recesivos. La volatilidad financiera de los últimos meses tras el cambio de gabinete económico no sólo empeoró el escenario macroeconómico en general (hay menor crecimiento esperado para este año y 2023 junto a una mayor inflación, en tanto la mediana del REM espera 3,4% y 1,5%, en conjunto con una suba de precios de 90%), sino también el de la industria en particular. 

En este sentido, el reciente giro del Gobierno hacia una mayor austeridad fiscal es condición necesaria para estabilizar la macroeconomía (por caso, se anunció una mayor reducción de subsidios a las tarifas de servicios públicos, se aplicaron ajustes nominales en gastos presupuestados y se dieron señales en pos del fortalecimiento de la meta de déficit primario), pero posiblemente opere negativamente sobre el nivel de producción industrial, al menos en el corto plazo. Por caso, las recientes subas de tasas de interés pueden desincentivar en el margen a la producción de bienes de capital, en tanto la quita de subsidios energéticos encarece el costo de las empresas industriales y reduce el ingreso disponible de los hogares. Además, las restricciones a las importaciones encarecen y limitan el abastecimiento de insumos claves, golpeando a la producción del sector en conjunto.

Si bien la aceleración inflacionaria puede actuar como incentivo a adelantar consumo (efecto “los pesos queman”), principalmente sobre bienes de consumo no durables y durables, este efecto más temprano que tarde será reemplazado por el deterioro del poder adquisitivo. En los últimos meses, el salario real de los sectores formales vino mostrando cifras interanuales positivas -gracias a paritarias que fueron holgadas-, pero este favorable desempeño se revertiría en el segundo semestre tras la marcada aceleración de precios desde mediados de julio, dejando como posible resultado cinco años consecutivos de caída del salario real. 

Por último, en el plano internacional se mantiene un panorama con elevada incertidumbre: el crecimiento de los principales socios comerciales sería moderado, en tanto en Brasil se espera un crecimiento de 2,1% para 2022 y sólo 0,4% para 2023 -lo cual impacta sobre la industria al ser el principal destino de las exportaciones de manufacturas de origen industrial-, en conjunto con subas de tasas de interés internacionales y mayor costo de fletes.

La coyuntura macroeconómica le seguirá quitando lugar a la agenda de mediano plazo

Una de las miradas es que, considerando que la industria acumuló 20 meses consecutivos de crecimiento interanual -exceptuando enero 2022-, se esté alcanzando cierto techo en la recuperación. Lo cierto es que si bien operó en los niveles más altos desde fines de 2017 -según el último dato disponible-, el sector todavía esta muy lejos de los máximos alcanzados en 2011 (según los datos de EMAE, se ubicó casi 10% por debajo).

Pese a que aún queda un importante terreno para recuperar, será condición necesaria tener estabilidad macroeconómica para lograr alcanzar los niveles de producción de más de diez años atrás. En el corto plazo, la agenda de la industria seguirá signada por la falta de dólares y los efectos negativos que puede tener sobre la provisión de insumos un mayor control a las importaciones, la elevada inflación y la inestabilidad financiera.

Por el contrario, una agenda de carácter más estructural y de mediano plazo debe estar orientada a mejorar la competitividad sistémica del sector, en línea con un desarrollo de encadenamientos productivos ligados a la transición energética y ambiental, capacitación de mano de obra para aumentar la creación de puestos de trabajo registrados y mejoras tecnológicas que se vienen dando a nivel mundial, donde la irrupción de la Industria 4.0 es un claro ejemplo. La industria argentina opera en niveles inferiores a los de 10 años atrás. La estabilidad económica y una agenda de mediano plazo serán necesarias para no perder otra década más.

Nota de El Economista | Agostina Myronec | 02/09/2022

La actividad económica creció 6,3% i.a. en el primer semestre

El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) creció 6,4% i.a. en junio, acumulando una variación de 6,3% i.a. en el primer semestre del año. Cabe señalar que el sector agropecuario fue el único que mostró una contracción interanual (-4,9% i.a.), por lo que estimamos que, sin el desempeño de este sector, el nivel general hubiese exhibido un crecimiento de 7,4% i.a. Por otro lado, la actividad económica se ubicó un 2,8% por encima de los primeros seis meses de 2019 y un 0,2% sobre el mismo periodo de 2018.

En términos desestacionalizados la actividad exhibió un crecimiento de 1,1% respecto a mayo. De esta manera, la economía se ubicó un 1,3% por encima de los niveles de diciembre 2021. Además, el indicador se encontró a 1,5 p.p. del máximo de la serie (noviembre 2017). Sin embargo, hay que tener en cuenta que junio fue el último mes previo a las nuevas restricciones a las importaciones y la incertidumbre cambiaria producto del cambio de gabinete económico, por lo que es de esperar que esta tendencia favorable se haya interrumpido a partir de julio.

En términos de sectores, los Bienes crecieron 3,6% i.a., en contraste a los Servicios que se ubicaron por encima (+7,9% i.a.). En lo que respecta al primer grupo, destacó el desempeño de Minas y canteras (+14,2% i.a.), Construcción (+6,6% i.a.) e Industria manufacturera (+6,2% i.a.), mientras que el sector agropecuario exhibió una contracción (-4,9% i.a.) producto de la menor cosecha del segundo trimestre. Por su parte, el buen desempeño de los Servicios vino de la mano de Hoteles y restaurantes (+39,2% i.a.) y Transporte y comunicaciones (+10,8% i.a.), dos de los sectores que mayor terreno tuvieron para recuperar luego de las restricciones por la pandemia. De todas maneras, el sector con mayor incidencia positiva sobre el nivel general (por su mayor ponderación) fue Comercio minorista y mayorista (+8,4% i.a.), explicando más de 1 p.p. de la variación del EMAE.

¿Qué esperamos?

Luego de un crecimiento de más de 6% interanual en el primer semestre, esperamos un desempeño acotado para la segunda parte del año (en torno a 1% i.a.).

Para julio, estimamos una contracción en términos desestacionalizados. Las nuevas restricciones a las importaciones en conjunto con los costos de reposición inciertos que trajo la incertidumbre cambiaria y el alza de los dólares paralelos generarán un magro desempeño de los Bienes (con especial impacto sobre la industria manufacturera, que se combinará con la continuación de la contracción del sector agropecuario). De todas formas, un desempeño algo más favorable de los sectores de Servicios actuarían como contrapeso para la performance del nivel general.

Como resultado, el tercer trimestre del año exhibiría una caída respecto al segundo trimestre (que estimamos estará cerca de 1 p.p.), donde también impactará negativamente la aceleración inflacionaria y el deterioro del salario (principalmente del sector informal), en conjunto con las subas de tasas de interés y tarifas de servicios públicos y un menor impulso fiscal.

Estimamos que la economía crecerá 3,8% i.a. en el promedio anual de 2022. Si la actividad económica mantuviese el nivel de junio 2022, la economía crecería en torno al 5% en el año, por lo que estamos estimando un avance negativo en términos desestacionalizados para el segundo semestre.

Adelanto de inflación | Agosto 2022

El IPC GBA Ecolatina mostró un crecimiento de 6,3% entre la primera quincena de agosto y el mismo periodo de julio, desacelerándose 1,6 p.p respecto a dicho registro (+7,9%). No obstante, en términos interanuales se aceleró, pasando de exhibir un incremento de 67,8% en la primera quincena de julio a 74,1% en agosto.

Al interior del índice, los capítulos con mayor evolución fueron Equipo y mantenimiento del hogar (+8,4%) y Atención Médica y gastos para la salud (+7,8%). Por el contrario, Indumentaria sólo aumentó 0,9%, aunque su variación interanual alcanza 83,8%.

Dentro del capítulo de Alimentos y bebidas los aumentos fueron generalizados y el indicador creció por encima del nivel general (+7,2%), siendo el capítulo con mayor incidencia en el resultado general (explicó el 58% del total de la variación en el período). Al interior, se destacaron las variaciones en Verduras (+17,7%), Azúcar, Miel, Dulces y cacao (+13,7%), Fideos (+10,4%), Infusiones (+7,5%) y Productos lácteos y huevos (+7,3%).

En cuanto a las categorías, Regulados creció 6,4%, impulsado por los aumentos en Sistemas de salud y servicios auxiliares (+11,5%) y por las nuevas tarifas en colectivos y trenes. Por su parte, Estacionales anotó 3,9%, moderado por la caída en los precios de Turismo (-7,2%). Por último, el IPC Core -que excluye Regulados y Estacionales- registró 6,6% (+76,5% i.a.). Este elevado registro (superior al promedio) pone en evidencia la existencia de una fuerte inercia inflacionaria que no se desvanecerá en el futuro inmediato.

¿Qué esperamos?

Un mayor deslizamiento cambiario, en conjunto con la inercia mencionada y los impactos puntuales del aumento de 40% en colectivos y trenes en el AMBA y la ronda de actualizaciones de precios previstas en prepagas (+11,3%) y expensas (+8% en promedio) llevarían al índice de agosto a situarse en torno al 6,2% (+74,6% interanual). De esta manera, los precios acumularían más de 53% en los primeros ocho meses del año.

De cara a los próximos meses, la falta de un ancla robusta que estabilice las expectativas, ajustes en tarifas, reapertura de paritarias y un sostenido crawling peg contribuirán a una mayor persistencia del fenómeno inflacionario. Aún estimando una desaceleración en los últimos cinco meses del año, que podría estacionarse en la zona del 5% mensual, proyectamos que la inflación cerraría el año con un piso del 90%.

La economía creció 0,6% mensual en abril, pero avanzó solo 0,1% en lo que va del año

El Estimador Mensual de la Actividad Economica (EMAE) creció 5,1% i.a. en abril, acumulando una variación de 5,7% i.a. hasta el cuarto mes del año. Además, se ubicó un 3,3% por encima de los primeros cuatro meses de 2019, pero todavía un 1,5% por debajo del mismo periodo de 2018.

En términos desestacionalizados creció 0,6%. De esta manera, la economía mantuvo una evolución con vaivenes en lo que va del año: hasta el momento, no se observaron dos meses consecutivos de crecimiento mensual, dejando como saldo un avance de solo 0,1% al comparar con diciembre de 2021. Hay que tener en cuenta que la actividad económica se encuentra a tan solo 2,7 p.p. del máximo histórico de la serie (noviembre 2017), por lo cual dicho comportamiento puede estar asociado a que se este alcanzando cierto techo de recuperación.

En lo que respecta a los sectores, los Servicios pasaron al frente de la recuperación por segundo mes consecutivo (+6,5% i.a.), mientras que los Bienes mostraron un desempeño más acotado (+2,5% i.a.).

En los primeros la mejora más pronunciada se observó en Hoteles y restaurantes (+40,1% i.a.), ubicándose como uno de los sectores que más terreno todavía tiene por recuperar, pero por su baja relevancia en el total de la economía, aportó solo 0,3 p.p. a la variación del mes de abril. El resto de los sectores de servicios evolucionaron de una manera más homogénea, destacándose Comercio minorista y mayorista (+6,7% i.a.), Actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler (+5,7% i.a.) y Transporte y comunicaciones (+7,0% i.a.), que en conjunto aportaron 2 p.p. a la variación del mes.

Por su parte, dentro de los Bienes, el crecimiento más marcado se vio en Explotación de minas y canteras (+17,2% i.a.), seguido de Construcción (+6,7% i.a.), Industria manufacturera (+4,7% i.a.) y Electricidad, gas y agua (+3,8% i.a.). En cambio, el sector agropecuario exhibió una variación negativa de -7% i.a., restándole 0,8 p.p. a la variación interanual del EMAE, producto de la sequía que afectó las cosechas de soja y maíz.

¿Qué esperamos?

Siguiendo con la tendencia de “serrucho”, estimamos que la economía habría exhibido una caída desestacionalizada (o en un escenario menos adverso, un estancamiento) en mayo. Además, al igual que en abril, impactó la sequía del sector agropecuario, por lo que se mantendrá la incidencia negativa sobre el nivel general. Como resultado, el segundo trimestre mostraría una (leve) caída en términos desestacionalizados, principalmente por el impacto negativo del sector agropecuario. De todos modos, el acumulado del semestre podría arrojar una crecimiento interanual superior al 6%, en promedio.

Distinta es la historia para la segunda mitad del año. Todavía es un interrogante si el provisionamiento de gas en invierno será el adecuado, aunque el gobierno insista en que se pagará lo necesario para adquirirlo. Sin embargo, como consecuencia de esta situación, la escasez de divisas implicó un reciente ajuste del cepo cambiario que puede traer complicaciones para mantener cierto ritmo de actividad económica, en la medida que las menores importaciones impidan el abastecimiento de ciertos insumos necesarios para producir -impactando principalmente sobre ciertos sectores industriales-, pudiendo tener,  además, un impacto inflacionario de magnitud ante la incertidumbre generada por la ausencia de un costo de reposición. Sobre estos problemas internos se suma el riesgo cada vez más probable de que el panorama internacional será menos favorable, donde aún no queda descartada una recesión a nivel global para este año.

Como resultado, estimamos que la economía crecerá 4,0% en el promedio anual de 2022. Si bien el número luce optimista, hay que tener en cuenta un factor importante: si la actividad económica mantuviese el nivel de abril hasta fin de año, crecería 4,4% en el promedio anual, por lo que estimamos un avance neto casi nulo en lo que resta del año (-0,8%).

 

El IPC GBA Ecolatina siguió por encima del 5% en la primera quincena de junio

El IPC GBA Ecolatina creció 5,6% en la primera quincena de junio respecto al mismo periodo del mes anterior, acelerándose 0,2 p.p. respecto a dicha quincena.

Al interior, los capítulos con mayor evolución fueron Vivienda y servicios básicos (+8,3%) en el marco de la autorización de incrementos de tarifas de servicios públicos, seguido por Atención médica y gastos para la salud (+7,7%) dinamizado por el aumento de prepagas y Otros bienes y servicios (+7,5%), donde impactó el aumento de cigarrillos.

Por otro lado, Alimentos y bebidas subió 5,3% en la primera quincena, desacelerándose 0,4 p.p. respecto a la quincena anterior, pero manteniéndose por encima del 5% desde marzo. Al interior, las agrupaciones que evolucionaron por encima del capítulo fueron principalmente verduras y alimentos para consumir fuera del hogar, mientras que a diferencia las frutas exhibieron una caída (-2%).

En lo que respecta a las categorías, el IPC Regulados es el que mayor evolución exhibió (+7,3%), por las ya nombradas subas en tarifas, prepagas y cigarrillos. Por su parte, el IPC Núcleo evolucionó apenas por debajo del nivel general (+5,3%), dejando en evidencia que, pese al aumento de tarifas, los precios que componen a los precios core se mantuvieron con un piso elevado, y por último, el IPC Estacionales subió 4,8%.

Para lo que resta del mes, estimamos que, si bien los precios núcleo podrían desacelerarse un (leve) escalón más, las subas autorizadas en combustibles impactarán de lleno en los precios regulados, generando que la inflación mensual de junio no sea muy diferente a la observada en mayo. Como resultado, la inflación del segundo trimestre (+17%) cerrará por encima de la del primero, y, pese a que en la segunda parte del año estimamos una desaceleración, la suba de precios cerraría el año en torno 70% i.a.

La inflación mensual se volvió a desacelerar, pero sigue muy alta

El IPC Nacional fue 5,1% en mayo, desacelerándose 0,9 p.p. respecto al mes anterior. De esta forma, acumuló 29,3% hasta el quinto mes del año y se ubicó en 60,7% en la comparación interanual, la más alta desde principios de 1992.

Los capítulos con mayor evolución fueron Salud (+6,2%), donde influyó la autorización de aumentos en prepagas y Transporte (+6,1%), debido al aumento en combustibles (en torno al 10%). Luego, le siguió Prendas de vestir y calzado (+5,8%), que se desaceleró más de 4 p.p. respecto al mes anterior. A su vez, Hoteles y restaurantes (+5,7%), Bebidas alcohólicas y tabaco (+5,7%), Equipamiento y mantenimiento del hogar (+5,4%) y Recreación y cultura (+5,2%) fueron los otros capítulos que se ubicaron por encima del Nivel General.

Alimentos y bebidas no alcohólicas (+4,4%, +64,7% i.a.) también se desaceleró (1,5 p.p. respecto al mes anterior). Al interior, verduras mantuvo un desempeño negativo al igual que en abril (-3,1% a nivel nacional), así que la desaceleración vino de la mano de la menor evolución de Pan y cereales (+4,8%), Carnes, productos y derivados (+6,2%), Leche, productos lácteos y huevos (+4,4%), Aceites, grasas y manteca (+7,4%) y Azúcar, dulces, chocolate, etc (+5,5%), todos grupos de productos con menor evolución respecto a lo observado en abril.

En lo que respecta a las categorías, el IPC Núcleo (+5,2%) se desaceleró 1,5 p.p. respecto al pico observado en abril, alcanzando una variación interanual de 63,2%. Por su parte, el IPC Regulados trepó 5,7% en el mes, donde incidieron las ya nombradas subas de combustibles y prepagas (+44,1% i.a.) y por último, el IPC Estacionales creció 3,4% (+74,0% i.a.).

¿Qué esperamos?

Pese a la desaceleración del quinto mes del año, que acumula casi 2 p.p. respecto al piso de marzo, la inflación del segundo trimestre mantendrá un piso elevado: de aquí en más esperamos que la desaceleración sea más lenta, ubicándose junio y julio en la zona del 4,5-5%. Por caso, durante el corriente mes impactarán las ya pactadas subas de determinados precios regulados (como las tarifas de servicios públicos) sobre una inercia que difícilmente se aplaque en el corto plazo producto de la ausencia de algún acuerdo de precios -para bienes de consumo masivo- y de la incertidumbre macroeconómica de los últimos días, que podría escalar en el corto plazo.

Con la mitad del año prácticamente saldada y aun proyectando una menor evolución de los precios en la segunda parte del año (+3,7% promedio mensual), la inflación cerrará en la zona del 70% i.a. para 2022.

Marzo con caída mensual en la actividad económica

En marzo, el Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) creció 4,8% i.a., acumulando una suba de 6,1% en el primer trimestre del año. Así, el acumulado del primer trimestre de este año se ubicó un 9,2% por encima del mismo periodo de 2019, pero aún un 2,4% por debajo de los primeros tres meses de 2018.

Por otro lado, el indicador se contrajo 0,7% en términos desestacionalizados, contrarrestando el avance mensual que había ocurrido en febrero (+1,2%). Como resultado, la actividad económica mostró un nulo avance en lo que va del año (-0,3% al comparar marzo contra diciembre de 2021). En esta misma línea se habían ubicado la industria (-1,9% mensual en marzo) y la construcción (-4,1%), donde pudieron afectar determinadas trabas para obtener insumos necesarios para producir. Al analizar el acumulado del trimestre, se observa que la economía avanzó 0,9% desestacionalizado respecto al cuarto trimestre de 2021.

De los 15 sectores, 14 crecieron en términos interanuales en marzo -exceptuando a Agricultura, ganadería, caza y silvicultura-. Por otra parte, al contrastar con el mismo mes de 2019 esta cifra se reduce a 9 sectores, mientras que 6 crecieron respecto a marzo de 2018.

Los Bienes crecieron 1,7% i.a., acumulando una mejora de 4,1% i.a. en el primer trimestre del año. Por otra parte, los Servicios exhibieron un aumento más pronunciado (+6,3% i.a.) y crecieron 6,8% i.a. en los primeros tres meses. Esta evolución heterogénea se da en un contexto en el cual los Servicios aún tienen mayor terreno por recuperar: mientras que los Bienes se mantienen estables respecto al primer trimestre de 2018 (-0,5%), los Servicios se encuentran levemente más rezagados (-3,1%).

En lo que respecta a los Bienes, la mejora más pronunciada se observó en Explotación de minas y canteras (+12,1% i.a.), que ya acumula doce meses de mejoras interanuales de dos dígitos ayudado por el dinamismo de Vaca Muerta, el Plan Gas y el alza de los precios internacionales. Luego, le siguieron la Industria manufacturera (+3,6% i.a.) y la Construcción (+2,3% i.a.), donde en ambos casos se desaceleró la mejora respecto al mes anterior (cuando treparon 10,1% i.a. y 5,9% i.a., respectivamente). Por último, Electricidad, gas y agua se mantuvo estable (+0,8% i.a.), mientras que el sector agropecuario fue el único que se contrajo (-5,5% i.a.) y tuvo una incidencia negativa de 0,5 p.p.

Por su parte, los sectores de Servicios que mayor crecimiento exhibieron fueron Hoteles y restaurantes (+33,1% i.a.) y Transporte y comunicaciones (+12,7% i.a.). Estos fueron los sectores más golpeados por la pandemia y hoy en día acumularon 12 y 13 meses, respectivamente de mejoras interanuales, ayudados por las menores restricciones operativas y programas de impulso al turismo (PreViaje).

¿Qué esperamos?

Por un lado, los sectores de servicios vinculados al esparcimiento y transporte son los que seguirán liderando la mejora de estos meses, teniendo en cuenta que aún se ubican como los sectores más rezagados. A diferencia, la industria y la construcción mantendrían una evolución mensual con vaivenes en el resto del año: estos ya se encuentran en niveles similares a los de 2018 y en los últimos meses evidenciaron cierto techo en la recuperación mensual, donde la escasez de insumos importados y los riesgos de faltante energético en el invierno se ubican como los principales interrogantes para tener en cuenta para el corto plazo.

Con este panorama es que ajustamos al alza la estimación anual del PIB para 2022 (en torno al 4,0% en el promedio anual). Si bien las perspectivas para la economía real no mejoraron sustancialmente -y la mejora en la estimación fue principalmente producto del mayor arrastre estadístico que arrojaron los nuevos datos-, estimamos que nos encontraremos en un escenario de mayor nominalidad (la inflación cerrará en los mayores niveles de los últimos 30 años) junto a un mayor nivel de actividad para este 2022.

La inflación en el nivel interanual más alto desde 1992

El IPC Nacional de INDEC creció 6,0% en abril, desacelerándose 0,7 p.p. respecto al mes anterior y ubicándose por encima del 6% por segundo mes consecutivo. De esta manera, acumuló 23,1% en los primeros cuatro meses del año y se ubicó en 58,0% en la comparación interanual, representando la cifra más alta desde enero de 1992.

Alimentos y bebidas no alcohólicas (+5,9%, +62,1% i.a.)  se ubicó como la división con mayor incidencia a nivel nacional, explicando aproximadamente 1,7 p.p. de la variación mensual. Al interior, Carnes tuvo la mayor incidencia a nivel nacional, aumentando 7,6% en el mes y añadiendo 0,8 p.p. al nivel general. Por su parte, Pan y cereales (+8,7%) y Leche, productos lácteos y otros (7,3%) volvieron a subir fuertemente y se ubicaron como los otros dos grupos de alimentos con mayor incidencia positiva (añadieron 0,4 p.p. y 0,3 p.p. al nivel general, respectivamente). Otras subas pronunciadas se observaron en Aceites, grasas y manteca (+8,8%), Café, té, yerba y cacao (+6,5%) y Azúcar, dulces, chocolates, golosinas (+6,4%), pero dada la menor ponderación relativa el aporte fue más acotado (en conjunto 0,3 p.p.). A diferencia, algunos productos estacionales exhibieron una menor performance: Frutas trepó 2,2% a nivel nacional, mientras que Verduras cayó 4,3% -principalmente por una baja de 25% en el tomate en GBA-, restándole solo 0,1 p.p. a la variación del mes.

Por otra parte, Prendas de vestir y calzado volvió a subir fuertemente (+9,9%), donde continuó impactando parcialmente el cambio de temporada que se da con el inicio del otoño. Esta división aportó en torno a 1 p.p. al nivel general, y alcanzó una variación de 73,4% i.a., la mayor de todos los capítulos. En tercer lugar, se ubicó Restaurantes y hoteles (+7,4%, +73,4% i.a.), donde la alta dinámica que tienen los precios de alimentos y en menor medida la mayor movilización luego de la cuarentena.

En lo que respecta a las categorías, el dato más preocupante es que el IPC Núcleo se aceleró a 6,7%, mostrando la mayor suba en 43 meses y ubicándose 0,7 p.p. por encima de la inflación general. El conjunto de precios contenidos en el IPC Núcleo trepó 22,5% en lo que va del año y exhibió una variación de 60,5% i.a., levemente por encima del Nivel General. En este sentido, incidieron en abril las mencionadas subas de alimentos (Pan y cereales, aceites, carnes, lácteos) y la aceleración de un subgrupo dentro de los mismos: autos, alquileres, servicios recreativos y restaurantes aportaron cifras mayores al nivel general en abril en contraste con el mes anterior.

A diferencia, el IPC Regulados se desaceleró: pasó de trepar 8,4% en marzo a 3,9% en abril, alcanzando alcanzó una variación acumulada de 19,4% y de 41,5% en la comparación interanual. Dentro de este grupo, el menor aporte relativo de abril respecto a marzo se concentró especialmente en tarifas, tabaco y educación. Por último, el IPC Estacionales creció 5,4% (-0,8 p.p. respecto al mes anterior), acumulando 32,4% en lo que va del año y 70,8% en los últimos doce meses. Parte de esta desaceleración respecto a marzo se dio a la mencionada dinámica de frutas y verduras.

De esta forma, el menor dato de inflación se explica totalmente por la desaceleración que mostraron los precios regulados y estacionales.

¿Qué esperamos?

El dato de abril muestra que al descontar los efectos puntuales el alza de precios del último bimestre alcanzó un nivel preocupante. De hecho, los precios núcleo alcanzaron el mayor ritmo en casi 4 años en el cuarto mes del año, dejando en claro que la inflación aún está lejos de ceder. Como resultado, estimamos que la inflación acumulada del segundo trimestre arrojará cifras similares (o incluso levemente superiores en un escenario más adverso) a las de los primeros tres meses.

Los impactos de la guerra entre Rusia-Ucrania, sumado a una inflación internacional que aún no cede (la inflación interanual de EEUU se está desacelerando muy lentamente, ubicándose en 8,3% i.a. en abril) son factores que solo pueden explicar parcialmente estos resultados. En el contexto local, el cierre de las negociaciones paritarias (que, en principio, se encuentran en la zona del 60%, con negociaciones cada vez más cortas y significativos aumentos en los primeros meses de vigencia de los acuerdos) y las actualizaciones pendientes en materia de tarifas de servicios públicos junto a los efectos de segunda ronda asociados indican que las expectativas inflacionarias se estarían cristalizando en niveles elevados. Además, en la medida que los contratos se actualicen en periodos cada vez más pequeños, se encuentra latente el riesgo de que sea más difícil cortar con la elevada inercia, dejando pisos inflacionarios cada vez más firmes (un ejemplo de esto es la actualización de Prepagas, que se encuentra en tratativas para ser actualizadas de manera bimestral).

De esta manera, estimamos que la inflación se ubicará en torno al 65% en este año, aun considerando un ritmo de alza de precios sensiblemente menor en la segunda mitad del año.