El PBI creció en términos desestacionalizados, pero aún no recupera lo perdido

En el tercer trimestre de 2020 la actividad mostró una contracción de 10,2% i.a., acumulando una caída de 11,8% i.a. en lo que va del año. Luego del piso de la crisis alcanzado en el segundo trimestre, las menores restricciones productivas permitieron un avance de la actividad de 12,8% en términos desestacionalizados, pero aún se encontró en niveles un 9,2% debajo del último trimestre de 2019.

La demanda interna continuó golpeada. Por un lado, como consecuencia de la pérdida de puestos de trabajo y el deterioro del poder adquisitivo, el consumo privado exhibió una contracción de 14,7% i.a. aunque, tal como ocurrió con el total de la economía, mejoró en términos desestacionalizados (+10,2%) dado que menores restricciones a la circulación otorgaron más posibilidades de consumo, especialmente de servicios.

Por otro lado, algo similar ocurrió con la inversión: cayó 10,3% i.a. pero se recuperó 42,9% en términos desestacionalizados, impulsado por maquinaria nacional y equipo de transporte. Con esta mejora se ubicó en niveles similares a los de 2009, dejando en evidencia que aún queda un importante camino para recuperar en un contexto de fuerte incertidumbre y acumulación de stocks.

Por último, las importaciones se desplomaron 22% i.a. y mostraron una recuperación de 10,9% respecto al trimestre anterior. Además, las exportaciones fueron el único componente que aceleró su caída (-17,0% i.a.) y mostró un retroceso en términos desestacionalizados (-1,4%). Estos resultados reflejan la situación del frente cambiario, donde la elevada brecha actúa como un desincentivo a las ventas al exterior.

Para el cuarto trimestre el rebote perdería fuerza dado que no se habilitarán una nueva gran cantidad de actividades. Así, generaría que la posible mejora en términos desestacionalizados no alcance para recuperar lo perdido por la pandemia.

Por un lado, el consumo no continuaría mostrando importantes signos de recuperación ya que la aceleración inflacionaria le pone un freno adicional a la recomposición del poder adquisitivo en un contexto de magras paritarias. De todas maneras, las expectativas de devaluación podrían incentivar el gasto de determinadas familias como alternativa de reserva de valor, que, de todas maneras, tendría un efecto marginal sobre la recuperación del consumo privado. Además, la brecha cambiaria y el contexto de incertidumbre desincentivará a que la recuperación de la inversión se reafirme e impedirá que las exportaciones comiencen a mostrar signos de mejora.

Con este panorama, esperamos que la actividad en 2020 cierre con una caída similar a la observada en el 2002 y vuelva a niveles similares a los de 2006.

En el año entrante, el arrastre estadístico permitiría que la actividad crezca, por lo que las bajas bases de comparación determinarán la mejora de la economía más que una recuperación genuina. En este marco, el número final en 2021 va a estar estrechamente ligado a cómo evolucione la situación sanitaria y como se resuelvan las presiones cambiarias.

La inflación rozará 36% en 2020

¿Cómo fue la inflación en noviembre?

Según el INDEC, la inflación alcanzó 3,2% en noviembre, desacelerándose 0,6 p.p. respecto al mes anterior. De esta manera, la suba de precios fue de 30,9% hasta el anteúltimo mes del año y de 35,8% interanual.

En lo que respecta a los capítulos, la variación más alta fue de Equipamiento y mantenimiento del hogar (+3,9%). Le siguieron Salud (+3,7%) y Prendas de vestir y calzado (+3,7%), que ya acumula una suba de 54,7% hasta noviembre.

Por su parte, vale destacar que la diferencia entre la inflación acumulada a noviembre de Bienes (+37,6%) vs. Servicios (+17,5%) alcanzó 20 p.p. Esto responde a que el shock de oferta de la pandemia/cuarentena afectó a los servicios privados y también propició la continuidad del congelamiento de tarifas de los servicios públicos.

Además, se aceleró el IPC Núcleo y alcanzó la variación más alta del año (+3,9%, 0,4 p.p. por encima del mes anterior). En este sentido, la menor evolución del Nivel General fue explicada por la desaceleración del IPC Estacionales que creció 2,0% (-7,6 p.p. respecto a octubre) y el IPC Regulados (+1,2%, 0,3 p.p. por debajo de octubre).

¿Cómo siguió en la primera quincena de diciembre?

El IPC GBA Ecolatina trepó 3,7% entre la primera quincena de diciembre y el mismo período de noviembre. Fue traccionado por el alza de la carne vacuna, a lo que se le sumó una nueva aceleración en frutas y verduras. Además, incrementos en prepagas, indumentaria y algunos bienes no esenciales puntuales (como juguetes, artículos para deporte, libros) aceleraron al nivel general.

En consecuencia, proyectamos que la suba de precios se ubicará entre 3,5%-4% en el último mes del año, cerrando 2020 rozando 36% a nivel nacional. Esto implica un descenso de más de 15 p.p. respecto al dato del año pasado.

La construcción en niveles pre-pandémicos

¿Cómo le fue a la construcción en octubre?

En octubre el Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC) mostró un retroceso de 0,9% i.a., desacelerando su caída respecto al mes previo, pero ya acumulando más de dos años consecutivos de contracción. De esta manera, registra una contracción del 25,6% i.a. en los primeros diez meses del año. Por su parte, en términos desestacionalizados creció 4,3%, y como consecuencia, el nivel de actividad se encontró un 9% por encima de febrero.

¿Qué explicó esta dinámica?

La recuperación continúo vinculada en mayor medida a las obras de menor magnitud y a una mayor demanda de insumos. La brecha cambiaria, que llegó a superar el 100% en octubre, incentivó a los individuos a realizar refacciones en el hogar como alternativa de ahorro (a pesar de que el poder de construcción del salario se deterioró a lo largo del año). Además, motivó un acopio de materiales por parte de desarrolladores. En este sentido, resaltó la evolución de los artículos sanitarios de cerámica (+13,4% i.a.), cemento portland (+12,8% i.a.), pinturas para la construcción (+15,8% i.a.) y placas de yeso (+16,9% i.a.).

En lo que respecta a las obras privadas de mayor magnitud, el relajamiento de las restricciones permitió que las empresas disponibles para operar a nivel nacional suban a un 59% en octubre (mientras que en septiembre fueron 54%), según los datos publicados por CAMARCO.

Por otro lado, cabe destacar que el costo de la construcción medido en dólares se mantuvo en mínimos históricos durante el año, aunque comenzó a observarse un aumento a partir de septiembre -principalmente por incrementos en los costos de los materiales, que pudieron estar asociados a la mayor demanda-.

Por su parte, la obra pública muestra un mayor rezago. En este sentido, el gasto de capital cayó un 28,1% i.a. en términos reales acumulado a octubre -liderado por un desplome del 73,1% i.a. del Gasto en Vivienda y 48,6% i.a. en Educación-. La irrupción de la pandemia y las restricciones a la producción postergaron cualquier plan de inversión por parte del gobierno nacional, en un contexto en el cual las medidas de ayuda a las empresas y familias fueron primordiales.

 ¿Qué esperamos?

El sector continuaría mostrando señales de mejoras en los últimos dos meses del año. Por un lado, la brecha cambiaria se mantendrá incentivará a determinados sectores a volcar sus ahorros al ladrillo, a la vez que menores restricciones a la construcción permitirán que una mayor proporción de empresas retomen sus obras.

A su vez, según los datos de INDEC el 36% de las empresas del sector privado cree que la producción aumentará en lo que resta del año (en septiembre dicha cifra fue del 24%), mientras que los despachos de cemento crecieron 28% i.a. en noviembre. De todas maneras, esto no alcanzará para que la construcción cierre su tercer año consecutivo en rojo, con una caída en torno al 20% i.a. y acumulando una contracción de casi 28% i.a. respecto a 2017.

Consideramos que estos factores se mantendrán vigentes en 2021, impulso al que se sumarían políticas públicas como el ProCrear. De todas maneras, esperamos que el poder adquisitivo del salario y el acceso al crédito hipotecario continúen actuando como freno para que la demanda repunte considerablemente.

Sin embargo, el principal factor que movilizará tanto la actividad como el empleo del sector será la obra pública: esperamos que los gastos en capital crezcan en torno al 50% i.a. en términos reales en 2021.

El piso inflacionario será del 3% en el cierre del año

Según el IPC GBA Ecolatina, la inflación alcanzó el 3,4% en noviembre, acelerándose 0,2 p.p. respecto a octubre. De esta manera, se ubicó un 35,5% por encima del mismo mes del año anterior, con una variación acumulada que fue del 30,1% a falta de un mes para que termine el 2020.

En lo que respecta a los capítulos, Alimentos y bebidas (+4,3%) mostró la mayor evolución. En este sentido, se aceleró 1,8 p.p. respecto al mes anterior y acumuló una suba del 35,1% hasta noviembre (+5,0 p.p. por encima del Nivel general). La autorización de incrementos de Precios Máximos impactó en la primera quincena del mes, a la par que también se observó una aceleración en carnes, frutas y verduras durante todo noviembre.

Por su parte, resaltó la dinámica de Indumentaria (+3,9%), que ya acumuló una suba del 47,8% hasta noviembre (+17,7 p.p. por encima de la inflación). Le siguieron Vivienda y servicios básicos (+3,1%) dinamizado por alquileres y Equipo y mantenimiento del hogar (+3,1%), donde se destacaron subas de muebles y artefactos para el hogar.

En lo que respecta a las categorías, el IPC Core subió un 3,4%, acelerándose 0,2 p.p. respecto al mes anterior. Cabe destacar que al interior de esta categoría hubo un comportamiento heterogéneo. Por un lado, el IPC compuesto por los precios de los bienes de Consumo masivo creció 2,0% (fundamentalmente por la autorización de incrementos en octubre), mientras que el IPC Core no alcanzado por las regulaciones trepó 3,7%.

Por otro lado, el IPC Estacionales creció notablemente por encima de la inflación (+8,8%) como consecuencia de incrementos en frutas, verduras e indumentaria. Por último, la menor variación continuó de la mano del IPC Regulados (+1,2%), únicamente dinamizado por las subas de combustibles y cigarrillos.

Para el último mes del año difícilmente la inflación se desacelere. El incremento de Prepagas y la quita de algunos productos no esenciales del Programa de Precios Máximos ayudarán a que el piso inflacionario se mantenga en la zona del 3%. Con estos números, proyectamos que la inflación cierre en la zona del 36% en 2020.

Hay que tener en cuenta que la desaceleración de casi 20 p.p. respecto a 2019 esconde varios atrasos de precios relativos. Por un lado, las tarifas de Servicios Públicos llevan más de un año congeladas, a la par que el programa de Precios Máximos generó que los precios de Consumo Masivo se ubiquen sistemáticamente por debajo de la inflación. A su vez, las paritarias fueron prácticamente postergadas y las presiones sobre el tipo de cambio oficial no ceden en un contexto de elevada brecha cambiaria y escasez de reservas.

En este marco, de existir una corrección de los principales drivers inflacionarios en los próximos meses, la inflación en 2021 podría acelerarse rápidamente y retronar a los niveles de 2018-2019.

La actividad económica desaceleró su caída en septiembre 2020

En septiembre el Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) se contrajo un 6,9% i.a., desacelerando la caída en casi 5 p.p. respecto a agosto. De esta manera, la actividad acumuló una contracción de 11,9% i.a. en los primeros nueve meses del año. La recuperación continuó su curso (+1,9%), acumulando cinco meses de subas desestacionalizadas. Sin embargo, la actividad aún se encontró 7% por debajo de los niveles previos a la pandemia.

A nivel sectorial continúa reinando un impacto heterogéneo, pero como se observa en el gráfico, seis de quince actividades ya muestran expansión interanual. Los servicios lideran la caída con una contracción de 8,5% i.a. mientras que los bienes apenas retroceden 2,7% i.a. Vale destacar que en septiembre el comercio -principal actividad de servicios- trepó 5,8% i.a. y la industria manufacturera mostró un crecimiento del 2,2% i.a. por primera vez luego de ocho meses consecutivos. Las menores restricciones operativas y la elevada brecha y expectativas de devaluación incentivaron el adelanto del consumo y producción de bienes durables.

En lo que resta del año la recuperación perdería fuerza. Luego de la significativa mejora del tercer trimestre de 2020 (+13,2% respecto al piso de la actual crisis), esperamos que el nivel de actividad ralentice su recuperación e incluso se amesete en términos desestacionalizados.

La demanda no mostrará importantes avances: la aceleración de la inflación le agrega un freno más a la recuperación de los ingresos. La elevada brecha/expectativas de devaluación puede incentivar el gasto de los hogares en lo inmediato (es una forma en que los agentes reducen excedentes en pesos) pero tiende a exacerbar la escasez de divisas (el superávit comercial se derrumbó tanto en septiembre como en octubre). Por último, el “efecto reapertura” que impulsó la oferta se irá diluyendo, lo cual implica que la recuperación del empleo pierda vigor.

De todas maneras, en la medida que las expectativas de devaluación continúen incentivando a determinados sectores para adelantar producción y compra de insumos, pero no generen una crisis cambiaria, la caída de la actividad será algo menor a la esperada. Con estos datos, esperamos una contracción del PBI apenas superior a la caída de 10,9% registrada en 2002.

De cara al 2021, el nivel de actividad estará determinada por la evolución de las presiones cambiarias, y el impacto del Covid-19. Si a una corrección del dólar oficial, se le suman mayores presiones por el lado de las paritarias y descongelamiento de tarifas, la inflación volvería a rondar 50% acotando la recuperación. Asimismo, esperamos un menor impacto del coronavirus en la economía el año que viene producto de la llegada de la vacuna para el otoño/invierno y el aprendizaje de la sociedad a producir bajo pandemia.

Si las presiones cambiarias no se desbocan y se logra minimizar el Impacto del COVID-19 la economía argentina podría recuperar buena parte del terreno perdido.

 

Las canastas básicas con la mayor evolución del año en octubre

La Canasta Básica Alimentaria (CBA), que mide el ingreso necesario para que un individuo se ubique por encima de la línea de indigencia, creció 6,6% en octubre -acelerándose 3,2 p.p. respecto al mes anterior- y acumuló 32,9% en los primeros diez meses del año (+45,8% i.a.). Por su parte, la Canasta Básica Total (CBT), mide el ingreso que debe tener un individuo para no ser pobre y aumentó 5,7% respecto a septiembre (+1,9 p.p.), acumulando una suba de 28,1% y de 40,0% i.a.

Cabe destacar que no se observaba una evolución tan alta de las canastas desde octubre de 2018 (+7,5% ambas canastas) y septiembre de ese mismo año (+8,5% la CBA y +8,1% la CBT), meses en los cuales la evolución correspondió en mayor medida al salto cambiario que tuvo lugar principalmente en septiembre (+28,1% la cotización oficial) y los meses anteriores.

Además, resalta que ambas canastas crecieron por encima de la inflación en el mes (+3,6% el IPC GBA). En este sentido, la autorización de subas de Precios Máximos y las fuertes subas en carnes, frutas y verduras generaron que los precios de alimentos exhiban la variación más alta del año (+4,8%), lo cual impactó de lleno en las canastas. Además, los incrementos en combustibles y alquileres aceleraron la evolución de la CBT.

De esta manera, analizando el acumulado del año, la Canasta Básica Alimentaria se ubicó cómodamente por encima de la variación de la inflación y el tipo de cambio oficial. Cabe destacar que, si bien el programa de Precios Máximos ayudó a que la CBA crezca por debajo del 1% en determinados meses de cuarentena, en parte las correcciones del programa llevaron a que en los últimos meses la Canasta Básica Alimentaria se acelere y recupere el terreno perdido. Si bien la CBT muestra una dinámica menor en el acumulado, hay que destacar que esto se da un contexto de congelamiento de tarifas de Servicios Públicos.

Por otro lado, cabe comparar el precio de las canastas con los ingresos de los deciles más bajos. En este sentido, en octubre una familia tipo -compuesta por cuatro integrantes- necesitó $20709 para comprar una canasta básica de alimentos y $49911,6 para adquirir una canasta básica de bienes y servicios.

A contramano, el ingreso de una familia compuesto por un Salario Mínimo Vital y Móvil y 2 AUH se ubicó en $25980 en octubre -considerando la suba de un 12,0% del SMVyM en ese mes-, y alcanzó para cubrir un 52,1% de la CBT. A su vez, la AUH no alcanzó para que el ingreso de un niño se ubique por encima de la línea de indigencia y pobreza (cubrió un 75,5% de la CBA y un 31,3% de la CBT). De todas maneras, si a esto le sumamos el cobro de la tarjeta alimentar -para niños de 6 años inclusive, teniendo en cuenta que se cobra una por familia-, la cobertura de la CBA para un niño que es hijo único aumenta a un 160,7%.

¿Qué esperamos?

Las canastas difícilmente muestren una menor dinámica en los próximos meses. En primer lugar, cabe destacar que comenzaron a desarmar el programa de precios máximos (lo cual impactará en los precios de alimentos), a la par que las presiones latentes en el frente cambiario complicarán una desaceleración. A su vez, de existir correcciones de las tarifas de Servicios Públicos en el año entrante, la CBT contará con un driver adicional.

Por su parte, las perspectivas de los ingresos de los hogares son conservadoras. Si bien se acordó un incremento de suma fija para el Salario Mínimo Vital y Móvil -restan incrementos en diciembre y marzo-, no alcanzará para que recomponga el terreno perdido (y terminará el 2020 en rojo). A su vez, ya fue anunciado que no habrá un cuarto cobro del IFE.

En este sentido, hay que tener en cuenta que, como consecuencia de la pandemia, los hogares más afectados fueron en general los deciles más bajos, donde hay más trabajadores informales y cuentapropistas. De aquí se explica el incremento de la pobreza e indigencia en el primer semestre del año.

De ahora en más, cabe destacar que el relajamiento de la cuarentena está generando que estos empleos sean los primeros en recomponerse, permitiendo que parte de los hogares vuelvan a contar con sus ingresos laborales.  Sin embargo, el poder adquisitivo de los mismos demorará más tiempo en recuperarse dificultando un restablecimiento de las condiciones de vida de los sectores más vulnerables.

La inflación no bajará de 3% en lo que resta del año

Según el INDEC, la inflación alcanzó el 3,8% en octubre, acelerándose 1,0 p.p. respecto al mes anterior y mostrando la evolución más alta del año. De esta manera, acumuló una suba de 26,9% en los primeros diez meses y de 37,2% respecto al mismo mes del año anterior.

Por su parte, la aceleración continuó en la primera parte de noviembre. En este sentido, el IPC GBA Ecolatina trepó 4,3% entre la primera quincena de noviembre y el mismo período de octubre. Cabe destacar que esta dinámica todavía contempla la autorización de incrementos en precios máximos, que impulsó al índice durante el transcurso del mes pasado. Además, el aporte de equipamiento del hogar, alquileres e indumentaria también fue significativo.

¿Qué esperamos?

En la segunda quincena de noviembre, el IPC GBA Ecolatina se ubicaría en la zona del 3%. En este sentido, el impacto de la autorización de precios máximos ya no estará del todo presente, a la par que determinados bienes no esenciales podrían mostrar una dinámica algo menor a la observada en la primera quincena producto de la menor turbulencia cambiaria. Con estos datos, prevemos que la inflación nacional se ubique en la zona de 3,5-4% en noviembre, en línea con lo ocurrido en octubre producto de una aceleración del IPC Core.

En los próximos meses, la inflación difícilmente se ubique por debajo del 3% mensual. Más en detalle, la eliminación de algunos precios máximos en alimentos no básicos se combinará con aumentos en el resto de los bienes no esenciales y con algunos servicios privados en lo que resta del año.

Además, la autorización de incrementos de determinados precios (prepagas, por ejemplo) dinamizarán a los precios regulados. En este sentido, es lógico que, tras un período de congelamiento, la inflación se acelere puesto que en el pasado la suba de precios fue menor gracias a dicha medida, pero mantener fijos los precios no se puede sostener por un periodo largo de tiempo. En este marco, esperamos que la inflación cierre el 2020 en 36% anual.

Hacia adelante la clave para que la inflación vuelva a desacelerarse pasa por estabilizar el frente cambiario: las escasas reservas netas y la elevada brecha muestran que la probabilidad de un salto cambiario no es despreciable. Por lo tanto, esperamos que la inflación de 2021 vuelva a los niveles pre-pandémicos y se ubique cómodamente por encima de lo observado en 2020.

Sube la temperatura: alimentos y bebidas trepó casi 5%

Según el INDEC, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) alcanzó el 3,8% en octubre, acelerándose 1,0 p.p. respecto al mes anterior y mostrando la evolución más alta desde noviembre de 2019. De esta manera, acumuló una suba de 26,9% en los primeros diez meses del año y de 37,2% respecto al mismo mes del año anterior.

En lo que respecta a los capítulos, Alimentos y bebidas no alcohólicas trepó 4,8%, ubicándose 1,0 p.p. por encima del Nivel general y acelerándose 1,8 p.p. respecto al mes anterior. De esta manera, alcanzó la variación más alta de los últimos doce meses y exhibió la mayor incidencia sobre el Nivel general en todas las regiones. Se destacaron subas de frutas y verduras, a la par que la autorización de subas de Precios Máximos en la segunda semana del mes traccionó al alza a los precios de los bienes de Consumo Masivo.

Por su parte, resaltó Prendas de vestir y calzado (+6,2%), ya que el capítulo acumula +48,9% en los primeros diez meses del año (22,1 p.p. por encima del Nivel general).  A su vez, Transporte creció 4,2% -dinamizado por la suba de combustibles-, mientras que Equipamiento y mantenimiento del hogar trepó 4,5% (0,7 p.p. por encima de la inflación). En este sentido, la turbulencia cambiaria -la brecha alcanzó los tres dígitos en la primera parte de octubre- junto a las mayores trabas a las importaciones alentaron la suba de precios de determinados bienes no esenciales.

En lo que respecta a las categorías, el IPC Estacionales trepó 9,6%, exhibiendo la variación más alta de al menos los últimos tres años y alcanzando una variación del 74,3% i.a. (+59,0% acumulado). Por su parte, el IPC Core creció +3,5%, ubicándose levemente por encima del Nivel general en términos interanuales y acumulados (+37,9% y +27,9%, respectivamente). Por último, la menor variación continuó de la mano del IPC Regulados (+1,5%), exhibiendo un crecimiento del 20% i.a. y de solo +10,5% acumulado, producto principalmente del congelamiento de los Servicios Públicos.

¿Qué esperamos?

En los últimos dos meses del año difícilmente la inflación vuelva a ubicarse por debajo del 3% mensual. Por un lado, la autorización de incrementos de Precios Máximos continuará dinamizando a los bienes de Consumo Masivo en la primera parte de noviembre. Además, esta semana se anunció la eliminación de varios productos del listado, por lo cual es esperable que el capítulo de Alimentos y bebidas continúe mostrando una evolución elevada en el corto plazo.

A su vez, la autorización del incremento de Prepagas en noviembre incrementará la evolución de los Precios regulados. Como si fuera poco, es esperable que las mayores restricciones a las importaciones continúen impactando en los precios de determinados bienes no esenciales ante las crecientes expectativas de devaluación. Con estos datos, esperamos que la inflación cierre el 2020 en la zona del 36%.

En el año electoral, los tres principales drivers inflacionarios podrían despertarse. A las posibles actualizaciones de las tarifas de Servicios Públicos se les sumarán las presiones latentes sobre el tipo de cambio. A su vez, el levantamiento de la cuarentena dará lugar a la reanudación de las negociaciones paritarias y una recomposición de los salarios nominales. En este marco, en un escenario con los tres drivers encendidos, probablemente la inflación retornaría a los niveles de 2019, ubicándose cómodamente en la zona del 50% anual.

Cuando calienta el motor, inflacionario

En octubre, la inflación mensual superó el 3% por primera vez desde que empezó la cuarentena. A pesar de que el dólar oficial siguió moviéndose como en los meses anteriores y que las tarifas de servicios públicos no sufrieron grandes aumentos, la suba de algunos precios regulados -léase combustibles-, el cierre de las principales paritarias y la actualización de Precios Máximos impulsaron a una inflación que volvió a los niveles pre-pandemia.

En este marco, tiene sentido analizar cómo seguirá la suba de precios. Durante la cuarentena, los tres grandes motores que tiene la inflación en nuestro país estuvieron contenidos. El tipo de cambio oficial avanzó lentamente mes a mes, ayudado por un cepo que reprimió una parte de la demanda. Las negociaciones salariales entraron en pausa hasta la nueva normalidad y las tarifas de servicios públicos siguieron congeladas, en la búsqueda por evitar un mayor deterioro del poder adquisitivo y el entramado social.

Por esta razón, la suba de precios pasó de la zona del 40% en el acumulado enero-octubre de 2019 a poco más de 25% en 2020. Sin embargo, la calma lograda en los últimos meses habría llegado a su fin. Ahora bien, ¿hasta dónde escalará? Un análisis de la dinámica reciente de los distintos sets de precios relativos y de la fuerza con que se prendan los motores antes mencionados nos dará precisiones en este sentido: entenderemos qué presiones latentes hay y qué nuevos drivers podrían aparecer.

En los últimos meses, se generaron algunos atrasos de precios relativos. Por caso, en la búsqueda por atenuar el impacto regresivo de la cuarentena, el gobierno congeló los precios de varios alimentos y bebidas más algunos otros rubros de primera necesidad. En respuesta, aún luego de cierta actualización de Precios Máximos y Precios Cuidados, el IPC Consumo Masivo que elaboramos desde Ecolatina acumuló menos de 18% entre enero y octubre (diferencia de 8 p.p. en relación con el nivel general), concentrando una suba de casi 5% en los últimos tres meses. Por lo tanto, podrían advenir presiones adicionales por este lado en la búsqueda por recomponer el terreno cedido.

En un sentido similar, las tarifas de electricidad, gas y agua subieron menos de 10% en lo que va del 2020. Aunque el gasto en subsidios como porcentaje de PBI volvió a los niveles del 2015, atenuando parte del atraso, es probable que los servicios públicos sufran alguna actualización en el corto plazo, aun cuando esta decisión tenga un impacto negativo para el oficialismo en las elecciones del año próximo.

Por el contrario, los precios no regulados -ni acordados- escalaron cerca de 35% entre enero y octubre del 2020. Los avances en electrodomésticos, equipos electrónicos e indumentaria, entre otros, motorizaron esta suba. Como se observa, existe una importante heterogeneidad hacia el interior del set de precios relativos de la economía argentina. En consecuencia, aun cuando el dólar oficial y los salarios no se acelerasen en los próximos meses, habría algunas presiones sobre la inflación producto de las disparidades ya acumuladas.

Sin embargo, un escenario en donde el dólar y los salarios siguen calmos no es, necesariamente, el más probable. Respecto del primer punto, luego de varios meses de batalla cambiaria, las Reservas netas perforaron los USD 5.000 millones a comienzos de noviembre y se acercan peligrosa y rápidamente a los mínimos de los últimos largos años (2015-2016). Por lo tanto, un mayor ritmo de ajuste del tipo de cambio oficial es un desenlace posible.

Alcanzado este punto, vale destacar que el impacto de los dólares paralelos y la brecha en el nivel de precios venía siendo marginal hasta septiembre. De hecho, las cotizaciones financieras o informales se dispararon en abril y mayo y la inflación perforó el 2% mensual por primera vez desde 2017 en esos meses, “ayudada” por las restricciones de la cuarentena. A la vez, tampoco se aceleró significativamente en los meses siguientes. Sin embargo, en octubre la brecha alcanzó los tres dígitos y habría empezado a impactar en la inflación, producto de problemas de abastecimiento de algunos bienes, sumado a la creciente incertidumbre que enfrentan las firmas a la hora de determinar sus costos de reposición.

En tanto, además del motor cambiario, es probable que se encienda el motor salarial en el corto plazo. Las menores restricciones a la producción de bienes y servicios están permitiendo reabrir las postergadas negociaciones colectivas, pautadas inicialmente para marzo, abril y mayo, pero suspendidas por la crisis sanitaria y su impacto negativo en la economía.

La importante pérdida de puestos de trabajo que provocó la cuarentena (-20% i.a. en el segundo trimestre) limita las demandas de recomposición. No obstante, los salarios nominales mostrarán crecimientos en los próximos meses. Por caso, acumularon una suba de 18% entre enero y agosto de 2020 (último dato disponible), donde 14 p.p. corresponden al primer trimestre y el resto al período abril-agosto. En consecuencia, hay espacio para reclamar actualizaciones nominales que aumentará el costo laboral de las empresas.

En último lugar, aparecen las tarifas de servicios públicos. Si bien el impacto directo de estos rubros es acotado -representan menos de un décimo del nivel general-, su efecto de segunda ronda es muy significativo: son servicios necesarios para los hogares y empresas y con una elevada inelasticidad, que hace muy difícil ajustar su consumo pese a que aumenten de precios. Aunque el gobierno anunció que no habría ajustes en el corto plazo, y el año que viene es electoral, no se puede descartar algún tipo de actualización en este capítulo.

Sus precios están virtualmente congelados desde mediados de 2019, a la par que sus costos vienen en aumento. Además, el Palacio de Hacienda está intentando endurecer su objetivo fiscal del año próximo, llevándolo de -4,5% del PBI a -3,5%, y el gasto en subsidio sería una de las primeras partidas a recortar.

En síntesis, la inflación se aceleró en octubre y probablemente se mantenga por encima del 3% mensual en noviembre y diciembre. De esta manera, la suba de precios acumularía cerca de 35% en 2020, ubicándose muy por debajo del cierre de 2018 y 2019, cuando orilló el 50%. Sin embargo, en el camino se habrían acumulado diversos desequilibrios y atrasos (precios relativos, dólar, salarios y tarifas) que posiblemente la “devuelvan” a la inflación a la zona del 50% en 2021, casualmente, el año electoral.

Según el IPC GBA Ecolatina, la inflación superó el 3% en octubre

Según el IPC GBA Ecolatina, la inflación alcanzó el 3,2% en octubre, acelerándose 0,6 p.p. respecto al mes anterior y superando el 3% por primera vez luego de nueve meses consecutivos. De esta manera, acumuló 25,9% en los primeros diez meses del año, con una variación interanual que se ubicó en 36%.

En lo que respecta a los capítulos, Indumentaria fue el que mayor variación exhibió en el mes (+7,2%) y ya acumula 42,2% en los primeros diez meses del año, más de 15 p.p. por encima del Nivel General. Por su parte, Esparcimiento y Equipamiento y mantenimiento del hogar (+4,5% y +4,1%, respectivamente) se ubicaron por encima de la evolución de la inflación como consecuencia de subas marcadas en Muebles, Artefactos para el hogar, Juegos y juguetes y Equipos de audio, televisión y computación. En este sentido, las mayores restricciones cambiarias a mediados de septiembre alentaron la suba de determinados precios de bienes no esenciales ante costos de reposición inciertos.

Por otro lado, Alimentos y bebidas creció 2,8% en el mes, acelerándose 1 p.p. respecto al mes anterior. Cabe destacar que la autorización de subas de Precios Máximos a mediados del mes aceleró notablemente al capítulo en la segunda quincena de octubre.

Por su parte, el IPC Núcleo se ubicó en 3,2%, acelerándose 1 p.p. respecto al mes anterior, mientras que el IPC Estacionales creció notablemente por encima (+8,2%) como consecuencia de incrementos en frutas, verduras y ropa exterior. Por último, la menor variación continuó de la mano del IPC Regulados (+1,1%), únicamente dinamizado por la autorización de subas de combustibles.

Para los últimos dos meses de 2020, la dinámica inflacionaria continuaría similar a la de este mes, o hasta incluso podría acelerarse y ubicarse más cerca del 4%. Esperamos que la autorización de subas de Precios Máximos continúe dinamizando al capítulo de Alimentos y bebidas durante la primera parte de noviembre, a la par que el incremento de prepagas dinamizaría a los precios Regulados.

A su vez, el grado de incertidumbre actual y las crecientes expectativas de devaluación continuarán impactando en los precios de determinados bienes y servicios no esenciales, generando que la inflación cierre el 2020 en torno al 36% anual.

De cara al 2021, los tres principales drivers (tarifas, tipo de cambio y salarios) se mantendrán activos. A la posible corrección de tarifas de Servicios Públicos, se le sumará la reanudación de paritarias en el contexto de un año electoral en donde recomponer el poder adquisitivo estará como objetivo primordial. Como si fuera poco, la estabilidad nominal dependerá principalmente de la evolución del tipo de cambio oficial. En la medida que la brecha cambiaria no ceda y la recomposición de reservas no se reafirme, un deslizamiento de la cotización oficial sería inevitable, acelerando la suba de precios y generando que en 2021 la inflación se ubique cómodamente por encima de la variación anual de 2020.