La economía argentina cayó 9,9% en 2020, ¿cuánto recuperará en 2021?

¿Cómo cerró la economía el 2020?

En el cuarto trimestre de 2020 la economía se contrajo 4,3% i.a. y de esta manera, la economía argentina cayó 9,9% en 2020, levemente por debajo de la caída de 2002 (-10,9%). A su vez, teniendo en cuenta que el nivel de actividad se contrajo en los últimos tres años, la caída acumulada fue de 14,0% respecto al promedio de 2017. Por otro lado, la actividad mejoró 4,5% en términos desestacionalizados ubicándose 4,7% por debajo del último trimestre de 2019. De esta manera, el arrastre estadístico positivo para 2021 se ubica en 5 p.p.

El consumo privado continuó fuertemente golpeado. Se contrajo 8,1% i.a. en el cuarto trimestre y cerró el año con una caída promedio de 13,1% durante 2020, encadenando tres años consecutivos de caída y contrayéndose significativamente más que la caída del PBI. Este hecho se explica por el impacto de las restricciones a la circulación con motivo de la pandemia, que no solo impidió el consumo de muchos bienes y servicios, sino que significó la pérdida de muchos puestos de trabajo -principalmente dentro del plano informal y cuentapropista- a la vez que favoreció el deterioro del salario real (en torno al 3,6% anual). Cabe destacar que este componente de la demanda logró experimentar una nueva mejora respecto al trimestre anterior (+4,2%), recuperándose a un ritmo similar al del total de la economía.

Por su parte, la inversión productiva corrió una suerte distinta. Luego nueve trimestres consecutivos de caídas interanuales, la Formación Bruta de Capital (FBC) creció 15,9% respecto al mismo trimestre de 2019. A su vez, luego de caídas en el primer semestre del año, experimentó el segundo crecimiento consecutivo (+17,3%) en términos desestacionalizados, siendo el componente de la demanda que mayor velocidad tuvo en recuperarse (cerró un 15,8% por encima del cuarto trimestre de 2019). La mejora se debe al incremento de 10,2% de la inversión en construcción (sector que logró recuperar los niveles pre-pandemicos al cierre del 2020), maquinaria y equipo (+21,7%) y equipo de transporte (+49,6%), donde en estos dos últimos se expandió en mayor medida el componente nacional. De todas maneras, la inversión cerró con una caída de 13,0% en 2020, representando un 16,5% del PBI en el promedio del año (el nivel más bajo desde el año 2004).

En lo que respecta al sector externo, tanto las importaciones (-2,8% i.a.) como las exportaciones (-32,5% i.a.) mostraron un retroceso en el cuarto trimestre de 2020. Sin embargo, mientras que las importaciones lograron recuperarse un 14,1% respecto al trimestre anterior, las exportaciones se contrajeron un 8,7%. En este sentido, el mal desempeño de las cantidades exportadas corresponde principalmente a la elevada brecha cambiaria que actuó como desincentivo a las ventas al exterior, a la par que problemas de conflicto gremial en el cierre del año generaron un golpe marginal extra. Por su parte, las cantidades importadas lograron recuperarse respecto al tercer trimestre gracias a la recuperación en la industria (que cerró el 2020 en niveles previos a la pandemia) pero también por los incentivos al adelanto de compras externas ante las expectativas de devaluación. Cabe destacar que, a pesar del peor desempeño de las exportaciones en el cierre del año, las importaciones cayeron a un ritmo similar a las exportaciones en el promedio anual (-18,1% y -17,7%, respectivamente).

¿Qué esperamos para este año?

En 2021, la recuperación de la actividad estará determinada por cómo evolucione el frente sanitario. Los contagios diarios están aumentando a un ritmo alto en otros países de Latinoamérica -como Brasil y Chile- y la campaña de vacunación está evolucionando más lento de lo esperado en nuestro país, por lo que no se lograría evitar una segunda ola de Covid-19. De todas maneras, creemos que el aprendizaje de producir bajo pandemia permitiría que la implementación de nuevas restricciones sea menos estrictas que el año pasado. Sin embargo, seguirá existiendo un rebote de carácter heterogéneo a nivel sectorial: los no esenciales -como Hoteles y restaurantes y Otras actividades de servicios comunitarias y parte del Transporte, entre otros- continuarán con una lenta recuperación, mientras que algunos sectores (principalmente productores de bienes) tendrán algo de aire para mantenerse en niveles superiores a la pre-pandemia.

Por su parte, hay que remarcar las necesidades políticas impactarán también sobre el proceso de recuperación. Al tratarse de un año electoral, el Gobierno buscaría reducir la depreciación del tipo de cambio oficial para desacelerar la inflación, con el objetivo de recuperar poder adquisitivo en los meses previos a las elecciones. Además, esto sería complementado con planes oficiales para fomentar el consumo privado, lo cual podría ayudar a dinamizar a la actividad en el muy corto plazo.

En síntesis, teniendo en cuenta que habría un inevitable (pero menor) impacto de la pandemia sobre la economía, el nivel de actividad lograría recuperarse solo en torno al 6% en 2021. Este crecimiento estará más ligado al arrastre estadístico significativo -en torno a los 5 p.p.- que dejó el año anterior, más que a una recuperación económica de magnitud.

Las canastas básicas se desaceleraron en febrero, ¿hasta cuándo durará?

¿Qué pasó con las canastas básicas en febrero?

La Canasta Básica Alimentaria (CBA), que mide el ingreso necesario para que una familia compre una canasta de alimentos y se ubique por encima de la línea de indigencia, creció 3,6% en febrero, desacelerándose 1,0 p.p. respecto al mes anterior y ubicándose 46,4% por encima de febrero de 2020. Por su parte, la Canasta Básica Total (CBT), compuesta por bienes y servicios donde los hogares que ganan menos son considerados pobres, trepó 2,7% y se desaceleró 1,4 p.p. respecto al mes anterior (+42,2% i.a.).

De esta manera, las canastas se desaceleraron y mostraron la menor variación desde septiembre 2020. A su vez, la variación mensual de la CBA se ubicó en línea con la inflación y la de la CBT se ubicó por debajo, algo que no sucedía desde agosto del año pasado. Esta “buena” noticia se dio a pesar de que la inflación en el Gran Buenos Aires no desaceleró respecto de los meses anteriores (+3,6% en febrero para GBA, +0,3 p.p. por encima de enero) y que las presiones sobre los precios de los alimentos no hayan cedido (+4,0% creció en febrero el capítulo de alimentos y bebidas no alcohólicas en el Gran Buenos Aires).

Por lo tanto, uno de los motivos que pudo haber influido en la desaceleración de las canastas fue la menor evolución del precio de la carne vacuna, en tanto éste tiene un importante peso calórico en el armado de la canasta alimentaria. En este sentido, el precio de la carne, que había aumentado 10,2% promedio entre diciembre-enero, avanzó “solo” 2,7% en febrero pasado en el GBA. A contramano, el desempeño de Panes (+3,9%), Frutas (+7,9%) y Verduras (+9,6%) no permitieron una desaceleración aún mayor.

Con estos números, una familia tipo compuesta por cuatro integrantes necesitó $24575 para comprar una canasta básica de alimentos y $57996,2 para comprar una canasta básica de bienes y servicios. En línea a lo sucedido durante los meses anteriores, los ingresos no acompañaron la evolución de las canastas. En febrero el ingreso de una familia tipo compuesto por un haber mínimo y dos AUH se ubicó en $26469, lo cual alcanzó para cubrir la totalidad de la canasta alimentaria, pero menos de la mitad de la canasta básica total (45,6%).

¿Qué esperamos?

En marzo, será difícil que las canastas vuelvan a desacelerase sensiblemente. Según nuestros relevamientos, en la primera quincena de este mes los precios de los alimentos y bebidas continuaron evolucionando por encima de la inflación (cerca del 4%), dinamizados por una nueva aceleración del precio de la carne y algunos precios de consumo masivo (panes, por ejemplo), lo cual le pondrá un piso firme a la evolución de las canastas.

De todas maneras, a partir del segundo trimestre podría visualizarse una nueva desaceleración. La estrategia oficial de disminuir la depreciación del tipo de cambio oficial en la previa electoral a un ritmo menor al de la inflación pasada (considerando el efecto que tiene sobre los precios de los bienes transables) sumado a políticas destinadas a endurecer los controles de precios sobre determinados productos esenciales podría lograr el objetivo de disminuir la evolución de la inflación -y con ello de las canastas- en lo inmediato.

A pesar del objetivo de intentar disminuir la inflación para mejorar el poder adquisitivo, las perspectivas sobre los ingresos reales son conservadoras. Si bien el relajamiento de la cuarentena y la recuperación de la actividad están permitiendo una recomposición del empleo -principalmente informal y cuentapropista-, los ingresos tardarán algo más en recomponerse y, luego de tres años de caída en términos reales, difícilmente cierren el promedio del año en terreno positivo. A su vez, las actualizaciones trimestrales del pago de AUH podrían permitir que no pierdan en términos reales en 2021, pero difícilmente exhiban una mejora significativa. En este marco, la recuperación de los ingresos será algo más lenta que la del empleo, lo cual le pondrá un freno a la baja de la pobreza principalmente en la primera parte del año.

Las presiones sobre alimentos y bebidas no ceden

La inflación nacional alcanzó el 3,6% en febrero, ubicándose 0,4 p.p. por debajo del mes anterior, pero el IPC Núcleo trepó 4,1%, superando en 0,2 p.p. el registro del primer mes del 2021 (3,9%). Vale destacar que en el primer bimestre del año la suba de precios alcanzó un 7,8%, por encima del 4,3% acumulado en el mismo periodo del 2020 y del 6,8% de los primeros dos meses de 2019. En términos interanuales trepó 40,7%, casi 5 p.p. por encima del registro de noviembre del año pasado (35,8%).

Al interior, la principal preocupación hace foco en Alimentos y bebidas no alcohólicas que trepó 3,8%, 0,2 p.p. por encima del Nivel general. Desde agosto del año pasado la variación mensual de Alimentos y bebidas sin alcohol viene superando la del Nivel general (con la excepción de noviembre 2020), acumulando una brecha significativa: 30,2% Vs 26,7%. En términos interanuales dicho capítulo creció 43,9% i.a., ubicándose por encima del Nivel general desde octubre de 2018.

Varios factores responden a dicha evolución. Entre ellos destacan, la mayor depreciación de la cotización oficial (por encima del 3% mensual en los últimos meses), las subas de los precios internacionales y la elevada dinámica de frutas, verduras y carnes. Mención aparte merece el programa Precios Máximos, que redujo la dinámica de los precios de consumo masivo en los meses de cuarentena estricta a costa de inflación futura: según nuestros relevamientos el IPC de Consumo Masivo creció 3,3% en febrero, mostrando la mayor variación en más de un año.

Esperamos que los alimentos continúen evolucionando por encima del nivel general en el muy corto plazo. Las frutas y verduras sumado a posibles nuevas presiones sobre el precio de la carne minorista continuarán dinamizando al capítulo. Además, la inevitable y paulatina flexibilización del programa de Precios Máximos para evitar alternativas peores -como el desabastecimiento por rentabilidad negativa- continuaría generando que algunos precios de consumo masivo recuperen parte del terreno perdido.

La elevada inflación y, en particular en alimentos y bebidas, se ha vuelto una de las principales preocupaciones económicas del Gobierno, pues golpea los sectores de menores recursos a siete meses de las elecciones. En este marco, el Ejecutivo está aumentando la presión sobre las empresas del rubro para controlar/acordar menores aumentos de precios.

Además, el ministro de economía anunció una moderación del ritmo de depreciación del dólar oficial (para cumplir la suba del 25% pautada en el presupuesto 2021 el Peso debería trepar 1,4% promedio mensual), con la intención de frenar la inflación en lo inmediato. A esto se le sumarán acotadas suba de tarifas de servicios públicos y negociaciones paritarias con subas en torno al 32% (a revisar en caso de que se concrete una mayor inflación).

A pesar de esto, romper con la inercia no será sencillo. Utilizar como ancla nominal al tipo de cambio y las tarifas permitiría recortar las subas de precios antes de las elecciones, pero difícilmente alcance para que la inflación se ubique por debajo del 40% en 2021.

Por último, cabe mencionar que producto de la estacionalidad de marzo -subas en indumentaria y educación- y autorizaciones de subas de prepagas, taxis y subtes y la elevada dinámica de la inflación núcleo, no habrá una desaceleración de la inflación este mes por lo que la suba de precios del trimestre sería superior al 11%. En este marco, la inflación promedio mensual debería ser de 1,7% entre abril y diciembre para cumplir la meta oficial del 29%.

La inflación del primer trimestre será mayor al 10%

El IPC GBA Ecolatina trepó 3,4% en febrero, desacelerándose 0,3 p.p. respecto al mes anterior. De esta manera, este indicador mostró un acumulado de 7,3% en el primer bimestre del año (+2,1 p.p. por encima del primer bimestre de 2020) y exhibió una variación de 38,0% en la comparación interanual.

En lo que respecta a los capítulos, Esparcimiento (+6,1%) mostró la mayor evolución en el mes, con una variación de 45% i.a. (7 p.p. por encima del nivel general). Por su parte, Alimentos y bebidas creció 4,1%, desacelerándose 1,6 p.p. respecto al mes anterior. En este sentido, resaltó que el precio de la carne se desaceleró en comparación a enero, pero los precios de los bienes de consumo masivo (como panes, arroz, leche, quesos, entre otros) traccionaron la suba del capítulo.

En esta línea, el IPC de Consumo Masivo creció 3,3% en el mes, acelerándose 2,4 p.p. respecto a enero, mientras que el IPC Core no regulado subió 4,1%. En este sentido, el IPC Core trepó 4,0% en febrero, mostrando la fuerte inercia que posee el proceso inflacionario. Por último, el IPC Estacionales y el IPC Regulados crecieron 3,8% y 1,5%, respectivamente.

En el próximo mes la inflación no exhibirá una desaceleración. A la elevada dinámica que tienen los bienes y servicios que componen el IPC núcleo -que hace cinco meses consecutivos se encuentra por encima del 3%- se le sumará las subas estacionales propias de marzo de colegios e indumentaria, la actualización de prepagas, telecomunicaciones y los pautados aumentos en la tarifa de subte y taxi y la elevada dinámica de los precios. En este marco, esperamos que el primer trimestre del año cierre con una inflación en torno al 11,5% (ubicándose 3,7 p.p. por encima del primer trimestre de 2020 y solo 0,3 p.p. por debajo del mismo trimestre de 2019, año donde la inflación cerró en 54% anual).

Con estos números, la inflación mensual promedio entre abril y diciembre debería ser de 1,7% para alcanzar la meta del Ejecutivo exhibida en el Presupuesto de 2021 (29,0% de inflación anual). En este sentido, pareciera que anclar al tipo de cambio oficial será una de las principales herramientas que utilizará el gobierno para intentar desacelerar a la inflación, principalmente durante la previa electoral. A su vez, no hay que descartar que se apliquen controles de precios más duros y una continuidad del congelamiento de tarifas de servicios públicos para los usuarios residenciales, al menos hasta pasados los comicios.

A pesar de esto, los precios de los bienes y servicios que componen al IPC núcleo sin regulaciones continuarán con una dinámica elevada en los próximos meses, a la par que las negociaciones paritarias -luego de 3 años consecutivos de caída del salario real- actuarán como driver adicional. En este marco, la estrategia oficial podría lograr una relativa calma inflacionaria en los meses previos a las elecciones, pero no alcanzará para que la inflación se ubique por debajo del 40% en 2021.

Pese a diferir en las causas, la magnitud de la recesión fue similar a la del 2002

¿Qué pasó con la economía en 2020?

En diciembre de 2020, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) se contrajo 2,2% i.a. pero creció 0,9% en términos desestacionalizados. De esta forma, afectada por la pandemia, la economía cayó 10,0% el año pasado, superando la merma de la mayoría de los países del mundo (el FMI estima una caída del 3,5% para la economía mundial en 2020) y ubicándose apenas por debajo de la registrada en 2002 (-10,9%). De esta forma, nuestro país encadenó tres años consecutivos de contracción acumulando una caída de 14,1%.

Luego de la profunda contracción de abril (-17,0% desestacionalizado) como consecuencia del párate total de la economía por la cuarentena, el nivel de actividad se recuperó mes a mes a una velocidad mayor a la esperada: en diciembre cerró sólo 3,2% por debajo de los niveles del primer bimestre de 2020, periodo previo a la irrupción de la pandemia. Más aún, como se puede observar en el siguiente gráfico, nuestro país alcanzó al cierre del año niveles de recuperación similares (aunque levemente inferiores) al del resto de los países de la región.

¿Qué sucedió al interior de los sectores?

A nivel sectorial reinó un impacto heterogéneo, donde algunos alcanzaron niveles superiores a los pre-pandémicos. Entre los bienes (-9,2% promedio anual), Electricidad gas y agua, Industria manufacturera y Construcción terminaron el año por encima de los niveles del primer bimestre de 2020. La recuperación del suministro de Electricidad gas y agua fue gracias a la demanda residencial que se mantuvo por el congelamiento tarifario y la mayor permanencia en los hogares (+0,8% promedio anual). La mejora de la actividad fabril fue producto de la necesidad de recomponer stocks y gracias al repunte de la demanda de bienes durables, mientras que la construcción se vio impulsada por la elevada demanda de insumos para la construcción minorista (impulsada por las expectativas de devaluación y las restricciones cambiarias) y luego la reanudación de obras de mayor magnitud y obra pública. Pese a que la industria y la construcción recuperaron niveles previos a la pandemia a fin del año, cayeron en promedio en 2020 7,9% y 25,3%, respectivamente.

Los sectores de carácter extractivo no lograron el mismo desempeño. El Sector Agropecuario cerró en línea con el primer bimestre de 2020, mientras que Petróleo, gas y minería cerró muy por debajo. En el primero, afectó la extensión de la sequía sobre el desarrollo de los cultivos, mientras que en el segundo el desplome del precio del petróleo y las restricciones a la circulación no permitieron una mejora significativa. Asimismo, en el promedio anual registraron caídas de 6,9% y 10,5%, respectivamente.

Por último, los Servicios promediaron una caída de 10,3% en 2020. Entre los sectores que alcanzaron los niveles previos a la pandemia resaltan Intermediación financiera (+2,1% promedio anual), y Comercio (-5,3% promedio anual). Mientras que los sectores que no recuperaron el terreno perdido fueron los que continuaron con algún tipo de restricción para operar, como Hoteles y restaurantes (-48,6% promedio anual) y Otras actividades de servicios (-37,5% promedio anual).

¿Qué esperamos para 2021?

El arrastre estadístico de casi 5 p.p. que dejó el 2020 augura una recuperación significativa para este año. De todas maneras, el número final estará determinado en base a cómo evolucione el frente sanitario y el frente cambiario. Al tratarse de un año electoral, el gobierno apuntará a dinamizar al consumo mediante planes oficiales (Ahora 12, por ejemplo) y a atrasar la evolución del tipo de cambio oficial como principal herramienta para contener la inflación y recomponer poder adquisitivo. En la medida que las restricciones para combatir al Covid-19 tengan un impacto acotado, esperamos que la actividad trepe 5,5% en 2021, dinamizada por la demanda interna.

Alimentos y bebidas siguen impulsando a la inflación

Según el IPC GBA Ecolatina, la inflación alcanzó el 3,7% en enero, desacelerándose 0,3 p.p. respecto al mes anterior. De esta manera, la suba de precios exhibió un 36,3% i.a. en el comienzo del año.

En lo que respecta a los capítulos, Alimentos y bebidas fue uno de los que más creció en el mes (+5,7%), ubicándose 2,0 p.p. por encima del Nivel General y exhibiendo una variación de 44,7% i.a. en los últimos doce meses. En este sentido, se destacaron las subas de alimentos frescos, principalmente de carnes, panes y frutas. Por su parte, cabe destacar que se observó mayor dinamismo en determinados bienes de consumo masivo -bebidas alcohólicas, por ejemplo- como consecuencia de la quita de algunos bienes no esenciales del programa, a la par que se destacó la evolución de comidas elaboradas, producto del encarecimiento de los insumos.

En lo que respecta a las categorías, el IPC Core exhibió una variación de 4,1% (+39,6% i.a.) en enero, acelerándose 0,2 p.p. respecto al mes anterior. Por su parte, tanto el IPC Regulados como el IPC Estacionales crecieron 3,0% en el mes (+17,4% i.a. y +69,0% i.a., respectivamente).

Hay varios factores que complicarán que se logre una desaceleración en los próximos meses. Por un lado, si el BCRA decide mantener la depreciación de la cotización oficial en base a la inflación pasada (que ya se encuentra en la zona del 3%-4%), con el objetivo de evitar un atraso real de la moneda, la inercia inflacionaria será mayor. En este marco, difícilmente la suba de precios pueda ubicarse por debajo del 3% promedio mensual en los primeros tres meses de 2021.

A su vez, en un contexto de subas salariales acotadas en el 2020, las negociaciones paritarias actuarían como un driver inflacionario adicional, principalmente en el segundo trimestre de 2021. Sin embargo, es probable que en la previa electoral el gobierno priorice desacelerar la inflación para mejorar el salario real y acelerar la recuperación económica, a través de un menor deslizamiento del tipo de cambio oficial y/o una postergación del ajuste de tarifas de Servicios Públicos.

Para evitar profundizar estas dinámicas, la suba de precios podría volver a la zona del 3%-4% mensual en los últimos meses de 2021, como consecuencia de correcciones que ya no podrían ser postergables -tipo de cambio y tarifas de servicios públicos-. En este marco, esperamos que la inflación se ubique en torno al 45% en 2021, acelerándose casi 10 p.p. respecto a 2020.

La recuperación económica mantuvo su curso en noviembre

En noviembre, el Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) se contrajo -3,7% i.a., exhibiendo la menor caída interanual desde febrero del año pasado, pero ayudada por la baja base de comparación que dejó noviembre de 2019. De esta manera, la actividad económica acumuló una caída de 10,6% i.a. en los primeros once meses del 2020. En términos desestacionalizados, el crecimiento fue de 1,4%, la séptima mejora mensual consecutiva. De todas maneras, la economía se encuentra 3,3 p.p. por debajo del nivel que exhibía pre-pandemia en febrero.

Continuó reinando un impacto heterogéneo a nivel sectorial: solo cuatro de quince sectores mostraron crecimiento interanual en noviembre. De todas maneras, cabe destacar que todos los sectores mostraron un mejor desempeño respecto a lo observado en octubre.

Desagregando por bienes y servicios, la heterogeneidad se vuelve más clara. Los primeros se mantuvieron estables en el mes (+0,4% i.a.) traccionados por la mayor variación del año de la Industria manufacturera (+3,7% i.a.) y por la desaceleración de la caída de la Construcción (-3,4% i.a.), exhibiendo el mejor desempeño desde hace trece meses, como consecuencia de la paulatina mejora del empleo formal del sector y la mayor reanudación de obras de mayor magnitud.

Por otro lado, los Servicios mostraron una caída de 5,4% i.a. en noviembre, desacelerando su contracción en 2,2 p.p. En este sentido, los más afectados continuaron siendo los que mayores restricciones tuvieron para operar: Hoteles y restaurantes (-53,2% i.a.) y Transporte y comunicaciones (-18,2% i.a.), los que mayor incidencia negativa tuvieron en el índice. Esta dinámica fue compensada parcialmente por la mejora de Comercio (+3,9% i.a.) e Intermediación financiera (+11,7% i.a.).

En diciembre, la recuperación de la actividad mantendría su curso -aunque posiblemente con una nueva desaceleración-. El efecto de las menores restricciones a la oferta va perdiendo fuerza mes a mes, mientras que la aceleración de la inflación le puso un freno adicional a la recomposición de los ingresos de las familias y el repunte del consumo privado. De esta manera, el 2020 cerrará con una caída de la actividad en torno al 10%, generando que el PBI vuelva a los niveles del año 2007.

En 2021, el rebote de la actividad dependerá de qué tan rápido la pandemia se diluya, así como de las medidas tomadas para controlarla. En este sentido, creemos que el aprendizaje a vivir bajo pandemia permitirá que las restricciones a la producción y circulación sean menores que el año pasado, aunque complicaciones respecto a la vacunación masiva podría volver a generar presiones cambiarias ante la necesidad de un mayor financiamiento monetario del rojo fiscal.

Por otro lado, las elecciones legislativas también tendrán su papel. La necesidad de recomponer el poder adquisitivo podría impulsar el consumo privado a través de planes oficiales -Ahora 12, por ejemplo- y en tanto la inflación no continúe acelerándose. Para ello, será central controlar el dólar -lo que posiblemente implique reducir la depreciación mensual del tipo de cambio- y arrojar señales fiscales que reduzcan la incertidumbre cambiaria y permitan la acumulación de Reservas por parte del BCRA. Así, esperamos que la actividad crezca en torno al 4,5% en 2021 impulsada por el consumo privado (4,7%), pero en ambos casos no alcanzará para recuperar el terreno perdido por la pandemia.

La canasta básica alimentaria creció casi 10 p.p. más que la inflación

¿Cómo terminaron las canastas el año?

En diciembre de 2020, la Canasta Básica Alimentaria (CBA) -que mide el ingreso necesario para que una familia compre una canasta de alimentos y se ubique por encima de la línea de indigencia—creció 5,1% en comparación a noviembre. Por su parte, la Canasta Básica Total (CBT) trepó 4,7% respecto al mes anterior, compuesta por bienes y servicios donde los hogares que ganan por debajo de esta línea de ingresos son considerados pobres.

De esta manera, la CBA alcanzó 45,5% i.a. y la CBT subió 39,1% i.a. en diciembre, casi 10 p.p. y 3 p.p. respectivamente por encima de la inflación (+36,1% i.a.) y también por encima de la evolución del tipo de cambio oficial (+38,3% i.a.). Uno de los motivos, en un contexto de tarifas de servicios públicos congeladas y controles de precios sobre los bienes de consumo masivo, es la dinámica que adoptaron los alimentos frescos. La carne trepó 56,9% i.a., las frutas subieron 64,4% i.a. y las verduras 58,0% i.a., poniéndole un techo alto a la evolución de las canastas.

A su vez, mirando a lo largo del año, entre los meses de abril y agosto -cuando la economía se encontraba prácticamente paralizada por la cuarentena-, tanto la CBA como la CBT promediaron una suba de solo 1,6%. Las tarifas congeladas y el impacto del programa Precios Máximos explicaron gran parte de esta evolución.

Por lo tanto, al analizar por qué las canastas cerraron por encima de la inflación, se encuentra que la aceleración se agudizo en los últimos cuatro meses del año. La CBA acumuló una suba de 20,7% en el último cuatrimestre, mientras que la CBT 19,2%. En este sentido, impactó la autorización de subas de Precios Máximos en octubre y la aceleración del precio de la carne en los últimos dos meses del año, impactando directamente en la inflación de alimentos.

Con estos números, una familia tipo (compuesta por cuatro integrantes) necesitó $22681 para comprar la canasta básica alimentaria y $54207,5 para adquirir la canasta básica de bienes y servicios.

Lamentablemente, los ingresos no evolucionaron de la misma forma. El Salario Mínimo Vital y Móvil se ubicó en $20587,5 en diciembre (+22% en 2020), lo cual implicó una pérdida de 9,9% en términos reales, mientras que la AUH se ubicó en $3717 (y creció en línea con la inflación). En este sentido, el ingreso de una familia compuesto por un salario mínimo y dos AUH se ubicó en $26469, lo cual alcanzó para satisfacer la CBA pero apenas la mitad de la CBT.

¿Qué esperamos?

Difícilmente la evolución de las canastas se desacelere considerablemente en el corto plazo. El precio de la carne y las frutas continuaron presionando sobre los precios de alimentos en enero, lo cual les pondrá un piso importante a las canastas este mes. A su vez, el alcance del programa de precios máximos se redujo y aquellos bienes que permanecen seguramente tendrán algún ajuste en los próximos meses producto del atraso respecto a gran parte de los precios de la economía.

Por su parte, las perspectivas de los ingresos son conservadoras. En un contexto en el cual no hay margen fiscal, ya fue anunciado que no habrá nuevos pagos de IFE en el año electoral. Por su parte, existirían actualizaciones trimestrales del pago de AUH -actualizadas por la recaudación de ANSES y los salarios-, lo cual podría permitir que no pierdan en términos reales, pero no necesariamente una significativa mejora si la inflación es creciente.

Además, hay que tener en cuenta que, si bien el relajamiento de la cuarentena está permitiendo una recomposición paulatina de los empleos informales y cuentapropistas, el poder adquisitivo tardará algo más en recomponerse, lo que dificultará la baja de la pobreza y la indigencia durante la primera parte del año.

La inflación comienza 2021 por encima del 3% mensual

El IPC GBA Ecolatina trepó 3,9% entre la primera quincena de enero y el mismo período de diciembre. Analizando a los capítulos, Alimentos y bebidas mostró una variación por encima del Nivel general (+5,4%), donde se destacaron las subas de carnes, frutas y comidas elaboradas. Por su parte, se destacaron las subas de combustibles, seguros y servicios vinculados al mantenimiento del hogar.

En lo que respecta a las categorías, el IPC Núcleo trepó 4%. Cuando se lo divide en dos grupos -por un lado, los precios que se encuentran regulados mediante el programa de Precios Máximos y por el otro los no controlados- aparece que el IPC de Consumo masivo creció sólo 0,6%, mientras que el IPC Core no controlado subió 5,8%. Por su parte, el IPC Estacionales creció 3,8% y el IPC Regulados 3,0%.

En consecuencia, proyectamos que la suba de precios se ubicará en torno del 3,5% en el primer mes del año. Esto implica una mínima desaceleración respecto a diciembre 2020, pero refleja que la suba de precios persiste en niveles muy elevados (50% anualizado). Si el tipo de cambio sigue ajustando en línea con la inflación pasada, la inercia del proceso inflacionario será aún mayor manteniendo la suba de precios en torno del 3% promedio mensual durante el primer trimestre.

De cara a las elecciones de mitad de término el Ejecutivo intentaría desacelerar la inflación -como ocurrió en otros años impares- acotando la suba de los precios regulados (principalmente tarifas de servicios públicos), reforzando controles/acuerdos de precios, y deslizando a menor ritmo el tipo de cambio oficial. Así, a costa de contener precios relevantes, la inflación podría perforar 3% mensual en los meses previos a las elecciones, permitiéndole a los salarios recuperar parte del terreno perdido.

De esta manera, la inflación en 2021 cerraría en torno a 45%. Esto se corresponde con presiones cambiarias que podrían reaparecer, aumentos tarifarios que serán impostergables al cierre del año y unas negociaciones paritarias que serán más dinámicas que el año pasado, en un contexto sanitario crítico pero que, a diferencia de 2020, no vendría acompañado de fuertes restricciones a la circulación/actividad.

La actividad continúa recuperándose, pero aún se ubica debajo de la pre-pandemia

En octubre 2020 el Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) cayó 7,4% i.a., acumulando una contracción de 11,3% i.a. en los primeros diez meses del año. En términos desestacionalizados, la mejora se mantuvo firme en el mes (+1,9%) alcanzando seis meses consecutivos de crecimiento luego del piso de la crisis. De todas maneras, aún resta recuperar más de 5 p.p. respecto a los niveles pre-pandémicos.

A nivel sectorial, la recuperación se ralentizó. Mientras que en septiembre 2020 seis sectores mostraron mejoras interanuales, en octubre solo uno (intermediación financiera) de quince mostró expansión.

En lo que respecta a los Servicios (-7,2% i.a., +0,1 p.p. respecto al mes anterior), los sectores más golpeados continuaron siendo los que mayores restricciones tuvieron para operar (Hoteles y restaurantes cayó -54,5% i.a. y Servicios comunitarios y personales -26,7% i.a.). Además, a pesar de las menores restricciones a la circulación (apertura de shoppings y restaurantes en determinadas partes del AMBA), el Comercio se contrajo -0,7% i.a. luego de haber mostrado una mejora interanual significativa en septiembre.

Por su parte, los Bienes exhibieron un impacto negativo algo menor (-5,0% i.a.). De todas maneras, aceleraron su caída en 2,8 p.p. respecto a septiembre, afectados por la incertidumbre cambiaria -la brecha llegó a superar el 100%-.

En los últimos dos meses del año la magnitud de la recuperación mensual sería menor a la observada entre mayo-octubre y tendería a estancarse, ya que el efecto de las menores restricciones sobre la oferta ya casi no jugará a favor.

Además, el impacto de la brecha cambiaria continuaría latente. En este sentido, podría incentivar a determinadas empresas a adelantar producción y compra de insumos, alentando una recomposición más rápida de las importaciones. A contramano, seguiría actuando como fuerte desaliento a las ventas al exterior, deteriorando el superávit comercial y poniendo un freno para una recuperación sostenida.

A su vez, la aceleración de la inflación -principalmente de alimentos- le pone un techo a la recuperación de los ingresos de las familias producto de subas salariales acotadas y lenta recomposición del empleo. Esto condiciona la mejora del consumo privado. Con estos números, esperamos que el 2020 cierre con una contracción superior al 10%, donde el PBI per cápita volvería a niveles del 2005.

El arrastre estadístico para 2021 supera los 3 p.p. lo que permitiría un incremento del PBI -recuperación- en el año electoral. De todas maneras, hay que tener en cuenta que el número final estará determinado en base a cómo evolucionen las presiones cambiarias y el impacto que tendrá el Covid-19.