La inflación se aceleró en la primera quincena de septiembre

Según el IPC GBA Ecolatina, la inflación fue de 3,1% entre la primera quincena de septiembre y el mismo periodo del mes anterior. De esta manera, se interrumpió la desaceleración observada en agosto, cuando el índice avanzó 2,5%.

A su vez, el IPC Core se ubicó en la zona del 3,0%. Esta evolución se explicó en mayor medida por la evolución de los precios de consumo masivo -que vienen recuperando terreno perdido tras el desarme del congelamiento- y determinados servicios privados. Vale mencionar que esta dinámica no se vio afectada por el precio de la carne, que se mantuvo muy por debajo del Nivel General.  El mantenimiento del IPC Core en torno al 3%, en línea con lo sucedido los últimos meses, muestra un mayor dinamismo en las otras categorías del índice durante el inicio de septiembre.

En este sentido, el IPC Regulados se aceleró, ubicándose por encima del 2% en la primera quincena. Si bien la mayor proporción de precios regulados continuaron actuando como ancla (como los combustibles, tarifas de servicios públicos y transporte público), impactaron las subas de prepagas, cigarrillos y educación. Además, a diferencia del periodo mayo-agosto, los precios estacionales traccionaron la suba del Nivel General. Al interior de esta categoría, resaltaron las subas de indumentaria y turismo.

Estimamos que el IPC GBA Ecolatina cierre en la zona del 3% para el mes de septiembre. Esta aceleración se corresponderá con los factores antes mencionados, que seguirán impactando en lo que queda del mes. No obstante, prevemos que la inflación mensual promedio del último trimestre se mantenga por debajo de este valor, ya que el gobierno continuará apostando a un fuerte control en los precios Regulados y en el tipo de cambio oficial, aunque no será suficiente para que la suba de precios logre perforar el 2% en alguno de los meses que restan del año, dejando en evidencia la fuerte inercia que posee el proceso inflacionario. Con estos números, esperamos que la inflación nacional se ubique en torno al 48,5% interanual para 2021.

En agosto, la inflación perforó el 3% por primera vez en el año

La inflación nacional alcanzó el 2,5% en el octavo mes del año según el INDEC, desacelerándose 0,5 p.p. respecto al mes anterior. De esta manera, exhibió una variación de 32,3% en los primeros ocho meses del año y de 51,4% en la comparación interanual.

La desaceleración vino de la mano de la reducida evolución de Alimentos y bebidas no alcohólicas (+1,5%), que exhibió la variación más baja de los últimos trece meses. De esta manera, el capítulo le aportó 0,4 p.p. a la variación mensual del Nivel General de agosto, luego de significar 1,0 p.p. en la inflación del mes previo (en julio la inflación fue de 3%). Al interior del capítulo, la desaceleración correspondió a la baja evolución de Carnes (que en 4 de las 6 regiones perforó el 1%) y Verduras. Sin embargo, esto solo compensa parcialmente las subas de los alimentos del último año ya que en la comparación interanual (+53,4% i.a.) se ubica 2,0 p.p. por encima del Nivel General.

Esta desaceleración es la quinta consecutiva desde el pico de marzo (cuando el IPC avanzó casi 5%). Si bien esto luce como algo positivo, también esconde el hecho de que en esos cinco meses, el IPC Núcleo -que alcanzó 3,1% en agosto- se ubicó por encima de la inflación, sin poder perforar todavía el 3%. Como este indicador -que no contiene a los de origen estacional o regulados por el Gobierno- capta de mejor forma la inercia inflacionaria, refleja lo transitorio de la desaceleración inflacionaria de estos últimos meses. Esta tensión se reforzará en los próximos meses si el “paquete electoral” se traslada rápidamente a los precios vía una mayor demanda y un posible incremento en la brecha cambiaria que pondere las mayores necesidades de financiamiento monetario.

En los últimos cuatro meses del año la inflación mantendrá un promedio inferior al 3% mensual. Esto se debe a que luego del resultado electoral, el gobierno no autorizará aumentos en los regulados (a excepción de los ya previstos para las Prepagas) y apostará a planchar el tipo de cambio oficial, especialmente en el período previo a las elecciones generales. De esta manera, esperamos que la suba de precios ronde 48,5% en 2021, volviendo a la zona de 2018-2019.

La construcción se mantuvo en terreno positivo en el séptimo mes del año

En julio, el Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC) creció 19,8% respecto al mismo mes del año anterior y acumuló una suba de 53,3% en los primeros siete meses del año. Además, el sector también se mantuvo levemente por encima de los niveles pre-pandemia: se ubicó un 1,1% por encima del mismo acumulado de 2019, pero aún un 7,3% por debajo del mismo periodo de 2018.

Por su parte, creció 2,1% en términos desestacionalizados, encadenando dos meses consecutivos de mejoras. De todas maneras, el sector aún no recuperó lo perdido por el retroceso que tuvo entre febrero-mayo (en parte, explicado por el impacto de la segunda ola), dado que en julio se ubicó todavía un 0,9% por debajo de enero de este año.

El consumo aparente de asfalto fue el principal driver en la suba mensual de julio. En este sentido, creció 47,3% respecto del mes anterior en términos desestacionalizados, y explicó más del 40% del aumento intermensual del indicador. Este insumo está muy asociado a la obra pública, que viene mostrando un fuerte crecimiento en el año: hasta julio, el gasto de capital nacional acumula un aumento de 55% en términos reales, ubicándose 9% por encima de igual lapso de 2019.

Por otro lado, muchos insumos mayormente asociados a las obras privadas de magnitud exhibieron mejoras en julio. En el séptimo mes del año se observaron fuertes alzas respecto de junio en placas de yeso (+12,8%), hierro redondo y aceros para la construcción (+9,2%) y hormigón elaborado (+5,2%). Los ladrillos huecos mostraron un retroceso en julio respecto de junio (-3,8%), pero en el año muestran un alza acumulada de 63% i.a. (por encima del nivel general) y se ubican muy por encima del nivel que mostraban en 2019. Asimismo, tras el impacto de la segunda ola, que se concentró en mayor medida en el mes de mayo, cada vez una mayor proporción de empresas privadas se están volcando a la actividad: según CAMARCO, el número de empresas disponibles para operar creció 4,3% en junio respecto al mes anterior (último dato disponible), dinámica que se habría mantenido hasta la actualidad.

A pesar de estas mejoras, las obras asociadas a refacciones más pequeñas mostraron señales de estancamiento. Las Pinturas para la construcción y los Pisos y revestimientos cerámicos se ubicaron por debajo de julio de 2020 (-8,1% i.a. y -13,9% i.a.), mientras que otros insumos, como Artículos sanitarios de cerámica, tuvieron una performance algo más favorable (+16,9% i.a.). En este sentido, en los últimos meses comenzó a disolverse el crecimiento que tuvieron estos insumos en los meses de cuarentena más estricta, en tanto en ese momento el patrón de consumo estaba en mayor medida asociado a refacciones dentro del hogar.

En lo que resta del año, el sector tendría margen para seguir recuperándose y mantenerse en los niveles pre-pandemia. En agosto, los datos que permiten adelantar la evolución de la construcción son favorables: los despachos de cemento crecieron 4,1% respecto a julio, acumulando una suba de 1,3% respecto al mismo periodo de 2019. Además, las expectativas de la evolución del sector para los próximos tres meses también son positivas. Según el INDEC, el 85% de las empresas encuestadas estiman que tanto la obra privada como la pública se mantendrá igual o mejorará en los próximos tres meses. De esta manera, tras haber caído 19,5% en 2020, esperamos que el sector pueda cerrar con un crecimiento superior al 30% en 2021. A diferencia de la evolución del PBI, que en el promedio anual no recuperaría el terreno cedido por la pandemia, la construcción cerraría el 2021 con niveles superiores al promedio de 2019.

El IPC GBA Ecolatina se ubicó por debajo del 3% en agosto

En agosto, la inflación fue 2,5% según el IPC GBA Ecolatina, representando la variación más baja desde julio de 2020. De este modo, la suba de precios acumuló 31,1% en los primeros ocho meses del año y 49,1% en la comparación interanual.

A su vez, el IPC Core creció 2,9% en el mes. Hay que tener en cuenta que la suba de estos precios, que no tienen en cuenta a los de carácter estacional ni regulados por el Gobierno, se vienen ubicando por encima de la inflación general desde inicios del año. En este sentido, la inflación núcleo acumuló 34,8% hasta agosto, 3,8 p.p. por encima del nivel general.

En los últimos meses, esta tendencia se explicó en gran medida por la evolución de los precios de consumo masivo. Si bien en el primer trimestre del año se ubicaron muy por debajo de la inflación general, entre abril-agosto se aceleraron a un ritmo de casi 4% promedio mensual. En agosto, tanto los alimentos y bebidas empaquetados (+3,4%) como los bienes de cuidado personal y del hogar (3,9% promedio) exhibieron subas significativas.

Al igual que en los últimos dos meses, la suba del IPC Regulados (+1,8%) actuó como ancla inflacionaria creciendo por debajo del Nivel General. De todas maneras, se aceleró levemente respecto al mes anterior, considerando que impactó la autorización de prepagas (+9,0%) y educación (+3,4%). Por su parte, los precios estacionales también ayudaron a la desaceleración (+1,0%), donde incidió la baja de frutas y turismo.

Para los últimos cuatro meses del año, la inflación mensual promedio será inferior al 3%. Esto se debe a que el tipo de cambio oficial seguirá evolucionando muy por debajo de la inflación (trepó solo 1% promedio en julio y agosto), al menos hasta las elecciones. Además, descontando los dos aumentos ya pactados de prepagas (9% en septiembre y octubre), hasta ese momento no existirán nuevas autorizaciones significativas de precios regulados, lo cual ayudará a contener a la inflación general. De esta manera, la inflación cerraría el 2021 con una suba en torno al 48,5% anual a nivel nacional, acelerándose más de 10 p.p. respecto al 2020.

La actividad se recuperó en junio tras cuatro meses de caída

El Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) creció 10,8% i.a. en junio. No obstante, hay que tener en cuenta que la base de comparación que dejó el 2020 es baja: al contrastar con el mismo mes de 2019, se observa que la economía aún se encontró un 2,1% por debajo.

Con este dato, la actividad habría exhibido un crecimiento de 17,3% i.a. en el segundo trimestre del año. Pese a esto, cayó 1,6% en términos desestacionalizados en este período, afectado por las restricciones impuestas por la segunda ola de Covid-19 y una inflación crucero superior al 3% mensual que condicionó la recuperación del poder adquisitivo.

Por otro lado, hay que tener en cuenta que en el segundo trimestre habría sido el piso de la actividad del 2021. Considerando que en junio la actividad económica creció un 2,5% respecto a mayo, esperamos que el impacto de la segunda ola haya quedado atrás, que se encadenará con un segundo semestre positivo para la actividad, de no mediar eventos -cambiarios o sanitarios- disruptivos. De este modo, esperamos que los niveles actuales al menos se mantengan durante la segunda mitad del año.

Una mirada por los sectores

A nivel sectorial, el desempeño continuó siendo heterogéneo. En primer lugar, tanto los Bienes (+2,7%) como los Servicios (+1,1%) crecieron respecto a mayo, ya que las restricciones fueron acotadas y permitieron un mayor despliegue de actividades. Aun así, mientras que los Bienes siguen por encima de los niveles pre-pandemia (+4,6% por encima del primer bimestre del 2020), los Servicios no logran recuperar lo perdido (-3,7%).

A su vez, la Industria (+9,7% de la pre-pandemia) y el Comercio (+9,0%) son los sectores que siguen liderando la recuperación, lo cual representa una buena noticia en términos de generación de empleo y el importante peso que tienen sobre la actividad económica -conjuntamente representan más de un tercio del PBI-. A contramano y con caídas de dos dígitos respecto a la pre-pandemia se ubicaron los sectores de servicios que siguen con complicaciones para operar, como Hoteles y restaurantes y Transporte y comunicaciones.

¿Qué esperamos para el segundo semestre?

Mirando hacia adelante, prevemos una recuperación del orden del 2% desestacionalizado en el tercer trimestre. Esto será consecuencia de una economía más “normal” producto de menores restricciones y el avance de la campaña de vacunación, que se combinará el push electoral y la apuesta a planchar el dólar y continuar el congelamiento tarifario para desacelerar la inflación por debajo del 3% mensual. Así, habrá unos meses de tregua al poder adquisitivo, a la que se le sumarán diversos estímulos asociados al financiamiento – Ahora 12-, favorables condiciones crediticias para determinados grupos, como los monotributistas, y bonos para jubilados y perceptores de asignaciones.

A su vez, la inversión, que fue el componente de la demanda que más rápido recuperó el terreno perdido, mantendrá esta tendencia. En este sentido, la construcción y la compra de maquinaria y equipo se ubican como una opción atractiva de ahorro, ante las restricciones cambiarias y una brecha que podría acentuarse en la previa a las elecciones.

La mejora de la actividad tendría un ritmo menor en el cuarto trimestre por dos motivos. Por un lado, el impacto del levantamiento de las restricciones será cada vez más acotado; mientras que por el otro, es posible una leve aceleración de la inflación al cierre del año, ligada al inicio de posibles correcciones cambiaras/tarifarias en este momento.

De esta manera, el crecimiento de la economía rozará 7% en el promedio anual de 2021. Con un acuerdo con el FMI que llegaría pasada las elecciones y correcciones de algunos precios relativos que estarán pendientes -tipo de cambio y tarifas-, el desafío pasa por lograr las condiciones para que la recuperación del segundo semestre sea sostenible en la primera parte del 2022.

El IPC GBA Ecolatina continúa por debajo del 3%

Según el IPC GBA Ecolatina, la inflación fue 2,5% entre la primera quincena de agosto y el mismo periodo de julio. La menor evolución del tipo de cambio oficial (+1,0% en julio) junto a las escasas subas de precios regulados ayudaron a dicha evolución.

A su vez, el IPC Core creció 2,9% en el mismo periodo: la suba de estos precios, que no incluyen a los estacionales ni regulados por el gobierno, se está desacelerando a un ritmo mucho más lento que el Nivel General. Sin embargo, hay que tener en cuenta que, a pesar de esta rigidez, al analizar al interior de este IPC se observa que la dinámica fue heterogénea.

Los que están creciendo a un ritmo cercano al 4% hace tres meses consecutivos son los bienes de consumo masivo, mientras que el resto de los precios que componen a la inflación núcleo se ubicaron en línea con el Nivel General (+2,5%) ayudados en gran medida por la fuerte desaceleración del precio de la carne vacuna.

Por su parte, la suba de prepagas (+9%) explicó por qué los precios regulados se aceleraron levemente en la primera quincena (+0,7% en la primera quincena de julio vs +1,7% en la primera quincena de agosto), pero que, de todas maneras, siguieron funcionando como ancla para el nivel general. Por otro lado, los precios estacionales actuaron en la misma dirección, considerando que solo subieron 0,6% en el periodo como consecuencia de la baja en frutas y turismo.

Estimamos que el IPC GBA Ecolatina se ubicará en la zona del 2,6% para agosto, algo por debajo de la inflación nacional. Los regulados seguirán funcionando como atenuadores de la inflación, mientras que los precios de consumo masivo seguirán recuperando el terreno perdido y algunos servicios privados mantendrán una dinámica algo más elevada como resultado de la reapertura de paritarias.

Para el resto del año, esperamos que la inflación se ubique, con altibajos, en la zona del 3%. De esta manera, la suba de precios acumularía en torno al 18,5% en el segundo semestre, lo cual implicará una desaceleración respecto al semestre anterior (+25,3%). Teniendo en cuenta estos números, desde Ecolatina proyectamos que la inflación anual volverá a la zona de 2018 y 2019, cerrando el 2021 en torno al 48,5%.

Cerca de 2018 y 2019: en 2021, la inflación estará por encima del 48%

En julio, la inflación nacional fue de 3% según informó el INDEC. De este modo, se registró la variación más baja desde septiembre del año pasado, cuando había comenzado a acelerar impulsada por la flexibilización de la cuarentena. En sentido inverso, la suba de precios acumuló 51,8% en los últimos doce meses, alcanzando el mayor valor desde enero de 2020.

 

Con estos números, la inflación acumuló 29,1% entre enero y julio, casualmente el objetivo que se había propuesto el gobierno para todo el año. Esta aceleración “imprevista” -al menos, para el Poder Ejecutivo- forzó la reapertura de paritarias y las consecuentes actualizaciones salariales, algo que ya se refleja en el índice: los Servicios (+3,1%, +38,2% i.a.) se ubicaron por encima de los Bienes (+2,9%, +57,9% i.a.), por primera vez en ocho meses, motivados por la mayor incidencia del costo salarial en sus precios finales.

Considerando que los servicios públicos se mantuvieron congelados, la diferencia se explicó íntegramente por la mayor evolución de los servicios privados. En un contexto de baja evolución del tipo de cambio oficial y una continuidad en la mejora de salarios nominales, este comportamiento se mantendría durante el segundo semestre, achicando las diferencias acumuladas en el último tiempo.

Una cuestión para destacar es que el capítulo de Alimentos y bebidas (+3,4%, +56,4% i.a.) se ubicó por encima de la inflación en julio. En este sentido, impactaron las subas de varios productos de Consumo Masivo -como aceites, lácteos e infusiones- que siguen recuperando el terreno perdido tras el desarme de los controles de precios, así como la suba en las verduras.

Por su parte, el IPC Núcleo (+3,1%) se ubicó levemente por encima de la inflación agregada, evidenciando las dificultades para romper el piso de 3% del Nivel General. Además, cerca de 0,5 p.p. de la inflación del mes fue explicada por los Estacionales (+4,9%) mientras que los precios regulados continuaron funcionando como ancla (+1,4%) y ayudando a la desaceleración del Nivel General.

Esperamos que esta dinámica se mantenga en el segundo semestre y, en consecuencia, la inflación pase de la zona del 4% mensual en la primera mitad del 2021 a la del 3% en la segunda. La menor depreciación del tipo de cambio oficial y tarifas pisadas ayudarán a que en la previa electoral estos números sean inferiores, incluso contando reapertura de paritarias. En respuesta, desde Ecolatina proyectamos una inflación anual de 48,5% en 2021.

A diferencia de lo ocurrido durante buena parte del gobierno de Cambiemos, la marcada aceleración de la inflación -será más de 10 p.p. superior a la de 2020- no responderá a una corrección en los precios relativos. Parte de estos desequilibrios deberán ser corregidos en el marco del pronto acuerdo con el FMI, por lo que el año entrante también será agitado en materia inflacionaria, dejando un piso del 40% para 2022.

Luego de cuatro meses, la construcción volvió a crecer en junio

¿Cómo le fue a la construcción en junio?

En junio, el Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC) creció 28,6% respecto al mismo mes del año anterior, acumulando una mejora de 61,6% en el primer semestre del año. Se debe notar que las variaciones se vieron afectadas por las bajas bases de comparación, ya que se correspondieron a los meses de cuarentena más estricta. De todas maneras, al comparar con el mismo mes de 2019, el sector se encontró también un 9,7% por encima.

Además, la construcción creció (+6,8% respecto a mayo) tras cuatro meses consecutivos de caída. De todas formas, aún no recuperó lo perdido en los últimos meses, ubicándose todavía un 3,7% por debajo de enero de 2021 -último mes que el sector había crecido de forma mensual-, pero manteniéndose firme en niveles superiores a la pre-pandemia (+23,2% por encima del primer bimestre de 2020).

En primer lugar, hay que tener en cuenta que en abril-mayo se concentró el impacto de la segunda ola. Si bien las medidas implementadas para contenerla fueron significativamente menores a las del año anterior, las restricciones en la primera quincena de mayo en la Ciudad de Buenos Aires y la vuelta a “fase 1” en el cierre del mes tuvieron un efecto sobre el sector, impactando principalmente en las obras privadas de magnitud. De esta forma, como junio fue un mes con menores restricciones y menor ritmo de contagios, era de esperar un “efecto rebote” al reanudarse determinadas obras que habían sido suspendidas por fuerza mayor.

En este sentido, 11 de los 13 insumos que compone el indicador mostraron un crecimiento respecto a mayo. Resaltó la evolución de ladrillos huecos (+10,4%) y hormigón elaborado (7,8%), que se encuentran asociados en gran medida a las obras privadas de mayor magnitud y al impacto de las menores restricciones antes mencionado.

Por su parte, la reanudación de la obra pública también va dinamizando al sector, tras la caída acumulada entre 2018 y 2020. Por un lado, los despachos de asfalto -el insumo que está más asociado a la obra pública- exhibió una caída desestacionalizada en junio (-3,5%), pero tras crecer de manera significativa en los dos meses anteriores (+16,6% en abril y +26,5% en mayo). A su vez, los gastos de capital del Gobierno Nacional treparon 61,8% i.a. en términos reales en el primer semestre, ayudados por la baja base de comparación.

¿Qué esperamos?

En julio, el indicador volvería a mostrar un crecimiento desestacionalizado, consolidando el rebote como consecuencia de las menores restricciones. En este sentido, el Índice Construya, que se encuentra asociado en mayor medida a la obra privada, creció 1,1% respecto a junio, mientras que los despachos de cemento crecieron 8,5% en comparación al mes anterior, ubicándose en niveles superiores a los del acumulado del mismo periodo de 2019.

Dejando detrás al impacto de la segunda ola, el sector tendría margen para seguir recuperándose en el segundo semestre, aunque a tasas menores que las que se vieron luego del piso de abril de 2020. En este sentido, un incremento de la brecha cambiaria en la previa electoral junto a tasas reales que se mantendrían en terreno negativo actuarían como drivers adicionales para el sector, debido a que incentivan el ahorro en ladrillo. Además, al tratarse de un año electoral, la obra pública también dinamiza la actividad en tanto el sector es de carácter esencial para dinamizar la creación de empleo informal, y con ello la demanda y el nivel general de actividad.

En síntesis, esperamos que el sector se mantenga en el resto del año por encima de la pre-pandemia, manteniendo la mejora en el segundo semestre del año. En este sentido, tras haber caído casi 20% en el 2020, esperamos que la construcción crezca en la zona del 25% en el 2021.

Julio, con inflación por debajo de 3%

En julio, la inflación fue de 2,6% mensual según el IPC GBA Ecolatina, acumulando 28% en los primeros siete meses del 2021. Con esta variación, tuvimos el avance más bajo desde septiembre de 2020, lo que representa una buena noticia: a pesar del arranque de año agitado, la suba de precios empezó a desacelerar en los últimos meses, ayudada por las anclas cambiarias y tarifarias.

Por su parte, alimentos y bebidas también estuvo por debajo del 3% por primera vez en el año. La mayor estabilidad obedeció al aumento moderado de carne vacuna (+1,0%, en comparación con 7,0% promedio mensual en el primer semestre), a la vez que la baja estacional de frutas también ayudó a este resultado. Por otro lado, los alimentos de consumo masivo siguieron creciendo por encima del 4% mensual en promedio, consecuencia del desarme de Precios Máximos.

A contramano de los últimos meses, los servicios les ganaron la carrera nominal a los bienes, algo que había ocurrido solo dos veces desde que empezó el congelamiento tarifario en abril de 2019. Si bien los servicios públicos siguieron congelados, los privados mostraron una aceleración relevante (+4,0%) y crecieron muy por encima de los bienes (+2,6%). En un contexto de reapertura de paritarias y dólar oficial planchado, esta dinámica podría repetirse en los próximos meses, achicando las diferencias acumuladas en los últimos años.

Más allá de la baja del Nivel General, vale destacar que la inflación núcleo siguió por encima del 3% en julio: los precios regulados contuvieron otra vez a la variación agregada, marcando que los atrasos siguen profundizándose. En agosto, las subas ya anunciadas de prepagas y GNC (+9% y +5%, respectivamente) impulsarían a este componente, pudiendo generar que la inflación de este mes se ubique levemente por encima de la de julio.

Aún con una aceleración puntual en este mes, la inflación bajaría en la segunda mitad del año, y pasaría de la zona del 4% mensual en el primer semestre (60% anualizado) a la del 3% (40% anualizado). Un menor efecto de la emisión récord de 2020, sumado al ancla tarifaria y una moderada suba del tipo de cambio oficial ayudarán a controlar la suba de precios, incluso en un escenario de suba nominal de los salarios.

Antes de cerrar, vale destacar que Ecolatina proyecta una inflación de 48,5% para 2021 (para los números del IPC Nacional de INDEC, no los del IPC GBA Ecolatina que sirven de base para este informe). El gran problema no será solo la suba de precios de este año: con un dólar y tarifas congelados, y un acuerdo con el FMI pronto a firmarse, la primera mitad de 2022 también podría ser agitada en materia inflacionaria, dejando un piso de 40% para el año que viene.

La Canasta Alimentaria crece por encima de la inflación, ¿hasta cuándo?

¿Cómo evolucionaron las canastas en junio?

La Canasta Básica Alimentaria (CBA), que muestra el ingreso necesario para que debe tener un individuo para comprar una canasta de alimentos y ubicarse por encima de la línea de indigencia, creció 3,6% en junio (+57,6% i.a.), acelerándose 0,8 p.p. respecto al mes anterior. Por su parte, la Canasta Básica Total (CBT), muestra el ingreso necesario que debe tener un individuo para comprar una canasta de bienes y servicios y ubicarse por encima de la línea de pobreza, y trepó 3,2% en junio (+51,8% i.a., +0,8 p.p. respecto a mayo).

Hay que tener en cuenta que las canastas crecieron por encima de la evolución de la inflación en junio (+3,1% para GBA, que es para donde se realiza el cálculo de las canastas). Si bien este comportamiento no fue la regla en lo que va del año, la CBA (+25,3%) acumuló en el primer semestre una suba mayor a la de la CBT (22,7%) y la inflación se ubicó en el medio de ambas (+24,9%). Detrás de esto se encuentra el hecho de que los alimentos evolucionaron por encima del resto de los precios, tras un 2020 con importantes congelamientos. En este sentido, los alimentos que tienen especial importancia en el armado de las canastas se aceleraron: según el IPC GBA Ecolatina, la leche subió 29% en el primer semestre, mientras que el pan fresco creció 36%.

Dos Salarios Mínimos y dos AUH no alcanzan para cubrir la CBT

En junio, una familia compuesta por cuatro integrantes necesitó $28413 para comprar la canasta de alimentos y $66478 para adquirir la canasta básica total. Por otro lado, el Salario Mínimo Vital y Móvil se ubicó en $25272 con la actualización de este mes, mientras que la Asignación Universal por Hijo fue de $4503 gracias al último incremento. Por lo tanto, el ingreso de una familia compuesto por dos salarios mínimos y dos AUH se ubicó en $59552.

Así, el ingreso de una familia cubrió la totalidad de la CBA -algo que venía sucediendo en los meses anteriores- pero no alcanzó para cubrir la totalidad de la canasta de bienes y servicios (cubrió casi el 90% de la misma). En este sentido, hay que remarcar que estos ingresos no alcanzaron a cubrir la CBT desde que se irrumpió la pandemia, pero no fue la regla en los últimos años: a lo largo de 2016, 2017 y parte de 2018 y 2019 una familia con estos ingresos lograba ubicarse por encima de la línea de pobreza.

¿Qué esperamos?

Como vimos, producto de un primer semestre agitado en materia inflacionaria, las canastas se aceleraron y los ingresos reales continuaron deteriorándose luego de tres años consecutivos de contracción. Sin embargo, para el segundo semestre podría advenir un panorama levemente más favorable.

Por el lado de los precios, esperamos que la inflación se desacelere gracias al menor ritmo de depreciación del tipo de cambio oficial y las escasas subas de los precios regulados, y se ubique levemente por debajo del 3% promedio en el periodo julio-diciembre. De la mano de esta evolución, las canastas también se desacelerarían. De todas maneras, como algunos precios de consumo masivo se mantendrían por encima de la evolución de la inflación, dado que aún no recuperaron todo el terreno perdido -especialmente durante 2020-, no esperamos un cambio rotundo en la tendencia actual.

Por otro lado, desde el lado de los ingresos vendrán nuevos aumentos. En línea con la reapertura de paritarias (tras una pauta de 29% que quedó vieja), el Salario Mínimo Vital y Móvil podría verse redefinido: si bien resta confirmar, la suba acordada del 35% en cuotas podría terminar siendo una cifra algo mayor, o se adelantarían algunos de los aumentos ya pactados. A su vez, los jubilados que cobran la mínima y los beneficiarios de la AUH obtendrán bonos compensatorios, que de todas maneras no alcanzarán para terminar con el deterioro. En este sentido, estos factores tendrían un efecto inmediato sobre el poder adquisitivo en la previa electoral: habrá que ver si la menor evolución de las canastas y una suba nominal mayor a la esperada de los ingresos de los sectores de menores recursos alcanzarán para llegar a cubrir la línea de pobreza en el cierre del año.