La pobreza superó el 35% en el primer semestre

¿Cuántos pobres hay en Argentina?

Según INDEC, la pobreza alcanzó a 35,4% de la población durante el primer semestre de 2019, por lo que casi 16 millones de argentinos se encuentran en esta situación (+3,7 millones en relación a la primera mitad de 2018). Por su parte, la indigencia trepó a 7,7% de la población (3,5 millones de personas, aproximadamente 1,3 millones más que la primera mitad del año pasado). Vale recordar que, estadísticamente, la población indigente se incluye dentro de la población pobre.

Adicionalmente, la pobreza en menores de 14 años alcanzó 52,6% (más de 10 p.p. en relación al primer semestre de 2018). En contraposición, la pobreza en adultos mayores fue de 10,4% (+4,5 p.p. en la comparación interanual).

 

Asimismo, la brecha de pobreza fue de 39,3%. Esto significa que los pobres ganan en promedio casi 40% menos de lo que precisan para dejar de serlo. Este dato rondaba el 36% en el primer semestre de 2018. Sin embargo, más interesante resulta analizar lo sucedido con una familia que percibe, por ejemplo, dos salarios equivalentes al mínimo y dos AUH. En este caso, durante la primera mitad del año pasado los ingresos habrían sido 14% superiores a la línea de pobreza, mientras que la suma percibida en el primer semestre de 2019 quedó 4% por debajo de dicho umbral.

¿Por qué aumentó la pobreza?

Como se vio en el ejemplo previo, el avance de la pobreza es la consecuencia de la caída de los ingresos reales. Este fenómeno afectó en mayor medida a hogares en situación de vulnerabilidad, cuyos miembros están más asociados al empleo informal y de elevada inestabilidad. Además, al no estar regidos por ningún convenio, los trabajadores no registrados tienen dificultades para proteger su ingreso ante los aumentos de precios. Producto de la ausencia de paritarias, durante la primera mitad del año, el salario del sector privado no registrado cayó casi 14,5% i.a. en términos reales (un retroceso 4 p.p. mayor que los trabajadores formales).

Si nos enfocamos en el 40% de la población de menores ingresos, los ingresos individuales mostraron un deterioro de 15,2% i.a. durante la primera mitad del año. En muchos hogares, la pérdida del poder adquisitivo implicó que más miembros del hogar salgan en búsqueda de empleo para apuntalar los ingresos familiares. Sin embargo, esto no fue suficiente: el ingreso total familiar cayó 14,9% i.a. en términos reales. En consecuencia, la mayor participación el mercado laboral no se tradujo en un mayor poder adquisitivo para este sector y resultó en un mayor nivel de pobreza.

¿Aumentará la pobreza en el segundo semestre de 2019?

La segunda mitad del año comenzó con una nueva aceleración inflacionaria que erosionará los ingresos reales en un contexto de crisis económica. Como resultado, es probable que pese a trabajar más -por el momento, el empleo informal continúa creciendo-, nuevos hogares (y personas) caigan por debajo de la línea de pobreza, la cual rozará el 40%. Algo similar ocurrirá con la indigencia. En la medida que los saltos inflacionarios tengan origen en la cuestión cambiaria, los alimentos tenderán a encarecerse y por lo tanto, más personas tendrán dificultades económicas para acceder a los mismos.

Un piso de cristal

Aumentó el empleo y el desempleo

El PBI logró una suba del 0,6% i.a. en el segundo trimestre de 2019, por lo que estuvo lejos de compensar la caída de la primera parte del año (-5,6% i.a), concluyendo el primer semestre con una contracción del 2,5% i.a. En línea cin este deterioro, según la Encuesta Permanentes de Hogares (EPH) la tasa de desocupación llegó a 10,6% de durante el segundo trimestre del año (+1 p.p. en la comparación interanual).

Sin embargo, la tasa de ocupación también creció y se ubicó en 42,6% (+0,7 p.p. i.a.). Esto implica un aumento de 2,7% i.a. en el nivel de empleo. Esta dinámica, a priori, que podría parecer incongruente, se debe a que al mismo tiempo se dio una expansión de la Población Económicamente Activa (PEA): los participantes del mercado laboral se incrementaron 3,9% i.a.

¿Por qué la economía se achica y el empleo crece?

La contracción de la economía durante la primera mitad del año induce a pensar que el nivel de empleo se debería haber movido en la misma dirección. Sin embargo, si bien la tasa de desocupación (10,4% de la PEA) creció en el primer semestre (+1 p.p. en relación a los primeros seis meses de 2018), esto no se correspondió a una caída en el empleo (+1,7% i.a), sino a una expansión de la PEA (+2,8% i.a.). Esto significa que entraron más personas al mercado laboral y no todas lograron conseguir un empleo.

La PEA creció por el efecto trabajador adicional. Esto ocurre cuando el miembro de un hogar cuyos sus ingresos reales familiares caen (durante la primera mitad del año el poder adquisitivo cedió más de 10% i.a.), y que en pos de recuperar al menos parte del ingreso perdido, tiene incentivos para salir a buscar empleo. Lamentablemente, considerando que durante el primer semestre el empleo asalariado formal en la población de referencia se mantuvo sin cambios en relación a al mismo periodo del año pasado, es probable que los “recién llegados” al mercado de trabajo -con menor experiencia o formación- hayan tenido como destino la subocupación y los puestos de trabajo de peor calidad. De hecho, esto es lo que parece haber sucedido: en un contexto de estancamiento del empleo de calidad, el crecimiento de la cantidad de ocupados se debe al avance de la informalidad y el cuentapropismo. Combinadas, estas modalidades -asociadas a una mayor precariedad y menores remuneraciones- exhibieron un incremento de 3,4% i.a. en la primera mitad del año.

En relación a esto último, los trabajadores pretenden obtener mejores empleos, con mayor seguridad laboral e ingresos, por lo que imponen, junto a la creciente masa de desocupados, una mayor presión sobre el mercado laboral. En este sentido, en línea con la caída de los salarios reales, desde fines del año pasado hay un aumento significativo de la cantidad de personas que demandan un empleo, dentro de los cuales se destacan los trabajadores ya empleados que buscan conseguir un nuevo puesto para apuntalar sus ingresos y/o abandonar la informalidad. Dicho de otro modo, pese a la mejora en el nivel de empleo, su calidad sigue en retroceso. El deterioro del mercado laboral es la principal causa detrás de la caída de la actividad.

 

¿Qué esperamos para lo que resta del año?

En el segundo trimestre de 2019, el PBI registró en la medición desestacionalizada un leve retroceso del 0,3% respecto al primer cuarto del año, acumulando dos trimestres consecutivos de estancamiento. De esta forma, aunque la recesión iniciada a principios de 2018 se detuvo en la primera parte de 2019, la actividad no mostró signos de reactivación.

La situación empeora aún más con las perspectivas para el segundo semestre del año. La tercera corrida cambiaria en la era de Cambiemos echó por tierra cualquier posibilidad de recuperación de la actividad en el corto plazo. La nueva escalada del tipo de cambio, la consecuente aceleración de la inflación y el aumento de la tasa de interés de referencia, rompieron el piso de la recesión logrado en la primera parte del año.

A diferencia de lo que se preveía antes de las PASO, el salario continuará perdiendo terreno frente a los precios, golpeando aún más el poder adquisitivo de las familias y profundizando la caída del consumo, lo que probablemente agrave la precarización del mercado de trabajo. Al mismo tiempo, el aumento de la tasa de interés y la incertidumbre respecto a las políticas a tomar por un posible nuevo gobierno, paralizan cualquier tipo de inversión productiva.

Las exportaciones continuarán siendo un atenuante de la recesión ante la mejora del tipo de cambio real, aunque los nuevos controles sobre la liquidación y el giro de divisas al exterior, actúan como desincentivos para su crecimiento.

Esta dinámica no prevé un cambio de composición en el mercado de trabajo en el corto plazo, incluso es posible que se acentúe. La proliferación de los puestos de trabajo informales y de las actividades cuentapropistas continuará ganando terreno, en tanto no se observe una reactivación económica que permita un aumento del empleo de calidad.

 

La caída del salario real: cuando la realidad supera las expectativas

La sorpresiva inflación y sus ingratas sorpresas

El salario real de los trabajadores formales cayó 12% a lo largo de 2018. Esta dinámica respondió a una aceleración inflacionaria imprevista al momento del cierre de las paritarias. Durante el segundo trimestre, se estimaba una suba de precios cercana a 25% para el año, sirviendo de guía para los acuerdos salariales. Sin embargo, por las sucesivas disparadas del dólar la misma acumuló casi 50% en el total anual. Por su parte, la pérdida de los trabajadores informales, sin negociaciones colectivas, fue aún mayor (14%).

Así, pese a las recomposiciones, cláusulas gatillo y bonos de compensación pautados, el poder adquisitivo arrojó su mayor retroceso desde 2002. Este desenlace llevó a que las paritarias de este año buscaran ponerle un piso al deterioro en la mayoría de los casos, e incluso alcanzar una recomposición en los sectores menos golpeados por la crisis. En un año electoral, otro desenlace tan negativo no parecía posible.

Sin embargo, el resultado de las elecciones primarias de agosto quebró la calma cambiaria. Con el nuevo salto del dólar, cercano al 25% en esta oportunidad, la inflación se aceleró y superará las estimaciones anteriores. Por caso, las proyecciones de inflación para este año del Relevamiento de Expectativas de Mercado del Banco Central pasaron de 40% en el segundo trimestre a 55% el mes pasado. Aunque la recesión, el congelamiento de las tarifas de servicios públicos residenciales y de combustibles y la quita del IVA a algunos productos de la canasta básica atenuarán el traslado a precios de la depreciación del peso, lo cierto es que la inflación llegará por lo menos a 50% este año. Dado que casi ninguna paritaria acordó una suba similar a este valor, la pérdida de poder adquisitivo se repetirá en 2019. Ahora bien, ¿de qué magnitudes estamos hablando?

Justo cuando esto se estaba poniendo divertido

En la primera mitad del 2019 (junio es el último dato disponible), los salarios reales acumularon una caída de 2% en relación al cierre de 2018. No obstante, producto de la desaceleración inflacionaria, la pérdida de poder adquisitivo venía morigerándose y, según nuestras estimaciones, habría mostrado una recuperación en julio, que prácticamente neutralizó el deterioro de los meses anteriores.

Esta mejora continuaba en los primeros días de agosto, de modo que los ingresos parecían volver a terreno positivo luego de más de un año en rojo. Sin embargo, la disparada del tipo de cambio y la posterior aceleración inflacionaria dieron por tierra con este avance. Lamentablemente, los próximos meses no permitirán revertir la pérdida sino que la agravarán. Según nuestras proyecciones, el salario real de los trabajadores formales caería cerca de 7% a lo largo de 2019.

Dicho esto, vale resaltar que los bonos compensatorios son no remunerativos, de modo que, si bien representarán un ingreso adicional, no tendrán impacto en esta estadística. En el mismo sentido funcionará la devolución de aportes patronales y del impuesto a las ganancias de agosto y septiembre, que si bien aumentará el ingreso de los trabajadores no hará lo mismo con el salario real. Como resultado, la contracción del consumo sería menor que la del salario real, más aun considerando el impacto progresivo de los bonos de suma fija (a diferencia de los ajustes salariales, proporcionales a la remuneración, los bonos son fijos para todos sus perceptores) y la mayor propensión al gasto de los hogares de menores recursos.

En resumen, la situación de los trabajadores se deterioró de manera significativa en el último año y medio, al igual que la situación macroeconómica y de las empresas. Sin embargo, la pérdida no fue igual para todos. Mientras que los trabajadores pautan sus ingresos en contratos a plazo, usualmente, los empresarios ajustan sus precios mes a mes, conforme a la evolución de sus costos. Por lo tanto, esta discrepancia entre la inflación esperada y la efectivamente materializada tuvo mayores repercusiones sobre el poder de compra de los asalariados, aumentando el impacto de la crisis en este sector.

Los riesgos de tanta pérdida

La vorágine cambiaria y financiera que se desató luego de la elección primaria de agosto provocó que la economía argentina perdiera sus principales referencias nominales por algunas semanas. Concretamente, la disparada del tipo de cambio parecía no tener techo y las intervenciones del Banco Central no lograban frenar las tensiones.

Sin embargo, luego de la imposición del control de cambios, las presiones sobre la divisa cedieron sensiblemente y la economía ingresó en un sendero de mayor estabilidad y previsibilidad. Con estos límites, las capacidades del sector privado de generar una escalada del dólar son acotadas, por lo que las depreciaciones sorpresivas e inesperadas del peso, con su correlato inflacionario, también deberían serlo. No obstante, en esta economía tan frágil, con retiro de depósitos privados en dólares y bajo stock de Reservas internacionales, no es posible garantizar tamaña afirmación.

En este marco, si el mercado cambiario se estabiliza, es posible que los sindicatos comiencen a buscar paliar las pérdidas de los últimos meses y cubrirse ante futuras aceleraciones inesperadas de la inflación. En este escenario, aparecen dos salidas posibles para los trabajadores tras dos años de aceleraciones inflacionarias no esperadas: un acortamiento generalizado de los contratos o, directamente, una indexación de los salarios.

Sin embargo, estas alternativas endurecen la inercia e incrementan sensiblemente los riesgos de espiralización, de modo que no son óptimas para el conjunto de la economía. No obstante, su contrario, aceptar tamaña pérdida del salario real tampoco lo es. Por lo tanto, el próximo presidente electo deberá convocar a un acuerdo de precios y salarios a fin de recomponer los ingresos reales con el menor impacto inflacionario posible. Un resultado tan deseable como difícil de lograr.

Aunque la recesión se atenúa, el empleo formal no toca piso

¿Cómo le fue al empleo registrado en mayo?

Luego de más de un año, la actividad económica arrojó un saldo positivo en mayo. Sin embargo, la dinámica del empleo registrado siguió en rojo. Según los datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), la cantidad de puestos de trabajo cayó 1,8% i.a. en el mes, lo que implica la destrucción de casi 220 mil empleos formales en los últimos doce meses. En la misma línea, y también en oposición a la actividad en general, la comparación desestacionalizada también sufrió un retroceso, en este caso de 0,1%. Como resultado, luego de tres meses en terreno negativo en donde se perdieron cerca de 35 mil puestos formales, el empleo registrado llegó a su mínimo en dos años.

Esta evolución dispar entre el empleo formal y el nivel de actividad se explica porque los sectores que ya salieron de la recesión –especialmente el agropecuario- poseen mayor impacto en el nivel de actividad que en el empleo, mientras que los que muestran las peores caídas, entre ellos comercio e industria, son los de mayor cantidad de trabajadores formales.

¿Qué hay detrás de esta caída?

En primer lugar, cabe destacar que, como viene sucediendo a lo largo de la gestión Cambiemos, la dinámica es heterogénea entre modalidades de contratación. Lamentablemente, se puede decir que a mayor calidad del empleo, peor performance. Por caso, los asalariados privados, que explican casi la mitad del empleo registrado, retrocedieron 2,7% i.a., mientras que los monotributistas cayeron 1,8% i.a. Por último, los trabajadores del sector público, aproximadamente un cuarto del total, en todas sus dependencias (nacional, provincial y municipal) crecieron 0,8% i.a. en mayo.

En otro orden, podemos destacar que casi 4 de cada 5 empleos registrados que se perdieron en el último año fueron asalariados privados, especialmente por el deterioro del empleo industrial y del comercio. Para peor, esta proporción viene creciendo en los últimos meses –gráficamente, el ensanchamiento de las barras de tonalidad azul-. En consecuencia, si esta dinámica no se revierte, y la evolución actual de la economía no induce a pensar en ello, posiblemente para fin de año el peso de las formas más precarias de empleo continúe ganando terreno en desmedro de aquellas de mayor calidad.

¿El repunte en la actividad impactará en el empleo formal?

Para entender cómo se desempeñará el empleo formal en la segunda mitad de 2019 hay que analizar qué ramas de actividad traccionarán la recuperación. En este sentido, resalta el sector agropecuario, quien pese a mostrar una expansión casi 50% i.a., no exhibió un incremento significativo en el empleo formal (+2,8% i.a., lo que equivale a la creación de menos de 9 mil puestos de trabajo). Considerando que, la sequía del año pasado  había implicado un desplome de la producción sin un deterioro significativo en la cantidad de puestos de trabajo registrados, podemos ver la estabilidad del empleo del este sector como una tendencia y no esperar una clara mejora de este indicador ante una fuerte expansión.

Por otra parte, en el segundo semestre esperamos una desaceleración en la caída del comercio por la mejora del poder adquisitivo. Si bien este sector emplea mucha mano de obra, esto no implicará necesariamente en un cambio en la tendencia del empleo formal del sector, ya que su tasa de informalidad es elevada y, de hecho, parece haberse incrementado en los últimos meses, conforme a los datos que surgen de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). Es decir, los puestos de trabajo registrados del sector se habrían contraído más que los informales, algo que parece lógico en este contexto: en pos de reducir costos, se mantienen los puestos de trabajo más baratos o, incluso, se llevan al mercado informal a algunos trabajadores formales.

Por último, aparece la industria. Si bien es posible que la producción crezca en los próximos meses, especialmente de la mano de aquellos sectores ya insertos internacionalmente y algunas ramas de producción liviana alentadas por la mejora del poder adquisitivo y los estímulos no salariales al consumo que está otorgando el gobierno, no esperamos que se revierta la destrucción de puestos de trabajo. Dado que los sectores de mejor performance serán aquellos más capital intensivos (es decir, que emplean menor mano de obra por unidad de producto) la recuperación de la producción no se reflejará en el empleo. Asimismo, considerando la capacidad ociosa de este rubro, intuimos que se podrían reducir las suspensiones e incrementar las horas extras, pero no habría un boom de contrataciones.

En conclusión, aunque la economía dejaría de caer y posiblemente vuelva a crecer en el margen, el mercado de trabajo –y especialmente en su versión registrada- seguirá en rojo. Las actividades que liderarán el crecimiento son aquellas de menor impacto en la creación de puestos de trabajo.

Pese a la recesión, no hubo destrucción de empleo

Con el pie izquierdo

El PBI comenzó el 2019 con una caída del 5,8% i.a., y registró un breve retroceso en la medición desestacionalizada (-0,2%) respecto al último trimestre de 2018. De esta forma, a pesar de que el nivel de actividad es 6,7% menor al máximo alcanzado durante la era Macri (cuarto trimestre de 2017), la recesión parece haber encontrado su piso.
El principal componente del PBI que ayudó a ponerle freno a la recesión fue la demanda externa gracias a la mejora de la competitividad cambiaria y a la buena cosecha agrícola. El volumen de exportaciones creció 1,7% i.a. y fue levemente mayor que en la última parte de 2018 (+0,3%). Por su parte, la demanda interna volvió a desplomarse, marcando una contracción del 12% i.a. y acumulando al primer trimestre de 2019 un retroceso de 1,6%, desestacionalizado. En este sentido, también contribuyó al freno de la recesión el desplome de las importaciones (-25% i.a.).
Dentro de la demanda interna, se destaca la estrepitosa caída del consumo privado, que alcanzó los dos dígitos (-10,5% i.a.) y dejó al consumo de los hogares en niveles de 2010. En la misma línea, la inversión cayó más de 24% i.a., pasando a representar sólo el 16,9% del PBI, nivel que no registraba desde el 2009.
Por último, el consumo público exhibió señales positivas. El mismo registro una leve caída del 0,2% en la comparación interanual y una significativa mejora en la comparación trimestral (+2%, desestacionalizado). Dicha mejora da cuenta del mayor gasto de los gobiernos subnacionales en el marco de un año electoral, los cuales necesitan compensar – al menos parcialmente- los efectos negativos del contexto macroeconómico y el menor gasto público de la Administración Nacional producto del endurecimiento de la meta fiscal.

¿Cómo impactó la dinámica de la actividad en el mercado de trabajo?

Luego de la cuarta contracción trimestral consecutiva del PBI, resulta de interés indagar acerca de las consecuencias de esta performance sobre el mercado laboral. En este sentido, se debe destacar que pese a la fuerte recesión, no se observa destrucción de empleo.
Según la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), durante el primer trimestre de 2019 se observó un incremento de 1,7% i.a. en la cantidad de ocupados. Como esta dinámica se dio junto a una mayor expansión (+2,7% i.a.) de la Población Económicamente Activa (PEA), el resultado fue un aumento en el desempleo, que afectó al 10,1% de la PEA durante los primeros tres meses del año. De esta forma, trepó 1 p.p. respecto al primer trimestre del año pasado (9,1% de la PEA).
Esto demuestra que continúa vigente el efecto “trabajador adicional”: como consecuencia de la caída del poder adquisitivo de los hogares, hay más miembros buscando empleo para poder mantener el mismo ingreso real que antes. En este sentido, sobresale que las personas ocupadas (o subocupadas) que activamente están procurando un empleo creció casi 20% i.a.
Por otro lado, esto implica dos cuestiones adicionales. En primer lugar, refuerza la idea de que el ajuste en el mercado laboral se dio por el lado de los salarios: no hubo destrucción de empleo pero el poder adquisitivo de los ingresos laborales retrocedió más de 11% i.a. en el primer trimestre del año. En segundo lugar, sugiere una mayor precarización del trabajo.
En relación a este último punto, si se extrapolan los datos de la EPH (que abarca 31 aglomerados urbanos) al total de la población y se los compara con la información sobre el empleo registrado del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) se observa que la mayor cantidad de puestos de trabajos se explica por una expansión del empleo informal (casi 6% i.a.) que más que compensó el deterioro del segmento formal (-2% i.a.).

¿Qué prevemos lo que resta del año?

Luego de haber tocado piso en el primer trimestre de 2019, esperamos que la economía comience a recuperarse. En primer lugar, esto será la consecuencia de una cosecha récord en el segundo trimestre, que impulsará el sector agropecuario y las actividades conexas. Por otro lado, la estabilidad cambiaria iniciada hace unas semanas brinda una mayor previsibilidad –al menos en el corto plazo- y colabora con una desaceleración de la inflación que ayuda a mejorar –moderadamente- los ingresos reales en el mes a mes en un contexto de incrementos salariales tras las negociaciones paritarias.
Adicionalmente, los distintos estímulos no salariales al consumo (créditos ANSES, Ahora 12) se sumarán al adelanto en el aumento de la AUH, al pago del medio aguinaldo y a los incrementos por movilidad a los jubilados en los próximos meses, impulsando el ingreso disponible para consumo en pos de lograr un mayor dinamismo en la economía durante los próximos meses.
De este modo, la mejora en el mercado laboral se dará por un leve incremento del salario real en el transcurso del año y, en el mejor de los casos, por una recuperación del empleo formal. Sin embargo, prevemos que esta última demore más tiempo, ya que requiere una consolidación de la recuperación económica. Mientras tanto, el crecimiento del empleo informal emerge como una alternativa para incrementar los ingresos laborales, pese a las peores condiciones que lo caracterizan.
Esta dinámica tiene como condición necesaria de que el dólar se mantenga estable. En caso que esto no suceda, cualquier atisbo de recuperación será abortado y con ello, es muy probable que continúe el deterioro en los distintos indicadores del mercado de trabajo.

Las canastas básicas moderaron en abril sus aumentos

¿Qué pasó con el precio de las canastas básicas en abril?

En el cuarto mes del año la inflación se desaceleró. En consonancia con la reducción del ritmo de aumento de precios, las canastas que delimitan las líneas de indigencia y pobreza también crecieron menos que el mes previo. Así, la Canasta Básica Alimentaria (CBA) aumentó 1,8% y la Canasta Básica Total (CBT) lo hizo 2,6%, subiendo también por debajo del Nivel General de precios (+3,4%). Pese al buen dato de abril, en el acumulado de los últimos 12 meses, continúan superando a la inflación: mientras que estos indicadores avanzaron 66,1% i.a. y 61,5% i.a. respectivamente desde abril de 2018, el IPC subió 55,8%.

Estos datos implican que una familia compuesta por dos adultos y dos niños necesitó poco más de $11.800 para cubrir los requerimientos calóricos que los depositan fuera de la indigencia y $29.500 para superar el umbral de la pobreza. Si esta familia hubiera tenido los ingresos correspondientes a un salario mínimo y dos Asignaciones Universales por Hijo (que suman, al mes de abril, $17.800), habría podido alcanzar el primero de estos montos. Sin embargo, habrían cubierto apenas el 60% de la Canasta Básica Total, quedando por debajo de la línea de pobreza.

¿Qué motivó la evolución de las canastas?

La inflación afecta de forma distinta a los diversos bienes y servicios, según qué factor impulse el alza de precios. El salto cambiario registrado en 2018 causó que los productos transables –aquellos que se comercian internacionalmente- treparan sensiblemente más el resto de bienes y servicios. Así, la suba del dólar impulsó, entre otros, a los alimentos, componente fundamental del consumo de los sectores de menores recursos. Durante el primer trimestre del año, la modificación de precios relativos siguió en marcha: para marzo, la variación interanual de alimentos y bebidas superaba en casi 10 p.p. al índice promedio de precios al consumidor. Sin embargo, en abril, este rubro varió por debajo de la inflación general, siendo la primera vez que esto ocurre en 2019 y la segunda en los últimos 12 meses.

¿Las canastas seguirán creciendo por debajo de la inflación?

La desaceleración en el precio de los alimentos aminoró los aumentos de las canastas básicas. Estimamos que esto se repetirá en mayo, dada la menor tensión cambiaria observada desde que el BCRA anunció que podría intervenir en el mercado cambiario, aun cuando el dólar se ubicara dentro de la Zona de No Intervención, ahora llamada de Referencia. En la medida en que el tipo de cambio permanezca estable, esta dinámica se repetirá, haciendo que la CBA no experimente nuevos saltos bruscos. Además, la ausencia de aumentos de tarifas en los últimos siete meses del año también disminuirá las subas de la CBT (que incluye servicios públicos como agua, luz y gas).

En conclusión, esperamos que las canastas básicas crezcan a un ritmo menor al que lo hicieron en el primer trimestre (cuando la CBA promedió un crecimiento mensual de 4,5% y la CBT de 4,1%). De cualquier manera, y a pesar del incremento de 46% en las AUH otorgado en marzo, difícilmente la pobreza bajará en 2019, luego del abrupto salto de 2018 (trepó 2,5 p.p. en el promedio anual).

Las canastas básicas treparon más de 60% en los últimos doce meses

¿Qué pasó con el precio de las canastas básicas en marzo?

Durante el tercer mes del año, la Canasta Básica Alimentaria (CBA), que define la línea de indigencia, aumentó 4,7%. Mientras tanto, la Canasta Básica Total (CBT), que marca el umbral de la pobreza, subió 4,3%. De esta forma, acumulan un crecimiento de 64,2% i.a. y 60,9% i.a. en los últimos doce meses, sensiblemente por encima de la inflación general (54,7% i.a.).

El crecimiento de ambas canastas está muy vinculado a la variación de precios de los Alimentos y bebidas. Este rubro es un componente fundamental en el consumo de los sectores de menores recursos y su precio viene creciendo sistemáticamente por encima del Nivel General de precios. Como los bienes alimenticios son, en buena medida, transables (se comercian internacionalmente con frecuencia), los saltos cambiarios los afectan más que a otros productos. Así, treparon 64,0% i.a. desde marzo de 2018, casi 10 p.p. por encima del Nivel General de precios. De esta forma, el proceso inflacionario actual perjudica en mayor medida a las familias más vulnerables.

¿Aliviarán la situación social las recientes medidas económicas?

En la última semana se anunciaron una serie de medidas que pretenden aliviar la situación económica crítica. Entre ellas, se destaca el abaratamiento de algunos precios de productos denominados esenciales, que comprenden mayoritariamente alimentos básicos. Sin embargo, por lo acotado de la política (abarca sólo 64 productos y no está garantizada su disponibilidad en todos los puntos de venta), no estimamos que pueda tener un impacto significativo sobre el consumo de estos sectores. En simultáneo, se anunció un congelamiento de tarifas. No obstante, este no incluye los aumentos pautados previamente de agua y gas, ni tampoco el transporte de jurisdicción provincial y municipal. Por lo tanto, en la práctica sólo se eliminarán dos aumentos de la tarifa eléctrica, que ya aumentó fuertemente en los primeros meses del año. En este sentido, tampoco habrá un alivio por el lado de los precios regulados.

Donde sí podría darse una mejoría es por el lado de las prestaciones sociales: el anuncio de adelantar todos los aumentos anuales a los beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo y otros planes (trepando 46% en marzo), daría mayor disponibilidad de recursos a las familias en condición de pobreza. De esta forma, el aumento del gasto social sería un paliativo mucho más efectivo que los controles de precios para el desplome del ‘humor social’.

¿Cómo evolucionarán los indicadores de pobreza e indigencia en el futuro?

En el 2018 se observó un fuerte salto de la pobreza y la indigencia a nivel nacional. El primero de estos indicadores pasó de 27,2% a 29,7% y el segundo de 5,5% a 5,8%. En la medida en que el mercado laboral no se recupere (todavía no hay datos que indiquen que los salarios reales y el empleo hayan dejado de caer), este deterioro social no se revertirá en este año. De esta forma, el descenso de la pobreza muy probablemente quede postergado para el próximo mandato presidencial.

Paritarias modelo 2019: sin guía, de corta duración o indexadas

El año pasado las paritarias se reabrieron, pero los salarios no alcanzaron a los precios

En línea con la meta de inflación oficial del 15%, las principales paritarias del 2018 cerraron con aumentos salariales (escalonados) en torno de 20% con alguna cláusula de protección frente a una posible aceleración de la inflación.

Producto de la crisis cambiaria, el valor del dólar se duplicó y la inflación rozó el 48%, más que triplicando la meta oficial del 15%. En este contexto, hacia fines de 2018 se generalizó la reapertura de las paritarias anuales originalmente acordadas (en algunos casos se aprovecharon las cláusulas de revisión firmadas y en otras la reapertura fue de facto).

Pese a que la mayoría de los gremios consiguieron aumentos adicionales (algunos aplicados recién en los primeros meses de este año), la caída del salario real fue significativa (más de 10% a fin de 2018), sentando un complejo precedente para un año de elecciones Presidenciales.

Un ejemplo relevante es el de empleados de Comercio, gremio que representa a más de un millón de trabajadores registrados. En abril de 2018 cerró su paritaria anual con un aumento del 25% a implementar en 3 cuotas no acumulativas (10% en abril 10%, 5% en agosto y 10% en octubre). Sin embargo, a fines del año pasado consiguió sumar a la paritaria acordada tres cuotas no acumulativas en el primer trimestre de 2019 (7% en enero; 7% en febrero y 6% en marzo), elevando de 25% a 45% el aumento acordado originalmente.

Paritarias 2019: los contratos laborales se acortan o se indexan

El Ejecutivo implementó fuertes subas de tarifas al inicio del año para reducir al máximo posible el gasto en subsidios. Esta decisión para encaminar el cumplimiento de la meta fiscal de equilibrio primario en 2019, junto con el salto del precio minorista de la carne vacuna (+27 % en el primer trimestre) y la elevada inercia, generó un nuevo brote inflacionario.

La suba de precios rozó 11% en el primer trimestre del año, lo que equivale a una suba promedio del 3,5% mensual. La aceleración de los precios pospone la recuperación del salario real y complica las negociaciones paritarias que comienzan mayormente en esta época del año.

Producto de la brusca caída del poder adquisitivo del 2018 y la elevada inflación de los primeros meses del año, los reclamos de ajustes nominales de salarios serán muy elevados, especialmente en los gremios que no lograron mejoras significativas tras la brusca aceleración inflacionaria. Pero en frente, ni el sector público por austeridad fiscal (principalmente en el ámbito Nacional), ni las empresas por caída de ganancias, pueden otorgar aumentos significativos a sus empleados.

Sin embargo, 2019 es un año de elecciones Ejecutivas: los gobernadores necesitan evitar conflictos y sumar votos entre los empleados públicos; y, pese a que el Ejecutivo Nacional no tiene margen fiscal para otorgar aumentos relevantes a su personal, necesita que haya una mejora del salario real de cara a los comicios, por lo que no esperamos que intervenga en las negociaciones del ámbito privado.

Un resultado posible es que se terminen convalidando aumentos salariales elevados y que las firmas trasladen el incremento del costo laboral a precios, acelerando la carrera salarios-precios. Algo de eso estamos viendo en las primeras paritarias del 2019: al principio del año los acuerdos firmados superaban levemente la pauta de inflación del presupuesto (23%), pero en las últimas semanas empezaron a negociarse con un piso del 30%. Asimismo, pese a que el Ministerio de Producción y Trabajo quiere evitar la indexación salarial a la inflación, la paritaria docente de la provincia de Buenos Aires se cerraría con una suba del 15% más indexación trimestral a precios.

El próximo Presidente electo tendrá que ordenar la carrera nominal

Producto de la aceleración de la inflación, la fuerte caída del salario real del año pasado y un contexto de elecciones Presidenciales, prevemos que en 2019 las paritarias dejarán de ser un instrumento de previsibilidad para empleadores y empleados. Los contratos laborales tenderán a acortarse o indexarse, imprimiendo aún más inercia al proceso inflacionario.

El próximo presidente electo tendrá por delante una tarea doblemente compleja: terminar de ajustar precios relativos y coordinar la suba de las variables nominales para reducir la inercia. Un punto clave será volver a un formato de paritarias anuales previsibles no indexadas, y para ello hay que anclar las expectativas inflacionarias (este año comenzaron por debajo del 30% y ya superan el 35% según el Relevamiento de Expectativas del Mercado elaborado por el BCRA).

Mientras las principales variables nominales tienden al trepar en un pelotón que rozará el 40% en 2019, el acuerdo de precios y salarios está a la vuelta de la esquina.

La pobreza aumentó y no se esperan mejoras significativas en 2019

¿Cuál fue el nivel de pobreza e indigencia en 2018?

El porcentaje de personas bajo la línea de pobreza volvió a crecer, afectando al 32% de la población durante el segundo semestre de 2018. Esta cifra supera la incidencia de la pobreza registrada por el INDEC en la segunda mitad de 2016, y es claramente superior al 25,7% (mínimo de la administración Macri) observado en el segundo semestre de 2017. Un deterioro similar se observó con la indigencia: esta alcanzó el pico de 6,7% durante la segunda mitad del año pasado. Que el porcentaje de la pobreza y la indigencia haya superado las cifras de 2016 no sorprende, pues el año pasado la caída de salario real fue la mayor desde 2002 (en diciembre la contracción era cercana al 12%) y si bien la destrucción de empleo no fue masiva aumentó considerablemente la precarización laboral.

¿A quién afectó más la crisis?

Estructuralmente, en Argentina la pobreza afecta en mayor medida a los niños (menores de 14 años). Lamentablemente, la recesión de 2018 impactó de lleno en este grupo etario. Durante el segundo semestre de 2018 el 46,8% de los niños en Argentina eran pobres y el atraso del poder de compra de la Asignación Universal por Hijo (AUH) no hizo más complejizar esta situación. Si bien la incidencia de la pobreza y la indigencia es menor, los adultos mayores (más de 65 años) también sufrieron las consecuencias del deterioro económico: ya que los aumentos de los haberes previsionales perdieron por varias cabezas frente a la inflación (situación similar a la observada en la AUH). Por su parte, los adultos (quienes típicamente cuentan con empleos más estables) fueron los menos golpeados.

¿Qué expectativas hay de cara a 2019?

Lamentablemente, las perspectivas para este año en materia de indicadores socio-económicos no son buenas: el nivel de actividad se contraerá en 2019; no esperamos que haya creación de empleo ni un aumento de salario real significativos durante buena parte del año, y las jubilaciones mejorarán en términos reales mayormente en la segunda mitad del año. El reciente ajuste de la AUH (46% en marzo) ayudará, pero solo para contener la situación (especialmente la indigencia). En este marco es probable que no haya mejoras significativas entre 2016 y 2019.

A comienzos de 2016 el actual presidente manifestó el deseo de que su gobierno sea juzgado por si pudo o no reducir el flagelo de la pobreza y la indigencia. Más allá de las causas, el resultado no fue positivo.