El PBI cayó 2,2% en 2019

En el cuarto trimestre de 2019, el PBI mostró una contracción del 1,1% respecto al mismo trimestre del año previo. A su vez, en términos desestacionalizados exhibió una contracción del 1% i.a. De esta manera, la actividad sufrió una caída del 2,2% en 2019, encadenando dos años consecutivos de contracción.

¿Qué sucedió con la oferta de bienes y servicios?

Nueve de los quince sectores totales se ubicaron en terreno positivo en el cuarto trimestre de 2019. Por un lado, los sectores de carácter extractivo mostraron incrementos: Agricultura, ganadería, caza y silvicultura (+1,1% i.a.) y Explotación de minas y canteras (+1,6% i.a.), producto de la cosecha agrícola record e inversiones en Vaca Muerta, respectivamente. Por su parte, se destaca la evolución de Electricidad, gas y agua (+3,5% i.a.) como consecuencia del congelamiento de tarifas en la última parte del año y Hoteles y restaurantes (+1,0% i.a.) favorecido por el encarecimiento de servicios externos que fomentó el turismo interno.

Las principales contracciones se vieron en los sectores vinculados al mercado interno. Por un lado, producto del fuerte deterioro del salario real, Comercio sufrió una contracción del 2,6% i.a.. A su vez, Construcción e Intermediación financiera cayeron 8,3% i.a. y 8,6% i.a. respectivamente, en un contexto de incertidumbre financiera en el segundo semestre y un elevado costo del financiameinto. Por último, la Industria manufacturera cerró el último trimestre del año con una contracción del 2,1% i.a., desacelerando la caída en comparación a lo observado en el resto del 2019.

De esta manera, los bienes mostraron una contracción del -1,7% i.a. en el cuarto trimestre del año, y a pesar de que la industria y la construcción cerraron el 2019 en rojo (-6% i.a. y -6,2% i.a. respectivamente), la producción de bienes promedió un año estable (+0,2% i.a.), impulsados por la mencionada cosecha récord.

Por su parte, los servicios mostraron una caída del 1% i.a. en el último trimestre del 2019, y de esta manera, terminaron el año con una disminución del 3% i.a. liderado por la caída de intermediación financiera (-11,5% i.a.) y comercio (-7,8% i.a.).

¿Y por el lado de la demanda?

En el último trimestre del año se destacó la caída de 2,1% i.a. del consumo total (compuesto por una caída del 1,9% i.a. del consumo privado y 3,1% i.a. del consumo público). Esto guarda relación con el deterioro del salario real de los hogares, tras la inflación que tuvo lugar con la corrida cambiaria post-PASO. De esta manera, el consumo total cerró el año con una contracción del 5,7% i.a., liderado por un desplome del consumo privado (-6,5% i.a.).

Por otra parte, la inversión sufrió una contracción del 9% i.a. en el cuarto trimestre, cerrando el año con una caída promedio de casi 16% i.a. producto de la inestabilidad cambiaria y política que reinó durante gran parte del año pasado, en un contexto en el que la elevada tasa de interés de interés limitó el desarrollo de proyectos.

Por último, respecto al comercio exterior, las exportaciones se mantuvieron en terreno positivo (+7,4% i.a.), cerrando el año con un incremento del 9,5% i.a., desempeño que se explica por la cosecha agrícola récord y por una mejora de la competitividad cambiaria. Por su parte, las importaciones mostraron una contracción del -10,1% i.a. en el cuarto trimestre, para terminar el año con una desplome promedio de 18,3% i.a. Este retroceso ubicó a las importaciones en el nivel más bajo desde el segundo trimestre del 2010, y tiene su fundamento en la profunda recesión de la economía, que desalentó tanto proyectos de inversión como el consumo de bienes importados, tras la caída cercana al 20% i.a. del poder adquisitivo en dólares.

¿Cuáles son las perspectivas a futuro?

La dinámica de la economía en 2020 estará determinada por dos factores, siendo por el momento la pandemia de Coronavirus la mas importante y preocupante.

En primer lugar, el comercio exterior se verá relegado. Por un lado, las exportaciones del país podrían verse fuertemente golpeadas debido a que nuestros principales socios comerciales son los países más afectados por la pandemia (China, Estados Unidos y Europa), por lo que nuestro volumen de ventas al exterior podría sufrir una importante contracción. No obstante, dos factores podrían ponerle un piso a la caída: por un lado, nuestras exportaciones se componen principalmente de bienes esenciales que no necesariamente son de fácil sustitución y, por el otro, el precio de la soja continúa en niveles razonables. Por su parte, las importaciones se verán mayormente afectadas, producto del menor nivel de actividad y del freno de la demanda de las familias, que ante la incertidumbre deciden posponer la compra de bienes y servicios no esenciales.

A su vez, la demanda interna también sufrirá una importante contracción, principalmente en primer semestre del año como consecuencia de la decisión del gobierno de decretar la cuarentena total (en principio durante 15 días, a excepción de algunas actividades básicas, pero con una elevada probabilidad de extenderse hasta mediados de abril). Esto limitará el consumo de las familias a bienes esenciales en la medida que la incertidumbre se extienda, y paralizará la inversión, que producto de una elevada incertidumbre será seguramente el componente de la demanda más golpeado del año.

Todo esto llega en las semanas previas a la presentación de la oferta de reestructuración de la deuda a los acreedores externos. Si bien todavía conviven varios escenarios de resolución (canje, default o pago a los acreedores), creemos que en el corto plazo esta cuestión pasa a segundo plano tras la situación sanitaria del país. Sin embargo, un desenlace negativo de la negociación profundizaría la recesión en los próximos trimestres.

De esta manera, creemos que la recesión se profundizará en el segundo trimestre del año, teniendo además un significativo impacto en el mercado laboral, especialmente en los puestos de trabajo informales. Esto lleva nuestra proyección de actividad para 2020 a la zona de -3% i.a., con perspectivas de empeorar en la medida que la propagación del Coronavirus endurezca las medidas preventivas y la renegociación de la deuda no tenga una solución favorable para el país.

El Coronavirus profundizará la recesión local

Si bien China está volviendo lentamente a la normalidad, la situación en Occidente escala peligrosamente y comienza a afectar el normal desenvolvimiento social, político y económico. Estados Unidos y otros países cerraron parcialmente sus fronteras cancelando vuelos, al mismo tiempo que la mayoría de las conferencias y eventos masivos han sido suspendidos. La agenda política viró y está centrada casi exclusivamente en el control de la pandemia. A nivel económico se observa un fuerte deterioro en el frente financiero, en el comercio internacional y una parálisis del consumo y la producción en aquellos países donde parte relevante de su población está en cuarentena.

En Argentina, si bien rezagados respecto a algunos países europeos, la cantidad de casos crece rápidamente y las autoridades toman medidas para tratar de reducir el contagio. Ayer el presidente Alberto Fernández decretó la suspensión por 30 días de todos los vuelos provenientes de zonas peligrosas, el aislamiento obligatorio de personas que hayan estado expuestas o presenten síntomas de la enfermedad, la posibilidad de cancelar eventos masivos y disponer de otras medidas para evitar aglomeraciones.

Creemos que el impacto sobre la actividad económica será significativo. Por un lado, la dinámica del comercio exterior se está resintiendo. Si bien Argentina es uno de los países con menor apertura comercial del mundo, parte relevante de su producción tiene como destino China, Estados Unidos y Europa (explican cerca del 30% de nuestras exportaciones) y el shock de demanda que están teniendo estos países definitivamente afectará el volumen de nuestras ventas. Al mismo tiempo, el precio de los commodities cayó en las últimas semanas y no queda claro si se recuperará en el corto plazo. Además, el flujo de turismo receptivo se verá afectado por el temor a la pandemia y el cierre parcial de fronteras. Estos efectos apuntan en la misma dirección, el ingreso de divisas comerciales se resentirá en un contexto de escasez de Reservas Internacionales. Las importaciones también se verán afectadas (menor actividad interna y menores precios internacionales), pero el efecto no compensaría la merma en exportaciones.

El menor saldo de divisas pondría en una disyuntiva al equipo económico. O impone restricciones cuantitativas a las importaciones con el fin de preservar el superávit comercial para hacer frente a sus compromisos financieros, o acepta perderlo parcialmente y no resentir tanto el nivel de actividad. Es probable que se elija un mix, lo cual afectará tanto la negociación de la deuda como a la actividad económica local.

La negociación de la deuda, que no venía desarrollándose por los carriles esperados, puede complicarse un poco más ya que si el saldo de dólares esperado para las próximas semanas se reduce el tiempo comenzará a jugar en contra del país. Esta situación, en la cual el reloj no corre a la misma velocidad para los acreedores que para Argentina (los fondos no priorizarán la negociación con argentina en este contexto), implica menor poder de negociación.

En un contexto de tanta incertidumbre y aversión al riesgo, la caída del precio de los bonos (contracara del aumento en el Riesgo País) no necesariamente mejora la situación argentina. Si bien convierte una quita agresiva en algo más aceptable, también es cierto que aumenta la probabilidad de que fondos buitres compren parte relevante de los activos para bloquear la reestructuración con el fin de litigar para intentar cobrar el 100% de sus acreencias.

Por último, pero no menos relevante, es factible que la cancelación de eventos multitudinarios, un porcentaje creciente de empleados realizando tareas desde su casa y una posible suspensión de parte del año lectivo en colegios y universidades, afecte el nivel de actividad en sectores sensibles. Por caso, en junio y julio de 2009, tanto los hoteles como los restaurantes sufrieron una merma en su actividad que superó el 8% mensual en términos desestacionalizados. Si bien el efecto es difícil de aislar, parte relevante de esta contracción respondió al avance de la gripe A.

En este marco nos vemos obligados a recortar nuestra proyección de PBI para 2020, pasando de una contracción de 1,3% a una de 2% con riesgo a la baja si las restricciones de circulación/cuarentena se profundizan. Asimismo, creemos que la caída en los precios internacionales y las depreciaciones de nuestros principales socios comerciales ayudarán a reducir la inflación local siempre que no se produzca un nuevo salto del dólar oficial (lo cual ocurriría en un escenario de default). Pese a que el desplome en el precio del petróleo paraliza la actividad local en el sector, ayudará a contener los aumentos en tarifas y combustibles. En este marco nuestra proyección de inflación para el año pasa de 37,5% a 35%.

En la medida que nuevos eventos se desarrollen y estos afecten nuestro esquema de proyecciones volveremos a comunicarnos. Como todos los meses, a comienzos de abril se enviará el Tablero de Proyecciones de Corto Plazo (2020-2021) y la próxima semana se pondrá a disposición el Tablero de Proyecciones de Largo Plazo (2020-2025). Quedamos a disposición por cualquier duda relacionada.

Poco para rescatar de 2019

¿Qué pasó con la economía el año pasado?

Luego de la debacle de 2018, la economía argentina comenzó con un verano financiero y cambiario que le permitió crecer levemente durante el primer bimestre. No obstante, el buen tiempo duro poco y, en marzo, la volatilidad cambiaria, la aceleración de la inflación y la consecuente suba de la tasa de interés de referencia echaron por tierra el avance de la actividad (en el primer trimestre cayó -0,1%, desestacionalizado)

Durante el segundo trimestre y principios del tercero, el récord en la cosecha agrícola y la relativa estabilidad cambiaria, ayudaron para que la economía caiga poco (-0,7% desestacionalizado en el promedio abril-junio). De manera adicional, con el fin de mostrar mejores resultados de cara a las elecciones, el gobierno de Cambiemos puso en marcha medidas para mejorar -en el margen- los ingresos reales de las familias (adelanto de jubilaciones y AUH y congelamiento de tarifas) y promover el consumo (créditos Anses, Pro.Cre.Ar, plan junio y julio 0km), lo que permitió que la economía experimente una mejora significativa en julio y creciera 0,9% desestacionalizado en el tercer trimestre. No obstante, la corrida cambiaria ocurrida tras los resultados de las PASO secó los incipientes brotes verdes y la economía volvió a caer bajo recesión. Desde entonces y hasta fines de 2019, la incertidumbre económica y financiera, la aceleración de la inflación, la implementación del cepo cambiario y la pérdida del poder adquisitivo de las familias, no dejaron que la actividad reflotara.

El Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE), marcó en diciembre una leve caída del 0,3% i.a. y un pequeño aumento del 0,2% mensual en la medición desestacionalizada. En consecuencia, la economía habría caído 2,1% en 2019 (segundo año consecutivo de contracción), dejando un arrastre negativo de 0,3% para 2020.

De esta forma, el gobierno de Cambiemos concluyó su mandato con tres de cuatro años bajo contracción y con un nivel 3,5% menor al que recibió en diciembre de 2015. Peor aún, si se tiene en cuenta que el pico de actividad en la era Macri fue en noviembre de 2017, la destrucción de la producción en los últimos dos años fue del 7%.

¿Cuáles fueron los sectores ganadores y perdedores del 2019?

Entre los bienes, los únicos sectores que lograron experimentar crecimiento en 2019 bajo un contexto económico adverso fueron los de carácter extractivo: agropecuario y de minas y canteras. El primero, gracias a una cosecha agrícola récord y mayor demanda de carne desde China y, el segundo, a la maduración de las inversiones en Vaca Muerta. Esto permitió que, a pesar de que la industria y la construcción se desplomaran (cerca de -6% ambas), la producción de bienes se mantuviera relativamente estable respecto a 2018 (+0,2%). De hecho, sin la ayuda del campo la actividad en bienes hubiese caído 5% y el PBI 3,7%. Vale destacar dentro de este grupo, electricidad, gas y agua, que promedió el año en terreno negativo (-2,8%), pero en el cuarto trimestre logró crecer 3,5% i.a. gracias al impulso a la demanda que dio el congelamiento de tarifas.

Por su parte, los servicios retrocedieron 2,9% el año pasado, liderado por la caída del sector de Intermediación Financiera (-11,6%) y el Comercio (-7,6%), ambos perjudicados por la caída del poder adquisitivo de los salarios y altas tasas de interés. A contramano, el sector de restaurantes y hoteles logró concluir el año estable, dado que en el segundo semestre su actividad creció a partir del incremento del tipo de cambio real y la implementación restricciones cambiarias.

 ¿Qué esperamos para el 2020?

A pesar de que el arrastre negativo que deja el 2019 es bajo (-0,3%), la incertidumbre financiera y cambiaria reinante por el proceso de renegociación de deuda, auguran un tercer año en terreno negativo. En este sentido, esperamos que en el primer semestre la actividad continúe alicaída, por la parálisis de la inversión y el débil consumo, en un contexto de incertidumbre, presiones cambiarias y salario real golpeado. En la segunda parte, si el gobierno del Frente de Todos logra un acuerdo con acreedores relativamente exitoso para la Argentina, tendrá mayor margen de acción para poner en marcha la actividad. Las presiones sobre las variables nominales de la economía irán cediendo, favoreciendo una mejora del poder adquisitivo de los ingresos que motorice la demanda interna y acompañe una dinámica pobre de las exportaciones.

La industria y la construcción, golpeadas en 2019

¿Cómo le fue a la industria en 2019?

Luego de 19 meses de contracción ininterrumpida, la industria logró en el último mes de 2019 mostrar un resultado positivo: el Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPI manufacturero) mostró una suba del 1,2% i.a. en diciembre y 1,1% en su medición desestacionalizada. El cambio de tendencia se dio gracias desempeño de Alimentos y Bebidas y Productos Textiles, este último en un contexto de baja base de comparación. Con dicho resultado, la industria culminó el 2019 con una caída del 6,4% anual y en niveles de actividad anteriores a 2007.

Analizando el acumulado del año, todas las divisiones mostraron contracciones. El peor desempeño se lo llevaron las industrias vinculadas al mercado interno, ya que producto de la recesión y el deterioro de la demanda doméstica, se vieron obligadas a acumular stocks y producir muy por debajo de su capacidad instalada. En este sentido, Prendas para Vestir mostró una disminución del -11%, Productos de Metal un deterioro del -9% y Muebles y Otras industrias sufrieron una caída del -12%. Al mismo tiempo, ante elevadas tasas de interés y racionamiento del crédito, las industrias relacionadas a la inversión productiva también se vieron golpeadas: Maquinarias y Equipos, Vehículos Automotores y Otros Equipos de transporte mostraron caídas acumuladas del -15%, -22% y -37%, respectivamente.

Por otra parte, las industrias vinculadas a sectores con ventajas comparativas y potencial exportador –agropecuario y petróleo y gas – fueron las que sufrieron menores contracciones. En este sentido, Alimentos y Bebidas se mantuvo estable (-0,1%) y Refinación del Petróleo y Combustible mostró una leve caída del -1%. En el primer caso, el nivel récord de cosecha agrícola y la mayor demanda dese China, hicieron que Moliendas y Cereales y Carnes se mantengan en terreno positivo a lo largo del año. En el segundo, el desarrollo de hidrocarburos no convencionales en Vaca Muerta explicó el buen desempeño del sector.

¿Y a la construcción?

El Indicador Sintético de la Actividad (ISAC) se contrajo 6,4% i.a. en diciembre, acumulando 16 meses consecutivos de caída. En la medición desestacionalizada muestra una abrupta recesión (-7,3% i.a.) alcanzado el nivel más bajo desde la primera publicación del indicador en el año 2012. En el acumulado del año, la actividad registró una reducción del 8% en 2019.

El deterioro del sector se dio en un contexto de extrema volatilidad cambiaria y elevada incertidumbre. En este sentido, a pesar de que la rentabilidad de la oferta fue mayor -gracias al aumento del precio de las viviendas en dólares y la caída de los costos medidos en moneda dura- la demanda se desplomó. La caída del poder de construcción del salario y la falta de financiamiento producto de las altas tasas de interés explican dicha dinámica.

¿Qué esperamos a futuro?

Las perspectivas para el comienzo del 2020 continúan sin ser favorables. Producto de la incertidumbre que genera el desenlace de la restructuración de la deuda, esperamos que en el primer semestre la industria y la construcción continúen mostrando un magro desempeño. De todas maneras, algunas señales de recuperación podrían materializarse hacia la segunda parte del año.

Por un lado, las industrias relacionadas al sector externo continuarían en terreno positivo producto del buen desempeño que mantendrá el sector primario. De todas maneras, la pérdida de competitividad cambiaria y el aumento de las retenciones podrían actuar como desincentivo. Por otro lado, los créditos subsidiados a PyMEs e industrias mano de obra intensivas, sumado a restricciones a las importaciones, podrían generar un repunte cuando la demanda interna se reactive.

En cuanto a la construcción, considerando que el gobierno se encuentra realizando esfuerzos para alcanzar un resultado primario consistente, podemos prever que la inversión pública se mantendrá postergada en el corto plazo. Sin embargo, a pesar de que la inversión productiva tampoco mostrará importantes signos de recuperación durante el año, algunos factores podrían generar que la obra privada se movilice.

Por el lado de la demanda, el cepo cambiario podría dinamizar al sector, teniendo en cuenta que ante falta de alternativas de ahorro, los hogares y las empresas pueden optar por la construcción para resguardar el valor de sus activos. Además, pueden existir medidas que mejoren la capacidad de financiamiento del sector, tales como el plan ProCreAr. Por el lado de la oferta, si el tipo de cambio no se atrasa significativamente, la rentabilidad ganada con las sucesivas devaluaciones y el aumento del precio de las viviendas seguirá actuando como incentivos para los desarrolladores. De esta manera, la construcción podría mostrar signos de recuperación hacia fines de año.

Reactivación de la actividad: ¿ficción o realidad?

La crisis todavía continúa

La economía argentina aún se encuentra sumergida en recesión. Considerando que la situación económica es compleja – dado que nos encontramos a la espera de la renegociación de la deuda pública y con una inflación que todavía no cede significativamente – cabe preguntarse en qué momento podremos ver signos de recuperación en el nivel de actividad.

Realizando una revisión hacía atrás, desde la primera corrida cambiaria en abril de 2018 la actividad no logró revertir su caída. Más en detalle, desde el pico de actividad alcanzado por el gobierno de Cambiemos en el cuarto trimestre de 2017, el PBI acumuló en los dos años siguientes una contracción mayor al 7% en términos desestacionalizados, liderada por el desplome de la inversión y el consumo privado.

En comparación a las últimas crisis que sufrió la economía argentina, la actual puede ser considerada una de las más profundas y la más extensa. Luego de la crisis del 2001, la única recesión que superó a la actual, en términos de destrucción de producción, fue la del 2008/09. En aquel entonces, la actividad económica se desplomó más de 10% en tan sólo tres trimestres, aunque recuperó los niveles previos a la crisis rápidamente. En cambio, la recesión por la que estamos atravesando lleva siete trimestres y todavía sigue sin encontrar un piso. En este sentido, teniendo en cuenta la frágil situación por la que atraviesa la economía argentina, podemos prever que la actividad no logrará repuntar en el primer semestre del 2020. De todas formas, algunas decisiones en torno a la política fiscal y monetaria podrían generar una leve reactivación hacia la segunda mitad del año.

Esperando nuevamente el segundo semestre

Son varios los factores para tener en cuenta a la hora de evaluar si se podrá materializar una reactivación de la actividad hacia la segunda parte de 2020. En este sentido, el resultado de la renegociación de la deuda es uno de los más importantes. Una reestructuración exitosa permitiría otorgar certidumbre a la economía argentina y relajar tensiones en el frente cambiario y financiero.

Para lograr este objetivo, el gobierno está siendo prudente en términos fiscales con el fin de dar señales a los acreedores. Además de aumentar los ingresos a través de una suba de la presión impositiva, se encuentra tratando de resguardar el gasto público (principalmente a través de la seguridad social) para alcanzar un resultado primario sostenible y hacer frente a las obligaciones. En este sentido, es que no se espera que el consumo y la inversión pública sean en 2020 motores de la economía.

Por otra parte, se intenta recomponer el poder adquisitivo de las familias de menores ingresos para despertar el consumo interno. El otorgamiento de bonos para los beneficiarios de la AUH y Jubilados que ganan menos de ARS 20.000 y el aumento a privados de ARS 4000 (que representa una mayor proporción del ingreso para los trabajadores que ganan menos) son algunas de las medidas que van en esa dirección y que buscan dar alivio a los sectores más golpeados en los últimos años. De esta forma, teniendo en cuenta que estos hogares son los que poseen mayor propensión a consumir, la transferencia de ingresos hacia la base de la pirámide podría otorgar un freno a la disminución del consumo.

Por otro lado, el BCRA optó por relajar la política monetaria por medio de la disminución de la tasa de interés de referencia, colocando a la tasa de interés real en terreno negativo. A su vez – al menos por ahora – decidió mantener planchado al tipo de cambio oficial. Por lo tanto, a pesar de que la política fiscal postergó la recomposición del ingreso de las clases medias y altas, decisiones en torno a la política monetaria y cambiaria podrían actuar como paliativos. Anclar el tipo de cambio recompone el salario en dólares y el menor costo de financiamiento, junto a falta de alternativas de ahorro producto del cepo cambiario, podrían generar que estos sectores movilicen la demanda interna.

Por otra parte, las perspectivas para la inversión son más conservadoras. El aumento de la presión impositiva y la incertidumbre respecto al porvenir de la economía argentina mantendrán a la inversión productiva en terreno negativo. Sin embargo, las restricciones de acceso al mercado cambiario podrían generar incentivos a dinamizar la construcción -como consecuencia de la falta de alternativas para volcar los ahorros- y el otorgamiento de créditos subsidiados a la producción (principalmente PyMEs) podría activar la compra de bienes de capital. De esta forma, la inversión podría cerrar el año con una desaceleración en su caída respecto de lo ocurrido en 2019.

Por último, se encuentra el frente externo. Por un lado, mejores perspectivas para la economía brasilera auguran una mayor demanda desde el país vecino, por otro lado, dos factores atentaran contra la expansión de las exportaciones. En primer lugar, la menor cosecha agrícola que, aunque será la segunda más alta de la historia, en la comparación anual será menor al pico alcanzado en 2019. En segundo lugar, el aumento de los derechos de exportación y la pérdida de competitividad generada por un dólar que se encuentra anclado, son factores que desincentivan los envíos al exterior. En este sentido, esperamos que los mismos se mantengan en terreno positivo, pero desacelerando su crecimiento respecto a 2019.

En relación con las importaciones, aunque reducirían su caída respecto al año anterior, las mismas continuarían contrayéndose debido a la alicaída actividad interna, pero también gracias a mayores restricciones e impuestos tendientes a proteger sectores sensibles de la economía argentina y a reducir la salida de divisas. En este último caso, la menor competencia de importados generaría un mayor espacio para la producción local para cuando la demanda doméstica repunte.

En resumen, las medidas empleadas para reactivar la actividad dependerán primordialmente de como se resuelva la reestructuración de la deuda. Si la renegociación es exitosa, las decisiones en torno a la política monetaria y fiscal generarían un mayor dinamismo de la demanda interna y una mejora en los niveles de consumo hacía el segundo semestre. De lo contrario, la relajación de la política monetaria generará mayor brecha cambiaria y aumento de los precios, y la política de ingresos no será suficiente para aumentar el consumo.

La mejora de la actividad en la segunda parte del año no logrará compensar la caída del primer semestre -ésta última también afectada por el arrastre negativo que deja el 2019- por lo que esperamos que el PBI promedie el 2020 con una caída del 1,6% anual, marcando su tercer año consecutivo de contracción.

Continúa la recesión

¿Qué sucedió en noviembre?

El Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) mostró una caída del 1,9% i.a. y acumuló en los primeros once meses de 2019 una contracción del 2,3% i.a. En la medición desestacionalizada, el indicador registró una baja del 1,7% mensual en noviembre, revirtiendo gran parte del avance experimentado en octubre (+2% mensual).

Analizando por ramas de la actividad, la mayor caída se la llevo la producción de Bienes, que cayó un -2,3% i.a. producto del magro desempeño de la construcción (-6,9% i.a.) y la industria manufacturera (-4,8% i.a.). Por su parte, los Servicios no corrieron una suerte distinta: retrocedieron -1,6% i.a, producto de la caída de los sectores de Intermediación Financiera y Comercio (-8,5% i.a. y -5% i.a., respectivamente).

¿A qué se debió la contracción?

La tercera corrida cambiaria en la era Cambiemos, desatada tras los resultados de las PASO, echo por tierra la leve reactivación que experimentaban algunos sectores en la previa de las elecciones. La fuerte devaluación del Peso, la consecuente aceleración de la inflación, el aumento de la tasa de interés de referencia y la implementación del cepo cambiario hicieron sentir sus efectos negativos sobre la actividad económica durante noviembre.

El continuo deterioro del poder adquisitivo y la falta de financiamiento, contrajeron notablemente el consumo privado y con ello la producción de industrias mercado internistas y de comercio.

Por otra parte, el elevado costo de financiamiento, sumado a la incertidumbre sobre las futuras medidas económicas a tomar por un nuevo gobierno electo, contribuyeron a que la inversión continúe en terreno negativo, golpeando al sector de la construcción y a la fabricación de bienes de capital.

A contramano, se ubicó el sector primario, el de servicios de restaurantes y hotelería y el electricidad, gas y agua. En el primer caso, las ventajas comparativas de las actividades extractivas y el aumento del tipo de cambio real motivaron el avance del sector agropecuario y de minas y canteras. Estos, a su vez, traccionaron la actividad de servicios de transporte.

En el caso de restaurantes y hoteles, registró su séptimo mes consecutivo de crecimiento, a raíz del abaratamiento relativo de los destinos turísticos nacionales tras la devaluación. En este sentido, se expande tanto el turismo que hacen residentes en el país, como el de no residentes en la plaza local.

En cuanto al sector de electricidad, gas y agua, éste experimentó su segundo mes de crecimiento gracias al congelamiento de tarifas que se dispuso luego de la corrida cambiaria de agosto pasado.

¿Qué esperamos para este año?

El 2020 continuará siendo complejo para la economía argentina. Producto de sectores que seguirán en recesión debido a un mercado interno débil, esperamos que la actividad promedie el año en rojo. Sin embargo, si la renegociación de la deuda es exitosa, a partir del segundo semestre algunos sectores podrían mostrar incipientes signos de recuperación y la reactivación de la actividad podría materializarse.

En este sentido, esperamos un primer semestre donde la demanda interna continúe reprimida, debido a que el salario real aún no podrá ganarle a la inflación. Asimismo, a pesar de que la tasa de interés real podría tornarse negativa, la incertidumbre respecto a la resolución de la reestructuración de la deuda mantendrá la inversión relegada.

Sin embargo, en el segundo semestre podrían surgir algunos brotes verdes. Mejoras en el margen del poder adquisitivo de los ingresos de las familias y financiamiento accesible para el consumo (Ahora 3, 6 y 12), despertarían la demanda interna. A ello se suma, que el cepo cambiario genera incentivos a la dolarización de ahorros a través de la compra de bienes durables, como automóviles, electrodomésticos y construcción. Por otra parte, créditos subsidiados a la producción de sectores mano de obra intensivos y protección a los mismos con restricciones a la importación, generarían una reactivación de su producción.

No obstante, vale destacar, que el despertar del consumo doméstico no se materializará acabadamente en un aumento de la producción local, debido a que mucho de los sectores mantienen elevados niveles de stock, tras varios meses de demanda reprimida.

De esta manera, esperamos que la economía promedie una caída en 2020 en torno al 1,6%, luego de haber experimentado una contracción mayor al 2% tanto en 2018, como en 2019.

Un nuevo año para el olvido

¿Qué pasó con la actividad en septiembre?

El Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) exhibió una caída de 2,1% i.a. y de 1,6% mensual en la medición desestacionalizada. Como resultado, el tercer trimestre promedió una contracción del 1,8% i.a. y los primeros nueve meses del año un retroceso del 2,3% i.a. Pese a esto, el nivel de actividad del tercer trimestre fue mayor que en el segundo (+0,6%), debido a que hasta las PASO (julio y primera mitad de agosto) la economía transitaba por un periodo de leve reactivación.

En lo que respecta a las distintas ramas de actividad, entre julio y septiembre se destacó el crecimiento del sector primario. Por caso, el sector Agropecuario creció 14,3% i.a., mientras que Minas y canteras avanzó 2,9% i.a. De hecho, sin contar al agro, el PBI hubiera cedido 2,5% i.a. durante el tercer trimestre del año. De esta forma, la performance de este sector no fue suficiente para compensar el derrumbe de la Industria (-4,6% i.a.) y la Construcción (-4,7% i.a.), por lo que la producción de Bienes cayó (-1,1% i.a.). Por su parte, el desempeño de los Servicios (-2,2% i.a.) fue peor como resultado de la contracción en Comercio (-5,5% i.a.) e Intermediación financiera (-14,9% i.a.)

¿Qué hay detrás de este retroceso?

Durante la primera mitad del trimestre, es decir, hasta mediados de agosto, los principales indicadores económicos continuaban la tendencia iniciada unos meses atrás. En un marco de calma cambiaria, la desaceleración de la inflación y parcial recuperación del poder adquisitivo, la actividad -cosecha récord mediante- comenzaba a mostrar -de la mano de un puñado de sectores- una mejora en términos interanuales.

Sin embargo, el resultado electoral de las PASO disparó una corrida cambiaria que desencadenó una creciente incertidumbre financiera. La inestabilidad nominal resultante debilitó las referencias en el sistema de precios e imposibilitó la realización de transacciones que se hubieran llevado a cabo en condiciones normales, comprometiendo la cadena de pagos y el capital de trabajo. En un contexto de ausencia (o encarecimiento) de financiamiento, esto implicó una situación de parálisis en el aparato productivo.

Si bien en el transcurso de septiembre las aguas comenzaron a calmarse, el golpe ya había sido acusado. Pese a las medidas tomadas por el gobierno (bonos y exención impositiva en ingresos y en algunos productos de la canasta alimentaria) el impacto inflacionario del salto cambiario, en un contexto de elevada incertidumbre por el devenir de la economía en los próximos meses, redujo el consumo de las familias y enterró cualquier atisbo de recuperación para el resto del año. Si bien las principales ramas, como la Industria y el Comercio, recortaron su caída en el noveno mes del año, esto se debió a cuestiones estadísticas y no a una mejora real de la actividad.

¿Qué esperamos para los próximos meses?

En lo que respecta al último trimestre de 2019, prevemos una continuidad en el deterioro de la actividad. Por un lado, esto se debe a que los efectos del nuevo salto cambiario continuarán impactando en la economía real: la aceleración de la inflación volvió a deteriorar el alicaído poder adquisitivo de los ingresos y en consecuencia, el consumo privado no logrará revertir la dinámica del último año.

Adicionalmente, el temor a un nuevo salto cambiario tras las elecciones a fines de octubre llevó a una fuerte dolarización durante el mes, restringiendo el ingreso disponible para consumo, y así ralentizando la recuperación tras el shock cambiario.

Por último, el debilitamiento de la demanda interna también estará influida por la incertidumbre acerca de las políticas a tomar por el próximo gobierno, que limita la inversión productiva y repercute con mayor dureza en la construcción, la actividad inmobiliaria y el sector financiero, en un mercado de crédito muy limitado.

De todas formas, el sector primario (especialmente el Agro) continuará con cierto dinamismo, en tanto su actividad está más vinculada al comercio exterior que a la demanda doméstica y experimentan condiciones intrínsecas favorables. Las ramas proveedoras de estos sectores también podrán tener una relativa buena performance en lo que queda del año, aunque limitadas por el contexto económico general.

Estos elementos no serán suficientes para torcer el rumbo en los próximos meses y la actividad se contraerá casi 4% i.a. en el último trimestre del año. En consecuencia, ratificamos nuestra proyección de que el PBI en promedio caerá 2,7% en 2019, dejando un arrastre negativo cercano a 0,8% para el próximo año.

Nuevo paso atrás de la actividad

¿Qué pasó con la actividad en agosto?

El Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) exhibió una caída de 3,8% i.a. en agosto y de 1% en la medición desestacionalizada. Como resultado, acumuló una contracción de 2,3% i.a. en los primeros ocho meses del año y aún lo peor está por venir.

En lo que respecta a las distintas ramas de actividad, se destacó el crecimiento del sector primario. Por caso, el sector Agropecuario creció 6,5% i.a., mientras que Minas y canteras avanzó 3,8% i.a. No obstante, no fue suficiente para compensar el derrumbe de la Industria (-6,6% i.a.), por lo que la producción de Bienes cayó (-3,2% i.a.). Por su parte, los Servicios mostraron un retroceso significativo (-4% i.a.), como resultado de que el Comercio y la actividad de Intermediación financiera aceleraron su caída (-8,8% i.a. y -16,4% i.a., respectivamente).

¿A qué se debió esta contracción?

Si bien no hay información acerca del desempeño de la actividad durante los primeros diez días de agosto, se puede decir que, en términos generales, los principales indicadores económicos continuaban la tendencia iniciada unos meses atrás. En un marco de calma cambiaria, la desaceleración de la inflación y parcial recuperación del poder adquisitivo, la actividad comenzaba a mostrar -de la mano de un puñado de sectores- una mejora en términos interanuales.

Sin embargo, el resultado electoral de las PASO fue el detonante de una corrida cambiaria que desencadenó una creciente incertidumbre financiera sobre la segunda mitad de agosto, congelando los incipientes brotes verdes en la actividad. De hecho, la inestabilidad nominal, debilitó las referencias en el sistema de precios e impidió la realización de transacciones que se hubieran llevado a cabo en condiciones normales. Esta dinámica comprometió no solo la cadena de pagos, sino que puso en riesgo el capital de trabajo, lo que en un contexto de ausencia de financiamiento llevó a una situación de parálisis en el aparato productivo. El golpe se sintió en todos los sectores pero fue de mayor importancia en la industria, el comercio y el sector financiero, actividades centrales en la economía argentina (en conjunto concentran el 40% del PBI).

Desde el lado de la demanda tampoco llegaron buenas noticias. El impacto inflacionario del salto cambiario, en un contexto de elevada incertidumbre por el devenir de la economía en los próximos meses, redujo el consumo de las familias. Por caso, la confianza del consumidor (UTDT) cedió 5,2% i.a., a la vez que las ventas minoristas de CAME se desplomaron 20% i.a. en agosto.

¿Qué esperamos para lo que resta del año?

Al contrario de lo esperado a comienzos del año, la economía tendrá sus peores meses hacia el final del 2019. La principal causa será una debilitada demanda interna. La aceleración de la inflación y el consecuente deterioro de los ingresos reales -las medidas tomadas por el gobierno no serán suficientes para revertir esta tendencia- reducirá el consumo privado, dinámica que impactará negativamente en la actividad comercial e industrial. Al mismo tiempo, el elevado costo de financiamiento y la incertidumbre acerca de las políticas a tomar por el próximo gobierno frenan cualquier tipo de inversión productiva, lo que repercute con mayor dureza en la construcción, la actividad inmobiliaria y el sector financiero, con un mercado de crédito muy limitado.

De todas formas, el sector primario (especialmente el Agro y Minas y Canteras impulsado por Vaca Muerta) continuará con cierto dinamismo, en tanto su actividad está mas vinculada al comercio exterior que a la demanda doméstica y experimentan condiciones intrínsecas favorables. Las ramas proveedoras de estos sectores también podrán tener una relativa buena performance en lo que queda del año, aunque con ciertas limitaciones por la falta de crédito.

Estos elementos no serán suficientes para torcer el rumbo en los próximos meses, y en consecuencia, la economía se contraerá en torno al 2,7% i.a. en 2019, dejando un importante arrastre negativo para el 2020.

La industria bajo el agua

La industria argentina continúa sumergida en la debilidad interna. Después de haber mostrado leves signos de reactivación en julio pasado, cuando la actividad creció 3,7% mensual en términos desestacionalizados, los resultados de las PASO consumieron las escasas energías que parte de los sectores manufactureros comenzaba a esbozar. En este sentido, en agosto el Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPI) se redujo 2,8% respecto a julio y el uso de la capacidad instalada se ubicó en 60,5% de la instalada. Es decir, hay un 40% de capacidad ociosa en la industria.

En este marco, la recesión económica muestra impactos notables sobre los sectores industriales, dado que todas las grandes ramas de actividad se encuentran en rojo y la industria en conjunto terminará el 2019 con la mayor caída de los últimos cuatro años (alrededor del -7% i.a.).

Como es de esperar, este magro comportamiento de la industria tuvo significativas repercusiones sobre el empleo. En junio de 2019, la industria alcanzó los 1.105 mil puestos de trabajo, lo que significó una pérdida interanual de 63 mil puestos industriales y fue superado en nivel de ocupación por el comercio, el cual mantiene el predominio sobre la industria desde julio de 2018, cuando prevaleció en asalariado por primera vez en la historia. Ésta dinámica se explica porque la industria registró tasas de destrucción de empleo mayor que la del comercio.

El salvavidas de las exportaciones

Las ramas de actividad que menos caen o que aumentan en el margen, son las que presentan ventajas comparativas y que, frente a la mejora del tipo de cambio real, reaccionan rápidamente con mayores exportaciones. Tal es el caso de las actividades vinculadas al campo y al desarrollo de Vaca Muerta.

En este sentido, la industria de alimentos y bebidas, aunque en el agregado muestra una caída del 1% i.a. acumulado a agosto, es la rama de actividad que mayor crecimiento exhiben algunos de sus rubros. Tal es el caso de la molienda de oleaginosas y la fabricación de galletas y artículos de panadería, beneficiadas por una cosecha agrícola récord, y de la industria de carne, vinos y frutas, qué además de acompañar el clima en la producción primaria, se vieron beneficiadas por excedentes de producción que permitieron ampliar su oferta en el mercado internacional. Por caso, en el acumulado a agosto, el volumen de exportaciones de Manufacturas de Origen Agropecuario (MOA) creció 12% i.a.

Del mismo modo, la buena performance del campo traccionó las ramas industriales proveedoras de la actividad. Es el caso de la producción de agroquímicos, la cual se expandió 16,3% i.a. en el acumulado de los últimos ocho meses. Por su parte, la fabricación de maquinaria agrícola fue una excepción en este sentido, dado que entre el grueso de sectores es la que mayor caída registró (-20,5% i.a.). Este hecho obedeció a que la mayor demanda por equipos agrícolas desde el campo se tradujo en reducción de stocks, pero no en una mayor producción de los equipos.

Otra de las industrias destacadas fue la Refinación de Petróleo, que mostró una reducción más tenue al resto de los sectores (acumuló a agosto una caída de 2,6% i.a.) de la mano de la mayor producción de Vaca Muerta. El aumento de las exportaciones de combustibles y energías (+15,3%), junto con una mayor demanda de gasoil desde el agro, permitieron una caída moderada de la actividad.

El ancla de la demanda interna

Los rubros fabriles más afectados en lo que va de 2019 son los vinculados al mercado interno. La fuerte caída del salario real y la vigencia de tasas de interés en niveles prohibitivos, generan una abrupta caída del consumo interno.

Por un lado, el consumo masivo sufrió una fuerte contracción. Según datos de Kantar Worldpanel el mismo acumula a agosto un retroceso del 7% i.a. y los rubros más afectados son los de congelados, lácteos, bebidas y cuidado personal. En esta línea, dentro del sector de alimentos y bebidas, el rubro de lácteos cayó 4% i.a. en los primeros ocho meses de 2019 y las gaseosas y aguas 14,5% i.a. Asimismo, la fabricación de detergentes, jabones y otros productos químicos de limpieza se retrajo 14% i.a.

Por otro lado, la industria textil y de indumentaria sigue sumergida en terreno negativo,  presentando en lo que va en el año caídas del 13% y 12% i.a., respectivamente. El declive del consumo interno y la frágil situación laboral tiene su correlato en la industria, que destina cerca del 90% de su producción al mercado local.

Al mismo tiempo, otro de los segmentos golpeados por la crisis fueron los bienes durables, afectado por la caída del poder adquisitivo (tanto en pesos como en dólares) y el acceso restringido al financiamiento ante tasas de interés elevadas. Entre los más perjudicados se encuentran los vehículos automotores (-32,3% i.a.), las motocicletas (-65,0% i.a.), los electrodomésticos (-18,6% i.a.) y los muebles (-15,3% i.a.).

Algo similar se observó en el comportamiento de las actividades fabriles que son proveedoras de otras industrias. En este sentido, la manufactura de plástico acumuló a agosto de 2019 una retracción del 11,5% i.a, ante la menor demanda desde el sector automotor, electrodomésticos, maquinaria agrícola, y alimentos y bebidas. Asimismo, la débil actividad de la construcción repercutió en una menor producción de cemento (-5,0% i.a.) y de productos de la siderurgia (-13,1% i.a.) y del aluminio (-2,3% i.a.).

No se ve el horizonte

Las perspectivas para la actividad industrial no son alentadoras. La aceleración de la inflación luego de las PASO no deja posibilidades de que el salario real puede percibir mejoras los próximos meses. Si a esto se suma que las tasas que rigen para financiar el consumo son casi prohibitivas, difícilmente la demanda interna pueda reactivarse en el corto plazo.

Por otra parte, a pesar de que la mayor competitividad cambiaria motiva los envíos al exterior, lo cierto es que las PyMEs tienen dificultades para poner en movimiento la producción ante el encarecimiento del crédito. A ello se suma que las nuevas restricciones de acceso al mercado cambiario y la obligación de liquidar las exportaciones en un contexto de elevada incertidumbre, provoca un desincentivo para el crecimiento sostenido de las ventas externas.

De esta forma, la industria continuará sumergida bajo el agua hasta tanto el poder adquisitivo mejore, la tasa de interés se torne más accesible y la economía y la política muestren señales de estabilidad.

La industria no se recuperará en 2019

¿Cómo le fue a la industria y la construcción en agosto?

El Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPI manufacturero) cayó 6,4% i.a. en agosto y de esta manera acumuló un retroceso de 8,1% i.a. en los primeros ocho meses del año. Además, luego de exhibir un repunte durante julio, el salto cambiario post-PASO implicó una caída de 2,8% en la medición desestacionalizada. Por su parte, el Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC) retrocedió 5,9% i.a. durante agosto (-8% i.a. en el acumulado) pese a exhibir un avance de 0,4% en la serie desestacionalizada.

¿Qué hay detrás de estos números?

Luego de que en julio estos indicadores mostraban caídas interanuales menores a 2% luego de más de un año, la crisis desatada en las semanas posteriores a las PASO paralizó la actividad económica en un contexto de elevada incertidumbre cambiaria y financiera. De hecho, los únicos rubros que crecieron fueron el Textil (+1,4% i.a.) -como consecuencia de una la baja base de comparación- y Alimentos y Bebidas (+0,4% i.a.) – gracias al avance de casi 40% de la molienda, ligado al crecimiento del sector agropecuario tras la sequía del año pasado-. No obstante, ambos exhiben una variación negativa en el acumulado anual. Más aún, 7 de los 16 rubros mostraron contracciones interanuales de dos dígitos, destacándose el deterioro en la producción de medios de transporte, maquinarias y equipos.

Como se mencionó, la nueva incertidumbre cambiaria que provocó, entre otras cosas, la ausencia de precios para realizar transacciones durante algunos días sepultó cualquier intento de recuperación de la industria. Desconocer el costo de reposición de los stocks impidió la realización de operaciones frenando procesos productivos, a la vez que el capital de trabajo de muchas empresas perdió valor tras la depreciación del Peso y la desvalorización de instrumentos financieros como los Fondos Comunes de Inversión. Estos factores también afectaron la construcción, que si bien mostró una mejora en términos desestacionalizados, refleja expectativas desfavorables: no hay empresas del sector encuestadas que prevean un aumento de la actividad en los próximos tres meses.

¿Qué esperamos para la industria en los próximos meses?

La aceleración de la inflación y, en el mejor de los casos, la interrupción en la mejora de los ingresos reales provocará una retracción en el alicaído consumo de las familias, a la vez que la incertidumbre en relación a las medidas que tomará próximo gobierno pospone cualquier tipo de inversión productiva. Conjuntamente, estos factores echaron por tierra las expectativas de las empresas del sector. La mitad de las mismas prevé que la demanda interna caerá en el corto plazo, cuando esta cifra apenas superaba un tercio hace dos meses. La fallida recuperación de cara a las elecciones podría desencadenar un nuevo reacomodamiento de los recursos de las empresas, que implicaría un aumento de suspensiones y/o recortes de horas extras, en principio. En consecuencia, el deterioro de empleo fabril difícilmente se detenga en lo que queda del año.
Asimismo, esta contracción del consumo doméstico no estaría compensada por mayores ventas al exterior: solo una de cada cuatro firmas consultadas cree que crecerán, en línea con lo comunicado dos meses atrás. Por lo tanto, en el corto plazo no se espera una reacción significativa de las exportaciones que permita colocar el stock no vendido localmente.

En definitiva, los factores que propiciaron esta dinámica permanecerán latentes en lo que resta del año, por lo que seguramente la industria y la construcción vuelvan a exhibir un retroceso significativo. El probable cambio de gobierno tampoco traería soluciones rápidamente, ya que incluso en un escenario optimista, los ingresos reales tardarán en repuntar mientras que tendrán que existir señales que fomenten la inversión productiva.