2002 y 2020, ¿más coincidencias que un anagrama?

En 2020, el PBI global caerá casi 5% según las proyecciones del FMI, experimentando la mayor contracción desde la Gran Depresión que comenzó en 1929. Sin embargo, habrá comportamientos muy heterogéneos entre países. Lamentablemente, la economía argentina será una de las que más sufrirá a nivel global (la sexta, según el Fondo), incluso a pesar de no ser uno de los países más golpeados por el COVID-19 a términos sanitarios -al menos hasta ahora-.

Este pobre desempeño se explica por la fragilidad económica previa a la pandemia: dos años seguidos en recesión, inflación en la zona del 50% y una caída del salario real cercana al 20%. Como resultado, la crisis del Coronavirus nos llevará a un retroceso del PBI de dos dígitos en el promedio anual. Para peor, con el dato del EMAE de abril (-26,4% i.a.), el piso de actividad de la crisis 2018-2020 ya superó al de 2001-2002. Con este dato, se reavivaron algunos fantasmas de aquel momento. Ahora bien, ¿tienen asidero? Comparar ambos períodos nos ayudará al respecto, sobre todo para entender similitudes y diferencias y la posible forma de la recuperación.

Empecemos por los puntos en común: ambas crisis serán las dos recesiones más profundas de los últimos cien años (según nuestras estimaciones el PIB caerá este año aún más que en 2002). Sin embargo, al comparar las trayectorias aparecen más diferencias que semejanzas.

En la crisis anterior, la caída del PBI empezó en la segunda mitad de 1998, durando cuatro años y agravándose progresivamente. Si bien el deterioro se aceleró a fines de 2001 producto del colapso de la Convertibilidad (default y devaluación), el declive fue paulatino a lo largo de los años. En cambio, en 2020, la recesión se profundizó abismalmente producto del Coronavirus y las restricciones a la producción y a la demanda para contener los contagios. Dicho esto, vale remarcar que esta crisis se agudizó por factores extraeconómicos (Pandemia/Cuarentena).

Por las características propias de una economía sin inflación -el nivel general de precios incluso retrocedió 3,4% entre 1998 y 2001-, el ajuste recayó en la crisis anterior casi íntegramente sobre las cantidades, algo que no pasó en la situación actual, donde el mismo también incluyó a los precios. A modo de ejemplo, en ese entonces el desempleo llegaba al 18,4%, mientras que este año promediaría 13%. Sin embargo, entre 1998 y 2001, la caída del poder adquisitivo fue acotada, producto de la dificultad de bajar salarios nominales, aún en un contexto deflacionario, a la par que entre 2018 y 2019 esta variable acumuló un retroceso de 20% y perdería no menos de un 5% adicional este año.}

Dicho esto, vale remarcar que la crisis anterior comenzó por el lado de la demanda y se agravó constantemente por problemas vinculados al consumo y la inversión, mientras que en esta coyuntura se sumaron los problemas de oferta: empresas que producirían más pero que por la cuarentena y sus restricciones no lo están pudiendo hacer. En consecuencia, la caída esta vez será mucho más heterogénea a nivel sectorial -ramas esenciales, exceptuadas y no esenciales, por caso-, mientras que a comienzos de siglo el deterioro fue más homogéneo (menos dispar).

Pasado este punto, se observa que no hay tantas semejanzas entre la crisis de 1998-2002 y la que comenzó en 2018 y se agravó este año, ¿pasará lo mismo con la recuperación?

Para diagramar la reactivación, hay que pensar en sus posibles motores. Desde 2002, las exportaciones fueron uno de los pilares de la recuperación, impulsadas por la mejora del tipo de cambio real y un contexto externo favorable, que apuntalaba también la recaudación vía retenciones. En este sentido, un sector público con superávit primario y sin pagos de deuda por el default fue un driver esencial, impulsando la inversión y el consumo por el lado estatal. Sumando la elevada capacidad ociosa del aparato productivo, pudimos crecer sin tensiones por el lado inflacionario, al menos hasta 2006-2007.

Actualmente, la situación es distinta. Por un lado, porque el sector público tendrá un déficit muy elevado, de mínima superior al 6% del PBI en 2020. Para peor, no está claro cómo lo financiará: si bien la expansión de la base monetaria se atenuó en las últimas semanas, producto de la esterilización vía LELIQs y pases, a la par que se abrió algo de espacio para que el Tesoro Nacional colocara deuda en pesos, no queda claro cuánto espacio habrá para seguir con estas políticas de absorción en el corto plazo. En consecuencia, si el mayor déficit fiscal producto de la pandemia/cuarentena no se ajustara rápidamente, se reactivarían las tensiones cambiarias (suba de las cotizaciones paralelas, mayores expectativas de devaluación y menores excedentes de dólares en el mercado oficial).

Por otro lado, aparece la cuestión nominal: pasada la mega devaluación, la suba de precios entre 2003 y 2006 fue baja y previsible, fortaleciendo el crecimiento. En cambio, en este contexto, habrá riesgos latentes y permanentes por este frente: liquidez excedente, tarifas que se atrasan, presiones cambiarias y de recomposición salarial, más la elevada inercia preexistente, amenazarán constantemente la baja -transitoria- observada en la inflación.

Por su parte, el frente externo tampoco parece tan prometedor como a principios de siglo. Si bien el superávit comercial de bienes llegaría a niveles récord este año, lo haría por un desplome de las importaciones y no por un avance de las exportaciones, que también caerían en el corto plazo producto de la menor actividad global (principalmente de Brasil, nuestro primer socio comercial, al menos hasta 2019). En consecuencia, tendríamos un saldo comercial en máximos, pero un flujo (suma de exportaciones e importaciones) en mínimos. Pensando en la producción local y sus posibilidades de recuperación, esto no representa un motor sino más bien un freno.

Asimismo, el tipo de cambio real, que se encontraba en niveles altamente competitivos a la salida de la crisis de 2002, en la actualidad está en línea con el promedio histórico y por debajo de éste si descontamos la elevada presión tributaria y las retenciones. Además, pese a las fuertes restricciones a la compra de divisas (incluso para importar bienes) el BCRA no logra acumular reservas netas y existen amenazas latentes en el frente inflacionario y en el plano internacional (depreciación de las monedas emergentes y avalancha de importaciones ante demanda internacional deprimida). Por lo tanto, el frente cambiario no será el motor de antaño y pude convertirse en un foco de tensión.

Otro aspecto que puede condicionar la recuperación es que estamos en plena negociación de la deuda pública ley extranjera, con un final todavía abierto. Cerrado este capítulo resta aún discutir el repago de la deuda con el FMI. Por lo tanto, la incertidumbre en este frente no se disipará en el corto plazo. En cambio, pasado el primer cuatrimestre de 2002, el efecto negativo del default comenzó a diluirse, para luego, en plena fase expansiva, poder reestructurar exitosamente la deuda en 2005. En consecuencia, no tenemos los motores del 2002 pero sí algunos problemas adicionales.

No obstante, no todos los puntos son negativos: la crisis actual posee un grado elevado de “inducción”, ya que responden a restricciones productivas para contener contagios del Coronavirus. No por inducidas estas caídas son menos reales, pero sí serían menos persistentes: el deterioro abrupto debería revertirse a medida que la cuarentena se flexibilice/levante. Ahora bien, una vez pasado este rebote, la reactivación, posiblemente, será más lenta y dificultosa que la de la crisis de 2001-2002. Superar la pandemia y la negociación de la deuda son condiciones necesarias, pero no suficientes para volver a crecer; lamentablemente, estas últimas todavía son signos de interrogación.

La economía acostada en terapia intensiva

Abril fue el primer mes en el cual la cuarentena rigió a lo largo de todo el territorio y durante todos los días del mes. El resultado fue una caída de 26,4% de la actividad (un retroceso superior a 11% i.a. en los primeros cuatro meses del año), según el Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE). Vale decir que esta contracción fue casi 10 p.p. más profunda que la mayor caída interanual asociada a la crisis del 2001 (-16,7% i.a. en marzo de 2002).

A su vez, la economía cayó 17,5% en términos desestacionalizados respecto al mes de marzo -número que representó máximos históricos-, acumulando una caída de -26,9% en el primer cuatrimestre del año y ubicándose en los niveles más bajos desde fines del año 2004.

En lo que respecta a las ramas de actividad, lo más importante a resaltar es que todas las ramas mostraron contracción en el mes. De todas maneras, reinó un impacto heterogéneo: las caídas más profundas las tuvieron los sectores que directamente no pudieron operar –representando en su mayoría caídas sectoriales nunca antes vistas-, mientras que las ramas consideradas esenciales tuvieron un menor impacto relativo.

En este sentido, la Construcción fue la rama más golpeada. La repentina y completa parálisis de las actividades generaron que el sector que ya acumula 21 meses consecutivos de contracción caiga 86,4% i.a., acumulando un retroceso superior a 40% i.a. en los primeros cuatro meses del año. Para poner en magnitud el deterioro, en el mes de abril el sector se ubicó en niveles que representaron únicamente un 24% de lo observado en el mes anterior.

Por su parte, la Industria manufacturera mostró una contracción de 36,3% i.a. y acumuló una caída de 14,5% i.a. en los primeros cuatro meses del año, un menor impacto debido a que algunas ramas (la alimentaria, por ejemplo) pudieron operar con relativa normalidad. En lo que respecta al Comercio, se observó una caída de 27% i.a. (-10,8% i.a. en lo que va del año), debido a que, exceptuando a los comercios esenciales, todos tuvieron que cerrar sus puertas en el mes. Este sector, junto a la industria y a la construcción fueron los que mayor incidencia negativa tuvieron en el mes.

Por su parte, el sector que más afectado se verá en todo el año, Hoteles y restaurantes, cayó -85,4% i.a. No obstante, también exhibieron caídas de dos dígitos, Otras actividades de servicios comunitarios (-72,2% i.a.), Explotación de minas y canteras (-20,5% i.a.) y Actividades inmobiliarias, empresarias y de alquiler (-19,7% i.a.). A contramano, menos perjudicados se vieron Agricultura y ganadería (-8,2% i.a.), Electricidad, gas y agua (-8,4% i.a.) e Intermediación financiera (-3% i.a.), por ser sectores que tuvieron menos restricciones para continuar con sus actividades.

¿Qué esperamos?

Debido a la perduración de las restricciones en el AMBA y otros centros urbanos junto a la relajación de la cuarentena en otros puntos del país con menor circulación del virus, a partir de mayo se observaron algunas mejoras, a pesar de que las contracciones en la comparación interanual siguieron siendo preocupantes.

Por caso, en mayo las ventas de insumos para la construcción retrocedieron 34% i.a. pero crecieron 184% respecto al mes anterior. A su vez, los patentamientos exhibieron una contracción del 42% i.a. pero 376% respecto al piso de abril, y la producción de vehículos cayó 84,1% i.a. pero representó una importante suba respecto a las cero unidades producidas en abril. Otros datos del mes de mayo mostraron fuertes bajas en la comparación interanual: las ventas en comercios minoristas cayeron -51% i.a., la recaudación de IVA interno en términos reales se desplomó un -27% i.a. y las escrituras de compra-venta de inmuebles en CABA cayeron un -79% i.a.

Por su parte, según un informe publicado por el Ministerio de producción, a partir de junio más de quince provincias tuvieron más del 80% del empleo privado habilitado para trabajar, aunque en el AMBA, que explica la mitad de la actividad económica, solo se pudieron desarrollar actividades puntuales bajo estrictos protocolos sanitarios. Pese a la recuperación que puede verse en parte del país, esperamos que la contracción interanual supere el 20% en el segundo trimestre del año.

La llegada del invierno y la vuelta de mayores restricciones en AMBA durante julio siguen perjudicando las perspectivas y arrojan más dudas que certezas respecto a la duración de la crisis y el proceso de recuperación. En este sentido, prevemos que el PBI retroceda 11,5% en 2020, la contracción más profunda de la actividad de los últimos 120 años -según estimaciones de Arklems- y de esta manera, el PBI per cápita volverá quince años atrás, a los niveles de 2005.

2002 y 2020, mismos números

¿Qué sucedió con el PBI en el primer trimestre?

La inestabilidad de la economía argentina, sumado a la irrupción de la Pandemia y el aislamiento obligatorio en la última parte del mes de marzo, llevaron a que la actividad se contraiga un -5,4% en el primer trimestre del 2020. En términos desestacionalizados, el PIB cayó 4,8% respecto al último trimestre de 2019, alcanzando el nivel más bajo de actividad desde principios de 2010.

El componente más golpeado de la demanda fue la inversión. Cayó -18,3% i.a. en el primer trimestre del año, encadenando el séptimo trimestre consecutivo de contracción y exhibiendo el nivel más bajo desde 2009. Por su parte, el consumo total mostró una caída del -5,7% i.a. en los primeros tres meses del año, liderado por una disminución del consumo privado (-6,6% i.a.), ya que el consumo público cayó poco (-0,7% i.a.). A su vez, inclusive con incrementos solidarios y desaceleración de la inflación, el consumo privado disminuyó 6,8% en términos desestacionalizados (6 p.p. por debajo del cuarto trimestre del año anterior).

El comercio exterior corrió la misma suerte: las importaciones se desplomaron 17,3% i.a., mientras que las exportaciones cayeron 4,7% i.a. La pandemia afectó con anterioridad a algunos de nuestros principales socios comerciales (China, Estados Unidos y Europa) adelantando los efectos perjudiciales sobre el flujo de comercio a partir de mediados del trimestre.

Desde la óptica de la oferta, se observa que 12 de los 16 sectores se ubicaron en terreno negativo en el primer trimestre de 2020. Las principales incidencias negativas sobre la actividad agregada provinieron del retroceso expuesto por las ramas de la Industria manufacturera (-6,5% i.a.), el Comercio (-6,5% i.a.) y la Construcción (-20,8%). En conjunto explicaron algo menos de la mitad de la disminución total.

Los sectores que contribuyeron a evitar un derrumbe mayor fueron Electricidad, gas y agua (+3,8% i.a.), como consecuencia del congelamiento de tarifas y un mayor consumo residencial de electricidad alentado por factores climáticos; Explotación de minas y canteras, por el impulso de la producción no-convencional petrolera que acumularon las compañías previo al parate en la actividad, y finalmente sectores asociados al desempeño del sector público, como Enseñanza (+1,2% i.a.) y Administración Pública y defensa (+0,2% i.a.).

El mercado laboral, gris

Como se vio en la sección anterior, cambió el gobierno pero no el rumbo de la economía, y en esta sintonía, tampoco se modificó la dinámica del mercado del trabajo: pese a la caída de la actividad, mejoró -levemente- el empleo. Según la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), el nivel de empleo creció 0,8% i.a. en el primer trimestre del 2020. Sin embargo, tal como venía sucediendo, la clave pasa por el análisis de la calidad de los mismos.

Por caso, durante el primer trimestre el empleo formal cayó 2% i.a. en la población de referencia (31 aglomerados urbanos) mientras que se crearon puestos en el sector informal (+1,9% i.a.) y en el empleo no asalariado (trepó 4,7% i.a.).

Vale destacar que la Población Económicamente Activa (PEA) alcanzó 47,1% de la población de referencia, lo que implica un incremento de 1,2% i.a. en la cantidad de participantes del mercado laboral. Este incremento levemente por encima del crecimiento poblacional fue suficiente para generar un aumento del desempleo: 10,4% de la PEA (+0,3 p.p. respecto del primer trimestre de 2019).

¿Qué esperamos?

La dinámica de la actividad y el mercado de trabajo observada en el primer trimestre mostró un primer efecto parcial del deterioro producido por la pandemia. Lamentablemente, esperamos que la trayectoria empeore en los meses subsiguientes.

El segundo trimestre será el más complejo en términos de actividad, como consecuencia de la perduración de cuarentena estricta en el AMBA y otros centros urbanos pero con relajación de las restricciones a partir de mediados del trimestre en el resto del país. Por lo tanto, esperamos que la actividad se contraiga en torno al 20% i.a. en el segundo trimestre. Más aún, producto de una caída de dos dígitos en términos desestacionalizados, el PBI alcanzará valores inferiores a los observados durante la crisis 2008-09.

En la medida que las restricciones a la circulación permanezcan firmes en los principales centros urbanos y la renegociación de la deuda siga dilatándose, el golpe en la actividad será más profundo: esperamos que la contracción sea similar a la observado en 2002 (-10,9%).

Por su parte, y a diferencia de lo que venía sucediendo, el mercado de trabajo no logrará despegarse de semejante crisis. El nivel de empleo exhibirá un retroceso de 4-5% i.a, concentrado en los grandes centros urbanos (especialmente AMBA) y en aquellas regiones ligadas al turismo, actividad que depende del levantamiento de las restricciones a la circulación.

En consecuencia, si bien la pérdida del poder adquisitivo podrá no exceder la dinámica del año pasado, la pérdida de puestos de trabajo deprimirá aun más la masa salarial real. La medida de este deterioro, a su vez, determinará la capacidad y velocidad de la recuperación una vez pasada la pandemia.

 

La industria y construcción, derrumbadas por la cuarentena

¿Cómo evolucionó la construcción en abril?

El Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC) mostró una caída del 75,6% i.a. en abril, acumulando una contracción del 40,2% i.a. en el primer cuatrimestre del año. Por su parte, en la versión desestacionalizada se observó una caída del 51,5% respecto al mes anterior, ubicándose en los niveles más bajos desde la primera publicación del indicador, que comenzó en la década de los 90. La implementación de la cuarentena y la consecuente imposibilidad de ejercer las actividades apareció para empeorar la situación de un sector que ya se encontraba muy golpeado.

En este sentido, en abril alcanzó veinte meses consecutivos de caída interanual de la actividad, principalmente por una demanda que se mantuvo paralizada debido al racionamiento del crédito y al deterioro del poder de construcción del salario tras las sucesivas devaluaciones durante 2018 y 2019. Por su parte, la oferta de la obra privada tampoco ayudó: la incertidumbre sumado a la histórica falta de créditos para inversión explicaron el deterioro. A su vez, la obra pública se mantuvo sin dinamismo en un contexto sin margen para aumentar el rojo fiscal.

¿Y la industria?

Por su parte, el Indicador de Producción Industrial (IPI) mostró una caída del 33,5% i.a. en abril, acumulando una contracción de 13,5% i.a. en el primer trimestre del año. En la medición desestacionalizada, mostró una reducción del 18,3% respecto al mes anterior y, de esta manera, se ubicó en niveles similares a los observados en 2002, en los albores de la recuperación económica.

Todas las ramas industriales mostraron una contracción por segundo mes consecutivo. En este sentido, si bien la caída fue generalizada, las más golpeadas fueron las que más restricciones tuvieron para operar. Por el contrario, caídas menos profundas se vieron en las ramas que continuaron funcionando y que son consideradas esenciales por parte del gobierno: Alimentos y bebidas se mantuvo prácticamente estable (cayó 1% i.a.) y Madera, papel, edición e impresión mostró una caída del 8,7% i.a.

Por otra parte, el resto de las ramas sufrieron una contracción que alcanzó los dos dígitos. Las caídas más profundas se vieron en Automotriz y autopartes, Transporte, Prendas de vestir, cuero y calzado, Otros equipos y aparatos y Minerales no metálicos (88,5% i.a., 82% i.a., 79,8% i.a., 75% i.a. y 70% i.a., respectivamente). Estas ramas corresponden, por lo general, a industrias orientadas al mercado interno de producción de bienes durables o de capital que no pudieron operar durante todo el mes.

¿Se alcanzó el piso?

Las perspectivas para la construcción son alarmantes. A pesar de que en algunas provincias donde hay prácticamente nula circulación del virus se están retomando actividades y ya está habilitada la venta de insumos para la construcción, el retome de actividades en el AMBA será mucho más lento, principalmente por la imposibilidad de utilizar el transporte público. En este sentido, esperamos que la recesión continuará para el sector en gran parte de lo que resta del año.

Respecto a la construcción privada, la parálisis de la oferta por las restricciones mencionadas y la falta de financiamiento postergará la consecución de nuevas obras en el corto plazo. Incluso el anunció oficial en favor de un mayor gasto de capital para reactivar la obra pública no será suficiente para compensar la caída de la obra privada –que representa más del 70% del total-. Por lo tanto, creemos que la construcción será la rama de la actividad más golpeada en 2020, alcanzando una caída que superará el 20%.

Por otro lado, la evolución de la industria también dependerá principalmente de cómo se vayan levantando las restricciones. Según un decreto oficial, a partir de mayo algunas ramas industriales fuera del AMBA fueron habilitadas pero evitando el uso de transporte público, con estrictos protocolos y sistemas de turnos: industria automotriz y autopartes, electrónica y electrodomésticos, textil, calzado e indumentaria y productos del tabaco son algunos de los ejemplos. Por este motivo, la caída del mes de abril –mes en el cual rigieron las restricciones más fuertes- podría marcar un piso y, ya a partir de mayo, podríamos observar una leve reactivación respecto al mes anterior.

Sin embargo, en la mayoría de las ramas pasaran varios meses hasta recuperar el nivel de producción pre-pandemia. Los sectores menos esenciales o cuya producción depende parcialmente de lo que se haga en AMBA cerrarán el año con caídas mucho más profundas. Por otro lado, esperamos que las ramas esenciales que tuvieron prácticamente nulas restricciones desde un principio terminen el año con relativa estabilidad. En este sentido, también creemos que la industria promediará una caída en la zona del 13% en 2020, encadenando su tercer año consecutivo de contracción.

Los efectos de la cuarentena sobre el nivel de actividad

¿Cómo impactó el comienzo de la cuarentena en la actividad?

La recesión en la que se encontraba la economía argentina se profundizó con la pandemia y el decreto de la cuarentena obligatoria a partir del 20 de marzo. En este marco, el Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) se contrajo 11,5% i.a. en marzo, exhibiendo una caída del 9,8% en la serie desestacionalizada y ubicándose en los niveles más bajos desde el año 2009.

En lo que respecta a las ramas de actividad, el hecho más significativo es que, exceptuando Electricidad, gas y agua (+6,7% i.a.), todos los sectores mostraron un retroceso en el mes. De todas maneras, el impacto observado fue heterogéneo: las mayores caídas las sufrieron los sectores considerados menos esenciales, que fueron los que mayores restricciones tuvieron para operar una vez que fue decretada la cuarentena obligatoria.

En este sentido, la Construcción -particularmente afectada ante la imposibilidad de los trabajadores de concurrir a sus puestos de trabajo- fue el sector más golpeado en el mes (-46,5% i.a.) y operó a la mitad del nivel de marzo del 2018. En la misma línea, producto de la declaración de la cuarentena en los últimos diez días del mes, Hoteles y restaurantes cayó 30% i.a.

Por otra parte, la Industria y el Comercio también sufrieron contracciones de dos dígitos (-15,5% i.a. y -11,2% i.a., respectivamente). Conjuntamente, explicaron un tercio de la contracción del nivel general.  Si a esto le sumamos la mencionada dinámica de la construcción, los tres sectores explicaron casi la mitad del deterioro de la actividad en la comparación interanual.

¿Qué esperamos?

Como consecuencia del resultado de marzo, la actividad cayó 5,4% i.a. en el primer trimestre del año (-4,6% desestacionalizado). Considerando que solo tuvimos diez días de cuarentena, el desplome de la actividad será mayúsculo en el segundo trimestre, alcanzando los dos dígitos.

Para poner en magnitud el deterioro, en abril la producción de vehículos fue cero, según CAME la caída de ventas minoristas fue del 57,6% i.a., la demanda energética de grandes industrias se redujo 46% i.a. según CAMMESA y los despachos de cemento cayeron un 55% i.a.

El lento y paulatino levantamiento de las restricciones en mayo -y seguramente junio- dará lugar a un mayor dinamismo en algunas ramas productivas y zonas geográficas con menor o nula circulación del virus. Sin embargo, el AMBA, que concentra alrededor de la mitad de la actividad económica, continuará con aislamiento social restrictivo, pese al desarrollo de algunas actividades bajo protocolos sanitarios.

Las medidas adoptadas por el gobierno sugieren que el levantamiento de la cuarentena será por etapas, por lo que el efecto final sobre las diferentes ramas de actividad será heterogéneo y dependerá de cuándo puedan volver a operar bajo cierta normalidad. Si bien los sectores denominados esenciales (productores de alimentos, comunicaciones, salud, educación), que pudieron operar con relativa normalidad desde el comienzo serán los menos golpeados, parte del comercio (vinculados principalmente al entretenimiento y esparcimiento), hoteles, restaurantes y la construcción (en la medida que las restricciones sobre el transporte público afecte a los trabajadores) con suerte podrán trabajar plenamente en los últimos meses del año.

Por su parte, en lo que respecta a los componentes de la demanda, creemos que la inversión será la más golpeada en el año. La incertidumbre que conlleva la vigencia de la cuarentena pospondrá cualquier plan de inversión en el corto plazo, y la posible expansión de partidas de gasto de capital no alcanzarán para compensar la profunda caída de la inversión privada.

Las perspectivas del consumo tampoco son alentadoras. En la medida que la cuarentena siga en pie, el deterioro del ingreso de los hogares y la inestabilidad del mercado laboral mantendrán a la demanda interna reprimida, limitando el consumo de las familias a bienes esenciales. Además, una vez que el golpe a la oferta concluya y las ramas de actividad operen con relativa normalidad, la demanda tardará más en recomponerse, producto de un mayor ahorro precautorio y menor confianza de los consumidores.

En este marco, si bien prevemos que la actividad exhiba una contracción en torno al 9% i.a. , el deterioro se ubicará en dos dígitos en la medida que la cuarentena se extienda hasta entrado el segundo semestre o las negociaciones con los acreedores privados respecto a la deuda no lleguen a buen puerto y limiten la eventual recuperación.

Cuarentena: ¿flexibilización de jure o de facto?

La pandemia obligó al gobierno a elegir qué mal priorizar. O centraba su atención en sostener el máximo nivel de actividad económica, aceptando un alto número de infectados y muertos en el proceso, o priorizaba combatir los aspectos sanitarios de la pandemia, complicando la situación económica de buena parte de las empresas y familias del país.

El miedo a estresar un sistema sanitario fácilmente desbordable obligó al gobierno a inclinarse decididamente por minimizar las victimas humanas. A mediados de marzo decretó una cuarentena obligatoria en todo el territorio del país la cual continúa hasta el día de hoy.

El Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO) comenzado el 20 de marzo uno de los experimentos de distanciamiento social más exigentes del mundo. Tomando los datos de movilidad elaborados por Google podemos ver que la población argentina mostró una de las cinco contracciones más abruptas en el tiempo transcurrido en el trabajo (para el 23 de marzo se había reducido en 80%). En línea con estos datos, el nivel de exigencia de las medidas tomadas fue, según la Universidad de Oxford, de los 15 más altos del mundo.

Lamentablemente, fue costoso recargar sobre una economía debilitada todo el peso que el sistema de salud no podía sostener. El impacto sobre las firmas y las familias fue profundo. Según el último relevamiento de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa las ventas minoristas cayeron 58% en abril con 9 de los 12 rubros mostrando contracciones superiores al 60% interanual. Por su parte, las familias, especialmente las de menores ingresos, encontraron problemas para generar ingresos. Según un trabajo realizado por el CEDLAS el 75% de los puestos laborales no pueden realizarse desde el hogar y quienes pueden hacerlo tienen ingresos que duplican el de los que no pueden. El estudio marca también que la merma de ingresos puede ser de 5% para el 20% de mayores ingresos pero entre el 15% y el 30% para el 40% más vulnerable de la sociedad. Este impacto puede ser compensado solo parcialmente por las transferencias sociales puestas a disposición por el gobierno (en donde se destaca el IFE).

Tan cierto es que el país virtualmente se paró a fines de marzo como que lentamente los argentinos comenzaron a salir de sus casas y las empresas comenzaron a abrir sus puertas. Si 100 es el tiempo que los argentinos pasan normalmente en su trabajo, para el 20 de marzo ese tiempo se había reducido a 40, pero para el 30 de abril (último dato informado) ya estaba en 55, es decir, ya la mitad de la economía estaba funcionando con normalidad.

Ahora bien, el relajamiento de la cuarentena observado fue impulsado por el gobierno nacional/provincial/municipal, o fue la sociedad la que decidió flexibilizar el ASPO? En otras palabras, ¿el relajamiento de la cuarentena fue de jure o de facto?
Para la segunda quincena de abril el gobierno autorizó el funcionamiento de una serie de actividades que podrían explicar en parte el aumento de la movilidad. Se autorizó a comercios a vender online con entrega a domicilio, se levantó la prohibición de circular a aquellos que trabajen en firmas dedicadas a la producción para exportar (previa autorización) y que alimenten procesos industriales específicos (producción de energía, de materiales para la construcción, bienes que provean ferreterías, talleres mecánicos, insumos informáticos y otras actividades aún más pequeñas). En la semana que va del 24 al 30 de abril se sumaron una serie de flexibilizaciones subnacionales en provincias puntuales cuya situación epidemiológica luce controlada, al mismo tiempo que se le dio potestad a esos mismos gobiernos de flexibilizar el movimiento recreativo en pueblos y ciudades de menos de 500 mil habitantes (en dónde vive la mitad de la población del país).
Sin duda este conjunto de normativas impactó en el índice de movilidad, pero lo cierto es que no cambió la tendencia que se veía desde días después de instaurado el ASPO. Como se puede ver en el primer gráfico, desde el mismo 21 de marzo la movilidad de las personas comenzó a aumentar en todo el país sin mediar ninguna flexibilización de jure. De hecho, según el último sondeo del Observatorio PyME, la cantidad de empresas no operativas pasó de 54% a comienzos de abril a tan solo 40% en mismo período de mayo, disminución considerable, pero que no explica el significativo movimiento que mostró el índice de movilidad.
Entre el 20 de marzo (comienzo del ASPO) y el 30 de abril (último dato informado) en todas las provincias se flexibilizó la cuarentena, pero de forma heterogénea. En algunos casos esta relajación fue leve y en otros muy marcada. Las distintas situaciones epidemiológicas impactaron en las medidas implementadas por cada gobierno subnacional y en la percepción de riesgos sanitario de cada individuo.

En Río Negro el tiempo transcurrido en el trabajo fue, para el 20 de marzo apenas 45% del normal, porcentaje que aumentó solo 7 puntos porcentuales en el período. No parece ser casualidad que en esta provincia haya una cantidad alta de casos cada 100.000 habitantes. Situación contraria se ve en Jujuy, provincia con muy pocos casos en donde la flexibilización fue significativamente más marcada, pasando de un tiempo de permanencia en el trabajo cercano a 45% del normal a uno de 80%. Como marcamos, es imposible discernir en qué porcentaje este comportamiento responde al marco legal o a la decisión de las familias de incumplir el ASPO, pero parece quedar claro que ambos efectos inciden.

La inminente definición oficial sobre como seguirá la cuarentena (de jure), pero también el comportamiento de la población (de facto), serán claves para determinar el grado de flexibilización del confinamiento.

Arrancaron los fríos

¿Cómo evolucionó la construcción en marzo?

El Indicador Sintético de la Actividad (ISAC) mostró una caída del 46,8% i.a. en marzo, acumulando una contracción del 28,1% i.a. en el primer trimestre del año. Por su parte, en la versión desestacionalizada, mostró una caída del 32,2% respeto al mes anterior -con apenas 10 días de cuarentena-, ubicándose en niveles similares a los observados a fines de 2004.

De este modo, la construcción acumuló en marzo diecinueve meses consecutivos de caída interanual de la actividad, tras la caída del poder de construcción del salario y altas tasas de interés que paralizaron la demanda. Hasta febrero, la pérdida de puestos de trabajo privados registrados alcanzó casi los 85.000 en el último año.

¿Y qué sucedió con la industria?

El Indicador de Producción Industrial (IPI) mostró una caída del 16,8% i.a. en marzo, acumulando una contracción de 6,4% i.a. en el primer trimestre del año. En la medición desestacionalizada, mostró una reducción del 17% respecto al mes anterior.

Si bien todas las ramas industriales mostraron un retroceso, las más golpeadas fueron las que más restricciones tuvieron para operar a partir del decreto de la cuarentena obligatoria el 20 de marzo. De este modo, cualquier intento de reactivar la industria por medio de una reducción de la tasa de interés y un mantenimiento de la estabilidad cambiaria antes de la pandemia perdió efecto como consecuencia de las restricciones.

Un ejemplo de esto es el de Automotores y otros equipos de transporte, que sufrió una contracción del 34% i.a. en marzo, y, según los datos publicados por ADEFA, la tendencia se profundizará el próximo mes. La producción de automóviles fue de cero unidades, mientras que la comercialización a concesionarias cayó un 73,6% i.a. en abril.

Por el contrario, si bien Alimentos, bebidas y tabaco mostró una caída del -2,6% i.a. en abril, la caída fue menor a la observada en el resto de los sectores, al ser considerado un sector esencial que operó prácticamente con normalidad los últimos diez días del mes.

¿Qué esperamos para los próximos meses?

En el caso de la construcción, la pandemia apareció para empeorar la situación de un sector que ya se encontraba muy golpeado. En este sentido, el Índice construya -que indica las ventas de los principales insumos de la construcción, siendo un buen proxy del desempeño de la obra privada- cayó 74,3% i.a. en abril, por lo que esperamos una profundización de la recesión del sector en el corto plazo.

Por otra parte, según el INDEC, el 93% de las empresas que realizan obras privadas y el 81% de las empresas de obra pública prevén que la actividad de la construcción disminuirá en los próximos 3 meses. A su vez, el 75% de empresas del sector privado y 61% del sector público creen que disminuirán su personal en el mismo lapso.

La magnitud de la caída dependerá de la duración las restricciones para continuar con las obras y de la asistencia llevada a cabo por el gobierno. Considerando que en nueve provincias la circulación del virus es menor, la construcción comenzará a retomar cierta dinámica en estos lugares, dejando para la segunda parte del año la actividad en el Gran Buenos Aires, dado que la misma requiere una gran movilización de trabajadores en transporte público.

Por otra parte, a pesar de que el sector es procíclico, es decir, es uno de los primeros en repuntar cuando la actividad comienza a recuperarse, las medidas de ayuda por parte del gobierno serán esenciales. Por el lado de la demanda, son necesarias políticas crediticias de ayuda de financiamiento a las familias, y, por el lado de la oferta, medidas para que los desarrolladores puedan volver a poner en marcha los proyectos. De todas formas, esperamos que la construcción no logre recuperarse a niveles previos a la pandemia en el corto plazo, y sea el sector de la actividad más golpeado en 2020.

Por otro lado, la prevalencia de las restricciones también determinará la evolución de las ramas industriales menos esenciales, y también dependerá de la efectividad de la asistencia para evitar el quiebre de empresas y un salto del desempleo. En este sentido, creemos que el levantamiento de la cuarentena para estas ramas será de manera paulatina, retomando la producción con protocolos específicos, ya sea con sistema de turnos o otras modalidades.  Por este motivo, esperamos que la recuperación de estas ramas sea lenta.

Por el contrario, el impacto de la cuarentena sobre las ramas industriales consideradas esenciales (industria alimentaria o ramas vinculadas a la salud) será menos profundo, pero no alcanzará para que la industria manufacturera evite cerrar el año con una importante contracción, que podría alcanzar los dos dígitos.

La economía no se reactivaba antes del Covid-19

¿Qué sucedió con la actividad en febrero?

El Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) cayó un 2,2% i.a. en febrero, acumulando una contracción del 2% en el primer bimestre del año. De esta manera, la actividad se ubicó en los niveles más bajos desde 2010. A su vez, en términos desestacionalizados, arrojó una caída del -1,1%, acumulando un retroceso de 0,9% en los primeros dos meses del año.

En lo que respecta a las ramas de actividad, ocho de las quince ramas estuvieron en rojo. La caída más profunda se vio en Construcción (-20,4% i.a.), que se ubicó en niveles apenas por encima de los observados a fines de 2005, mientras que Intermediación financiera cayó 7,7% i.a., producto de un mercado de crédito paralizado. Caídas menos profundas se vieron en Comercio e Industria manufacturera (-1,6% i.a. y -1,3% i.a., respectivamente), como muestra de un mercado interno que continuaba deprimido y ya revertía la tenue mejora observada en diciembre.

Por otro lado, los resultados medianamente positivos se observaron, principalmente, en el sector primario. En este sentido, Explotación de minas y canteras mostró un incremento del 3,5% i.a., producto del desarrollo que tenía Vaca Muerta antes de las dificultades en el mercado internacional del petróleo y Agricultura, ganadería, caza y silvicultura se mantuvo prácticamente estable (+0,2% i.a.). Por último, Electricidad, gas y agua creció 1% i.a. como consecuencia de una baja base de comparación y la recuperación de la demanda gracias al congelamiento de tarifas.

¿Qué esperamos para el resto del año?

La decisión de imponer un fuerte aislamiento social sobre una economía que arrastra una profunda recesión agudizó los problemas del aparato productivo, que ya se comenzaron a sentir en marzo: la caída de la demanda de energía cayó un 23% desde que el Gobierno Nacional decretó la cuarentena obligatoria, según los datos publicados por CAMMESA. Si bien aún no hay certeza de la duración de las limitaciones a la circulación, la estrategia parece ser levantar paulatinamente las restricciones, priorizando a las actividades más esenciales. De este modo, esperamos un desplome del nivel de actividad durante el segundo trimestre del año.

En este sentido, creemos que el efecto sobre las ramas de actividad será heterogéneo, aunque de profundo impacto. Los sectores más golpeados serán principalmente los vinculados a los servicios menos esenciales, vinculados al entretenimiento, turismo y la gastronomía; que seguramente no podrán operar plenamente en lo que resta del año. Además, incluso si el comercio minorista se exceptúa en el corto plazo, el comercio en general sufrirá una fuerte contracción producto de las restricciones a la circulación.

En lo que respecta a los bienes, el futuro de la Construcción y el de Explotación de minas y canteras es incierto. Por un lado, esperamos que la construcción se mantenga rezagada durante todo el año, dado que las perspectivas tampoco eran favorables antes de la pandemia. En el segundo caso, la profunda caída del precio del petróleo y la incertidumbre futura en relación a la demanda, mantendrá paralizada la producción por falta de rentabilidad.

Por su parte, la industria promediará el año en negativo, pero algunas ramas mostraran cierto dinamismo por ser consideradas como esenciales (industria alimentaria y vinculadas a la salud, por ejemplo). También es posible que aquellas que utilicen una mayor mano de obra relativa se vean más afectadas ante la dificultad de los trabajadores para desplazarse a sus puestos de trabajo o bien por la necesidad de continuar con el aislamiento social.

Los sectores que mostraran estabilidad e incluso podrán mostrar un tenue crecimiento son aquellos que son considerados esenciales, como Servicios sociales y de salud, Enseñanza e incluso Administración pública y defensa. Por su parte, el sector agropecuario será la única rama productora de bienes que mostrará relativa estabilidad.

De esta forma, proyectamos que la actividad se contraerá en promedio 7,5% i.a. en 2020, exhibiendo el segundo trimestre una caída de casi 15% en la comparación interanual. Estas perspectivas pueden empeorar por dos motivos: un alargamiento del período de restricciones a la circulación y del desarrollo de actividades productivas o por la materialización de un default.

COVID-19 y PBI-20: final abierto para ambos

¿Cuánto durará la cuarentena? ¿Cómo se resolverá el problema de la deuda? ¿Cuál va a ser el impacto sobre las principales variables económicas?

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La economía argentina, sin margen para enfrentar la pandemia

El mundo está viviendo una situación inédita, y nuestro país no es la excepción: desde el viernes 20 de marzo, los argentinos debemos permanecer en nuestras casas, salvo actividades esenciales, evitando lo máximo posible la circulación social para contener el avance del Coronavirus. Como es de suponer, esta decisión tendrá un importante efecto negativo sobre las principales variables económicas. Veamos.

Lo primero que sobresale es el golpe a la oferta: por la disposición de la cuarentena, los servicios “no esenciales” no podrán operar en los días que dure la medida de excepción. Pero los problemas no terminan acá. Por caso, las actividades “esenciales” también se deteriorarán durante este período. Por un lado, por los encadenamientos que posee con los sectores “no esenciales”: a modo de ejemplo, la demanda de combustibles cae por el menor transporte general, aun cuando las estaciones de servicio puedan abrir sus puertas. Además, los servicios “esenciales” operan con grandes restricciones aun cuando puedan abrir sus puertas, de modo que el golpe inicial a la oferta es generalizado e importante.

Sin embargo, el shock no terminará con la cuarentena. En primer lugar, varias familias cuyos ingresos provienen de la actividad cuentapropista y/o la economía informal que verán restringidas sus posibilidades de consumo, resultado de la caída de ingresos que les provoca la cuarentena. En igual sentido, muchas personas tendrán miedo a perder el empleo o a enfermarse, lo que las llevará a tener un ahorro precautorio, reduciendo aún más la demanda general en el corto plazo. Por lo tanto, ese famoso círculo virtuoso que es la economía funcionando, en esta oportunidad, al menos del lado privado, se transformará en un círculo vicioso de menos demanda, menos empleo, más temor y otra vez menos demanda, profundizando el ciclo negativo.

Tras la gran depresión, al desplome de la demanda del sector privado se lo combatió con políticas contracíclicas. Más allá del instrumento (política fiscal, monetaria o de ingresos) el sector público interviene expansivamente para cortar el círculo vicioso en que cayó el sector privado.

Efectivamente, esto es lo que está sucediendo a lo largo del mundo. Por ejemplo, pese a no haber entrado todavía en cuarentena total, el gobierno de Estados Unidos anunció un paquete fiscal de USD 2 trillones (USD 2 millones de millones en español, 10% del PBI de ese país), a la par que la Reserva Federal llevó a 0% su tasa de interés y relanzó el quantitative easing, en la búsqueda por estimular el financiamiento a bajo costo y evitar un mayor deterioro de los activos financieros. En sentido similar, el gobierno alemán dispuso una expansión fiscal de 5% del PBI más un paquete de créditos blandos que podría alcanzar 25% de su PBI, según explica el FMI.

Sin embargo, en nuestro país la situación es distinta. Con déficit fiscal -primario y financiero- y un sector público tratando de reestructurar su deuda para evitar el default, la principal fuente de financiamiento de una política expansiva es la emisión. Pero la economía argentina sufre hace más de una década inflación de dos dígitos, y en los últimos dos años la suba de precios alcanzó 50% anual, consecuencia de la fuerte inestabilidad cambiaria que produjo la desconfianza en el peso. Por lo tanto, la pandemia nos encuentra con las “defensas bajas” en este frente.

La frágil situación social y la recesión que atravesamos desde 2018, sumado a una cadena de pagos en creciente tensión y una elevada porción de la economía en el sector informal que quedará casi sin ingresos frente al cese de actividades “no esenciales”, llevaron al gobierno a adoptar acertadamente  políticas expansivas, pese a las fragilidades existentes. En este sentido, Alberto Fernández anunció un plan que costará sólo 2% del PBI, de los cuales 1 p.p. se financiará con emisión y el punto restante, que serán préstamos a tasas bajas para adquirir capital de trabajo, se solventará con liberación de encajes de los bancos comerciales. En consecuencia, la respuesta oficial logrará atenuar la caída de la actividad, mas no revertirla, quedando muy lejos de los planes de los países desarrollados. Como resultado, la pérdida por Covid-19 será mayor en nuestro país que en otras latitudes -suponiendo igual porción de infectados-.

Pasado este punto, corresponde notar que no solo el espacio económico para financiar políticas expansivas con emisión es acotado, sino también el legal. Por la carta orgánica del Banco Central, los adelantos transitorios de la autoridad monetaria al Tesoro Nacional no pueden superar determinados límites. Si bien las utilidades acumuladas en 2019 -ampliadas tras el cambio de valuación de las Letras Intransferibles del Tesoro Nacional en diciembre pasado, cuando dejaron de contabilizarse a valor de mercado, para pasar a hacerlo a valor técnico- alcanzarían para financiar este programa expansivo (todavía no está publicado el dato oficial del BCRA), no quedaría espacio para un esquema más ambicioso.

Antes de cerrar, vale remarcar que el COVID-19 y su impacto negativo en el mercado financiero internacional complicaron una reestructuración de deuda que ya atravesaba dificultades antes del shock de la pandemia. Este sismo global aumenta la aversión al riesgo de los capitales, generando que los mismos “vuelen” hacia la calidad –fly to quality en inglés-, abandonando las opciones más rentables, pero más riesgosas, en favor de las más austeras, pero más confiables de repago. Esto reduce las probabilidades de una reestructuración exitosa de la deuda pública: será más difícil convencer a los acreedores que vuelvan a apostar a la Argentina, o para hacerlo habrá que pagar una tasa mayor.

Por lo tanto, todavía no sabemos hasta dónde, pero sí que la recesión se profundizará significativamente luego de la llegada del COVID-19 y la cuarentena. La magnitud de este deterioro dependerá, esencialmente, de dos hechos: cuánto dure el aislamiento social y qué pase con la negociación de la deuda, si se logra canjear de manera acordada o si se paga en cash porque no hay acuerdo o, directamente, se defaultea.

Por último, pero no por ello menos importante, habrá que ver hasta dónde resiste la golpeada cadena de pagos local: la morosidad del sector privado entró a la cuarentena en niveles récord de la última década y, según cuánto se relajen las condiciones monetarias/crediticias, podrá sortear exitosamente esta dificultad tan importante como inesperada. Ahora bien, relajarlas en exceso podría aliviar la situación de corto plazo, pero sumar presiones inflacionarias. El hilo es demasiado corto, esperemos que no se rompa.